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3/15/2025

El 8 de marzo y las grandes olvidadas

.-En unos días y como cada año desde hace cincuenta, volvemos a conmemorar el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres. Siempre ocurre les mismo: Las mujeres reclusas, las prostituidas y muchas de las empleadas del hogar siguen siendo las grandes olvidadas en muchas de las pancartas oficiales y ya ni mencionamos a las del feminismo brilli brilli neoliberal y postmoderno.

Intentar hacer que recaiga toda la responsabilidad de su situación sobre las mujeres prostituidas es tan cruel, tan inhumano y falso que da vergüenza ajena. Y, quizás precisamente por eso hay partidos de pseudo izquierda que pretenden tratarlas como “trabajadoras sexuales” y que su actividad sea regulada.

Justo en este momento me viene a la cabeza el recuerdo de unas jornadas que se organizaron en Alicante, en el que una valiente compañera que afirmaba que había estado trabajando con mujeres prostituidas que se enfrentó a las compañeras que defendían la regulación de la prostitución con estas palabras:

“De acuerdo, regulemos la prostitución como vosotras decís y la convertimos en un trabajo legal. En todos los trabajos y como derecho regulado, existe el derecho a la formación continuada. ¿qué tipo de formación, y conste que solo es un ejemplo, vamos a darle a estas mujeres? ¿Cómo hacer mejores felaciones a un tipo al que no desean?, ¿Cómo gemir mejor para que el putero se sienta mejor? Insisto en que solo es un ejemplo, pero me gustaría que me contestarais.”  

No hubo respuesta a ninguna de sus preguntas.

Insisto en la idea de que responsabilizarlas de su propia situación como si fuera algo elegido, es compararlas con las personas esclavas que trabajaban para unos amos que las habían comprado para que trabajaran de sol a sol a cambio de unas miserables condiciones de vida y alimentación. Es lo mismo, pero en la era moderna.

Renombrar con eufemismos modernos lo que esencialmente es esclavitud que enriquece a los tratantes de mujeres y a los proxenetas es pretender legalizar la esclavitud de mujeres, mayoritariamente, en el siglo XXI.

Mujeres al servicio de los deseos de hombres que pagan para despojarlas de dignidad y usarlas a su antojo como si fueran SOLO objetos para su placer. Mujeres con vidas propias que no interesan a nadie porque son consideradas mercancías que tienen tiempo de caducidad y que, por tanto, hay que explotarlas al máximo durante el tiempo útil en el que sean buena materia prima para el negocio de tratantes y proxenetas. Así funcionan las cosas.

Y vienen las y los salva patrias de la nueva izquierda a decirnos que ese tipo de esclavitud hay que legalizarla. Claro y de paso legalizamos todos los tipos de esclavitud para que vosotras y vosotros podáis seguir gozando de vuestro estatus encubriendo a acosadores entre vuestras filas. Muy bien. Todo muy bonito y postmoderno. Pero os recuerdo que son mujeres con vida propia a las que condenáis a vidas de miseria y explotación con vuestras propuestas regulacionistas que encubren un gran negocio que mueve muchísimos millones a costa de los cuerpos de esas mujeres a las que pretendéis “proteger”.

Y como decía la compañera de Alicante os pregunto ¿qué formación continuada, como parte de sus derechos pretendéis darles?, por ejemplo.

Otras de las grandes olvidadas son las mujeres reclusas. Algunas no están ni en prisiones específicas de mujeres y comparten las de hombres. Eso sí y hasta donde yo sé, en módulos específicos. Otro gran “olvido” de la Ley Orgánica de Igualdad entre Mujeres y Hombres que sigue sin resolverse y que siguen “pagando” las mujeres ingresadas por haber cometido algún delito, en instituciones penitenciarias.

Y que, en demasiadas ocasiones, justo en el momento en que cruzan las puertas de esas instituciones, se convierten en invisibles para el resto de la sociedad. Curioso, pero real. Pero al igual que las mujeres prostituídas, existir, existen, aunque se nos olviden con demasiada frecuencia.

O muchas de las empleadas de hogar cuya existencia todo el mundo conoce como parte de la economía informal y que siguen cada una trabajando en casas ajenas y en las propias sin apenas derechos ni reconocimientos. Pero sin su trabajo la farsa de la “conciliación”, todavía seria mayor.

Y hoy quiero hacer una mención especial gracias a una conversación que tuve recientemente con una amiga, Mª José, que me recordó cómo dentro de la DANA hay víctimas no reconocidas puesto que en todos los polígonos afectados, trabajaban mujeres, sobre todo extranjeras y en situación administrativa irregular siendo prostituidas y que no constan en ninguna cifra oficial de desapariciones, pero que ya no están, ¿Dónde están los cuerpos de estas mujeres? ¿por qué no se habla de ellas?

Sencillamente porque se destaparía el negocio ilícito de trata de mujeres con fines de explotación sexual existente en grandes y a veces pequeños polígonos industriales de las grandes ciudades como Valencia. Por eso no se habla, ni se hablarás ni de sus desapariciones, ni de sus cuerpos cuando son o sean encontrados.

Ellas, todas ellas son mujeres. Y en demasiadas ocasiones son las grandes olvidadas en fechas como esta o el 25 de noviembre.

Sirvan estas letras para que su presencia se haga patente en los actos que ya se está realizando para conmemorar el 8 de marzo Dia Internacional de TODAS las Mujeres del mundo.

Ben cordialment,

Teresa

2/10/2024

¿De verdad?

 Estamos en 2024, en pleno siglo XXI y 176 años después de la Convención de Seneca Falls, que fue la primera sobre derechos de las mujeres en Estados Unidos en 1848. El resultado fue la publicación de un documento llamado por las organizadoras de la Convención Lucrettia Mott y Elizabeth Cady Stanton, “Declaración de sentimientos” en el que denunciaban las restricciones, sobre todo políticas, a las que estaban sometidas las mujeres: no poder votar, ni presentarse a elecciones, ni ocupar cargos públicos, ni afiliarse a organizaciones políticas, ni asistir a reuniones política.

