9/06/2020

Luri Molina y La danza de Helmut

Jazz
Antonio Malacara

Entre la enorme pléyade de talentos que ha hilvanado el día a día de nuestro jazz a través de los años, siempre ha surgido un grupo especial, con luz propia, músicos que trascienden y desbordan cualquier estándar con un par de pinceladas. Jorge Luri Molina es uno de ellos.
Por esto y más, resultaba incomprensible que después de tantos años, y de haber pulsado su contrabajo en conciertos y grabaciones de cientos de proyectos, Luri Molina no tuviera un solo disco a su nombre. Pero he aquí que, en medio de este neorrealismo de ciencia ficción, aparece La danza de Helmut.
La danza te atrapa en un instante, en menos, te estalla en el rostro con una sutileza incomprensible (cómo una explosión puede resultar tan amable al ser y al ánimo) y te lleva por las calles y por los cielos en volandas, aleteando entre las más altas espirales del jazz contemporáneo, pero sin abandonar un solo instante los ecos de la tradición, las raíces de esta gramática que todavía conocemos como jazz. Es el swing nuestro de todos los días en un nuevo empaque.
“Juan Pablo Aispuro, el productor, quería que armara una banda grande –comenta Luri—, pero le dije que más bien lo quería hacer con Juan Ale Sáenz, Diego Franco y Roberto Verástegui, porque desde el año pasado toco con ellos y me gusta la frescura que logramos al tocar en trío o en cuarteto.
“Así que les digo a los chicos que hagamos como una fiesta y que cada quien lleve música para compartir. Faltando una semana, no habíamos ensayado nada, cada quien estaba con sus cosas, pero como habíamos trabajado así todo ese tiempo, aunque sea con standards... me encantaba la energía que se plasmaba en el escenario. Así que les dije que hiciéramos lo mismo en el estudio de grabación, pero con temas originales.”
¿Cuál es la danza de Helmut?
Yo soy mucho de poner apodos, o de distorsionar los nombres cambiándoles letras de manera natural. Tengo un hijo que se llama Emilio y su nombre fue variando poco a poco hasta que terminó en Helmut. Tiene tres años y le encanta la música; se pone a bailar con todo lo que oye y es bastante histriónico; pero baila como en danza, como ballet, así que el disco está dedicado a él.
Resulta obligada la pregunta de ¿por qué, siendo un músico con un perfil tan grande, tardaste tanto en grabar bajo tu nombre?
“Gran parte fue porque siempre decía: ‘No, cuando tenga tiempo. Cuando tenga dinero. Cuando tenga composiciones. Cuando de verdad quiera plasmar algo’. Pero ahora entiendo que nunca iba a llegar del todo ese ‘Ya estoy listo’. Y no es que no me sintiera listo, pero siempre tenía mucho trabajo con tal y tal, pero decía que en un break iba a hacer mi disco.”
Roberto Verástegui comenta: “Luri Molina es una bomba de energía primero que nada. Siempre que me viene la palabra Luri a la mente es pura energía, veo a Luri gritando, veo a Luri saltando, veo a Luri tocando el walking bass con ese poder imparable que tiene y que a final de cuentas representa toda esta entidad que es Luri. Él va más allá que un músico de jazz, es un artista hecho y derecho”.
Juan Ale Sáenz dice: Toqué por primera vez con Luri hará 15 años y, para mí, fue un sueño, porque desde la primera vez que lo escuché se me hace de los mejores contrabajistas que ha dado México, no solamente en esta generación, sino en toda la historia musical de este país.
Es un discazo, decían los sabios en la antigüedad.
Coda.
Ya se cocina una nueva sesión de La poesía del jazz. El jazz de la poesía, las reuniones que se han celebrado en la Fundación Sebastián desde enero de 2015 y que ahora convocarán vía zoom, en un intento de ser y existir, a pesar de la insana distancia. Y esto del ser... pareciera que la enorme mayoría de neonormales se está conformando con el estar y se está olvidando del ser. Se nos está olvidando (al menos en este país) que luego no es lo mismo no morir que seguir viviendo. Ni hablar.

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