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2/01/2025

Willie Mae Thornton, Big Mama, la reina del blues y génesis del rocanrol

 

.-Ciudad de México.- Willie Mae Thornton, conocida como Big Mama, fue la reina del blues y génesis del rocanrol y aunque es trascendental en la esfera musical también es un hito, ya que enfrentó segregación, pobreza y machismo; sin embargo su voz dejó un sello único que marcó a tantas generaciones, por lo que hoy su talento exige reconocimiento. 

Desde niña trabajó para sobrevivir y ser una gran exponente de la música blues que sin darse cuenta formó las bases de lo que hoy en día conocemos como rock and roll.

Willie Mae Thornton se convirtió en un ejemplo de una situación común para las mujeres afroamericanas, donde el machismo y segregación étnica las llevó a permanecer en el bajo anonimato. 

“No recibí dinero de ellos, para nada. Todos viven en una casa menos yo, yo apenas vivo” declaró Willie Mae en una entrevista para Rolling Stone, tras el éxito de Hound Dog, canción de su autoría que mantuvo a Elvis Presley, el rey del rock, en la cima del éxito.

A mediados de 1952, Jerry Leiber y Mike Stoller, compositores musicales, le escribieron a Willie Mae su mayor éxito Hound Dog, la cual habla de forma metafórica una infidelidad por parte de un hombre hacia una mujer. Tan solo un año después, en 1953, vendió en promedio un millón de copias posicionándose en el puesto número uno por siete semanas consecutivas en los Billboard Charts, generando las mayores ganancias de su carrera.

A tres años de su éxito, en 1956, Elvis Presley presentó su versión de Hound Dog, ganando 10 veces más que la versión original de Willie Mae y convirtiéndolo en uno de sus primeros éxitos personales. 

Esto le trajo problemas legales por la apropiación de la canción, aún así, se negó a compartir escenario con la autora. No satisfecho, volvió a grabar la pieza cambiando todo el sentido a la letra.

Actualmente se pueden encontrar al menos 200 versiones o covers de la canción por otros artistas, unos cuantos con más éxito que la versión original. No obstante, si algún usuario busca Hound Dog en las plataformas de consulta, los resultados apuntan a Elvis Presley como el autor.

Spotify

¿Quién fue Willie Mae, mejor conocida como Big Mama Thornton?

Willie Mae Thornton, mujer afroamericana nacida en Alabama el 11 de diciembre del año 1926, comenzó su carrera como muchos cantantes afroamericanos: en los coros de la iglesia, puesto que padre fue predicador de Montgomery, Alabama.

A temprana edad tuvo que dejar la escuela debido a la muerte de su madre y se dedicó a trabajar limpiando en una taberna. Aprendió a tocar la batería y la armónica, aunado a su gran voz, de forma autodidacta. Cuando la cantante programada no apareció una noche, Willie Mae persuadió al propietario para que le permitiera llenar el concierto.

Más tarde, a los 14 años ganó un concurso de talentos local, impresionando al promotor del blues, Sammy Green quien la fichó para hacer una gira por el Sur con Hot Harlem Review, en Atlanta. Aunque se anunció como sucesora de Bessie Smith, conocida como la «Emperatriz del blues», Willie Mae ya estaba desarrollando su personalidad en el género.

Al establecerse en Houston en 1948, Willie Mae trabajó codeándose con intérpretes de blues y R&B. En 1951, el propietario de Peacock Records, Don Robey, la contrató por cinco años para que estuviera junto a la Johnny Otis Rhythm and Blues Caravan, lo que le dio exposición nacional, incluyendo su primera presentación en el Apollo Theater de Nueva York en 1952. Sin embargo, debido a su peso y cuerpo robusto, comenzó a ser conocida como «Big Mama Thornton».

Johnny Otis solicitó a Jerry Lieber y Mike Stoller que escribieran para ella, impulsando aún más su carrera. Como resultado se grabó la canción «Hound Dog» y alcanzó el primer lugar en las listas de R&B de Billboard en 1953. En ese periodo, fue cuando Elvis Presley se apropió de su éxito.

En 1960, Willie Mae escribió y grabó la canción Ball and Chain, una balada sobre el amor obsesivo que su compañía discográfica retuvo los derechos de autor, privándola de los ingresos siendo que la versión de Janis Joplin obtuvo mayor aceptación entre el público blanco.

En ese mismo año, su carrera resurgió con nuevas grabaciones en otros sellos como Vanguard y Arhoolie, también hizo apariciones en televisión, giras en Europa con la compañía American Folk Blues Festival y participó en ediciones de festivales de jazz.

En los años setenta, Willie Mae se estableció en California, pero enfermó lo que causó un deterioro en su salud reduciendo así el tamaño de su cuerpo, por lo que su hermana menor, Mattie Thornton Fields, tuvo que cuidarla convirtiéndose en su cuidadora y compañera.

Aunque no se sabe mucho de sus relaciones interpersonales, se asume que tuvo romances con mujeres y un hijo que tuvo en 1954, pero que el Estado le quitó por el estilo de vida que llevó.

Para el 25 de julio del año 1984, después de sobrevivir a un accidente automovilístico a la edad de 57 años, Willie Mae falleció en Los Ángeles a causa de un ataque al corazón y en 2013 ingresó al Hall de la Fama de los Grammy.

La figura de Willie Mae se caracterizó por su cuerpo robusto y el uso de vestimentas masculinas. Los promotores intentaron persuadirla de usar faldas y vestidos en el escenario a lo que ella se negó con el paso del tiempo, puesto que implementó trajes y sombreros de paja.

Aunque su apariencia era masculina, las letras de sus canciones como «Willie Mae’s Blues» reflejaron su postura feminista, según explicó Ruth M. Pettis en un recuento de la biografía de Willie Mae.

Fotografía retomada de @vintage.everyday

La Mujer afroamericana en los años 50¨s

La historia de Willie Mae no es un caso aislado, apenas es un extremo de todo el panorama machista y racializado que rige la industria musical, principalmente porque hablar de Willie Mae es indagar en la vida de una mujer negra y no hegemónica de los años 50´s.

Este contraste social permite comprender un poco del mundo al que se enfrentó Willie Mae, pues no sólo enfrentó las barreras que implican ser una mujer afroamericana, sino también porque sus aspiraciones no estaban alineadas con el estereotipo de la madre o esposa marcados en la sociedad. En cambio, ella buscó su independencia personal y financiera.

Aunado a lo anterior, y desde la particularidad del caso; el ámbito de la industria musical no era muy distinto. Todos los grandes exponentes de la época fueron hombres en su mayoría blancos, rezagando a los pocos artistas negros a ser parte de la banda instrumental o autores de géneros exclusivos para afroamericanos.

La situación para las mujeres seguía siendo la misma: mujeres blancas delgadas y rubias que se adaptaron a los estereotipos heteronormados de la época, o mujeres afroamericanas que cantaban jazz, indistintamente ambas bajo el yugo de ser mujeres en un campo controlado por hombres, pues todos los sellos discográficos de la época les pertenecían a ellos.

Actualmente la situación no presenta mayor cambio, pues un artículo de racismo en la industria musical realizado en 2020 por Rolling Stone, ventiló la abismal diferencia que existe en los contratos de otros artistas con los artistas afrodescendiente: 

«Las innumerables técnicas que utiliza una industria musical dirigida predominantemente por ejecutivos blancos ricos para sacar provecho del arte negro».

 Aunado a un informe de la BBC que reveló que 6 de cada 10 cantantes afrodescendientes ha experimentado racismo en la industria, y el 86 por ciento de dichos cantantes dijo haber frenado sus carreras a causa de su color de piel.

Siguiendo la misma línea de mujeres en la música, un estudio realizado en 2024 por la Asociación de Mujeres en la Industria de la Música (MIM) abordó lo ignorado y normalizado  la violencia machista en la industria musical. 

Sin necesidad de delimitar un área profesional, época o incluso país en específico, en México la mayor tasa de analfabetismo la cubren las mujeres afromexicanas, considerando que nuestro país se compone de 2 millones 576 mil 213 personas de origen afrodescendiente, de las cuales el 50.4 por ciento son mujeres, este dato es preocupante.

La piel negra en el país de la pigmentocracia.

“Las mujeres afro pelean por su autonomía económica, pues no existen fuentes de empleo en las comunidades con las tasas más altas de población negra, no hay acceso a la educación sexual y reproductiva, tampoco hay capacitación en materia de finanzas y mercadeo, lo que obstaculiza enormemente su derecho a ser dueñas de un patrimonio”- Mujeres afromexicanas (MUAFRO)

La historia de Willie Mae no es más que un aliento para que las mujeres afrodescendientes luchan por sus sueños así sea contra corriente, pues a pesar de todas las adversidades que la artista vivió en carne propia, jamás renunció a su sueño de ser cantante y hasta el último de sus días lo fue, no dejándose vencer por el sistema ni por las circunstancias de la época.

Fotografía retomada de @vintage.everyday

9/27/2020

Mario Contreras 1934–2020

 Jazz

Muy probablemente el nombre de Mario Contreras no resulte familiar entre las nuevas generaciones de jazzistas y jazzófilos en este país pero, sin la menor duda, se trata de uno de los más grandes trompetistas que ha parido México, quien después de una larga y fructífera trayectoria falleció el pasado 27 de agosto, a la edad de 86 años.

Mario Contreras, hermano menor de Tino Contreras, cansado y triste por la muerte de su esposa, decidió abandonar el ajetreo de la Ciudad de México hace 12 años y regresó al terruño de Ciudad Juárez. En 2009 se incorporó como director de la banda municipal.

“Principalmente se dedicaba a la banda –comenta su hija Patricia–, pero la trompeta era su vida y hubo varias veces en los últimos años que aquí en Juárez tocó jazz con grupos pequeños, locales, con compañeros que lo invitaban a trabajar con ellos.”

