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8/27/2024

Hundir a México


Viri Ríos


Ante el fracaso de la oposición para lograr que los consejeros del INE le quitaran la mayoría calificada a Morena a la mala, es decir, cambiaran la interpretación constitucional a modo de la oposición, su siguiente estrategia es hundir el barco completo. El país completo.

La estrategia, bosquejada en su versión más radical el día de ayer por la columnista del Wall Street Journal, Mary Anastasia O'Grady, consiste en “short Mexico”. Es decir, utilizar una agresiva estrategia financiera para especular en contra del peso que suele quebrar economías completas.

O'Grady sugiere hundir a la economía mexicana porque, como comentó Ciro Murayama, Morena logró la supermayoría en el Congreso por medio de un fraude.

Quiero detenerme aquí porque esto evidencia que la escalada retórica de la oposición ya ha llegado a puntos peligrosos. Sus mentiras ya dejaron de ser simples hipérboles repetidas en sus medios afines y Youtube. Ahora, están atentando contra la estabilidad del país completo.

Su irresponsabilidad es mayúscula. Tal es el enojo de los opositores por su derrota que prefieren echar el país por la borda, infligir un tremendo sufrimiento a los mexicanos y empobrecernos, antes que permitir que Morena siga ganando elecciones.

Esto es grave y ante ello, Morena debe reaccionar con mucha inteligencia. Solo persistir por el mismo camino no ayudará. Solo enojarse tampoco.

Sheinbaum debe redoblar su campaña para realizar reuniones uno a uno con inversionistas de alto calado a fin de comunicar los escenarios que vienen después de las reformas y el contenido explícito de ellas. Debe quedar en claro que el resultado no será una dictadura, como los clarividentes de la catástrofe auguran.

A quien sea que le interese la estabilidad del país, que es a muchos empresarios, debe dejar de repetir, sin mayor análisis, lo que dicen los opositores catastrofistas. Los opositores no tienen interés en la estabilidad. Por el contrario, la inestabilidad les ayudaría a ganar elecciones.

Es imperante recobrar el realismo. Después de las reformas habrá, en el peor de los escenarios, un México más centralista y con menos órganos autónomos. Puede que estemos en contra de eso, pero ello no configura que México se vuelva una dictadura. Muchas democracias consolidadas son centralistas y carecen de organismos autónomos.

No es ideal que los jueces sean electos, no. Pero ello tampoco configura un control completo de Morena del poder judicial. Al menos una tercera parte de los candidatos serán propuestos por fuerzas opositoras. Además, muchos de los jueces serán reciclados. Más aun, la alternativa, sin reforma, es que Sheinbaum elija todo.

Un dato más: la abismal mayoría de los organismos autónomos que van a depender ahora del ejecutivo no existían en 2014 ¿Era México una dictadura en 2013? La respuesta es no.

Es importante dejar de promover la idea de que la catástrofe es inminente porque los mercados pueden tomarnos la palabra.

Termino con algo importante: esta no será la primera ni la única vez en que los opositores lleven las discusiones ante los inversionistas. Así lo harán de ahora en adelante porque no tienen poder en las urnas. Su único poder es el dinero y ese poder es suficiente para hundir el barco.

Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.

7/27/2023

Querer otro Colosio

 sinembargo.mx

Fabrizio Mejía Madrid

Esta semana, cuatro destacados comunicadores del grupo de Claudio X. González hablaron del asesinato de su candidata a la Presidencia, la Senadora Gálvez. Fueron Beatriz Pagés, exdiputada del PRI y oradora de las marchas del INE No Se Toca; Raymundo Riva Palacio, de El Financiero; Ricardo Alemán en La Silla Rota, y Joaquín López-Dóriga. Una característica de los atentados contra los poderosos es que, por lo general, nadie los avisa, no salen antes en los periódicos y en la radio. Pero estos cuatro usaron ese último recurso ante el desplome de la candidatura de la Senadora del conflicto de interés. Esta columna trata de explicar por qué le desean la muerte violenta a su propia candidata. 

