7/24/2026
La burocracia secreta de Sheinbaum
5/04/2026
La única salida
Viri Ríos
El mensaje de la Presidenta ante el caso Rocha Moya fue impecable. Enfatizó lo necesario sin dejar de decir lo obvio. Sheinbaum fue clara en que no dudará en ir en contra de un miembro de su propio partido si la evidencia es fehaciente, pero también clarificó lo que todos sabemos: que EU ha usado, una y otra vez, acusaciones judiciales para influir hostilmente en la política de otros países.
Retirar a Rocha Moya del cargo como gobernador también fue correcto. Tenerlo al mando invitaba a una crisis de relaciones públicas y gobernabilidad.
El dilema ahora consiste en qué sigue: extraditarlo a EU, juzgarlo en México o dejarlo ir.
Extraditarlo no es el camino. Hacerlo mandará una señal de debilidad de la que Trump se aprovechará. Creerá la sensación de que México no puede hacer justicia por sí solo. Y abrirá una posible cacería de brujas hacia otras figuras públicas porque Rocha Moya tendrá incentivos a declarar lo que sea que Trump quiera escuchar con tal de reducir su condena.
https://amp.milenio.com/opinion/viri-rios/no-es-normal/la-unica-salida
La probabilidad de que, si México no extradita a Rocha Moya, EU venga por él, como hizo con Maduro, es muy remota. México no es Venezuela y EU no tiene interés en que la relación bilateral implosione.
Aun en el caso de que sucediera, la acción terminaría favoreciendo a la Presidenta, pues el rechazo nacional hacia EU sería unánime. El mexicano promedio no quiere justicia extraterritorial. El 81% tiene una desfavorable imagen de Trump y el 76% piensa que debemos proteger la soberanía y no permitir que EU se meta, según encuesta de El Financiero.
La única salida real a este embrollo es juzgar a Rocha Moya en México con un proceso auténtico.
Enfatizo auténtico, porque juzgarlo para solo dejarlo ir tampoco es el camino. Ello refrendará la idea de que Morena no tiene interés en luchar contra la corrupción y de que se ha podrido. La mayoría de los votantes de Morena creen que la corrupción debe reducirse y entre los militantes existe un sentimiento similar. El mexicano promedio quiere ver justicia.
Es claro que un ala minoritaria, pero influyente dentro de Morena, cree que juzgarlo sería un error. Su temor es que, de hacerlo, EU continuaría solicitando más y más extradiciones, empujando a que Morena tenga que juzgar a más y más gente, y con ello destrozando la popularidad de Sheinbaum y la capacidad del partido de ganar elecciones.
No puede descartarse que Trump busque destruir a la Presidenta, pero me parece poco probable. México no tiene una oposición real. Desestabilizar al partido en el poder implicaría sumergir a todo el país en una crisis política y de gobernabilidad.
México tiene herramientas para presionar a EU que no ha usado por miedo o cautela. En un momento extremo podrían usarlas y son poderosas.
Más aún, Morena no tendría por qué reaccionar a todas las peticiones de EU por igual. Donde la evidencia sea sólida, se puede proceder; donde no, se pueden dar explicaciones que justifiquen la defensa. El electorado entenderá la injerencia de EU y la rechazará si sucede con demasiada frecuencia.
Lo que EU busca no es destruir a Morena, sino evitar que sea un partido de izquierda. La forma más fácil de lograrlo es que se avale a un candidato presidencial que no lo sea. Es ahí donde deberían prenderse las alertas.
Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.
4/06/2026
¿Quiénes son los sheinbaumistas?
3/26/2026
La falsa salvación del “candidato ciudadano”
Viri Ríos
Luego de que Morena diera a conocer cómo seleccionaría a sus candidatos a gobernador para la elección del 2027, era de esperarse que las oposiciones se aprestaran a hacer lo mismo.
Lo que nadie se imaginó fue que las propuestas opositoras rotarían todas sobre el mismo eje: tener “candidaturas ciudadanas”.
El eje no solo se repitió en todos los eventos opositores, sino que fue un déjà vu del sexenio pasado. En todas las iteraciones y nombres que tomaron los grupos opositores a Morena (el “Sí por México”, el “Va por México”, el “Frente Amplio por México”, el “Méxicolectivo”, etc.) se propuso la ciudadanización de la política.
https://elpais.com/mexico/opinion/2026-03-25/la-falsa-salvacion-del-candidato-ciudadano.html
La propia candidatura de Xóchitl Gálvez a la presidencia en 2024 fue, en cierta medida, un experimento de esa naturaleza. A pesar de haber sido senadora y alcaldesa por el PAN, Gálvez nunca militó en ese partido y se identificó en toda su campaña como “ciudadana”. No faltó verla desconociendo, negando y criticando a los propios partidos que la pusieron en la boleta.