Mario Contreras González nació el 5 de julio de 1934 en Chihuahua capital, pero siendo él muy pequeño la familia se mudó a Ciudad Juárez y ahí creció y estudió música hasta 1954, cuando se trasladó al Distrito Federal, donde casi de inmediato encontró un atril estelar en las orquestas de Luis Arcaraz y de Pablo Beltrán Ruiz.

“Pablo Beltrán admiraba y quería mucho a mi papá; de hecho, en 1958 él fue su padrino de bodas con mi mamá –continúa Paty Contreras–. Poco más tarde trabajó con la orquesta de Pérez Prado.”

Al comenzar la década de los 60, cuando todavía tocaba en el célebre club de jazz Riguz, el cuarteto de Tino Contreras fue contratado para tocar a Atenas, Grecia. En su autobiografía, el recientemente fallecido Víctor Ruiz Pazos (La Jornada 13/7/2020) escribió: “Era un contrato de dos meses en el Acropole Palace Hotel, pues después de nuestra participación en el Festival de Jazz de Evansville, un año antes, se había corrido la voz de nuestra existencia a través de los periódicos especializados.

Firmamos el contrato y nos fuimos a Grecia Ildefonso Zúñiga (piano), Mario Contreras (trompeta), Víctor Ruiz Pazos (contrabajo) y Tino Contreras (batería). Esto sucedió en noviembre de 1961. Era un viaje emotivo e inquietante.

Cuenta Vitillo que las cosas no salieron tan bien como esperaban y que la gira se prolongó por nueve accidentados meses entre Grecia, Turquía, Francia y España. Ya en este último país se encontraron con Alejandro Algara. Nos saludamos y empezamos a platicar con mucha alegría. Nos comentó que tenía que grabar cuatro temas y andaba buscando quién le hiciera los arreglos. De inmediato le sugerimos a Mario. Hablaron entre ellos dos y pudieron llegar a un buen acuerdo.

Desde aquel entonces, Mario Contreras destacaba por su gran capacidad como arreglista y director orquestal, actividades que alternó siempre con su pasión por el jazz. Trabajó con figuras como Nat King Cole y Diana Prince, mientras en México lo hizo mucho tiempo con cantantes como Marco Antonio Muñiz, Jorge Muñiz, Napoleón y con el trío Pandora; además, fue primera trompeta con la orquesta de Paul Mauriat cuando visitaron México.

En los mares del jazz hizo época, además del cuarteto de su hermano, con Enrique Orozco, con Salvador Agüero y con Juan Ramón Segundo en el Cuarteto New Orleans. El maestro dejó dos discos a su nombre: Azteca jazz y Música para esos momentos.

Salvador Agüero, el célebre Rabito, un de los pioneros que (por fortuna) todavía están con nosotros, dice: “Mario era un músico extraordinario, tocaba súper la trompeta. Nos conocimos cuando los dos tocábamos en la orquesta de Pablo Beltrán Ruiz, allá por el año… 1962, 1963. Era estupendo como trompetista y muy buen amigo. Ya después no lo vi mucho. Él se adaptaba muy bien para tocar con orquesta, pero ya con grupos más pequeños no le gustaba mucho. Es una pena que ya no esté con nosotros”.

Uno de los músicos más cercanos a Mario Contreras, el baterista Juan Ramón Segundo dice: “Mario es de lo mejor que hemos tenido en México; en la trompeta tal vez sólo se pudiera equiparar con Chilo Morán. Cuando yo lo conocí, allá por 1962-63, Mario andaba muy clavado en la onda gillespiana, hasta se ponía unos lentes de aros gruesos; le encantaba el bebop, era súper admirador de Dizzy Gillespie y de Clifford Brown. Lo primero que toqué con él palomeando en el Riguz fue The Blues Walk, de Clifford Brown. Y ya cuando estuvo acá conmigo en el New Orleans, allá por 2005, seguíamos tocando mucho a Clifford y a Miles Davis”.

En el tomo 3 de la Enciclopedia fonográfica del jazz en México se hace un recuento detallado de sus discos.

Luz para él.

9/06/2020

Luri Molina y La danza de Helmut

Jazz
Antonio Malacara

Entre la enorme pléyade de talentos que ha hilvanado el día a día de nuestro jazz a través de los años, siempre ha surgido un grupo especial, con luz propia, músicos que trascienden y desbordan cualquier estándar con un par de pinceladas. Jorge Luri Molina es uno de ellos.
Por esto y más, resultaba incomprensible que después de tantos años, y de haber pulsado su contrabajo en conciertos y grabaciones de cientos de proyectos, Luri Molina no tuviera un solo disco a su nombre. Pero he aquí que, en medio de este neorrealismo de ciencia ficción, aparece La danza de Helmut.
La danza te atrapa en un instante, en menos, te estalla en el rostro con una sutileza incomprensible (cómo una explosión puede resultar tan amable al ser y al ánimo) y te lleva por las calles y por los cielos en volandas, aleteando entre las más altas espirales del jazz contemporáneo, pero sin abandonar un solo instante los ecos de la tradición, las raíces de esta gramática que todavía conocemos como jazz. Es el swing nuestro de todos los días en un nuevo empaque.
“Juan Pablo Aispuro, el productor, quería que armara una banda grande –comenta Luri—, pero le dije que más bien lo quería hacer con Juan Ale Sáenz, Diego Franco y Roberto Verástegui, porque desde el año pasado toco con ellos y me gusta la frescura que logramos al tocar en trío o en cuarteto.
“Así que les digo a los chicos que hagamos como una fiesta y que cada quien lleve música para compartir. Faltando una semana, no habíamos ensayado nada, cada quien estaba con sus cosas, pero como habíamos trabajado así todo ese tiempo, aunque sea con standards... me encantaba la energía que se plasmaba en el escenario. Así que les dije que hiciéramos lo mismo en el estudio de grabación, pero con temas originales.”
¿Cuál es la danza de Helmut?
Yo soy mucho de poner apodos, o de distorsionar los nombres cambiándoles letras de manera natural. Tengo un hijo que se llama Emilio y su nombre fue variando poco a poco hasta que terminó en Helmut. Tiene tres años y le encanta la música; se pone a bailar con todo lo que oye y es bastante histriónico; pero baila como en danza, como ballet, así que el disco está dedicado a él.
Resulta obligada la pregunta de ¿por qué, siendo un músico con un perfil tan grande, tardaste tanto en grabar bajo tu nombre?
“Gran parte fue porque siempre decía: ‘No, cuando tenga tiempo. Cuando tenga dinero. Cuando tenga composiciones. Cuando de verdad quiera plasmar algo’. Pero ahora entiendo que nunca iba a llegar del todo ese ‘Ya estoy listo’. Y no es que no me sintiera listo, pero siempre tenía mucho trabajo con tal y tal, pero decía que en un break iba a hacer mi disco.”
Roberto Verástegui comenta: “Luri Molina es una bomba de energía primero que nada. Siempre que me viene la palabra Luri a la mente es pura energía, veo a Luri gritando, veo a Luri saltando, veo a Luri tocando el walking bass con ese poder imparable que tiene y que a final de cuentas representa toda esta entidad que es Luri. Él va más allá que un músico de jazz, es un artista hecho y derecho”.
Juan Ale Sáenz dice: Toqué por primera vez con Luri hará 15 años y, para mí, fue un sueño, porque desde la primera vez que lo escuché se me hace de los mejores contrabajistas que ha dado México, no solamente en esta generación, sino en toda la historia musical de este país.
Es un discazo, decían los sabios en la antigüedad.
Coda.
Ya se cocina una nueva sesión de La poesía del jazz. El jazz de la poesía, las reuniones que se han celebrado en la Fundación Sebastián desde enero de 2015 y que ahora convocarán vía zoom, en un intento de ser y existir, a pesar de la insana distancia. Y esto del ser... pareciera que la enorme mayoría de neonormales se está conformando con el estar y se está olvidando del ser. Se nos está olvidando (al menos en este país) que luego no es lo mismo no morir que seguir viviendo. Ni hablar.

7/12/2020

Víctor Ruiz Pazos Vitillo (1930–2020)