Antes de pasar a los dichos de estos cuatro propagandistas de la involución, me gustaría hablar un poco del asunto Colosio. Como ustedes saben y recuerdan quizás vívidamente, el 23 de marzo de 1994, se asesinó a Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI para suceder a Carlos Salinas de Gortari en la Presidencia de la República. A pesar de que sufrió dos entradas de bala, las distintas fiscalías especiales concluyeron en que sólo un hombre, Mario Aburto, al que se le inventó una locura muy particular en la que él se concebía como un Caballero Águila azteca, era el único responsable. No había dos balas, una en la sien derecha, otra en el abdomen izquierdo, sino que el mismo cuerpo de Colosio había dado una voltereta para recibir los dos impactos. Cuando, con Miguel Montes como Fiscal, se simuló investigar la posibilidad de una conspiración para matarlo se estudió un complot dentro del propio mitin en Lomas Taurinas, Tijuana, y no afuera de ese mitin en la vida política nacional. Así, simularon que era dentro del mitin y no afuera donde estaba la respuesta de una supuesta conjura y se quiso ver a personas que lo detenían, jalaban, se tiraban a sus pies, le gritaban advertencias. Tuvimos “el clavadista” y “el lentes”, una supuesta señora que gritaba: “Lo van a matar”, en vez de: “Y en el hogar”. Los fiscales volvieron al asesino solitario y Mario Aburto sigue purgando su condena. El punto del homicidio de Colosio y esta nueva deseo-premonición de los comunicadores del viejo régimen, es su efecto: el PRI, que ya había perdido seis años antes contra el movimiento cardenista del Frente Democrático Nacional y había tenido que ordenar un fraude de carnicero, logró obtener el 48 por ciento de los votos con una campaña que no se hizo con el rostro del candidato sustituto, Ernesto Zedillo, sino con moños negros de luto. El miedo a la violencia había sostenido, por última vez, al PRI. Un crimen del que sólo tenemos la misma imagen de espaldas con una pistola apareciendo de la nada, había hecho ganar una vez más al PRI, su última vez ininterrumpida, hasta su regreso del brazo de las televisoras y Enrique Peña Nieto. Lo que hizo el grupo que llevó a cabo el homicidio de Colosio fue generar terror ante un Gobierno que, para ganar, era capaz de asesinar a su propio competidor. Los electores reaccionaron ante la enormidad del desajuste votando casi como un conjuro para apaciguar a la bestia priista.   

La aventura de López-Dóriga, Riva Palacio, Alemán y Pagés se explica de esta forma. Su candidata, la Senadora Gálvez, venía de una semana negra donde ella misma declaró su intención de disolver la seguridad social a favor de que cada empleado del Gobierno comprara un seguro médico. En Chihuahua, a pregunta expresa, la candidata del PRIAN dijo: “Mira, yo realmente creo que es un tema que hay que estudiar. El tema de seguros de gastos médicos creo que lo deben de pagar los empleados. Si podrías hacer un paquete de funcionarios a un precio muy competitivo”. Por ejemplo, mi seguro que yo pago pues pago como 130 mil pesos mensuales, que por cierto lo he pagado siempre, estando fuera del Gobierno porque para mí es muy importante la antigüedad de mi seguro”. Pero si ese seguro lo contratara en un paquete de 300 mil empleados, pues a lo mejor podría costar 70 mil pesos. Entonces a lo mejor el Gobierno podría licitar ese paquete de seguro para todos, pero que lo pagaran los empleados y lo podría licitar a un precio mucho más competitivo del que hoy pagamos de manera privada. Esa parte creo que se podría hacer que sería muy factible para los empleados, pero lo que ya no está para el erario no puede volver. O sea, creo que sí es importante pues que cada quien pague su seguro, así como yo pago mi gasolina, como pago mi automóvil”. La declaración la sumió en la penumbra porque trata, al igual que sus patrocinadores neoliberales, la salud como una mercancía, como la gasolina para un automóvil, justo uno de las ruinas que se asomaron cuando tuvimos que enfrentar la pandemia de COVID-19: el sistema de salud público desmontado a favor de las aseguradoras, los privados, los consultorios privados adyacentes a las farmacias, la falta de doctores y enfermeras porque las universidades rechazan al 90 por ciento de quienes quieren estudiar esas profesiones. 

