peloteoentre las procuradurías generales de la República y de Justicia de Ciudad de México, que sugiere que ninguna de las dos quiere asumir la responsabilidad en este caso, lo cual es una fuente de gran preocupación, pues ha tenido como resultado inicial la liberación fast track de dos personas presuntamente participantes en los hechos detenidas previamente por la instancia federal. Esta es una señal grave, ya que proyecta el riesgo de la impunidad, lo que va en el mismo sentido de la provocación.
9/17/2018
UNAM: saldos de un movimiento
9/16/2018
México 68 fue primero una fiesta
9/12/2018
La coyuntura política en la UNAM, los porros y lo ¿evidente?
Rebelión
Para las miradas poco aguzadas, que en la inmediatez de los hechos y sin ningún análisis serio de los mismo se lanzan a dar todo tipo de recetas y soluciones, lo ocurrido el día 3 de septiembre del año en curso, en la explanada de Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es algo evidente. Sin embargo, si se analizan los hechos con un poco de detenimiento y se consideran otros actores y dimensiones, lo evidente se torna confuso y, aún más, se asemeja a un rompecabezas complejo con muchos intereses en juego.
Es evidente que en la mayoría de los planteles de la UNAM existen una serie de problemáticas que llevan años sin resolverse, pero son básicamente tres los problemas que se han agudizado en los últimos dos años de manera alarmante. Primero, los casos de los asesinatos no resueltos dentro y cerca de los recintos académicos de la UNAM, como el caso del feminicidio de Lesvy Berlín Osorio o el de los estudiantes Víctor Manuel Orihuela y Adrián Clara Chagoya, ambos muertos en extrañas circunstancias en las inmediaciones de la Facultad de Filosofía y Letras (presuntamente al “caer” desde el segundo piso); aunado a ello está el clima constante de inseguridad y violencia hacia la comunidad universitaria, la cual constantemente es víctima de robos y ultrajes por parte de delincuentes que campean libremente dentro y en los alrededores de los distintos planteles. Un segundo problema, conectado con el anterior, es la presencia de diferentes cárteles de la droga dentro de los recintos universitarios que no solamente venden drogas, sino que han empezado a disputarse las zonas de venta, generando con ello balaceras y altercados. Y, no menos importante, un tercer problema, que había detonado ya paros y tomas espontáneas de instalaciones, son los diversos casos de acoso sexual y/o violencia sexual en contra de estudiantes en distintas escuelas y facultades.
En todas estas problemáticas, las autoridades universitarias no han tenido la voluntad ni la capacidad para generar soluciones, esto a pesar de tener toda la información a su alcance (sistemas de monitoreo y vigilancia e, incluso, control de acceso en algunos planteles) y, de igual modo, lo que sí han hecho es encubrir a los diferentes funcionarios responsables y vinculados directamente con las situaciones descritas.
Por ello, quien orquestó el ataque porril en contra de los estudiantes en la explanada de Rectoría el pasado 3 de septiembre sabía muy bien que ello incendiaría la Universidad. Sabía que era el único elemento que faltaba en el cóctel de problemas no atendidos por las autoridades universitarias para que los estudiantes no sólo se organizaran y tomaran sus facultades o escuelas, sino para que exigieran la destitución del rector Enrique Graue Wiechers. Sin un ataque de tal magnitud, con el nivel de espectacularidad, violencia y saña en contra de los manifestantes, los estudiantes de la UNAM no hubieran pensado siquiera en tomar sus escuelas ni en exigir renuncias, mucho menos en un clima de regocijo generalizado, pese a quien le pese y guste a quien le guste, por el triunfo de AMLO, candidato por el que votaron mayoritariamente los estudiantes de la UNAM, como lo demuestran indirectamente todos los ejercicios de simulacro electoral en las distintas escuelas, colegios y facultades llevados a cabo antes del 1 de julio.
Lo que empezó como un conflicto local en Colegio de Ciencias Humanidades Azcapotzalco (CCH-A), en donde los estudiantes lograron la destitución de la directora en turno, María Guadalupe Patricia Márquez Cárdenas, también presentaba elementos de problemáticas locales entre la gestión de la entonces directora y ciertos grupos del área 56 de la Asociación Autónoma de Personal Académico de la UNAM (AAPAUNAM, el sindicato académico oficialista y de protección), como fue evidenciado en el noticiero de Carmen Aristegui dos días después de la agresión porril. [1]
Una coyuntura local, con intereses sindicales de por medio, cerrazón y falta de voluntad política para la resolución de conflictos por parte de las autoridades del CCH-A, se convirtió en una coyuntura que afecta a todas las escuelas y facultades de la UNAM y que, de a poco, empieza a contagiar a otras universidades, dentro y fuera del área metropolitana.