La Jornada: Jazz

Antonio Malacara
Víctor Ruiz Pazos, el célebre y siempre admirado Vitillo, falleció el 8 de julio a los 90 años de edad. La comunidad entera del jazz en México se estremeció, sobre todo los de más de 40 años (y algunos jóvenes con buena información).
No deja de ser extraño que un músico que nunca se asumió plenamente como jazzista, haya dejado una huella tan grande en nuestra historia, o que haya sido homenajeado y reconocido en el Palacio de Bellas Artes y en diferentes festivales de jazz. Pero con esa soltura tan cercana al desparpajo, Vitilloafirmaba que él era músico y punto, que por eso había tocado y grabado con todo mundo, desde Agustín Lara y Toña la Negra (su esposa), hasta Chilo Morán, Mario Patrón y la Orquesta Sinfónica Nacional.
Tocaba el contrabajo o el bajo eléctrico verticalmente, con una elegancia fuera de serie. Era todo un agasajo escucharlo y ver cómo iba acompañando, fraseando o haciendo solos con pinceladas tan finas como contundentes, intensas, con una pulcritud y un pulso que dejaban boquiabiertos (sic) a propios e impropios.
Pero Vitillo estaba ya cansado, me lo dijo en repetidas ocasiones con naturalidad y sin sombra alguna de lamento o hartazgo; sólo estaba cansado. Y sonreía diciendo:Ya hice lo que tenía que hacer. Desde hace un buen rato no quería salir a tocar, aunque su habilidad, su maestría en el contrabajo nunca disminuyó un ápice. Estuvimos todavía en el concierto que ofreció a trío en la cantina El Frontón, por los rumbos de Coyoacán, con Larry Russell en los saxofones y Salvador Rabito Agüero en la batería (otros dos célebres pioneros aún con vida. Fue un concierto grandioso, insuperable.
Víctor de Jesús Ruiz Pazos nació el 31 de marzo de 1930 en el puerto de Veracruz. Su abuelo paterno, Jesús Ruiz y Campa, era clarinetista y director de la Banda Municipal de Cosamaloapan, mientras su abuelo materno, Agustín Pazos, tocaba violín, violonchelo, trombón, bombardino, guitarra, piano y contrabajo de tres cuerdas. Vitillo lo recordaba:En Veracruz era considerado el mejor contrabajista de la región; lo buscaban para tocar hasta en las iglesias y en las temporadas de zarzuela. Después tocó tanto en la Compañía de Ópera de la Ciudad de México, como en la Danzonera de los Chinos Ramírez. Era un músico muy versátil.
Empezó a tomar clases de violín con su abuelo Agustín, pero el niño tomaba también el contrabajo cuando su abuelo dormía; en la primera adolescencia debutó como contrabajista del sexteto de cuerdas familiar que, liderado por don Agustín, se dedicaba a la música clásica. Pero poco después se integró a la banda Son Tropical de Veracruz, para tocar en el cabaret Rincón Brujo.
A los 20 años se mudó a la Ciudad de México y empezó a hacer suplencias en algunos cabarets, hasta que el trompetista Larry Sonn lo llamó a las filas de su orquesta. A partir de entonces, Víctor Ruiz Pazos empezó a construir una leyenda de muy alto nivel y, como todas las leyendas, por supuesto, es de los que no caben en la muerte (Silvio dixit).
Resultaría imposible resumir siquiera la amplísima trayectoria musical de Vitillo en esta columna. Baste entonces con la mención de algunos puntos neurálgicos de su andar como contrabajista.
1953. Entró a la Orquesta de Luis Arcaraz, un verdadero semillero del que saldrían los primeros grandes músicos del jazz moderno en México: Héctor Hallal El Árabe, Mario Patrón, Cuco Valtierra, Tomás Rodríguez, Leo Acosta, Tino Contreras y un muy amplio etcétera.
1954. Participó en la histórica grabación del álbum triple Jazz en México, con el Trío y el Cuarteto de Mario Patrón, el Cuarteto de Héctor Hallal y la Orquesta de Estrellas. Víctor Ruiz Pazos tocó con las cuatro agrupaciones.
1965. El primer disco de Clare Fischer fue grabado en México, con Vitillo (contrabajo), Rabito Agüero (batería), Chilo Morán (trompeta), Nacho Rosales (trompeta), Tomás Rodríguez (sax tenor), Primitivo Ornelas (sax alto), Juan Ravelo (sax barítono) y Jesús Aguirre (trombón).
2005. Recibió un reconocimiento como Pionero del Jazz en México en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.
2012. Apareció su LP Vitillo, el primero exclusivamente con temas propios (La Jornada, 22/1/2013). Previamente, con su nombre al frente, estaban los discos Víctor Ruiz Pazos (EP, ca. 1960), Tropical (LP, 1966) y Ambiente en el Quid (LP, ca. 1972).
2015. El IVEC publicó sus memorias, una autobiografía que iba a titularse Victorgrafía, pero que terminó con el título de El contrabajista.
2015. Recibió un homenaje en el Jalisco Jazz Festival.
2018. Ofreció un Concierto con Larry Russell y Rabito Agüero en El Frontón. Larry tardó un mes en convencerlo para ir a tocar.
Descanse en paz.

6/28/2020

Una alternativa en la pandemia

Jazz
Antonio Malacara


Foto
▲ En Brookly, el saxofonista Elijah Herring toca con el tecladista Kenny Barron y el contrabajista Dan Loomis durante la presentación Haz música, en el parque vecinal Ditmas. Durante la actividad hubo recitales de jazz, rock y música clásica en cocheras, balcones y avenidas.Foto Ap
Aunque sea una obviedad, habrá que decir que económica y anímicamente los músicos están entre los más afectados por la epidemia; y entre ellos, ni hablar, los jazzistas se han llevado dos o tres zapes extra. Y no porque nadar a contracorriente sea una absurda costumbre en el andar del jazz nacional, pues la ausencia de conciertos y de chamba en general no deja de tener fuertes consecuencias en el ser y en el estar de la banda.
En algún momento, el recurso del streaming pareciera servir de atenuante, con los conciertos y las presentaciones en línea multiplicándose aquí y allá; no obstante, siempre hará falta la retroalimentación directa entre músicos y públicos, el aplauso festivo después de un buen solo, la ovación retumbante ante un magistral despliegue de creatividad o bien esa silente e intensísima vibración de la audiencia que suele subir al escenario para envolver a los músicos y arrancarles el ánima y multiplicarles el ánimo… el streaming es una buena alternativa en estos tiempos de insana distancia.
Entre las diferentes propuestas en línea, la de Pitayo Music aparecen con fuerza desde hace varias semanas, y Juan Pablo Aispuro, director del proyecto, no deja de trabajar un instante para afianzar la oferta. Después de terminar sus estudios de composición, producción y contrabajo en París, Juan Pablo regresa a México y construye La Casa del Árbol, estudio de grabación que se afianzó en poco tiempo para convertirse después en Pitayo Music, empresa disquera especializada en jazz, y ahora, en productora de conciertos.
Hasta el momento, Pitayo ha lanzado cuatro conciertos desde las nubes, alcanzando ya la venta de más de 100 boletos por presentación. Por ahí han pasado Alex Mercado, Flora Pasquet, Juanjo Gómez, Roberto Verástegui, y para este 25 de junio, a partir de las 8 de la noche, se anuncia un concierto de contrabajo y sax con Luri Molina y Diego Maroto.
“Los conciertos iban a ser en vivo en una terraza –nos cuenta Juan Pablo–, pero cuando iba a ser el primero, empezó lo del coronavirus y se terminó. Pero ahí está la necesidad de acercar los artistas a la gente.”
–¿Inicias con Álex Mercado?
–Sí. Alex me habló y me propuso hacer un concierto en línea. Yo ya estaba pensando en los de la realidad virtual y de inmediato le dije a Alex que sí. Me puse a armar toda una plataforma en mi página de Internet, hicimos el primer concierto y se vendieron 45 boletos. A Alex le fue bien y a mí también.
“Vi que la fórmula podía funcionar. Creo que la gente va a pagar… siguen pagando sus uber eats de 500 pesos y es a lo que le quiero apostar. Pero tampoco iba a hablarles a los músicos para que vengan, se arriesguen sin saber cuánto dinero voy a tener para ellos. Entonces me acerqué a gente que sabe tejer entre redes, a El Zorro Supper Club, unos estadunidenses que viven en la Ciudad de México y que por simple amor al arte dedican parte de su tiempo a este proyecto, a armar un esquema que funcione.
Con ellos logré asegurar el costo de mi producción y el pago a mis artistas. Es así como pude decirles a los músicos que hay mínimo mil 500 para cada quien. La tirada es no solamente ofrecer el concierto, sino ofrecer una paga justa a los artistas. No creo que porque sea en línea tenga que valer menos.
–¿Dónde se compran los boletos?
–Todo en pitayomusic.com. Ahí está la cartelera, ahí reservas tu boleto y consigues un link que llega a tu correo para ver la transmisión.
–Armaste además un fondo especial. ¿De qué se trata?
–Es una recuperación para la comunidad más cercana de Pitayo Music, para los músicos que vienen mucho a grabar, como Aarón Cruz, Gabriel Puentes, Benjamín García, Iraida Noriega… somos 22 músicos en total en este pequeño fondo. Se puede donar directo al fondo desde la página de Internet, pero en cada concierto, 50 por ciento de las ganancias se dirige a ese fondo, y al término de cada mes les digo a todos: Ahora se juntó tanto. Si lo dividimos nos toca tanto a cada quien; el que lo quiera retirar lo puede retirar, el que lo quiera dejar lo puede dejar. Podemos hacer esta otra iniciativa con este dinero que se guardó. Es un fondo para emergencias y para mantener la producción de esta pequeña comunidad que se está armando. Es como una pequeña caja de ahorros para todos.

