Mostrando las entradas con la etiqueta Congreso Nacional Indígena. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Congreso Nacional Indígena. Mostrar todas las entradas

10/17/2017

Por qué y para qué firmar por Marichuy

Image result for MARICHUYMagdalena Gómez
María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, ha recibido del Instituto Nacional Electoral (INE) la acreditación como aspirante a ser candidata independiente a la Presidencia de la República. Viene ahora la compleja etapa de reunir 867 mil firmas en por lo menos 17 entidades federativas, hasta el 12 de febrero de 2018. Para ello se requiere que hombres y mujeres indígenas y no, que les acompañe la buena fe, tengan claro el sentido de un proyecto inédito, pacífico, como el que representa la vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) del Congreso Nacional Indígena (CNI) con el acompañamiento cercano del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
En primer lugar, es preciso considerar que hay algunos sectores que manifiestan no entender o que tienen dudas, no obstante que ha pasado un año desde que el CNI anunció que consultaría la propuesta en las comunidades, lo hizo y fue aprobada por una gran mayoría de ellas, luego desplegó todo un proceso organizativo para conformar el CIG y nombrar a su vocera Marichuy.
A esos sectores deberemos otorgarles lo que un amigo dice el mal llamado beneficio de la duda y de nueva cuenta recordar e insistir en lo que desde un inicio se explicó: se trata de una iniciativa que busca insertarse en el escenario electoral como vía para fortalecer la organización y resistencia de los pueblos. La formación del CIG es un componente estructural para ello. Mediante el registro de su vocera como candidata independiente a la Presidencia de la República, recorrerán todo el país para lograr visibilizar la grave situación que viven los pueblos indígenas, principales pero no únicos afectados por las políticas de despojo aceleradas con las reformas estructurales en curso, en especial la minería y la explotación de hidrocarburos a los que muchos pueblos llaman proyectos de muerte.
¿Por qué llegar hasta ahí y superar tanto obs­táculo? Porque, evidentemente, la agenda de vida de los pueblos indígenas no está en las prioridades de ningún partido. Conste que dije prioridades. Por ello afirman que llegó la hora del florecimiento de los pueblos.
Por otra parte, tanto el CNI como el CIG y su vocera han dejado claro que la apuesta no es por el poder, el de arriba; que no andarán buscando votos pero sí evidenciar la crisis nacional en todas sus dimensiones. Ya anunciaron también que no aceptarán recursos públicos, así que no habrá despensas, ni tarjetas; sus actos y traslados serán financiados por sus propios pueblos. Con la cooperación, como hacen las fiestas, señaló Marichuy el pasado 7 de octubre en la explanada del INE.
Ahora bien, para que ese proyecto sea posible es preciso entender que nuestras firmas son una apuesta contra el racismo y la exclusión, incluso, para tranquilizar algunas conciencias, la firma no compromete el voto, lo único es que no se puede firmar por Marichuy y a la vez por la multitud de las y los 85 aspirantes a la candidatura independiente para la Presidencia de la República.
¿Por qué quieren una candidata indígena?, me han preguntado y les invito a preguntarse, ¿por qué no? Este proceso significará también un retrato de nuestra sociedad. Ya lo hemos visto, sólo recordemos que hace un año la andanada de críticas en ciertos medios a esta propuesta fue brutal, acusaban de pretender dividir a una izquierda con serios problemas de identidad, luego decidieron hacer el vacío y en esa postura están. En días pasados registraron su intención de ser aspirantes un buen número y de Marichuy poco se habló en los medios que inicialmente la denostaron; sin embargo, poco a poco se está reconociendo que se trata de una persona verdaderamente independiente, de trayectoria intachable; excepcional, el contraste con otra y otros aspirantes.
Por otra parte, y para seguir entendiendo, el ­vínculo cercano y hermano entre el EZLN y el CNI se muestra de manera significativa en estos días con la caravana en Chiapas a partir del viernes 13 y hasta el 19 de octubre, organizada en el contexto de la gira del Congreso Nacional Indígena y el Concejo Indígena de Gobierno a los caracoles zapatistas.
Se inició en el simbólico Guadalupe Tepeyac con una amplísima participación de la población y el planteamiento de Marichuy en torno a la unidad imprescindible de los pueblos, así como de concejalas y concejales del CIG. También la Comandancia General del EZLN, en voz de la comandanta Everinda, destacó que la iniciativa del CIG es para todos y todas, es el impulso de un levantamiento pacífico nacional. Es utilizar la plataforma de la coyuntura electoral para compartir la palabra e invitarnos en la construcción de otro país. Compartir la palabra, porque el silencio es cómplice del crimen. Siguieron en Morelia, La Garrucha y continuarán en Roberto Barrios, Palenque, para cerrar en el caracol de Oventik.
Regresando a los sectores indecisos, les diría que si no les parece convincente la respuesta a su pregunta de por qué y para qué firmar por Marichuy, les dejo otra pregunta muy zapatista: ¿y ustedes, qué?