El fracaso de la campaña de Gálvez debería prender las alertas para los partidos opositores, pero no lo ha hecho.
El problema yace en que la propuesta parece, a simple vista, inofensiva. Nadie en su sano juicio podría estar en contra de proponer al candidato más popular, aun si este no milita en un partido.
Sin embargo, basta meditar sobre lo que las “candidaturas ciudadanas” le harán al sistema de partidos y a la propia oposición para dudar de si esta verdaderamente entiende lo que le conviene.
La complicación surge por la forma en la que el PAN y el PRI están planteando ciudadanizarse. Ambos han hecho un llamado abierto y sin restricciones a que ciudadanos con alto potencial de victoria electoral los utilicen como vehículos para acceder al poder.
La estrategia tiene varios agujeros lógicos.
El más evidente es básico: ofrecen un vehículo malo. Cualquier candidato ciudadano perspicaz se dará cuenta de que cobijarse en partidos tan desprestigiados como el PAN o el PRI no aumenta su probabilidad de ganar, la reduce. Si un buen candidato debe escoger vehículo para competir en 2027, le conviene tomar uno nuevo, usar uno que no venga con tantos negativos (como Movimiento Ciudadano o el Partido Verde) o irse con Morena.
A lo anterior hay que agregar que dejar a un lado la ideología y la mística partidista para convertirse en un simple vehículo de individuos ambiciosos es la manera más eficaz para volverse dispensable.
Si el PAN pierde su identidad como representante de los empresarios y el PRI como representante de la política tradicional, ambos se vuelven sustitutos uno del otro. Los dos se convierten en simples participantes en una subasta de candidatos. El resultado son partidos homogéneos, que el votante no sabe distinguir y que irremediablemente terminan canibalizándose entre sí.
Basta ver la historia reciente. Cuando el PRI, PAN y PRD se aliaron en el Pacto por México y accedieron a perder su identidad para homologarse en una sola, la población se sintió traicionada. No bastó que detrás hubiera supuestas buenas intenciones. La gente los clasificó de mercenarios. De hecho, el principal beneficiado del Pacto por México fue Morena, único partido que, en su momento, se opuso a la uniformidad de la clase política.
Hay quien piensa que tener candidatos de muchas y muy diversas ideologías dentro de un partido no es problema. Morena, se piensa, así lo ha hecho.
La diferencia es que Morena llegó al poder bajo el cobijo de un líder que promovía una visión concreta y diferenciada que resultó atractiva para muchos votantes. López Obrador fungió como un pegamento ideológico y una pantalla para cubrir la diversidad ideológica de los candidatos del partido.
El PAN y el PRI no solo no tienen eso, sino que parecen estar claudicando a crearlo. Su apuesta es al eclecticismo como fundamento.
Más aún, en épocas recientes el propio Morena está sufriendo por su diversidad ideológica. Desde el año pasado, el partido ha perdido popularidad porque su pragmatismo lo ha llevado a cobijar a perfiles que son electoralmente exitosos, pero reputacionalmente costosos.
Hay algo aún más grave. Suponiendo que el PAN y el PRI logren victorias con candidatos ciudadanos, nada asegura que estos vayan a ser leales a los partidos que los propusieron. Al contrario, bien podrían tener por meta el destruirlos.
Esto no sería nada nuevo. Ernesto Zedillo, que en su momento se volvió presidente con el PRI sin ser priísta, permitió que el PAN ganara la presidencia sin imponer mucha resistencia. Su antecesor, Salinas de Gortari, que tampoco tenía aprecio por el PRI, fue un actor implacable contra los gobernadores de su propio partido.
El PRI y el PAN le están apostando a candidatos ciudadanos como quien cría cuervos. Olvidando que los candidatos se identifican como “ciudadanos” precisamente por su rechazo al sistema de partidos, no por su intención de formar parte de él. En el peor escenario, México podría llegar a una circunstancia similar a la de Perú, donde todos los partidos están tan homologados en su desprestigio que la política se ha convertido en un juego de “celebridades” efímeras e independientes.