5/31/2020

Boris Vian: jazz y literatura

Tumbando caña
Ernesto Márquez

Toda su vida, desde los comienzos de la juventud y hasta sus últimos instantes, Boris Vian exploró el universo del jazz, primero como músico, luego como escritor. En el primer caso fue un trompetista cumplidor que aprendió de manera autodidacta y se desarrolló como tal en bandas informales de la época. En el segundo plano, como crítico y novelista, defendió el género y su desarrollo contra ortodoxos, simuladores y plagiarios.
Formado en el ambiente más iconoclasta de la bohemia parisina de posguerra, Vian se paseaba de boite en boite, participando en grandes saraos en condición de intérprete o como simple observador de las actuaciones de otros. Dados su interés y pasión, le dio por escribir sobre todo lo que veía, escuchaba o entendía del jazz, logrando una abundante literatura bajo diversas formas: crítica, cuento, poesía, novelas, teatro, ensayos y retratos de músicos.
Muchos de estos textos fueron reunidos en Escritos sobre jazz, dos libros compilatorios en los que se descubre a un apasionado aficionado a la música sincopada, quien, más allá de su pasión musical, demuestra ser un extraordinario conocedor del género.
El primer tomo recoge los artículos cedidos a Jazz Hot y a Combat, la revista de su mentor Albert Camus. Además de la revista de prensa que llevó durante 10 años con regularidad desconcertante, si tenemos en cuenta la multiplicidad de sus actividades. El segundo volumen agrupa algunos textos publicados en el sorprendente y rarísimo Jazz News (1949-1950), del que fue jefe de redacción, las publicaciones Arts, Radio 49, Spectacles, una selección de reseñas de discos y otros textos diseminados en periódicos desaparecidos e ilocalizables.
Publicados en la versión en español por Ediciones Grech de España (1984), con motivo del 25 aniversario de su fallecimiento, estos compilatorios marcaron una ruta a seguir en la crítica musical, resultando, además, obras de estudio en el universo Vian.
La aportación de Vian a la crítica de jazz consistió esencialmente en el rigor escritural y la toma de conciencia de que el jazz no debe ser considerado en sentido absoluto, sino en relación con su contexto, es decir, en función de su época. Vian sostuvo y defendió con toda su fuerza y vasto conocimiento las formas evolutivas, progresistas del jazz, ofreciendo así oportunidades a los estilos nacientes, a las formas nuevas y audaces. “El bop, un arte nuevo del que se empieza a hablar mal. Que tome la palabra Charlie Parker, él sabe de esto, él lo inventó”.
Vian vivió el jazz con intensidad y propugnó incansablemente la crítica imparcial, tolerante e instruida a los problemas técnicos que planteaba la música. Como músico, lograba escudriñar las entretelas y descifrar las aplicaciones y tendencias. Así pudo decir que un trombonista suena como suena porque se ha tragado una cabra mal criada o sostener que el orquestador Stan Kenton tiene tanta alma como un abrelatas.
La mayoría de las réplicas de Vian tiene un humor irresistible, incluso para un lector no iniciado en las cosas del jazz. Las cabezas de notas son curiosas: El Jazz es peligroso, Por qué detestamos el jazz, No escupas sobre la música negra, El racismo no ha muerto… Hay quien dice, al leer estos textos, que por medio de ellos se descubre al verdadero Vian, al jazzista-escritor, al escritor-jazzista. Y en eso hay razón. Si avanzamos en su literatura, en la obra puramente literaria de Boris Vian, la presencia del jazz es notada casi en cada momento por los lectores, al menos por aquellos que son capaces de escuchar su música.
En cada frase, en cada trazo escritural, Vian propone una utilización específica del jazz. Varcoquin y el Plancton es narrativa en jazz, insistente y omnipresente. En Escupiré sobre vuestras tumbas y Todos los muertos tienen la misma piel, el tempo narrativo es jazz puro. En La espumas de los días, la aproximación al jazz nos lo dice desde el prólogo: “ (En la vida)…Existen sólo dos cosas: el amor en todas sus manifestaciones, con chicas guapas y la música de Nueva Orleáns o la de Duke Ellington. El resto debería de desaparecer, porque el resto es feo”.
(continuará)

5/24/2020

El jazz en los tiempos del cólera / V y última

Jazz


Finalmente, abordemos dos espacios bastante singulares en la Ciudad de México. Cada club de jazz mantiene su propio carácter y estilo, por supuesto, pero los casos de Jazzorca y de Blue Nose van un poco más allá. Veamos.
Jazzorca funciona desde hace 26 años como foro exclusivo para el free jazz (free music incluida). Germán Bringas, multiinstrumentista con más de 30 discos (físicos) en su haber, platicó con nosotros.
Desde 2017 abrimos sólo los sábados, y aun así logramos más de 50 conciertos al año. Obviamente, en marzo tuvimos que cerrar. Desde hace dos o tres años casi cada mes hay un concierto con improvisadores que vienen de fuera, algunos más famosillos que otros, y de todos lados, de Inglaterra, de Francia, Noruega, Estados Unidos, Canadá.
–¿Se Conserva siempre esta línea inasible del free?
–Por supuesto. Lo que ha resultado muy padre en estos días de encierro es que estos músicos me están enviando producciones digitales de los conciertos que han hecho aquí en Jazzorca, y los están publicando en bandcamp. Uno fue del guitarrista Jeff Platz, hicimos un cuarteto en noviembre pasado; otro fue Jarrett Gilgore, saxofonista de Baltimore.
–¿Jazzorca continuará abriendo cuando se levante la cuarentena?
–Sí, claro. Voy a empezar a hacer la programación de junio con todos los que tuvimos que cancelar, como Remi Álvarez, Milo Tamez y un dúo de chavas de la Nacional de Música que tocan muy buen free jazz con batería y sax.
–¿Sólo los sábados?
–Sí, Es que siempre es tan irregular... a veces llegan 10 personas, a veces cuatro, a veces 30. Nunca sabes qué va a pasar y entonces estamos así en altas y bajas, y preferimos que se acumule la gente en un solo día.
“Blue Nose empieza con un grupo de amigos organizando fiestas en casa de Diego Maroto (de los más grandes saxofonistas en la historia de estas tierras) para festejar el cumpleaños de Luri Molina o del propio Diego, para reunirse después de Navidad en familia; cualquier pretexto era bueno para convocar y jazzear con los cuates. Poco a poco iba yendo más y más gente.
“No se cobraba cover y los músicos no cobraban nada –nos platica Maroto–, todos cooperábamos para la comida y la bebida; era muy divertido. Entonces, ya que estaba armado un escenario y había sillas y mesas, fue que surgió la idea de seguir haciendo estas sesiones, pero ahora cobrando un leve cover para pagar a músicos, y para que el lugar generara una estructura propia, que el dinero se reinvirtiera y se mejoraran las condiciones. Así comenzamos el 22 de febrero de 2018.
“El concierto inaugural fue con una banda muy importante para mí, muy representativa de una época, Black Horse Quartet, con la que toqué por más de 10 años en un bar de la colonia Condesa, con Luri Molina (contrabajo), Gabriel Puentes (batería), Pancho Lelo (guitarra) y yo (saxos).
“Este lugar nace del anhelo de tocar en un club relajado, donde el jazz fuera el principal protagonista. Un lugar de jazz para jazzistas y melómanos. Esto es un club privado a puerta cerrada, con un límite de cupo, para estar a gusto. No pretendemos ser el nuevo lugar de moda, sino un lugar para gozar de buena música por unas horas.
“Ahora, ante la impactante noticia de que oficialmente los bares y centros nocturnos van a abrir hasta septiembre, incluidos obviamente los clubes de jazz, nos preguntamos qué nos depara el destino a los músicos, pues hasta septiembre vamos a poder trabajar en lo que representa una de nuestras mayores fuentes de ingreso, que es todo el circuito de clubes de jazz y restaurantes y lugares donde se toca esta música.
“En Blue Nose cerramos un poco antes de que cerraran todos oficialmente. Pero pensando que es un club privado, un lugar que funciona a puerta cerrada, tenemos la idea de empezar a hacer conciertos antes de la fecha determinada por el gobierno, muy probablemente a principios de agosto. Esto, por supuesto, con un cupo limitado, manteniendo el concepto este de sana distancia.
Además, en breve vamos a empezar a hacer conciertos sin público, para transmitirlos en línea y tratar de mantener vivo el lugar. Aunque, de todas maneras, cuando esto pare, vamos a regresar con todo. Creo que lejos de que la gente se haya olvidado del Blue Nose, o de los demás lugares donde se toca jazz, todo mundo va a regresar con una avidez insaciable de música.
Todos los foros están listos, todos en el dintel de la puerta. Esperando a que levante la niebla.
Salud.

5/10/2020

Los Clubes

Jazz
 3
Apesar de la enorme cantidad de melómanos que habitan el Valle de México, la capital sólo cuenta con cuatro clubes de jazz: New Orleans, Zinco Jazz Club, Pizza Jazz y Jazzatlán (además de bares y restaurante que programan esta música una o dos veces a la semana). Del Jazzatlán ya hablamos en la primera parte de esta serie. Aquí va el resto.
Zinco Jazz Club. Con la mirada amable y un pliegue triste en los labios, Ernesto Zeivy platicaba con intensidad sobre los 15 años del Zinco cuando las cosas cambiaron en un instante: “Desde un inicio tratamos de no cerrar, pero resultó imposible –nos comenta Ernesto–; no era sólo servir bebidas y comida, también estaban los músicos. Hasta cierto punto, era fácil resistirlo mientras pudiéramos vender algo, pero ya era imposible pagar a los músicos. Además, coincidió con lo de Eurojazz, y muchos jazzistas europeos que teníamos programados empezaron a cancelar desde febrero, que fue cuando empezaron a ponerse mal las cosas en Europa y a dificultarse los vuelos.
“Ahorita vamos a resistir. Lo más importante son los empleados del lugar, familias que dependen de los salarios y las propinas. Tenemos un compromiso con ellos y, mientras podamos, vamos a seguir pagándoles, repartiendo lo que hay entre todos ellos.
Vamos a reabrir cuando pase esta pesadilla, porque la gente va a querer salir y venir a escuchar buena música y echarse un trago.
Pizza Jazz. Un día constatamos el toque mágico de estas pizzas artesanales (a pesar de la expresa prohibición del cardiólogo) y entendimos el porqué de su fama y su gran éxito. Y dado que su artífice y propietario es uno de los mejores saxos del país (Adrián Escamilla), a partir de 2012 se han programado grupos y propuestas de jazz en todos sus aromas.
“Nosotros sólo cerramos como foro, en marzo –nos platica Adrián–, porque hasta ahora seguimos operando como pizzería, atendiendo pedidos para llevar.
“En un principio estuvimos haciendo algunos conciertos por medio de lo que conocemos como live sessions en Facebook, pero ya después fue muy difícil hacerlos y se tuvieron que cancelar. El último fue con Klaas Balijon, un baterista de los Países Bajos, quien ahora vive en Chiapas.
No sabemos cuándo vamos a regresar, pero con toda seguridad vamos a reabrir el foro.
New Orleans. Éste es el club de jazz más antiguo de la ciudad (bueno, de los que han logrado sobrevivir). Se inauguró en 1972 como Musicafé Dos y en 1980 cambió su nombre a New Orleans para dedicarse por completo al jazz (con eventuales fechas de blues y rock). El grupo del maestro Juan Ramón Segundo estaba a cargo de la música cuando el lugar tuvo que cerrar sus puertas.
“Todavía no sé hasta cuándo nos den permiso de abrir –nos dice francamente triste Octavio Torres Borgo–, pero la situación económica está muy difícil, me pegó muy duro. De por sí, desde marzo ya traía retrasos en todo, la gente venía menos. Veo muy difícil que podamos volver a arrancar… no sé cómo se vayan a presentar las cosas. A mí me ayuda que no pago renta, pero ya son muchos años de trabajo y es muy esclavizante estar sobre lo mismo.”
El Convite. Aunque nunca ha sido un club de jazz como tal, esta famosa fonda de comida gourmet tiene que ser incluida en este recuento, pues los hermanos Alberto y Edgardo Aguilar no sólo han programado jazz una o dos veces a la semana desde hace 18 años, ellos también se han encargado de organizar sendos festivales y conciertos de jazz y música contemporánea en el Zócalo de la ciudad, el Parque Hundido, la Cineteca Nacional y el Palacio del Arzobispado.
“Mantuvimos los conciertos hasta finales de marzo. Después tuvimos el servicio a domicilio, pero decidimos cerrar todo mayo, por la parte más fuerte de la pandemia; creemos que es arriesgado, que ya no hay las condiciones para que haya gente trabajando junta. Es cuestión de esperar nada más a que pase esa famosa curva
Ahora estamos colaborando con Juan Pablo Aispuro. Él organizó un proyecto para poder juntar fondos para los conciertos que está realizando en su estudio y que va a transmitir por su plataforma de Pitayo Music. Nosotros nada más hacemos difusión, para apoyar la iniciativa.
Y la nave va. Hasta principios de este 2020, había planes para la resurrección de dos clubes icónicos de esta ciudad: Jazz Place y Papá Beto, pero quién sabe hacia dónde soplará el viento una vez que escampe la tormenta.

