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11/10/2024

Odian al Gobierno. Desean que México se hunda para debilitarlo. Y claro: aman a Trump

 sinembargo.mx

Desde la noche del martes, conforme iba avanzando el resultado de las elecciones en Estados Unidos, diversos analistas, comunicadores y políticos de oposición vaticinaban la desgracia para México con mensajes en los que deseaban que Trump perjudicara al Gobierno federal, ya sea en materia económica o con leyes antiinmigrantes.

Ciudad de México, 7 de noviembre (SinEmbargo).– El retorno de la Presidencia de Donald Trump, una persona que durante su primer mandato en Estados Unidos se caracterizó por ser antiinmigrante y proteccionista, se ha convertido en la más reciente carta de un reducto de mexicanos que anhela que a México le vaya mal y, por tanto, que el Gobierno federal se hunda.

Odian al Gobierno que encabeza la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo tanto o más como odiaban a la administración de Andrés Manuel López Obrador. Y también aman a Donald Trump.

Desde la noche del martes, conforme iba avanzando el resultado de las elecciones en Estados Unidos, diversos analistas, comunicadores y políticos de oposición vaticinaban la desgracia para México con mensajes en los que deseaban que Trump perjudicara al Gobierno federal, ya sea en materia económica o con leyes antiinmigrantes.

Uno de los personajes que causó más polémica por sus escritos fue el analista Pablo Majluf, quien deseó que Trump “perjudique seriamente a nuestra dictadura manera”.

El también columnista propuso tres ideas para impulsar el deterioro de México:

  1. Promover la clasificación de narcos como terroristas.
  2. Apalancarnos contra la agenda woke acá, ya parte central del régimen.
  3. Utilizar Starlink y plataformas similares para eludir las garras del régimen en Internet y el sistema fiscal.

Ojalá, como anticipan algunos, Trump perjudique seriamente a nuestra dictadura bananera. Lo veo difícil e incluso creo que se pueden acomodar y beneficiarse mutuamente. Pero amarremos navajas como se pueda. Veo tres ideas de cajón para la resistencia mexicana:

1. Promover la…

— Pablo Majluf (@pablo_majluf) November 6, 2024

La publicación causó polémica y reacciones diversas en X, donde la mayoría criticó su postura y algunos lo señalaron de “traidor a la Patria”.

Creí que era falso el tuit de @pablo_majluf , pero es abrumador ver que el recurrente “analista” de @Televisa sí escribió esto en serio. Decir sin pena ni reparo lo que “piensa” —desde el intestino que evidentemente suple su masa encefálica— una serie de supuestas brillantes… pic.twitter.com/BQtdydGwSj

— Monero Rapé  (@monerorape) November 7, 2024

Eduardo Verástegui, el ultraderechista que fracasó en lograr una candidatura presidencial independiente en el proceso electoral pasado, celebró la victoria de Trump. Dijo en su cuenta de X que, en materia de seguridad, México no cuenta con la tecnología ni los recursos suficientes para luchar contra los cárteles de la droga, y aseguró que hay “terribles vínculos entre dichos grupos criminales y las fuerzas políticas que han secuestrado a nuestro país”.

Asimismo, manifestó su acuerdo con las políticas xenofóbicas del republicano en materia de migración, al decir que muchas ciudades mexicanas son “víctimas de bandas salvadoreñas, venezolanas, guatemaltecas, que por las malas políticas de puertas abiertas han entrado libremente a nuestro territorio y han dañado a nuestro México”. Además, aseguró que Trump es defensor de la vida (es decir, que está en contra del derecho de decidir) y de la familia.

¡Felicidades Presidente @realDonaldTrump !

Hoy no solo ganan los E.U.A. también gana México e Hispanoamérica entera. Somos hermanos y por más que nos quieran dividir, la importancia de la comunidad mexicana e hispana en los Estados Unidos de América y la relevancia del comercio… pic.twitter.com/1wWJPgflTl

— Eduardo Verástegui (@EVerastegui) November 6, 2024

Por su parte, Christian Camacho, quien fue despedido del PAN por impulsar al partido Vox en México, también celebró que Donald Trump llegue a la Casa Blanca, pues en una serie de post en X, el consultor manifestó discursos de odio en contra de la diversidad sexual, de la autodeterminación de las infancias transgénero, y de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Día 1.

Fin de los cambios de sexo en menores.

Se le acabó la fiesta al colectivo LGBT y a la ideología de género. Ya no pueden mutilar a los niños. pic.twitter.com/nDkNgW3wTA

— Christian Camacho (@ccamacho88) November 7, 2024

El caricaturista Paco Calderón también vaticinó que con la Presidencia del magnate y la Reforma judicial, no habrá inversiones para México.

“Con Trump en la Casa Blanca prometiendo castigar a cualquier empresa que se instale en México, y aquí ya sin Estado de derecho, alguno más que la bananera voluntad presidencial (o ultrapresidencial), puedo augurar que el atractivo de México para todo inversionista es NULO”, escribió.

Con Trump en la Casa Blanca prometiendo castigar a cualquier empresa que se instale en México, y aquí ya sin Estado de Derecho alguno mas que la bananera voluntad presidencial (o ultrapresidencial), puedo augurar que el atractivo de México para todo inversionista es NULO.

— PacoCalderónCartones (@CartonCalderon) November 7, 2024

Otro de los personajes que hizo declaraciones similares fue Marko Cortés, líder del Partido Acción Nacional (PAN), quien ayer hizo un llamado a tipificar el delito de narcoterrorismo para que así el Gobierno de Estados Unidos colabore con el mexicano en su lucha contra los grupos criminales.

La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo condenó esta mañana estas declaraciones:

“Ayer lo leí y no sé si también vieron su declaración el día de la decisión de la Corte, en donde hacía un llamado al Ejército para que tomara partido. No sé si decir que está haciendo el ridículo o de plano llamarle traidor a la Patria, es que no hay explicación inmediata”.

El panista Marko Cortés reiteró la tarde del miércoles el llamado a tipificar el delito de narcoterrorismo, para que así el Gobierno de Estados Unidos colabore con el mexicano en su lucha contra los grupos criminales. En respuesta, el Senador Gerardo Fernández Noroña lo llamó “inútil“.

Urge una estrecha colaboración con el gobierno de Estados Unidos, a fin de tipificar el delito de narcoterrorismo en nuestro país y juntos combatir al crimen organizado. pic.twitter.com/4j89f4ffaa

— Marko Cortés (@MarkoCortes) November 6, 2024

Durante la sesión de esta tarde en el Senado de la República, el todavía dirigente panista aprovechó el triunfo de Donald Trump como Presidente de Estados Unidos para convocar a la coordinación entre este país y México para afrontar a la violencia y la inseguridad.

“Tiene que haber colaboración y por ello insisto, ¿a qué le temen? Que se tipifique en México el narcoterrorismo, ¿o a caso es que están coludidos con los narcotraficantes?”, expresó Cortés.

El Senador del Partido Acción Nacional aseguró que la detención de Ismael “El Mayo” Zambada ocurrió porque las autoridades estadounidenses presuntamente no confían en el Gobierno de México.

En respuesta a ello, el Senador Gerardo Fernández Noroña, quien también funge como presidente de la Mesa Directiva de dicha Cámara, acudió a la tribuna en calidad de orador para arremeter en contra del panista, pues señaló la gravedad de las declaraciones de Cortés.

“El hipócrita dice que está en contra de la militarización del país y pide la intervención del ejército de Estados Unidos porque no tiene los votos, no tiene el respaldo popular. Porque es un inútil e incapaz como dirigente de su partido”, dijo.

El pleito de cada día en el @senadomexicano ahora es entre Gerardo Fernández Noroña y el panista @MarkoCortes

Fernández dijo que Cortés es “un inútil” y lo llamó “senador canalla”. pic.twitter.com/10YlizDKnx

— Leti RoblesdelaRosa (@letroblesrosa) November 6, 2024

Sobre el tema, la Presidenta destacó que Marko Cortés y todos los que esperan que a México le vaya mal con la llegada de Trump a la Presidencia de Estados Unidos actúan como “traidores a la Patria”.

“Sólo vean lo que dice el código penal respecto a traición a la Patria, pero solo vean esa redacción y compárenlo con las declaraciones que está haciendo. Está haciendo el ridículo y además es traidor a la Patria”.

Sheinbaum insistió en el llamado al pueblo de México, desde empresarios, hasta mexicanos que viene en Estados Unidos, para que estén tranquilos.

“Al pueblo e México no le gusta eso, solo a un sector conservador que no cree en México, que tiene esta idea de que los mexicanos no quieren salir adelante y en el fondo es una actitud muy clasista y racista. Nosotros sabemos que tenemos un pueblo extraordinario y que hemos salido adelante de todas. El pueblo de México está tranquilo, yo estoy tranquila y vamos a salir adelante”.

No obstante, también hay personajes que consideran que a México le va a ir bien con Trump en la Presidencia y desestiman las previsiones de analistas que auguran un futuro negro para México.

Gastón Pavlovich, productor de cine mexicano, aseguró que a México le irá mejor con Trump. “Dejen de creerle a la prensa y a los intelectuales tradicionales. Cuestionen todo lo que les den de información. Trump no es quien se lo han pintado. Confirmo: A México, y al mundo, nos irá mejor”, expresó.

Mi raza mexicana, creanme: A México nos irá mejor con Trump.
Dejen de creerle a la prensa y a los intelectuales tradicionales. Cuestionen todo lo que les den de información. Trump no es quien se lo han pintado.
Confirmo: A México, y al mundo, nos irá mejor.

— Gaston Pavlovich (@GastonPavlovich) November 6, 2024

Lo mismo consideró el presidente del consejo de administración de Grupo Financiero Banorte, Carlos Hank González, en una entrevista con medios.

