9/16/2018

Un gobierno progresista tardío en México



El callejón sin salida de los "progresismos" latinoamericanos
Introducción
Este documento es la segunda parte de una reflexión desde la izquierda anticapitalista y ecosocialista sobre lo que ha ocurrido políticamente en México con las pasadas elecciones.
La primera parte se tituló: El fin del régimen neoliberal-oligárquico en México. En tal escrito se exploró la nueva realidad política argumentando dos tesis: con las elecciones pasadas algo terminó en nuestro país: el régimen político neoliberal, con su frágil hegemonía y su brutal forma de dominación, se colapsó; pero también algo comienza: un nuevo gobierno en la órbita de los denominados "progresistas". Después de argumentar esas tesis, en dicho escrito se hace, más que una explicación determinista y causal, una interpretación y un relato con moraleja política -en realidad tres historias con conclusiones políticas: se cuenta un momento de la historia de los comunistas, cuando se subordinaron a un partido-gobierno (PNR, PRI) pensado como continuidad de la revolución mexicana; luego se narra la historia de diversas Izquierdas que se subordinaron a nuevo líder, Cuhautémoc Cárdenas, y el consiguiente abandono de sus ideales socialistas, formando al PRD, para finalmente adaptarse al régimen; por último, se anuncia otra historia: la de algunas izquierdas y de ciertos movimientos sociales seducidos por AMLO, postrados ante él. En todo caso, la triple moraleja política es la misma: 1) la necesidad de mantener la independencia política ante estos gobiernos y partidos llamados "progresistas", 2) contra la tendencia de adaptarse a lo dado, romper con todo etapismo o realismo, y 3) la urgencia de seguir luchando por un programa socialista que sea anticapitalista, ecologista, feminista, democratizador e internacionalista. Al final de tal escrito, se afirma que AMLO encabezará un nuevo gobierno bonapartista, oscilante y contradictorio, en el horizonte de los llamados de manera ambigua gobiernos "progresistas".
En esta segunda parte se reafirma que el triunfo de AMLO y MORENA es la expresión de la crisis de la hegemonía política neoliberal después treinta años de su imposición. Más que victoria de un proyecto alternativo de gobierno, es la manifestación del rechazo amplio y profundo a las políticas neoliberales.
La decisiva intervención masiva y activa del pueblo mexicano en el pasado proceso electoral repudiando al neoliberalismo es la verdadera causa del derrumbe del régimen político oligárquico neoliberal, el fin de la historia de los pasados y sucesivos gobiernos del PRIAN. Esta enorme derrota política devolvió a los partidos que se proclamaban mayoritarios a su verdadera condición de grupúsculos impopulares y mafiosos.
Las pasadas elecciones también demostraron la fragilidad de la hegemonía neoliberal que, a final de cuentas, fue una larga dominación política pero sin consenso, sin legitimidad, lo que ha resultado ser el talón de Aquiles de la hegemonía neoliberal en el mundo entero.
Se pretende, entonces, descifrar el momento político presente en nuestro país, el tipo de gobierno que, como nueva dominación política, apunta a la instauración de uno ubicado en el llamado ciclo "progresista" latinoamericano.
Para empezar a entender lo que viene y las políticas que requiere una izquierda ecosocialista, democratizadora y feminista se impone examinar las experiencias de los llamado gobiernos progresistas en América Latina.
Crisis de la hegemonía neoliberal y salida "progresista"
Como en México, los denominados gobiernos progresistas latinoamericanos de las últimas décadas vienen de los estragos del neoliberalismo en las condiciones de vida de los trabajadores y de una reacción masiva y popular contra los partidos y gobiernos que impusieron tales políticas.
El llamado "progresismo" latinoamericano nació del fuerte y masivo rechazo al neoliberalismo.
En determinadas coyunturas electorales, ese repudio extendido contra las políticas neoliberales que encarnaban ciertos partidos y gobiernos se canalizó hacia opciones gubernamentales que se presentaron como alternativas posneoliberales, imponiendo con una amplia participación electoral cambios de gobierno.
Las políticas neoliberales impulsaron la desregulación de la economía, el libre tránsito de capitales y mercancías, lo cual destruyó tanto a la industria como al campo en los países semicoloniales sometidos a tales políticas. Años de neoliberalismo socavaron al Estado social, sustituyendo servicios y bienes públicos, que por ley poseía y ofrecía el Estado, por la privatización con fines de lucro tanto de servicios otrora públicos (salud, transporte, vivienda, educación) como de bienes estratégicos como el petróleo. Con el neoliberalismo se recortaron derechos laborales, se abandonó a su suerte al campo y a los campesinos, se promovió el trabajo precario e informal, el desempleo y la exclusión así como la extensión sin precedentes de la desigualdad y la miseria, entre otras cosas.
Con tales políticas antipopulares y antinacionales, extremando la explotación y la desigualdad, reprimiendo ferozmente a los movimientos sociales que se levantaban en su contra, el neoliberalismo impuso una larga dominación sin legitimidad ni consenso. Aunque el neoliberalismo realizó profundos cambios en lo económico, político, jurídico y cultural, su hegemonía, o capacidad de generar consenso en las clases subalternas, siempre fue frágil, de modo que se sustentó en la coerción (terrorismo de Estado) y la manipulación de los medios de comunicación de masas.
Tanto las políticas neoliberales como la dominación política fueron todo el tiempo impugnadas por movimientos sociales diversos que, pese a sus derrotas parciales, siempre se mantuvieron en resistencia, aunque sin horizonte estratégico de lucha política. Este desarme político y estratégico de los movimientos sociales se volvió abierta claudicación ante el neoliberalismo por parte de algunas formaciones políticas que venían de la izquierda socialista y que terminaron reconvirtiéndose en una izquierda liberal, promotoras de las ilusiones del liberalismo político (Democracia y elecciones libres, Estado de derecho, división de poderes) al mismo tiempo que asumían las brutales realidades del (neo) liberalismo económico (expresión cínica de la Dictadura del Capital).
Cuando enormes luchas y movilizaciones sociales provocaron la crisis de la hegemonía neoliberal, hundiendo a los gobiernos y partidos de derecha, la ausencia de una izquierda socialista políticamente organizada y fuerte, que reimpulsara la revolución permanente, determinó la salida en falso del neoliberalismo por parte de los llamados gobiernos progresistas.
Como los gobiernos progresistas no fueron el principio de una revolución permanente, todo parece indicar que muchos de ellos finalizarán su ciclo de gobierno con una restauración conservadora.
Experiencias del "progresismo" en AL
Los gobiernos progresistas iniciaron su ciclo hace veinte años, cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia en 1998 en Venezuela, con el antecedente del "Caracazo" que resquebrajó por completo al régimen político tradicional.
Esta historia se repite en otros países: después de años de luchas de masas contra el neoliberalismo, el Partido de los Trabajadores logró ganar las elecciones presidenciales de Brasil con Lula en 2002; en Argentina, después de las masivas protestas contra el "corralito" del 2001, en 2002 empieza el Kirchnerismo: los gobiernos sucesivos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015); en Bolivia la "guerra del agua" del 2000 puso en crisis a partidos y gobernantes neoliberales, lo que permitió la llegada de Evo Morales a la presidencia en 2006. Después de combates históricos de los pueblos originarios del Ecuador contra el neoliberalismo, logró acceder a la presidencia de este país Rafael Correa en 2007.
Aunque política e ideológicamente son muy diversos, estos gobiernos provienen del rechazo popular y masivo contra el neoliberalismo, presentándose como proyectos posneoliberales pese a que unos hablaban del "Socialismo del siglo XXI" (Chávez) y otros del "Capitalismo serio" (Néstor Kirchner). Todos estos gobiernos intentaron una más justa redistribución social (combate a la pobreza) y reimpulsar la economía, pero sin una ruptura con la dinámica capitalista.
Su sustento económico fue el alza de los precios de materias primas para la exportación (comodities) y su sustento político han sido los presidentes bonapartistas que personalizaron dichos procesos sociales.
Pese a sus discursos e ideologías, en los hechos estos gobiernos impulsaron políticas neodesarrollistas sustentadas en el extractivismo, subordinadas al mercado capitalista y al imperialismo.
Etapas del "progresismo" en AL
Como todo fenómeno social, los gobiernos progresistas han tenido un desarrollo histórico que nos ha mostrado sus límites económicos y políticos. Con una breve historia en algunos países latinoamericanos, tenemos ya na idea de su ciclo, es decir: de cómo comienzan y de cómo terminan.
Primera etapa: impulso inicial
Todos los gobiernos progresistas parten del repudio masivo al neoliberalismo, con un gran respaldo popular. Al principio, los "progresistas" intentaron hacer cosas diferentes al neoliberalismo pero sin romper por entero con sus dogmas y políticas. Por eso, centraron sus políticas en el asistencialismo, que se usó para el combate contra la pobreza, o en tentativas de reactivación económica para ampliar el empleo y el consumo. Los altos precios de las materias primas para exportación permitieron este primer impulso redistributivo que no combatió de fondo la desigualdad ni colocó las bases económicas para sustentarlo.
Los gobiernos progresistas más radicales (Venezuela, Bolivia, Ecuador) impulsaron reformas constitucionales y trataron de recuperar la rectoría estatal sobre los recursos naturales.
Segunda etapa: estancamiento
Cuando los precios de las materias primas se derrumbaron, los gobiernos progresistas chocaron con sus propias autolimitaciones y contra las contradicciones de sus regímenes bonapartistas, que siempre oscilaron de izquierda a derecha.
En esas nuevas circunstancias, los rasgos autoritarios del bonapartismo se manifestaron ante las protestas sociales, aprovechadas por la derecha para deslegitimarlos en su tentativa de regresar al gobierno.
El progreso económico prometido se volvió escasez.
La redistribución sin afectar las rentas y ganancias de las oligarquías reafirmó la desigualdad estructural del sistema capitalista.
Las concesiones a sectores empresariales e imperialistas se ampliaron mientras se reprimía las protestas que ello generaba.
Los nuevos equipos gobernantes rápidamente se burocratizaron y se corrompieron, generando una nueva oligarquía.
Por no atreverse a ir más lejos, más alla del neoliberalismo y del capitalismo, los "progresistas" dieron marcha atrás en la historia, retrocedieron a formas colonialustas de exploración: al extractivismo ecocida.
Tercera etapa: agotamiento y fin de ciclo
Las limitaciones de estos gobiernos se revelaron en los últimos años.
Los precios elevados de las materias primas permitieron recursos que se usaron para disminuir la pobreza a través de programas gubernamentales. Hubo, en efecto, reducciones significativas de la pobreza en esos países, pero al no atacar sus causas estructurales, la explotación capitalista, la miseria no termina y cualquier cambio de gobierno puede volver a extenderla y profundizarla.
La reactivación económica sin romper la dinámica capitalista o la subordinación al imperialismo permitió incorporar al mercado laboral a parte de los excluidos y a disminuir el desempleo pero no a remontar la precariedad laboral ni, mucho menos, la sobrexplotación. Además, dicha reactivación económica en parte fue aprovechada para la formación de una nueva burguesía ligada al poder político que hizo su acumulación originaria depredando, robando, expropiando dinero, bienes, servicios, tierras públicas.
El control del Estado sobre los bienes comunes se uso para afianzar el modelo neodesarrollista y extractivista que llevó a estos gobiernos a enfrentarse con movimientos de campesinos, pueblos originarios y ecologistas.
La integración regional alternativa, el ALBA, se quedó en el imaginario (el sueño de la Patria Grande) pero no se concretó en la realidad.
La mayoría de reformas políticas que se impulsaron en estos gobiernos no rebasaron los marcos del liberalismo político. Las tentativas de ir más allá fueron y son limitadas: en Bolivia, las autonomías de los pueblos originarios se limita a 15 de 339 municipios pero sólo se practica en dos. En Venezuela, el poder comunal está muy limitado territorialmente y bajo el control burocrático del partido socialista.
Más allá de sus discursos posneoliberales, los gobiernos progresistas, con formas bonapartistas de poder, terminaron promoviendo una modernización capitalista y conservadora (neodesarrollista y extractivista) que finalmente reprimió, desmovilizó y cooptó a movimientos sociales, abriéndole la puerta a la restauración conservadora de una utraderecha con sed de venganza y ganas de escarmentar.
Los signos del agotamiento y del fin del ciclo progresista son cada vez más evidentes:
En Venezuela, la derecha ganó la mayoría en el legislativo
En Bolivia, Evo perdió el referéndum para la reelección presidencial
En Argentina, triunfó Macri
En Brasil, tiraron a Dilma y encarcelaron a Lula
En Ecuador, persiguen a Correa y entierran su proyecto...
En esta última fase de los gobiernos progresistas se observa una ofensiva imperialista y una oleada derechista (Brasil, Argentina, Ecuador, Paraguay) que intentan sepultar y borrar de la historia la experiencia del "progresismo" latinoamericano...
Conclusiones parciales...
El gobierno de AMLO está ubicado en la órbita de los gobiernos progresistas.
Como se puede apreciar, estos no son gobiernos de izquierda que apunten a cambios radicales, socialistas, anticapitalistas, o, por lo menos, gobiernos consecuentemente antimperialistas y nacionalistas. Este es el caso del próximo gobierno de AMLO, que se presenta a sí mismo como un gobierno de todo el pueblo, incluidos los empresarios, sin el proyecto de romper con el capitalismo.
Ideológica y políticamente, la mayoría de los progresistas sigue prisionero del liberalismo político y su falsa democracia formal. Si se les insiste en ubicar a la izquierda de las derechas neoliberales, serían parte de una izquierda liberal, que renegó del proyecto socialista, anticapitalista. En México hemos visto cómo el liberalismo decimonónico de AMLO (juarista) se ha modernizado, neutralizando un proyecto auténticamente nacionalista. Lo (neo) liberal eclipsa lo nacionalista.
El progresismo de estos gobiernos es y ha sido liberal y, en lo económico, ha sido un progresismo procapitalista, que prioriza el desarrollismo economicista. Todo indica que AMLO se ubica en estas coordenadas, por eso sus proyectos de impulsar la inversión pública y privada.
Por eso, los progresistas han sido gobiernos de Estados capitalistas que funcionan permitido la reproducción del sistema capitalista, sin modificar la estructura y relación de clases: la explotación de la fuerza de trabajo y de los recursos naturales, las desigualdades y violencias sistémicas.
Sin embargo, el impulso social que les permitió acceder al gobierno fue la amplia y persistente lucha contra el neoliberalismo, aunque estos gobiernos no vengan de esos movimientos. Este nuevo gobierno de AMLO no viene de los movimientos sociales que pusieron en crisis la hegemonía del neoliberalismo, carece del impulso social de insurrecciones populares como en Venezuela, Bolivia, Argentina, Ecuador, y no tiene esa oportunidad histórica de los altos precios de las materias primas de exportación. Por eso, su "progresismo" es tardío.
Vistos históricamente, los gobiernos progresistas cerraron un ciclo: tienen un impulso inicial, entran en una fase de estancamiento y finalmente se agotan por sus límites y contradicciones, abriendo las puertas a la restauración derechista y neoliberal.
Quizás porque la victoria popular electoral contra el neoliberalismo se presentó como triunfo de AMLO y MORENA, sin tomar en cuenta todas las luchas previas, el nuevo gobierno de AMLO, incluso antes de tomar posesión, parece olvidarse de ese impulso inicial que le otorgó el triunfo, de modo que muy rápidamente empieza a mostrar sus limitaciones y contradicciones. Por ejemplo: se planteó cambiar el sistema de seguridad sacando al ejército de esas tareas pero ahora se dice lo contrario; se había afurmado que se abrogaría la reforma educativa pero los funcionarios propuestos dicen que no será así; la despenalización del aborto ha sido propuesta por funcionarios del nuevo gobierno y al mismo tiempo cuestionada por otros. López Obrador ha reiterado que no se plantea la lucha consecuente por recuperar el petróleo y la soberanía energética, sólo revisar los contratos, ni se ha propuesto una alternativa que recupere la soberanía nacional en la negociación comercial, etc. Todavía no empieza a gobernar y ÁMLO ya claudica ante los poderes fácticos.
La falsa salida al neoliberalismo se puede confirmar en los ciclos cumplidos de gobiernos progresistas: después de varias décadas gobernando, algunos de esos gobiernos terminaron siendo desplazados, por las buenas (elecciones) o por las malas (golpes institucionales), para que una derecha revanchista vuelva al poder como personificación de un capitalismo salvaje, neoliberal. El ciclo progresista se cierra y a su término encontramos que estos gobiernos no representaron una verdadera salida al neoliberalismo.
Para salir del neoliberalismo se debe salir del capitalismo. Para romper los ciclos de los llamados gobiernos progresistas que nos escapan ni del neoliberalismo ni del capitalismo se necesita trascenderlos en la perspectiva de la revolución permanente.
La salida del neoliberalismo, del capitalismo, de las vueltas en falso del progresismo, es el proyecto ecosocialista, que es al mismo tiempo anticapitalista y ecologista, feminista y democratizador, internacionalista. Para llevarlo a cabo se necesita la independencia política ante este tipo de gobiernos, la lucha constante contra el neoliberalismo y el capitalismo, unida y organizada políticamente con la perspectiva de un gobierno del pueblo y los trabajadores.