4/26/2020

En los tiempos del cólera / 3

Jazz

Saxy Jazz Club (Monterrey). Un proyecto fuera de serie, un club de colosales dimensiones (en el contexto jazzístico del país) estaba a punto de inaugurarse, cuando un nuevo virus obligó al planeta a bajar todas las cortinas (en este caso, a no subirlas) y la inauguración del Saxy Jazz Club ha quedado en stand by hasta nuevo aviso.
En esta regia ciudad norteña abundan los lugares donde se toca jazz una o dos veces a la semana (Maverik, Feel Grow, Mississippi, Cueva Carbajal, etc.), pero clubes de jazz en forma, sólo se sabe del Blue Jay y el Bebop, heroicos sitios que remaban contracorriente cuando el jazz en Monterrey giraba en los sótanos del subterráneo.
hoy la realidad es otra y Óscar Zensei González, guitarrista de excepción, maestro (La Jornada 29/7/2014) y director del Festival Internacional de Jazz de Nuevo León, se ha asociado con cuatro empresarios regiomontanos para dar vida al Saxy Jazz Club. “Vamos a tener música de martes a sábado –nos comenta– y cada día va a estar dedicado a un estilo diferente. Los martes va a haber jam session, los miércoles jazz fussion y jazz rock, el jueves será jazz latino y viernes y sábado cantantes, proyectos originales y teatro cabaret con jazz.
–¿Todo estaba listo? ¿Ya nada más para inaugurar?
–Casi. Nos falta terminar de conectar bien el audio y traernos los pianos: dos de cuarto de cola, un Carl Sauter y un Yamaha. Eso es otra novedad. Uno va a estar en el escenario y otro cerca de la barra, para en algún momento hacer un tipo de piano-bar.
–¿Es un lugar amplio?
–Sí, para 250 personas.
–No hay ninguno con esas dimensiones en el país.
–No. Vamos a ser el más grande de México.
–La espiral del jazz ha crecido mucho en la ciudad.
–Sí. Afortunadamente ya estamos viendo el resultado de varios años del festival de jazz, y gracias también a la labor que hemos hecho todos los músicos, los recintos, el público que se ha interesado. En el festival de 2018 tuvimos cerca de 10 mil personas en toda la semana. Incluso los músicos ya no nos damos abasto, porque cada vez hay más lugares donde tocar, porque los mismos lugares se han dado cuenta que el jazz está atrayendo cierto tipo de público y están programando en muchas partes.
Film Club Café (Naucalpan). Frente a las Torres de Satélite y recién con 14 años de vida, este cineclub es ya un sitio de culto en el norte del Valle de México, pues aparte de la excelente curaduría de películas que semana a semana realiza Raúl Ojanguren, director y propietario, la oferta musical es única en la zona.
–¿Programabas conciertos desde un principio?
–No, comencé a programarlos como al cuarto año.
–¿Y esencialmente qué es lo que programas?
–Es música independiente, jazz o los distintos estilos que hay en la escena independiente del rock.
–aguantaron un buen rato, hasta que cerraron totalmente el 1º de abril.
–Sí. Primero se cancelaron los conciertos, después las proyecciones, hasta que tuvimos que cerrar también la cafetería.
–Y en medio de todo esto has implementado una estrategia de varias aristas. ¿Cómo es esto?
–Bueno, la estrategia de todos es sobrevivir. Yo estoy haciendo una campaña basada en donativos y prepagos para gente que quiera prepagar su consumo. También tenemos una serie de membresías que sirven para asistir a las funciones de cine, para rentar películas u obtener descuentos en los conciertos.
“En una bella muestra de generosidad y solidaridad, Todd Clouser nos mandó una canción: “Nothing is gonna be the same / but there’s a couple of things / we might wanna save / Film Club Café.”
Ayudemos a salvar Film Club Café: para donar: https://bit.ly/fcc_donar ; para prepago: https://bit.ly/fcc_prepagar; para renovar: https://bit.ly/fcc_renovar, y para comprar:https://bit.ly/fcc_newmember

4/05/2020

El jazz en los tiempos del cólera Los clubes 1

Jazz


Tan sólo siempre, los músicos de jazz en México han mantenido un discurso de múltiples rostros y aristas, aderezado con una estupenda técnica instrumental, una envolvente intensidad escénica y una incesante escasez de fuentes de trabajo. Y ahora, en estos tiempos tan ciertos, estas escasas fuentes han tenido que cerrar sus puertas hasta nuevo aviso.
Ya en varias ocasiones hemos comentado que abrir un foro de jazz es un acto heroico en sí mismo, pero mantenerlo latente en medio de esta virulenta realidad... fuimos a platicar con los responsables de los clubes de jazz en el país.
Rodrigo Moctezuma (Jazzatlán): “Hace dos semanas cerramos tanto en Cholula como en la Ciudad de México. Vamos a esperar hasta que todo regrese a la normalidad. Pudimos negociar con nuestros dos caseros y tuvimos chance de negociar anticipadamente con nuestros equipos de trabajo para mandarlos de descanso y pagarles tres semanas para que estuvieran tranquilos, aislados en casa, esperando que no tarde demasiado este rollo.
Solamente estamos activos a través de un espacio hermano en Xalapa, que es Cauz, haciendo transmisiones en vivo. Ahorita nos estamos enfocando en apoyar a Jair Kai, dueño de Cauz, para hacer estas grabaciones a puerta cerrada y transmisiones en vivo. Así mantenemos vivas un poquito nuestras redes sociales y nuestra presencia en la escena.
Jair Kai (Cauz): Empezamos siendo un club de jazz, cumpliremos dos años en julio... pero esto tiene que ver con el crisol de la escena en Xalapa, que es muy amplia. Ahora tenemos una curaduría donde el 70 por ciento es jazz y de ahí nos vamos con grupos experimentales y son jarocho. El cauce es un poco el reflejo del estridentismo xalapeño; es también una librería, una galería de arte.
¿Qué es Cauz?
Es un apellido. Lo encontramos por una tesis de la directora de la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana, un estudio sobre la música en Xalapa en el siglo XIX, y cuando habla de los recintos históricos, refiere el teatro Cauz, que se erigió en 1852 y que es el apellido de un xalapeño descendiente de españoles, José María Cauz, arduo promotor de la cultura. A principios del siglo XX se convirtió en el teatro Lerdo.
¿Cuál es la estrategia para sobrevivir en esta crisis?
“Nosotros venimos de una tradición de lugares icónicos en Xalapa: La Tasca, Tierra Luna; pero Cauz llega para apostarle a invertir por traer la escena nacional, además de lo que ya hay localmente, muy valioso. Ya cancelamos los conciertos; el último fue la Big Band de Tonatiuh Vázquez con Iraida Noriega.
“Se habló con los que teníamos en cartelera para ver quién quería participar en algo que llamamos Cauz en Casa, y fue muy gratificante ver que todos aceptaron. Grabamos tres o cuatro bandas diarias y van saliendo en la página de Cauz.
“Hoy salió ya en la plataforma de kickstarted, que es la manera en que el público que está viendo los conciertos en su casa puede apoyar para el pago de los músicos. Nosotros nos hacemos cargo del costo de producción. Ésta es la forma de aguantar el trancazo.
Contratiempo Jazz y Jazzatlán nos apoyan desde sus páginas de Facebook. Al principio esto era de martes a sábado, pero a partir de esta semana serán martes, jueves y sábado a las nueve de la noche, con repeticiones los miércoles, jueves y domingos a las cuatro de latarde. Ha tenido muy buena aceptación. Es muy satisfactorio.
Efraín Alavez (Contratiempo Jazz): “Contratiempo Jazz se sumó como medio aliado para transmitir #CauzEnCasa, que tiene por objetivo generar una experiencia que permita seguir disfrutando de la música desde casa ante la pandemia.
“El año pasado, durante la cobertura del Festival Internacional Jazzuv, conocimos Cauz, foro y librería en Xalapa. Jair Kai nos propuso realizar colaboraciones conjuntas y el 22 de enero realizamos la primera, la transmisión del concierto de Rey David Alejandre Sexteto.
“Hace algunas semanas platicamos la posibilidad de que Contratiempo Jazz se uniera a #CauzEnCasa como medio aliado para transmitir los conciertos de este ciclo y así lo hicimos. Hasta el momento hemos transmitido desde nuestra Fanpage de Facebook nueve presentaciones con una gran respuesta del público”. (www.cauzmexico.com www.facebook.com/ y www.facebook.com/contratiempo).
Salud.

