9/12/2015

Ofensiva sexista en Grecia contra la resistencia al memorando


El caso de la presidenta del Parlamento griego
CADTM
Traducido del francés para Rebelión por Caty R.

En el paroxismo de la crisis que sacude Grecia asistimos al desencadenamiento de un sexismo extremadamente violento contra las mujeres. Y esto pasa en el escenario político, a la vista de todo el mundo. Pensamos que ese sexismo extremo y violento que está empezando a tomar las dimensiones de una verdadera epidemia, difiere sensiblemente del viejo sexismo cotidiano que conocimos en un pasado reciente más pacífico, antes de la actual crisis de la deuda.

Pero analicemos de qué se trata. Días tras día, desde hace siete meses, todas las declaraciones de la presidenta del Parlamento griego aparecen prácticamente en todos los grandes medios del país, periódicos y canales de televisión incluidos, títulos como «Ayer un nuevo delirio de Zoé». Esta monotonía de los «delirios de Zoé» es interrumpida frecuentemente por títulos de la prensa llamada «popular» del tipo «el marido de Zoé no puede calmarla» o «Zoé está para el psiquiatra». En plena campaña electoral para las elecciones del 20 de septiembre, los principales canales de televisión (privados) han inventado una sección especial en sus programas por cable que día tras día presenta lo que circula en los medios sociales sobre Zoé. Naturalmente siempre se trata de caricaturas, a menudo obscenas, imágenes o dibujos de la presidenta deformados a voluntad y cuya autoría no está –por supuesto- del todo garantizada…

Pero hay algo peor. Desde hace largos meses incluso los diputados no dudan en atacar públicamente a Zoé con frases como «orangutana insatisfecha» mientras otros apelan a su marido, capitán de la marina mercante, para que «desembarque enseguida para calmarla».

La presidenta del Parlamento griego mostró, en plena sesión del Parlamento, la portada del periódico que apelaba a su marido para «tranquilizarla».

La enumeración de esas agresiones verbales y sexistas de las que es víctima la presidenta del Parlamento podría continuar durante mucho tiempo, pero el objetivo de este artículo es otro. En realidad el caso de Zoé Konstantopoulou es importante porque es un símbolo de toda una ofensiva sesixta violenta de los diversos poderes (políticos, partidistas, mediáticos, mafiosos…) contra las mujeres insumisas que persisten en reivindicar sus derechos y los derechos de los oprimidos (1). Así, a partir del momento en el que Zoé se impuso como símbolo de la oposición al memorando que ha arruinado a Grecia, fue denigrada, vilipendiada, humillada, calumniada… en resumen, satanizada por todos los que se alinean tras la troika. Y los ataques contra ella son tan continuos, organizados, coordinados y sistemáticos que aparecen como una auténtica estrategia de guerra cuyo objetivo es eliminar a la presidenta del escenario político.

Sería un error atribuir este «fenómeno sexista extremo» a comportamientos machistas individuales debidos a la casualidad o a mentalidades anacrónicas. Se trata de una caza de brujas contemporánea. Es más bien esto y no lo que pretendía la sección de política feminista del (viejo) Syriza cuando publicó un comunicado con el título «El ataque sexista contra Konstantopoulou nos reenvía a estereotipos anacrónicos».

¿Pero qué es lo que vincula la caza de brujas de los albores del capitalismo con el actual fenómeno de sexismo violento que fácilmente podría derivar en una caza de brujas contemporánea?

La caza de brujas apareció en Europa entre finales del siglo XV y principios del XVI, cuando el capitalismo hizo su aparición (2). La caza de brujas se caracterizaba por la satanización sistemática de mujeres presentadas como brujas en un período histórico de crisis –análogo al actual de la explosión de la crisis de la deuda- marcado por revueltas y resistencias que tenían a las mujeres en primera línea.

Hoy como entonces vivimos en medio de una reorganización de las fuerzas de producción y reproducción a costa de las mujeres. Este es un hecho totalmente ignorado por los protagonistas de la escena política.