Es cierto que desde entonces las mujeres hemos avanzado mucho en derechos. Pero es igualmente cierto que seguimos viviendo en una sociedad en la que somos sometidas a feroces normas patriarcales que nos hipersexualizan desde niñas, en la que somos violadas y asesinadas por ser mujeres, usadas como materia prima en las esclavitudes sexuales de la prostitución y reproductivas de los vientres de alquiler.

En nuestros cuerpos de mujeres se siguen librando batallas en las cuales las religiones nos quieren imponer sus dogmas o los puteros sus derechos. O son usados en el porno para consumo masivo de una forma de relacionarse sexualmente basada en la dominación y en la violencia sobre nosotras.

Una sociedad en la que el uso del lenguaje sigue en demasiados casos marcando diferencias insalvables en la determinación de los estereotipos que se han de seguir para mantener los privilegios del patriarcado y que los señoros de la Academia se niegan a actualizar con discursos vacuos que ya no convencen a nadie.

 Si bien es cierto que desde la Declaración de Sentimientos el feminismo ha ido evolucionando, no es tampoco menos cierto que el patriarcado ha ido evolucionando también para poder seguir camuflándose para su perpetuación y, por tanto, para seguir con su dominación.

 Si bien es cierto que el machismo no entiende de siglas políticas y que está presente tanto en la derecha como en el centro y en la izquierda, nuestros “compañeros” de las izquierdas parecían más sensibles a nuestras reivindicaciones, aunque su discurso siempre era el mismo independientemente de tratarse de un partido político, sindicato u ONG: Mujeres, ayudadnos a conseguir nuestros objetivos y después os ayudaremos a conseguir vuestras metas.

Pero se retiran cuando consiguen sus objetivos, siempre con nuestra ayuda y nunca se acuerdan de la segunda parte del pacto: nuestras reivindicaciones. Ahí ya se dispersan y se van a otras cosas como la de seguir apuntalando en sistema que tantos privilegios les sigue brindando por haber nacido hombres.

 Y la historia se repite. Ya sean, insisto, sindicalistas, políticos, activistas, etc. La historia siempre se repite. Y en estos momentos se vuelve a repetir con la canción que representará a España en un más que casposo, clasista y capitalista festival de Eurovisión.

 Un festival que permite la participación de un estado sionista como lo es Israel que ha asesinado a más de 26 mil personas palestinas, mayoritariamente niñas, niños, adolescentes y mujeres quienes representan el futuro de un pueblo.

 Pero a los organizadores del festival esto no parece importarles porque lo único importante es que el espectáculo debe continuar. A pesar de los asesinatos de Israel o a pesar de la falta de respeto de canciones como la elegida por España para con los derechos de las mujeres a quienes se permite insultar y vejar llamándolas “zorras” y disfrazándolo de empoderamiento femenino.

 El mundo al revés. Y todo ello con el gobierno más progresista y feminista de la historia. Vivir para ver.

 Gracias a la “inestimable ayuda” de la gestión del Ministerio de Igualdad en los últimos cuatro años que se ha encargado de poner en manos del lobby capitalista toda la gestión y al cual ha regado con muchos millones destinados a luchas contra las violencias machistas y que, también se ha encargado de proscribir el feminismo radical con la aprobación de una ley mordaza y terrible como lo es la ley trans.

 Una ley que permite barbaridades y deja en la indefensión más absoluta a la infancia y a quienes inoculan ideas como la del empoderamiento femenino a través del insulto y la vejación a las mujeres.

 Y ahora y de nuevo, ese lobby capitalista se ha apropiado no solo del lenguaje feminista, sino que además lo está usando para definir e implantar lo que es y debe ser el feminismo moderno, dejando fuera, eso sí a las lesbianas y al resto de mujeres feministas.

 Un lobby que deja fuera de su agenda la verdadera agenda feminista con la lucha contra todas las violencias machistas y que se permite frivolizar la hipersexualización de las niñas enviando mensajes muy perturbadores y confusos para esas niñas, pero muy claros para los pedófilos.

Y, ¿todavía existe gente que defiende que el feminismo radical no es necesario? Muy al contrario. No solo es necesario. Es posiblemente más necesario que nunca puesto que, al pretender borrarnos a las feministas radicales y buscar que cualquier cosa sea feminismo, hemos de reforzar nuestros esfuerzos y sumar muchas más voluntades para buscar convencer de la necesidad de acabar con las violencias machistas, abolir la prostitución, los vientres de alquiles, la pornografía y los estereotipos que conforman el género.

Porque hemos de recordar, queremos recordar que el sexo es el origen de nuestra opresión que utiliza el género para someternos. Y precisamente el género, como constructo social opresor para con las mujeres, ha de ser abolido para la construcción de una sociedad realmente más igualitaria y socialmente más justa entre mujeres y hombres.

1/13/2024

¡Por fin!

 

.-          Ya avisé que me pasaría por este espacio de vez en cuando para mantenerlo vivo y poder ir vertiendo no solo opiniones, también otro tipo de emociones. Pero necesitaba parar y respirar porque el dos mil veintitrés fue un año emocionalmente bastante duro. Y, aquí estoy de nuevo, tachín…

Si, por fin acabaron las fiestas y ya podemos afirmar que ha comenzado el año con esa normalidad deseada y que las fiestas navideñas nos impiden.

         Si el dos mil veintitrés acabó con una cifra elevada de feminicidios en el Estado Español, el año recién comenzado avanza imparable en el mismo sentido. A pesar de que no he encontrado datos, quizás por las propias navidades, varias mujeres han sido agredidas sexualmente desde la noche de final de año y creo recordar que ya ha habido algún asesinato.

