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8/26/2020

De las aulas a las pantallas


Editorial La Jornada


Millones de estudiantes de diversos niveles educativos iniciaron el lunes reciente un nuevo ciclo lectivo en condiciones inéditas y extrañas para la gran mayoría: la de la educación a distancia, sea a través de señales televisivas –la forma predominante–, por videoconferencias o con una combinación de ambas. Si el arranque de las clases presenciales conlleva un enorme esfuerzo organizativo, tanto gubernamental como social, es difícil imaginar lo que ha representado mudar el sistema educativo de las aulas a las pantallas de televisión, de computadora, de tableta o de teléfono celular.
La elemental prudencia sanitaria no dejaba otra salida; el regreso físico a las escuelas habría significado un brusco incremento de la movilidad –es decir, la salida al espacio público de millones de alumnos, maestros y padres y madres– y, por tanto, el riesgo de un rebrote descontrolado de la pandemia de Covid-19. No se trataba, pues, de una disyuntiva fácil. En algunos países europeos el regreso a clases en el contexto del desconfinamiento se realizó mediante la aplicación del distanciamiento social en los planteles, una vía que en nuestro entorno no parecía practicable sin exponer a los escolares –y, con ellos, al conjunto de la población– a una nueva oleada de contagios.
Desde luego, el país no estaba preparado para un cambio tan radical en las modalidades de la enseñanza, y no deja de resultar injusto que se acuse a las autoridades educativas de improvisación. Sí, la implantación masiva de la educación a distancia tenía que improvisarse –a menos que se condenara a toda una generación de educandos a perder el año lectivo o se corriera el riesgo de rebrotes epidémicos– porque debía efectuarse en un plazo de pocos meses.
Lo anterior no significa que esta salida forzada esté funcionando bien en todos los casos ni en todos los escenarios regionales y socioeconómicos. Hay, de entrada, un problema irresoluble en el plazo inmediato, que es la existencia de grandes zonas rurales, e incluso urbanas del territorio nacional, en las que la señal televisiva es deficiente o nula, como lo es más aún la cobertura digital.
Debe considerarse también que amplios sectores de la población no tienen acceso a una señal continua de televisión e Internet, y ni siquiera de telefonía fija o celular, condiciones indispensables para esta modalidad educativa. En muchos hogares existe un solo aparato receptor, o una sola computadora, y los educandos deben competir por el uso de esos dispositivos con sus hermanos y con sus padres –muchos de ellos, a su vez, anclados al trabajo en casa–, con frecuencia en espacios hacinados, no necesariamente armónicos y precarizados por las adversidades económicas que trajo aparejadas la pandemia. Y a todo lo anterior deben agregarse las inconsistencias y los fallos que tuvieron que ocurrir de manera inevitable al mudar los planes y las herramientas de estudio de lo presencial a lo virtual.
En estas circunstancias resulta obligado, por una parte, acelerar hasta donde sea posible el desarrollo de Internet para Todos, el programa gubernamental que aspira a dar cobertura de señal digital a la totalidad de la población, así como a procurar la incorporación de todos los recursos ya existentes, como radios comunitarias y redes locales, en el esfuerzo educativo.
Pero es necesario también focalizar el trabajo en grupos de población que sufren de marginación digital y tecnológica, lo que significa nada menos que distribuir dispositivos de telecomunicaciones que son, en la situación actual, tan necesarios como los libros de texto, y capacitar de manera masiva sobre su utilización a centenares de miles o a millones de niños, jóvenes y adultos.
Un desafío de esta magnitud puede verse como un problema abrumador e irresoluble, pero también como una oportunidad para acelerar el paso en la superación de las abismales desigualdades sociales, asegurar la educación digital de toda una generación y reactivar la economía mediante la fabricación nacional de importantes volúmenes de aparatos de telecomunicaciones y de dispositivos personales. Con el antecedente de los ventiladores mecánicos diseñados y producidos en México en condiciones de urgencia, este otro reto no tiene por qué ser imposible.

8/11/2020

El espejo de nuestra derrota educativa




Decía el director de cine italiano Federico Fellini: La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural.
La crítica del ganador de cuatro premios Oscar a la televisión fue implacable. “No es un medio de expresión –sentenciaba–. No es más que un medio de distribución que, aunque difunde películas, las deforma, las mutila; le deja al espectador, en el mejor de los casos, un sentimiento de complacencia algo turbia y un voyeurismo barato.”
La opinión del director de La dolce vita –recordada recientemente por el profesor Juan Carlos Miranda Arroyo– es un escalímetro preciso para evaluar el reciente anuncio del gobierno federal de a aliarse a cuatro consorcios mediáticos, Televisa, Tv Azteca, Grupo Imagen y Grupo Multimedios, para transmitir las clases del próximo ciclo escolar 2020-21, a través de seis canales de televisión abierta.
Parafraseando a Fellini, podemos afirmar que la impartición de clases a través de la televisión privada es el espejo donde se refleja la derrota de nuestro sistema educativo. La televisión no es la escuela, no enseña, no forma críticamente. Genera sí, la complaciente ilusión de que no se desperdicia el tiempo, de que, a pesar de la pandemia, el ciclo escolar avanza. En el mejor de lo casos, entretiene. A lo sumo, difunde unilateralmente información, no necesariamente significativa para enfrentar los retos de la época. Proporciona a las autoridades del sector la turbia fantasía de que controlan el proceso de enseñanza. Como ha señalado Gustavo Esteva, el modelo de educación híbrida asociada a la televisión, es como las semillas híbridas: un producto estéril.
El Acuerdo por la Educación tiene implicaciones relevantes en la recomposición del poder en México. Los barones de la telecracia que recién lo firmaron, fueron invitados por el presidente López Obrador a su gira a Washington el pasado 8 de julio, y asistieron a la cena con Donald Trump y sus comensales empresariales. En el salón este de la Casa Blanca estuvieron Ricardo Salinas Pliego, dueño de Grupo Salinas y TvAzteca y segundo hombre más rico del país. Bernardo Gómez, codirector ejecutivo de Grupo Televisa. Olegario Vásquez Aldir, propietario de Grupo Empresarial Ángeles y Grupo Imagen. Y Francisco González Sánchez, de Grupo Multimedios.
El Acuerdo por la Educación entre la Secretaría de Educación Pública (SEP) y los consorcios mediáticos bautizado como Aprende en Casa II es un oasis en el desierto para las televisoras. Tan pronto fue anunciado, los mercados respondieron con beneplácito. Las acciones de las principales firmas de medios treparon vertiginosamente. En 48 horas, los papeles de Televisa acumularon un avance de casi 15 por ciento en dos sesiones, en tanto que los de Tv Azteca sumaron más de 18 por ciento (https://bit.ly/33HOMbN).
Pese a que el Estado mexicano dispone de tiempos fiscales oficiales en radio y te­levisión (que condonó unilateralmente en abril de 2020), la telecracia recibirá como pago del gobierno por la difusión de contenidos educativos, 450 millones de pesos, tarifa que el Ejecutivo considera social. Adicionalmente, se darán contratos por 36 millones de pesos a una empresa outsourcing que labora para el Grupo Elecktra, para elaborar materiales audiovisuales para el regreso a clases.
Sin embargo, más allá de los pesos y centavos por la venta de servicios, la verdadera importancia del acuerdo en términos de negocio no está allí, sino en la audiencia cautiva y el rating que las transmisiones de Aprende en Casa II le acerca a los consorcios mediáticos: 30 millones de niños y jóvenes, más de millón y medio de maestros y un número indeterminado de padres de familia.
Hasta ahora, las televisoras estaban muy lejos de vivir tiempos gloriosos. Éstos desaparecieron desde hace años. La vaca se secó. El modelo de negocio se agotó. Sus ratings cayeron en picada. Perdieron a los jóvenes. Las ganancias multimillonarias se esfumaron. Para sobrevivir, debieron hacer dolorosos ajustes. Ejemplo: la televisión abierta representaba para Televisa hace unos años más de 80 por ciento de sus ventas. Hoy le significa 37.8 por ciento (https://bit.ly/2DRpME4).
El Acuerdo Educativo revierte milagrosamente esta situación. No sólo legitima a la telecracia, disfrazando sus negocios de filantropía. Coloca obligadamente a millones de niños y jóvenes frente a las pantallas. De esta manera, el espacio público escolar será ocupado por empresas privadas.
Con Aprende en Casa II, la SEP ignoró olímpicamente miles de experiencias pedagógicas y didácticas exitosas que profesores de todo el país desarrollaron con imaginación y compromiso durante la pandemia. Despreció su capacidad, vocación y disposición de servicio. Reforzó la concentración de poder de la tecnoburocracia educativa. Simuló el regreso a una normalidad que sólo existe en los deseos de la autoridad, mientras dejó de lado lo que verdaderamente se puede y debe aprender para enfrentar un momento extraordinario como el actual.
Sí, parafraseando a Fellini, podemos afirmar que la impartición de clases por la televisión privada es el espejo donde se refleja la derrota de nuestro sistema educativo. Pero, también, el retorno triunfal de la telecracia, vestida ahora de benefactora pública.
Twitter: @lhan55