“La volatilidad se genera mayormente por la incertidumbre. Hoy tenemos certeza de quien es el siguiente Presidente de Estados Unidos, tenemos certeza de la relación que se puede construir con él. Creo que lo más importante a resaltar es que, en México, somos socios comerciales de Estados Unidos. Hemos siempre tenido una relación de negocios, de vecinos. Somos vecinos que trabajamos, colaboramos juntos, lo hemos hecho en el pasado como país con el propio presidente Trump”, aseguró el empresario.

¿TRUMP ES REALMENTE UNA AMENAZA?

Donald Trump, quien ganó la Presidencia de los Estados Unidos, había dicho el año pasado que, en caso de que saliera victorioso en la contienda electoral, enviaría al ejército de Estados Unidos para combatir a los cárteles de la droga, aunque ello implicara una guerra con México.

El republicano dijo que no es su intención declararle la guerra al Gobierno de México, pero lo criticó al señalar que el crimen organizado lo ha superado.

Durante una entrevista concedida a Megyn Kelly en su programa “SiriusXM”, el entonces aspirante a la candidatura republicana expuso que su lucha sería en contra de los capos de la droga y no con las autoridades mexicanas.

“Es una guerra contra los cárteles. México está petrificado por los cárteles. Los cárteles están gobernando México. No estoy demasiado preocupado por esa guerra”, dijo Trump, en respuesta a la entrevistadora, quien le advirtió que la acción militar sería un acto de guerra.

El ahora Presidente electo, el expresidente Donald Trump, alza un puño en un mitin en el anfiteatro Atrium Health, el domingo 3 de noviembre de 2024, en Macon, Georgia. (AP Foto/Mike Stewart)

Trump incluso dijo que México está enviando tropas a EU como “ilegales” y que incluso matan a estadounidenses.

“México está enviando tropas a nuestro país en forma de extranjeros ilegales que están matando gente, en muchos casos, causando muchas enfermedades y muchos problemas”, expresó el expresidente, quien reconoció mantener una buena relación con Andrés Manuel López Obrador, presidente de México.

La victoria de Trump prepara el escenario para una rápida ofensiva, luego de que los partidarios del Presidente electo se centraron principalmente en la inmigración y la inflación, temas que el republicano recalcó durante toda su campaña.

Es incierto cómo y cuándo tomarán forma las acciones de Trump sobre la inmigración.

“Construyan el muro” fue el lema de la campaña de Donald Trump en 2016, y actuó en consecuencia al recurrir a presupuestos militares para construir cientos de kilómetros de muro fronterizo con México. “Deportación masiva” fue la expresión de moda que entusiasmó a quienes lo apoyaron en su contienda por la Casa Blanca en 2024.

Aunque Trump y sus asesores han ofrecido un plan a grandes rasgos, quedan muchas preguntas sobre cómo deportarían a las cerca de 11 millones de personas que se estima que están en el país ilegalmente. ¿Cómo se identificaría a los inmigrantes? ¿Dónde serían detenidos? ¿Qué pasaría si sus países se niegan a recibirlos de regreso? ¿Dónde encontraría Trump dinero y oficiales entrenados para llevar a cabo su deportación?

Trump ha dicho que invocaría la Ley de Enemigos Extranjeros, una ley de 1798 que rara vez se ha utilizado y que permite al presidente deportar a cualquier no ciudadano de un país con el que Estados Unidos esté en guerra. Ha hablado sobre desplegar a la Guardia Nacional, que puede ser activada por órdenes de un gobernador. Stephen Miller, un asesor de Trump, ha dicho que las tropas bajo el mando de gobernadores republicanos simpatizantes serían enviadas a estados vecinos que se nieguen a participar.

Trump, quien repetidamente dijo que los inmigrantes “envenenan la sangre” de Estados Unidos, ha infundido miedo en las comunidades inmigrantes sólo con sus palabras.

Algunos expertos en políticas creen que las primeras medidas de Trump en materia de inmigración se den en la frontera. Podría presionar a México para que siga impidiendo que los migrantes lleguen a la frontera estadounidense, como lo ha hecho desde diciembre. Es posible que coaccione a México para restablecer una política del gobierno previo de Trump que obligaba a los solicitantes de asilo a esperar en territorio mexicano hasta que se realicen sus audiencias en un tribunal de inmigración estadounidense.

En ese sentido, el doctor Lorenzo Meyer expuso a “Los Periodistas” que, en realidad, la relación entre ambas naciones siempre ha sido compleja, por lo que ahora no será la excepción, mientras que el economista y politólogo Mario Campa comentó en el mismo espacio que México tiene las herramientas para lidiar con Trump, sobre todo cuando tiene en la mira otros asuntos en China y Europa.

“Siempre hemos tenido que estar a la defensiva con Estados Unidos, incluso en los mejores momentos. Andrés Manuel López supo torear a Trump y se fue hacia Washington, y lo toreó muy bien, salió indemne, ¿pero lo podrá repetir Claudia Sheinbaum? Ojalá, pero hay otro problema: Trump sí aprende algo de la experiencia anterior y se vuelve más retorcido que antes, porque vio que le dieron resultados ciertas torceduras, ahora las está refinando y además está su misoginia”, expresó en ese sentido el investigador emérito del Colegio de México, el doctor Lorenzo Meyer en entrevista con “Los Periodistas”.

8/30/2024

Enrique Krauze: las dictaduras, las monarquías y los bufones

  Héctor Alejandro Quintanar

Enrique Krauze: las dictaduras, las monarquías y los bufones

“Incapaces de tener la menor autocrítica, a ideólogos como Krauze y otros poco les han importado los hechos, porque el prejuicio a priori fue el eje rector de sus diatribas”.


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El 22 de agosto pasado, el señor Enrique Krauze escribió un mensaje en su cuenta de X, antes Twitter, donde lanzó una salmodia curiosa, porque señaló que, luego de 200 años de ser una República, en septiembre de 2024 México iba a convertirse en una Monarquía, y cerró su dicho con una pregunta que instaba, como héroe trágico de película de Disney blandiendo una antorcha, a una rebeldía: “¿lo permitiremos?”.

Una de las desventajas de X, antes Twitter, es que los caracteres permitidos históricamente han sido pocos, y eso implica que la posibilidad de argumentar y documentar un punto se vea reducida. Pero quizá eso sea una ventaja a aquellos perezosos mentales que están habituados a pontificar, no a deliberar. Por eso quizá es el medio favorito de entes como Donald Trump, quien desde 2016, en busca de su candidatura presidencial, usaba a Twitter como su escupidera personal, donde lanzaba diatribas breves que eran aplaudidas por sus hordas.

En un ejercicio similar a los exabruptos trumpianos, Krauze lanzó un dicho breve pero terrible, y se siente sin necesidad de argumentarlo: México va a ser una monarquía, y basta con que Krauze lo crea para que el dicho sea cierto. ¿En qué sentido iríamos a una Monarquía? ¿Se anuló la Constitución Política de 1917? ¿Acaso López Obrador desapareció los Poderes, se invistió emperador y nombró sucesor a uno de sus hijos como Andrés II? ¿Claudia Sheinbaum desconoció el régimen que vivimos y se autonombró Reina de México? Si no pasó todo esto, ¿a qué se referiría Krauze? Da lo mismo. Pero usemos su dicho para exhibir la pobreza intelectual de personajes que, como él, encabezan a los cuadros ideológicos de la débil oposición.

El primer argumento contra Krauze es su falta de congruencia. De entrada, porque la trayectoria de Krauze parece no temer a las monarquías sino a disfrutarlas, pues dos veces ha aceptado galardones Reales de España, uno de ellos directamente de las manos del Rey Felipe, cuando recibió el premio Historia Órdenes Españolas en 2021. Más a fondo, es un hecho recordado que en 2015 Krauze recibió la ciudadanía española -o sea, ciudadanía de una monarquía- por obra nada menos que del gobierno de Mariano Rajoy, ex jefe de gobierno peninsular cuya militancia es en el Partido Popular, heredero del franquismo.

Asimismo, Krauze es un promotor incansable nada menos de la obra de un personaje que pareciera su mentor político: Mario Vargas Llosa, quien ostenta sin tapujos un título nobiliario de Marqués, otorgado también por el gobierno español, mientras lanza presuntos análisis políticos sobre América Latina, que en el fondo son diatribas absurdas y regaños a los electores por no votar bien, lo que en su retórica nobilísima significa no haber apoyado a ascos como Jair Bolsonaro o al pinochetista José Antonio Kast.

Con ese currículum, no parece haber mucha distancia entre Krauze y las monarquías, pues la relación del ideólogo de Televisa con la jerarquía española -sea Real o sea del Partido Popular- no se queda en meras amistades. Hay que recordar que Krauze ha sido un prolífico autor de posturas lamentables que han coincidido con los peores personajes del poder español, como José María Aznar, cuando ambos en 2003 descollaron en la escena internacional al legitimar y respaldar sin tapujos la carnicería rapaz de George W. Bush en Irak.

El segundo argumento contra Krauze es su propio zigzagueo verbal. Poner a Krauze frente al espejo, casi siempre es un acto suficiente para desmentirlo. El 22 de agosto acusó que México iba a convertirse en una Monarquía. Pues bien, cinco días después, el 27 de agosto, cambio de giro. Matizó su desdén a las monarquías y acusó que más bien México iba a convertirse en una dictadura, porque presuntamente el sometimiento del Poder Judicial y el Legislativo iba a atropellar los derechos y libertades de 42 por ciento de los votantes.

No se sabe a qué derechos y libertades se refiere Krauze, porque sin ningún problema, cosa que ha ocurrido desde 2018, la oposición ha tomado sus curules y escaños legales y además han llegado ahí, al igual que la mayoría gobernante, con base en las reglas y la institucionalidad vigente, tanto en el Congreso como en los otros poderes. Institucionalidad y reglas que, por cierto, fueron construidas nada menos que por el PRI y el PAN en lustros recientes, y donde aún hay muchos funcionarios operantes elegidos por esos partidos. Así están las reglas y los resultados electorales de ellas son los que el INE y el Tribunal Electoral acaban de validar en días recientes.