         Pero si este tipo violencias machistas son espeluznantes y van en contra de la libertad y la dignidad de las mujeres en todo el mundo, lo peor es que gracias a las políticas neoliberales que legislan para que los deseos de, mayoritariamente hombres, se conviertan en leyes e incluso en leyes que amordazan a quienes no piensen como ellos, el retroceso en derechos de las mujeres es un hecho.

         La última noticia que he conocido esta mañana es que la OMS puede acabar nombrando a quien se describe como “una activista transfemenina, académica y zorra” para colaborar en su primera guía mundial sobre “atención de afirmación de género”. Así, tal y como suena y con todas sus letras. Os invito a que leáis el artículo enlazado para que veáis por donde van a ir los tiros en los próximos años, si desde el feminismo no conseguimos parar esta barbarie.

         En el Estado Español y bajo la capa de la diversidad algunas fuerzas políticas que se autodefinen como de izquierdas, parte del PSOE incluido, han forzado la aprobación de la llamada Ley Trans que consagra los derechos de una minoría, considero, en detrimento de los derechos de la mitad de la población: Las mujeres y las niñas.

         Su pretendido borrado no es posible biológicamente hablando, pero lo van a seguir intentando en el ámbito social más amplio, intentando a su vez, silenciar las voces del feminismo radical clásico. El que defiende la agenda feminista histórica y que, por supuesto, está en contra no solo de este borrado de las mujeres, sino también contra la explotación de mujeres y niñas tanto reproductivamente con los vientres de alquiler, como sexualmente con la prostitución. Y que, en ambos casos, se utiliza, también, el argumento del deseo tanto de paternidad como el de satisfacción sexual masculina para la explotación de mujeres y niñas.

         A lo largo de los últimos cuatro años de gobierno, solo se ha avanzado en aquello relativo a la satisfacción de los deseos masculinos, puesto que no se ha avanzado nada en la abolición del sistema prostitucional, ni en la derogación de la instrucción vigente para la inscripción de las criaturas compradas por vientres de alquiler. Nada. Y se han llamado el gobierno más feminista de la historia. Se han perdido cuatro años de oro en lo que a reivindicación de la agenda feminista se trata, mientras han aumentado los asesinatos machistas de mujeres a manos de hombres que alguna vez dijeron amarlas.

         Se ha confundido el hecho de que hubiera más mujeres en el gobierno con que dicho gobierno fuera feminista. A lo que también hay que sumar la arrogancia y prepotencia de las dirigentes del Ministerio de Igualdad que han abandonado la agenda feminista abrazando los postulados neoliberales de la llamada teoría Queer que han supuesto un frenazo en las ambiciones y en la agenda del movimiento feminista.

         Lo que peor llevo de todo es lo que ha ocurrido en los últimos días con el nombramiento de la nueva directora del Instituto de la Mujer una mujer feminista radical y a la cual esta gente que lucha por el borrado de las mujeres ha “obligado” a pedir disculpas por sus reparos feministas a la ley trans durante su tramitación. Lo llevo fatal, por su significado literal, pero sobre todo por la carga simbólica que conlleva.

         En fin, esperemos que con el nuevo año las fuerzas se hayan renovado y que la agenda feminista sea nuevamente la agenda de las mujeres y que podamos recuperar parte de las reivindicaciones que fueron aparcadas por la anterior cúpula del Ministerio de Igualdad. Ese es mi deseo para el nuevo año.

12/10/2022

El cuerpo de las mujeres

 tribunafeminista.org

Teresa Mollá

Teresa Mollá

https://teresamolla.wordpress.com/

Mujer trabajadora, profundamente de izquierdas, feminista, republicana y atea. Comunicadora de opinión en diferentes medios del Estado Español y México. Autora de “Pensamientos, reflexiones, rabias y protestas” (2014).