8/04/2020

La universidad pública y presencial


Para un mejor y mayor control de la población, el capitalismo acelera su transición digital. En este proceso está obligado a introducir cambios estructurales en sus instituciones. Nuevos tiempos nuevos requerimientos, otras funciones. Algunas nacerán bajo palio, otras serán declaradas obsoletas, y las restantes sufrirán mutaciones. La universidad es una de ellas. Por razones utilitarias, mantendrá su nombre, pero su ADN habrá mutado. La universidad pública será una caricatura de sí misma, al introducir el ideario empresarial de las universidades privadas. Hasta hoy, los fines de la pública han sido la promoción de las ciencias, las artes, el pensamiento crítico, la investigación y los saberes poco convencionales. Sus valores y principios aquilatan sus enseñanzas. Siempre encuentra un espacio para incorporar avances científicos o modificar planes y programas de estudio. En sus 10 siglos de existencia pervive gracias a mantener el norte en sus reformas: defender la libertad de pensamiento, la crítica, y ser atalaya contra la inquisición y el dogmatismo. Además, tiene fama de incentivar itinerarios nada rentables, como la historia del arte, griego, latín o las humanidades.
Una sociedad democrática se proyecta en sus aulas universitarias. Autonomía, libertad de cátedra, representatividad estudiantil, respeto, valores republicanos, responsabilidad y compromiso ciudadano. En las ciudades universitarias está grabada la memoria colectiva de los pueblos. Murales, esculturas, pinturas, arquitectura, bibliotecas, centros de investigación. Las luchas universitarias sintetizan momentos democráticos, y represión. Cómo no recordar aquel ¡adelante, adelante, obreros y estudiantes!, sello de la revolución universitaria de Córdoba, Argentina, en 1918. En España, los recitales y las manifestaciones reivindicando el fin de la dictadura franquista. Las movilizaciones estudiantiles en México y la matanza de Tlatelolco en 1968. Los ejemplos son muchos. Resulta significativo que en cada golpe de Estado, la universidad es una las instituciones más castigadas. Se cierran facultades, expulsan docentes y estudiantes. Se criban bibliotecas y sus aulas se convierten en espacio yermo donde predomina la mediocridad, el miedo y el autoritarismo.
Hoy, en la transición digital, el camino de las reformas universitarias tiene las mismas consecuencias que un golpe de Estado. Entre sus tareas no estará promover el librepensamiento, la creación artística o fomentar la capacidad de juicio crítico. El estudiante será considerado un cliente. Desaparecerán itinerarios poco rentables. El éxito se medirá por los ingresos y las matrículas en grados, masters, doctorados y su capacidad para digitalizar la enseñanza. Será una universidad castrada. Dejará de enseñar valores éticos para apoyar la competitividad, el individualismo y un exacerbado egoísmo.
En esta nueva realidad, la universidad, forjada en el humanismo y el pensamiento crítico, constituye un estorbo. Los lemas que identifican las universidades quedan obsoletos. Por mi raza hablará el espíritu, de la UNAM; La virtud argentina es la fuerza y el estudio, de la Universidad de Buenos Aires; Busca la verdad en las aulas de la academia, de la Universidad de Bogotá; Hacia la libertad por la cultura, de la Universidad de El Salvador; La libertad ilumina todas las cosas, de la Complutense de Madrid; Id y enseñad a todos, de la Universidad de San Carlos de Guatemala; La casa que vence a la sombra, de la Universidad Central de Caracas, o En busca de la luz, de la Universidad de Costa Rica. Tal vez surja otro acorde con la digitalización y la economía de mercado: “Por el big data hablará mi algoritmo” o la inteligencia artificial nos hará libres.
Sustituir hábitos, modificar técnicas pedagógicas y modernizar la docencia es el objetivo. Las aulas se reconvierten para albergar la tecnología digital. Acoplados a la mesa del profesor, los ordenadores, cámaras para retransmitir las clases y los usuarios y clientes conectados en tiempo real desde cualquier lugar. Las clases magistrales son un estorbo. La docencia debe digitalizarse. No más pizarras, tiza ni borradores. Las clases, por videoconferencia. Aquella complicidad, chistes, risas, gestos de admiración o aburrimiento desaparecen. ¡Y todo comenzó con el Power Point!
Grabados, observados y objeto de manipulación a distancia, la docencia pierde su valor formativo. Educar en valores, guiar motivaciones, compartir y socializar conocimientos, conductas sólo posibles en el aula de clases, se desvanecen. Lo siguiente, profesores robots. Ya será posible dar clases desde el wáter. El único requisito: tener un dispositivo para engancharse a la red. Al otro lado, los usuarios viven la experiencia virtual. Es posible que el cliente-alumno nunca tenga un encuentro cara a cara con su profesor. Así, las ciudades universitarias irán desapareciendo y con ello el sentido humanista de la docencia y vida universitaria. La deshumanización seguirá su curso.

7/30/2020

Estado democrático de derecho: nuevo examen

Mario Patrón

En recientes semanas, la agenda de discusión pública ha estado protagonizada por temas judiciales. Entre ellos, sobresalen la extradición de Emilio Lozoya, la detención en Estados Unidos del ex gobernador César Duarte y el seguimiento al proceso de extradición de Tomás Zerón de Lucio, ex director de la Agencia de Investigación Criminal, prófugo de la justicia, a quien se le ubica en Canadá, y uno de los principales autores de la llamada verdad histórica sobre el caso Ayotzinapa, cuyo derrumbe se ha confirmado en semanas recientes.
Estos casos están precedidos por hechos que ahora es pertinente traer a cuento, como el encarcelamiento de la ex secretaria de Estado, Rosario Robles; la renuncia del ex ministro de la SCJN, Eduardo Medina Mora; la orden de captura contra el general Eduardo León Trauwitz, quien fuera jefe de escoltas de Enrique Peña Nieto (EPN) cuando éste era gobernador del estado de México, y nombrado subdirector de Salvaguarda Estratégica de Pemex cuando EPN ocupó la Presidencia de México, cargo –por cierto– que incluía la responsabilidad de vigilar la red de ductos y combatir la ordeña de combustibles.
Bien es sabido que una de las banderas políticas más emblemáticas de Andrés Manuel López Obrador, tanto en campaña como en el ejercicio de gobierno, ha sido la lucha contra la corrupción. Si bien el Presidente ha incurrido en excesos en esta narrativa, pues de pronto pareciera que toda acción de gobierno se justifica bajo el paraguas anticorrupción, hay que reconocer que los anteriores y otros casos del orden penal vinculados con personajes importantes del gobierno de EPN, podrían convertirse en un verdadero punto de inflexión en la agenda del estado democrático de derecho de nuestro país.
Si acudimos a experiencias comparadas, particularmente en Latinoamérica, Perú podría ser el caso más significativo en dicho ámbito. Las investigaciones de corrupción ligadas a la constructora brasileña Odebrecht han provocado encarcelamientos, acusaciones y abdicaciones de personajes que ocuparon puestos importantes en los gabinetes de los últimos cuatro presidentes que gobernaron Perú (Toledo, 2001-2006, García 2006-2011, Humala 2011-2016 y Kuczynski 2016-2018).
Todo estado democrático de derecho sustenta su correcto funcionamiento y legitimidad en la consolidación de sistemas judiciales que garanticen el acceso a la justicia. La corrupción entendida como la captura de las instituciones del Estado para intereses privados, en México ha pervivido gracias a la impunidad, no sólo porque las propias cifras oficiales reconocen que 99 por ciento de los delitos denunciados no se investigan, sino porque uno de los grandes incentivos para violar la ley, radica en que no hay consecuencias.
Las narrativas oficiales en la materia son eficaces, siempre y cuando vayan acompañadas de la formalización de procesos de justicia y de verdad. Los múltiples llamados del presidente López Obrador para estar atentos del caso Lozoya, dan cuenta de un claro propósito de mediatización de dicha causa. En otros sexenios ya hemos conocido la práctica de detener a denominados peces gordos en el arranque de las nuevas administraciones como emblema de un ajuste de cuentas con el pasado; sirvan para ejemplificar, el llamado quinazo; la detención del hermano incómodo, Raúl Salinas de Gortari, y el encarcelamiento de la profesora Elba Esther Gordillo. Al pasar el tiempo, de esos y otros casos similares nada realmente trascendente surgió, ni en términos de justicia, ni de fortalecimiento de la agenda democrática de derecho. Hoy nos encontramos ante la oportunidad de presentar de nueva cuenta ese examen que reiteradamente hemos aplazado.
Para consumar una auténtica transformación, México requiere contar con una política nacional anticorrupción; ello pasa, en efecto, por combatir los delitos que son consecuencia de la corrupción, pero también es necesario profundizar sobre sus causas, para diseñar e implantar medidas, políticas públicas y programas de gobierno que eviten que se perpetúen, con otros partidos y otros funcionarios públicos.
Esto no sucederá sólo con el llamado permanente del Presidente a la honestidad; es imprescindible una política que reduzca el incentivo de que violar la ley es rentable. La corrupción, como fenómeno, prospera y se reproduce cuando los entornos son oscuros, cuando la discrecionalidad es rampante y sólo unos cuantos tienen el monopolio de las decisiones públicas. Por ello hemos de repetir una vez más que la amplia participación social en la vida pública y la mayor transparencia y rendición de cuentas, pueden ser grandes antídotos contra la corrupción.
En esta clave, los procesos de justicia pueden ser eficaces catalizadores de transformaciones profundas en la medida en que se conozca la verdad, lo cual supone develar los pactos, estructuras y prácticas de poder que permiten la captura del Estado para fines privados. Sólo así podremos decir que estamos ante la posibilidad de construir una política nacional que combata la corrupción desde sus causas, pero que también cancele su vía de salida, la impunidad.
En el escenario actual, dicha lógica nos obliga a subrayar que no debemos perder de vista y pasar de largo sin más sobre el hecho de que, tanto los detenidos como los prófugos de la justicia –Lozoya, Zerón, Duarte, Robles, Trauwitz–, ocuparon cargos públicos de primer nivel, que implicaban no sólo una relación institucional directa y estrecha con EPN, sino también una cercanía personal del ex presidente con cada uno de ellos; relación que no debiera quedar fuera del foco de la acción de la justicia.