Pero veamos más atrás. Hoy Krauze acusa que México es dictadura. Hace siete días acusaba que iba a la Monarquía. Hace siete años acusaba que, si ganaba López Obrador, podría instaurar un modelo soviético en México. Y hace dieciocho años, en 2006, Krauze alertaba que si López Obrador ganaba las elecciones, podría instaurar una teocracia tropical. ¿A cuál versión le creemos, si cada una es radicalmente distinta a la anterior? ¿Qué amenaza encarnaba López Obrador en el imaginario de Krauze, la del estalinista tabasqueño que instauraría un modelo proletario autoritario, o la de un aldeano religioso que disfraza su conservadurismo con lenguaje popular, o la de un gestor de un movimiento monarquista que nombrará a Sheinbaum Claudia I?

Y aquí viene lo más contundente: las predicciones apocalpíticas de Krauze sobre el sovietismo y  teocracia de AMLO ocurrieron antes de 2018. Pues bien: a partir de ese año, se observó que ni uno ni otro augurio se cumplió, por lo que ambos asertos quedaron en el oprobio y el olvido, y dejaron a Krauze no sólo como un mal observador, sino como un ser contradictorio capaz de imputar a sus adversarios anatemas radicalmente distintos. Cuando uno dice disparates, al menos debe preocuparse por ser consistente, pues es mejor quedar como un necio congruente que como uno oportunista.

El tercer y último argumento contra Krauze es la completa falta de autocrítica. Y esa es la clave de todo. El 13 de junio de 2018, días antes de la elección presidencial de ese año, y en un momento donde con base en encuestas se avizoraba la victoria de López Obrador, Krauze publicó un video donde invitó a los mexicanos a ejercer un voto dividido, donde sufragaran por presidente por la opción que “más los convenciera”, pero votaran por un partido distinto para el Congreso.

Sus argumentos fueron verdaderas atrocidades. Krauze señaló que si no había congreso dividido y el próximo presidente contaba con una mayoría amplia en el congreso, esto derivaría necesariamente en “el poder absoluto”. Y a continuación, en un ejercicio de imaginación febril, Krauze enumeró los horrores que entrañó lo que a su juicio es el poder absoluto en el Siglo XX: el ascenso del fascismo en Europa, las purgas estalinistas, y, en un salto cuántico, las falencias del Partido de Estado en México, el PRI, y las corruptelas del salinismo.

Más allá del nulo hilo conductor de Krauze para unir fenómenos disímiles, resalta que para él todo era producto del “poder absoluto”, mismo que México corría el riesgo de padecer si los electores cometían la imprudencia de votar por el mismo partido para presidente que para el Congreso.

En México, como en cualquier democracia, los partidos políticos en elecciones postulan candidatos a todos los cargos y tratan de ganar la mayor cantidad de puestos posibles. Eso no sólo es legal, es legítimo y de hecho es casi su obligación hacerlo. En el año de 2018, tanto el PRI como el PAN como el PRD y Morena compitieron en una contienda donde todos los partidos, sin excepción, postularon candidatos a la presidencia de la república; y también al Congreso, porque es su derecho hacerlo y porque es algo lógico, y democrático, que todos esos partidos pretendan promover su proyecto y instaurarlo en el país a partir del voto de los ciudadanos en todos los espacios posibles, sean de cargos ejecutivos federales, estatales, municipales, legislativos u otros.

Que un partido gane mediante los votos la presidencia de la república y también mayoría en el Congreso no es cosa fácil. Pero que sea inusual no lo convierte en ninguna anomalía, ni menos aún en un preámbulo del poder absoluto o del fascismo o del estalinismo o del salinismo. Esa aspiración de lograr presidencia y mayorías en el Congreso es tan usual y tan democrática que los partidos por los que vota Krauze también la buscan. Y eso es normal, es legal y es legítimo. Lograr eso de forma mayoritaria en las urnas es tan democrático como lo es un gobierno sin mayorías en cámaras.

La diatriba de Krauze es tan absurda que equivale a lo siguiente. Si Krauze fuera congruente, debería exigir que entonces los partidos políticos en México tuvieran prohibido postular al mismo tiempo candidatos a la presidencia y candidatos al Congreso. Porque qué tal que la de malas ocurre y un partido gana mayoritariamente en ambos. Y Krauze debió entonces comprometerse públicamente en la elección pasada a decir que iba a votar por Xóchitl Gálvez en la presidencia pero por los candidatos a diputados y senadores de Morena, porque qué tal que Gálvez ganaba y el PRIAN lograba mayoría en el Congreso y eso nos empujaba a la dictadura. Así de absurda fue la salmodia krauziana de 2018, la de predecir un gobierno totalitario con base en añagazas.

Y ese es el problema de Krauze, como de muchos ideólogos y panfletistas de la oposición. En junio de 2018, antes de que López Obrador ganara, ya Krauze había dictaminado que “López” sería autoritario, con base en ningún argumento más que sus prejuicios. De ahí que todo lo ocurrido en el sexenio, en el imaginario de Krauze, fue distorsionado y sesgado para que se adecuara al prejuicio inicial. Así, poco importa que Morena haya ganado como partido casi recién fundado en 2018, compitiendo cuesta arriba y con todo en contra; y lo haya hecho contundente y democráticamente para obtener una amplia mayoría y 30 millones de votos. Lo que en realidad era un triunfo inédito y legítimo, para Krauze era la antesala del poder absoluto. Porque él tenía ese prejuicio desde semanas antes de la elección. Lo que importa, así, no es el voto y los hechos, sino la salmodia de Krauze.

Incapaces de tener la menor autocrítica, a ideólogos como Krauze y otros poco les han importado los hechos, porque el prejuicio a priori fue el eje rector de sus diatribas. Ya no por autocrítica, sino por un poco de autocompasión, estos voceros zigzagueantes deberían cuestionarse por qué ninguna de sus profecías se cumple y por qué cambian de etiqueta deslegitimadora a cada rato.

¿A quién asemeja Krauze? El 9 de noviembre de 2006, alguna vez Vicente Fox dijo que se sentía autorizado a decir cualquier tontería, porque ya se iba. Tal parece que, con sus dichos monárquicos, Krauze asemeja a Fox, quien, de existir una monarquía sería como el bufón de la corte, de esos que dicen los disparates más graciosos precisamente cuando se muestran más serios y preocupados.

Héctor Alejandro Quintanar

Héctor Alejandro Quintanar es académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, doctorante y profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Hradec Králové en la República Checa, autor del libro Las Raíces del Movimiento Regeneración Naciona

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8/25/2024

De Claudio X. a Cervantes: El CCE cumple 50 años como un grupo de presión

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Desde Vicente Fox, el Consejo Coordinador Empresarial cabildeó por una reforma energética con inversión privada que finalmente fue aprobada con mayoría del PRI y aliados en 2013. En contraste, ahora este brazo político de la élite cabildea contra la mayoría de Morena y la reforma al Poder Judicial.

Ciudad de México, 24 agosto (SinEmbargo).– El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) se ha presentado como un organismo que vela por el desarrollo económico-social. Pero desde su fundación en los setenta, con principios neoliberales como la defensa de la propiedad privada y el libre mercado, ha fungido como una vía de presión a los gobiernos a favor de la élite. Así lo han demostrado las presidencias de Claudio X. González Laporte (1985-1987 y 2000-2002), José Luis Barraza (2004-2007), Carlos Salazar Lomelín (2019-2022) o la del actual dirigente desde hace dos años, Francisco Cervantes Díaz.

Desde el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, la economista Ángeles Cortés Basurto ha analizado al CCE como un think tank difusor de ideas neoliberales. Al  especializarse en historia empresarial, ha concluido que este sector suele “presionar” al Estado para sus propios intereses. En sus inicios, en 1975, el CCE lo hizo contra la política social de Luis Echeverría (reparto de tierras, aumento de salario, control de precios, paraestatales, acercamiento con Cuba). En 2000-2013 cabildeó a favor de una reforma energética y, actualmente, contra una reforma al Poder Judicial desde el mercado cambiario y un comunicado.

“Tienen algunas reuniones con el Presidente Echeverría, pero no cambia la política y cuando ven que no pueden ejercer presión en ese sentido, lo que van hacer es buscar otra vía para ejercer presión. La vía que van a adoptar es una mayor organización empresarial. En mayo de 1975 surge el Consejo Coordinador Empresarial; son los empresarios tratando de aglutinarse para poder hacer un frente más robusto y fuerte frente a lo que ellos consideran una política intervencionista”, explicó.

En diciembre de 2013, con la presencia al frente de Claudio X. padre, el CCE convocó a una rueda de prensa para anunciar su respaldo al dictamen de la Reforma Energética peñista que en ese momento se discutía en el Congreso y que prometía la inversión privada en la extracción petrolera y en la generación eléctrica (el cuestionado modelo de autogeneración entre cuates). El Consejo llevaba años cabildeando por una reforma así, desde Vicente Fox y luego con Felipe Calderón, a quien donaron millones para la campaña en 2006 porque les prometió aquel regalo legislativo.

“Los cambios al texto constitucional que hoy se discuten en el Congreso son la llave para detonar estas oportunidades irrepetibles e históricas. Hacemos un llamado a los legisladores de todas las fracciones parlamentarias a que, con responsabilidad republicana y visión de Estado, analicen, discutan y aprueben en este periodo ordinario de sesiones esta reforma que se requiere con gran urgencia para todo el país y para todos los mexicanos”, dijo el entonces presidente del CCE, Gerardo Gutiérrez Candiani, con la aprobación de Claudio X. a su lado.

En contraste, esta semana de agosto de 2024 el Consejo Coordinador Empresarial pidió al INE y al Tribunal Electoral adoptar “una fórmula” que evite la “sobrerrepresentación” de Morena y aliados en la Cámara de Diputados. Esto ante la reciente revelación de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de las empresas que han donado millones a Mexicanos contra la Corrupción (de Claudio X. hijo) y, sobre todo, después de la publicación del dictamen de la Reforma al Poder Judicial, que se prevé sea aprobada con la mayoría calificada de Morena-PT-PVEM.