Pero unos días más tarde, su principal palero, el expresidente Vicente Fox, se aventó dos declaraciones funestas para cualquier candidato que no quiera hacer el ridículo en las elecciones de 2024. Fox dijo en una entrevista en Latinus: “ “Los huevones no caben en el Gobierno y tampoco en el país; ya se acabó que estén recibiendo programas sociales. ‘A trabajar, cabrones’, como dice Xóchitl”. Fox pasó a insultar en una sola frase al 71 por ciento de los hogares mexicanos que reciben uno de los programas sociales constitucionales de la 4T. Fox pasó en una sola frase a quitarles la nacionalidad mexicana o, al menos, a no considerarlos dignos de vivir en México a 25 millones de personas. Fox pasó, en una sola frase, a equiparar el recibir un derecho constitucional a ser perezosos, cuando, quizás él no lo sepa, las becas, los apoyos, no son como eran las pensiones a los expresidentes, es decir, que se les daban sólo por existir, sino que están condicionadas a estudiar, a capacitarse o a trabajar. No existe un programa en el que los beneficiarios no hayan ya trabajado, como los adultos mayores, o estén trabajando y estudiando. La economista Viridiana Ríos analizó a los llamados “parásitos” por Vicente Fox y encontró que los beneficiarios trabajan las mismas horas que los que no reciben apoyos, es decir, entre 36 y 52 horas semanales. Pero lo interesante es que tomó al segmento que trabajo hasta extenuarse, el que lo hace 76 horas, es decir, el doble del promedio, y encontró que esos son los que reciben más apoyos de los programas sociales. Concluye la economista: “El 10 por ciento más rico recibe 174 por ciento más dinero regalado que el 10 por ciento más pobre”. Pero, además de humillarse a sí mismo, Vicente Fox logró hundir también a su candidata. Pero no terminó con ella en esa entrevista de Latinus. Por deseo propio de ayudar, tuiteó en su cuenta Vicente Fox: “Sheinbaum es judía búlgara, Ebrard es fifí francés, Noroña es extraterrestre, y Adán Augusto de Transilvania. Xóchitl es la única mexicana”. A su manera, Fox quiso abarcar un tema que está latente en la derecha del PRIAN: la xenofobia. Han dado muestras de ella al protestar contra la implantación de los programas de siembra de árboles y de capacitación de jóvenes en Guatemala, Honduras y El Salvador para despresurizar las olas migratorias. Las senadoras de Acción Nacional han dicho que se le da el dinero de los mexicanos a los “extranjeros”. Dijeron lo mismo cuando se contrató a los médicos cubanos para atender poblaciones marginadas. Dijeron lo mismo cuando se rescató a Evo Morales de una muerte segura durante el golpe de Estado en su contra en Bolivia. Les preocupaba mucho cuánto ganaban los salvadoremos o los médicos cubanos o qué comía Evo. La xenofobia ha estado ahí y es Fox el que, a su pedestre manera, trata de articularla en un discurso vagamente “nacionalista”, que recordó la mentira de Donald Trump sobre que Barak Obama no era estadunidense, sino keniano. Así que fue una mala semana para la Senadora Gálvez, no imputable al Presiente López Obrador o al Partido Morena, sino a su propia concepción de la salud como una mercancía más y a los dichos reaccionarios de un digno representante de la derecha yunquista y panista, Vicente Fox. 

Así que alguien ideó la forma de salir de esta semana ordenando que cuatro Claudiopinadores sembraran la posibilidad de un atentado contra la vida de la Senadora Gálvez. ¿Para qué? Para re-centrar la atención en López Obrador como el Presidente que le “teme” —así dicen ellos— a Xóchitl Gálvez, a pesar de que el Presidente tiene la aprobación de ocho de cada 10 mexicanos, según todas las encuestas de opinión y que Morena ronda la identificación de casi la mitad de los electores en el país. Aún así, se le “teme” a la Senadora de los conflictos de interés. 