7/29/2020

Covid-19: el impacto en la educación

Editorial 

Durante la presentación virtual del informe ¿Qué se espera que aprendan las y los estudiantes de América Latina y el Caribe?, funcionarios de la Oficina Regional de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) señalaron que la enseñanza no presencial, aplicada como respuesta de emergencia ante la pandemia de Covid-19, perjudicará los niveles de aprendizaje en la educación básica de América Latina. El retroceso esperado resulta más preocupante, al considerar que los estudiantes ya mostraban serias deficiencias en matemáticas y comprensión de lectura antes de que el coronavirus obligara a cerrar los centros escolares.
Más allá de las insuficiencias en el proceso de aprendizaje que en forma inevitable conlleva la educación a distancia, máxime cuando se trata de inculcar las nociones básicas a partir de las cuales los niños construirán todos sus conocimientos y habilidades posteriores, es evidente que la pandemia ha tenido un impacto severo y multidimensional en la esfera educativa. Entre las vías no curriculares o pedagógicas que inciden en la recepción de la enseñanza cabe señalar el contagio de los propios estudiantes o de las personas de su entorno inmediato, la pérdida de empleo de los padres o los tutores a cargo de los menores, la degradación del ambiente doméstico hasta volverse una fuente de estrés intolerable, o las afectaciones a la salud mental de los profesores a causa del confinamiento. Sin duda, la pandemia afecta al universo educativo de muchas otras maneras que será necesario establecer y remediar.
También está claro que todos los impactos mencionados tienen una incidencia distinta de acuerdo con la región o el nivel socioeconómico: no puede compararse la experiencia de encarar la educación a distancia en un entorno urbano, dotado de infraestructura de punta y con acceso tanto a una computadora personal como a un espacio de estudio propio, que hacerlo en una comunidad marginada, con conexiones lentas, intermitentes o simplemente ausentes, y donde no existen ni el equipo informático ni los espacios destinados al estudio. Ello obliga a redoblar esfuerzos en el combate a las expresiones de marginación, pues hoy el analfabetismo y la exclusión digitales tienen un costo mayor que nunca para las personas que los padecen. El reto inmediato es garantizar instrumentos modernos de comunicación a los 150 millones de niños que cursan la educación básica en América Latina, así como a los jóvenes de educación media y superior.
Además, debe considerarse que incluso en las condiciones idóneas la educación a distancia no deja de ser un paliativo, incapaz por sí misma de resolver toda la problemática detonada por la pandemia. Es urgente repensar el modelo educativo a la luz ineludible de este contexto, haciendo énfasis en la educación para la salud. También deben diseñarse políticas públicas que propicien la integración de los hogares con las escuelas. Con casi 200 mil muertes por Covid-19 y escasas perspectivas de poner fin a la pandemia en el corto plazo, la orfandad de muchos estudiantes será un desafío adicional para las sociedades de la región.
Los reseñados son problemas concretos y demandan una reflexión amplia y extendida acerca de la coyuntura inmediata, pero también sobre el futuro del ámbito educativo en México y en América Latina.

7/19/2020

Tensar al máximo: examen de selección




La teoría del conflicto desaconseja lo que ahora está decidiendo el rector de la UAM: después de casi cuatro meses de confinamiento, bajo amenaza de peligrosa enfermedad, con desencuentros domésticos, clases a distancia que nunca lo fueron realmente, someter a 50 mil jóvenes a un examen virtual donde sólo poco más de uno de cada 10 será admitido, donde tendrán un minuto y medio para contestar cada pregunta (120), tres tensas horas, máquinas que se traban, conexión inestable, software desconocido, cámara vigilando, espacios pequeños o ruidosos cibercafés, padres ansiosos, perros ladrando, hermanos menores. Y con preguntas-acertijo: Epígrafe es a libro como: A) carburador es a motor; B) sonido es a radio; C) belleza es a estética; D) portafolio es a oficina; E) gato es a felino.( Guía de estudio examen de selección. División Ingeniería UAM, p. 17, ver respuesta al final). Por esta razón, hace años un grupo de académicos pudo acercarse al rector general y le informó lo que ya se sabía: que ese examen no sirve para identificar a los jóvenes que mejor pueden leer y escribir, capaces de hacer preguntas, plantear problemas, organizarse en grupo, investigar. Una prueba que prioritariamente admite a hombres, con buenos promedios, de escuelas privadas, padres profesionistas y buenos ingresos. En lugar de sólo negarse, el rector ofreció que el resultado del examen se combinaría con el promedio.
Hace poco, apenas tres días después del anuncio de que el examen sería en línea, más de 150 académicos, estudiantes y administrativos por escrito le pidieron al rector que, en lugar de aplicar el examen de selección en línea, considerara otras opciones, incluso no hacer la prueba. No estaban despistados, porque días después la Universidad Michoacana y la de Guadalajara anunciaron que no aplicarían examen de selección para ciertas carreras, la Autónoma de Sonora decidió usar el promedio, y ya antes Harvard y otras anunciaron que para aliviar tensiones no exigirían la prueba. La UNAM, desde la década de los 60 (Barros Sierra), no aplica examen a sus egresados del bachillerato, tampoco algunas universidades interculturales, ni la Universidad Nacional a Distancia, las decenas del Bienestar Benito Juárez, las prepas y la Autónoma de la Ciudad. Pero, además, la UNAM ha decidido posponer el examen y lo mismo las instituciones de media superior de la Comipems (IPN, UNAM, Colbach, UAEM). La pandemia ha sensibilizado a las autoridades y las ha impulsado a pensar e ir más allá de una solución –la virtual– que, como decía Larry Kuehn, es un sueño para los tecnócratas y una pesadilla para los estudiantes. A lo mejor no es mucho ni duradero, pero se han movido, y con eso envían el mensaje a la ciudad y a sus jóvenes, de que entienden, hacen algo y en la teoría del conflicto eso no lo es todo, pero es mucho. En la UAM, sin embargo, los más de un centenar de estudiantes, administrativos y académicos ya han recibido la respuesta del rector, quien ha decidido no moverse un ápice. No suprimir ni cambiar criterios de admisión, ni fecha, ni requisitos. Cero.
Arguye que nada puede hacerse, la convocatoria ya se publicó, los aspirantes se registraron y, por reglamento, habrá examen. Sin embargo, el rector ya ha demostrado que, si quiere, puede cambiar las cosas. Así, la convocatoria (primero de marzo), como ha sido en los pasados 45 años, no menciona que el examen será en línea, pero cambia más tarde (6 de julio). Se alegará la emergencia, pero igual la mencionan quienes solicitan que no se aplique. Por otra parte, lo del examen tampoco es problema, pues ya otro rector decidió que ser aceptado mediante examen de selección ( Reglamento Estudios Superiores, Art. 5, II), a pesar de como suena, no es decisivo per se, el examen puede usarse como complemento. De hecho, en dos ocasiones –como se reveló en Colegio Académico– el rector cambió el uso del resultado del examen, y ahora es que, para ser aceptado, 70 por ciento es la prueba y 30 por ciento el promedio de bachillerato del aspirante. Y en 12 años, ninguna autoridad o abogado ha cuestionado este cambio, es válida. Pero igual puede serlo otra interpretación o uso al que pueda llegarse con la finalidad de no crear a los aspirantes obstáculos adicionales a su derecho a la educación. Hay que recordar que, con la modificación constitucional 2019 hemos entrado en una nueva época, de pleno derecho a la educación, y que éste debe ser fomentado y ampliado y, obviamente, no puede ser obstaculizado con requisitos menores y ahora obsoletos que desde tiempo atrás ni siquiera han sido vistos por las autoridades como inmodificables por importantes. La teoría del conflicto indica que hablar es parte de la solución, pero el rector aún no responde a la solicitud de reunión. Ése es el mejor camino para tratar situaciones, no por conflictivas, sino porque son injustas para quienes están en situación de vulnerabilidad.
PD: La respuesta oficial es la E.