“En el sector empresarial confiamos en que las autoridades electorales darán una respuesta que promueva la pluralidad política y la proporcionalidad. El respeto a los derechos de las minorías es fundamental para garantizar el equilibrio entre los poderes de la Unión y el espíritu de la vida democrática de nuestro país”, aseguró en un comunicado, bajo la dirigencia de Francisco Cervantes.

Cervantes llegó al cargo por recomendación de Carlos Slim (América Móvil), uno de los cinco magnates a quienes el Presidente Andrés Manuel López Obrador pidió su opinión pública respecto a la petición del CCE, organismo que dice representarlos.

El Presidente López Obrador –blanco de la guerra sucia financiada por este Consejo en 2006– aseguró que “es mucha prepotencia” que los que se sienten “dueños de México” quieran tener a sus pies a jueces, a magistrados y a ministros para que, dijo, no paguen impuestos, para que empresas extranjeras inviertan en el sector energético y para que mantengan sus monopolios en contra del interés general.

“Todas las reformas (neoliberales) que se hicieron y entonces no había desplegados del Consejo Coordinador Empresarial, todas eran para beneficiar a una minoría y para perjudicar a la mayoría del pueblo de México. ¿Por qué no se manifestaron cuando pusieron las tierras ejidales al mercado? ¿Por qué no se manifestaron cuando decidieron congelar los salarios de los trabajadores? ¿Por qué no se manifestaron cuando se redujo el monto de las pensiones a los trabajadores? ¿Por qué no se manifestaron cuando se llevaron a cabo las privatizaciones de bienes del pueblo y de la nación? ¿Por qué no se manifestaron cuando se pretendía privatizar la educación pública? ¿Por qué no se manifestaron cuando avanzaron en la privatización de la salud y ahora sí?”, cuestionó desde Palacio Nacional.

Otro de los expresidentes del Consejo Coordinador Empresarial fue Manuel Clouthier, excandidato presidencial panista en el 88. Tatiana Clouthier, su hija y exsecretaria de Economía en el Gobierno de López Obrador, dijo esta semana a Los Periodistas que en el comunicado hay un “perverso” juego de palabras a favor del sector empresarial que pide que le “regalen” curules a la oposición. “Si (la interpretación de la voluntad en las urnas) es apegada a la Constitución, no requiere interpretación ni ‘sensata’ ni ‘equilibrada’, sino la lectura propiamente de lo que es la Constitución”, dijo.

CLAUDIO X. GONZÁLEZ LAPORTE

La Presidenta electa Claudia Sheinbaum se reunió con el sector empresarial en el hotel Intercontinental pocos días después de ser votada por casi 36 millones de mexicanos. Pero al terminar, rechazó reunirse en privado con el magnate Claudio X. González Laporte (Sonora, 1934), quien a sus 90 años fue fotografiado por Luis Castillo de La Jornada sentado, plantado; derrotado como el PRI y PAN, partidos con los que se codeó y benefició durante años.

“Es interesante e impresionante estas fotografías de Laporte ahí rechazado por la Presidenta Sheinbaum, porque esto es un mensaje de una clara derrota del neoliberalismo. Recordemos que Claudio es el 42 en la lista de personas más ricas donde figuran Baillères, Salinas Pliego, Carlos Slim”, dijo el economista por la UNAM Aarón Morales Islas.

Pero tuvo sus periodos de gran influencia política. En la década de los 80 el Ingeniero químico viajó a Nicaragua, Cuba y Panamá para promover la “libre empresa”; en su primer periodo como presidente del CCE (1985-1987) desayunaba con el Presidente Miguel de la Madrid para platicar sobre la crisis económica y alta inflación, y posteriormente fue asesor de Carlos Salinas de Gortari, quien benefició a diversos empresarios con la privatización de empresas públicas. Todo esto lo muestran fichas escritas en máquina de escribir desde la Dirección Federal de Seguridad (DFS), el organismo espía y de represión de la Segob durante la guerra sucia, las cuales fueron publicadas por la revista Contralínea.

El mayor accionista de Kimberly-Clark repitió presidencia del Consejo Coordinador Empresarial en 2000-2002. En julio del 2000 celebró inmediatamente la victoria electoral del panista Vicente Fox. “Los mexicanos tenemos la oportunidad, como nunca antes, de transitar en la democracia de un gobierno a otro sin trastornos de diversos tipos, como los que hemos sufrido en el pasado”, declaró un día después de las elecciones.

Solo tres días después, el Presidente electo y empresario Vicente Fox se reunió con el CCE. González Laporte le presentó un decálogo empresarial que incluía una reforma fiscal, relaciones laborales más flexibles y una reforma energética con intervención del sector privado, la agenda del organismo que para entonces ya contaba con una Comisión de Enlace Legislativo para cabildear. Fox no dudó en aceptar.

“Una vez que Vicente Fox asumió la Presidencia de la República, se acordó que el CCE mantendría reuniones periódicas con el Presidente, por lo menos una vez cada dos meses”, enfatiza la tesis “El CCE en el sexenio de Fox” del maestro en Ciencia Política José Muñoz Cota publicada por el Colegio de México (Colmex) en el 2009.

El Consejo tenía una ventaja más: parte del gabinete foxista venía del sector privado, entre ellos, el Secretario del Trabajo, Carlos Abascal, que laboró en Coparmex y el Secretario de Hacienda, Francisco Gil, director de la empresa telefónica Avantel. Además, un importante número de legisladores panistas habían sido miembros de una cámara empresarial, patronal o de algún consejo de administración, documentó la citada tesis.

Aun así, y ya tras la salida de González Laporte, el CCE no logró presionar lo suficiente en el Congreso por lo que no pasó la anhelada Reforma Energética, lo que derivó que el siguiente presidente del gremio empresarial, Héctor Rangel Domene, comenzara a criticar a los partidos políticos, especialmente al PRI y al PAN.

“CHACHO” BARRAZA: GUERRA SUCIA

José Luis Barraza (Chihuahua, 1949) fue el presidente cuando el Consejo Coordinador Empresarial difundió en radio y televisión spots contra el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador como parte de toda una campaña de guerra sucia a favor del panista Felipe Calderón, quien les prometió ahora sí aprobar la Reforma Energética para sus jugosas inversiones.

“El Chacho” Barraza recibió su premio durante el Gobierno del panista: se ofreció en una subasta la aerolínea Aeroméxico, él ganó y fue declarado el presidente del consejo de administración hasta 2013, tras la compra de Eduardo Tricio Haro (Lala).

El consejero presidente del IFE era Luis Ugalde, actual asesor de la derecha, y una de las consejeras electorales era Alejandra Latapí, extrabajadora del Consejo Coordinador Empresarial y exintegrante de la campaña de Xóchitl Gálvez.

En agosto de 2004, en el marco del Cuarto Informe de Gobierno de Vicente Fox, Barraza recriminó que habían sido más promesas que logros presidenciales. Sin embargo, Fox pidió la unidad ante las intenciones de Andrés Manuel López Obrador de postularse a la Presidencia.

Para el sector empresarial, AMLO era un populista y autoritario y, para el entonces Jefe de Gobierno del DF, los empresarios eran comparsas de los gobiernos neoliberales del PRI y PAN, traficantes de influencias.

“En el 2004-2005 la relación del CCE y el Presidente Fox estuvo caracterizada por el regreso a la cooperación y el apoyo del Consejo al Presidente, con la salvedad de que este apoyo no fue con respecto a las reformas estructurales, sino con relación al desafuero de López Obrador, ocurrido en abril de 2005 (con votos del PRI y PAN)”, plantea la tesis del Colmex “El CCE en el sexenio de Fox”.

En esos momentos de tensión, el CCE publicó un desplegado en los diarios de circulación nacional donde criticaba al entonces Jefe de Gobierno del DF. El chihuahuense José Luis Barraza llegó a decir que “la droga del populismo” como política de Estado no era la solución, por lo que no se podía esperar “un líder mesiánico”. Tras la masiva manifestación en el Zócalo contra el desafuero y el destape del exsecretario de Energía Felipe Calderón, el representante empresarial Barraza declaró:

“No nos espanta que Andrés Manuel López Obrador llegue a la Presidencia; estamos a favor de la democracia y cualquiera de las tres fuerzas política tienen posibilidades… pero creemos que cualquier persona que tenga una tendencia al populismo nos haría retroceder, por lo que debemos seguir con una economía de mercado con responsabilidad social”.

En septiembre de 2004, Barraza y Claudio X. González planearon un frente empresarial contra el “populista” López Obrador. Ya desde entonces, el CCE le pedía que no “polarizara” a la ciudadanía mientras el DF enfrentaba altos niveles de inseguridad.

En las elecciones de 2006 –luego de que el intento de desafuero le dio más popularidad a AMLO en las encuestas– el CCE fue más allá. El brazo empresarial dirigido por Barraza, con apoyo del publicista Antonio Solá, encabezó la difusión de spots donde metían miedo sobre el cambio y presentaron a AMLO como “un peligro para México”, mismo tono que Jumex y Pepsico, lo que derivó un par de años posteriores en una reforma electoral que reguló más el financiamiento privado en campañas y su acceso a radio y televisión.

En contraste, el presidente de Bimbo, Lorenzo Servitje, y el dueño de grupo Alfa, Manuel Arango, estuvieron presentes en el registro como candidato presidencial de Felipe Calderón. Cuando anunció su programa de “un millón de empleos” estuvo Rangel Domene y Claudio X. González, expresidentes del CCE.

Además, el PAN recibió 143 millones de pesos de simpatizantes, así como donativos generosos de magnates como Asunción Aramburuzabala, la mujer más rica de México, o José Kuri de Telmex.  Slim fue un caso particular: donó un millón de pesos a López Obrador y otro a Calderón.