Empecemos con López-Dóriga. Él dice lo siguiente sin miedo al abismo comparativo y menos al pozo de su dislexia: “Porque como está siendo víctima de una ofensiva desde el Presidente de la República, diputados y senadores de Morena, una violencia verbalmente violenta —así habla López-Dóriga— entonces, lo que está en riesgo es su seguridad. ¿Por qué? Porque siempre hay un ofrecido, un loquito, un ofrecido que dice “Yo voy a quedar bien con el Presidente”. Entonces, habló —así dice en pasado el locutor— de su seguridad. Yo insisto: que le tienen que garantizar su seguridad y que se la tiene que garantizar el Estado mexicano. ¿Por qué? Porque lo peor que le podría pasar a este país en este momento, que le sucediera algo a Xóchitl Gálvez, porque sólo habría un responsable. Así como este grupo que hoy gobierna, al asesinato de Colosio señaló al entonces Presidente Carlos Salinas como el autor intelectual, esto se repetiría en la oposición”. Así habló López Dóriga sin ningún respeto por la propia familia de Colosio que rechazó en su momento la idea del “loquito” en el asesinato político. Yo pregunto: ¿de dónde saca López Dóriga que los asesinatos políticos son de alguien que quiere “quedar bien” con el Presidente en turno? No hay uno solo de que dispararon contra Manuel Ávila Camacho o Díaz Ordaz, en la posguerra o el que asesinó a Álvaro Obregón el 17 de julio de 1928, que se haya convertido en criminal por “quedar bien”. Es un argumento tan cretino que ni siquiera valdría la pena mencionarlo, pero sí lo hago es porque ya lo usaron fallidamente en el caso Gómez Leyva. Por poner un ejemplo, de decenas que hubo en esas fechas de diciembre del año pasado, Denise Dresser escribió: “Este es el clima para el periodismo en México, donde las descalificaciones emanadas de la ‘mañanera’ importan. Dan permiso para agredir así. Basta ya”, dijo al mostrar agresiones que ha recibido en redes sociales. Hoy tocó a Ciro Gómez Leyva. Mañana será alguien más. Esto debe parar”. Así, Dresser trató de embonar la guerra que el grupo de Claudio X. González ha emprendido contra las “mañaneras” con un atentado que tuvo que ver con el crimen organizado y que terminó con Ciro refugiado en casa de, precisamente, Manlio Fabio Beltrones. 

En El Financiero, Raymundo Riva Palacio ignora lo de “asesinar a una persona sólo por convivir” y se va a otra posible fuente de violencia: el crimen organizado, que fue lo de Gómez Leyva. Para ello, tiene que asociar al Presidente con los narcos y lo hace de la forma más burda que su perspicacia le regala. Escirbe: “Han ubicado a Gálvez como una candidata que amenaza el verdadero statu quo, el de los cárteles de las drogas, porque la forma como los ha tratado López Obrador les ha permitido aumentar su control territorial, ampliar su base social y realizar su negocio ilegal sin intromisión de la autoridad, con lo cual aumentan sus ventas domésticas, el trasiego de drogas a Estados Unidos, Europa y Asia, y obtienen los recursos suficientes para armarse y seguir extendiendo el dominio territorial en la Nación”. Eso asegura Riva Palacio para quien no existe la disminución de los delitos en 32 por ciento en el país y el primer lugar de homicidios en Guanajuato, gobernado eternamente por Acción Nacional. No existe la detención de los generadores de violencia, incluido a Ovidio Guzmán, el hijo del “Chapo”, cuya liberación, en un primer operativo fallido, le sirvió a la oposición para alegar un acuerdo. Pero sigue Riva Palacio: “La situación de la que López Obrador es arquitecto es más delicada y peligrosa de la que se vivió desde finales de 1993 hasta el 23 de marzo de 1994, cuando Mario Aburto mató al candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio. Aburto, hasta donde las pruebas hoy en día muestran, fue un asesino solitario confeso”. Es decir, Riva Palacio insiste en rememorar a Colosio, cuando la Senadora Gálvez ni siquiera es candidata, ni una figura nacional. Lo digo por el dato en las encuestas de que no la conoce el 26 por ciento.  