3/22/2020

Javier Red, una nueva forma de hacer jazz

Jazz
Antonio Malacara

Cinco años después de haber emigrado para instalarse en Chicago, y dejando tras de sí una de las más bellas e impresionantes páginas en la historia de nuestro jazz, Javier Reséndiz regresaba a México para presentar un nuevo disco y cubrir una serie de seis conciertos. Pero, de último minuto, por las razones de todos tan temidas (bueno, casi todos), la gira ha quedado cancelada.
Por diferentes motivos y sin vuelta de hoja, la visita de Javier Reséndiz –ahora conocido como Javier Red– había levantado múltiples emociones y expectativas entre la comunidad jazzística de estas tierras. Con independencia de sus vaivenes pianísticos con Juan Alzate, Arturo Cipriano y Dannah Garay, el joven maestro había dejado huellas indelebles con las propuestas musicales del grupo Ethos y de The Piano & Drums Project, tesis vanguardistas de impecable factura y voz propia.
Ahora Javier nos visitaría con Jake Wark en el sax tenor, Ben Dillinger al contrabajo y Gustavo Cortiñas (otro jazzista mexicano radicado en Chicago) en la batería, con el grupo que ha empezado a ganar fama y respeto en Estados Unidos. La producción que trae bajo el brazo, Ephemeral Certanties, figura en el tercer lugar como álbum debut de la encuesta 2019 de los críticos de jazz de la NPR (National Public Radio).
“Este nuevo disco –nos comenta Javier– se concibe como el resultado de... profundizaciones que hago en ciertos aspectos de la música. Y estando aquí, en Chicago, tengo oportunidad de ir a que gente de altísimo calibre me dé mis zapes musicales, como Steve Coleman, saxofonista que viene cada año a dar una serie de conciertos y talleres; y entre las cosas nuevas y consistentes en las que he podido profundizar están estos últimos.
En resumen, esta filosofía de Steve Coleman es una nueva forma de hacer música, de comprenderla, de escucharla. Recuerdo haber estado en un punto en que dije: Voy a decidir entre simular que todas estas cosas que he visto con Coleman no existen, para seguir con lo que yo sé de música, o mejor las acepto y me meto de clavado y cambio mi forma de concebir la música. Y me decidí por la segunda opción. Así que empecé a componer en forma diferente, empecé también a ver quiénes estaban interesados en hacerlo y tuve mucha suerte en encontrar a estas personas, con las que estuve tallereando más de un año y trabajando en estos nuevos conceptos. Estas personas: Gustavo Cortiñas, Ben Dillinger y Jake Wark… yo soy el menos preparado de todos; ellos tienen toda una historia en el jazz, pero con esta nueva vertiente de Steve Coleman nos llevó un año estar listos.
–¿Cuál es la diferencia, o las diferencias sustanciales entre el jazz que hacías en México y el que estás haciendo ahora? –le pregunto
–Mi música dejó de estar basada en cómo se ve en la partitura, porque el hecho de pensar en cómo escribirla te limita las opciones para componer. Uno de los principios que cambiaron fue olvídate de cómo se escribe. Tanto yo, individualmente, como colectivamente con el grupo, empezamos a trabajar, básicamente, aplaudiendo y haciendo ruidos con la boca que tuvieran esta naturalidad. Los ritmos que utilizamos son muy complicados, no son tan fáciles ni de escribir ni de hacer; entonces, nuestra forma de internalizarlos es mediante estos aplausos y cantos, que en realidad vienen de la forma más profunda y tradicional de hacer música en África, o en México o en las células más antiguas donde se hacía música.
–¿Consideras que con estas dinámicas se está creando una nueva forma, un nuevo tipo de jazz?
–Sí, sí lo creo. Yo no me daba cuenta del alcance de esto, pero ahora sé que muchos músicos que han hecho innovaciones han pasado por Steve Coleman. No estoy diciendo que todos, obviamente, el mundo es muy amplio; pero muchos sí. Es una forma diferente de hacer música.
¿Y cómo se le llamaría a esta nueva forma de hacer jazz?
–Yo le llamaría simplemente música intuitiva. Porque en estos tiempos, hasta el mismo free jazz es ya una convención. Entonces, okay, ahora vamos a hacer esto, un jazz intuitivo no convencional.
El título del disco es también muy especial. Sí. Hoy piensas que tienes una certeza, que puede ser la música o lo que sabes de música –o lo que crees que sabes de música–, y de repente algo pasa y al día siguiente te das cuenta que esa certeza que tenías era efímera.
Salud.

2/02/2020

Boris Vian



Las celebraciones por el centenario del nacimiento de Boris Vian (1920-1959) se iniciaron con un primer concierto de jazz en el célebre café Deux Magots, situado frente a la iglesia gótica de Saint-Germain-des-Prés. Lugar bien escogido por el padrino de las festividades, el músico Mathias Malzieu, uno de los instrumentistas que tocó jazz y swing esa noche para regocijo de los asistentes, quienes bailaron entre las mesas del café-bar. En efecto, el Deux Magots es uno de los centros de atracción de ese barrio, cuyo espíritu Boris Vian encarnó como ningún otro de los pilares de la zona, entre quienes se contaron escritores como Jean-Paul-Sartre, Simone de Beauvoir, Raymond Queneau, Jacques Prévert o cantantes como Juliette Greco o Serge Reggiani, para quienes Vian compondrá música y palabras de varias de sus canciones.
Víctima de un ataque de reumatismo articular agudo a los 12 años, Boris Vian sufrirá las graves secuelas durante su breve vida, secuelas que lo obligarán a dejar su adorada trompeta a causa de una insuficiencia pulmonar, poco antes de su prematura muerte a los 39 años de edad, cuando asistía al estreno de una película inspirada en su novela J’irai cracher sur vos tombes (Iré a escupir sobre sus tumbas).
Ante la inminencia constante de la muerte, Vian es poseído por el furor de vivir. Nada es ni puede ser serio ante sus ojos. Irreverente, burlón, capaz de bromear sobre todos y todo con esa ligereza de espíritu tan lejos del espíritu de ligereza, Boris Vian es un apasionado de blues y jazz. Escucha música mientras sigue sus estudios de ingeniero durante la espantosa Segunda Guerra Mundial.
Con la liberación, al término de esa guerra asfixiante y mortífera, un frenesí existencial se apodera de la juventud francesa al fin liberada de los años oscuros de la ocupación nazi. Los jóvenes parisienses se dan cita en los cafés, cavas, salones de baile de Saint-Germain-des Près. Vian toca su trompeta en el concurrido bar Le Tabou, donde se convirtió en el artista más aplaudido. Al mismo tiempo, dibuja y escribe. Publica novelas y otros escritos bajo los más diversos seudónimos. Sin nada qué ver con los heterónimos de Fernando Pessoa, pues Vian no les atribuye una biografía particular, el éxito de las novelas que escribe con el nombre de Vernon Sullivan, imitando a veces la manera de Henry Miller lo hace decir: ‘‘Vian vive gracias a Sullivan”.
Bajo la influencia de Alfred Jarry, por cuya literatura sarcástica y desbordante de humor negro se apasiona, Boris Vian se interesa en la Pataphysique (Patafísica) e ingresa al OULIPO (‘‘abridor” de literatura potencial), grupo que reúne a escritores tan audaces como Queneau. Algunos de sus textos fueron publicados en la revista Les Temps Modernes, fundada por Sartre, en la que se expresaban literatura y pensamiento ‘‘existencialistas”. Textos recopilados con el título Chroniques d’un menteur (Crónicas de un mentiroso), donde Vian da libre curso a su humor y bromea escribiendo: ‘‘esta historia es absolutamente verdadera porque la he inventado enteramente” o ‘‘lo esencial es dar a todo un juicio a priori”.
Se permitían todas las provocaciones en esa época de gran libertad. Los jóvenes lanzaron la moda de vestirse en ‘‘zazou”. Era también una forma de terminar radicalmente con los años sombríos de la ocupación. El jazz, el swing, prohibidos en el régimen de Pétain y el gobierno de Vichy, simbolizaban la libertad de las nuevas costumbres.
La palabra que se impuso fue la de existencialismo. Este concepto no fue siempre entendido en el sentido filosófico que Sartre quiso darle, pero permitía englobar todo, igual las canciones de Juliette Greco que la voluminosa obra del filósofo. La canción más célebre, compuesta y cantada por Vian mismo, se titula El desertor. Sus palabras celebran, justo al inicio de la guerra de Argelia, la decisión de un hombre que se niega a hacer la guerra. El amor por la vida sin resignación que tuvo Boris Vian.