8/14/2017

Indigenizarse



Gustavo Esteva
La propuesta del Congreso Nacional Indígena (CNI) y los zapatistas es una interpelación muy amplia a la sociedad entera, que exige respuestas claras y ­comprometidas.
Nos interpela, ante todo, para estar atentos a la situación de los pueblos indígenas, la agresión constante que padecen, la dignidad que muestran en el frente de batalla de la guerra actual al que se les ha conducido.Aprender a ver con claridad lo que está ocurriendo con ellos es también una vía para calar hondo en la comprensión de la situación actual, que afecta a todas y todos. Es claramente un momento de peligro y el llamado del CNI es una forma de despertarnos.
La convocatoria es muy explícita: no se dirige solamente a los pueblos indígenas. El Concejo Indígena de Gobierno tampoco es sólo para ellos. Buscan alianzas con personas y grupos muy diversos, con la inmensa variedad de descontentos que han estado surgiendo y en particular con quienes comparten su vocación anticapitalista y luchan como ellos desde abajo y a la izquierda. No se lanzan a competir con nadie por los votos, porque su propósito es visibilizar los predicamentos actuales de los pueblos indígenas y contribuir a la reconstrucción social y política, desmantelando los aparatos podridos del Estado.
La propuesta empieza a renovar viejos debates sobre la identidad indígena, que pueden ser fascinantes y productivos, pero también perturbadores y dañinos.
Ha de reconocerse, ante todo, que la mayor parte de quienes forman parte de pueblos indígenas no se llaman a sí mismos indígenas. Asocian su identidad fundamental con sus matrias, con los lugares de la Madre Tierra a los que pertenecen, y con los pueblos de los que forman parte. Son zapotecos del Rincón o triquis de Chicahuaxtla, o más claramente, lo que dicen en sus lenguas cuando expresan lo que han sido y son: los hombres de la palabra verdadera, por ejemplo. No se llaman indígenas.
La palabra indígena se empezó a usar cuando se reconoció que indio era ya una expresión peyorativa, pero eso no eliminó el carácter colonial de la etiqueta que se puso a los muy diversos pueblos que existían en el territorio que invadieron los españoles. La Real Academia retiene las acepciones peyorativas de indio y muestra el equívoco colonial de indígena: Originario del país de que se trata. Los pueblos de aquí existían antes que el país…
En parte por esas dificultades y equívocos y para escapar de las etiquetas coloniales, empezó a emplearse la expresión pueblos originarios, con la que quiere subrayarse su auténtico carácter, su existencia previa a la constitución del Estado-nacional. Pero no es una expresión popular y común y resulta ­insuficiente.
Desde hace años, en particular desde la Declaración de Barbados, en 1971, la palabra indígena comenzó a emplearse como afirmación política, lo que le dio un nuevo sentido. Fue así en la convocatoria al Foro Nacional Indígena y aún más al constituir el Congreso Nacional Indígena, que pudo decir con firmeza: Nunca más un México sin nosotros, con el nosotros claro y firme de todos esos pueblos originarios. El CNI no se creó como organización, partido o forma de clasificación, sino como un espacio de encuentro de quienes son asamblea cuando están juntos y red cuando están separados.
El CNI ha señalado que aceptará en su seno o en el Concejo Indígena de Gobierno a cualquier persona que se afirme como indígena, conforme al principio de autoadscripción internacionalmente reconocido.
Pero, ¿qué hacer con los demás?
¿Qué son los no indígenas?
¿Cómo se constituyen o identifican, más allá de categorías abstractas, como la de hombres o mujeres, mexicanas o mexicanos?
El desafío de organizarse es también para ellas y ellos, para que constituyan nosotros reales capaces de autonomía y autogobierno. Rolando Vamos propone que se indigenicen, si el término se
entiende como la vinculación a un lugar. En efecto, si los individuos desarraigados construidos por el capitalismo y el Estado-nación abandonan esa condición opresora y se arraigan en un sitio físico y cultural, si construyen matrias a las que libremente decidan pertenecer, estarían contribuyendo a reconstruir la sociedad.
Todo esto exigirá muchos deslindes, en la mentalidad igual que en la práctica. Hace falta sin remedio pintar rayas, porque en la lucha que libramos y se intensifica cada día es muy importante saber quiénes son quiénes. No estamos luchando en el vacío. Vivimos en guerra. Si no está claro en cuál bando milita cada quien, puede estarse colaborando con el enemigo. Estas distinciones van a ser cada vez más necesarias, independientemente de las identidades que vienen del nacimiento o la afiliación.