Escribe Ricardo Alemán en La Silla Rota: “No es exagerado advertir del peligro potencial en que se encuentra la Senadora Xóchitl Gálvez. Riesgo de que el fanatismo que acuna la casa presidencial sea lanzado contra la integridad física de la más aventajada precandidata presidencial. No es exagerado advertir del peligro potencial en que se encuentra la Senadora Xóchitl Gálvez. Amenaza de que el odio expresado desde Palacio –que ya se transformó en guerra sucia contra la empresaria desde medios oficialistas–, termine en un atentado en su contra. Y no es exagerado porque en la historia de la humanidad siempre han existido consecuencias cuando, desde lo más alto del poder se señala, acusa, cuestiona o censura a un ciudadano”. Es decir, la única prueba de Alemán es la historia de la Humanidad. Vaya. No recuerdo en qué mañanera el César romano habló mal de Cristo y provocó que un “loquito” lo crucificara. O si los senadores ya habían hablado mal de Julio César antes de apuñalarlo. 

Con menos miedo al ridículo todavía, Beatriz Pagés, escribió desde el 7 de julio en su revista, lo que la hace precursora del delirio. Escribe Pagés: “La pregunta es si López busca parar con balas a la oposición.  Con sus palabras pone la vida de los aspirantes en la mira de los delincuentes. La campaña presidencial del 2024 será la más peligrosa de la historia moderna. Si en las elecciones intermedias del 2021 los “narcos” secuestraron y asesinaron candidatos para favorecer a Morena, en la contienda por la Presidencia un magnicidio puede llegar a formar parte de algún plan. El Gobierno está obligado a cuidar la integridad física de los futuros candidatos a la Presidencia. De volverse a repetir en el país un magnicidio –como en 1994– esa muerte, tendrá un solo responsable político. López Obrador acabará sus días tratando de hacer olvidar lo que él mismo sembró y propició”. Los mismos argumentos se repiten en los cuatro claudiopinadores: alguien va a asesinar a la Senadora, será como Colosio, y será culpa de quien ellos llaman “López” como un insulto. 

Pero la semana negra de la Senadora Gálvez terminó con la primera encuesta que la carea contra cualquiera de los aspirantes de Morena. En cualquiera, hasta con Manuel Velasco, del Verde, la Senadora perdería por 30 puntos, porque Sheimbaum, Ebrard o Noroña obtendrían más de la mitad de todos los votos, más del 50 por ciento en todos los casos. Ella sólo obtendría la mitad de la mitad, alrededor del 25 por ciento. Y esa realidad no es un atentado sino una decisión soberana.  

Fabrizio Mejía Madrid

Es escritor y periodista. Colabora en La Jornada y Aristégui Noticias. Ha publicado más de 20 libros entre los que se encuentran las novelas Disparos en la oscuridad, El rencor, Tequila DF, Un hombre de confianza, Esa luz que nos deslumbra, Vida digital, y Hombre al agua que recibió en 2004 el Premio Antonin Artaud.

7/09/2023

Lawfare: el sustituto de los golpes de Estado

 elsoberano.mx

Por: Emmanuel Moya

Estamos viviendo nuevos tiempos políticos, donde la lucha por gobernar a nivel nacional como internacional ha tomado nuevas modalidades. Han quedado atrás los métodos utilizados para arrebatar el poder en diversas partes del mundo, el uso de la fuerza mediante acciones militares con el fin de sobreponerse a gobiernos legítimamente constituidos parece ser cosa del pasado. En particular, Centro- y Sudamérica han padecido el acoso estadounidense y europeo para imponer modelos neoliberales económicos y políticos en aras de extender la ideología de ultraderecha que representa gran parte del corporativismo tecnocrático.

Se dice, además, que los medios de comunicación son el “quinto poder”, aunque para efectos de debilitar a un gobierno escogido democráticamente pareciera que se trata del primer poder, lejos de la fuerza militar o de las revueltas civiles provocadas desde la oposición. El lawfare es lo que está de moda, se trata de una guerra política por la vía jurídica, acompañado también de un golpeteo suave, atacando los detalles en los que falle una administración pública para magnificarlos y escenificarlos a manera de generar un ambiente de incapacidad para gobernar. Este método tiene una base sofista, donde las mentiras disfrazadas de verdades son utilizadas por los medios de información generando incertidumbre entre la ciudadanía, el primer golpe (la mentira), causará mayor impacto que la propia réplica que venga después, posteriormente si la mentira no es tan evidente, se judicializa el asunto, e incluso, puede existir una sentencia en contra de autoridades legitimas que sólo actúan en el marco jurídico correspondiente, sancionándolas incluso con la destitución o juicio político para ir limpiando el camino de su cometido.