* UAM-Xochimilco

7/04/2020

Educación debe ser laica y científica por lo que Pin parental es inconstitucional

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Ciudad de México. Todas las personas pueden educar a sus hijas e hijos en la religión que consideren adecuada a sus principios éticos y morales; sin embargo la Constitución federal establece que la educación que imparte el Estado debe ser laica e incluir el saber científico y tecnológico.  
Es por esta razón que las feministas y especialistas en Derecho, Leticia Bonifaz Alfonzo y Estefania Vela Barba, expusieron en un conversatorio virtual que las iniciativas para incluir el Pin Parental en las leyes locales de educación -y así permitir que madres y padres impidan que sus hijas e hijos accedan a la educación sexual- son claramente inconstitucionales.
En el encuentro virtual sobre laicidad que se realizó este miércoles, Leticia Bonifaz dijo que es preocupante que en los Congresos estatales se estén promoviendo estas reformas porque, explicó, la Constitución marca que los contenidos educativos son competencia del Estado y en particular de la federación.
En mayo la propuesta de reforma se discutió en el Congreso de Nuevo León, donde fue desechada; sin embargo, en el mismo mes fue aprobada en Aguascalientes. También se promovieron otras similares en las Legislaturas de Baja California, Chihuahua, Querétaro y Ciudad de México; y en el estado de Guanajuato, se propuso una parecida, pero para integrar la “perspectiva de familia” en la ley educativa estatal.  
Desde la perspectiva de la abogada, aunque los promotores del Pin Parental aseguran que se trata de dar libertad a madres y padres sobre la formación de sus descendientes, en realidad las reformas van en contra de los avances de los derechos de las mujeres, de las personas de la comunidad LGBTTTI y de cualquier idea de igualdad.
Bonifaz consideró que todas las personas pueden educar a sus hijas e hijos en su creencias, pero la educación del Estado es laica y debe ser cercana al saber científico, por ello confió en que si estas reformas no se logran detener en los Congresos, sean impugnadas por los organismos correspondientes ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
Sólo en Aguascalientes, la reforma fue aprobada en el Congreso; sin embargo, la Comisión de Derechos Humanos del estado ya presentó una controversia constitucional ante la Suprema Corte.
La experta citó el artículo 3 constitucional que indica que toda persona tiene derecho a la educación. El Estado y que el Ejecutivo Federal determinará los principios rectores y objetivos de la educación inicial, así como los planes y programas de estudio de la educación básica y normal en toda la República.
Además, desde la reforma educativa de mayo de 2019 la Constitución indica que la educación tendrá un enfoque de Derechos Humanos y de igualdad sustantiva y que los planes y programas de estudio tendrán perspectiva de género e incluirán enseñanza de las ciencias y humanidades, y la educación sexual y reproductiva, entre otras materias.
A su vez la abogada Estefanía Vela Barba agregó que hay tres iniciativas identificadas con el Pin Parental: en Querétaro, Nuevo León y Aguascalientes. Estas propuestas, expuso, tienen el espíritu de abrir la posibilidad de que madres y padres nieguen a niñas, niños y adolescentes educación en sexualidad y con perspectiva de género, argumentando que contravienen sus conceptos éticos, morales y religiosos.
La abogada aseguró que las propuestas, promovidas desde enero de este año y respaldadas por un movimiento global, conservador y organizado, tienen la finalidad de generar “agujeros” en los Derechos Humanos ganados. Como ejemplo, señaló que en Estados Unidos se consiguió el derecho al aborto pero los grupos conservadores “abrieron un agujero“ para que las mujeres no puedan acceder a él.  
En el caso de México, detalló, la educación integral en sexualidad es un derecho que hoy corre riesgo. Además, alertó que el riesgo no sólo es para las mujeres, el feminismo o la comunidad LGBTTTI, sino para todas las personas. Sin embargo, también confió en que, en caso de que estas reformas sean aprobadas, se impugnen ante la Suprema Corte.
Vela Barba expuso que en la Corte ya hay un antecedente cuando se impugnó la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, donde el alto tribunal se pronunció a favor de la constitucionalidad de la educación sexual por ser información vital para la salud de las personas y para evitar violencia sexual, enfermedades de transmisión sexual como VIH y embarazos adolescentes.
Por su parte, el investigador de El Colegio de México y experto en religiones y secularización, Roberto Blancarte Pimentel, puso énfasis en la educación pública como núcleo central porque significa qué tipo de formación y valores se tiene en la sociedad.
Blancarte Pimentel consideró que hay gente que cree, legítimamente, tener derecho a recibir un determinado tipo de formación y están peleando por su “derecho” a no educar a sus hijas e hijos en algo en específico, así como han defendido que el personal médico se niegue a realizar una interrupción del embarazo alegando objeción de conciencia.
Finalmente el experto alertó que un contexto donde los gobiernos utilizan argumentos religiosos para contradecir avances en materia de Derechos Humanos, los grupos conservadores que están cabildeando estas reformas en los Congresos aprovechan el momento para anunciar sus propuestas como si se trataran de iniciativas en materia de derechos de las personas.
20/AGM/LGL

6/14/2020

El normalismo rural en tiempos del Covid-19



En abril, aproximadamente a un mes de que las normales en Michoacán tuvieran que dar por terminadas sus clases presenciales debido a la crisis sanitaria generada por el Covid-19, el gobierno estatal anunció una reducción en la matrícula del año académico entrante. De las 2 mil fichas que se ofrecieron el año anterior, sólo se entregarían mil 200. Esta reducción de 40 porciento afectaría a seis normales públicas del estado, incluyendo la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga, en Tiripetío. Sus estudiantes, que desde varias semanas atrás habían tenido que abandonar el internado, regresaron de sus comunidades para defender el normalismo de su más reciente ataque. Arriesgando su salud e integridad física, junto a estudiantes de otras normales oficiales del estado, organizaron marchas, manifestaciones y bloqueos a las vías férreas.
La respuesta del gobierno estatal no se hizo esperar. Por sus acciones, ocho normalistas de Tiripetío se encuentran detenidos en el penal de Mil Cumbres, en Morelia. Además, 22 estudiantes de esta escuela fueron expulsados por su presencia en las instalaciones, dadas las órdenes de confinamiento obligatorio. Estos normalistas, como lo hacen en periodos de vacaciones, se habían quedado en calidad de guardia. A cinco maestros del grupo directivo se les hizo responsables de que siguieran allí y fueron cesados por desacato a las órdenes de confinamiento.
Gracias a las movilizaciones de la Organización de Normales Oficiales del Estado de Michoacán (ONOEM), las autoridades han retractado la orden de expulsión de los alumnos. A los maestros cesados se les ofrece levantar el cese laboral si salen por un año de la normal. Los estudiantes procesados judicialmente llevan más de un mes en la cárcel; la reducción de la matrícula sigue en pie.
Este reciente ataque al normalismo en general, y a las normales rurales en particular, debe entenderse dentro de un contexto histórico de corto, mediano y largo plazos. El gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, no ha ocultado su desdén por los estudiantes de Tiripetío. En 2015, mofándose de la demanda que entonces hicieran los normalistas por plazas automáticas, amenazó que era la última vez que permitía que bloquearan la autopista.
Dos años después, cuando estudiantes de la normal rural de Tiripetío fueron atacados por policías en Aguascalientes, al regresar de un acto de solidaridad con su hermana escuela de Cañada Honda, Aureoles burlonamente expresó que a ver si la garrotiza que les pusieron los amansaba un poco. Menos de 15 días después, los jóvenes de Tiripetío fueron atacados en sus propias instalaciones por demandar becas y recursos para su escuela. En esa ocasión la policía michoacana ingresó a balazos en la normal hiriendo a un estudiante y a un menor de la comunidad donde se encuentra la escuela.
En este contexto, no sorprende que la reducción de inscripciones en las normales del estado produzca una sensación de alarma entre los normalistas michoacanos. Tampoco sorprende que el anuncio de la reducción de matrícula en la actual situación de aislamiento se interprete como un intento de prevenir la oposición por parte de alumnos y maestros. Esta dinámica nos debe llevar a reflexionar sobre cómo pudiera ser utilizada la nueva normalidad a corto y a largo plazos para restructurar la educación pública.
Esta cuestión es especialmente seria en el caso de las normales rurales cuya condición como internado es una de sus más importantes características. Es también un elemento que representa evidentes retos para evitar contagios del Covid-19. Será de suma importancia velar porque quienes siempre han criminalizado a las normales rurales no utilicen la actual crisis para, de forma permanente, reducir o eliminar su modalidad de internado.
Históricamente los internados han incomodado al Estado y a los altos funcionarios de la SEP. Tras la poderosa huelga estudiantil del Instituto Politécnico Nacional en 1956, se clausuraron sus dormitorios. En 1959, después de las masivas protestas de los estudiantes de la Escuela Nacional de Maestros, también fue cerrado su internado. En esa ocasión, Jaime Torres Bodet, entonces secretario de Educación Pública, sentenció: no volveríamos a cometer el error de mantener un régimen de internado al servicio de jóvenes tan violentos. En 1960, cuando la SEP empezó a fundar los Centros Regionales de Enseñanza Normal lo hizo como alternativa a las normales rurales deliberadamente prescindiendo del internado.
En décadas más recientes, dentro del marco neoliberal, el internado representa un obstáculo adicional. No sólo continúa siendo un espacio que facilita la convivencia, concientización y acción colectiva de los alumnos, sino que viola la lógica de recortar, eliminar o privatizar servicios asistenciales, infraestructura pública, ya ni se diga derogar derechos de índole material. Si bien el presidente Andrés Manuel López Obrador ha declarado el abandono de este modelo económico, los hechos revelan otra realidad. En el caso de las normales rurales, su tan esperada promesa de reabrir la normal El Mexe se cumplió sólo a medias al ser refundada sin internado.
El actual conflicto en Michoacán, la cuna del normalismo rural –en 2022 se cumple un siglo de la fundación de la primera normal rural– nos dice mucho de los riegos que confrontará el normalismo en los años que vienen. Por eso estudiantes y docentes, conscientes de su realidad e historia, insisten en resistir. Y lo hacen como los pueblos agredidos en tantas partes del mundo, con los únicos métodos a su alcance.