No es la primera vez que escribo sobre este tema. El cuerpo de mujeres como arma de guerra, como campo de batalla, como materia prima para negocios ilícitos o incluso para sufragar la guerra de Ucrania.
Hoy, una vez más quiero referirme a nuestros cuerpos de mujeres como espacio que, ahora, incluso quieren borrar y/o copiar de forma un tanto grosera, por decirlo de forma un tanto delicada.
El cuerpo femenino nunca ha tenido gran importancia aparte de su capacidad de gestar para la sociedad. Ha servido, básicamente como un vehículo a través del cual someternos.
Someternos con violaciones dentro y fuera del matrimonio o la pareja, con abusos, con intimidaciones y un largo etc. sobre el cual utilizar el poder patriarcal para dominarnos y, así, mantener el control a cualquier precio.
Esas son formas brutales, pero hay otras más sibilinas con las que ejercer ese mismo poder sobre nuestros cuerpos. Me refiero a las modas de cuerpos normativos delgados, casi esqueléticos, insanos pero que los grandes diseñadores de moda, casi todos hombres y misóginos, imponen para que se pueden lucir sus piezas exclusivas. I si no los cumples vienen las críticas, cuando no las burlas que emanan de esa misoginia generalizada.
Además, se suman factores como la gordofobia, cada día más extendida pero que, curiosamente se ceba en las mujeres y no en los hombres, otra forma de presión añadida sobre cómo hemos de ser para “teóricamente” gustarles, sin que importe nuestro estado de salud ni vuestro bienestar físico y emocional.
Y lo peor de esta nueva tendencia es que las mujeres, en general se han subido al carro y son muy pocas las que se aceptan y se quieren tal y como son. Y, como se puede imaginar, sé de lo que hablo. Y, de nuevo el patriarcado impone a las mujeres que juzguen los aspectos físicos de otras mujeres y las cuestionen para, así ganar alianzas y reforzarse.
Otra nueva tendencia que cuestiona nuestros cuerpos es la de disfrazarse de mujer y exigir ser tratadas como mujeres, sin más, como un simple deseo individual que se impone de forma individual y obviándolos siglos de luchas feministas que han impulsado que cada mujer se apropie de su propio cuerpo y decida sobre él por encima de instituciones políticas y religiosas.
Y eso por no hablar del paso de los años y del envejecimiento y sus consecuencias. Las mujeres más mayores sufren situaciones de desdén y desprecio por no ser útiles. Y con útiles me refiero a fértiles o deseables a los ojos de los varones. Y entonces comienza la tiranía de las arrugas y/o las canas como cuestionamiento. Y, para muchas profesiones, la falta de trabajo como el ejemplo de las actrices que ya llevan años denunciando la falta de papeles y, por tanto, de oportunidades laborales para mujeres maduras y/o más mayores.
O las mujeres con discapacidad que son blanco de muchas más violencias machistas de todo tipo, incluso institucionales que las mujeres que no las sufrimos.
Y, con la trampa de la diversidad y la inclusividad, a las mujeres nos las han jugado de nuevo. Desde las definiciones como por ejemplo “diversidades funcionales” hasta la usurpación de identidades cuando no la negación de la existencia del sexo biológico como realidad material incuestionable y origen de todas las opresiones que sufrimos.
Los que venían a cambiar el sistema político tradicional, van camino de conseguir imponer un sistema que nos borre con un neolenguaje y que incluso desfigure nuestros cuerpos y los someta a tratamientos crónicos y a cirugías innecesarias con tal de satisfacer deseos individuales e insolidarias con el resto de las mujeres.
Esa pseudo izquierda posmoderna chupiguay y brilli brilli que ha olvidado la lucha de clases, los problemas de las personas con menos recursos, que se ha olvidado por completo de las tesis del socialismo tradicional y del materialismo racional, quiere imponer un nuevo tipo de opresión a los cuerpos de las mujeres basado en las mutilaciones y medicalizaciones de por vida, para satisfacer deseos que pueden ser puntuales a lo largo de la adolescencia.
Y, por supuesto convertirse en súper modernas avalando los beneficios de grandes corporaciones farmacéuticas internacionales, de clínicas privadas como ya se están beneficiando las de medicina estética, pero para realizar las llamadas “transiciones” que condenaran a pacientes de por vida a tratamientos que, además pretenden que sufrague la sanidad pública.
Una sanidad pública que, de forma generalizada, sigue sin sufragar las interrupciones voluntarias de los embarazos de las mujeres, ni aún siendo consecuencias de violaciones, pese a estar previsto en la ley.
El surrealismo sobre los cuerpos de las mujeres, en esta ocasión viene de la mano del hipercapitalismo disfrazado de pseudo izquierdista posmoderno chupiguay y con mucho brilli brilli. Se le ve venir, pero puede hacer mucho daño.
El feminismo, de nuevo está avisando y denunciando. No se nos quiere escuchar, pero insistiremos. Porque si por algo se caracteriza el feminismo radical, el que va a la raíz de las cosas, es por su resiliencia. Porque fueron, somos. Y porque somos, serán.
Ontinyent, 4 de diciembre de 2022.
Teresa Mollá Castells
tmolla@telefonica.net

11/12/2022

¡Por sus…narices!

  

.- Como feminista radical (la que va a la raíz de las cosas) asisto – y escribo- sobre todo el proceso para la aprobación de la llamada Ley Trans.

Me alucinan muchas cosas de este proceso como por ejemplo la falta de rigor democrático de quienes la proponen y que, al menos en teoría, deberían velar por el avance y consolidación de los derechos de las mujeres.

Se ha perdido toda una legislatura sin apenas avanzar en derechos, porque salvo la ley llamada “Solo sí es sí” y con salvedades, no se ha desarrollado el Pacto de Estado contra las Violencia de Estado, cuyo impulso y compromiso era una cuestión de coherencia política. Y mientras a las mujeres nos siguen asesinando por ser mujeres. Y a las criaturas para, sobre todo, hacer daño a las madres.

Todos los esfuerzos han estado dedicados a lograr derechos civiles para un porcentaje ínfimo de la población. Y siempre he dicho que todo lo que conlleve aumentar derechos civiles del conjunto de la población me parecerá siempre estupendo y plausible. 

Pero en este caso, el aumento de derechos para esa parte ínfima de la población que pretende convertir sus deseos en ley tiene una pega. Solo una, pero importantísima: Que esos derechos cercenan y de forma importante, los derechos de algo más de la mitad de la población que somos las mujeres.

La cancelación en redes sociales, la cancelación de presentación de libros o de conferencias de grandes voces del feminismo, la propuesta de eliminar del Consejo de Estado de una de las principales voces feministas del Estado, así como la invención de una neolengua que pretende borrar la palabra MUJER de su particular diccionario, así como la violencia desatada contra las feministas en algunas concentraciones y/o manifestaciones da una idea de la virulencia de esos postulados, uno de cuyos gritos es “Kill de Terfs” o muerte a las Terfs que es la nueva forma de llamarnos al as feministas radicales. Antes nos llamaban feminazis, pero como he dicho antes, están inventando una neolengua posmoderna.

Es una verdadera pena y una estafa que quienes se decían desde la supuesta izquierda que venían a renovar la política y las instituciones hayan derivado en esto. En una nueva forma de sectarismo que pretende aprobar por urgencia una ley que puede cambiar a peor la vida de algo más de la mitad de la población y que además pretende borrar del diccionario la palabra MUJER, al querer negar el sexo biológico con el que nacemos hombres y mujeres y que es la fuente de la opresión histórica que sufrimos las mujeres. 

Y, nada más y nada menos que por sus…narices, pretenden sustituirlo por el “género sentido”. Ahí es nada.