En este sentido, la pregunta obligada es: ¿quién orquestó el ataque porril del 3 de septiembre? La conciencia vulgar e inmediata se apresura a decir: la autoridad. Pero ¿qué autoridad o qué autoridades? Y, además, ¿con qué fin?
Hay quienes sostienen que “la autoridad”, así en abstracto, ejecutó dicha agresión en contra de los estudiantes organizados y en contra de las organizaciones políticas de izquierda que tienen presencia en la UNAM. Respuesta que resulta curiosa, pues son los mismos que sostienen que no existía una organización política estudiantil en la UNAM o que ésta estaba dormida o muerta, que los estudiantes no estaban organizados, etcétera. A menos de que ellos fueran el objetivo último del ataque, cosa muy dudosa e inverosímil, no aclara quién o quiénes dieron la orden ni la causa o finalidad de este.
Los mismos grupos o individuos que tienen esta opinión pedestre sostienen que fue el rector quien mandató a los porros para que violentaran a los manifestantes. Sin embargo, ¿en serio creen que el rector es tan estúpido para mandar a golpear a los estudiantes con una espectacularidad y saña desmedida, justamente en la explanada de rectoría, para que la comunidad universitaria, de manera inmediata, se le pusiera en contra y exigiera su renuncia? Hay quienes, quizá igual o peor de estúpidos que el rector, juzgan posible esta respuesta.
Que no se malentienda, no se trata aquí de defender al rector o de hablar sobre la bondad e integridad de éste, cosa seguramente ajena al mismo, sino de entender las coordenadas políticas y los intereses que hay en juego. Y, es precisamente ese discurso que no sabe observar que los bloques en el poder no son monolíticos y que hay grandes intereses en juego, el que obnubila la comprensión de la coyuntura actual porque cree que todo es evidente, claro y diáfano. Este mismo discurso, en su incapacidad de entender la complejidad de los procesos, es el que crea, desde la falsedad, un consenso que se impone en la representación de los estudiantes y que termina por hacerle el juego, en la práctica, a quienes de manera premeditada iniciaron una coyuntura que habían calculado casi milimétricamente y en donde los estudiantes fueron concebidos como caballitos de batalla.
Sólo por mencionar algunas coordenadas que los estudiantes deberían tener presente para hacer sus análisis.
a) Estamos a menos de tres meses de que haya un cambio de gobierno y, aparentemente, no había habido ningún problema en la transición. El gran derrotado fue el PRI y, evidentemente, los cotos de poder que tenía en diversas instituciones los perderá o quedaran mermados significativamente (¿Y acaso no es la UNAM un enorme coto de poder del PRI?)
b) El actual rector, Enrique Graue, finaliza su periodo en menos de un año y, entre otras cosas, tiene la atribución de designar, junto a la autocrática Junta de Gobierno, al nuevo rector, que, o bien podría ser él mismo, dada su reelección, o bien designar a otro.
c) En la Rectoría de la UNAM y en muchos institutos de investigación y facultades como Derecho, Medicina, Filosofía e Ingeniería, entre otras, siempre ha gobernado el PRI, incluso durante los sexenios panistas. De igual modo, los dos grandes sindicatos de la UNAM, el Sindicato de Trabajadores de la UNAM y la AAPAUNAM son, más recalcitrantemente éste último, de corte priista (pese a los esporádicos coqueteos perredistas de Agustín Rodríguez).
d) ¿A quién beneficia un clima de inestabilidad en la Universidad?, ¿al rector?, ¿a los estudiantes?, ¿a MORENA?, ¿al PRI?, ¿a los eternos revolucionarios de salón y cubículo?
¿Es importante entender que lo evidente no es tan evidente como parece y que detrás de lo ocurrido hay grandes intereses en juego que en poco o en nada tienen que ver con los estudiantes? Pensamos que sí, si el movimiento estudiantil, que espontáneamente ha surgido en los últimos días, no quiere ser la carne de cañón para la consecución de intereses que le son ajenos y si quiere articular demandas específicas que puedan hacerle frente al clima de inseguridad y antidemocracia que prevalece en la UNAM. De lo contrario, los intereses de grupos no solamente de la autoridad, sea Rectoría, la Junta de Gobierno, la Secretaria de Gobernación, el PRI, sino también los grupos de “izquierda”, que gustan de realizar paros indefinidos hasta que caigan el capitalismo y el patriarcado, hasta que se cancele el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México o hasta la abolición de la rectoría, conducirán, nuevamente, al movimiento estudiantil a la derrota y a la frustración, mientras, aunque no lo sepan, son usados por las mismas autoridades para imponer su agenda e intereses, aunque en lo “evidente” esto se nos presente como una lucha entre autoridades y estudiantes.