En uno de los últimos actos de campaña previo al primer domingo de julio de 2006, el candidato perredista señaló directamente a Barraza y González Laporte como “delincuentes de cuello blanco”. En el libro La mafia que se adueñó de México y el 2012, López Obrador ahondó en el rol que tuvo el empresario Claudio X. González Laporte junto con Barraza:

“En víspera de las elecciones junto con Gastón Azcárraga, presidente del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, y José Luis Barraza González, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, promovió y difundió la campaña de televisión, violando la ley electoral, para atemorizar con mensajes nada subliminales, en los cuales se decía que votar por el cambio iba a significar el cierre de empresas, desempleo y caos, todo lo cual ha sucedido y pudo evitarse si gente como ellos no hubiese actuado de manera fraudulenta y perversa”.

Aquella guerra sucia solo le valió al Consejo Coordinador Empresarial una multa del Tribunal Electoral de 130 millones de pesos por la difusión de dos anuncios televisivos que implícitamente llamaban a votar por Calderón, hoy autoexiliado en España a la par de que su Secretario de Seguridad, Genaro García Luna, espera su sentencia en Estados Unidos por nexos con el Cártel de Sinaloa.

De hecho, más que una sanción proporcional al acto, hubo una fiesta. Esto escribió el periodista Álvaro Delgado en su libro El Engaño. Prédica y práctica del PAN (Grijalbo, 2007):

“Justo dos semanas después de la elección de 2006, el sábado 15 de julio, los principales artífices del financiamiento de la guerra sucia contra López Obrador se reunieron a festejar, en Chihuahua capital, con motivo de una boda celebrada en el hotel Westin Soberano. Ese día se casaron Lisa Fernanda Barraza, hija del entonces presidente del CCE, José Luis Barraza González, y Marcelo Margáin, nieto de Marcelo Margáin Zozaya, el orador en la ceremonia fúnebre de Eugenio Garza Sada tras su muerte en un intento de secuestro, en septiembre de 1973, por un comando de la Liga Comunista 23 de Septiembre. En contraste con la modestia de los negocios de Barraza González, que sólo había tenido cargos gerenciales, los Margáin Berlanga fueron los principales accionistas de Banco de Oriente, una de las instituciones financieras cuyo quebranto pagan los mexicanos por haberlo absorbido el Fobaproa”.

En la mesa principal, junto a Barraza y su esposa Liz Llamas, estaban magnates que participaron directamente en el financiamiento y operación del fraude electoral de 2006 y antes en el desafuero y los videoescándalos: Azcárraga Jean (Televisa), Valentín Diez Morodo (IMCO) y González Laporte (Kimberly-Clark), además de magnates locales como los Terrazas Torres, de Cementos Chihuahua.

SALAZAR LOMELÍN: PANDEMIA

Por más de 30 millones de votos, Andrés Manuel López Obrador fue electo como Presidente el 2 de julio de 2018. Dos días después, el 4 de julio, se reunió con el Consejo Coordinador Empresarial que 12 años antes había encabezado la guerra sucia, pero que ahora reconocía el triunfo y le pedía diálogo.

“Nosotros tenemos confianza en el sector empresarial y ellos han manifestado su confianza con el nuevo Gobierno que va a encabezar las acciones de transformación en nuestro país”, declaró López Obrador en una rueda de prensa ofrecida a lado del entonces presidente del CCE, Juan Pablo Castañón.

Un año después, el exdirector de FEMSA Carlos Salazar Lomelín tomó la presidencia del CCE (2019-2022), periodo en que la pandemia generó impactos económicos a nivel mundial y nacional.

A lo largo de los primeros meses de confinamiento en 2020, el Consejo Coordinador Empresarial solicitó al Gobierno federal facilidades en el pago de impuestos, así como conformar un acuerdo para preservar empleos y salarios en las “pequeñas y medianas” empresas; esto es, una especie de rescate al estilo Fobaproa.

Ante la solicitud de diferir el pago de impuestos (diferir, no condonar), el Presidente López Obrador dijo que enviaría una carta dirigida a Carlos Salazar con la lista de las 15 grandes empresas que deben 50 mil millones de pesos al SAT para que ayudara a convencerlos de pagar esas multas y recargos ya que, con ese dinero, se podrían dar más créditos a pequeñas y medianas empresas de lo ya presupuestado.

“Estoy hablando que vamos entregar créditos a un millón de pequeñas empresas familiares, si cobráramos los 50 mil, podríamos entregar 3 millones (de créditos)”, expuso el Presidente en la rueda de prensa del 8 de abril.

El CCE respondió en un comunicado: “No debemos caer en falsos dilemas. La prioridad, por supuesto, son las familias más pobres. Pero sólo les garantizaremos una vida digna si ayudamos a que las MiPyMEs mantengan sus empleos”.

Pero Salazar también respondió de manera personal, lo que originó un distanciamiento entre el sector empresarial y el Presidente. En la misiva planteó que él no tenía atribuciones para solicitar el pago de los “supuestos” adeudamientos fiscales: “Es una pena que en el ánimo de ayudar y proponer, se haya llegado a afectar la confianza que yo pensaba que habíamos construido, con múltiples muestras de acciones de colaboración en beneficio de México”.

Carlos Alba Vega, investigador sobre el sector empresarial en el Colegio de México, publicó un artículo en la revista académica Desacatos sobre ese episodio de desencuentros. Ahí, en julio de 2020, concluyó sobre los primeros meses de crisis sanitaria: “Las medidas sanitarias y sobre todo las económicas adoptadas por el gobierno mexicano durante los primeros meses de la pandemia de Covid-19 pusieron a prueba y enfrentaron a los poderes económico y político, y en esta coyuntura afectaron de forma negativa a la mayor parte de las empresas, pero también a quienes trabajan por su cuenta”.

Volvemos al presente. En un par de semanas culminará el Gobierno de López Obrador e iniciará el de Claudia Sheinbaum, quien ya se reunió previamente con el Consejo Coordinador Empresarial, que será presidido por Francisco Cervantes hasta 2025, y la doctora ha repetido que continuará en la misma línea que su antecesor. ¿Cómo será entonces la relación con este brazo de la élite empresarial, por ejemplo, cuando eventualmente se eche a andar la reforma al Poder Judicial?, ¿qué posición ahora tomará el Consejo?

Dulce Olvera

Reportera de temas de crisis climática, derechos humanos y economía. Egresada de la FCPyS de la UNAM.

Oposición sin pueblo, sin proyecto, sin futuro


 Pedro Mellado Rodríguez

Oposición sin pueblo, sin proyecto, sin futuro

La oposición no fue capaz de articular un discurso coherente, de un plan alternativo de Gobierno que resultara atractivo, estimulante y esperanzador para la mayoría de la población. Sólo les impulsó el odio, el clasismo, el desprecio mal disimulado por el pueblo, que finalmente les dio la espalda.

Pedro Mellado Rodríguez

Frente una coalición oficialista que ofrecía consolidar la segunda etapa de la Cuarta Transformación, privilegiando la atención de los pobres, una vez que Andrés Manuel López Obrador entregue el mando de la República a Claudia Sheinbaum Pardo, la oposición no fue capaz de articular un discurso coherente, de un plan alternativo de gobierno que resultara atractivo, estimulante y esperanzador para la mayoría de la población. Sólo les impulsó el odio, el clasismo, el desprecio mal disimulado por el pueblo, que finalmente les dio la espalda.

El problema de los partidos políticos de oposición, de las cúpulas empresariales, de la alta jerarquía de la Iglesia Católica y de una minoría que se presume exquisita y se exhibe vulgarmente pretenciosa, que observa con desprecio a la mayoría de la población, a la que discrimina porque la considera ordinaria, corriente, impreparada y fanática, es que no terminan por comprender que en los comicios del pasado domingo 2 de junio del 2024 el pueblo los abandonó porque ya no les cree y mucho menos les tiene confianza.

La mayoría del pueblo simplemente depositó su confianza y su justo afán de reivindicación en una opción política que después de muchas décadas les ha puesto atención a los marginados, a los desvalidos, a los que siempre han sido ninguneados y excluidos de los grandes banquetes en los que sólo gozan los que pertenecen a esa minoría privilegiada que históricamente se ha sentido dueña del país.

Para desencanto y frustración de esa minoría privilegiada, la mayoría del pueblo se expresó en las urnas y apoya la profundización del proyecto de la Cuarta Transformación, que sustenta la idea de que, para bien de todos, primero los pobres y que en los seis próximos años orientará también su atención amorosa y gentil hacia las mujeres más pobres.

Los grupos que tradicionalmente detentaron el poder en el país -tanto el político como el económico- hicieron tan mal sus tareas, al grado que en los pasados comicios la mayoría del pueblo votó para darle a la coalición encabezada por Morena la Mayoría Calificada en la Cámara de Diputados, y por una diferencia muy salvable de dos o tres votos menos, también la Mayoría Calificada en el Senado de la República.

Esta aplastante presencia de la coalición de izquierda en el Congreso de la Unión facilitará la restauración de los valores esenciales de la Constitución Política del 5 de febrero de 1917, que pretendió ser el compendio histórico de las aspiraciones y los sueños legítimos de un pueblo, y que en las cuatro más recientes décadas fue desfigurada y amoldada a los apetitos insanos y los caprichos de una minoría privilegiada que lubricó sus ambiciones en la complicidad legislativa de PAN y PRI, a quienes se sumó en años recientes el PRD.

En el amor no hay nada más terrible que el desengaño y, consecuente con ello, el severo castigo de la más profunda indiferencia y el más hiriente desprecio. Por eso tendrán que pasar muchos años para que la gente vuelva a restaurar algún grado de confianza en instituciones que le fallaron, que abusaron de su buena fe, que lucraron con su esperanza y que defraudaron sus sueños. Frente a la más supina hipocresía de las élites, que transitan desnudas en el teatro del absurdo, el pueblo les observa con desconfianza y en muchos casos, con la desdeñosa burla de quien no volverá a caer en el garlito de aquellos que hicieron del engaño un arte.