Foros de consulta educativa


Lev M. Velázquez Barriga

Resulta de suma preocupación que los foros de consulta para el Acuerdo Nacional sobre la Educación convocados por el nuevo gobierno carecen de temáticas que orienten a generar puntos de ruptura con el proyecto neoliberal. Tal ausencia y el haber privilegiado poner en la palestra a los detractores de los maestros que en las calles, en las urnas y en las aulas colocaron durante todo el sexenio la imperiosa necesidad de abrogar la reforma educativa, desvía una demanda tan justa y sentida, que estos foros son producto de la persistencia de las luchas magisteriales.
Las fracciones patronales del sindicalismo: Maestros por México y los resquicios del SNTE, no sólo se encargan de rebajar el momento coyuntural en que las resistencias magisteriales podrían romper con la lógica neoliberal, sino que además están reposicionando la agenda de la derecha para refuncionalizar la reforma educativa; a tal desviación contribuye la participación de la burocracia que ha sido por años adiestrada en el instrumentalismo de cualquier cambio que venga desde la SEP. Ninguno de estos actores trasciende los marcos legales, organizativos ni pedagógicos que fundamentan el despojo laboral y profesional de los docentes, el desmantelamiento de la escuela pública ni la formación para las nuevas formas de explotación laboral en el capitalismo del siglo XXI; todo cabe en la actual reforma sabiéndolo acomodar.
Sin embargo, desde el primer foro de Chiapas, los actores magisteriales que crean rupturas con los marcos referenciales de la reforma han sido consistentes. A pesar de que en cada sede se les ha querido restringir y disolver en formatos acartonados de ponencias individuales y en tiempos infinitesimales que no dan cuenta de la voluntad e inteligencia colectiva, los docentes han sabido hacerse escuchar por fuerza de la razón en las tribunas que les fueron negadas, como sucedió en Monterrey, pero también desde los auditorios llenos de indignación que reprocharon la presencia inaceptable del equipo político estatal del SNTE en Veracruz y cuyos ánimos entusiastas pusieron de pie al gobernador Cuitláhuac García, para corear al unísono de la mayoría: va a caer, va a caer, la reforma va a caer.
Las distancias de los actores magisteriales democráticos no se ciñen sobre la manifestación política de sus ideas. También han desarrollado complejas expresiones en el campo de la pedagogía y la organización del sistema educativo. Un ejemplo de ello son los maestros bajacalifornianos del Movimiento de Resissstencia (evocando su origen en la resistencia a la ley de ISSSTE) que en vinculación con el Instituto McLararen de Pedagogía Crítica han elaborado un proyecto alternativo de educación y una propuesta de nueva reforma educativa que sustituye los aprendizajes clave propuestos por la OCDE para atender la incertidumbre que generan los cambios constantes en la demanda del mercado laboral, por los aprendizajes críticos para la formación histórica, patriótica, comunitaria, ética, científica, humanista, sensible, espiritual (no en sentido religioso) para el desarrollo pleno y holístico de la persona, para tener la capacidad de emanciparse de toda forma de opresión, poniendo en el centro de su propuesta al ser humano y no la rentabilidad de las habilidades para la economía de mercado, como lo hace el nuevo modelo.
Otro ejemplo es el colectivo Insurgencia Magisterial de Veracruz que encontró un posible punto de ruptura en la Educación para el Bienestar propuesta por AMLO, aunque éste no da mayores fundamentos de lo que eso significa, pero que de algún modo podría hacer crisis con la propuesta del equipo de Esteban Moctezuma Barragán que insiste en reciclar de la tecnocracia reformista la calidad como el objetivo del nuevo pacto educativo; se trata de conceptualizar, pensar, definir, construir e inventar el contenido y el fundamento de lo que sería una educación para lograr el bienestar de la comunidad de aprendizajes y de la sociedad mexicana en su conjunto.
Del Observatorio Docente de la Comarca Lagunera, a través del cual los maestros han jugado un papel muy importante en las rebeliones académicas dentro del Consejo Mexicano de Investigación Educativa contra la visión oficialista de la junta de gobierno del Inee, me parecen rescatables para los próximos foros dos reflexiones del último de sus encuentros: la primera es la necesidad de romper con la inercia inducida que busca proponer en lo individual lo ya dicho en la reforma educativa; sugerencias para mejorarla, aplicarla bien o agregarle lo que le falta, señalar sus fallas técnicas sin develar lo que subyace, nos lleva a reproducir la misma concepción pro empresarial de la educación que hemos padecido las últimas tres décadas; se trata de pensar lo nuevo, con otras lógicas y otras miradas desde la izquierda. La segunda –y para evitar lo ocurrido en varias sedes, pero sobre todo en Toluca, donde las fracciones gobiernistas secuestraron el espacio desde las cuatro de la mañana para impedir el paso a los profesores democráticos–, tiene que ver con la importancia de organizarse con tiempo, hacer valer desde adentro en el discurso y desde afuera en la observancia de cualquier anomalía, que la voluntad colectiva de los docentes que irrumpieron la continuidad de la derecha histórica en el gobierno sea escuchada y no suplantada por quienes no movieron ni un dedo para defenderlos.
* Doctor en Pedagogía Crítica