La oposición debe saber que para crear partidos exitosos no hay atajos. Se debe trabajar en una plataforma, una visión y candidatos que la representen. Pretender que colectar candidatos en el mercado abierto es una buena estrategia es no comprender dónde están parados.
12/21/2025
Lecciones de Chile para México
Ayer la extrema derecha triunfó en Chile. José Antonio Kast, un conocido apologista de la dictadura pinochetista, triunfó con 58% de los votos, dejando a la izquierda con su peor resultado desde 1990.
El resultado deja lecciones importantes para México, para el partido en el poder, pero sobre todo para sus oposiciones, que pueden ver en el triunfo de Kast un camino para consolidar triunfos.
La más importante de todas es sobre la agenda de campaña. A diferencia de 2021, donde Kast centró su campaña en rechazar el aborto, el feminismo y la diversidad sexual, la campaña de 2025 se centró en algo mucho más poderoso: crear la idea de que Chile se encontraba en una situación de “emergencia” debido al crimen, la falta de crecimiento económico y la migración.
El cambio en temática fue exitoso. La agenda antiderechos de Kast en 2021 fue rechazada por el voto femenino que le dio la victoria al izquierdista Gabriel Boric. La agenda de “la emergencia”, en cambio, no solo no fue rechazada por las mujeres, sino que caló profundo en zonas populares.
Es por ello que, de fondo, la victoria de Kast no debe ser interpretada como el triunfo de la ideología conservadora, sino como algo más pragmático y profundo: como el fracaso de un gobierno de izquierda para responder a las expectativas del electorado.
Morena debe prender las alarmas porque va por un camino similar, sobre todo a nivel local, donde muchos alcaldes y gobernadores morenistas son conocidos por su incompetencia, corrupción y, no en pocos casos, su relación de tolerancia hacia el crimen organizado.
No sería descabellado que un grupo conservador usara el argumento de “la emergencia” con éxito.
El área más evidente es la inseguridad donde, desde septiembre de 2024, la población se siente cada vez más insegura. En lugares como Ecatepec, Uruapan, Tapachula, Mexicali, Irapuato, Chilpancingo, Naucalpan, Chimalhuacán y más, la población vive de facto en una situación de emergencia, pues 80% se siente inseguro.
No basta con atacar el crimen organizado. El verdadero reto para Morena es mejorar el Poder Judicial local, las fiscalías y ministerios públicos. El que la fiscalía de Ernestina Godoy parezca sesgada, más enfocada en perseguir a la oposición que a los propios, es la peor de las noticias y algo que, en el largo plazo, será contraproducente para Morena misma. Es imperante una corrección.
En materia económica, los datos tampoco son halagüeños. El país se enfrenta a una transición profunda del modelo exportador y no queda claro que tengamos un modelo alternativo. La protección de la economía mexicana mediante aranceles es una propuesta interesante, pero apenas representa la mitad del camino requerido para sustituir productos asiáticos. El verdadero reto es encontrar a los empresarios mexicanos dispuestos a hacer ese trabajo, capaces de hacerlo y, sobre todo, alinear incentivos para que los nuevos productos mexicanos sean de buena calidad y precio.
Finalmente, en materia migratoria, el cierre de la frontera estadunidense ha aumentado el porcentaje de migrantes que se quedan en México. Hasta ahora, los datos no muestran un rechazo incremental hacia ellos, pero tampoco puede descartarse que una campaña perversa no pueda capitalizar negativamente su mayor presencia en el país.
Por lo pronto, no hay atajos. Para no verse en el espejo chileno, Morena debe dar resultados. Y ello requiere purgarse, de inmediato, de todos los que, desde dentro de la coalición, se lo impiden.
Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.
11/03/2025
Revelaciones del libro de Sheinbaum
Viri Ríos
Hace unos días salió a la venta el nuevo libro de Claudia Sheinbaum Diario de una Transición Histórica. En él, la Presidenta describe el contenido y las reflexiones a las que llegó durante las reuniones que tuvo con López Obrador en los cuatro meses desde que ella ganó la Presidencia hasta que tomó posesión.
El libro es revelador no solo por su contenido explícito, sino por lo que deja ver, entre líneas, sobre quién es la presidenta de México y cuáles son sus objetivos y convicciones.
