7/12/2017

La visión de China al acercamiento de Trump y Putin


Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme
Foto
Encuentro del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, 
con su homólogo ruso, Vladimir Putin, en la pasada 
Cumbre del G20, en Hamburgo
Foto Ap

Si la estrategia global tiende a la tripolaridad, un G-3 de EU/Rusia/China que aprobó en forma tácita el canciller ruso en las recientes Conferencias Primakov (https://goo.gl/PSpfwZ) –donde fue invitado especial el nonagenario Henry Kissinger quien hoy favorece un G-2 de EU y Rusia contra China, como 45 años antes amparó un G-2 de EU y China contra la ex URSS: cuyo resultado último es dividir para reinar y que prevalezca siempre EU–, es imprescindible conocer la postura de un actor principal como China, tanto a nivel oficial como académico/mediático.
La agencia de noticias china Xinhua expuso que en la cumbre bilateral de Trump y el zar Vlady Putin discutieron formar una unidad de ciberseguridad, lo cual fue más publicitado por el presidente empresario en sus célebres twitts.
Xinhua coloca en relieve la fuerte oposición en el seno del Partido Republicano a la creación de una unidad de ciberseguridad con Rusia que fue fustigada con su usual ferocidad por el senador cubano-estadunidense Marco Rubio y por el senador Lindsey Graham, gran aliado del pugnaz senador John McCain cuya fundación es financiada por George Soros (Léase: la CIA y el complejo militar-industrial (https://goo.gl/2FTtcP) y (https://goo.gl/CrMhdj).
Los tres belicosos senadores insisten en “castigar a Rusia (https://goo.gl/oTdMfR)”. ¡cómo si fuera tan sencillo!
Cui Heng, del Centro de Estudios Rusos de la Universidad Normal del Este de China, sopesa si el encuentro de Trump y Putin podrá “mejorar los lazos de EU y Rusia (https://goo.gl/idVMbg)”. Señala que la primera reunión bilateral entre ambos mandatarios llegó varios meses más tarde a lo esperado, debido a los problemas en Siria y Ucrania.
En realidad el retraso se debió en gran medida a la renuncia del anterior consejero de Seguridad Nacional Michael Flynn, que sólo duró 24 días, y al tóxico ambiente del russiagate que exhibe la fractura doméstica, para no decir una guerra civil que no se atreve a decir su nombre, entre rusófilos y rusófobos.
Según Cui, la reunión fue meramente simbólica ya que no pudieron asir (sic) los temas fundamentales y coincide con The Saker, en el portal ruso The Unz Review, quien sentencia que la cumbre “fue muy cercana a nada (https://goo.gl/RzHDXk)”.¡Uf!
Cui arguye que existen razones por las que Trump y Putin no pueden tener compromisos ahora. La tasa de apoyo a Trump no crece a pesar de su populismo. Putin se encuentra en una posición más fuerte. La economía rusa ha mostrado señales de mejoría. Rusia ha manejado hábilmente las crisis de Siria y Ucrania y la elección presidencial rusa se celebra en menos de un año.
Juzga que no es probable que Putin haga concesiones a EU cuando pese a todo los dos líderes se admiran a nivel individual y tienen la voluntad para mejorar las relaciones bilaterales. Así que tomando en consideración los intereses nacionales y el ambiente político no podrán mejorar en forma activa la facilitación de las relaciones. Aquí hay mucha tela de discusión, pero lo que más cuenta es la percepción de un sector de la academia china.
Aduce Cui que Rusia también está ajustando su política con EU y Putin con su equipo han planeado encarar una confrontación (¡súper sic!) a largo plazo (sic) con EU. Concluye en forma ominosa que una vez que las élites en Rusia y EU acepten y adapten la idea de la confrontación, las relaciones bilaterales serán más difíciles para ajustar.