Reforma educativa y educación de calidad


Enrique Calderón Alzati

EEn artículos anteriores me he referido a los desastrosos resultados que la supuesta reforma educativa de la administracción actual deja como herencia al próximo gobierno, dando razones suficientes a Andrés Manuel López Obrador para afirmar que cancelará dicha reforma. En una gráfica construida con los resultados publicados cada año por la Secretaría de Educación Pública (SEP) a partir de las pruebas de Enlace y Planea aplicadas a los estudiantes del tercer grado de educación media superior, para el caso de las matemáticas –en virtud de ser éste el indicador más significativo del estado de la educación nacional– siendo necesario aclarar que la SEP ha sido cuidadosa en no poner todos estos datos juntos con el propósito de ocultar la magnitud del desastre.
Los datos por si solos y sin mayor explicación muestran el nivel de ignorancia o de cinismo de un Presidente que se ha atrevido a afirmar que su reforma es motivo de orgullo para nuestro país y para su gobierno, cuando ahora se habrán de requerir varios años para recuperar el retroceso que se observa en una gráfica elaborada por la propia SEP y que de manera resumida muestra que al terminar el ciclo escolar 2016-2017, 89.5 por ciento de los estudiantes de bachillerato de todo el país no contaban con los conocimientos mínimos para ingresar a una institución de educación superior. Resultados de esta naturaleza serían inconcebibles en la mayor parte de las naciones del mundo, y en una buena parte de ellos, sería motivo suficiente para juzgar a sus gobernantes por irresponsables e ineptos. ¿Cuánto le ha costado a nuestra nación este retroceso causado por la reforma educativa? Llama la atención adicionalmente, que los dos secretarios de Educación Pública responsables del fracaso hablarán de educación de calidad, aunque ninguno de los dos haya podido explicar el significado de ese término, el cual fue añadido por el Congreso (ante las exigencias del Presidente) al artículo 3º de nuestra Constitución política, con la clara intención de privatizar la educación para convertirla en una nueva área de negocios, similar a las realizadas con la energía, y con otros elementos del patrimonio nacional.
¿Cuál es la relación entre la supuesta privatización de la educación, la reforma educativa y la educación de calidad? Esta pregunta que se hacen muchos mexicanos y mexicanas requiere una respuesta clara y concisa: la calidad es un término utilizado en la promoción y venta de todo tipo de productos y servicios comerciales con el fin de atraer y convencer a los clientes potenciales, hablándoles de autos de calidad, de camisas de calidad o de alimentos de calidad para sus hijos, el término tiene significados diferentes para cada caso, pero en términos generales los hace atractivos de manera general, sin que sea necesario hacer más especificaciones, por lo que el término calidad queda asociado a todo lo que es bueno, limpio, seguro y sin defectos aun cuando en la realidad ello no sea cierto. La calidad ha sido asociada sin reparos a la educación por gobiernos de orientación neoliberal, aunque algunos hayan preferido no tocar el tema, en virtud de que la Constitución mexicana es muy clara al declarar que la educación es un derecho universal y que corresponde al gobierno proporcionarla de manera gratuita.
¿Por qué debemos rechazar el término calidad cuando éste es asociado a la educación? Porque la educación no es un producto, ni un servicio, sino un proceso social, por el que cada generación de nuestra sociedad le transmite a la siguiente los conocimientos y valores recibidos de sus ancestros, enriquecidos con sus propios descubrimientos, desarrollos científicos, tecnológicos y culturales, así como con nuevos conceptos y valores, no para que algunos individuos se beneficien materialmente, sino para que la sociedad toda pueda seguirse beneficiando y desarrollando. Imagínemos una escuela que ofrezca la mejor preparación a sus estudiantes, utilizando los maestros más experimentados, con los mejores laboratorios y la tecnología más avanzada, con el de formar los ladrones más exitosos de la región. En ese caso, el modelo neoliberal podría certificar la capacidad formativa de esa escuela y afirmar que se trata de una escuela de la más alta calidad.
Sin embargo, tal escuela sería socialmente inaceptable, porque lo que nosotros como sociedad buscamos no es que alguien en particular se beneficie de nuestro trabajo, lo que nos interesa es el beneficio de la sociedad en su conjunto, siendo inadmisible que quienes han gobernado estos seis años piensen, no en la sociedad, sino en el beneficio individual, siendo esos funcionarios el claro ejemplo de los logros de las escuelas de calidad. Por ello me atrevo a proponer que dejemos de utilizar la palabra calidad referida a la educación, introduciendo mejor el término de excelencia.
Twitter: @ecalderon_a

México 68 fue primero una fiesta

Vilma Fuentes

El movimiento estudiantil de 1968 en México no fue sólo la espantosa matanza del 2 de octubre. Cierto, nadie puede evocar los sucesos sin que surjan de la memoria, inmediatamente, las escenas de horror de muchachos y muchachas, madres de familia, niños, intentando escapar de la ratonera, cayendo bajo el fuego de las ametralladoras, yaciendo exangües, acribillados, en la plaza y los corredores de Tlatelolco. Asesinados.

Sin embargo, durante fines de julio, agosto y septiembre, entre mítines, manifestaciones, pintas, y a pesar de los arrestos, las víctimas mortales aquí y allá, las ocupaciones por el Ejército de Ciudad Universitaria, del Casco de Santo Tomás (después de una larga noche de defensa de los estudiantes del Politécnico) y de Zacatenco, el ambiente era eufórico. La efervescencia nos mantenía despiertos durante largas noches en vela. La vida se aceleraba y el cumplimiento de los deseos parecía al alcance. Soñábamos despiertos. Algunos escribían poesía en los muros, durante las arriesgadas pintas hechas de madrugada para escapar a la policía. Los discos de los Beatles, de Dylan o de Peter, Paul and Mary, servían de fondo a las discusiones que se tenían antes y después de las excursiones nocturnas para llenar de lemas y consignas las paredes. La ciudad era nuestra a esas horas cuando los jóvenes la poseían como a la amada.

Rimbaud, Lennon y el Che eran los ídolos entre los jóvenes que aún no cumplíamos 20 años. Crear poesía, componer música, hacer la revolución eran los anhelos que prevalecían en mi generación. Peace and love, paz y amor, era nuestro lema. Aspirábamos a la revolución, sí, pero pacífica, sin derramamiento de sangre ni muertos. Imagine all the people, living life in peace.
David Huerta y yo vivíamos en un departamento en la calle Pitágoras, junto a la avenida Universidad. Dada nuestra edad, éramos algunos de los raros muchachos en poseer un techo libre de la autoridad paternal. Espacio de libertad, muy pronto convertido en centro de reunión de preparatorianos compañeros de David, de alumnos recién ingresados a la Universidad donde yo estudiaba. Desde ahí, salían en pequeños grupos a hacer pintas. La espera de su regreso era siempre ansiosa: podían ser detenidos, incluso golpeados. Como se dio la consigna de quedarse en casa a las mujeres embarazadas, mi papel era el de esa espera, eternizada por la angustia que aumentaba con las horas.
Había de todo entre los chavos que venían a casa. Capitalinos y provincianos. Venidos de Narvarte, de la Nápoles, de la Roma o de una vecindad. Algunos hablaban de la sucesión presidencial: Martínez Manatou o Echeverría. Otros preferían esquivar la política nacional, después de todo rebasada, creían otros, por la fuerza del movimiento. Reinaba un sentimiento de poderío, de fe en la unión.
Otros techos acogían también a profesores, intelectuales. La magnífica actriz Selma Beraud presidía uno de los centros de reunión más buscados y, dentro de lo serio del espíritu, lejos del espíritu de seriedad, el lugar era festivo.
Una noche, Luis Ángeles, quien venía a Pitágoras, fue arrestado durante una pinta. Debíamos liberarlo cuanto antes. Los rumores corrían en escuadrilla, levantando temores un día, tranquilizando al siguiente. Luis podía ser torturado, desaparecer. David y yo acudimos a ver al jefe de prensa de la Procuraduría, como hijos de sus vecinos en la colonia Periodista. Nos afirmó que no tenían a ningún Luis Ángeles. Al recorrer los pasillos de esas oficinas, Luis nos escuchó. Le impidieron gritar. Después, nos contaría, riendo, cómo el agente que lo interrogó, le dijo: ‘‘Con todo mi respeto por su abuelo, don Felipe Ángeles, le aconsejo no jugar a la revolución, jovencito. Es peligroso”.
El retiro del Ejército de la Universidad y el Politécnico reavivó las esperanzas. No durarían sino 24 horas, ahogadas en un baño de sangre. Pero impotencia y odio no pueden asesinar los sueños.