Sólo aquellos que, por mandato o por ignorancia, diluyen las responsabilidades en ese ente abstracto que se llama “autoridad", pueden considerar de poca importancia saber quiénes fueron los grupos o particulares responsables que se han visto beneficiados con esta coyuntura. Lo preocupante de esto estriba en que, en principio, se alejan de la verdad sobre los hechos y, por otra, terminan por encubrir a los verdaderos responsables, quizá tal y como querían aquellos que planearon el ataque.
Quienes sólo observan y fetichizan la coyuntura por la cantidad de estudiantes que han salido a manifestarse y no consideran los diferentes elementos, dimensiones y factores cualitativos de la situación actual, o bien carecen de perspectiva, paciencia y ganas de pensar con rigor, ganándoles el ímpetu inmediatista de la práctica, o bien, intencionalmente encubren las causas reales por mandato de alguien más.
Frente a estas posturas, se hace necesaria no la repetición de consignas hueras y presuntamente radicales, sino la reflexión seria y crítica de la coyuntura, de lo contrario, nuevamente, el movimiento estudiantil será devorado por los mismos de siempre… grupos con intereses muy concretos tanto de las autoridades como de algunos colectivos de “izquierda” que terminan negociando con los primeros.
Nota:
[1] Véase: Violencia en la UNAM tiene “tintes políticos”: maestra; directora de CCH envió porros: alumno de la FCPyS: https://aristeguinoticias.com/0509/mexico/violencia-en-la-unam-tiene-tintes-politicos-maestra-directora-de-cch-envio-porros-alumno-de-la-fcpys/
9/11/2018
La UNAM atrapada?
De porros y democracia en la UNAM
9/10/2018
Politizar a la Universidad
9/09/2018
Nos aplastaron; fue un crimen de Estado, pero nunca fue derrotado el movimiento
A 50 años de 1968 seguimos hablando del movimiento, porque no ha terminado. Sus demandas siguen sin cumplirse: democracia y libertad, afirma Félix Hernández Gamundi. La imagen corresponde a los días posteriores a la masacre.
fue un crimen de Estadoy una
traicióndel gobierno de Gustavo Díaz Ordaz hacia el movimiento estudiantil.
El movimiento jamás fue vencido políticamente. La mayor derrota en el 68 fue para el gobierno y para el Partido Revolucionario Institucional (PRI). El 2 de octubre lo que realmente hace es desenmascarar al régimen político y exhibirlo en su condición autoritaria, represiva.
Las demandas del 68 siguen vigentes.
Una segunda razón es que siendo un movimiento democrático y pacífico, fue aplastado militarmente, pero nunca fue vencido en lo político. La mayor derrota en el 68 fue para el gobierno y para el PRI, el acto de represión perpetrado del 2 de octubre en realidad desenmascara al régimen político, lo exhibe en su condición de autoritario y represivo; y a su partido, el PRI, lo muestra como una organización política obsoleta, incapaz ya de representar las aspiraciones de los mexicanos.
Yo me asumo como parte de la lucha social, no es la lucha social la que ha fallado, va en avance; quizá el problema es que debimos avanzar mucho más. Las condiciones en que la lucha social se da en el país han sido muy adversas. Pero quien está en deuda con la sociedad, con el pueblo y con esas luchas sociales, es el régimen, es la clase política.
ratonera, dicen quienes quieren fastidiarnos. ¿Por qué ir a Tlatelolco? Porque había un nuevo momento de optimismo. Ya había habido otros actos allí, con una participación solidaria y masiva de la población de la unidad (habitacional), los habitantes de Tlatelolco fueron siempre muy solidarios y era un lugar donde nos sentíamos protegidos. Además, los días previos al 2 de octubre empezaron los acercamientos con el gobierno, que argumentaba la necesidad de ponerse de acuerdo en los términos para el diálogo público. Por las gestiones del rector Javier Barros Sierra se concretó una reunión (entre representantes del CNH y del gobierno) el día 2 por la mañana, en la que no hubo gran avance, pero se dieron dos acuerdos: volverse a reunir para avanzar en el diseño de las condiciones para el diálogo y la petición de parte de ellos que se suspendiera la marcha de esa tarde para evitar riesgos de actos de provocación. Nosotros nos mantuvimos al informar que sería una asamblea informativa en la Plaza de las Tres Culturas. Cuando dialogas debes confiar en el de enfrente y es lo que hicimos. Jamás pensamos que se daría una masacre de ese tamaño, jamás pensamos que el gobierno iba a tomar una medida represiva tan criminal como esa. El acto de represión de Tlatelolco es una traición brutal.