1/26/2020

Hoy, Francisco Lelo de Larrea, una paleta sonora inagotable

Jazz
Antonio Malacara

La paleta sonora del maestro Lelo de Larrea, los colores, las atmósferas, los aromas, todo él y sus silencios están en constante expansión, en un movimiento perpetuo donde Pancho ha logrado construir un estilo absoluta y netamente propio con su guitarra, donde los ecos (fuertes ecos) del rock y el hard bop se enfrentan y se funden en la revolución jazzística de este milenio.
Una buena dosis de todo ello aparecerá en el concierto de hoy, en el ciclo La Poesía del Jazz, donde Lelo de Larrea dialogará con los saxos de Diego Maroto, otro de los grandes maestros en la historia de nuestro jazz. La cita es en la Fundación Sebastián (avenida Patriotismo 304, colonia San Pedro de los Pinos) a las 19 horas.
Pero regresemos con Francisco, quien en 2007 presentó Quinteto, uno de los discos más importantes de nuestra historia, con una inusual dotación de guitarra, trombón, saxos, contrabajo y batería; con Fernando Acosta, Rey David Alejandre, Aarón Cruz y Gabriel Puentes, como sideman, y temas como Vámonos que ya nos vieron y Pa’ que baile el osito, donde irreverencia, disciplina, virtuosismo, intensidad e imaginación desbordada se enlazan en un contubernio irrepetible.
Platicamos un poco con el maestro: Mi plan es grabar este año otra vez con el quinteto, mi proyecto principal. Metí una solicitud para la beca del Fonca y espero que podamos iniciar pronto. Aunque he hecho otras cosas: acabo de grabar a trío en Monterrey, con Marco Rentería y Álex Sáenz, en LAR Project.
–¿Qué tipo de jazz grabaron ahí?
–Es más fusión, no tan enfocado en el jazz contemporáneo tradicional. Le estamos agregando algo de world music. La manera en que abordamos las composiciones es con un formato mucho más abierto, no hay swing, pues.
–Desde hace tiempo, varios músicos están dejando de lado el swing; unos más, otros menos, otros totalmente.
–Eso siempre se retoma en cualquier momento; pero como artista siempre estás en la búsqueda, experimentando nuevos formatos, nuevas ideas para la composición, para desplegar las improvisaciones, y no quedarte sólo en un ritmo, para no estar siempre en un mismo estilo rítmico, para experimentar la improvisación y la colectividad en la banda.
Hay veces que experimentas con compases compuestos, con diferentes ritmos, y eso te hace tocar diferente. Ésa es la idea, es lo que nos gusta hacer. Pero el swing nos gusta, claro, por eso nos dedicamos al jazz.
–¿Los tres componen?
–Los tres. En el disco hay siete composiciones, dos de cada uno y una colectiva.
–El disco que hiciste con el quinteto, en 2007 es uno de las mejores obras en la historia de nuestro jazz.
–Es un honor que digas eso.
–¿Por qué entonces un lapso tan largo? ¿Por qué no habías retomado este concepto?
–Fíjate que el proyecto siempre ha existido, pero ya sabes que en el jazz cada uno tiene que trazar un camino y contar una historia, y cada miembro del quinteto tiene sus proyectos, cada quien funciona de manera individual, a veces como líder de proyecto, a veces como sideman.
“También me fui a Nueva York a hacer una maestría; allá retomé el formato de quinteto y estuve activo con esas composiciones; obviamente, con otros músicos de la escena neoyorquina. Después estuve en India, y allá volví a hacer un quinteto con otros músicos de jazz; también estuve tocando en formato de trío, por la facilidad de bookear y de vender y mover el proyecto. Ya sabes que con menos elementos es más fácil.”
–¿Qué respuesta hubo en Nueva York a esta propuesta de quinteto?
–A la gente le gusta siempre; no sólo por las composiciones, sino por el formato que no es muy común, que llama la atención. Allá la gente siempre está ávida de propuestas diferentes, y la verdad es que sí tuvimos muy buena recepción.
Salud.

1/12/2020

Jazz, de Ken Burns



Foto
Producida en el año 2000, escrita por Geoffrey C. Ward y dirigida por Ken Burns, la serie de televisión Jazz es uno de los mejores documentos audiovisuales sobre música jamás realizados. En 10 capítulos de duración larga y variable, se explora el nacimiento, consolidación, diversificación, crisis, permanencia y trascendencia de este género musical específicamente estadunidense en su origen, hoy indiscutiblemente universal. Los sólidos y elocuentes textos de Ward (dichos con elegancia por el actor Keith David) son complementados por los testimonios de numerosos músicos, escritores, periodistas, críticos, historiadores, promotores, cuyas voces conforman un vasto y variado mosaico que poco a poco va dando forma a una fascinante historia de esta música que es, ante todo, ‘‘una celebración de la vida humana, un arte improvisatorio que se hace sobre la marcha, como los Estados Unidos, y que es nuevo cada noche”. Entre todas esas voces expertas destaca la del trompetista Wynton Marsalis, asesor principal del proyecto, y quien ha hecho del jazz no sólo su intensa forma de vida, sino también una herramienta sustancial de educación y de fomento cultural. Dice Marsalis al principio de la serie: ‘‘La música de jazz objetiviza a Estados Unidos. Nos da una manera indolora de entendernos a nosotros mismos”.
La serie Jazz es en lo esencial una historia musical, pero esta historia está contada a partir de cimientos cabalmente anclados en la conciencia de que esta música nació como música de esclavos. De ahí en adelante, la narración avanza sin perder nunca de vista el importantísimo contenido racial de la historia del jazz, complementando este enfoque con indispensables apuntes que aluden a lo político, a lo social, a lo económico, a lo cultural y a lo religioso. Desde el surgimiento del jazz, fijado por Ward y Burns en Storyville, la zona roja de Nueva Orléans, hasta su fogoso renacimiento liderado por Wynton Marsalis, su historia es narrada, como debe ser, a través de la presencia de quienes la escribieron tocando y cantando, casi todos hombres, casi todos negros. El primer nombre mencionado, el del primer jazzista considerado como tal, es el de Buddy Bolden (cornetista tenía que ser). A partir de él desfilan Jelly Roll Morton, Sydney Bechet, King Oliver y una lista interminable de los (y las) grandes del jazz. De interés particular es el hecho de que Ward y Burns ponen como piedras angulares del gran edificio jazzístico a Louis Armstrong y Duke Ellington, alrededor de los cuales parece girar todo este fascinante universo musical.
Además de los textos de Ward y de otros autores, en muchos de los cuales hay una rara poética, esta serie documental se apoya en una formidable iconografía de fotografías y películas que en sí misma es una joya, por su interés intrínseco y porque traza una historia, a la vez terrible, conmovedora y vibrante, de la comunidad afroestadunidense y su música; una música que transitó del blues al ragtime, al jazz, al swing, al bebop, al rhythm and blues, a la fusión y numerosas otras derivaciones, y que desde muy temprano se consolidó como una de las manifestaciones culturales más importantes del siglo XX. Entre los numerosos momentos de enorme impacto emotivo que hay en la serie, guardo especialmente en la memoria al gran Dave Brubeck (californiano blanco) vertiendo lágrimas difícilmente contenidas ante una de tantas injusticias cometidas por el estadunidense blanco contra el estadunidense negro, asunto que es en buena medida el hilo conductor de toda la serie. Va, pues, una enfática recomendación para mirar y escuchar Jazz, de Ken Burns, materia indispensable para todo conocedor profundo o aficionado incipiente (como yo) de esta fascinante música, definida sin hipérbole como el soundtrack del mundo moderno. La serie puede ser vista en Amazon Prime Video. Como en tantas y tantas historias del género, en esta serie se somete a escrutinio el posible y muy controvertido origen de la palabra jazz.
La versión que ofrecen Ward y Burns, hipotética y especulativa como muchas otras, es particularmente evocativa. Se dice que el aroma favorito de las prostitutas de Storyville era el perfume de jazmín…

Nacho Toscano, in memoriam

12/08/2019

Riviera Maya Jazz Festival /I

Jazz
Antonio Malacara

El pasado 29 de noviembre, con una Playa Mamitas que poco a poco iba llenándose de jazzófilos y curiosos, la 17 edición del Festival de Jazz de la Riviera Maya comenzó con la profunda y metálica sonoridad de un bajo eléctrico que proclama el poder del funk. Es Ramsés Ramírez, fundador y líder de Sr. Mandril, quien, junto a la batería de Adriano Morales, instala la sólida plataforma donde se arrojará este grupo.
No habían pasado 10 segundos cuando la guitarra de Germán González (otro de los fundadores) y los teclados de Roberto Flores armaron una maqueta para que Pablo Delgado empezara a improvisar con el sax tenor. La playa entera se estremece, es una explosión súbita. Es funk jazz. Más que una plataforma, bajo y batería entretejen el sistema nervioso central de la banda. Reiteradamente el sax toma la primera voz, el teclado y la guitarra lo hacen con mayor prudencia, pero igual se dejan oír. Las eventuales dosis de electrónica van y vienen y con el paso de los años van permeando más y más en el Mandril (y en la música en general).
Aunque por momentos las atmósferas parecieran palidecer, la solidez del oficio, las tablas y la pasión del quinteto las rescatan de tajo. Ramsés insiste a la gente para que se ponga a bailar; algunos hacen caso, y les regalan discos. Sandra Real, el sexto elemento, proyecta imágenes con buen gusto, buen tino y buen ritmo. Incluye una vieja caricatura donde Tiro Loco McGraw y su fiel Pepe Trueno evidencian que los mandriles tienen ya buen rato en el planeta.
Poco después, las felpas de Alex Kautz se insinúan para enmarcar la entrada de Magos Herrera. Señorial, su voz no requiere de grandes despliegues o florituras para profundizar y tocar el alma con una muy personal versión de Valderrama, la rola aquélla que cantaba Mercedes Sosa.
El cuarteto que la acompaña inicia discreto, consigue permanecer a un mismo tiempo en el fondo y en el frente del discurso; al fondo, envuelve con suavidad las palabras de la cantante; al frente, cada uno de ellos tiende y desarrolla una altísima calidad instrumental, con fuertes aromas de jazz que apenas se contiene al servicio de la voz.
Hoy, Magos Herrera nos propone un recorrido por los clásicos de la canción latinoamericana, sutilmente rediseñados a través de los códigos y los aromas del jazz o de los rumores de la música contemporánea. Y así, mostrando nuevos ropajes y atavíos, deambulan por el escenario Antonio Carlos Jobim, Violeta Parra, Ariel Ramírez, Carlos Aguirre, Gilberto Gil, Álvaro Carrillo.
El contraste con las detonaciones previas del Sr. Mandril es gigantesco, pero la gente, que no deja de llegar a la playa, está feliz, corea las rolas, aplaude y ovaciona. Magos enlaza con maestría la serenidad, la sensualidad, la intensidad, el color, el consabido manejo vocal que la ha mantenido en los primeros sitios del circuito internacional. La banda: Luis Perdomo es uno de los pianistas más famosos y solicitados de Nueva York, aunque nació en Venezuela; Alex Kautz, de Brasil, pareja de Magos, es un virtuoso de la batería; Sam Minaie, discípulo de Charlie Haden, introduce Gracias a la vida con un solo de contrabajo entre lo sacro, lo abstracto, lo clásico y lo plenamente jazzístico; la gente lo aplaude de pie.
Todos ellos son excelentes músicos, aunque la guitarra de Vinicius Gomes termina por resaltar inevitablemente; ya con la pureza y transparencia de sus recurrentes solos, ya con los diálogos entre sus cuerdas y el scat de Magos, ya con la versatilidad de sus dinámicas de acompañamiento o soporte. En todo momento, el discurso del grupo es eminentemente jazzístico, pero nunca, ni un solo instante –esto es lo más sorprendente–, la línea melódica de la canción desatiende, y menos aún abandona, su diseño original, la figura estética que le diera origen en la trova latinoamericana.