43 Festival de Toronto Viejos en retirada


Leonardo García Tsao

Foto
▲ André Singer (izquierda) y Werner Herzog, coproductor y director, respectivamente de Meeting Gorvachov.Foto Afp
Casi cada año, el cineasta alemán Werner Herzog está presente en el TIFF con un nuevo documental. Esta vez presentó Meeting Gorbachov, que, como su título sugiere, es una entrevista con el ex líder soviético realizada en tres ocasiones a lo largo de seis meses. Producido para History Channel, el documental es lo más convencional que ha hecho Herzog a la fecha, movido por la admiración y el agradecimiento que le profesa al responsable de la perestroika.
De 87 años, Gorbachov contesta con lucidez las preguntas sobre su mandato. El hombre habla de forma pausada y su mirada ha perdido brillo, pero sus recuerdos están intactos. El documental prácticamente cuenta su vida desde su infancia, durante la Segunda Guerra, hasta que renuncia como jefe de Estado ante el colapso de la Unión Soviética y después de haber sufrido un intento golpista.
La preferencia de Herzog por lo extraño y lo excéntrico está por una vez ausente en este trabajo. Codirigido por el francés André Singer, el documental es lineal y didáctico. La entrevista con Gorbachov está complementada con testimonios de políticos contemporáneos –James Baker y Lech Walesa, entre otros– que opinan sobre el legado del dirigente ruso. Una vez cubierto el lado político del tema, los realizadores concluyen de manera sentimental, enfocando el amor y devoción de Gorbachov por su finada esposa Raisa.
Otro homenaje a otro viejo pudo verse en la producción hollywoodense The Old Man and the Gun (El viejo y el revólver), que se supone será la última protagonizada por Robert Redford, quien hace poco anunció su retiro de las pantallas. El director y guionista David Lowery ha confeccionado un afectuoso vehículo de despedida en la historia verídica de Forrest Tucker, responsable de 80 asaltos bancarios y 16 fugas de diferentes cárceles. Redford lo interpreta como un caballero ladrón, que siempre sonríe a los gerentes y empleados de los bancos que roba, sin usar nunca la violencia.
En una de sus escapadas, Tucker conoce a la viuda Jewel (Sissy Spacek) con quien inicia un romance platónico. A la vez, el policía John Hunt (Casey Affleck) comienza la persecución muy benigna del delincuente. Toda la película se pasa como una brisa, pues está pensada como un elegiaco canto del cisne, una revisión de la personalidad de Redford a lo largo de su carrera (hasta incluye una escena de La jauría humana, de Arthur Penn). El veterano actor de 82 años sólo se deja querer, al igual que Gorbachov ante Herzog. 
Tan necesaria es la presencia de los talentos en este festival, sobre todo en las funciones de gala, que si nadie acude la película es retirada del programa. Así le sucedió a Galveston, dirigida por la también actriz Mélanie Laurent, cinta que fue sustituida por A Private War, de Matthew Heineman. Y me contaron el chisme de que esa fue también la razón de la ausencia de Suspiria, de Luca Guadagnino. Según parece, la actriz Tilda Swinton no podía asistir al TIFF por un compromiso social y el muy esperado remake fue cancelado. A veces, las alfombras rojas son más importantes que las propias películas.
Twitter: @walyder

43 Festival de Toronto

Leonardo García Tsao

La más reciente realización del británico Steve McQueen es una clara apuesta por un cine más comercial. Incluida en la sección de las funciones de Gala del festival, Widows (Viudas) es bastante más concesiva que sus primeras películas Hunger (2008) y Shame (2011).

Basada en una serie de TV del Reino Unido, Widows es un entretenido thriller con apuntes sociopolíticos sobre cómo las tres esposas de los respectivos maleantes que murieron al enfrentarse a la policía, se unen para realizar un asalto, pues haber perdido a sus parejas las ha dejado muy mal paradas.

Con un guion del propio McQueen y la novelista Gillian Flynn, la película abre de forma promisoria. La acción se sitúa en Chicago, una ciudad conocida por su crimen urbano, y donde hay una contienda entre dos candidatos a un puesto, uno de los cuales está involucrado con el botín robado por el difunto marido de Verónica (Viola Davis). Comentarios sobre el racismo, la corrupción y el sexismo abundan en lo que ella organiza el golpe que, curiosamente, resulta lo menos interesante del asunto. El director precipita el desenlace como si se hubiera cansado de entrar en detalles. Por eso mismo, abundan los cabos sueltos que quedan sin explicación.
Por otra parte, First Man (Primer hombre),tercer largometraje de Damien Chazelle, es la crónica elegíaca de la carrera del astronauta Neil Armstrong (Ryan Gosling) desde que pilotea jets X-15 hasta que pisa la Luna en la misión del Apollo 11. Con una abundancia de escenas de su vida familiar, que lo mismo revelan lo irreparable que fue la pérdida de su hija Karen, o establecen la devoción de su esposa Janet (Claire Foy). Como se necesita poseer un carácter bien centrado para ser astronauta, Armstrong carece de neurosis que lo hagan complejo. En la taciturna interpretación de Gosling, pareciera un hombre frío sobre todo al explicar a sus hijos los riesgos de su chamba como si fuera una conferencia de prensa.
La cinta cobra vida cuando Chazelle recrea los viajes espaciales como una experiencia inmersiva donde las imágenes y los sonidos remiten a una tecnología incierta, llena de peligros potenciales. Armstrong junto con Aldrin (Corey Stoll) y Collins (Lukas Haas) no estaban seguros que iban a salir con vida del viaje a la Luna. Pese a una música inadecuada de Justin Hurwitz, las secuencias finales del alunizaje sí captan todo el misterio y la dimensión de la hazaña. Todo está visto desde la perspectiva de los astronautas; no hay planos generales de sus acciones, lo cual les confiere una sensación íntima. (Por ahí hubo una controversia en Washington, porque no se ve el momento en que Armstrong coloca la bandera estadunidense sobre la superficie lunar; al parecer, los republicanos son tan tontos que si no ven detalles patrioteros, no entienden las cosas).
En el TIFF siempre queda la canija duda si uno escogió las películas correctas, o si las joyas estaban pasando en otras salas. De cualquier forma, entre los asistentes cunde la impresión que este festival no fue pródigo en maravillas como ha ocurrido en años anteriores. Ya faltan pocos días para modificar dicha impresión.
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43 Festival de TorontoFranceses en inglés

Leonardo García Tsao


▲ La actriz Mia Goth en la alfombra roja de High Life, en el festival de cine de Toronto.Foto Ap

Hollywood como estado de ánimo pesa tanto en la mente de todo cineasta, que un director tan francés como Jacques Audiard ha sentido la necesidad de filmar un western. Contra lo que pudiera pensarse, el resultado es maravilloso. The Sisters Brothers (Los hermanos Sisters) es una coproducción entre Estados Unidos, Francia, Rumania y España, pero su corazón pertenece a la cinefilia más genuina.
Así pues, los hermanos epónimos son Eli (John C. Reilly) y Charlie (Joaquín Phoenix), dos eficaces matones a la orden del comodoro (Rutger Hauer en un cameo). Su siguiente misión es asesinar a Hermann Warm (Riz Ahmed), quien posee una fórmula que le permitirá encontrar oro en plena fiebre californiana (estamos en 1851). Sin embargo, los hermanos también tienen planes de volverse gambusinos.
Gran parte de la tensión –y el humor– de la película deriva de la relación volátil entre los Sisters. Charlie es impulsivo y dado a los placeres carnales más que Eli, quien una vez conseguido un botín, piensa colgar las armas y retirarse. Por supuesto, ambos se quieren, y hay una sorprendente ternura en la maternal conclusión de la historia. Ciertamente un final inesperado en la historia violenta del género.
The Sisters Brothers presume de una factura impecable que le valió a Audiard el premio al mejor directoren el pasado festival de Venecia. No es un western revisionista, ni tampoco aspira a un clasicismo de museo. El realizador ha logrado darle vitalidad al género con una imaginería novedosa, apoyado en el trabajo notable del fotógrafo Benoît Debie, en un equipo de primera que incluye al músico Alexandre Desplat y a la diseñadora de vestuario Milena Canonero.
El otro lado de la moneda es que la también francesa Claire Denis, directora de culto si las hay, ha hecho su primera película en inglés y dentro de un género, la ciencia-ficción, normalmente asociado con la producción hollywoodense. Bajo un título de tienda de ropa de los años 60, High Life, Denis ha engendrado una especie de pesadilla en el espacio, en el peor de los sentidos. La acción se sitúa en una nave espacial tripulada por reos que buscan redimirse cumpliendo una peligrosa misión. En efecto, las amenazas a la tripulación son constantes, entre ellas, una doctora (Juliette Binoche) está empeñada en obtener semen de los hombres para sus experimentos de vida artificial. La producción, aunque reúne capitales de cinco países, se antoja pobre y la nave parece una cómoda o un amplificador, según se le vea.
Entre otras cosas intrigantes, la película ofrece la imagen de la casi siempre infalible actriz, masturbándose con un dildo metálico dentro de un espacio conocido como the fuckbox. O también, la secuencia en que la misma Binoche se encama con un inconsciente Robert Pattinson para extraerle esperma y poder inyectársela a una mujer dormida y embarazarla. (La fecundación para ser el tema central de High Life, aunque no lo podemos decir con certeza). Denis ha hecho con frecuencia un cine arriesgado, pero inteligente. A menos que se trate de una simulada parodia, esta vez le falló la intuición.
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43 Festival de Toronto : Demasiado grande para Netflix


Leonardo García Tsao

Después del éxito de Gravedad (2013), el realizador Alfonso Cuarón hizo algo sorprendente, volver a México para filmar su película más ambiciosa y personal a la fecha. Recién ganadora del León de Oro en el festival de Venecia, Roma es un vívido y emotivo fresco sobre la vida en Ciudad de México a principios de los años 70, desde la perspectiva de un personaje al que por regla general se le margina a un segundo plano. Ese personaje es Cleo (Yalitza Aparicio) una de las dos empleadas domésticas que trabajan en un hogar de clase media de la colonia epónima.
De tintes autobiográficos, la película describe una serie de situaciones en que la familia interactúa con Cleo, quien es la encargada de cuidar a los cuatro niños que la integran, además de encargarse de la cocina y la limpieza hogareñas. Si bien Sofía (Marina de Tavira), la madre, trata a Cleo como miembro de la familia, no faltan los momentos en que le grita órdenes para recordarle quién es la patrona.
Ambas mujeres han sido abandonadas por sus respectivas parejas, lo que refuerza el nexo.
El novio irresponsable de la muchacha es Fermín (Jorge Antonio Guerrero), un joven que la ha dejado embarazada. En una de las mejores secuencias de Roma, Cleo lo busca en un campo en el estado de México, donde él entrena artes marciales con docenas de jóvenes similares, bajo la instrucción del Profesor Zovek (Latin Lover). Es el entrenamiento de los Halcones que, meses después, entrarán en acción para reprimir la manifestación del jueves de Corpus.
Cuarón recrea dicha represión, pero es algo que sucede en los márgenes de la historia. Lo importante es lo que le sucede a Cleo en una tienda de muebles y su encuentro final con Fermín. Lo que sigue es el momento más doloroso de la película, una secuencia resuelta con una intención clínica que no elude la compasión.
No hay nostalgia en la mirada del director, sino un recuerdo patente de cómo eran las cosas. Así era la avenida de los Insurgentes, con sus camiones chatos y autos viejos. Así eran las salidas del cine, con la multitud de vendedores ambulantes. Así era el país, con sus presidentes represores cuyas iniciales se podían leer en los montes. Con travelings laterales, Cuarón lo muestra todo como un flujo vital, sereno como el recuerdo mismo.
Convertido en autor total –director, guionista, fotógrafo, coeditor y productor–. Cuarón ha hecho la película mexicana que será una referencia inevitable en los años venideros. Tan rico es el despliegue visual y auditivo de Roma que uno siente la necesidad inmediata de volverla a ver. Seguro las repetidas visiones revelarán otros significados.
Lo único lamentable del asunto es que, siendo adquirida por Netflix, Roma no podrá ser apreciada por la mayoría de los espectadores como acaba de verse en Toronto: en una pantalla grande de cine. Su hermosa fotografía en blanco y negro y 65mm. quedará reducida al tamaño de las pantallas caseras y, peor, las computadoras. Al menos en México sería urgente que pudiera estrenarse también en salas cinematográficas.
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43 Festival de Toronto El terrorismo reconstruido