Si tenemos en cuenta que el género es un constructo social consecuencia de, entre otros factores, la socialización diferenciada, entenderemos que ser mujer u hombre y lo que se espera de nosotras y de ellos, nos viene dado incluso antes de nacer, cuando las ecografías desvelan nuestro sexo y, justo en ese momento se nos comienza a socializar como niñas o como niños. Y de ahí en adelante ya se nos “marca” para que sepamos qué se espera de mujeres y de hombres.

Y, lo peor de todo es que cuando te pones a rascar un poco, comprendes que, al final es todo un tema de intereses económicos. Exactamente igual que con el tema de la prostitución, tema en el que por cierto no se ha avanzado nada hacia la abolición de esta, exactamente por lo mismo: por el dinero generado. 

O con los vientres de alquiler que pasa lo mismo, cuestión de intereses económicos y en ambos casos, prostitución y vientres de alquiler, esos beneficios se obtienen en base a una materia prima que les sale muy rentable: los cuerpos de las mujeres económicamente vulnerables.

A diferencia de la ley trans, los beneficios se van a obtener de personas vulnerables por falta de tratamientos posiblemente psicológicos y los van a obtener las grandes corporaciones farmacéuticas que les van a proveer de bloqueadores y medicamente a perpetuidad puesto que se van a convertir en personas con enfermedades crónicas. Y también quienes van a obtener pingües beneficios económicos van a ser las clínicas médicas privadas que con las llamadas “transiciones” van a mutilar cuerpos humanos sanos. Y, en ambos casos, medicación crónica y mutilación corporal para “reasignarse”, los efectos son irreversibles.

Pero a esa parte del Gobierno que pretende aprobar la Ley trans, todo esto parece que le da igual. No atienden y, lo que es peor, hurtan al Parlamento un debate sosegado y tranquilo, escuchando voces expertas para poder votar con conocimiento de causa. O sea, que pretenden aprobar la Ley Trans por sus… narices, por ser educada.

Se acerca un año electoral y me siento muy triste al haber escuchado ya las voces de mujeres a las que admiraba, lanzar al viento la consigna de “la Ley Trans será Ley”. Y sintiéndolo mucho, se van a quedar sin mi voto. 

Y, si me quedo sin opciones o, lo que es lo mismo, huérfana de voto, me encargaré de que mi voto nulo, sea transmisor de mi tristeza y orfandad.

Solo deseo que este delirio no llegue a buen puerto y se aumenten los derechos civiles de la sociedad, por supuesto, pero sin menoscabar o cercenar lo derechos de las mujeres que tanto dolor, esfuerzo y años nos han costado conseguir.

Espero que al final impere el criterio de la lógica y de la realidad material y objetiva y se tomen, en todo caso, otras medidas que no nos borren a las mujeres ni se pongan en peligro nuestros espacios seguros.

Teresa Mollá Castells

tmolla@telefonica.net  

7/02/2022

Un nuevo ataque a los derechos de las mujeres

  

Hace apenas dos días conocíamos la terrible noticia de que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos devuelve a los estados la potestad para regular sobre el aborto. Están en juego los derechos de treinta y seis millones de mujeres en edad reproductiva, que viven en los veintiséis de los cincuenta estados que se han anunciado dispuestos a promulgar leyes restrictivas con carácter más o menos inmediato. 

Es un verdadero mazazo para los derechos de las mujeres de Estados Unidos y, por extensión, para el resto de las mujeres del mundo.

Ayer, con motivo de esta noticia, escuchaba en la radio una reflexión de un señor (cuyo nombre no recuerdo por no haber prestado atención) que me resultó como mínimo curiosa. Soy incapaz de reproducir los datos, pero los dio. Y hablaba de esta medida como consecuencia de los miles de criaturas que mueren cada año a causa de las armas: por tiroteos o por accidentes de las armas que llevan las propias criaturas, a quienes se las entregan sus padres para su autodefensa. Hablaba de la necesidad de procrear para “reemplazar” a las criaturas muertas por armas.

Este ataque al derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo es un ataque a la base misma de los derechos humanos de las mujeres, puesto que es una forma de violencia machista, en este caso violencia estructural. Y es estructural porque parte de las estructuras de poder: en este caso, del poder judicial y también del poder legislativo que va a legislar en contra del derecho a decidir de más de la mitad de la población estadounidense, como lo son las mujeres.

El avance de las derechas nunca es una buena noticia para las mujeres. La derecha, incluso la llamada “moderada”, siempre hace sentir la influencia de la Iglesia Católica en cualquiera de sus versiones. Y ya conocemos que la Iglesia Católica no se caracteriza, precisamente, por la defensa de la igualdad entre mujeres y hombres. Por tanto, el resultado de esa influencia siempre conllevará el retroceso en los derechos de las mujeres.

Y de eso saben mucho nuestras madres y abuelas que sufrieron la furia del régimen fascista del dictador en sus propias carnes, cuando después de una etapa de libertades con la II República, las devolvieron a casa y les prohibieron trabajar después del matrimonio, salvo algunas excepciones.

Con la sentencia del Supremo de los Estados Unidos, se abre la puerta a una recesión de los derechos ya conseguidos de las mujeres sobre sus propios cuerpos y sobre su decisión de ser o no madres voluntariamente. En alguna ocasión he dicho que el feminismo es un movimiento universalista porque cuando nos toca a una, sea de donde sea, nos tocan a todas. Y este ataque a los derechos de las mujeres estadounidense lo es para todas las mujeres del mundo.

Como era de esperarse, las movilizaciones contra esta decisión no se han hecho esperar y miles y miles de mujeres se echaron a la calle, y lo seguirán haciendo en los próximos días, para hacer patente su desacuerdo con dicha decisión de un Tribunal Supremo; pero mucho me temo que esta decisión de claro corte republicano y de derechas, con claras influencias de la Iglesia Evangelista más reaccionaria, será difícil de revertir por el movimiento feminista estadounidense. Al menos, en los próximos años.