* Profesora-Investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Autora del libro Después de Zapata: El movimiento jaramillista y los orígenes de la guerrilla en México , 1940-1962 (Akal/Inter Pares, 2015) 

5/24/2020

Listas, 80 de las 100 sedes definitivas para Universidades Benito Juárez: Raquel Sosa


Listas, 80 de las 100 sedes definitivas para Universidades Benito Juárez: Raquel Sosa
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▲ Raquel Sosa, coordinadora de las Universidades para el Bienestar, informó ayer las fechas de registro para el ciclo 2020-21.
Entre junio y julio se concluirá la construcción de las instalaciones definitivas de casi 80 de las 100 Universidades para el Bienestar Benito Juárez García (UBBJ).
A año y medio del arranque del proyecto, éste ya opera en un centenar de sedes –algunas con instalaciones provisionales– en 31 estados, donde se imparten 36 carreras registradas ante la Dirección General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública (SEP), explicó ayer la coordinadora del proyecto, Raquel Sosa.
Este es uno de los programas prioritarios del gobierno federal, que tiene como propósito dar oportunidades de estudios de nivel superior a quienes concluyeron el bachillerato, pero que por distintos motivos han quedado excluidos de ese derecho.
Consideramos a la educación, antes que ninguna otra cosa, como un derecho que deben poder ejercer quienes aspiran a hacer su vida más digna y mejor, expresó Sosa en conferencia de prensa en Palacio Nacional, en la que estuvo acompañada por el titular de la SEP, Esteban Moctezuma Barragán.
El eje de este sistema educativo es que se trata de escuelas gratuitas que valoran el deseo de estudiar de quienes no han podido hacerlo, aseguró la encargada del programa.
Además, mediante las prácticas académicas y profesionales para la resolución de los problemas en las propias comunidades donde están asentadas las sedes de las casas de estudios –que son poblados de menos de 45 mil personas en áreas rurales y semirrurales–, el modelo de la UBBJ busca que, al graduarse, trabajen en esa comunidad o en alguna semejante y nunca tengan el temor de que piensen que la única opción para ellos es vivir en la Ciudad de México o en alguna gran urbe.
La UBBJ atiende 15 mil 501 estudiantes, cuenta con 815 docentes para programas de licenciatura distribuidos en seis áreas de conocimiento que se orientan a atender el potencial de las regiones donde se ubican las sedes y que se dividen en: desarrollo sustentable, energía, estudios sociales, patrimonio histórico, social y biocultural; procesos agroalimentarios y salud.
En 2018, cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció el inicio del programa, se recibieron cientos de solicitudes de comunidades interesadas en tener una sede en su localidad, explicó Sosa. Los responsables del proyecto consultaron a esas comunidades y, a partir de las necesidades y problemas que se plantearon, diseñaron las carreras que ahora se imparten.
La convocatoria para nuevo ciclo 2020-21 está abierta en la plataforma https://ubbj.gob.mx/ del 10 al 30 de junio. A los interesados se les incorporará a las licenciaturas a partir de una valoración diagnóstica que reconozca sus necesidades, dificultades e intereses; y participarán en cursos de recuperación de conocimientos del bachillerato al inicio de su formación profesional.
Todos los estudiantes inscritos recibirán una beca de 2 mil 400 pesos mensuales durante 10 meses al año, mientras duren sus estudios, siempre que cumplan las actividades académicas requeridas conforme a los reglamentos.
Los requisitos de ingreso para este sistema educativo en el que no hay exámenes de admisión son: certificado de estudios de bachillerato, carta de motivos, CURP, acta de nacimiento y comprobante de domicilio. Todos los documentos deberán estar en formato PDF para subirlos a la plataforma electrónica.


Foto Notimex

Periódico La Jornada

5/17/2020

¿Quién reconstruirá el sistema educativo?



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▲ En el contexto del Día del Maestro, algunos docentes salieron de sus carros a manifestarse y exigir el pago de su bono completo; con cubrebocas, mascarillas y su sana distancia gritaron consignas frente a Palacio de Gobierno mexiquense.Foto Cuartoscuro
El pasado 7 de mayo Esteban Moctezuma se unió a la Junta Nacional Virtual con la Comisión de Educación de la Coparmex en un ejercicio de rendición de cuentas sobre la respuesta de la Secretaría de Educación Pública (SEP) ante la pandemia de Covid-19. La Comisión –cuyos orígenes se remontan hacia los años 70, en plena disputa entre la confederación empresarial y el gobierno de Luis Echeverría por el contenido socializante de los libros de texto– está actualmente encabezada por Luis Durán, presidente y director general de Laureate International Universities México y consejero de Aspen Institute México, la organización que con financiamiento de fundaciones empresariales realizó el Laboratorio de Educación, a través del cual el gobierno federal buscó legitimar la continuidad de una reforma educativa gerencial.
Este acercamiento no es algo fortuito ni coyuntural. Una herencia aún vigente del Salinismo es la atenta recepción que las autoridades federales han mostrado respecto a las percepciones y propuestas del sector privado en materia educativa. Actor que, por cierto, se ha integrado cada vez más –ya sea por la vía de sus cámaras o sus ramificaciones en la sociedad civil– a los procesos de deliberación sobre políticas, impulsando propuestas, programas específicos o formas de gestión del trabajo docente.
En la reunión, el secretario afirmó que el sistema educativo no se había paralizado, que los estudiantes seguían aprendiendo y que el impulso a la digitalización sería determinante para el futuro educativo nacional.
Lo dicho resulta al menos desafortunado si recordamos que al momento de tales declaraciones las cifras oficiales marcaban ya 2 mil 961 muertes por el nuevo coronavirus, una de cada tres familias mexicanas reportaba una disminución de 50 por ciento en sus ingresos mensuales, el desempleo se veía en aumento y la violencia familiar y de género se disparaba a lo largo del país.
Lo anterior aunado a una circunstancia de distanciamiento necesario para poder superar la contingencia.
De lo mencionado por Moctezuma Barragán se pueden desprender dos comentarios y una duda importante.
Parece ser que aún sigue vigente en la SEP una visión estrecha de la naturaleza y relevancia del sistema educativo en nuestra sociedad.
¿Cómo afirmar que el sistema educativo sigue trabajando cuando el dolor y la incertidumbre se han ubicado en el centro de la vida cotidiana de los estudiantes? O más preocupante aún, ¿cómo pensar que la única condición para que un sistema educativo avance es que los estudiantes aprendan contenidos particulares? Quien en algún momento ha pisado una escuela sabe perfectamente que el aprendizaje no es un elemento aislado, sino forma parte de un abanico de situaciones, prácticas y vivencias que le dan sentido a la educación. En todo caso, el aprendizaje es socialmente relevante cuando se comparte, cuando se desarrolla en común y cuando permite construir preguntas y resolver problemas de nuestra vida cotidiana. En ello, el bienestar emocional y el contacto humano resultan fundamentales.
Desde luego, hay otras perspectivas sobre el problema. Por ejemplo, aquellas que encuentran en el aprendizaje una condición sine qua non del capital humano; es decir, que conciben a la escuela y sus efectos individuales como elementos centrales para la generación de ganancia y producción de valor de cambio. Bajo esta concepción, quien aprende se guía bajo una lógica maximizadora, calculada y ajena al contexto social en el que se encuentra. Sin embargo, parte de una lectura muy cuestionable sobre la naturaleza humana, además de responder específicamente a los requerimientos del mercado de trabajo y no al imperativo complejo del bienestar en nuestras sociedades.
Si bien la narrativa oficial anuncia que el programa Aprende en Casa es seguido por ocho de cada 10 docentes y nueve de cada 10 alumnos, las evidencias de quienes trabajan día con día en las escuelas y conocen sus comunidades de trabajo no respaldan tal afirmación. A las muy conocidas desigualdades en el acceso a la tecnología se suma el hecho de que el hogar no es necesariamente el mejor ambiente para fomentar el aprendizaje. Además, los tiempos determinados para el desarrollo de contenidos no siempre son suficientes. Por otro lado, a pesar del respaldo neocorporativo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación al programa del gobierno federal, no ha sido sencillo para el profesorado mantenerse en contacto con los estudiantes, mucho menos si trabajan en comunidades rurales en donde no siempre viven.
Pese al home office docente y a lo que algunas autoridades educativas parecieran considerar un home schooling transitorio, el sistema educativo ha sido golpeado profundamente por la pandemia y es importante aceptarlo porque después de la contingencia será importante atender cada una de sus grietas.
Por otro lado, la digitalización de los procesos educativos ha resultado ser un componente fundamental en la respuesta de los gobiernos al cierre de escuelas, pero está lejos de ser una panacea a los problemas de accesibilidad, logro educativo y desarrollo profesional del magisterio. Como ha apuntado, entre otros, el pedagogo Philippe Meirieu, el uso acrítico de las herramientas digitales podría generar problemáticas a nivel de los procesos evaluativos y el trabajo docente. Pero también, hay que decirlo, podría abrir nichos de mercado que cuestionarían la condición de gratuidad del sistema educativo nacional.
Con lo anterior, podemos decir que el secretario parece vivir en un escenario donde la negación de los problemas se ha convertido en su solución, pero debemos tomar en cuenta que después de este momento crítico en la historia educativa nacional, las cosas no serán como antes, o no exactamente como antes. Si bien es un imperativo concluir el ciclo escolar en todo el país para preservar la salud y la vida de las poblaciones, es también momento para hacer preguntas respecto a hacia dónde caminar, qué aspectos del sistema educativo atender y cómo comenzar. Una que considero fundamental es: ¿Quién reconstruirá el sistema educativo tras la pandemia?
Aprovechando la cercanía con el gobierno y alejados sustancialmente del trabajo cotidiano en las escuelas, grupos privados de interés han alzado la mano, con propuestas que van desde el desarrollo de un currículum educativo nacional ante emergencias por organizaciones civiles pro empresariales, hasta la profundización de la digitalización educativa.
Ya veremos si el ingreso a la nueva normalidad significa también un rostro más explícito del gobierno empresarial de la educación.
* Politólogo
Twitter: @MaurroJarquin