Leonardo García Tsao

En la sección Special Presentation del encuentro cinematográfico coincidieron dos películas sobre sendos ataques terroristas. La primera de ellas, Hotel Mumbai, del director australiano Anthony Maras, recrea cuatro días de noviembre de 2008, cuando un comando de 10 terroristas islámicos causaron cientos de muertos y heridos en varios puntos de la ciudad titular. Sin embargo, la acción se concentra en el estado de sitio que los militantes impusieron sobre el opulento hotel Taj Mahal Palace, matando a sus huéspedes y empleados con armas de fuego y granadas.
El realizador debutante se vale de elementos válidos para construir la permanente tensión del relato. La muerte violenta de inocentes es un recurso dramático infalible y aquí esa situación se mantiene in crescendo, sobre todo al concentrarse en un grupo aislado de personas que tratan de sobrevivir ocultas en un club privado dentro del hotel.
Ha habido tantos thrillers sobre terroristas vencidos por héroes de acción que uno reacciona por reflejo condicionado a la presencia de un gringote (Armie Hammer), que promete ser el muchacho chicho de la película. Y no es así. La realidad no admite a un Bruce Willis.
Por otro lado, el guion establece bien el rencor de los terroristas ante el verdadero lujo asiático en que viven sus víctimas. Amén de los fundamentos religiosos, lo que anima esta jihad es un profundo resentimiento de clase. Los terroristas no son más que jóvenes pobres, sin el privilegio de una educación y manipulados por sus líderes con falsas promesas del paraíso y una compensación económica para sus familiares.
La segunda película, 22 July (22 de julio), del británico Paul Greengrass, reconstruye la masacre perpetrada en 2011 en un campamento de veraneo en la isla de Utoya, Noruega, por parte de un terrorista neonazi. (Ya en la Berlinale se había estrenado la versión de Erik Poppe, titulada Utoya, precisamente, sobre los mismos hechos, aunque con un enfoque diferente).
El responsable de la matanza, Anders Behring Breivik (Anders Danielsen Lie), había detonado antes una bomba en el centro de Oslo. Pero su principal objetivo era asesinar a tiros a docenas de jóvenes de ideología liberal en dicha isla. De manera inteligente, Greengrass resume el ataque en los primeros 40 minutos.
El resto de las dos horas y pico de duración las dedica a contrastar con sobriedad el proceso legal al que se somete al terrorista tras su captura, con la dolorosa recuperación de una de sus víctimas, el adolescente Viljar (Jonas Strand Gravli).
Breivik sostiene una ideología totalmente opuesta a la islámica. Pero su metodología es letalmente la misma. Arrogante y solipsista, él se considera un soldado en la guerra contra la inclusión. Si bien una y otra forma de terrorismo son temibles, la del fascista resulta más difícil de comprender.
Tras su triunfo en Venecia, Roma, de Alfonso Cuarón, es una de las películas más esperadas en Toronto. Mañana comenzará a exhibirse y uno calcula que va a haber casi golpes para verla. Por lo pronto, tendrá tres funciones de prensa e industria en las salas más amplias del teatro Scotiabank. Eso es previsión.
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43 FESTIVAL DE TORONTO : Todas hacen pop


Leonardo García Tsao

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▲ Los actores Jason Isaacs y Dev Patel, protagonistas del Hotel Mumbai.Foto Afp
Todavía no ha pasado aquí a la prensa la nueva versión de Nace una estrella, dirigida y protagonizada por Bradley Cooper, que ha recogido críticas elogiosas en su paso por Venecia. Pero no cabe duda de que el melodrama musical está nuevamente de moda. Este domingo se se vio Vox Lux, segundo largometraje del también actor Brady Corbet, que se supone es una deconstrucción de una estrella pop.
Dividida en actos de título presuntuoso y narrada con ironía por Willem Dafoe, la película describe el improbable ascenso de una cantante llamada Celeste (Raffey Cassidy), desde que es herida en uno de esos tiroteos masivos que suceden con alarmante regularidad en las escuelas gringas. Al componer una canción conmemorativa de la tragedia, Celeste se vuelve popular y consigue un contrato con una disquera, así como un mánager cínico (Jude Law, extrañamente soportable). Sin embargo sucede el ataque a las Torres Gemelas y la cantante debe cambiar.
Ya treintona (e interpretada por Natalie Portman), Celeste se ha convertido en una diva en conflicto con su hermana (Stacy Martin), su hija (Cassidy, nuevamente) y su propio abuso de bebidas etílicas. Otro ataque terrorista la coloca en el centro de la controversia. Pero el show debe seguir. Y Portman hace una acertada parodia de todas esas cantantes –ya saben cuáles– que promueven un pop inocuo y esterilizado, con canciones que son más bien eslóganes y movimientos robotizados. Al menos, pienso que es una parodia, porque la secuencia de concierto se presenta sin más al final, como en una celebración de lo que hoy pasa por espectáculo.
Otra película, estrenada en Toronto, ofrece una visión totalmente convencional de un fenómeno similar. Se trata de Teen Spirit (Espíritu juvenil), opera prima de Max Minghella (hijo del finado Anthony) y protagonizada por Elle Fanning como una adolescente polaca cuyo gusto por el canto la lleva a concursar en el programa televisivo epónimo. Por supuesto, la chica está verde aunque canta con el corazón, según le aconseja el viejo cantante de ópera (Zlatko Buric) que se ha vuelto su mánager.
El asunto no podría estar más apegado a una fórmula tan vieja como el concepto del showbiz. Pronto la protagonista es aceptada por ejecutivos y el público, triunfando a todo lo que da en la secuencia climática. La película misma está filmada como esos programas de concurso musical que se han vuelto tan populares, y uno siente la necesidad de cambiar de canal si no fuera porque Fanning es una presencia encantadora que trasciende el cliché.
No todo es perfección en este festival. Al menos en el departamento técnico, donde quiera se cuecen habas. Hace unos días, me contaron, la proyección de Peterloo, la obra más reciente del británico Mike Leigh, se vio afectada por un problema de audio que hacía ininteligibles los diálogos. Como el problema no se arreglaba y la película no se entendía, la mayor parte del público abandonó la sala. Y este domingo durante la proyección de Hotel Mumbai, de Anthony Maras, la lámpara del proyector se fundió un par de veces durante las escenas más tensas. Pero el público es tan educado que ni siquiera chifló. Aquí nadie la grita al cácaro.
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Del blues y del ragtime al jazz