La idea obsesiva del patriarcado más rancio por controlar el cuerpo de las mujeres ha de tener una clara respuesta que las mujeres norteamericanas están dando en las calles, pero debería ser una respuesta global.

Y creo que el derecho al aborto debería ser protegido en todo el mundo y ser declarado un derecho inalienable de todas las mujeres del mundo, ya que la gestación solo la podemos llevar adelante las mujeres. Dejen nuestros ovarios en paz y dejen que seamos nosotras las que decidamos si queremos ser o no madres. Y sobre todo, y tal como dice un eslogan feminista, saquen sus rosarios de nuestros ovarios.

Nuestro cuerpo es nuestro y sobre él solo deberíamos decidir nosotras. No somos posesión de jueces, políticos, sacerdotes, etcétera. Y si se quieren más nacimientos por aquello de la curva poblacional y esas cosas, que se legisle sobre políticas públicas de ayuda a la natalidad y a la conciliación de la vida personal, laboral y familiar con servicios públicos de calidad para revertir el envejecimiento poblacional. Solo de esa manera se estimulará la natalidad para revertir la situación actual.

Con prohibiciones de la interrupción de los embarazos no deseados solo van a conseguir más muertes de mujeres porque se seguirán practicando en la clandestinidad y en peores condiciones médicas que pueden acabar poniendo en peligro la vida de las mujeres.

Estamos ante un reto mundial que como feministas debemos afrontar sin ninguna vacilación. Recordemos que en el Estado español estamos pendientes de un recurso que el partido popular, un partido de derechas (y últimamente creo que de ultraderecha), presentó ante el Tribunal Constitucional. Las próximas podemos ser nosotras: las mujeres del Estado español.

Toda mi solidaridad con las mujeres de los Estados Unidos y muy alerta porque esta sentencia puede ser la primera de muchas.

6/18/2022

Violencia institucional machista

  

Desde hace unos años he defendido que el término “violencia de género” escondía muchos tipos de violencias y que, por eso, prefería utilizar el de “violencias machistas” porque engloba muchos más tipos de violencias que sufrimos las mujeres.

Acaba de entrar en prisión María Salmerón por defender a su hija de su padre maltratador y con sentencia de veintiún meses de prisión por violencia de género que no ha cumplido jamás.

Sin embargo, María Salmerón, víctima de este maltratador condenado, tuvo que entrar el pasado nueve de junio por proteger a su hija de su padre. A esto se le llama o, al menos yo lo llamo, violencia institucional machista que, apoyada por una justicia patriarcal, consigue revictimizar a las mujeres en lugar de poner el foco en los maltratadores.

Se convocaron decenas de actos para exigir la puesta en libertad inmediata de María para este lunes a las puertas de los ayuntamientos; en mi ciudad, Ontinyent, fue a las 20 horas y, por supuesto, acudí. Pero el mal ya está hecho porque no se ha impedido la entrada en prisión de una mujer cuyo único delito ha sido proteger a su hija y evitarle todo el dolor posible para que fuera feliz, dentro de las circunstancias.

Hace falta mucha pedagogía feminista todavía en espacios como la justicia para desmontar la histórica desigualdad acumulada contra las mujeres y cuyo resultado seguimos pagando con violencias como la ejercida contra María.

Denunciar las estructuras patriarcales que justifican y amparan este tipo de situaciones es urgente. En algunos casos, se nos va la vida en ello, porque a María le van a robar seis meses de su vida. Seis meses que, gracias a su agresor y a quienes le amparan y justifican y a estructuras políticas y judiciales claramente patriarcales, que también hay que decirlo, van a conseguir ejecutar una injusticia de tal magnitud que va a necesitarse mucha reparación para salvar esta gran injusticia cometida con María.

La legalidad no siempre va de la mano de la justicia. Y, sobre todo, cuando de asuntos de mujeres se trata. Lo vemos a diario: vemos cómo se intenta por todos los medios mantener “a salvo” los privilegios patriarcales a costa de la vida de las mujeres.

Lo vemos en cada violación cuando se intenta revictimizar a las mujeres violadas o agredidas bajo el paraguas de la “naturalización” de la desigualdad para mantener los estatus de prevalencia masculina sobre las palabras de denuncia de las mujeres.

Lo vemos en cada asesinato machista, cuyas dolorosas cifras no paran de crecer y encima tenemos que asistir a la infravaloración de estos asesinatos por parte de quienes gritan ante otro tipo de asesinatos, pero callan ante estos.

Lo vemos en cada imagen de pancartas de “Stop Feminazis” que llevan hombres organizados cada vez que alguna mujer acude a denunciar o declarar agresiones vividas a los juzgados. Estos hombres organizados están amparados por el partido que niega las violencias machistas y que ha sido blanqueado por el Partido Popular quien siempre lleva al Constitucional cualquier ley que permitiera el avance de los derechos de las mujeres y que, en parte por eso, se niega a la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Bueno, por eso y por su propia corrupción interna, por temer afrontar nuevas sentencias condenatorias por corrupción.

Estos partidos no merecen un solo voto de las mujeres a las que pretenden devolver a una condición subsidiaria del hombre como lo hizo en su momento el dictador. Quizás esa es una de las mayores añoranzas de los partidos de la ultraderecha, entre los que ya incluyo al Partido Popular por su deriva de los últimos años y por el blanqueamiento del otro partido cuyo nombre me niego a nombrar.

La violencia machista institucional existe y se ejerce hoy y cada día con actos como los ejecutados contra María Salmerón o cada vez que se exculpa a un agresor, del tipo que sea, de mujeres o niñas. Como el padre exculpado de agredir sexualmente a su hija de siete años en una ciudad valenciana. Sí, eso también es violencia institucional contra esa niña, y se ejerció hace unas semanas por estas tierras valencianas.