Estados Unidos por citar un ejemplo, estaba acostumbrado a invertir enormes cantidades de dinero apoyando a las fuerzas armadas y de seguridad de gobiernos más débiles supuestamente para resolver sus problemas, bajo la condición de que adopten políticas económicas y de seguridad alineadas a lo que establece el Banco Mundial y agencias internacionales de seguridad como la DEA o la CIA, obviamente, esto se daba mediante la pérdida de soberanía al dejar pasar elementos de inteligencia y espionaje al país cooperante, de esa manera un día orquestaban un golpe de estado justificado en nombre de la democracia, la libertad o contra el terrorismo, como lo que sucedió en Chile tras derrocar a Salvador Allende, por citar sólo un ejemplo. A diferencia de esos casos, ahora los golpeadores usan los medios de comunicación para difundir noticias falsas que afectan, ya que una mentira se replica mucho más que la propia aclaración, por lo tanto, el efecto es devastador si se repite diariamente por diversos canales de información.

Otro medio que se utiliza para dar golpes de estado en la forma moderna de lawfare, es por medio del sistema legislativo y judicial contra el propio Ejecutivo, en este método se frenan iniciativas propuestas por el Ejecutivo o por las bancadas del gobierno actual para que los cambios prometidos no se lleven a cabo, con ello, se da la apariencia en los ciudadanos de que todo es parte de lo mismo, es decir, que existe un gatopardismo como decía Tomasi di Lampedusa, que consiste en que todo cambie para que nada cambie. Pero, peor aún, en el caso de México, donde las Cámaras de Diputados y Senadores en su mayoría pertenecen al partido gobernante (Morena), este poder no es un obstáculo para el Gobierno de México, por el contrario, al contar Morena con la mayoría relativa en ambas cámaras, se tiene a un poder aliado por decir lo menos, por lo que los opositores utilizan la última instancia que es el Poder Judicial, la Suprema Corte de Justicia de la Nación como órgano garante de la Constitución, y los juzgados de primera y segunda instancia, así como el Consejo de Judicatura Federal, donde su presidente es el mismo que el de la Suprema Corte, que por desgracia están al servicio de unos cuantos oligarcas que sirven para frenar todo lo que el Ejecutivo proponga, el Legislativo apruebe, pero menos para impartir justicia.

Este fenómeno de lawfare, México lo ha sabido neutralizar y de cierta forma hasta sacar provecho ¿de qué manera? pues con la transparencia, y me refiero no a la transparencia como la que supuestamente brindan los llamados Órganos Autónomos, como el INAI o el INE, sino con la información sin filtros ni tapujos dirigida al pueblo de México cada día. Esta tarea resulta sumamente compleja, sin embargo, solamente si las autoridades que gobiernan y que son atacadas tienen la credibilidad y están libres de investigaciones o acusaciones formales de corrupción, saldrán avante, e incluso fortalecidas, de la batalla, de lo contrario serán presas del sistema mediático judicial.

Finalmente puedo comentarles que, el lawfare es una herramienta golpista que debemos empezar a analizar y a contrarrestar con mecanismos efectivos como el que señalé anteriormente (la transparencia y publicidad), estoy seguro de que debe haber otros más efectivos, dependerá también del contexto del país y del momento en que se presente. Creo que al final, la mejor herramienta contra este mal tan peligroso e intervencionista es la honestidad, un valor en el que por más que se diga lo que se diga, y donde se diga, se tenga sustento en una verdad y en la Ley, sólo de esa manera, sumado al derecho de réplica, se puede desacreditar este fenómeno tan poderoso que lo único que busca es proteger intereses económicos de unos cuantos corruptos. México ha sido víctima fácil de cualquier imputación porque no ha tenido gobernantes que se manejen con rectitud, por eso, poco a poco estamos cambiando a modelos más apegados al Estado de derecho.


@emmanuel_moya_
Licencia en Derecho y Maestro en Políticas Anticorrupción. Constitucionalista y penalista. Especialista en seguridad.