Una historia de transculturación y de racismo


Entre dic/1988 y dic/1989, revista Avianca publicó una serie de ensayos agrupados bajo el título Grandes del Jazz y firmados por el autor. En este ensayo, teniendo en cuenta la cantidad de músicos, se incluirán nombres relevantes de la historia del género, agrupados por instrumentos. También, se abordan cantantes (mujeres y hombres), grandes orquestas y directores de las mismas. Luego, un acápite dedicado a las Notas al Programa que el autor publicó, en la BLÁA, de Bogotá, dentro de la serie Tiempos de Jazz, entre 1991 y 98. Aquí se refieren los elementos y factores (blues y ragtime, spirituals y gospelsongs, worksongs y field-hollers, marchas militares y funerarias, entre otros), que desembocan en el jazz, fenómeno musical afroamericano por excelencia de los siglos XX y XXI. Detrás del contexto estarán siempre, como elementos de enfoque y análisis, la transculturación y el racismo: la primera, forma de agregar quitando la cultura primigenia; el segundo, factor de discriminación por el color de la piel, por el origen de clase, por la posición económica.
Desde la óptica religiosa, el asunto podría verse desde la experiencia de los negros con el Gospel, manifestación a través del ritmo y del canto de sus raíces musicales y religiosas: “Podrás alejarme de mi tierra, de mi gente y obligarme a creer en tus dioses; sin embargo, en mi canto y mis palmas conservaré mi amor por el Creador de mis antepasados”. En últimas, el jazz es una música de resistencia a la opresión, es decir, política en el más estricto sentido, como advierte Archie Shepp en Free Jazz/ Black Power (Anagrama, 1973): “El jazz es una de las aportaciones sociales y estéticas más significativas de América. Y muchos lo aceptan por lo que es: una aportación significativa, profunda, de América… Está en contra de la guerra, en contra de la del Vietnam; está a favor de Cuba; está a favor de la liberación de todos los pueblos. Esta es la naturaleza del jazz. No es necesario ir a buscar más lejos. ¿Por qué? Pues porque el jazz es una música nacida de la opresión, nacida de la servidumbre de mi pueblo” (Down Beat Music’ 66, Chicago, 1965: 20).
La etimología de la palabra Jazz es confusa. Según Peter Tamony deriva de gism/jasm, modismo gringo sinónimo de fuerza, excitación o esperma. Otra hipótesis: la deformación del giro francés chasse-beau, figura del cake-walk, convertida pronto en Jasbo, apodo de músicos. El diccionario Merriam-Webster sugiere un derivado del verbo francés jaser, del argot creole, mientras Dizzy Gillespie aseguraba que jasi, en un dialecto africano, significa vivir a un ritmo acelerado, bajo presión. Tony Palmer señala que en argot cajun (nativo de Louisiana o de ancestro franco-canadiense) las prostitutas de New Orleáns son llamadas jazz-belles, en referencia a Jezabel, personaje de la Biblia: Jezabel, esposa de Acab (como el capitán de Moby Dick), rey de Israel, y madre de Atalia. Ésta, reina de Judá entre 846 y 835 a.n.e. y famosa por sus crímenes e impiedad, que fue devorada por los perros… 
En general, se asocia el jass o jazz con la danza, la vitalidad, el acto sexual. La aparición del término se vincula a una serie de anécdotas relativas a la Original Dixieland Jass [sic] Band. Dicen los críticos ingleses Clayton y Gammond, ambos de nombre Peter y autores del libro Jazz A-Z (Taurus, 1989), que fue durante la actuación de aquella banda en el Schiller’s Cafe, de Chicago, aún bajo el nombre de Johnny Stein’s Band, cuando la voz jazz se aplicó por primera vez a esta música. ¿El responsable? Un actor de revista jubilado que, borracho, se puso de pie y gritó: “Jass it up, boys”. A partir de ahí, se dice, fue contratado para que cada noche, en el momento indicado, gritara…: debido a ello, pronto el grupo recibió el nombre de Stein’s Dixie Jass Band. Cuando se trasladó al restaurante Reisenweber, en el Columbus Circle, de NY, la banda fue ya anunciada como The Original Dixieland Jass Band y luego, tal vez por una errata de imprenta (elemento determinante en los neologismos) como Original Dixieland Jasz Band, según aparece en un cartel de la época: de ahí se pasó a Jaz y finalmente a Jazz, completando el cambio de letras. Por último, un anuncio en el NYT de una actuación, ya en 1917, convirtió en definitiva el Jass en Jazz. Hoy, se conoce por su sigla ODJB.
En dicha orquesta de músicos blancos nacidos en Nueva Orleáns, uno de ascendencia italiana, Nick La Rocca, da a conocer el nombre (se reitera, al inicio con doble s) y las primeras grabaciones en el citado Reisenweber, para Victor Records el 26/feb/1917, que incluyeron los temas Livery Stable Blues y Dixieland Jass Step (luego conocida como Original Dixieland One Step), a las que seguirían otras como Tiger Rag, grabadas no obstante con anterioridad, ene/1917, aunque para Columbia Records, que las publicó más tarde. Sin embargo, ya en 1912, a William Christopher Handy, el mal llamado Padre de los Blues (no porque no lo mereciera sino porque un género popular no tiene padre), se le había negado la posibilidad de hacer las que hubieran sido las primeras grabaciones del jazz: ¿la razón? Handy era un nigger, un vulgar negrito. Tom Brown, jefe de otra banda blanca, afirma que la palabra jazz la empleó él por primera vez cuando tocó en Chicago en 1915. Pero ya en 1913, de acuerdo con el crítico Ralph J. Gleason (1917-1975) en su libro Héroes del Jazz (Júcar, 1980), se relaciona la voz jazz musicalmente en el diario californiano San Francisco Chronicle, fundado en 1865 como The Daily Dramatic Chronicle por los hermanos Charles y Michael H. de Young, medio de gran tiraje durante la década de 1880.
La voz jazz designa hoy a un conjunto de géneros musicales de origen afroamericano, que engloba folclores profanos y religiosos y formas sinfónicas, por su mezcla entre elementos populares (blues, ragtime, R&B, spirituals, gospels, worksongs, field-hollers, shouts, orquestinas callejeras, marchas funerarias y militares) (1) y elementos provenientes de la llamada música culta o erudita (escala pentatónica europea, ballads, valses, jigas, danzas húngaras). Es lícito preguntar, ¿hay acaso música inculta o no-erudita o, más grave, una apenas para reírse? “Qué atropello a la razón”, diría Discépolo en Cambalache. Dos características esenciales, ya observadas por el musicólogo y etnólogo André Shaeffner en 1926, son indisociables del jazz: un tratamiento especial de las sonoridades, derivado de la imitación de las voces humana y animal (en el Jungle Style que desarrollan Armstrong y Ellington, en especial, y que se percibe en el citado Livery Stable Blues, de la ODJB); y una valoración específica de los ritmos (a través del sonido de guitarra en los blues de John Lee Hooker, v. gr.; en piano, batería o percusión del R&B de Ray Charles, Chuck Berry, Fats Domino). Es el resultado de la integración de tradiciones traídas de África por los esclavos que llegaron a las Américas entre los siglos XVI y XIX, con métodos instrumentales, armónicos y melódicos inventados en Europa, sobre todo, durante el periodo barroco (1685-1750), fechas que coinciden con las de nacimiento y muerte de Johann Sebastian Bach.
Cruce de fuerzas subterráneas de una humanidad con mayor reputación instintiva entre el idealismo de las sociedades inspiradas en la Grecia clásica y en el mundo germánico; de hecho, una forma cultural ideal para la creación espontánea, convidante, gestual, vocal e instrumental. La difusión del jazz se ha visto acelerada, además, por la eclosión de medios técnicos, especialmente adecuados, cuya progresión es paralela: fonógrafo, radio, cine, TV. Un folklore local se dilata hacia lo universal. Hasta llegar a convertirse en la verdadera música clásica de los siglos XX y XXI. Pero, para eso habrán de pasar muchas cosas: descubrir lo nuevo en lo viejo, por ejemplo, como quien sabe que si quiere descubrir en la lectura algo fresco tiene que volver a un libro antiguo.
A comienzos del siglo XX el jazz es rústico, proletario y, por si esto fuera poco, se le atribuye una bastante mala reputación. La música del Sur de EE.UU que se practica en la iglesia (gospelsongs) (2), en las plantaciones (work-songs), en las estaciones de metro y en viajes en tren (blues), en casas de tolerancia (ragtime), en desfiles callejeros (marchas militares y funerarias), en compañías de minstrels (blancos con la cara teñida imitando a o mofándose de los negros) y las bambulas (tambores de origen africano llamados bambalas que a su paso por las Antillas francesas se transformó en bamboulas: una de las tantas derivaciones de las danzas africanas adaptadas y modificadas en las Indias Occidentales) de Congo Square, New Orleáns, sigue a la emigración de los negros que suben en masa, al cerrarse Storyville, el Distrito de las Luces Rojas) en 1917, por una conveniencia económica y por necesidad de mano de obra barata antes que por una supuesta liberación, hacia el norte o el oeste de EE.UU en busca de empleos mejor remunerados. Esto también hace parte del american dream, que se estrellará contra una durísima realidad de explotación, de desprecio, de racismo.
En Chicago, c. 1920, se graban las obras maestras de la improvisación colectiva que inspiran a discípulos blancos: se habla de orquestas como la Fletcher Smack Henderson, con quien por breve tiempo tocó Armstrong, pionero del swing antes de que el swing, el elemento (“Ese algo que hace marcar el ritmo con el pie”, Count Basie) fuera Swing (el estilo que dominó en la Swing Era, 1935-45). Cabria citar, también, a las bandas de Don Redman y Lionel Hampton. Del blues va a surgir el Boogie-Woogie y, cada vez más, los jazzmen aprovechan y transfiguran los temas de la canción popular de Broadway y de otros lugares. En forma paralela se crean grandes orquestas en Kansas City, Chicago, NY, fenómeno asociado a la prohibición del alcohol, la tristemente famosa Ley Volstead (1920-33) por el senador que la impulsó y que se sumó por la Enmienda XVIII a la Constitución gringa y fue derogada por la XXI. No obstante, antes de promulgarse, el senador Andrew Volstead, había dicho: “Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva nación. El demonio de la bebida hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Se acabó el imperio de las lágrimas… Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos; los transformaremos en fábricas y graneros. Todos los hombres volverán a marchar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno” (3). La medida provoca, por reacción, incremento en el número de tabernas: en NY, v. gr., se pasó entre 1920 y 21 de 15 mil bares legales a 32 mil tabernas clandestinas o con mirilla (speakeasies o lechones ciegos) que brotaban del suelo. El alcohol se volvió la obsesión gringa. Balance del primer decenio de la Prohibición: medio millón de detenciones; penas de prisión por un total de 33.000 años; 2.000 muertos en la guerra del aguardiente entre gángsters; y 35.000 víctimas por intoxicación alcohólica… (4)
Como se ve, el senador Volstead fue escuchado. El jazz sobrevive al Crack del 29 y a partir del 30 su perfume narco/alcohólico impregna al negocio musical, de lo cual son responsables Al Capone y compañía. Perfume contaminado además por la perversa mirada de la industria musical blanca, que va a suministrar los elementos necesarios para que los negros se pongan a su servicio. Al tiempo conoce Hollywood, California, y desembarca en Europa, donde los músicos negros obtendrán el respeto y alcanzarán el reconocimiento que nunca se les dio en su propia tierra. Cuenta Ch. Parker: “La primera vez que me dijeron señor fue en Suecia”. Es la moda del Swing, el periodo más comercial de la historia del jazz: cientos de arreglistas, compositores, instrumentistas, bailarines, cantantes e improvisadores se exceden a sí mismos en la imaginación creativa y explotan el filón, seduciendo a la vez al gran público en bailes, cine, espectáculos en general. En 1940, mientras el jazz, bueno, el Swing, parece estar en su apogeo, la revolución del Bebop (5) ensancha radicalmente su espacio. Un repertorio original completa el material utilizado de blues y standards. Se multiplican las aventuras, alimentadas por una ebullición de ideas, novedades, caprichos, vanguardias o, por contraste, del revival: cool, hard-bop, jazz afro-cubano, free, fusión, Funk, vuelta al blues.
El jazz integra la melodía y la armonía de ritmos brasileños como el o la bossa-nova (6), calipso, flamenco, ritmos afrocubanos (entre ellos, la salsa) y se aproxima, con la Tercera Corriente (7) a la música clásica. A fines de 1950 provoca un electrochoque en la canción occidental pues tras tomar prestados sus temas, la somete a sus normas de improvisación (que ya desde 1930 ha dado origen a los standards) y desde entonces se conocerá como New Thing y, en concreto, como Free-Jazz. Es a partir del matrimonio de ritmos, armonías y sonoridades del blues y en especial del rhythm and blues (R&B) con el folk y el country que nace el rock and roll (R&R), coctel explosivo del que sus secuelas no dejarán de colorear a la mayor parte del pop. Marginal en sus inicios, el jazz se convierte en el eje creador de la música popular del siglo XX y en la verdadera música clásica del XXI. Entre ellas, la alemana, la francesa es más que un simple acontecimiento musical. El encuentro en EE.UU de culturas orales y escritas, llegadas desde África y Europa, contribuye a la evolución de costumbres y de leyes.
Desde 1930, con aquel episodio de Armstrong, entre muchos otros, en el hotel Royal Garden, en el que un locutor blanco le negó el micrófono por nigger y Satchmo lo enfrentó, para al cabo decir: “Fue la primera vez que habló allí un negro… y por radio”, el jazz ha ayudado de forma profunda a combatir el racismo. Personajes como Mezz Mezzrow (blanco, para evitar rumores, el fiel surtidor de heroína de Charlie Parker), Norman Granz (el organizador de las giras Jazz at the Philharmonic), Dizzy Gillespie (el otro Dióscuro del Bebop junto a Parker y miembro como éste y Miles Davis del PC gringo), entre otros, han militado para conseguir en el escenario y en las salas de baile el olvido del color de la piel. Aunque se diga que la posguerra (con el Bop y el R&B) aceleró el proceso, la verdad es que pasarán muchos años más, casi veinte, para que se acabe la discriminación de las race recordings (8); así como para que aparezcan las primeras emisoras negras que permitirá a los de su raza, ya sin vergüenza ni bochorno, presentarse en ellas. Sólo a partir de 1955, se podrá decir que hay una música que congrega a un pueblo, sin distingos de raza, sexo, color político y/o religioso.
La lucha por los derechos civiles se recrudece en la década de 1950 y alcanza su clímax, primero, el 21/feb/1965, con el asesinato de Malcolm X, y más tarde, el 4/abr/1968, con otro crimen represivo, el de Martin Luther King, Jr., ambos antes de cumplir 40 años, aspecto siempre considerado por las infalibles matemáticas del crimen oficial-clandestino gringo: las que en la época impedían que cualquier persona disidente o subversiva alcanzara a cumplir tal edad. Así cayó, además, el Che Guevara (1928-1967). Un poco antes, el 1º/dic/1955, la señora Rose Parks, sentada en la parte posterior de un bus cuando a los negros les era asignada la parte delantera del mismo, se niega a cederle el puesto a un blanco, hecho que conduce a la represión y al tiempo a la radicalización de la protesta negra. Esta, encabezada al comienzo por King con las marchas de Montgomery y Selma, en Alabama, y sus Freedom Riders, será más tarde liderada por Malcolm X desde su posición como musulmán: a la cual, no obstante, renunciará en 1964, poco antes de caer asesinado, al enterarse de las turbias relaciones de su maestro Elijah Muhammad con dos de sus secretarias a las que dejó embarazadas.
Lo que esperaba André Shaeffner pareciera haberse hecho realidad: “Por el espíritu se consuma el matrimonio de dos razas que los usos rechazan aún en la carne”. Al escuchar los mismos ritmos, melodías e improvisaciones, los cuerpos y los cerebros descubren el mismo nivel de inteligencia y comprensión: la misma humanidad. Aun así, lo anterior sería demasiado optimismo: pese al de Shaeffner, el racismo y la discriminación no han acabado ni se acabarán… por ahora; tampoco, la transculturación, ese proceso de suplantar una cultura original por otra, invasora. Muy al contrario, hacen parte un programa estructural y perduran hasta la actualidad, como lo sostuvo la líder afroamericana Angela Davis en su visita a Colombia en 2010, aun con la elección del primer presidente negro en la historia de EE.UU, que resultó no solo blanco por dentro, como las galletas Óreo, sino otro apócrifo Nobel de Paz, el de 2009, pues en solo un año soltó la frijolada de 26.000 bombas en siete países (9). Con lo que de paso se demuestra que los cambios no pueden ser mera apariencia, sino que requieren una voluntad política de la que, recuerda Perogrullo, no precisamente hacen gala políticos ni dirigentes y la que, por contraste, les sobra a jazzmen, artistas y pueblo en general.      
Notas:
  1. Ejemplo de worksong en una cárcel de Texas: http://www.youtube.com/v/Oms6o8m4axg&rel=1
  2. ENZENSBERGER, Hans Magnus. Política y delito (Seix Barral, 1968: 87).
  3. Íbidem: 87-88.
  4. Onomatopeya de la porra del policía golpeando el cráneo del negro: be, bop, be, bop (Langston Hughes).
  5. El bossa nova puede ir precedido del artículo el cuando se lo cita como ritmo o camino nuevo; o de la, cuando se habla de tendencia o moda. El escritor brasileño Floriano Martins en su retrato sobre el célebre Hermeto Pascoal cita a otro excelso coterráneo suyo en Vía Política: “De alguna manera esto me recordó unas palabras de Paulo Moura, en el folleto del CD Río Nocturnos (1992), al decir que ‘la bossa nova significó el advenimiento de la discriminación racial en la música brasileña’”.
  6. Clayton & Gammond: “Término acuñado por el compositor, músico y solista de trompa Günther Schuller (n. 1925) a finales de [1950], para describir la música que trata de establecer un puente entre las disciplinas y formas musicales europeas y el espíritu y la técnica del jazz. […] En sentido amplio, el concepto de tercera corriente es parte de un proceso general de abolición de barreras entre las diferentes clases de música. Con ese objetivo, [Günther] Schuller fundó un Third Stream Department en el Conservatorio de Nueva Inglaterra” (Jazz A-Z: 281).
  7. Grabaciones de raza: expresión con la que hacia 1923 se conocía a los discos grabados por los jazzmen negros que sólo podían venderse en los distritos negros: a quien se le retuviera por el delito de distribuirlas en zonas de blancos, no sólo le confiscaban el material, sino que iba directo a la cárcel… Situación que se prolongó hasta finales de la década de 1940.
Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y de jazz, catedrático, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazín de El Espectador (EE). Mención de Honor por su trabajo sobre MLK, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (5/feb/2018). Hoy, autor, traductor y coautor de ensayos para Rebelión y desde el 23/mar/2018, columnista de EE.