El texto comienza tirando por la borda la idea de que Sheinbaum no quería implementar el llamado plan C de Obrador (que incluía la reforma al Poder Judicial). Por el contrario, la Presidenta reconoce que, cuando Obrador le llamó para felicitarla el día de la elección, ella le respondió emocionada con una sencilla frase: “ganamos el plan C”.
La Presidenta no solo estaba de acuerdo con la elección por voto popular de los jueces, sino que la consideraba uno de los principales mandatos que el votante le dio en las urnas.
Las reflexiones más reveladoras del libro son aquellas en las que Sheinbaum comparte su visión sobre los problemas del país y la mejor forma de combatirlos.
Por ejemplo, Sheinbaum deja en claro que los salarios deben y continuarán subiendo, que el sistema de salud tiene por objeto otorgar servicios públicos (no subcontratar privados), que la energía debe continuar siendo producida mayormente por el Estado (aun si se permite la inversión privada), que la corona española debe disculparse con México (como el Estado mexicano lo hizo con el pueblo yaqui) y que la Guardia Nacional debe depender del Ejército (porque es una institución más proba que la policía federal).
Con todo lo anterior, Sheinbaum deja en claro que no hay tal cosa como un Obrador dándole instrucciones, sino algo más simple y poderoso: una ideología compartida.
Incluso en aspectos en los que Sheinbaum se aparta del ex presidente, en su libro la Presidenta revela que ello sucede porque ambos creen en el cambio. Por ejemplo, en materia de seguridad, Sheinbaum ha seguido una estrategia casi opuesta a la de Obrador, pero ello no se debe a una traición, sino a que él mismo le expresó su convicción de que ella sabría atender el problema de la inseguridad de la misma forma en la que lo hizo en la Ciudad de México.
Además de lo anterior, el libro también manda señales a los morenistas en dos formas.
La primera, de manera explícita, cuando habla de la precampaña de la Ciudad de México, donde se enfrentaron Clara Brugada y Omar García Harfuch. En relación a ello, Sheinbaum menciona que hay algunas personas que no quieren que el movimiento sea diverso, pero que ella tiene la convicción de que debe serlo. El mensaje es un claro jalón de orejas a las partes radicales de Morena.
La segunda forma en la que manda señales a los morenistas es por la forma en la que se refiere a los compañeros de su movimiento. En muchas ocasiones, cuando los recuerda, suele agregar dos o tres halagos. Por ejemplo, a Cuitláhuac García lo describe como un hombre honesto, a Rocío Nahle como una mujer de carácter, a Layda Sansores como una persona de valentía excepcional, a Mara Lezama como una mujer con gran sentido político, por mencionar algunos calificativos.
Resalta cuando los nombres vienen sin calificativos o con calificativos medianos. Por ejemplo, a los compañeros Adán Augusto y Ricardo Monreal apenas y los menciona. Al gobernador de Sinaloa, San Luis Potosí u Oaxaca los califica con apelativos simples. Y a Evelyn Salgado la reconoce, más que nada, por haber creado una frase que “luego apareció en pintas y cartulinas por todo el país”, sin decir más sobre el origen de los recursos. En el libro de Sheinbaum hay silencios que valen más que mil palabras.
Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.
https://www.milenio.com/opinion/viri-rios/no-es-normal/revelaciones-del-libro-de-sheinbaum
9/01/2025
El salto al vacío del Poder Judicial
Viri Ríos
Hoy inicia una nueva era del Poder Judicial y con ello el experimento institucional más trascendental que México ha emprendido en su historia reciente. Se trata de un hito de alcance global. Por primera vez, el Poder Judicial de un país será comandado —en su totalidad— por personas electas mediante el voto popular.
La magnitud de este cambio no puede ser subestimada. Su impacto exige un análisis serio, lejos de la simpleza, la superficialidad y la pereza intelectual de quienes lo reducen a una caricatura: al supuesto inicio del control absoluto del Poder Judicial por parte de Morena.
Lo que vive hoy México es mucho más completo y dista de ser un control total.
Quienes observamos con detalle el proceso electoral y sus resultados, sabemos que la inexperiencia, torpeza y la inherente dificultad operativa de implementar la elección judicial hicieron que el partido gobernante no lograra controlar del todo el proceso.
Es verdad que en los tribunales superiores Morena logró mayor control —control que, por cierto, habría logrado tener de todas formas debido a sus supermayorías en las cámaras. Sin embargo, en todos los otros pisos del Poder Judicial, incluyendo la justicia local, que es por mucho la más importante para el acceso real a la justicia, Morena cayó presa de su propia ambición.
