8/29/2026

Farmear el aura también es ocupar la calle: juventudes, género y espacio público

 

“Farmear aura” comenzó en internet, pero ya no se queda en la pantalla.

La expresión, tomada de la jerga de los videojuegos, se utiliza para describir aquellas acciones que permiten acumular —de manera imaginaria— puntos de carisma, seguridad, estilo o presencia. Una mirada, una pose, una caminata o un movimiento pueden sumar “aura”; perder la compostura o hacer algo considerado vergonzoso puede restarla.

En 2026, la broma digital dio un paso más: las llamadas batallas de aura comenzaron a trasladarse a plazas, parques y otros espacios públicos de distintos países de América Latina, incluido México. Jóvenes y adolescentes se enfrentan mediante poses, gestos, movimientos o pequeñas coreografías mientras quienes observan determinan, con aplausos y reacciones, quién consiguió proyectar mayor presencia.

Lo que parece una tendencia más de redes sociales puede leerse también como una forma de volver a ocupar la calle.

Del meme a la plaza pública

Las batallas de “farmear aura” recuperan una lógica que no es nueva: utilizar el cuerpo, el baile, la música y la reunión colectiva para convertir un espacio cotidiano en un lugar de encuentro.

Antes fueron las batallas de baile, el voguing, el breakdance o las expresiones juveniles que hicieron de las plazas un escenario. Ahora, las redes sociales aportan el lenguaje y las reglas simbólicas de esta nueva generación.

La diferencia está en que el fenómeno contemporáneo no termina cuando se publica el video.

El contenido digital funciona como convocatoria y, al mismo tiempo, como registro de lo ocurrido. La plaza se convierte en escenario y el celular en una extensión de ese escenario.

Así, “farmear aura” puede entenderse como una práctica de socialización juvenil que transforma temporalmente un lugar de paso en un sitio para permanecer, mirar, participar y ser visto.

Y ahí aparece una pregunta que vale la pena hacer desde la perspectiva de género: ¿quiénes pueden hacer suyo ese espacio público y bajo qué condiciones?

La calle no se vive igual

Las posibilidades de caminar, permanecer, reunirse o simplemente estar en una plaza no son las mismas para todas las personas. Las mujeres y las niñas enfrentan formas específicas de violencia y acoso en espacios públicos que pueden restringir su movilidad y su participación en la vida comunitaria. ONU Mujeres advierte que estas experiencias afectan el acceso de mujeres y niñas a la educación, el trabajo, los servicios, la cultura y el ocio.

En México, esa desigualdad también aparece en la percepción de seguridad.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), en junio de 2025, 78.4% de las mujeres manifestó sentirse insegura en cajeros automáticos ubicados en la vía pública y 70% en el transporte público. Entre los hombres, los porcentajes fueron de 65% y 58.4%, respectivamente.

Por eso, cuando una tendencia juvenil lleva cuerpos a las plazas y calles, el fenómeno puede mirarse más allá de la anécdota viral.

Estar en la calle también es ejercer el derecho a la ciudad.

¿Y las mujeres también están “farmeando aura”?

La pregunta no es si las mujeres pueden participar en estas tendencias. Pueden y lo hacen.

La cuestión es qué ocurre cuando una joven decide ocupar una plaza para bailar, jugar, competir o simplemente reunirse con sus pares.

Para muchas mujeres, habitar el espacio público implica negociar constantemente con el miedo: elegir horarios, rutas, ropa, acompañantes o lugares donde detenerse. La presencia masculina puede ser leída como algo cotidiano, mientras que la presencia de las mujeres todavía puede estar atravesada por la vigilancia, el acoso o la posibilidad de violencia.

Por eso, una plaza llena de adolescentes jugando a “farmear aura” también puede ser leída como una escena de reapropiación del espacio público.

No porque una batalla viral vaya a resolver la violencia urbana, sino porque cada reunión, juego, baile o actividad comunitaria que permite permanecer en un lugar contribuye a disputar la idea de que las calles son únicamente espacios para transitar.

La discusión, entonces, no debería centrarse solamente en si las juventudes están “perdiendo el tiempo” con una nueva moda de TikTok.

También habría que preguntarnos qué necesitan las juventudes para poder encontrarse en el espacio público y qué necesitan las mujeres y niñas para hacerlo sin miedo.

Recuperar la calle también es una cuestión de género

El urbanismo con perspectiva de género parte justamente de reconocer que las ciudades se experimentan de manera distinta según quién las habita.

En Ciudad de México, un proyecto impulsado por PNUD, GIZ y la Secretaría de las Mujeres encontró que las características de las áreas verdes pueden contribuir a incrementar la percepción de seguridad y favorecer una mayor presencia de mujeres, niñas, niños, familias y personas adultas mayores.

La solución, por tanto, no consiste únicamente en llenar las plazas de actividades.

Se necesitan espacios iluminados, accesibles, cuidados, conectados y diseñados considerando las experiencias de quienes los utilizan.

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