José Steinsleger
Dos. Otras ideologías (liberales, conservadoras, anarquistas,socialistas, etcétera), guardan vigilia. Aunque sin la potencia persuasiva desplegada durante 200 años (1789/1989). Hoy, en la realidad-real, el sionismo ejerce el poder financiero, mediático, tecnológico, militar y ciberespacial de Occidente.
Tres. Se trata, antes que de conspiración alguna, de una suerte de mesianismo ideológico planificado y hostil a todos los credos milenarios. Empezando por el judío, al que distorsionó manipulando el Antiguo Testamento. De ahí su complicidad con el evangelismo ultraderechista estadunidense, el odio larvado frente a cristianos y judíos críticos, y el más explícito contra islámicos y musulmanes.
Cuatro. Desde su constitución formal (congreso de Basilea, 1897), el sionismo se fue transformando, pasito a pasito, en la némesis de lo que genéricamente entendemos por democracia, política y diplomacia, junto con cualquier asomo de justicia social, piedad, sensibilidad humana. Y tales son los antivalores explícitos de un nauseabundo texto suscrito por Ezra Shabot, alfil menor del sionismo en México ( Genocidio, Nexos, 02/8/26).
Cinco. Negándolo, Shabot justifica el genocidio del pueblo palestino, en sintonía con Ben Gvir (ministro de Seguridad Nacional de la entidad terrorista llamada Israel), quien acaba de recomendar el asesinato de “30 o 40 palestinos cada noche” (…) porque no merecen vivir, ni siquiera son personas” ( sic, agencias, 17/8/26).
Seis. Cagándose en las resoluciones de la ONU, organismos de derechos humanos, y respetables pensadores del mundo entero, Shabot niega el genocidio del pueblo palestino, a más de ignorar, cínicamente, el legado del reconocido jurista y filólogo judeo-lituano Rafael Lemkin (1900-59), autor de El poder del Eje en la Europa ocupada (1944), libro que explica, por primera vez, el término “genocidio”.
Siete. Escribe Lemkin: “Genocidio es la puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento”.
Ocho. Dos años antes de la publicación de su libro, en 1942, y temiendo que los crímenes de los nazis quedaran impunes en el derecho internacional, Lemkin se dirigió al presidente Franklin D. Roosevelt para frenar el judeocidio de Hitler. Respuesta del gobernante: “Paciencia”. Así, aunque presente en los juicios de Núremberg (1945/46), el término “genocidio” fue rechazado por los ingleses, y los jerarcas nazis fueron condenados por “crímenes de guerra”, y no por genocidas.
Nueve. El catedrático español Antonio Elorza cuenta: “Lemkin tuvo que emplearse a fondo (…) para que en 1948 la Asamblea de la ONU aprobase la Convención contra el genocidio, y luego fuera ratificada país por país” (La soledad del justo, El País, 13/2/14).
Diez. Pero lo francamente inusitado (cuanto retorcido), fue el hipócrita aviso de la revista Nexos, cuando decidió publicar el abominable artículo de Shabot: “Las-opiniones-expresadas-aquí-son- responsabilidad-exclusiva-del-autor- y-no-reflejan-la- postura-de-las-editoras-de- Nexos”.
Once. ¿Qué esperaban? ¿Que les dijeran ¡bien, muchachos!, no hay que confundir entre los que incitan al odio y los que le dan cuerda? Por ende… ¿quién tomó la decisión? ¿Héctor Aguilar Camín, director de Nexos, o su alter ego Galio Bermúdez, aquel sórdido personaje de una novela de su autoría ( La guerra de Galio, 1985), para el que según Carlos Fuentes “(…) las palabras son su vicio, su compulsión, su única prueba de, y similitud con el poder” ( Nexos, octubre de 1991).
Doce. De haberse publicado en el portal sionista Enlace Judío, o en Letras Libres, el libelo de Shabot empata con los que a diario aparecen en medios que, arteramente, confunden “libertad-de-expresión” con libertinaje. Una causa que la ONU estableció con directrices claras, para diferenciarla de “incitación al odio” (Rabat, 2012).
Trece. Primus inter pares. El primer elogio a nuestro “librepensador” del mes provino del judeovictimista Enrique Krauze: “un texto preciso, documentado y valiente que revela una verdad incómoda sobre la guerra de Gaza”, escribió en su cuenta de X (¿o ya lo tenía preparado luego de darle el visto bueno?).
Catorce. Días después, Shabot publicó otro artículo en el que despotrica contra el gobierno de la 4T, diciendo: “Incitar al odio o a la violencia, o mentir deliberadamente dañando la integridad física o moral de una persona, comunidad o institución, debe tener consecuencias legales a partir de las limitantes establecidas en relación con la libertad de expresión” (“Censurar”, El Economista, 6/8). “ Amazing”… ¿no?
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