La ambición de cambiarlo todo, de manera tan radical y repentina, creó la más grande de las ironías posibles para Morena: hizo que el partido en el poder fuera capaz de purgar al Poder Judicial saliente, pero no de controlar al Poder Judicial entrante.
La elección judicial fue un ejercicio desordenado, caótico y un tanto anárquico en el que múltiples facciones e intereses se confrontaron y ganaron distintos espacios.
Esto fue posible porque Morena no es un partido monolítico, disciplinado ni vertical, sino una confluencia improbable de intereses muchas veces contradictorios entre sí.
Además, el mecanismo de selección aleatoria de perfiles —la famosa tómbola— permitió que algunas personas sin afinidad con el partido, e incluso trabajadores de carrera del Poder Judicial, terminaran en las boletas y resultaran electos.
Es una mentira llana afirmar que todas las personas que hoy toman protesta sean morenistas o tengan vínculos con el partido gobernante. Entre ellas hay funcionarios de carrera, honestos y preparados, que en los próximos meses enfrentarán una tarea ardua: lograr que este experimento institucional llamado reforma judicial aterrice de pie.
Es por todas estas razones que la reforma judicial, más que llevarnos a una dictadura sin retorno, nos está llevando a un escenario francamente desconocido, inédito, en el que una multiplicidad de factores determinará el resultado final.
Llevarlo a su mejor puerto requerirá de un factor crítico: la vigilancia ciudadana del actuar de los ministros, jueces y magistrados.
Hasta ahora, el Poder Judicial había sido el menos transparente y más opaco de todos los poderes. Es momento de exigirle transparencia y de asumirnos como vigilantes permanentes de su desempeño.
No es tiempo de celebraciones. Ante este brinco institucional al vacío que el partido gobernante ha decidido dar, lo único que queda es exigir rendición de cuentas. Morena tiene hoy la responsabilidad de que el Poder Judicial haga lo que nunca ha hecho: garantizar acceso real a la justicia. Si no lo logra, la culpa será enteramente suya, y los votantes debemos estar ahí para recordárselo.
https://www.milenio.com/opinion/viri-rios/no-es-normal/el-salto-al-vacio-del-poder-judicial
Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.
11/28/2024
Otra forma de democracia
Viri Ríos
México no está viviendo un cambio de régimen, sino un cambio en la concepción ideológica de qué es y qué busca el gobierno.
La transición democrática mexicana construyó su entramado institucional bajo la premisa de que el gobierno era una pandilla de bandidos incompetentes cuyas acciones no representan a la ciudadanía. Por ello, toda materia pública que realmente importara, desde la procuración de justicia hasta la regulación energética debía estar fuera de las manos del gobierno.
Esto se lograba ya fuera mediante la privatización por motivos prácticos, como el Seguro Popular, o mediante la creación de instituciones públicas que el gobierno no controlaba, las llamadas autónomas.
Fue así como México se convirtió en un campeón de crear todo tipo de institutos autónomos. Esto es, organismos financiados con dinero público, pero comandados por externos, profesionistas o tecnócratas supuestamente virtuosos que, a diferencia del gobierno, se pensaban como competentes y honestos.
El PRI y el PAN de la transición permitieron la creación de estos órganos, no porque fueran necesariamente más demócratas, sino porque no tenían de otra. Su legitimidad era frágil y provenía de grupos ideológicamente afines al empresariado y a las clases medias y altas urbanas que desconfiaban del estado.
La fascinación por los gobiernos divididos que engolosina a algunos académicos de la transición se gesta en su desconfianza de las masas. Dado que las clases medias y altas no representan más de 30 por ciento de la población del país, y por tanto nunca podrán ser una mayoría, lo ideal es encontrar formas de evitar que las mayorías actúen.
Con gobiernos divididos el cambio institucional era poco probable, y con órganos autónomos se aseguraban de que el gobierno no pudiera tomar decisiones en ciertos ámbitos.
Morena viene de una tradición ideológica completamente distinta que, no solo confía más en el gobierno como representante de la voluntad popular, sino que se ha gestado desde la lógica de “toma todo”. Dentro de Morena, por ejemplo, quien gana una candidatura, gana todo, pues no hay división o repartición del poder por corrientes como lo hacen el resto de los partidos.