En la época de la caza de brujas las mujeres estaban excluidas del trabajo, del conocimiento, de la propiedad de la tierra. Estaban enclaustradas, encerradas en la casa y en el dormitorio.

Hoy se las caza, se las saca de la vida pública y se las empuja a trabajar gratis en el hogar desempeñando diversos servicios públicos que antes asumía el Estado del bienestar ahora liquidado por las políticas neoliberales de austeridad. Y las enormes sumas que se ahorran se destinan, obviamente, al pago de la deuda pública…

No es una casualidad que fuera en la época de la caza de brujas cuando aparecieron estereotipos bien conocidos como «las mujeres a la cocina». Las mujeres que no tenían miedo a decir en público lo que pensaban, que tenían confianza en sí mismas, eran condenadas y calificadas de «mujeres coléricas e irritantes que perturban la paz y encienden disputas públicas». Ser una mujer y ocuparse de asuntos públicos se consideraba un crimen y la culpable merecía la hoguera.

Si esto os recuerda un poco la cotidianidad de nuestra época de austeridad y autoritaria no os equivocáis. En la Grecia actual de ruinas humanas y sociales, todos los que defienden a los verdugos y sus políticas inhumanas (medios, partidos políticos neoliberales, políticos corruptos, centros de poder más o menos ocultos, organizaciones patronales e incluso el crimen organizado) utilizan a fondo y más que nunca el sexismo más abyecto para quebrar a las mujeres que se ponen al frente de las luchas contra las políticas de austeridad o del sistema-deuda, que se atreven a defender a los inmigrantes, a los refugiados, la naturaleza, a las innumerables víctimas de las políticas bárbaras que se están aplicando.

Aparece una estrategia semejante a la utilizada por el crimen organizado para imponer su «ley» -la ley del amo, del chulo- en el sistema de explotación de las esclavas del sexo, el tráfico sexual. Consiste en utilizar el miedo, la violencia, las torturas e incluso la muerte para quebrar cualquier resistencia, para destruir el alma y el espíritu, la dignidad y la autoestima, para disciplinar los cuerpos de las mujeres con el fin de que se sometan sin condiciones a sacrificarse en el altar de la maximización de los beneficios del entramado de la prostitución.

Dicho esto solo podemos sentirnos impresionadas negativamente por la actitud de una institución como la Secretaría General para la Igualdad de Géneros del Gobierno de Tsipras, presunta defensora de todas las mujeres víctimas de ataques sexistas, que se queda totalmente impasible ante el auténtico linchamiento sexista del que es víctima la presidenta del Parlamento griego. Esta impresión negativa se vuelve todavía mayor cuando recordamos que la víctima de este linchamiento político es un personaje público de primer orden e incluso dirigente de un partido del que también son miembros la secretaria general para la Igualdad de Géneros y el primer ministro Alexis Tsipras. Pero las «sorpresas» llegan al summum cuando sabemos que esa misma secretaría general se volcó en actuar y condenar el ataque sexista de una publicación cuya víctima fue la rumana Delia Velculescu, representante del Fondo Monetario Internacional, al frente de la actual versión de la troika que impone sus dictados a Grecia.

Nos detenemos un poco más en esta historia porque es emblemática de nuestros tiempos neoliberales. Pensamos que para defender eficazmente nuestros derechos como mujeres es necesario el renacimiento de una corriente feminista radical que emergerá de la lucha de las mujeres contra la durísima realidad social de este principio del siglo XXI, contra el sistema deuda y los fundamentalismos patriarcales de todo tipo. Hay que conseguir que renazca una corriente feminista que rompa con la corriente «de la identidad» que solo se interesa por las políticas de identidad de género y olvida la relación de la vida de millones de mujeres, en tanto que género, con la lucha de clases, así como otras desigualdades y discriminaciones.

Conclusión. El sexismo desencadenado en la actualidad en Grecia es espantoso porque es un arma que sirve para dividir las luchas y aniquilar la resistencia de todas las personas. Dicha resistencia, por lo tanto, no concierne únicamente a las mujeres, sino a todas las personas. Y mucho más allá de las fronteras griegas.
Notas
(2) Calibán y la bruja , de Silvia Federici.

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