Como también lo es el borrado de la condición de mujer mediante, incluso, la negación del término “mujer” que pretenden las leyes transgeneristas que pretende aprobar el Gobierno más “progresista y feminista” de la historia del Estado Español. Sí, leyes impulsadas por una izquierda desnortada y chupiguay que, en base a una pseudoteoría individualista basada en deseos personales, pretende que los derechos de las mujeres, incluso a ser nombradas, desaparezcan. Eso también es violencia machista institucional. Porque, aunque se denominen feministas, si no defienden los derechos humanos de las mujeres, no lo son.

Al feminismo nos queda continuar con la pedagogía y con la presión para cambiar las cosas y mejorar la vida de mujeres como María o su hija o la de la nena agredida por su padre desde los siete años. Y no vamos a dar ni un paso atrás. Sumamos y seguiremos sumando, aunque sea lenta y silenciosamente.

El feminismo es la única revolución permanente que existe en la actualidad y que excede cualquier frontera. Y así la mantendremos.

6/04/2022

Complicidades masculinas

  

 En demasiadas ocasiones en los medios de comunicación escucho a los hombres condenar los asesinatos machistas con mucha contundencia. Y me alegro cada vez que los escucho. Suelen ser políticos cuando asesinan a alguna de sus convecinas o alguno que otro presentador de informativos que, cuando da la noticia del asesinato de una mujer o la violación grupal de mujeres, se le nota la rabia e, incluso en algunos momentos, la deja ir llegando a ser “políticamente incorrecto” en los calificativos que dedica al agresor o al asesino. No voy a negar que me alegra.

         Pero salvo honrosas excepciones, ¿Dónde están los hombres?, ¿Dónde sus denuncias de estos asesinatos, violaciones etc.?, ¿Dónde están sus voces de condena contundente ante chistes machistas, imágenes que denigran o cosifican a las mujeres? No, no están, salvo, insisto, honrosas excepciones.

         Y no están, porque significaría renunciar a sus privilegios y eso no nos gusta a nadie.

         Significaría, además, romper con las complicidades tejidas con otros hombres con los que compartir privilegios y salirse de un sistema que se sostiene gracias a esos privilegios y al sostén y protección que entre ellos se procuran.

         Y lo vemos claramente en la aplicación de leyes sobre delitos cometidos contra la integridad física o emocional de las mujeres cuando siempre hay alguien que cuestiona las voces femeninas para favorecer las masculinas.

         Lo vemos también en la difusión de ese mismo tipo de noticias y en cómo las mujeres, incluso con las que tienen responsabilidades públicas, en algún momento son calificadas en base a sus atuendos y no a sus buenas o malas praxis. Y eso nunca ocurre con los hombres.

CIMAC Foto: César Martínez López

         También lo vemos en más manifestaciones y declaraciones contra el sistema prostitucional en donde las voces de los hombres, prácticamente en su conjunto, desaparecen. No conozco ni a un solo hombre que reconozca haber consumido mujeres y, sin embargo, el Estado Español es el mayor consumidor de mujeres de toda Europa y el tercero del mundo. Las complicidades masculinas en este tema en concreto son, al menos para mí, alarmantes.

         La hipocresía de la negación del consumo de mujeres esclavas sexuales de los proxenetas, junto con el disfrute de sus privilegios de uso y disfrute propio sin importar para nada ni el deseo ni el gozo de las mujeres prostituidas, es el máximo exponente de esos privilegios que antes mencionaba.

         Y esos privilegios cuentan con demasiadas complicidades, incluso femeninas como para permitir que se acabe el hecho de poder consumir mujeres esclavas al gusto. Esas complicidades están en todas partes. En la política, en la economía, en los medios de comunicación, en los centros de trabajo, insisto, en todas partes, por eso es tan difícil conseguir la abolición del sistema prostitucional.

         Un ejemplo, el pasado 28 de mayo se convocó una gran manifestación por la aprobación de la ley por la abolición del sistema prostitucional y la televisión pública estatal dedicó apenas treinta y siete segundos a informar. Al contrario, ocurrió con la final de la Champions League masculina que, literalmente, se “comió” prácticamente todo el informativo del mediodía.

         Otro ejemplo, el exlíder de Podemos, esa formación chupiguay que pretende aprobar una ley que nos borre a las mujeres como sujetos políticos específicos, borrando incluso la propia palabra “mujer”, si, ese exlíder reconvertido en tertuliano y comunicador de máximo nivel, se permitió descalificar con una foto previa a la manifestación feminista, la propia manifestación feminista. Sí, así pretenden que las mujeres les votemos en las próximas elecciones. Lo tienen muy claro, al menos con mi voto…

         Como podemos ver, el mantenimiento de los privilegios masculinos no entiende de clases sociales ni de lógicas políticas. Los defienden siempre y a capa y espada. Sean de donde sean.

         También y afortunadamente, las feministas seguimos sumando voces y fuerzas al movimiento que ellos pretenden ningunear, desprestigiar y eliminar si fuera posible. Pero lo tienen bastante crudo, bastante crudo, porque la lucha feminista, al ser universalista y solidaria va mucho más allá de los deseos individuales e insolidarios. Esa es nuestra fuerza.

         Viva ahora y siempre la fuerza del movimiento feminista. Por que fueron somos, y porque somos serán. Siempre!!!

5/07/2022

Un primer aviso…

 .- CIMACFoto: César Martínez López

Con la convocatoria de las elecciones andaluzas para junio, de nuevo los partidos comienzan sus operaciones de “maquillaje” para poder “vender” (vender, sí vender) sus opciones de gobierno en caso de lograr la confianza del electorado.

Comienza el momento, pese a que todavía no ha llegado el tiempo de campaña electoral, de analizar los mensajes explícitos, pero también los implícitos, que van a determinar el voto de cada persona.