Así, bajo la lógica morenista cualquier cosa que impida que el gobierno implemente su agenda es inherentemente antidemocrático, pues favorece los intereses de los tecnócratas, profesionistas o cualquier otra persona que ha logrado tener una posición de poder, por encima de la voluntad popular expresada en las urnas.
Por eso, mientras que para muchos votantes del PRI-PAN la democracia parece estarse terminando, para muchos de Morena nunca había habido más democracia que ahora. No la había porque nunca, desde la transición democrática, un gobierno había podido implementar la agenda por la que fue electo con soltura. El votante de Morena no ve que el gobierno actúe como un problema, pues en el fondo confía en que, si un día está disconforme con el actuar del gobierno, votará por otro partido.
*Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.
https://www.milenio.com/opinion/viri-rios/no-es-normal/otra-forma-de-democracia
11/10/2024
Una Corte dispuesta a todo
8/27/2024
Hundir a México
Viri Ríos
8/19/2024
El Poder Judicial que nadie defendió
Viri Ríos
Es oficial. El Poder Judicial federal nunca encontró quién lo defendiera.
Sus líderes no lo hicieron, pues no tuvieron la altura. Es el día en que no han presentado una contrapropuesta a la reforma de Morena. Sin brújula, su estrategia política ha consistido en quejarse en los foros nacionales, tratar de hundir a Zaldívar y ponerse bien enojados en redes sociales.
El Poder Judicial será recordado como el poder que atravesó su periodo reformista más crítico en estado de orfandad, aislamiento y peor aún, sin pasar más allá de la primera etapa del duelo: la incredulidad.
El pueblo mexicano no defendió al Poder Judicial tampoco. No ve razón para ello. Al Poder Judicial se le asocia, en el mejor de los casos, con la resolución de casos en favor de la élite y, en el peor, con la corrupción, la inutilidad y la captura política del Poder Judicial local.
https://www.milenio.com/opinion/viri-rios/no-es-normal/el-poder-judicial-que-nadie-defendio
La oposición no defendió al Poder Judicial. Ocupados en arrebatarse las migajas de la elección, los líderes opositores no tienen cabeza más que para sobrevivir. Aves de carroña. Nadie duda de que la reforma judicial pasará con el apoyo de un par de senadores opositores. La marea rosa está en desbandada. En su última marcha hubo un momento en que abuchearon a la propia Xóchitl.
Estados Unidos no defendió al Poder Judicial tampoco. El embajador estadunidense ya dejó en claro que “no impondrá su opinión” y dejó entrever que hay aspectos que importan más para la relación bilateral. Estados Unidos sabe que las controversias comerciales que afecten intereses americanos serán resueltas en tribunales internacionales, no en el Poder Judicial mexicano.
Por la misma razón, los mercados no lo defendieron. En un inicio, el valor del peso cayó cuando se volvió evidente que el plan c se implementaría. La caída ya se detuvo. Los expertos del IMEF estiman que el tipo de cambio terminará el año por debajo de 20 pesos por dólar. Las tasas de interés mexicanas son demasiado atractivas como para que los inversionistas decidan no beneficiarse de ellas.
El INE y el Tribunal Electoral no lo defenderán. Por medio de una vasta campaña mediática se les ha presionado para que, a la mala, le quiten a Morena la mayoría calificada por medio de una interpretación legal a modo de la oposición. No pasará. La inestabilidad política que ello generaría es suficiente disuasor.
Estimo que los propios trabajadores del Poder Judicial no lo defenderán. Los ministros preferirán renunciar para recibir su pensión completa. Más aun, dado que la reforma plantea facilidades para que los jueces y magistrados actuales repitan en el cargo, los trabajadores de confianza que dependen de ellos seguramente evitarán hacer desmanes en espera de que así sea.
El Poder Judicial resultó indefendible porque no tiene héroes ni heroínas, tiene intereses. Y esos intereses ya entendieron que la reforma no es el fin del Poder Judicial, sino una nueva etapa en la que nuevamente, como ahora, podrán acomodarse.
Irónicamente, en el largo plazo, quien perderá con la reforma será Morena, pues si ésta no mejora el acceso a la justicia, como seguramente no lo hará1, pues no fue diseñada para ello2, el electorado podrá trazar una línea directa a quien es culpable.
7/02/2024
El motivo de la reforma judicial
Viri Ríos
Piña sin duda agravó la tortuosa relación entre poderes debido a su falta de pericia política, pero los motivos de la reforma la preceden y deben encontrarse en tres aspectos.