El verano mexicano de hace 50 años, parte de la lucha ejemplar contra el imperialismo
9/06/2018
Politizar a la Universidad
8/28/2018
El 68 y la contrahistoria
Se cumplirán cincuenta años de la matanza del dos de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, su significado y transcendencia siguen siendo puestos en juicio, aún hay quienes se preguntan qué fue lo que ocurrió y por qué el gobierno mexicano actuó de forma violenta e irracional. A pesar de que año con año se realizan actividades, manifestaciones y se publican diversas opiniones, e incluso, se revelan nuevos datos, aún pesa sobre esos hechos un manto de impunidad que cubre la verdad de lo acontecido.
La escritura de la historia suele tener sello e intención de quien se erige vencedor, las versiones de lo acontecido están estructuradas para reforzar ese posicionamiento, los vencedores escriben para sí mismos y para extender su hegemonía ideológica al resto de la población. Esto ocurre con toda la historia oficial; versión de arriba impuesta a los de abajo. Sin importar el paso del tiempo, aún la enseñanza en las escuelas del país continúan negando o tergiversando los hechos, el 68 tiene encima ese manto impune de la historia del vencedor que nubla la comprensión de lo acontecido.
Podría pensarse una exageración lo arriba expuesto, pero con un ejercicio de análisis del conocimiento que la población general tiene sobre el 68, se demostraría que no es una exageración, sino que incluso, la aseveración queda por demás somera. Tan sólo ese hecho justifica que año con año se organicen actividades que buscan concientizar sobre la importancia y trascendencia del 68. Pero es necesario reconocer que en muchos sentidos no se ha logrado romper con el cerco informativo que el poder persiste en imponer, quedando en entredicho, la propia lógica sistémica que dio lugar a que el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz tomara la decisión de asesinar a cientos de mexicanos con el fin de conservar el statu quoy mantener los intereses de la clase en el poder. La historia oficial busca que lo sucedido en Tlatelolco se mire como un hecho aislado, siendo en realidad, la expresión álgida de la violencia que el capitalismo impone a nuestra realidad, llegando a nuestros días con casos como el de Ayotzinapa.
Los mismos hechos de la tarde-noche del 2 de octubre han cubierto el significado de todo el movimiento del 68, quedando por encima de sus orígenes, demandas y logros, el velo trágico de la matanza, la ponderación por la justicia de una forma u otra, ha contribuido también, a dejar de lado las aportaciones para la vida social, política, económica y cultural que se realizaron los meses de protesta y resistencia en México, en marcados en la gran revolución cultural que se vivió en el mundo en ese año iniciada en París. La nostalgia histórica es un condicionante para las interpretaciones que con el tiempo ha jugado un importante papel a favor de la historia oficial. Esto es algo que se debe reconocer si queremos superar la historia de los vencedores y revelar la historia de los oprimidos.
La contrahistoria es el desenmascarar la forma en que se ha ocultado el rostro de los hechos y sucesos históricos, pero sobre todo, es el reconocimiento de los sujetos sociales que han sido expulsados por la historia oficial del acontecer social. La historia tradicional justifica la dominación, es usada para mantener el control ideológico de la población y negar toda posibilidad de interpretación crítica de los sucesos históricos y presentes, es en suma, una especie de droga que adormece conciencias e implanta el desanimo entre quienes padecemos en la realidad las flagelaciones a las que el sistema nos condena. La contrahistoria es la respuesta a esa dominación, es el ejercicio de la crítica a través del tiempo para ir reconstruyendo y explicando las razones del hoy, en servicio de los expulsados de los libros de texto y los almanaques oficiales. La contrahistoria es la confrontación con la tradición histórica y con los historiadores que defienden al sistema mediante la falsa erudición aplaudida por el sistema.