10/11/2016

Congreso Nacional Indígena: 20 años



Luis Hernández Navarro
La Jornada 
Luz Elena Govea es diputada local en Guanajuato. Pertenece al PRI. El 14 de abril pasado fue destituida del cargo de presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de ese estado por discriminar a indígenas.
Ocho días antes, en una reunión en Guanajuato con mujeres representantes de las naciones pame y otomí, que demandaban mejores opciones laborales y educativas, la diputada Govea López les dijo: No me las imagino en una fábrica, no me las imagino haciendo el aseo de un edificio, no me las imagino detrás de un escritorio; yo me las imagino en el campo, yo las creo en sus casas haciendo artesanías, yo las pienso y las visualizo haciendo el trabajo de sus comunidades indígenas.
La actitud discriminatoria de la diputada priísta hacia los indígenas dista de ser una excepción. El 19 de mayo de 2015 se difundió en redes sociales una conversación telefónica del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova Vianello, en la que se burla de los pueblos originarios.
En la charla de Córdova con el secretario ejecutivo del instituto, Edmundo Jacobo Molina, el consejero se mofa del gobernador nacional de los pueblos y comunidades indígenas, Hipólito Arriaga Pote, y del jefe supremo de la tribu chichimeca en Guanajuato, Mauricio Mata Soria, que exigía la creación de una sexta circunscripción electoral para garantizar en la Cámara de Diputados la representación de los pueblos originarios.
“A ver, güey –dice el consejero presidente–, no mames, no voy a mentir, te lo voy a decir como hablaba ese cabrón, te lo voy a decir: ‘yo jefe gran nación chichimeca, vengo Guanajuato, yo decir a ti o diputados para nosotros o yo no permitir tus elecciones’.
“Se ve que este güey –se pitorrea Córdova– …yo no sé si sea cierto que hable así, cabrón, pero, no mames, vio mucho Llanero solitario, con eso del Toro… no mames… me cai que le faltó decir, ‘yo gran jefe Toro Sentado, líder gran nación chichimeca’; no mames, cabrón, está de pánico.”
Encuestas han documentado las muestras de racismo hacia los indios en México. Una, realizada por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados, concluyó que según ocho de cada 10 encuestados en el país existe mucha discriminación en contra de indígenas. Ochenta y seis por ciento mencionaron que se les discrimina mucho cuando intentan conseguir trabajo, cuando son juzgados por el sistema penal (84 por ciento) y cuando acuden a centros de salud (78 por ciento).
De la mano del racismo contra los pueblos indios caminan la explotación, la opresión, la marginación y el despojo de sus recursos naturales, sus tierras y sus territorios. La discriminación legitima el expolio. Si antes eran víctimas de los grandes ganaderos y los acaparadores, hoy sufren el asalto indiscriminado de la minería a cielo abierto, los megaproyectos, los talabosques, las grandes empresas turísticas, los conglomerados agroindustriales, los laboratorios químicos y farmacéuticos, las compañías generadoras de energía y los cárteles de la droga.
Pese a la adversidad y el poderío de sus expoliadores, los pueblos indígenas resisten. Los tribunales están llenos de demandas de amparo de las comunidades contra el saqueo y la devastación de sus recursos. Varias han ganado la suspensión de esos proyectos.
La presión indígena ha llegado también a organismos internacionales, como la OIT, la CIDH y la ONU. No ha sido en balde. Las recomendaciones de estos organismos han dado a los pueblos una herramienta en su lucha. Ellos han aprendido a utilizar la ley (en la medida de sus posibilidades) en su favor.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha ventilado múltiples demandas indígenas. Los comuneros de Cherán obtuvieron un sonado triunfo al nombrar a sus autoridades mediante su sistema normativo. Se ha abierto paso el principio de que hay que consultar a los pueblos y comunidades antes de que los gobiernos tomen medidas administrativas o de que legislaturas acuerden normas que los afecten.
Pero, más allá del terreno jurídico, las comunidades resisten por medio de la acción directa. Impiden el despojo movilizándose, bloqueando caminos, frenando en los hechos el pillaje, defendiéndose a sí mismos, haciendo paros, como el de los jornaleros de San Quintín. Lo hacen, al tiempo que se reconstruyen como pueblos, que reinventan sus tradiciones, que reafirman su identidad, que recuperan sus raíces.
En este proceso de resistencia ha sido clave el papel jugado por la alianza del Congreso Nacional Indígena (CNI) y el EZLN. El congreso se fundó al calor de la lucha zapatista y de los acuerdos de San Andrés (que siguen sin cumplirse por parte del gobierno) durante una asamblea efectuada entre el 9 y el 11 de octubre de 1996, en la que participó la comandanta Ramona.
El CNI no es una organización tradicional. Es un espacio de encuentro y articulación de la diversidad y multiplicidad de expresiones que forman el movimiento indígena. No hay una convergencia nacional de los pueblos originarios de su importancia y trascendencia. Ha sido capaz de sobrevivir a la adversidad y a la represión.
El congreso ha desatado procesos organizativos en muchas regiones del país. Les ha dado a luchas, aparentemente aisladas, un horizonte nacional y ejes de acción sobre los cuales superar su carácter local. Además de la exigencia de cumplir con los acuerdos de San Andrés (que fue una de sus demandas originales), el CNI ha promovido programáticamente la resistencia al despojo y la autodefensa de las comunidades indígenas.
Este octubre, el CNI y el EZLN celebrarán el 20 aniversario de fundación del CNI. Realizarán su quinto congreso nacional en territorio zapatista, del 9 al 14 de octubre. Allí refrendarán su papel en la reconstitución integral de los pueblos y la construcción de una sociedad en la que quepan todas las culturas, todos los colores, todos los pueblos que integran el país. Será, en todo el sentido de la palabra, un acontecimiento.
Twitter: @lhan55