Fue muy dura la lección, pero tendrán tiempo suficiente para reflexionar los próximos seis años. Reclaman, la oposición partidista y los poderes fácticos, económicos y religiosos que les apoyan, que Morena y sus aliados no tienen derecho a que el Instituto Nacional Electoral les adjudique los legisladores federales de Representación Proporcional, los controvertidos Plurinominales, que les darán la Mayoría Calificada en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Se requieren 334 diputados federales para aprobar reformas constitucionales y la coalición Sigamos Haciendo Historia tendrá más de 360.

Tampoco les agrada la idea de que en el Senado de la República la coalición morenista se quede a dos o tres legisladores de alcanzar la Mayoría Calificada. Se necesitan 86 senadores para aprobar reformas constitucionales y la coalición oficialista alcanzaría 83. Sin embargo, ese es un problema menor, porque en política todo lo que tiene precio es barato y varios senadores que se presumen de oposición sólo están espera de que alguien les llegue al precio y los apapache para cambiar de bandera, de colores y de principios.

Los votos de la gente, expresados en las urnas el pasado 2 de junio, apuntalan la certeza de que en el corto plazo la oposición no tiene futuro electoral promisorio, por muchos millones de dólares que inviertan en ella y en sus guerras sucias los potentados que la apoyan.

La votación para diputados federales de Mayoría Relativa, que respalda a Morena y sus aliados en su dominio del Congreso de la Unión está escriturada con datos demoledores. En los pasados comicios de diputados federales, Morena ganó todos los distritos de Mayoría Relativa en 17 estados del país. En otros ocho estados la coalición PAN-PRI-PRD apenas pudo arrebatarle una victoria de mayoría en cada una de esas entidades federativas. Y de los 32 estados que integran la República sólo en uno la coalición de derecha se llevó todas las diputaciones federales: 3 curules en el estado de Aguascalientes.

Pero no le fue mejor a la oposición en la lucha por el Senado de la República. Un solo dato ilustra su debacle: en 30 de las 32 entidades del país, Morena y sus aliados ganaron las dos senadurías de Mayoría Relativa. Y de los 32 estados de la República, en la contienda presidencial, la candidata de Sigamos Haciendo Historia, Claudia Sheinbaum Pardo, ganó en 31 y únicamente perdió en Aguascalientes.

Frente a estos aplastantes números ¿con que cara la oposición pretende respaldar su reclamo de que Morena y sus aliados estarán sobrerrepresentados en el Congreso de la Unión? A la oposición y a los poderes fácticos que le respaldan les cuesta muchísimo trabajo entender que la mayoría del pueblo ya los abandonó. Y mientras más se tarden en aceptarlo, más prolongado será su sufrimiento, su angustia y su frustración. Y desgraciadamente, también se profundizará su odio clasista.

Frente una coalición oficialista que ofrecía consolidar la segunda etapa de la Cuarta Transformación, privilegiando la atención de los pobres, una vez que Andrés Manuel López Obrador entregue el mando de la República a Claudia Sheinbaum Pardo, la oposición no fue capaz de articular un discurso coherente, de un plan alternativo de gobierno que resultara atractivo, estimulante y esperanzador para la mayoría de la población. Sólo les impulsó el odio, el clasismo, el desprecio mal disimulado por el pueblo, que finalmente les dio la espalda.

Pedro Mellado Rodríguez

Periodista que durante más de cuatro décadas ha sido un acucioso y crítico observador de la vida pública en el país. Ha cubierto todas las fuentes informativas y ha desempeñado todas las responsabilidades posibles en medios de comunicación. Ha trabajado en prensa, radio, televisión y medios digitales. Su columna Puntos y Contrapuntos se ha publicado desde hace casi cuatro décadas, en periódicos como El Occidental, Siglo 21 y Mural, en Guadalajara, Jalisco. Tiene estudios de derecho por la Universidad de Guadalajara y durante una década fue profesor de periodismo en el ITESO, la Universidad jesuita de Guadalajara.

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8/23/2024

Nunca hubo polarización

sinembargo.mx

 Héctor Alejandro Quintanar

Nunca hubo polarización

Hoy México no vive una polarización. Por el contrario. Vive un consenso inédito. Claudia Sheinbaum triunfó con una holgura histórica de 36 millones de votos, 20 millones de ventaja sobre el segundo lugar, y en una proporción de 60 por ciento contra 27 de la minoría más grande.

De 2018 a hoy, uno de los estribillos más recurrentes en el discurso público es que México vive una polarización de la cual el responsable es el Presidente López Obrador. La idea implícita en esta tesis es que el país se encuentra, paradójicamente, en un desencuentro, donde dos bandos simétricos, de un tamaño parecido pero ideas radicalmente distintas, mantienen un conflicto irreductible donde es imposible llegar a consensos.

Y el gran autor de todo ello es el titular del ejecutivo, quien con una actitud rijosa, según piensan los quejosos de la polarización, se dedica a insultar a todos sus adversarios, cosa que hace que éstos se atrincheren en su postura irreductible, mientras que los fanáticos del gobierno repiten y comparten, como criaturas amaestradas, las consignas, descalificaciones y odios enceguecidos del Presidente.

Esta tesis es la que machaconamente se ha puesto en el discurso público, acompañada de grotescas lamentaciones sobre cómo México se encuentra en un fango ideológico que ha separado familias, amigos, colegas; con el eterno coro de que todo se reduce a que en la Presidencia gobierna no sólo un demagogo tiránico, sino también un resentido añejo, que, por lo acendrado de sus frustraciones, sabe muy bien cómo manipular a quienes también las padecen.

Y así, desde hace seis años, persiste este discurso opositor, mismo que para comprobar sus dichos recurre a mantras curiosos: le da un poderío omnipotente y omnipresente a la conferencia matutina de López Obrador, o menudea ejemplos de evidencias, entre comillas, convenientes, aunque muchas veces estén fuera de contexto o de plano distorsionadas. Pero quizá hay que recurrir a esos prejuicios porque recurrir a los hechos sería infructuoso. Porque hay que decirlo con claridad, desde 2018, el país no está polarizado. Van aquí algunos elementos puntuales para acreditar este dicho.

1.- En primera instancia, para que haya una polarización política se requieren dos polos más o menos simétricos en tamaño y margen de maniobra. Y no hay hoy, ni en 2018, dos bandos antagónicos de esas características. López Obrador ganó la Presidencia con el 53 por ciento de los votos, mientras que su siguiente competidor apenas rebasó el 20 por ciento y el tercero el 16. Ni siquiera sumados el segundo y tercer lugar podrían hacer un tamaño similar al del primero. La fuerza de López Obrador significaba una proporción de más de dos por uno ante su principal rival. Esas minorías, en una democracia, son absolutamente respetables, pero es un error completo asumirlas como polos, porque para ello requerirían un tamaño más o menos similar al del partido gobernante.

2.- A esa brecha numérica, se suma una brecha ideológica. López Obrador ganó con el 53 por ciento de los votos, pero a los pocos meses de su mandato, sobre todo tras las acciones contra el huachicol y el arranque de programas sociales, su aprobación osciló en 2019 entre el 70 y 80 por ciento; cifra que, pese a todo, no varió demasiado en el devenir del sexenio y, en sus momentos más complicados, arañaba sin embargo el buen respaldo del 60 por ciento. Así, debe decirse con claridad, en promedio, el sexenio de López Obrador fue escenario de una corriente social que aprobaba su gestión, mientras un grupo que medía menos de la mitad, lo desaprobaba. De nuevo, todo grupo minoritario en una democracia es importante y legítimo, pero no son legítimas sus ínfulas de grandeza como para pensar que desde su limitado margen de maniobra, producto de la justicia de las urnas y de la válida opinión ciudadana, quiera imponer su visión u obstaculizar la de quien sí se ganó los medios representativos para echar a andar su proyecto por medios institucionales.

3.- Lo que sí parece haber en México en un sector de la comentocracia, no es una polarización sino una maniqueización. Es decir, la noción de que es imposible eximirse de dos bandos en disputa, el bueno y el de los malos, y donde es imposible hallar matices en el análisis político. Pero eso no es responsabilidad del Presidente sino de la poca sustancia intelectual de los comentócratas.

4.- Resultaría risible, si no fuera preocupante, cómo hay comentaristas, analistas y presuntos intelectuales, convencidos de que el responsable de esa maniqueización es el Presidente López Obrador porque, según ellos, “insulta a todo mundo” desde el, entre comillas, púlpito Presidencial. En primera instancia, hay que atender a los hechos: la famosa mañanera del Presidente, esa malévola tarima del poder estatal omnímodo… sólo la ve, en promedio, medio millón de personas. De ahí habría que pasar a lo obvio: todas esas personas tienen una individualidad y una concepción del mundo preexistentes, mismas que harán que no interpreten exactamente lo mismo de lo que ven y escuchan.

5.- Pero hay algo más grave, y es la burbuja de ignorancia, o de abierta estulticia, en la que estos comentócratas han vivido en los últimos años. Van unos ejemplos que son históricos y no anecdóticos. En 2006, por primera vez en la historia de México, el PAN se atrevió a hacer una campaña sucia oficial en la contienda Presidencial. Esto no significa que ese tipo de propaganda ilegal del pánico no existiera antes, pero Acción Nacional fue el primer partido que se atrevió a sacar eso de las vías clandestinas o de la línea editorial de medios afines, para hacerla su discurso oficial, y de ese modo, institucionalizar su odio, con una propaganda del ”peligro para México” de corte fascistoide.