El movimiento del 68 fue una crítica aguda al sistema o a los sistemas de la época, cuya transcendencia sigue revelándose, fue una ruptura con el poder y sus maneras de representación, fue la generación de la conciencia por medio de la relevación de lo oculto. El 68 marcó el camino para la revolución cultural que se comenzaría a vivir en su seno, y que hoy se observa en cada una de las demandas en materia de reivindicación social. El movimiento del 68 necesita la alternativa abierta por la contrahistoria que otorga la posibilidad de dar su lugar a cada uno de los protagonistas desterrados del mapa descrito desde el poder, para que su espíritu se revele en toda su dimensión. La contrahistoria es el ejerció de ruptura de las cadenas que aprisionan el pensamiento.
Cristóbal León Campos, Miembro del Colectivo Disyuntivas
8/15/2018
El rector de la UNAM contra el poder en 1968
Carlos Martínez García
En estos días recordamos aquel año aciago. El movimiento estudiantil mexicano de 1968 inició la ruptura del sistema priísta. En aquellos momentos no se vio así. Lo que trascendió fue la demencial respuesta autoritaria al movimiento. Desde el poder se señaló como antipatriotas a los miles que colmaron las calles exigiendo democracia.
El 23 de julio, so pretexto de controlar un enfrentamiento entre estudiantes de la preparatoria privada Isaac Ochoterena y de la Vocacional 5 del Instituto Politécnico Nacional (IPN), fuerzas policiacas ingresaron a la escuela del Poli y golpearon a varios alumnos. A partir de entonces hubo crecientes manifestaciones por la acción policiaca, la que en pocos días escaló en su dimensión cuando la madrugada del 30 de julio un operativo del Ejército incluyó el disparo de bazuca contra la puerta de la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso.
Para justificar el accionar de los militares, el secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, afirmó que la intervención de las fuerzas armadas estuvo originada por la violencia injustificada puesta en marcha por una minoría mezquina que quiere desviar el camino ascendente de la Revolución Mexicana. La respuesta del rector Javier Barros Sierra al autoritarismo del presidente Gustavo Díaz Ordaz fue inmediata. A las pocas horas del derribo de la puerta, en Ciudad Universitaria, como señal de luto, izó la Bandera Nacional a media asta y aseguró: La autonomía está amenazada gravemente. La institución manifiesta profunda pena por lo acontecido. La autonomía no es una idea abstracta, es un ejercicio responsable que debe ser respetado por todos. No cedamos a provocaciones, vengan de afuera o de adentro; entre nosotros hay muchos enmascarados que no aman ni respetan la autonomía universitaria. La universidad es lo primero, defendamos las libertades de pensamiento, reunión, expresión y la más cara, la autonomía.
Al día siguiente Javier Barros Sierra encabezó un mitin, ante miles de asistentes expresó: “Varios planteles de la Universidad Nacional Autónoma de México han sido ocupados por el Ejército. Durante casi cuarenta años la autonomía de nuestra institución no se había visto tan seriamente amenazada como ahora […]. En ningún caso es admisible la intervención de agentes exteriores y, por otra parte, el cabal ejercicio de la autonomía requiere el respeto a los recintos universitarios. La educación requiere de la libertad. La libertad requiere de la educación”. Las palabras del rector debieron calar hondo en quien había ordenado el despropósito de enviar soldados a ocupar recintos universitarios.
El rector se mantuvo firme ante las agresiones. No se arredró, al contrario, marchó junto a contingentes estudiantiles el primero de agosto. Antes de salir de Ciudad Universitaria, dio un emotivo discurso, del cual reproduzco unas líneas: Necesitamos demostrar al pueblo de México que somos una comunidad responsable, que merecemos la autonomía, pero no sólo será la defensa de la autonomía la bandera nuestra en esta expresión pública; será también la demanda, la exigencia por la libertad de nuestros compañeros presos, la cesación de las represiones. Será también para nosotros un motivo de satisfacción y orgullo que estudiantes y maestros del Instituto Politécnico Nacional, codo con codo, como hermanos nuestros, nos acompañen en esta manifestación. Bienvenidos. Sin ánimo de exagerar, podemos decir que se juegan en esta jornada no sólo los destinos de la Universidad y el Politécnico, sino las causas más importantes, más entrañables para el pueblo de México. El rector eligió con lucidez y valentía estar junto a los agraviados por la barbarie del poder presidencial.
