El informe Trazar la ausencia, caminar la esperanza, elaborado por el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, documentó 58 fosas clandestinas vinculadas con elementos del delito de feminicidio entre enero de 2020 y septiembre de 2024, en las que fueron localizados 92 cuerpos de mujeres, niñas, niños y adolescentes.
La investigación, que analiza los hallazgos de fosas clandestinas en México entre 2006 y 2024, incorpora una mirada específica sobre las violencias contra las mujeres y muestra que la inhumación clandestina no puede entenderse únicamente como una expresión de la violencia criminal: en determinados casos también constituye parte de las dinámicas de violencia feminicida.
El informe señala que entre las características recurrentes encontradas en los casos de mujeres están la inhumación individual o junto con otras mujeres o menores de edad, así como la presencia de signos de tortura y otras formas de violencia, entre ellas estrangulamiento o asfixia, traumatismos físicos, violencia sexual e inmovilización previa a la muerte.
2024 concentró el mayor número de fosas vinculadas con feminicidio
De las 58 fosas clandestinas documentadas en este grupo, 22 fueron localizadas en 2024, 13 en 2022, 10 en 2023, siete en 2020 y seis en 2021.
Así, 2024 concentró 39% de las fosas vinculadas con elementos del delito de feminicidio identificadas durante el periodo analizado.
La Ibero advierte que este aumento puede apuntar tanto a una agudización del fenómeno como a una mayor visibilización de estos casos a través de los medios de comunicación. Por ello, el dato no debe interpretarse por sí solo como una tendencia nacional de feminicidio, sino como parte del universo de fosas clandestinas documentadas por la investigación.
Los casos fueron identificados en 23 de las 32 entidades federativas. Chihuahua concentró 16% y Sonora 12% de los hallazgos, seguidos por Veracruz y Ciudad de México, con 7% cada uno.
En la Ciudad de México, las fosas vinculadas con feminicidios representaron 31% del total de fosas clandestinas documentadas en la entidad durante el periodo estudiado.
Más de la mitad de las fosas de mujeres estaban en inmuebles privados
Uno de los hallazgos que permite observar con mayor claridad la dimensión de género de estas violencias es el lugar donde fueron encontradas las víctimas.
En 56 de las 58 fosas vinculadas con feminicidio fue posible determinar el tipo de espacio. De ellas, 34 —60.7%— estaban en inmuebles privados, entre ellos casas, ranchos y negocios.
De esos 34 casos, 13 correspondían a propiedades de las propias víctimas o de sus perpetradores.
El dato coincide con otro patrón identificado por la investigación: entre las fosas atribuidas a particulares y localizadas en domicilios privados, 70% estaban relacionadas con violencia feminicida.
Para la Ibero, esta concentración resulta relevante porque la violencia contra las mujeres ocurre frecuentemente en espacios cerrados y puede ser ejercida por hombres pertenecientes al círculo cercano de las víctimas.
El hallazgo también obliga a mirar más allá de la imagen tradicional de una fosa clandestina ubicada en un paraje remoto. El informe documenta que las inhumaciones pueden encontrarse dentro de viviendas, negocios y zonas habitacionales.
En Chihuahua, por ejemplo, durante 2024 fueron localizadas tres fosas clandestinas vinculadas con la inhumación de mujeres dentro de casas de una colonia habitada de Ciudad Juárez.
Mujeres jóvenes, madres y hasta mujeres embarazadas
Los datos disponibles sobre las víctimas permiten identificar otros patrones de género.
De las 92 personas vinculadas con estos casos, el informe pudo documentar la edad de 68 mujeres. De ellas, 31 tenían entre 20 y 30 años, equivalente a aproximadamente 45.6%.
Las víctimas tenían perfiles diversos: entre ellas había estudiantes, maestras, deportistas y modelos. La investigación también identificó cinco mujeres que estaban embarazadas al momento de ser inhumadas clandestinamente.
Otro dato muestra que las consecuencias de estos crímenes trascienden a las víctimas directas: al menos 25 de las mujeres asesinadas eran madres, por lo que niñas, niños y adolescentes quedaron en condición de orfandad a consecuencia de la violencia feminicida.
Además, el informe señala que 95% de las víctimas mujeres localizadas en estas fosas fueron identificadas, una proporción inusual. La Ibero plantea que esto puede estar relacionado con que las mujeres víctimas de feminicidio suelen ser localizadas en lapsos más cortos y con que estos casos ocurren con frecuencia en espacios cercanos a la víctima.
Las fosas muestran violencias diferenciadas contra las mujeres
La investigación no plantea que todas las mujeres encontradas en fosas clandestinas sean víctimas de feminicidio. Su análisis se concentra en aquellos casos que, a partir de las características documentadas y de lo señalado por las autoridades, resultan consistentes con los elementos establecidos en el Código Penal Federal para este delito.
Entre las características identificadas aparecen la violencia sexual, la tortura, la inmovilización y otros tipos de violencia física.
El informe también encuentra diferencias según el tipo de perpetrador. En los casos atribuidos a particulares, por ejemplo, predominan métodos que implican contacto físico directo, como traumatismos, estrangulamiento, inmovilización y uso de armas blancas. La investigación relaciona estas prácticas con dinámicas interpersonales y contextos domésticos.
En contraste, el crimen organizado aparece asociado con formas de violencia instrumental y simbólica que incluyen desmembramiento, armas de fuego y tiros de gracia.
Las familias siguen buscando frente a los vacíos del Estado
El análisis de la Ibero también coloca en el centro a las familias y colectivos de búsqueda, particularmente frente a las deficiencias institucionales para registrar, investigar y resguardar los sitios donde son localizados cuerpos.
El informe documentó 23 fosas clandestinas de uso reiterado, es decir, lugares donde después de una primera intervención volvieron a encontrarse cuerpos o restos humanos. Para las autoras y autores, estos casos constituyen evidencia de omisiones institucionales en materia de investigación, resguardo y prevención.
La problemática se relaciona además con la falta de información homogénea. La investigación advierte que las fiscalías no entregan registros con el mismo nivel de detalle y que algunas incluso señalaron que no contaban con información procesada sobre fosas clandestinas.
Por ello, el informe no pretende establecer una cifra definitiva sobre el número de fosas clandestinas existentes en México. A partir de fuentes hemerográficas, la Ibero documentó al menos 3 mil 516 fosas clandestinas, 8 mil 341 cuerpos y 52 mil 305 restos humanos entre 2006 y septiembre de 2024. Sin embargo, advierte que las cifras podrían ser mayores debido a los subregistros y a las limitaciones de las fuentes disponibles.
La investigación sostiene que conocer quiénes son las víctimas y cómo fueron violentadas es indispensable para comprender las distintas dimensiones de la desaparición y la violencia en México, incluidas aquellas que afectan de manera diferenciada a mujeres y otros grupos históricamente discriminados.

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