4/25/2014

Contradicciones


   DESDE LA LUNA DE VALENCIA


Imagen retomada del sitio sanlucarlamayor.info
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | México, DF.- 

Escucho en la radio ahora mismo un programa sobre quienes han sido las profesoras y profesores que nos han marcado más y cómo lo han hecho.

En el programa en cuestión entrevistan a David Trueba sobre su película “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, y piden a las personas oyentes que llamemos para explicar quiénes fueron y cómo marcaron nuestras vidas.

Evidentemente he ido a rebuscar en mi memoria quiénes habían sido esas personas y las he encontrado. Pero me ha sacado de mis cavilaciones la primera llamada de una mujer, aparentemente joven y que ha explicado en directo que estudió en un determinado instituto, y que con todo el claustro de profesorado aprendió a pensar por sí misma, a ver la vida con sus propios ojos y en definitiva, a ser y sentirse como un CIUDADANO.

Mis sensores analíticos se han disparado y pese a que hoy tenía pensado descansar y sólo leer y pensar, no he podido evitar venirme delante de la pantalla a analizar algunas cosas.

A ver, ¿cómo puede una mujer joven que dice que la enseñaron a pensar, afirmar que se siente un ciudadano? No me cabe en la cabeza. Porque si aprendes a pensar sabrás que eres una CIUDADANA, como mujer con derechos que tienes.

Pero claro, volvemos al sistema educativo que tenemos. Y lo que es peor, al que tendremos en pocos meses, gracias al ministro de Educación, Cultura y Deporte de España, José Ignacio Wert, que será aún peor en todos los sentidos.

Hace aproximadamente un año estuve trabajando en un Instituto de Secundaria y observé con dolor que, al menos en ese colegio porque no me parece justo generalizar, la educación en un lenguaje inclusivo que igualara y visibilizara a las y los jóvenes era una batalla perdida.

Lo hice notar en varias ocasiones, pero la excusa era siempre la misma: “Es demasiado repetitivo andar siempre con alumnas y alumnos, profesoras y profesores, madres y padres, y además los alumnos lo entienden así”.

Por causas que no vienen al caso, dejé aquel instituto, pero entre el personal docente creo que aquel mensaje no caló nada y me imagino que seguirán igual.

Entre las tareas del personal docente entiendo que está la de enseñar a pensar y a cuestionar las diferentes realidades que vive el alumnado del centro, que también será diverso.

Pero es que entre esas realidades diversas y diferenciadas también debe de estar el reconocimiento a la individualidad de cada persona, y eso lleva implícito el reconocimiento a su persona y a su condición de mujer u hombre básicamente.

Y eso que en el “tú a tú” puede resultar muy fácil se pierde cuando se habla al grupo y entonces se pasa al “vosotros” unificando el grupo y perdiendo las particularidades, incluso las mayoritarias.

Se identifica al grupo con un “vosotros”, “ellos”, “los chicos”, “todos”, “los alumnos”, etcétera… Y a la otra mitad del grupo “vosotras”, “ellas”, “las chicas”, “todas”, “las alumnas”, etcétera, sencillamente desaparecen.

Y la escuela, como potente elemento socializador que muestra el camino del genérico masculino desde temprana edad y lo mantiene durante toda la etapa obligatoria, generando después que algunas mujeres se sientan muy agradecidas por sentirse “un ciudadano”. ¿No les parece una gran contradicción? A mí sí me lo parece.

Tenemos un maravilloso cuerpo de personal docente que además está muy preparado en todos los sentidos. Están luchando continuamente por mejorar la calidad de la educación digna, pública y de calidad.

Me consta que plantean temas al alumnado para enseñarles a tener criterios propios e incluso críticos con lo que viven cada día, pero a la hora de lo más básico, a la hora de nombrar, les envuelven a todas y todos en el mismo paquete del genérico masculino sin más. Yo, de verdad que en los años que estamos no lo puedo entender.

Recientemente he impartido un curso on-line para personal docente y uno de los temas que tratamos fue éste, el del lenguaje inclusivo. La reacción mayoritaria del alumnado fue la de “que no se habían parado a pensarlo”. Bueno, esperemos que ahora que lo han trabajado un poco lo practiquen en las aulas y eso ayude a que el alumnado perciba la necesidad de ser nombrado justamente.

Pero es que me sigue llamando poderosamente la atención esta falta de sensibilidad hacia las mujeres, mejor dicho hacia las niñas. Son ciudadanas y tienen derecho a ser nombradas, a existir como tales dentro de las aulas y, por extensión, en toda la sociedad.

Las mujeres existimos. Somos ciudadanas y tenemos derechos que exigimos sean cumplidos. Y uno de ellos es el de reconocernos en los discursos de todo tipo. No debemos permitir ser “incluidas” dentro del genérico masculino porque existimos por nosotras mismas.

Como niñas, como mujeres, somos y existimos, y no somos CIUDADANOS. Somos CIUDADANAS con derechos plenos.

Entramos en graves contradicciones cuando como docentes exponemos y explicamos temas y no somos capaces de reconocer la diversidad del aula.

O, mejor dicho, somos capaces de reconocer la diversidad con el alumnado que viene de otras zonas del mundo y hacemos esfuerzos titánicos para integrarlo en el centro, pero en lo más sencillo, en lo más obvio, en reconocer que para ser realmente iguales hemos de reconocer la diferencia y nombrarla en un tema tan claro como ser alumnas y alumnos, nos perdemos y seguimos el camino más corto: uniformar con el genérico masculino.

Y después desmontar eso cuesta horrores. Por comodidad, por sentimiento de pertenencia en igualdad de condiciones, por no sentirse discriminada cuando se nos engloba, etcétera.

Pero si de verdad lo analizamos, la diversidad enriquece siempre y nombrar de forma correcta permitirá que mañana, nuestras niñas de hoy sean CIUDADANAS, profesoras, maestras, políticas, trabajadoras, desempleadas, o lo que quieran o puedan realizar.

Pero siempre reconocidas como mujeres y no amparadas por ese genérico masculino que suele retrasar la conciencia individual de las mujeres como tales, porque las confunde, difumina e incluso las elimina del espacio simbólico de la sociedad en que ellas, nosotras, también tenemos y exigimos tener protagonismo propio.

Nombremos correctamente para no incurrir en contradicciones como la oyente de este programa de radio. Nombremos correctamente para que nuestras niñas se reconozcan parte de la sociedad.

Nombremos correctamente para recordar que en el mundo existimos y convivimos mujeres y hombres. Nombremos correctamente porque haremos más corto el camino hacia la igualdad real entre mujeres y hombres.

tmolla@telefonica.net

*Corresponsal en España. Periodista de Ontiyent.

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