A ocho columnas

Arte y Tiempo
Raúl Díaz

El llamado cuarto poder, es decir, el peso que la prensa y algunos periodistas tenían sobre la vida pública nacional, aparecía como realmente importante allá por la mitad del siglo pasado y décadas posteriores. Lo que no se decía públicamente, aunque se sabía, era que ese cuarto poder era producto de la corrupción y la complicidad de los gobernantes en turno, los grandes medios de difusión y quienes en ellos escribían.

Auténticas fortunas y auténtico poder acapararon al amparo del gobierno personajes carentes de toda ética y dignidad cuyos nombres se conocen, pero no vale la pena repetir. Su pluma mercenaria callaba o publicaba únicamente lo que sus amos ordenaban. Esa época del periodismo mexicano es vergonzosamente real.

De eso se ocupa en su obra A ocho columnasalguien que sirvió y se sirvió del régimen establecido, Salvador Novo. Conociendo perfectamente las entrañas del monstruo, puesto que vivía en sus entrañas, Novo tuvo la valentía o el cinismo (no me detendré a dilucidarlo), de denunciarlo en esta obra que, con gracia, desparpajo y mucho filo, pone al descubierto cómo operaba (y desgraciadamente, en cierta forma, aún opera) la gran prensa y su enorme estela de corrupción. El talento del gran maese satírico Salvador Novo no está a discusión.
La trama es sencilla, se trata de desprestigiar y quitar toda credibilidad a un médico honrado y de reconocido prestigio profesional que pone en entredicho medidas del gobierno pero al que no le encuentran cola que pisar. Casualmente, a un joven e ingenuo aspirante a reportero de El Mundo,El mejor periódico de México, le concede una entrevista en la que sale a luz un detalle que, tergiversado y perversamente manejado, puede servir a sus enemigos.
Y eso es exactamente lo que hacen El Mundo sus personeros, y otro aspirante a periodista, sólo que éste no es nada ingenuo y sí está corroído por la ambición y el deseo de figurar y gozar de la vida social, el dinero y el poder. Las consecuencias son por demás predecibles. Nada del otro mundo como dramaturgia, pero sí de una enorme efectividad y, aunque estrenada en 1956, por desgracia vigente en periódicos como El Mundo y quienes en ellos lucran, perdón, escriben.
La atinada dirección es de Fernando Bonilla y gran trabajo actoral de Luis Miguel Lombana, perfecto en su cinismo; Sophie Alexander Katz, deliciosa en su cursilería; Pedro de Tavira, despreciable en su arribismo; Alondra Hidalgo y José Carriedo, grises con exactitud, y con menos fortuna porque se quedó en el estereotipo, Arnoldo Picazzo.
A ocho columnas no puede dejar de verse, de jueves a domingo, en el teatro Orientación.

9/15/2018

La cultura de la prostitución

Ideología & Prostitución
TribunaFeminista


Esta ideología banaliza con la agónica situación de las mujeres en situación de prostitución, pretende normalizar actividades delictivas y encima nos invita a aceptarlo acríticamente con la proclama “que hablen las putas”, como si algo le importasen.