1/15/2019

Huachicoleo, complejidades y audacia de López Obrador

Ya desde la campaña, el presidente Andrés ManuelLópez Obrador lo advertía a diario: “se acabarán los huachicoleros de arriba y los huachicoleros de abajo”.
A medidos de diciembre, López Obrador, perfilaba el asunto al advertir que la violencia, recrudecida particularmente en Guanajuato, se relacionaba con esa actividad ilícita. No era el narco, ni las actividades delictivas que implican organización y logística, como en pasadas administraciones.
El asunto es de especial complejidad si nos ceñimos al discurso público: una operación que motiva (por escases y por compras de pánico, cuya medición no es transparente aun) un desabasto de combustible y, el llamado constante a la población a apoyar la medida (que según encuestas como la de Reforma del pasado viernes 11 goza de aprobación).
De entrada, la forma en que se operó obligó el involucramiento ciudadano que, mayoritariamente, nada tiene que ver con el robo o el consumo de combustible robado, excepto cuando lo adquiere sin saber su origen en una gasolinera, algo que podrían identificar –como lo han hecho, cruzando ventas de Pemex con ventas en gasolineras– sin crear el desabasto.
Luego, planteada como una necesidad para erradicar el huachicoleo, dos aspectos motivan la incógnita: el primero, sobre la efectividad de largo plazo de la medida pues a menos que el gobierno se proponga mantener una vigilancia permanente en los ductos pareciera enfrentar un circulo vicioso; el segundo, es que lo único que podría inhibir el robo de combustible, como ocurre con toda actividad delictiva, es la eficacia del sistema de procuración e impartición de justicia, es decir, erradicar la impunidad en un sistema alterno –así lo ha descrito López Obrador—que involucra a funcionarios de Pemex.
Y una vez más, el discurso plantea complejidades no resueltas y declaraciones aparentemente contradictorias.
Hasta hoy, el gobierno de la República ha anunciado la consignación a un juez de cinco expedientes, que involucran a tres exfuncionarios de Pemex; además, se tienen indicios de la participación de un exfuncionario más de la petrolera, así como de un exalcalde y un exdiputado local, cuyas cuentas cuentas han sido congeladas por la Unidad de Inteligencia Financiera de la secretaría de Hacienda.
Si bien es cierto que la secrecía de los procesos penales impide por lo pronto conocer los nombres de los implicados, también lo es que por los perfiles expuestos no parece tratarse de personalidades destacadas de la vida pública, no implica por lo pronto a quienes, podríamos llamar “peces gordos” que nadan en huachicol.
No tendría que ser necesariamente así, excepto porque el presidente López Obrador ha sido insistente en que sus antecesores son responsables de toda la corrupción y los demás, sólo chivos expiatorios. En este asunto no se pronuncia por la impartición de justicia, pues propone someter a consulta eventuales procesos, insistiendo en que él prefiere un “punto final”.
Por supuesto, es factible, como ocurre en toda investigación de gran calado –y en caso de que esta lo sea, como se dice y parece ser–, que a partir de indiciados de escasa importancia se llegue a los cerebros y grandes beneficiarios de esa actividad delictiva y, por lo tanto, sigue siendo temprano para determinar el éxito o fracaso de la medida.
De lo que no cabe duda es que López Obrador es audaz en el manejo político de sus decisiones y que, como él mismo ya anunció, este es el primero de otros grandes asuntos que abordará en el futuro con poca transparencia y control personalísimo de la información, conductas por las que, dado el respaldo popular que tiene, resulta difícil el escrutinio.