Asimismo, Vicente Fox fue el primer Presidente en la historia de la transición a la democracia, que abiertamente se atrevió a insultar no sólo a un adversario político, López Obrador, sino también a sus simpatizantes, cuando en julio de 2006 ante las legítimas dudas de los resultados electorales, Fox llamó “renegados” a los votantes de la entonces coalición por el Bien de todos. Zedillo, Salinas, De la Madrid y anexos también fueron prepotentes, pero, así sea por demagogia, cuidaron las formas de no insultar en público a la gente. Fox fue el primero que no lo hizo.

El sucesor espurio de Fox, Calderón, por cierto, secundó esta grotesca práctica de insultar al votante cuando alguna vez llamó “pejechairos” a los votantes del tabasqueño, mientras que desde su secretaría de gobernación, se lanzó la campaña por internet más sucia y cara de la historia hasta entonces, donde de 2006 a 2012 se enviaron correos electrónicos por millones y masivamente cuyo contenido era, sin más, basura fascista contra López Obrador, a quien llamaban “pejendejo”, mesías macuspano, “omiador”, vertían insultos escatológicos, le inventaban enfermedades o le deseaban la muerte, mientras a sus simpatizantes los llamaban fanáticos, gatos, nacos, y demás bajezas.

En una cosa parecida, la comentocracia de derechas recurrió también a esta inédita canallada de insultar a los militantes o votantes del movimiento encabezado por López Obrador con generalizaciones abusivas y carentes de sustento. Diego Fernández de Cevallos los llamó “súbditos de un orate”. Isabel Turrent los llamó “feligresía irracional”. Enrique Krauze desde 2008 los llamó “medida de la miseria humana”. De nuevo Vicente Fox pero ya en 2018 los llamó “Perrada”. Ricardo Alemán los llamó “legión de idiotas” mientras que es frecuente que otros comentócratas, como el cartonista Calderón de Reforma, acusen que en 2018 hubo “treinta millones de ingenuos”, cuando no un insulto.

Esta inercia de tratar de destruir al adversario político con campañas fascistoides, que fueron las más caras de la historia y las más prolongadas; y esta inercia de agredir con burdos insultos maniqueos a sectores mayoritarios de la población, por parte de presidentes o comentaristas, no tienen precedentes, y, a la fecha, no tienen equivalentes.

6.- De López Obrador puede incomodar la impericia con que toca temas en su discurso, o lo burdo con que desmiente a sus rivales. Pero en su trato a los adversarios de abajo su discurso es consistente. En toda su carrera política, nunca se le va a encontrar un insulto a un priista y panista de a pie. Por el contrario, hay sobradas expresiones donde señala que sus arengas y sus insultos son “para los priistas y panistas de arriba, pero no a los de abajo”, a los que, por el contrario, siempre ha invitado a unirse a su causa.

Tampoco vamos a encontrar a analistas políticos de las izquierdas haciendo generalizaciones abusivas contra los votantes de Anaya, Meade, Gálvez o quien sea. Ni menos aún vamos a encontrar campañas mediáticas de miles de millones de pesos y emitidas por años, para decir que Peña Nieto, Fox, Calderón o quien sea son un peligro para México, o que son mesías de Atlacomulco, o cosas parecidas.

Así, se debe decir que, con base en los datos y la historia, el verdadero discurso maniqueo, excluyente, agresivo, fascistoide y anulador del debate viene de las derechas. Y eso no empezó en 2018, sino que lleva lustros. Y, más agravante, ese discurso excluyente y antidemocrático, ha ido acompañado de acciones autoritarias que sí han puesto en riesgo la democracia, como el desafuero, el fraude de 2006 o desplantes de prepotencia o represión.

Hoy México no vive una polarización. Por el contrario. Vive un consenso inédito. Claudia Sheinbaum triunfó con una holgura histórica de 36 millones de votos, 20 millones de ventaja sobre el segundo lugar, y en una proporción de 60 por ciento contra 27 de la minoría más grande, en una votación que arrasó en todos los sectores, por género, edad, ingreso o escolaridad.

Nadie puede negar la legitimidad democrática de cualquier minoría. Pero ésta nunca debe olvidar dos cuestiones: la primera es que si tiene ese tamaño es por resultado de las urnas. Y la segunda es que, en una democracia, las minorías pueden aspirar a ser mayorías, cuando logren convencer a los electores del proyecto que ostentan.

Pero el discurso de la mal llamada polarización ha servido estos seis años para una cosa: que los comentócratas e integrantes de esa minoría se insuflen un tamaño artificial que no ostentan, al hacerse pasar por un grupo simétrico al del polo que ganó el poder. Más que preocuparse por una supuesta sobrerrepresentación legislativa del adversario, esa oposición debería preocuparse por esa sobrevaloración de sí misma, al autopercibirse más grande, más brillante y más competente de lo que ha demostrado ser como gobernante, como analista y como atrayente de votantes.

Héctor Alejandro Quintanar

Héctor Alejandro Quintanar es académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, doctorante y profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Hradec Králové en la República Checa, autor del libro Las Raíces del Movimiento Regeneración Naciona

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7/07/2024

Latinus: esquema criminal

Editorial La Jornada 


El titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda, Pablo Gómez Álvarez, informó que desde 2021 se investiga al consorcio empresarial Latinus por delitos de lavado de dinero y actos de corrupción. El funcionario explicó que las indagatorias no se iniciaron por capricho o algún dolo en contra de ese conglomerado, sino porque varios bancos emitieron alertas por movimientos financieros inusuales entre las cinco empresas que conforman el consorcio, lo cual permitió detectar triangulaciones de dinero y un esquema de defraudación.

Gómez Álvarez dio a conocer que Latinus tiene unas firmas instrumentales que reciben recursos por compra de servicios periodísticos directamente o por conducto de tres empresas que venden servicios médicos o de salud a entidades federativas. Por medio de ellas, entre 2019 y 2024 recibió 2 mil 437 millones 285 mil pesos de los gobiernos del estado de México, Michoacán, Nuevo León, Sinaloa, Tamaulipas e Hidalgo. Es dicha multimillonaria trama de desvío de dinero público, y no las labores de la rama mediática de Latinus, lo que la puso en la mira de las autoridades.

Desde su lanzamiento, Latinus se ha caracterizado por la absoluta opacidad en torno a sus propietarios y al origen de su financiamiento. En 2021, una investigación periodística puso al descubierto que detrás del canal se encuentran personajes como Federico Madrazo Rojas, Alexis Nickin Gaxiola (hijo y yerno de Roberto Madrazo Pintado, ex presidente del PRI y ex gobernador de Tabasco por la vía del fraude electoral), Patricia Olamendi (ex subsecretaria de Relaciones Exteriores con Vicente Fox), Miguel Alonso (hijo de la anterior) y Marco Antonio Estrada Castilleja (quien fue secretario privado de Silvano Aureoles, ex gobernador de Michoacán).

Lejos de rectificar y transparentar sus finanzas, el medio y su locutor estrella se declararon (tal como ahora) víctimas de persecución política y denunciaron que las revelaciones eran un intento de acallarlos por incomodar al poder, pero fueron puestos en ridículo cuando el propio Roberto Madrazo admitió ante cámaras que su familia es fundadora y accionista de la empresa. Estos hechos bastan por sí mismos para mostrar hasta qué punto el medio y las no escasas plumas que lo defienden tienen como principales recursos de trabajo la mentira, la manipulación de las audiencias y la victimización hipócrita.

Corresponde a la opinión pública juzgar los méritos de Latinus como medio de comunicación y decidir si lo que hacen sus integrantes merece o no la etiqueta de periodismo, pero este juicio ciudadano es completamente independiente de la evidencia de que los dueños del consorcio perpetran, y sus caras visibles encubren, una gigantesca operación de lo que en lenguaje coloquial se llama lavado de dinero. Que sus recursos sean sustraídos al presupuesto de salud de las entidades federativas es un agravante insoslayable, puesto que el desfalco se hace a expensas de vidas humanas.

Una vez comprobado que la especie de una persecución de Estado contra Latinus es un montaje más de los que manchan el historial de su conductor estelar, es urgente establecer o deslindar conforme a derecho las responsabilidades debidas y cerrar el grifo al desvío de recursos públicos para fines que nada tienen que ver con las funciones de las instancias de salud.

5/26/2024

Norma Piña debe dimitir

Editorial La Jornada 


Los grupos parlamentarios de Morena y el PT en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión exigieron la renuncia inmediata de la presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Norma Piña, por quebrantar la autonomía del Poder Judicial, extorsionar a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) e intervenir en el proceso que culminará el 2 de junio.

El miércoles 15 salió a la luz que la titular del Poder Judicial organizó una reunión entre los magistrados electorales Felipe de la Mata, Felipe Fuentes y Mónica Soto, y el presidente del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas. El encuentro, efectuado el 12 de diciembre pasado, no tuvo lugar en un recinto institucional, como lo exigen el decoro y el código de ética de la SCJN, sino en la residencia del ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá. Asimismo, se dio a conocer que dicha convivencia fue la primera de muchas en las que ha participado Piña y en las que González Alcán-tara ha fungido como operador político para coordinar a los partidos del bloque de derechas con ex funcionarios del calderonato y el peñato, integrantes de la autodenominada sociedad civil, académicos e intelectuales adver-sos al presidente Andrés Manuel López Obrador y el proyecto de nación que aún encabeza.

Como parte de estos trascendidos, se divulgaron las amenazas de Piña hacia Felipe Fuentes, en el contexto de los jaloneos dentro del Tribunal Electoral que desembocaron en la renuncia de Reyes Rodríguez Mondragón como presidente del mismo. La ministra extorsionó a Fuentes con el propósito de sostener al frente del TEPJF a Rodríguez, funcionario plenamente identificado por su carrera política panista, en la que incluso fue asesor del secretario particular de Felipe Calderón. Estas revelaciones permiten observar un patrón de conducta: hace un año, Piña envió mensajes de texto intimidatorios y burlones al entonces presidente de la mesa directiva del Senado, Alejandro Armenta Mier, por criticar la errática actuación de los juzgadores en temas de trascendencia nacional. No sólo no se disculpó, sino que se mofó de los cuestionamientos, como lo ha hecho cada vez que se le inquiere por sentencias discutibles.