4/26/2020

SEP y UAM: agenda de una remota educación



Hasta los hombres cercanos a Porfirio Díaz entendían el papel que debía jugar una universidad y, por extensión, la educación para un país en emergencia. Al crearse la primera en septiembre de 1910, Justo Sierra la dedicaba al presidente: la Universidad Nacional es vuestra obra, pero también decía que no, no será la Universidad una persona destinada a no separar los ojos del telescopio o del microscopio, aunque en torno a ella una nación se desorganice, no la sorprenderá la toma de Constantinopla, discutiendo sobre la naturaleza de la luz del Tabor ( dgb.gob.mx/libros/ dgb/ 771870_1.pdf pág. 44). En otras palabras, la universidad debía reaccionar con vigor –como centro del conocimiento–, cuando la nación lo requiriera. A Sierra, por conservador, sus propias clarividentes palabras no le sirvieron: no pudo ver el despojo y el encono que unas semanas más tarde, en noviembre, se convertiría en una rebelión armada y nacional que haría renunciar al presidente y cambiaría al país. Hoy, un siglo más tarde, la nación está paralizada, pero la temerosa conducción del sistema educativo y de la universidad pública sólo atinan a tratar de conservar el orden y el control y para que nada cambie; imponen continuar con el programa de estudios, cumplir con el calendario y, con la magia de la tecnología privada y comercial, seguir como si nada pasara.
Sin embargo, sí hay un cambio, pero es de raíz profundamente conservadora: no se abren las puertas y ventanas del país y las instituciones para fortalecer la unidad y participación de todos en torno al quehacer del conocimiento, no se establece una nueva agenda temporal y emergente de qué es lo que hay que investigar y qué conocimientoes el que hay que construir con todos para llenar y fortalecer las vidas de niños, niñas, jóvenes, familias, organizaciones, comunidades, barrios y colonias. En China construyeron un hospital en un par de semanas, en México el Conacyt ya fabrica ventiladores, pero en educación se acentúa el conservadurismo y ni siquiera se nos pregunta a las y los maestros si estamos de acuerdo con la ruta de la SEP-Anuies, si tenemos propuestas alternativas (como las que brillantemente proponía ayer aquí mismo la maestra Garduño) , como las que, por las rendijas, surgen de los maestros, con los temas más importantes y los caminos para alcanzar a todos nuestros estudiantes, aun a los más pobres y desprovistos de tecnología. Nada. Y lo mismo dentro de las instituciones. En la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), por ejemplo, en estricta coincidencia con la instrucción desde la SEP y la Anuies, se cita con urgencia a sesión del Colegio Académico –órgano de conducción de la UAM– para aprobar el comienzo de la educación remota y el cambio de calendario. Sin embargo, los estudiantes resisten la prisa burocrática (aunque, dicen, ya nos pusimos de acuerdo los rectores) y demandan tiempo. A pesar de ser los más en la institución (55 mil), los estudiantes son los menos en la conducción de ese órgano (15) y las autoridades (22) tienen el control. Porque, además, los doctores (académicos) (15) la respaldan. De nada valen los argumentos estudiantiles, ni el hecho de que son ellos y ellas quienes más tienen que perder. Y, además de la insensibilidad, son víctimas de burla, de la prisa y de los votos de autoridades y académicos. Pero ya no debería ser así. Si en 1910 el Justo conservador creó la vuestra universidad con un Consejo ( Ibidem, págs. 65-66) que tenía una proporción similar de estudiantes a la que hoy existe en la UAM, en más de un siglo deberíamos haber avanzado mucho más en democracia y respeto para ellos.
Así, aprovechando estructuras conservadoras y obsoletas en la educación e instituciones, la emergencia de salud está sirviendo para acendrar el autoritarismo, aumentar las responsabilidades y cargas sin sentido a maestros y agraviar a los estudiantes. Éstos, o serán excluidos por los requisitos informáticos o quedarán sujetos al ritmo y naturaleza del trabajo que impone una tecnología privada, comercial, excluyente e inadecuada, incluso para una simple discusión, como ocurrió en Colegio: https://www.facebook.com/1279924 685429258/posts/ 2912784315476612/ . Se fortalecen, además, los rasgos de insensibilidad de la autoridad central: no sólo el desdén por la demanda estudiantil, también la negativa a mantenerles el salario a todos los académicos temporales. Y con eso hacen crujir la estructura; a tal punto que, inédito, autoridades menores sólo en jerarquía hoy organizan colecta para apoyar a los académicos sin sueldo. En suma, la educación remota es precisamente eso, lejana y vertical, propiciatoria de un confortable poder central y del olvido de lo que ven estudiantes nuestros. Habla la ex alumna, doctora Ávila, investigadora: https://m.facebook.com/ story.php? story_fbid=23595820764501 2&id=100036925031554 . Sí, mucho más cómodo seguir mirando al Monte Tabor.
*UAM-Xochimilco

3/08/2020

Millones de niñas nunca irán a la escuela: Unesco


9 de Marzo

En México, como en el resto de América Latina, el organismo multinacional
reporta incremento en el número de niñas que logran matricularse en la educación y concluir sus estudios. Sin embargo, también advierte que la escuela es reproductora de roles y prejuicios culturales de género que van formando la percepción de éxito en determinados campos del saber, donde las niñas y adolescentes se mantienen en desventaja frente a los varones, como en ciencias y matemáticas.
Sociedad y familia, espacios determinantes
Pero no sólo es la escuela. La sociedad y la familia tienen un papel preponderante en el logro académico desde prescolar hasta educación superior, alerta.
De acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en el ciclo escolar 2018-2019, de los 36.6 millones de alumnos del Sistema Educativo Nacional, 18 millones 373 mil 677 son mujeres, es decir, poco más de 50 por ciento.
No obstante, por subsistema educativo se detectan diferencias. En educación básica, de los 25 millones 493 mil 702 alumnos matriculados, 12 millones 566 mil 924 son niñas en prescolar, primaria o secundaria, cifra menor en 359 mil 854, en comparación con la matrícula varonil.
En educación inicial (menores de 3 años) las niñas incritas son 129 mil 914 espacios, frente a 137 mil 89 de varones. En prescolar hay 2 millones 370 mil 790 alumnas, y 2 millones 409 mil 997 niños matriculados.
En primaria la diferencia aún es mayor, pues de los 13 millones 972 mil estudiantes que acuden a las aulas, 6 millones 865 mil son niñas y 7 millones 107 mil son niños. En secundaria, se reportaron 3 millones 200 alumnas, y 3 millones 272 mil estudiantes varones.
Por lo que respecta al bachillerato, las mujeres representan 50.7 por ciento de la matrícula (2 millones 660 mil), mientras que en Educación Superior son 50.2 por ciento (un millón 980 mil), y en estudios de posgrado representan 52 por ciento (125 mil 441) del alumnado. En el caso de la capacitación para el trabajo, las mujeres representan 59.4 por ciento del total de quienes buscan una formación que les garantice un empleo.
Falta de representación
Las diferencias en el acceso entre niñas y niños aún persisten. Al respecto, la Unesco destaca en su informe Descifrar el código: La educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, que actualmente sólo 28 por ciento de los investigadores en el mundo son mujeres, lo que es una muestra de la falta de representación que aún existe para garantizar que el camino al conocimiento sea igualitario.