El 18 de septiembre fuerzas del Ejército tomaron Ciudad Universitaria. Ese día murió León Felipe, poeta republicano español exiliado en México. Tal vez debido a esto salían versos del poeta por altoparlantes colocados en la Torre I de Humanidades. El disco con la voz de León Felipe, de la colección Voz Viva de México, habría sido puesto en el tornamesa, cuenta la leyenda, por Alcira Soust Scaffo. Desde entonces Alcira pasó a ser un personaje entrañable para la comunidad universitaria, sobre todo la conformada por la Facultad de Filosofía y Letras, por cuyos pasillos deambulaba Alcira sembrando poemas.
Javier Barros Sierra reprobó sin ambages el ataque: La ocupación militar de la Ciudad Universitaria ha sido un acto excesivo de fuerza que nuestra casa de estudios no merecía [...]; hoy los exhorto a que asuman, dondequiera que se encuentren, la defensa moral de la universidad y a que no abandonen sus responsabilidades. La universidad debe ser reconstruida, una vez más, porque es parte esencial de la nación. Los universitarios sabremos cumplir este deber. Esperemos que los deplorables hechos que confrontamos no afecten irreparablemente la democracia en la República. El rector fue un tenaz defensor de la libertad.
Instalan el Comité M68: ciudadanías en movimiento
Integrado por la UNAM, el IPN, la Ibero, Chapingo y el Colmex
▲ El director del IPN, Mario Alberto Rodríguez; el rector de la UNAM, Enrique Graue, y la presidenta del Colmex, Silvia Giorguli, en la ceremonia de la instalación del Comité Interuniversitario M68.
Este martes se instaló en Tlatelolco el Comité Interuniversitario para la conmemoración del 50 aniversario del movimiento estudiantil de 1968.
Está integrado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Iberoamericana, la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) y El Colegio de México (Colmex).
Enrique Graue, rector de la UNAM, dijo en una ceremonia en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) que desde hace cinco décadas las escuelas de educación superior hemos acompañado e impulsado la consolidación de una ciudadanía libre y democrática.
El movimiento estudiantil del 68 es un símbolo de nuestras luchas y esfuerzos colectivos; la conciencia social que derivó de él y de la tragedia de Tlatelolco permeó gradualmente en nuestra vida cotidiana y se expresó con la adquisición de nuevos derechos y valores sociales, sin los cuales no se podría entender el México contemporáneo, indicó. Anunció que se evocará el 2 de octubre con la apertura del nuevo Memorial del 68, en la principal sala de exhibición del CCUT.
David Fernández Dávalos, rector de la Ibero, expresó que espera que la memoria que se preserve del 68 sea subversiva, transformadora, que abra nuevas oportunidades hacia el futuro, particularmente para los más jóvenes.
Mario Alberto Rodríguez Casas, director general del IPN, planteó que el movimiento del 68 nos ha legado la conciencia crítica.
Jorge Sergio Barrales, rector de la UACh, dijo que el 68 nos dejó posibilidad de ser libres y decidir. Silvia Giorguli, presidenta del Colmex, planteó que se requiere autonomía para mantener el carácter crítico, independiente y libre que debe caracterizar a las universidades.
Entre las actividades conmemorativas anunciadas por el coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, Jorge Volpi, está la creación de un repositorio digital llamado M68: ciudadanías en movimiento, que será lanzado en octubre e incluirá documentos, imágenes y grabaciones provenientes de más de 30 archivos públicos y privados sobre movimientos sociales.
Del 4 al 28 de septiembre se celebrará en 50 sedes el coloquio internacional M68: ciudadanías en movimiento, en el que participarán más de 100 conferencistas.
El 2 de octubre será reabierto el Memorial e inaugurado el Museo de los Movimientos Sociales, que estará en el CCUT. También se realizará una acción coreográfica multitudinaria en la Plaza de las Tres Culturas, con la que se pretende honrar a los estudiantes y civiles caídos en la masacre de Tlatelolco.
Se contempla además celebrar ese día en el Archivo General de la Nación un homenaje a las víctimas encarceladas en Lecumberri.
El 13 de septiembre está programado un concierto organizado por la UNAM y el IPN en el Museo Nacional de Antropología.
El 29 de septiembre se proyectará la versión restaurada de la película El grito, de Leobardo López Aretche, en la Plaza de las Tres Culturas. El 30 de septiembre, ahí se proyectará la película Olimpia, dirigida por José Manuel Cravioto.
Al final de la ceremonia, se develó la pintura La patria desgarrada, obra realizada por miembros de la comunidad universitaria de la Ibero y que fue entregada a la UNAM.
Foto José Antonio López
Arturo Sánchez Jiménez
Periódico La Jornada
Miércoles 15 de agosto de 2018, p. 18