Primero, en lo que llamo los superpoderes jurídicos. Para comprenderlos hay que transportarnos al 2011 cuandola Suprema Corte de Justicia tomó la controversial decisión de otorgar a todos los jueces de México el poder de interpretar, deliberar y definir qué se entiende por “derechos humanos”.Esto confirió a los jueces un poder extraordinario.
Lo llamo extraordinario porque definir qué es “un derecho humano” es en realidad mucho más subjetivo de lo que parece. Argumentando violaciones a derechos humanos, el poder económico ha logrado ganar casos para reducir su carga fiscal, mantener concesiones, evitar el avance de obras públicas e incluso silenciar discusiones públicas de relevancia. Por ejemplo, cuando la Comisión Federal de Competencia se atrevió a decir que el notariado era un grave obstáculo regulatorio para la competencia (algo evidente en múltiples estudios académicos), los notarios la acusaron de violar sus derechos humanos y ganaron el caso.
Segundo, el amparo. El poder de los jueces aumentó aún más en 2013 cuando la Ley de Amparo expandió el alcance de sus sentencias y les dio de facto el superpoder de imponer su visiónal resto de los poderes. Fue así como, de la mano del poder judicial, comenzó un festín de litigios, invalidaciones y jurisprudencias que doblegaban a los legisladores al interpretar privilegios privados como derechos adquiridos.
Así, México se convirtió en un país donde la interpretación de un juez puede tener una fuerza similar al de cientos de diputados y senadores operando en conjunto. Y lo peor es que esto sucede mientras sancionar a los jueces, incluso por interpretaciones jurídicas notablemente descabelladas, es de facto imposible.
Tercero, otro motivo para reformar vino con el cambio político. La superioridad institucional de los jueces por encima del mandato democrático de los legisladores no causó mayor incomodidad cuando las mayorías legislativas eran ideológicamente afines al poder económico como con Peña Nieto.
Esto cambió en 2018. Con la llegada de Obrador muchos privilegios comenzaron a ponerse en duda, desde las remuneraciones de los magistrados, hasta su legitimidad para seguir siendo el espacio de influencia del poder económico.
En un inicio, Obrador no entendió los superpoderes con los que contaban los juzgadores. Desconocía el entramado legal y no estaba rodeado de buenos abogados. Además, el ministro presidente Zaldívar fue notablemente capaz políticamente y logró que la Suprema Corte rechazara múltiples reformas prioritarias de Obrador sin enemistarse con él.
Sin embargo, el momento cúspide en el que Obrador comprendió que una reforma al poder judicial era inevitable, no vino sino hasta noviembre del 2022 cuando la Suprema Corte decidió protegió a los factureros de la prisión preventiva oficiosa. Esta decisión, apoyada incluso por ministros propuestos por Obrador, redujo las herramientas para reducir la evasión fiscal y fue interpretada por el presidente como evidencia de que sería imposible acotar los abusos del poder económico con un poder judicial como el que tenemos.
Por todo lo anterior, cualquiera que desee negociar con Morena la reforma judicial, no debe partir de la idea de que la renuncia de Piña es suficiente para que la reforma se atempere. La reforma se atemperará cuando haya una contrapropuesta que plantee formas efectivas y convincentes de separar al poder judicial de los poderes fácticos que lo han colonizado.
De hecho, casi todo en la reforma puede ser rastreado a ideas que tiene Morena de cómo establecer dicha separación. Por ejemplo, la idea de elegir a jueces por voto popular es un intento por romper las redes de amiguismo y colusión que se ocultan dentro del servicio profesional de carrera del poder judicial. Las redes existen porque, si bien en cierto que para tener ciertos puestos es necesario aprobar exámenes, la realidad es que muchas más personas aprueban los exámenes de las que logran tener un puesto. Ya en corto, los puestos se otorgan con demasiada frecuencia a los leales y los parientes, creando cofradías y clicas.