Hasta ahora, ni Piña ni los magistrados del TEPJF han explicado por qué se reunieron a escondidas con un líder partidista cuando ya se encontraba en marcha el proceso electoral. Nadie niega la necesidad de un diálogo fluido entre la Suprema Corte, los partidos y las autoridades comiciales, pero éste debe realizarse de cara a los ciudadanos, no en mansiones particulares bajo el manto de lo furtivo. De acuerdo con la información disponible, los integrantes del tribunal no sabían que Moreno Cárdenas asistiría a la casa de González Alcántara (a la que también fue invitado el coordinador de campaña de Xóchitl Gálvez, Santiago Creel, quien a la postre no asistió), pero ello no los exime de justificar por qué acudieron a un cónclave clandestino.

Tras la acumulación de evidencia de sus maniobras ilegales para interferir en los comicios del 2 de junio, Piña Hernández y González Alcántara deben renunciar de manera inmediata a sus cargos, pues de otro modo empeorarán de manera sustancial el descrédito de la Suprema Corte, lo que a su vez representaría un factor grave e injustificable de zozobra política. Si no pueden ofrecer una explicación convincente de por qué fueron a esa reunión y qué hablaron en ella, los magistrados del TEPJF también tendrían que presentar sus renuncias a fin de permitir un desempeño sin sospechas de la institución de la que forman parte. La estabilidad del proceso comicial que está por terminar demanda instituciones limpias, sólidas y libres de toda suspicacia.

5/20/2024

¿Para qué marcha la oposición?

“Esta vez la congregación, a pesar de que se sigue autonombrado ‘ciudadana’ [al fin y al cabo ciudadanos somos todos], tuvo como oradores principales a Xóchitl Gálvez y Santiago Taboada”.

sinembargo.mx

Violeta Vázquez-Rojas Maldonado

Hubo un tiempo en el que marchar, llenar el Zócalo, tomarlo -incluso-, eran prácticas de los sectores de izquierda: obreros, estudiantes, maestros, simpatizantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), ciudadanos indignados por el desafuero de López Obrador, electores que reclamaban el recuento de los votos tras la turbia elección de 2006, etcétera. Si la derecha se lograba congregar, siempre era en su faceta “apartidista” y generalmente motivados por la exigencia de mayor seguridad, pero nunca para solidarizarse con las causas de los menos favorecidos. Eso iría contra su naturaleza, y contra su convicción de que las cosas no tenían por qué cambiar y, si tuvieran que hacerlo, la manera decente de lograrlo sería mediante cauces institucionales y no entorpeciendo el tráfico. Antes al contrario, a los legisladores panistas les encantaba la idea de regular las marchas o, lo que es lo mismo, limitarlas -y con ello- limitar la libertad de expresión, de asociación y de manifestación. 

Uno de los cambios más interesantes que nos ha tocado vivir en este sexenio es que la derecha aprendió a marchar. El 13 de noviembre de 2022 varios miles de personas marcharon del Ángel de la Independencia al Monumento a la Revolución, como una reacción en contra de la iniciativa de Reforma Electoral propuesta por el Presidente López Obrador. Fueron en ese tiempo, sintomáticas y divertidas, las declaraciones de ciudadanos despistados que repudiaban la reforma y, cuando los reporteros -haciendo gala de cierta astucia- les preguntaban por qué estaban en desacuerdo con ella, no sabían qué contestar, porque no la conocían. La verdad es que, en el fondo, marchaban en contra de López Obrador y de lo que fuera que propusiera. Pero en lugar de admitir eso, dijeron que marchaban en defensa del INE. Ese día el orador fue José Woldenberg, reconocido por varios como el artífice de la llamada “transición democrática”.

Después de que logró por primera vez salir a las calles, la autonombrada “Marea Rosa” se animó a llegar al Zócalo. Así, el 26 de febrero de 2023, en una manifestación a la que nombraron “Mi voto no se toca”, los opositores de López Obrador colmaron el zócalo capitalino. De nueva cuenta, el motivo oficial de la marcha era la defensa del INE, esta vez bajo una supuesta amenaza de parte de lo que se conoció como “Plan B” para reformar la legislación electoral. En esa ocasión la oradora principal fue Beatriz Pagés y el tono del discurso fue mucho más confrontativo que el previo. Aún cuando el encono y la bravuconería eran más visibles en esta segunda congregación, la manifestación se distinguió nuevamente por el ardid de su carácter ciudadano, deslindado -aunque nunca desligado- de los partidos de oposición.

El 18 de febrero de 2024 la llamada “MareaRrosa” volvió a tomar el zócalo, ahora bajo el nombre de “Marcha Nacional por nuestra democracia”. El orador en esta ocasión fue Lorenzo Córdova, y el acto siguió presentándose como ciudadano, sin definiciones partidistas, aunque siempre fue evidente la animadversión contra el Presidente, el proyecto gobernante y todo lo que parezca o se asocie al obradorismo.

Ayer, 19 de mayo, la oposición volvió a llenar (o medio llenar) el zócalo, ahora sí, finalmente, ondeando las banderas y colores de sus partidos: el amarillo del PRD, el rojo del PRI y el azul del PAN. De todos modos, los asistentes se vistieron de rosa, ahora como una afrenta contra la consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, que instó a asistentes y organizadores a no usar los colores del Instituto electoral, por una cuestión de elemental respeto. Los convocados respondieron airadamente: para ellos, el INE no les puede decir qué color ponerse, y si ellos deciden hacer una manifestación partidista vistiendo los colores del árbitro, dicen, están en su derecho. Esta vez la congregación, a pesar de que se sigue autonombrado “ciudadana” (al fin y al cabo ciudadanos somos todos), tuvo como oradores principales a Xóchitl Gálvez y Santiago Taboada. Esta vez su consigna no podía ser “defender al INE”, por dos obvias razones: primero, porque por primera vez se trataba abiertamente de un acto de campaña partidista, en el que habría sido absurdo o por lo menos muy mal visto que los partidos y sus candidatos se arrogaran la defensa del árbitro. Y en segundo lugar, porque el INE que solían defender era el INE de Lorenzo Córdova y no el de Guadalupe Taddei, a quien ven con recelo, pues claramente es menos vocal y confrontativa contra el actual Gobierno que el antiguo consejero presidente. Esta vez, a la consejera, incluso, le dedicaron consignas irritadas: “Señora Taddei / La ley es la Ley”. 

No puede ser. más que un buen signo de los tiempos, el que los ciudadanos de todas las ideologías, incluyendo a aquellos que en sexenios pasados no sólo no tenían motivos para marchar, sino que repudiaban a los “revoltosos” que lo hacían, ahora salgan, llenen plazas, coreen consignas y se infundan ánimos entre ellos. 

Sin embargo, no deja de llamar la atención que durante tanto tiempo la oposición partidista, que siempre estuvo detrás -y a la vanguardia- de estas manifestaciones, se haya parapetado bajo un color que intentaba en vano disimular la identidad de sus partidos. Hay dos explicaciones para esto: una, que como partidos están conscientes de su desprestigio, y de que su propio historial, los saldos de sus gobiernos y de sus arreglos legislativos deslegitiman cualquier causa que se apresten a defender. La segunda, que -con la excepción del PRD-, quizá encontraron indigno para quienes en otro tiempo fueron partidos gobernantes el ensuciarse las suelas reclamándole algo al actual Gobierno. Sería una manera de reconocer que ya no tienen la sartén por el mango, y que los arreglos en las cúpulas ya no les bastan, como antes, para recibir prebendas y todo aquello que habrían querido mantener. 

Una característica que distingue a las manifestaciones de esta oposición, en contraste con las de los sectores de izquierda, es que sus dirigentes no suelen ser vocales y directos con los motivos que los sacan a las calles. Los sectores de izquierda suelen ser francos en sus demandas y consignas: marchan por salarios justos, en contra de reformas laborales injustas, en contra de la represión, en contra del fraude electoral, etc. La actual oposición, en cambio, se manifiesta escondiendo sus verdaderos motivos y sus banderas. Escogen lemas generales y de sentido común, contra los que nadie estaría en desacuerdo: defender la democracia, defender el voto libre, defender la libertad. Pero para hacerlo, tienen que inventar un panorama en el que estas cosas están en grave riesgo. Dibujan así la imagen de una dictadura temible a la cual se enfrentan valientemente embalados en los colores de la muñeca Barbie para defender, dicen, la vida, la verdad y la libertad. Su nueva línea discursiva es que la confrontación política actual no consiste en la centenaria división entre “derecha” e “izquierda”, sino en una tensión entre “demócratas” y “autoritarios”, en la que, por supuesto, ellos son los demócratas y los autoritarios son todos los demás. Esa realidad alterna en la que viven bajo el yugo de un dictador es necesaria para imbuir dramatismo y emotividad a su propósito y unificar a su variopinta multitud en contra de una amenaza compartida. Finalmente, sacar del Gobierno a la gente que desprecian no es un fin político sublime, como sí lo es en cambio, luchar contra el autoritarismo y la destrucción de las instituciones, un objetivo que otorga sentido y hasta glorifica la asoleada del domingo. 

En lo inmediato, sin embargo, es claro que lo que necesitan es un último aliento antes de la inminente derrota que deberán asumir el 2 de junio. Sería imperdonable que no hicieran todo lo que está en sus manos para no darse por vencidos a dos semanas de las elecciones. Incluso si eso implica dejar de simular. 

Violeta Vázquez-Rojas Maldonado

Doctora en lingüística por la Universidad de Nueva York y profesora-investigadora en El Colegio de México. Se especializa en el estudio del significado en lenguas naturales como el español y el purépecha. Además de su investigación académica, ha publicado en diversos medios textos de divulgación y de opinión sobre lenguaje, ideología y política.

https://www.sinembargo.mx/20-05-2024/4503041

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