Periódico La Jornada
Domingo 8 de marzo de 2020, p. 4





2/20/2020

Educar en lenguas indígenas



Se discutió en diciembre pasado en la Cámara de Diputados la iniciativa para consagrar como derecho la educación en lengua materna. Más de 50 años de escuchar los primeros balbuceos infantiles hasta el encuentro con los pensamientos formales críticos de cientos de adolescentes me permiten manifestarme por dicho derecho.
Por medio de la lengua materna nombramos por vez primera al mundo, reconocemos su diversidad e interpretamos la realidad para construir nuestra cosmovisión; conocemos las primeras palabras amorosas, las canciones de cuna, expresamos nuestras vivencias, angustias, temores, sueños, fantasías, alegrías y nos advertimos sujetos ya que la lengua materna nos da un nombre que nos hace únicos e irrepetibles. Al ser nombrados, nos diferenciamos paulatinamente de nuestra madre, al mismo tiempo que nos apropiamos de la herencia, tradiciones e historia familiar para configurar una identidad personal, familiar, local, regional y nacional.
Cuando a un niño o a una niña que se ha desarrollado en una comunidad con una lengua, una cultura, valores y representaciones familiares y sociales definidas y compartidas, se le exige la escolarización en otra lengua, se le niega la propia identidad; se le envía el mensaje de que las representaciones familiares y sociales que ha construido hasta el momento en su lengua originaria no son válidas. Se le coloca en una circunstancia enajenante que lo obliga de manera violenta a negar su herencia cultural. Su nombre ya no se vincula a la voz de la madre; los nombres de los animales y las plantas que le rodean no tienen ninguna relación con el padre y los hermanos; las maneras de saludar, pedir las cosas y despedirse no tienen ninguna similitud con lo que le era familiar en casa y con los abuelos. Es sometido a la violencia del no reconocimiento y a la negación de todo su bagaje cultural. No nos sorprendamos pues de los resultados que obtenga en la escuela, pues están asociados a un proceso de negación y de desvaloración.
Es un derecho humano conservar en la escuela la lengua materna para desde ahí reconocer al mundo y después poder conocer y entender otras lenguas. El trabajo educativo les permitirá a los sujetos, paulatinamente, ponerse en el lugar de otros y así enriquecer sus puntos de vista a partir de la comprensión de las perspectivas ajenas, apropiarse de diversos productos culturales, construir valores de identidad nacional y apoyar su formación integral.
Según datos oficiales, existen 69 lenguas en México; 68 indígenas y el español. Existen aproximadamente 7 millones 382 mil 785 personas en México de más de tres años que hablan alguna lengua indígena. Al negarles la educación en su lengua, no sólo los estamos sometiendo a una fuerte discriminación y violencia, sino que vamos paulatinamente borrando la herencia de su cultura en el ADN nacional.
El reconocimiento del derecho de hablar y aprender en la propia lengua materna es lo que nos hace un país multicultural. No sólo debemos enorgullecernos de la maestría de la arquitectura mesoamericana o de la precisión de los calendarios solares; los herederos de esas culturas, que son los pueblos originarios, tienen el mismo derecho de admiración y reconocimiento. Es por medio de la lengua propia como se dibuja todo su universo cultural y se requiere consolidar el valor de los hablantes mediante un proceso de legitimación. El mencionado reconocimiento implica la comprensión, el aprecio, el conocimiento de la pluralidad étnica, cultural y lingüística del país en una relación de equidad y respeto mutuo. Al negarles ese derecho, negamos su identidad y borramos su presencia en un universo nacional en el que decimos reconocer la pluriculturalidad lingüística y étnica de los diversos pueblos que constituyen la nación.
Es fundamental que en las comunidades hablantes de lenguas originarias, los más jóvenes se sientan orgullosos de hablarlas. Al negarles la educación en su lengua materna, los expulsamos de su universo cultural para que busquen integrarse a una comunidad hispano-hablante con la cual no comparten los valores culturales.
El derecho a la lengua materna implica además que las palabras se integren al idioma mayoritario. Cuando a una niña le ponen el nombre de Xochiquetzalli, o de Zyanya, o a un varón, el de Cuauhtémoc o Cuauhtli, ellos conservan esos términos y permiten el reconocimiento de su historia. Cuando usamos los términos comal, tlacoyo o petate los estamos integrando al español y consolidando la vida de esas palabras del náhuatl.
El derecho al aprendizaje en la lengua materna implica también el reconocimiento y la integración de esa lengua en el español. Es pues también el momento de integrar el conocimiento de las lenguas indígenas en el currículo nacional. Hablando desde una perspectiva de soberanía cultural, es más importante reconocer el panorama lingüístico del país e integrar en el currículo el aprendizaje de las lenguas y culturas originarias, antes de aprender una lengua extranjera. Para todo ello se requiere un contexto jurídico, una voluntad política y un presupuesto.
* Directora del Instituto de Investigaciones pedagógicas A.C. y de la Escuela Activa Paidós

2/13/2020

Universidad Autónoma de la Ciudad de México



Como señalamos en la entrega anterior, el pasado mes de enero, un negocio privado de nombre Centro de Estudios Educativos y Sociales (CEES) publicó un documento de 35 páginas con el pretensioso título Análisis de Desempeño de Universidades Públicas Estatales en México (sic). La lectura de este documento permite afirmar que ese título es un engaño, ese supuesto análisis no es sino un artero juicio sumarísimo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
Con base en ese análisis, el diario Reforma publicó dos escandalosas notas (una titulada Sale cara la UACM y los alumnos no rinden y la otra Salen peor evaluados tras pasar por la UACM); estas notas y el análisis en que se fundan, difaman a esta universidad y afectan los intereses de sus maestros, sus trabajadores y sus estudiantes.
El análisis no valora que la calidad de los académicos de la UACM tiene otros indicadores, distintos a los grados académicos. Por ejemplo, entre sus académicos, dos que no tienen ni siquiera licenciatura han sido merecedores del Premio Nacional de Ciencias y Artes, entre otras numerosas distinciones, y otros muchos profesores de la UACM han sido merecedores de reconocimientos y premios de prestigiadas instituciones académicas.
Los analistas del CEES tampoco registran la proporción de profesores con maestría y especialidades (que es muy alta en la UACM). Pero, sobre todo, nadie con un conocimiento mínimo de pedagogía confía en que la calidad de la educación (de cualquier tipo o nivel) está determinada por los grados académicos del profesorado. En suma, la base para sustentar su juicio de la calidad de la educación en la UACM es insustancial.
Los economistas del CEES añadieron, a su argumento en contra de la calidad de la educación en la UACM, los resultados de un examen de comprensión de lectura a un pequeño grupo de estudiantes de esta universidad, acerca del cual no proporcionan la información mínima para juzgar su seriedad y validez, y cuyos resultados son inverosímiles. Esta indagación la realizaron aplicando la famosa prueba Enlace que la propia SEP canceló en 2013 por sus serias fallas técnicas y operativas y por los perjuicios que causaba.
La mala fe del CEES se hace evidente también, por ejemplo, cuando juzga como una deficiencia el que la UACM atienda una alta proporción de estudiantes con más edad que la teórica (18 a 24 años), cuando explícitamente la UACM se fundó con el propósito de atender el complejo reto de dar especial atención a esa población que no tuvo o no ha tenido la posibilidad de estudiar en un tiempo normal.
Su argumento del alto costo de la UACM tampoco es concluyente. Manejan información imprecisa y repiten falsedades que ya han sido señaladas en otros momentos. Para aclarar este punto y otros, busqué al director del CEES, pero se ha negado a contestar, lo cual pone en evidencia su intención de desprestigiar a la UACM sin interés mínimo por conocer la verdad.
Es tramposo decir, como lo hace el CEES, que dividiendo el presupuesto asignado a la UACM entre el número de titulados se obtiene el costo por titulado. En primer lugar, los productos de una universidad no son solamente los titulados. No hay espacio para abundar sobre un asunto tan complejo, pero quien quiera acercase a la verdad, debería asomarse a los planteamientos que se hacen sobre este tema en el libro Mejorando la medición de la productividad en educación superior (Improving Meassurement of Productivity in Higher Education), publicado por The National Academies Press de Estados Unidos (National Research Council, Washington, DC 2012).
El verdadero interés del CEES es arremeter contra los programas de López Obrador (y expresamente lo señalan los economistas del CEES en su panfleto), específicamente contra las llamadas Universidades para el Bienestar Benito Juárez, argumentando que éstas y la UACM responden a un mismo modelo concebido por el actual Presidente de la República y que la UACM es un fracaso. Este es también un señalamiento tramposo. Intencionalmente confunden la gimnasia con la magnesia. Tanto la UACM como las universidades Benito Juárez coinciden en que buscan dar atención preferente a los sectores de la población que no han tenido oportunidad de realizar estudios superiores, pero allí termina la semejanza.