La reforma no es una venganza contra Piña, es el reconocimiento de que se requiere un poder judicial alejando de los poderes fácticos. Ese debe ser el punto base de negociación de cualquier contrapropuesta.
https://www.milenio.com/opinion/viri-rios/no-es-normal/el-motivo-de-la-reforma-judicial
6/10/2024
Cinco razones por las que ganó Sheinbaum
La morenista ganó entre votantes de todo género, edad, educación, profesión o ingreso, con excepción de patrones o personas con licenciatura que representan menos del 17% de votos
4/12/2024
Soy fría y sin corazón
Viri Ríos
Los calificativos que Xóchitl Gálvez utilizó contra Claudia Sheinbaum en el debate son característicos de la misoginia hacia mujeres en puestos de poder
Así me han clasificado una y mil veces a mí y a millones de mujeres que no jugamos el papel tradicional que la sociedad espera de nosotras. A las que decidimos tener una carrera profesional en vez de solo ser madres. A las que tienen puestos de liderazgo. A las que “abandonan” a sus hijos en guarderías. A las que toman decisiones con la cabeza.
Es por eso que, cuando en el debate presidencial escuché a Xóchitl Gálvez argumentar que Claudia Sheinbaum era “fría y sin corazón”, entendí de inmediato lo que intentaba. Me atrevo a decir que no hay una sola mujer en posiciones de liderazgo que no lo haya entendido.
La referencia apela a lo que el experto en psicología social David Smith, de la Universidad John Hopkins, llama “evaluaciones estereotípicas”. Es decir, a la tendencia a evaluar el profesionalismo de las mujeres con base en atributos que tradicionalmente se consideran femeninos como la generosidad, la calidez y la cordialidad. Y a castigar duramente a las mujeres que presentan características que solo son socialmente aceptables en los hombres como la asertividad, la competitividad y la ecuanimidad.
En un país machista como México, las evaluaciones estereotípicas son muy comunes y explican en gran medida la dificultad que las mujeres tienen para acceder a puestos de poder. El reto que nos imponen los estereotipos es infranqueable. Se nos demandan virtudes masculinizadas para acceder al poder, pero se nos castiga si las demostramos.
Por eso, a un hombre líder casi nunca se le llamará frío. Se le llamará sereno, mesurado, elegante o ponderado. En cambio, a una mujer que muestre las mismas características se le tachará de insensible, impasible, distante y, en el peor de los casos, incluso se hará referencia a su vida sexual llamándola frígida.
Así, llamar frías a las mujeres que buscan acceder al poder en México es el último y más potente de los insultos. Implica que la mujer en cuestión fracasa en realizar la principal labor que le ha asignado la sociedad: el cuidado y el amor al prójimo por encima de sí misma. Equivale a pintar la letra escarlata. A violar la máxima de las premisas. La idea de que una mujer existe para ayudar al resto o, mejor dicho, para ayudar a un hombre al tiempo en que se hace a un lado.
Fría y sin corazón le llamaron a Claudia. Como me llamaron a mí cuando decidí irme estudiar el doctorado a una ciudad distinta a la de mi entonces prometido. Como le llamaron a mi madre cuando intentó estudiar una carrera de noche en vez de prepararnos la cena. Como le llamaron a mi abuela cuando se atrevió a decir que quería ir a la primaria en vez de cuidar a sus hermanos.
Soy fría y sin corazón como lo somos todas. Todas las mujeres que decidimos que no se vale ser lo que la sociedad espera. Que no estamos aquí para satisfacer los estándares irreales del patriarcado. Que no podemos o simplemente no queremos hacerlo.
Por eso, una de las más comunes consignas de las marchas feministas es gritar “somos malas”. La consigna apela a que todas sabemos que, cuando demandemos justicia, reconocimiento y liderazgo de parte de la sociedad mexicana, una de las principales críticas que se nos harán es decir que somos malas. Malas madres, malas esposas o “malas de corazón”, como dijera Gálvez. El grito apela a lo ridículo y discriminatorio que nos parece ese calificativo. Y a lo poco que nos importa que nos lo pongan. La consigna típicamente comienza con una mujer diciendo “somos malas” y el resto a coro respondiendo “podemos ser peores”.
No me sorprende que solo los hombres sin experiencia política del equipo de Xóchitl Gálvez hayan repetido el mensaje de frialdad en sus redes sociales. “Sheinbaum demostró ser la dama de hielo”, dijo Enrique de la Madrid. “Sheinbaum en el debate: fría”, fue el veredicto Claudio X González. “Se mostró fría, distante”, dijo Max Kaiser.
Los políticos de carrera que acompañan a Gálvez, gente como Marko Cortes, Alito Moreno, Jesús Zambrano y Santiago Creel, no compartieron el mensaje machista. Más sabe el diablo por viejo, dice el refrán