Cualquier fenómeno o práctica social con pretensión de permanecer en el tiempo necesita de constantes procesos de legitimación, de justificación de su existencia. Cuando hablamos de prostitución, estos procesos se convierten directamente en excusas para seguir sin alcanzar la liberación de la mujer que las feministas pretendemos.
Lo primero que debemos señalar es que la prostitución, como explica la maestra Rosa Cobo, es un fenómeno social que se desarrolla en el marco de tres sistemas de dominio: el patriarcal, el capitalista neoliberal y el racial/cultural; definición teórica perfectamente reflejada en la siguiente realidad material: el 90% de las mujeres prostituidas en Europa son inmigrantes pobres [1]. Muestra práctica del elemento patriarcal y el neoliberal de la definición, es que tres millones de niñas entre 5 y 14 años sean incorporadas anualmente al mercado del sexo, como cifra Naciones Unidas.
La nueva narrativa que se trata de imponer obvia realidades que evidencian la explotación sexual y subordinación patriarcal que representa la prostitución, para convertirla por obra y gracia del lenguaje, en un “trabajo” empoderante, en una alternativa laboral como cualquier otra. Así, los/as que abogan por la regulación de la prostitución le llaman “trabajo sexual” a una de las formas más brutales de violencia sobre la mujer.
Con este eufemismo, se quiera o no, se deja de hablar automáticamente de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual. No se puede, como dicen sus defensores, diferenciar prostitución de trata; sencillamente, porque la segunda existe para servir de mujeres a la primera, ¿de qué forma sino se satisfaría la pujante demanda?
El argumento de “trabajo sexual” pasa a ser ofensivo cuando se intenta hacer pasar por transgresor y feminista, calificándonos además, a quienes abogamos por la abolición de esta violencia como reprimidas o mojigatas. No veo transgresión alguna en la defensa de un “trabajo” que identifica nuestra sexualidad con el placer masculino, que la pone a su servicio y que otorga libre acceso al cuerpo de las mujeres. Esta falsa transgresión es petición de sometimiento, perpetuación de la conocida clasificación patriarcal de las mujeres: o putas o santas.
Pues ni una ni la otra, porque ambas son exigencias patriarcales. No podemos tolerar que se siga retorciendo el lenguaje para beneplácito del status quo; la proclama “mi cuerpo, mi decisión” se utiliza para liberarnos de lo roles opresivos y de las explotaciones sexual y reproductiva, no para mantenerlos.
Otro de los argumentos de la cultura o ideología de la prostitución es la “libre elección”. Difícilmente se puede hablar de libre elección en sistemas sociales asentados sobre diversas dominaciones. Esto lo sabe nuestro Derecho que protege a las partes contractuales débiles, pero esta previsión legal deviene insuficiente cuando hablamos de mujeres en situación de prostitución. No pueden ser parte contractual; primero, porque son tratadas como simple materia prima de la industria del sexo y segundo, porque la violencia sexual no se puede regular, no se puede legitimar en virtud de una libre elección que sabemos que no existe.
La inmensa mayoría de mujeres llegan a la prostitución empujadas por circunstancias personales asfixiantes o incorporadas mediante la trata. Es irresponsable e injusto para las mujeres atrapadas en el sistema prostitucional, dejar de señalar esto porque haya alguna mujer que decida ser prostituta porque ella sí tiene alternativa laboral. Además, es cada vez más evidente que muchas de las que se presentan como tal, están haciendo en realidad labor de captación para el  mercado de mujeres.
¿Y qué pasa con el putero? Para estos la cultura prostitucional les tiene reservado un lugar muy cómodo, la impunidad y la no asunción de responsabilidad, como si la trata de mujeres fuera una cosa que no va con ellos cuando son responsables directos con su enorme demanda. Se (y los) justifican diciendo que solo son clientes de un servicio, afirmación deshumanizante donde las haya. Las mujeres prostituidas no son mera mercancía, ni cuerpos, ni agujeros prestando un servicio, son mujeres que no desean acostarse con ellos. Basta entrar en uno de los múltiples foros de puteros en la red y comprobar la misoginia y machismo de sus comentarios.
Demuestran que ni quieren ni toleran la igualdad y claro, con las mujeres prostituidas creen que no se tienen que andar con remilgos. Ellos serían unos de los grandes beneficiarios de la regulación, pues se legitimaría social e institucionalmente su abuso. De idéntica forma se beneficiarían los proxenetas, que dejarían de ser así catalogados para convertirse, de la noche a la mañana, en empresarios; eso sí, manteniendo sus misma actividad, la explotación de las mujeres. Y si no lo creen, comprueben las consecuencias del modelo regulacionista en los países donde se ha implantado.
Sucintamente, estas han sido aumento de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual, aumento de la demanda de la prostitución, legitimación social del “derecho” de acceso a nuestros cuerpos lo que a su vez implica perpetuación de la deshumanización y cosificación de las mujeres, y publicidad degradante y vejatoria de las mujeres en situación de prostitución.
Aludo a una ideología o cultura de la prostitución porque las expuestas hasta ahora y otras, conforman un conjunto de ideas que, como decía al principio, buscan legitimar y normalizar la prostitución. Y resulta obvio que a quienes favorecen estas narrativas son quienes las construyen, esto es, la élite neoliberal y patriarcal,   aquellos hombres que no quieren perder su libre mercado de mujeres. Así, quienes utilizan estas ideas en sus argumentaciones o bien están interesados/as económicamente, o bien les excusa, o simplemente han caído rendidos/as a la ideología prostitucional, como una suerte de nuevo obrero de derechas.
Esta ideología banaliza con la agónica situación de las mujeres en situación de prostitución, pretende normalizar actividades delictivas y encima nos invita a aceptarlo acríticamente con la proclama “que hablen las putas”, como si algo le importasen. Hemos escuchado a las supervivientes y por eso defendemos la abolición. Este es además un problema que nos afecta a todas, está en juego la pérdida de nuestra indemnidad y autonomía sexuales, sobre todo la de las mujeres más vulnerables que se ven obligadas a su renuncia por unos euros.
Ante esta banalización, las feministas debemos clarificar los conceptos, como dice la teórica  Celia Amorós, “conceptualizar bien para politizar bien.”  Tenemos pues, que afirmar con fuerza que la prostitución es una violación de los derechos humanos incompatible con la igualdad, una institución patriarcal que subordina y explota a las mujeres y que como tal, reproduce la jerarquía sexual. Debe por tanto, interpelarnos a todos y a todas. Después de siglos de lucha por la igualdad, ¿vamos a permitir una sociedad donde los hombres tengan derecho a comprarnos?

[1] Fondation Scelles, “Sexual Explotation. Prostitution and Organized Crime”, 2012.

Fuente: https://tribunafeminista.elplural.com/2018/09/la-cultura-de-la-prostitucion/

Niñez y adolescencia en búsqueda de refugio, asilo y seguridad


Monedero 


Pilar, de 15 años, de la ciudad de El Progreso, en Honduras, está buscando asilo en Guatemala con sus padres y su hermano de 7 años tras haber sido amenazada por la mal afamada banda B18. La familia lleva en la Ciudad de Guatemala desde principios de abril.
En su escuela de El Progreso, una compañera de clase y un conocido miembro de la banda insistieron a Pilar para que se uniera a la banda y se prostituyera para generar fondos. Cuando Pilar lo rechazó, la niña comenzó a amenazarla. “Me dijo que como yo no le caía bien y no quería vender mi cuerpo, les pediría [a la banda] que me mataran”, cuenta Pilar. Los miembros de la banda también comenzaron a seguirla en su camino a casa desde la escuela.
Pilar les contó a sus padres las amenazas. Ellos tomaron la difícil decisión de vender su casa y sus pertenencias y marcharse a Guatemala.
“Todos los días mueren adolescentes en El Progreso, y a veces las bandas ni siquiera devuelven los cuerpos a las familias para que los entierren en condiciones. Es común que las bandas se lleven a niñas”.
Este es alguno de los muchos  testimonios que recoge el documento del Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (UNICEF), titulado: “La infancia en peligro. Desarraigados en Centroamérica y México. Los niños y niñas  migrantes y refugiados se enfrentan a un círculo vicioso de adversidad y peligro”.
De acuerdo a UNICEF cada día, niños y familias de El Salvador, Guatemala, Honduras y México, dejan sus hogares y sus comunidades para embarcarse en una peligrosa travesía hacia el norte. La decisión de marcharse suele ser dolorosa y estar motivada por una interacción de factores, como la pobreza absoluta, la amenaza constante de la violencia, una gran escasez de oportunidades educativas para la niñez y un profundo deseo de reunirse con familiares que ya han migrado.
Para esa niñez Centroamericana o Mexicana -ya sea acompañada por un adulto o sin compañía-, México es el país de tránsito en su ruta hacía el Norte y como bien dice el documento: aquí enfrentan graves peligros y adversidad, incluso cuando por fin llegan a cruce fronterizo (quienes lo logran), enfrentan las políticas anti migratorias, racistas  y xenófobas del actual gobierno de Estados Unidos.
Eso ya permite tener una leve idea de la grave situación que viven en sus países No es que quieran emigrar, es que no le queda más remedio. Los expulsa un altísimo nivel de violencia, esas niñas de 12 o 15 años saben que quedarse significa convertirse en esclavas de las bandas, que entre otras cosas las venden o las obligan a venderse.
Y sus padres, toda la familia, vive en condiciones de pobreza muy críticas, que también los expulsa de sus países. Se ha convertido en una búsqueda desesperada de refugio, asilo y seguridad.
En un registro de 2016 de niños y adolescentes migrantes a los que habían mandado de vuelta a Honduras, un 31.5 por ciento de los encuestados citó la reunificación familiar como su causa principal para migrar. En una encuesta de 2018 realizada a personas retornadas a El Salvador, 28 por ciento  aseguró que la reunificación familiar había sido su motivación principal (UNICEF). Los padres de estos niños, niñas y adolescentes  ya están viviendo en Estados Unidos, o por lo menos algún familiar ya es migrante.
En 2017 fueron aprehendidos 82 mil 769 migrantes menores de edad en Estados Unidos, de los cuales la mitad estaba acompañado de un adulto y el resto iba solo. Guatemala fue el país con más menores no acompañados (14 mil 827) y unidades familiares (24 mil 657) aprehendidos en Estados Unidos en el mismo año.
Este dato se confirma en la gráfica, Guatemala es el país con mayor número de niñas, niños, adolescentes no acompañados y aprehendidos en la frontera de Estados Unidos. En el caso de México es muy notorio el descenso que muestra de 2014 a 2017; por fortuna la mayoría de esta niñez y adolescentes son entregados más fácilmente a sus familiares a traves del DIF.  Aún así las cifras son escalofriantes.
La mayoría de las detenciones de menores no acompañados y unidades familiares ocurrió en Rio Grande Valley (antes McAllen), con 57.2 y 66.0 por ciento del total, respectivamente. En 2017, se entregaron 42 mil 413 menores no acompañados a familiares y/o conocidos en E.U., principalmente en los estados de California, Texas, Florida y Nueva York.
Entre 2013 y 2017, los eventos de repatriación de niñas, niños y adolescentes mexicanos desde Estados Unidos descendieron de 16 mil 971 a 8 mil 907.
Sin embargo entre 2013 y 2016, los eventos de aseguramiento de niñas, niños y adolescentes extranjeros en México se incrementaron de 9 mil 630 a 40 mil 114, para después disminuir a 18 300 eventos. Todas estas cifras hablan de la gravedad que reviste la problemática de la migración en el caso de niñas, niños y, adolescentes.
La respuesta de Donald Trump, presidente de Estados Unidos es: separación y deportación de las familias, enjaular a la niñez.  Y  lo más ridículo y agresivo, se ha visto a niños de 4 o 6 años en la corte, sometidos a juicio porque tienen que responder a la acusación de haber entrado de esa  forma ilegal a ese país, cuando en realidad ellos dependen  de la voluntad de lo adultos que los llevaron o con los que se quieren reunir.
Todas la acciones de Estados Unidos son ilegales y abusan de la niñez y adolescencia  -muchas son niñas o jovencitas-, como dice UNICEF las ponen en un grave riesgo. Se han generado protestas internacionales, inclusive de la ONU.
¿Cómo protegerlos? porque aquí México tiene una doble responsabilidad: proteger y otorgar todos los Derechos Humanos a la población migrante en tránsito, independientemente del país que provengan y con énfasis en: niños, niñas y adolescentes así como impulsar y defender a esta misma población contra los abusos de Estados Unidos en todos los Foros Internacionales.
Promover y lograr acuerdos con los países Centroamericanos, no sólo en el tema de migración, también en forma importante en la cooperación económica y en la aplicación de políticas públicas contra la violencia con miras a mejorar la condiciones de toda la región, son otros de los compromisos.
De esa manera se podría logar una notable mejora en la condiciones de vida de esa población y verdaderamente lograr la reducción de la migración infantil y adolescente, no sólo de Centroamérica, también de México. Como recomienda Cepal: superar las ineficiencias de la desigualdad.
* Economista especializada en temas de género
Twitter: @ramonaponce
CIMACFoto: Carlos Abraham Macías
Por: Carmen R. Ponce Meléndez*
Cimacnoticias | Ciudad de México.-