Llama la atención la enorme desesperanza de Cui quien apuesta a que tal confrontación será crónica (sic). El grave problema aquí es la Espada de Damocles del apocalipsis nuclear.
¿Perturbó a un sector de la academia china el acercamiento de Putin y Trump que, todo lo contrario a lo que aduce Cui, plantó una plataforma de cooperación, que quizá comportaría acuerdos secretos?
¿Temen a que Rusia se acerque a EU y arroje a China, como hoy pregona Kissinger, proponente de un G-2 occidental de la raza blanca?
Hay que recordar que fueron Nixon y Kissinger quienes alejaron a la China de Mao Zedong y Zhou Enlai de su alianza con la ex URSS.
Cui se clava demasiado en las asíntotas previas al encuentro bilateral, específicamente en los teatros de Ucrania y Siria, deja de lado lo sustancial del encuentro y, curiosamente, pasa por alto el tremendo discurso de Trump en Varsovia, donde arremetió contra Alemania y Rusia por igual.
Asegura Cui que la reunión entre el presidente de Ucrania Petro Poroshenko y Trump no sacrificará a Ucrania. We shall see…
Cui abona que los bombarderos rusos golpearon al grupo yihadista en Siria con misiles crucero, lo cual tenía como intención mostrar la dureza de Rusia en la crisis siria. Es muy débil su argumento: acepta que la lucha contra el yihadismo es un área de cooperación de las más importantes de EU y Rusia, que puede tropezar por el accionar de los bombarderos rusos.
A mi juicio, Rusia y EU se han tragado muchos batracios en el teatro sirio, lo cual no ha descarrilado su cooperación que viene desde el anterior secretario de Estado John Kerry y que, pese a todos los tsunamis, sigue avanzando ahora con una quinta zona de desescalada en el sudoccidente de Siria (https://goo.gl/L3Cfsk) que pareciera trazar la ruta de una futura federación en Siria.
Concede Cui demasiada importancia a la divergencia de Rusia y EU sobre el destino de Bashar al Assad, a quien curiosamente empiezan a digerir a destiempo el galo Emmanuel Macron y la alemana Ángela Merkel en Europa.
Es muy reduccionista, lineal y de reflejo condicionado, la postura de Cui, a quien no hubiera tomado en cuenta de no ser por su publicación en el relevante portal chino Global Times, cuando la política exterior del mandarín Xi es más sofisticada y de carácter hipercomplejo no lineal cuando amarró un relativo G-2 en su visita al zar Vlady Putin, previo a su viaje oficial a Alemania y luego en su participación en la cumbre del G-20 en Hamburgo (https://goo.gl/Gq1WHa).
China mantiene óptimas relaciones con Alemania, de carácter mercantil, y con Gran Bretaña (GB), en materia financiera, y adoptó el comunicado oficial del G20 en Hamburgo como continuación de la previa cumbre en Hangzhou de 2016, lo que ha “incrementado la imagen global de China como poder constructivo (https://goo.gl/qY7iG8)”.
Wang Huiyao, presidente del Centro para China y la Globalización (sic), celebra que la cumbre del G20 de Hamburgo enfatizó la “unidad incluyente (https://goo.gl/SDKC1o)”, pero admite que las relaciones entre China, EU y Europa se han vuelto más impredecibles, por lo que la doceava cumbre del G20 fue sin duda (sic) una colisión entre la globalización y la antiglobalización. Wang no toca a Putin ni con el pétalo de una rosa rusa y arguye que el año 2016 marcó el inicio de la era de la antiglobalización, cuando GB votó por el Brexit y la elección de Trump estimuló los movimientos populistas (sic) globales.
Para un servidor, la era de la antiglobalización inició en 2008, con la quiebra de Lehman Brothers y cuyas tendencias y prolegómenos detecté desde 2006 en mis dos libros premonitorios (https://goo.gl/CYurvB) y (https://goo.gl/JgRBDj).
Twitter: @AlfredoJalifeR_
Facebook: AlfredoJalife

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