2/06/2020

Artero ataque a la Universidad Nacional Autónoma de México


El pasado mes de enero, un negocio privado de nombre Centro de Estudios Educativos y Sociales (CEES) publicó un documento de 35 páginas con el pretencioso título Análisis de Desempeño de Universidades Públicas Estatales en México (sic). La lectura de este documento permite afirmar que ese título es un engaño. Ese supuesto análisis no es sino un artero juicio sumarísimo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
De inmediato, basado en ese análisis, el diario Reforma publicó dos escandalosas notas, una titulada Sale cara la UACM y los alumnos no rinden y la otra Salen peor evaluados tras pasar por la UACM; estas notas y el análisis en que se fundan, difaman a esta universidad y afectan los intereses de sus maestros, sus trabajadores y sus estudiantes.
El responsable del documento y director de ese CEES, es economista que ostenta un doctorado por el ITAM y un currículo que incluye altos cargos tanto en el ámbito educativo mexicano, como en el extranjero y en organismos internacionales (durante el gobierno de Felipe Calderón fue subsecretario en la SEP).
La falta de ética del CEES y del staff de Reforma que redactó las notas, es ilustrada, por ejemplo, por el hecho de que ninguno de ellos se dirigió a la UACM, o a alguno de sus responsables, para corroborar la información en que pretenden sustentar sus difamaciones. Ni siquiera sustentan sus dichos en documentos de la propia universidad; en la bibliografía (52 elementos) solamente uno se refiere expresamente a la UACM (su sitio de Internet) y de él no toman la amplísima información que tiene acerca de esta institución, sus fines, su filosofía, la justificación de su proyecto (o modelo).
Tampoco se ocuparon de la ya amplia bibliografía y hemerografía que hay acerca de esta joven institución: libros, ensayos, artículos, tesis de licenciatura, maestría y doctorado de diversas instituciones de reconocido prestigio.
La UACM es una institución pública, abierta como pocas al escrutinio público. Todas las decisiones importantes (tanto académicas como administrativas) se toman en el Consejo Universitario (paritario de maestros y estudiantes) cuyas sesiones son públicas y sus acuerdos se publican en la página de la propia universidad.
Hace poco tiempo, con una apertura poco usual en nuestro medio, la UACM invitó a otras instituciones universitarias a que realizaran una evaluación de su proyecto (de la propia UACM) y de sus realizaciones. Con generoso espíritu universitario ( ad honorem), el Instituto de Investigaciones Educativas (Inide) de la Universidad Iberoamericana respondió afirmativamente y después de un serio, intenso y responsable trabajo académico de cerca de dos años (que incluyó visitas a la institución, entrevistas, investigaciones), produjo un informe de 240 páginas. En ese informe, sin contemplaciones, se señalan los retos de la UACM, sus deficiencias, pero también las virtudes de su proyecto y los indiscutibles resultados que la comunidad universitaria ha logrado, a pesar de las condiciones adversas en las que ha tenido que trabajar, adversidades que tienen como explicación venales intereses políticos que aparecen nuevamente. A este respecto podrían consultar, por ejemplo, el libro La fundación de la UACM, entre la descalificación y el silencio, producto de una tesis doctoral presentada en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Son notables las diferencias (contradicciones, valoraciones) entre las conclusiones de esta evaluación que el Inide de la Ibero hizo de la UACM, y las acusaciones sin fundamento del CEES y el periódico Reforma. Por ejemplo, “La evidencia presentada en este informe –concluye la evaluación del Inide–, permite afirmar que la UACM hace una importante contribución al logro de la equidad en la educación superior si se considera la dimensión del acceso”. Uno de los resultados más notables de la universidad corresponde a la cristalización de su propósito de abrir las puertas de la educación superior a la población que ha padecido, o se encuentra vulnerable de la exclusión educativa (p 37). El documento del Inide da datos contundentes al respecto y muestran que “la experiencia de la UACM revierte de manera significativa la tendencia nacional (p 49).
En cambio, para los analistas del CEES, la UACM ha fracasado en su tarea de atender a la población marginada porque, según ellos, solamente ha logrado atender a un 2 por ciento de la población objetivo y ofrece una educación de mala calidad y muy costosa.
Es evidente que la cobertura lograda por la UACM es proporcional a la magnitud de los recursos que se le han asignado y que a partir de 2016 se le han restringido; y respecto a la calidad de la educación en la UACM, los indicadores que usa el CEES son ridículos: a) la supuesta no correspondencia de los programas de la UACM con los requerimientos de los mercados laborales presentes, y b) la proporción de maestros con doctorado. No valora, en cambio, que como ellos mismos señalan, la proporción de profesorado de la UACM con dedicación de tiempo completo es la más alta entre las universidades comparadas (incluyen a la UNAM, la UAM, el IPN, instituciones en las cuales los profesores por horas son 70 por ciento o más).

2/02/2020

Realidad alterada: educación y UAM



No se trata de las resistencias y desajustes que inevitablemente genera un proceso profundo de transformación, lo que ahora comenzamos a vivir como protestas y conflictos en la educación básica y superior es la reaparición de problemáticas del pasado, irresueltas y agravadas. En educación, el cambio apenas rasguñó la recia corteza neoliberal y corporativa de la SEP y de las escuelas y universidades. En contraste, baste ver lo que hoy ocurre en el terreno de la salud pública. Ahí hay una propuesta radical, se ha establecido el derecho para todos, pleno y gratuito; innovadora, además, puesto que se aleja de la concepción decimonónica que confunde salud con curación, y se pronuncia por la promoción de la salud; el paso de los grandes sistemas hospitalarios a los esfuerzos locales de salud-promoción a cargo de equipos (promotor de salud, enfermero, médico) a escala de comunidad o barrio, que consolidan el paso de la salud individual a la colectiva. Una propuesta completa que incluye una nueva definición del trabajo –promoción local– y un planteamiento laboral que incluye una basificación generalizada y, con eso, –comunidad-empleo–, hace posible la creación de un enorme soporte social que, si incluye rasgos fuertes de democracia, puede enraizarse profundamente y garantizar su permanencia. Y, finalmente, todo esto no como salida a un conflicto puntual, sino por la pura fuerza de la convicción de cambio labrada por años de acumulación de taras institucionales, el reconocimiento del abuso laboral al personal de salud y el fracaso e inoperancia del viejo esquema de atención.
En educación, en cambio, el actual gobierno se mantiene y nos mantiene a todos, en otra dimensión, una realidad alterada. Para empezar, hoy no se reconoce el derecho pleno a la educación y la gratuidad. Y en la propuesta de Ley General de Educación Superior (LGES,Oct. 2019) se dice que quiere volver legal esa situación, al sostener que el “Estado garantizará el derecho de toda persona… a tener la posibilidad de recibir educación”. De esta manera la educación 4T queda por debajo del planteamiento del neoliberal gobierno de Salinas que en 1993 incluyó en la Constitución que todo individuo tiene derecho a recibir educación, y esa frase todavía constitucional no se retoma como base en la propuesta de ley. Peor aún, se establece que serán las instituciones (es decir las autoridades colegiadas o individuales) las que determinen “los requisitos de admisión…” Lo que significa poner el derecho a la educación en manos de instancias que una y otra vez han aplicado restricciones a la matrícula, exámenes del Ceneval, cuotas y condiciones restrictivas para la permanencia. Y significa hacer a un lado la normatividad que ya existe y se aplica para el acceso a las instituciones de los niveles superiores.
Por todo lo anterior, una educación llena de contradicciones y conflictos, sin utopías, con escasos procesos organizativos propios y democráticos, y, peor aún, conducida por actores que claramente no están pensando en cambiar radicalmente de visión y de esquema, sino en mantener lo más posible –así sea generando conflictos entre maestros– las realidades de proyectos del pasado. Es lo que explica la pobreza de miras de los cambios constitucionales y legales, y lo concreto y básico de sus luchas. En todos los niveles. Como la lucha de los estudiantes en 1999-2000 por la gratuidad, un congreso universitario, la permanencia, el rechazo al Ceneval, y de unos años para acá la lucha de las mujeres. Y la lucha de maestros y maestras (CNTE) a partir de 2012 contra una reforma profundamente autoritaria y agresiva, y también, la demanda airada de las y los trabajadores de la UAM que el año pasado mantuvieron una larga huelga y que ayer decidían si iniciar otra por la misma causa: la redistribución del presupuesto universitario para acabar con una enorme diferenciación salarial (una distancia de 20 veces entre el ingreso más bajo y el más alto, cuando antes de la era neoliberal era de seis).
Estos son los efectos de cambios constitucionales y legales que desde 1980 han creado procedimientos que garantizan la menor participación posible de estudiantes y trabajadores organizados y que fortalecen a las autoridades. Se propician distorsiones, corrupción y fuertes conflictos al interior de las instituciones. Habría que apostarle a un proyecto educativo de gran calado para la educación en conjunto –básica y superior–, que incluya, además del derecho pleno a la educación y la gratuidad inmediata, estabilidad laboral, salarios dignos para todos y la creación de espacios de participación democrática amplia de estudiantes y trabajadores universitarios organizados. De otra manera, la educación, una vez más, quedará rezagada y convertida en inoperante por el clima de autoritarismo y la reiterada necesidad de resistir.
*UAM-Xochimilco