Ante la crisis gasolinera, promoción de la inestabilidad

Hay consenso en alcanzar el objetivo en cuestión. Nadie en su sano juicio podría reivindicar el delito recurrente del huachicol como una plausible política pública. Hay, por esa razón, consenso en alcanzar ese propósito como una de las primeras batallas que está librando el nuevo régimen. No se trata sólo de una cuestión de corrupción e impunidad, sino de atacar un instrumento financiero que hasta ahora había venido dando los recursos para que todo siga igual, para mantener el statu quo. Los puntos centrales que permiten hacer una radiografía del avance de esta batalla son los siguientes:
Primero. Buena parte de los medios ha utilizado esta decisión política para intentar fallidamente doblar al gobierno federal con contratos publicitarios y prebendas adicionales. La técnica ha sido identificar puntos específicos de hartazgo y molestia pública por el desabasto transitorio de gasolina para presentarlos como muestras de un estado de ánimo generalizado en los más distintos grupos de la sociedad mexicana. Y esto es una mentira, un acto de desinformación ajeno a los mínimos estándares de la ética periodística, que hasta ahora no ha podido impactar en las pautas de comportamiento de la ciudadanía. No es mi opinión, que, como todas, puede coincidir con otras y diferir de algunas más. 
Una muestra de lo que afirmo se sustenta en la ausencia de marchas y protestas sociales no se diga de gran calado, sino incluso relativamente pequeñas. No se observan por ningún lado. Sobra decir que si las hubiera habría muchos intereses en mostrarlas como el preludio del caos social. No es el caso. El llamado del presidente López Obrador está permeando más en la formación de la opinión pública en esta lucha que las voces de sus detractores que vaticinan el diluvio. 
Segundo. El gobierno federal mantiene el apoyo expreso y puntual de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas civiles del orden que, por el contrario, están dando vida y sentido a esa gran batalla a favor del patrimonio social. No hay, ni por asomo, señales de levantamientos armados, deserciones en masa de zonas o regiones militares que pudieran en ese inexistente pero hipotético caso poner en riesgo la seguridad nacional y, en el extremo, la viabilidad del Estado mexicano. 
Es importante reiterarlo: las Fuerzas Armadas están siendo parte activa de esa difícil pero necesaria decisión que el gobierno federal ha tomado en un caso enorme de corrupción que había permanecido intacto al menos durante los tres últimos tres gobiernos que, por acción u omisión, incurrieron en un agravio de tracto sucesivo a la nación. También hay que decir que ha habido errores, y los seguirá habiendo, en la parte adjetiva. Jamás se llegará, por consecuencia, a la perfección, que es inhumana. Es deseable, empero, que los errores vayan siendo menos por aproximaciones sucesivas. 
Tercero. El reto que representa el huachicol supone, de igual forma, una prueba palmaria de que la inmensa mayoría de la población entiende, lato sensu, el problema, confía y apoya la decisión del presidente de la República en esta cruzada de gran magnitud contra uno de los más grandes fenómenos de corrupción e impunidad de que se tenga memoria en el México contemporáneo. 
Habría sido difícil que otro gobierno en este siglo hubiera hecho una proeza de esa naturaleza, por dos razones: a) Por la convicción de que ese caso de corrupción era imposible de resolver y, por ello, lo mejor era administrarlo y formar parte de la ecuación. En la política tradicional, el único pecado que no se perdona es la falta de complicidad. Y ninguno de los tres gobiernos anteriores quiso tener en sus filas a semejantes pecadores; y b) Porque esos tres gobiernos fueron ajenos al pueblo, a los de abajo, a quienes expoliaron para que muchos empresarios (no todos, por supuesto) fueran más ricos y los pobres más pobres. En ese contexto, toda acción gubernamental siempre se vio con suspicacia.
Cuarto. Los mensajes de organizaciones empresariales y de los grupos de interés autollamados “sociedad civil” (con las honrosas excepciones de siempre) que deploran la “estrategia” y el “desabasto” de combustible carecen de los elementos esenciales que les permita tener de rodillas al Estado mexicano como sí pudieron tener espacios durante el gobierno de Enrique Peña Nieto y compañía: a) Tanto esos grupos de empresarios como quienes se hacen llamar “sociedad civil” no ganarían, ni lo han intentado porque lo saben, una elección estatal. Ello pone de relieve su ausencia de representatividad social y sus acotadas habilidades de movilización popular; y b) Tampoco cuentan con elementos armados, de suerte tal que pudieran disputarle a la Marina, al Ejército y a la Fuerza Aérea Mexicana el control de los poderes constituidos. 
El problema para estos sectores es que no entienden que las cosas han cambiado de raíz. Lo irán viendo poco a poco cuando el agua llegue a su nivel y ponga a cada quién en el lugar que le corresponde.
ernestovillanueva@hushmail.com