10/27/2019

Enciclopedia fonográfica, un primer tomo

Jazz

Por fin, el primer tomo de la Enciclopedia fonográfica del jazz en México ha visto la luz y será presentado el 20 de noviembre a las cuatro de la tarde en el Conservatorio Nacional de Música. Se trata de un prolongado y exhaustivo trabajo de investigación en el que han participado periodistas, investigadores y músicos de todo el país, con la coordinación central de Rocío García Catalán, Alejandra Ontiveros y Antonio Malacara.
El proyecto fue autorizado y apoyado hace un año por la Dirección de Publicaciones de la Secretaría de Cultura, y aunque la nueva administración decidió desaparecer esta área, el proyecto logró sostenerse en pie. Cada tomo consta de 400 páginas impresas a color. Éste es un fragmento del texto introductorio:
De los qués: Tan sólo siempre se ha debatido y rebatido alrededor de lo que es el jazz (o lo que no es). Mi preconsciente, mi subconsciente y yo hemos publicado ya varios libros sobre esta música y todavía no tenemos una respuesta medianamente aceptable. Pero todos bien sabemos lo que es el jazz, lo reconocemos de inmediato, sabemos de sus aromas, de sus síncopas, de su swing, de sus retos armónicos, de sus múltiples, inagotables esteros. Y aun así, el debate no termina.
Hace casi un siglo, Louis Armstrong decía que el bebop no era jazz, que eso parecía más bien música de chinos. Hoy en día, algunos puristas descalifican cualquier intento de enlace entre las gramáticas jazzísticas y las músicas étnicas o folklóricas del mundo, intentos que abundan en todos lados (incluidas las sierras mixtecas y tarahumaras o las huastecas potosinas y tamaulipecas); su idea del jazz se circunscribe a los códigos del bop y el post bop. Y así por el estilo.
Nosotros preferimos saborear y entusiasmarnos con todas las posibilidades, el antes y el después, con el panóptico en pleno. Las posibilidades creativas del jazz, ya como música para bailar, ya como música de concierto, son ilimitadas. Y no es que pretendamos descubrir el agua tibia, sólo queremos apuntar que en esta enciclopedia se han abordado los múltiples (y a veces confrontados) rostros del jazz, o de lo que todavía conocemos como jazz.
Sabemos y asumimos que en algunas ocasiones sólo aparece un aroma jazzístico. Hay propuestas que no ensamblan del todo en las de por sí inasibles y debatidas gramáticas del jazz o incluso podrían alejarse de ellas (Juan García Esquivel, A Love Electric, Alex Otaola, Alonso Arreola, Leika Mochán, Cabezas de Cera, Wilfrido Terrazas y otros tantos etcéteras), pero igual estamos seguros de que su presencia en estas páginas es vital.
En los casos de Eugenio Toussaint, Héctor Infanzón, Pablo Hidalgo, Israel Pantoja, Marco Durán, Sibila de Villa, incluimos obras de música académica (o clásica, pues). Las razones podrían ser obvias, pero si nos sumergimos un tanto en algunas de estas piezas, encontramos guiños y contubernios y zonas nunca antes exploradas, que bien valdrían una o mil consideraciones. Pero ése sería ya otro libro.
Se han incluido discos de ciertos músicos de extranjía que eventualmente han visitado nuestro país y han grabado con músicos mexicanos. Tal sería el caso de Clare Fischer, Eddie Gómez, Osmany Paredes, Loli Molina. Y por supuesto, también los de aquellos migrantes que, para nuestro bien, han decidido radicar y hacer sus carreras en México.
De los cómos: La idea central es publicar las portadas de los discos (y casets) con su respectiva ficha técnica y un comentario que contextualice cada una de estas obras. En la mayoría de los casos, los comentarios se han armado a través de entrevistas con los protagonistas de este movimiento, aunque por momentos, a falta de entrevistas, se tuvo que recurrir a añejos recortes de prensa o a fragmentos de los textos incluidos en los discos.
Las entrevistas con los músicos intentaban tener un formato mínimo que cubriera los qués, los cómos y los porqués de cada disco. Pero sabemos que una conversación puede extenderse sin que los conversadores se den cuenta de ello. Aunque sabíamos de las limitantes de espacio para estos libros, nosotros dejamos correr las pláticas hasta que ellas mismas, las pláticas, sintieran que se había cumplido con el cometido: ilustrar un fonograma y su circunstancia.
De los porqués: Si abriste este libro, los conoces de memoria.

10/20/2019

En Octubre, Jazz

Jazz
Antonio Malacara


Hace 22 años, a iniciativa del maestro Fernando García Olmedo, que entonces producía y conducía La hora del jazz en la frecuencia de Opus 94 (emisora del Instituto Mexicano de la Radio –IMER– dedicada a la música clásica), dio inicio el ciclo (o festival si se prefiere) En Octubre, Jazz, un puñado de conciertos en el auditorio del IMER que sorprendía a propios e impropios, a unos, por la calidad de los músicos convocados, a otros, por el poder de convocatoria que mostraba el jazz desde una frecuencia clásica.
Muy probablemente ese fue uno de los factores que animaron a los ejecutivos en turno para la creación de Horizonte, radiodifusora que a partir de 2000 se ha dedicado exclusivamente a esto de la síncopa, la fusión y los inagotables esteros que de ahí se desprenden.
La delicada salud de Fernando García Olmedo no le permitió continuar con su trabajo de campo (La Jornada, 6/4/17), pero en 2001, a iniciativa de Martín Rizo y Roberto López (gerente y productor respectivamente de la nueva estación) En Octubre, Jazz se instaura de nueva cuenta en el IMER.
Diecinueve ediciones consecutivas, con llenos absolutos en cada fecha, y siempre con Roberto López en la producción, han hecho de En Octubre, Jazz uno de los festivales más importantes del país. Y hay más, porque Mariana Pérez, quien asumió la gerencia de Horizonte en junio de este año, decidió multiplicar los espacios sede de esta temporada y los conciertos se han estado realizando en la Fundación Sebastián, la Cineteca Nacional, El 61, Jazzatlán Capital y, por supuesto, en el Estudio B del IMER.
Otra variante implementada por Mariana Pérez es que los conciertos de este año han girado sobre una temática específica y llevan el lema de Jazz, música migrante. Al respecto, Mariana comentó: Este año nos sumamos a la campaña en apoyo al migrante que el IMER ha desarrollado en los meses recientes. Así que el cartel está integrado por músicos y cantantes extranjeros que llevan varios años en nuestro país desarrollando su carrera y enriqueciendo nuestra escena musical.
Platicamos con algunos de estos músicos sobre los porqués de su migración: Todd Clouser (Estados Unidos): “Me quedé aquí por muchas causas. Para mí fue muy obvio cuando conocí a Hernán Hecht y a Aarón Cruz. Cuando Steve Bernstein vino a tocar con nosotros me dijo: ‘Ahí está tu banda, esa es una banda con identidad’. Esto es lo que siempre busqué. Fue por la relación con Hernán y Aarón a escala musical y personal. Tuve esta gran oportunidad y la necesitaba explorar. También, en lo personal, yo estaba en un momento de mi vida que necesitaba un cambio, y Aarón sabía de un departamento en el mismo edificio donde él vive y me dijo que podía rentarlo. Vine a la Ciudad de México, empecé a tocar con otros músicos, tuve la fortuna de girar un poco por Chiapas y Oaxaca, fui a Tijuana… y me enamoré de México y de sus músicos”.
Gabriel Puentes (Chile): “Llegué para quedarme unos meses a chambear en algo específico, y una vez que llegué a México empecé a conocer a algunos de los músicos que alimentaban la escena. Me di cuenta de que había músicos de muy alto nivel, que tocaban increíble, que hacían música interesante de todas partes, por eso me fui quedando; no fue que decidiera ‘ah, me voy a quedar’, y aquí estoy después de 19 años”.
Louise Phelan (Irlanda): He trabajado mucho en cruceros y muy seguido veníamos a México. Me dio mucha curiosidad la cultura, la gente, la música. Desde entonces he tenido algunas ligas personales con gente de aquí, y en mayo de 2010 decidí quedarme. La música mexicana tiene muchos ritmos, muchas raíces de su cultura, de su historia. Luego investigué cómo era el ambiente del jazz. Me puse a buscar en Internet y encontré varios compañeros que ahora son amigos. El primer pianista con quien tuve contacto es Álex Mercado; he tenido muchas colaboraciones musicales con él y se ha vuelto una amistad muy cercana. Obviamente, aquí el talento es increíble, hay muchísimos músicos dedicados, talentosos y disciplinados.
En Octubre, Jazz continúa con Louise Phelan. Martes 15 a las 17 horas en El 61 (Fray Servando Teresa de Mier 160, colonia Centro). Finaliza Flora Pasquet el viernes 26 a las 17 horas en Jazzatlán Capital (Guanajuato 239, colonia Roma).
Buen provecho.