Obviamente como valenciana, en estas elecciones autonómicas, no estoy convocada a votar. Pero lo estaré dentro de un año en las valencianas y, seguramente junto a muchas otras comunidades. Y ya me voy preparando para ver el paquete que cada partido nos pretende vender.

Y es que más allá de las especificidades de cada comunidad, hay elementos que son genéricos y denominadores comunes de los partidos se presenten donde se presenten.

No voy a engañar a nadie diciendo que mis prioridades pasan por temas como propuestas económicas de reparto de la riqueza, propuestas laborales creíbles y que ofrezcan trabajo decente y de calidad a quienes puedan acceder al mercado laboral, refuerzo de los servicios públicos y mejora de estos. O, dicho de otra manera, de entrada, mi voto y de forma natural sería para opciones a la izquierda del PSOE de quien ya no me creo nada y a quien, afortunadamente para mí, jamás voté en una autonómicas ni generales.

Hasta hace unos años, ya bastantes, esas eran mis premisas y las que determinaban mi voto. Mejor dicho, mis votos electorales autonómicos y en las elecciones generales. Pero como según dicen, la evolución es un grado, manteniendo intactas esas premisas, hoy tengo otras prioridades a la hora de analizar las opciones en quienes depositar mi confianza. Y, como no podía ser de otro modo, son las que defienden la agenda feminista en su conjunto.

Y comienzo a tener claro que esas opciones las defienden pocos partidos. Tan pocos, al menos en estos momentos, que son solo dos y que no voy a nombrar porque seguramente estarán en la mente de todas y todos quienes lean estas letras.

Y, como para las autonómicas valencianas queda un año, me voy a remitir a aquello de “obras son amores y no buenas razones”. Y, ¿por qué digo esto? Muy fácil. Lo que no se ha hecho, dicho o luchado a lo largo de los tres años pasados, muy difícil va a estar de realizar en el año que queda.

Seguramente algunos partidos tradicionales se seguirán llenando la boca con propósitos y promesas. Pero una ya tiene una edad y una experiencia y, por tanto, la inocencia la perdí hace muchos, muchos años. Y me he vuelto pragmática. Pero al mismo tiempo, y con un punto de romanticismo todavía no perdido, busco ser coherente entre lo que digo y lo que voto.

Y traducido quiere decir que prefiero votar en coherencia según mis principios feministas radicales (como siempre insiste, de raíz) a depositar mi voto en quienes, defendiendo una agenda de izquierdas, nos vuelvan a traicionar a las mujeres secundando movimientos misóginos, neoliberales e individualistas, aunque vengan disfrazados de progresistas y chupiguays.

Sé perfectamente que mi voto, es solo eso, un voto. Y que posiblemente no vaya a decidir casi nada. Pero es MI VOTO. Y representa mi coherencia personal. Y si mi voto y otros votos similares interfieren en las intenciones o propósitos de otros partidos que no me representan, no me voy a sentir culpable por ello.

No me sentiré culpable, porque en sus manos estuvo tener en cuenta las necesidades y reivindicaciones de más de la mitad de la población y no lo hicieron.

Porque pudiendo avanzar en derechos para las mujeres y las niñas, prefirieron echarse en los brazos de pseudo teorías que, insisto, son misóginas y atentatorias contra los derechos ya conseguidos de las mujeres. Aparte de estar basadas en deseos personales que no colectivos y por tanto no se representan más que a sí mismos.

Porque pudiendo haber puesto líneas rojas a las políticas de ultraderecha con acciones tan sencillas como obviarla o ni mentarla, han dado alas a quienes pretenden devolvernos a las cavernas a las mujeres. Y quienes pretenden eso, no solo están en los partidos de la derecha y la ultraderecha.

Por todo lo expuesto (y que conste que esto no es un escrito administrativo), tengan claro quienes diseñen las campañas electorales que vamos a ser muchas las que estaremos vigilantes a las propuestas, pero también y, al mismo tiempo, analizando los hechos realizados en el último trienio de Gobierno, tanto autonómico como estatal. Por si volvieran a coincidir, que tampoco sería descabellado un nuevo adelanto electoral desde Madrid.

Y vuelvo a las frases populares:” Quien avisa no traiciona”, aunque un poco cambiada, por aquello del lenguaje no sexista, ya saben…Yo a lo mío…

4/23/2022

Los cuerpos de las mujeres

  

CIMACFoto: Hazel Zamora Mendieta

Con las fallas recién quemadas en pueblos y ciudades de la provincia de Valencia y con una guerra en marcha en Europa y otras en el mundo, cabe pensar, o mejor repensar, el lugar que ocupan los cuerpos de las mujeres en diferentes espacios.

Como hemos podido ver en diferentes fallas, los cuerpos de las mujeres son hipersexualizados y utilizados como reclamos para la sátira y la reproducción de los estereotipos más vulgares. Eso sí, siempre en “nombre” de la fiesta y de la tradición. Como si las violencias machistas contra las mujeres no se perpetuaran también a través de las fiestas y tradiciones…

Hace muchos años y en el marco de un acto festero de mi ciudad, me comentaba un viejo conocido que las fiestas deberían ser un punto de encuentro social en el que desaparecieran las diferencias y toda la comunidad celebrara la vida. En aquel momento me pareció una buena definición.

Este año, de nuevo, en las fallas se ha usado y abusado de la exposición de los cuerpos de las mujeres. Se llama sexismo. Y casi nadie, excepto las feministas lo denunciamos. Es más, cuando una mujer artista fallera ha construido su monumento basado en el cuerpo de una mujer sin hipersexualizar, simplemente mostrándolo desnudo y sin adornos, ha sido destruido y vandalizado. O dicho en otras palabras para que se entienda, ha sido violado, como lo sería, mejor dicho, como lo son los cuerpos de las mujeres violadas. Y recordemos que según el Ministerio del Interior, en España se interponen casi cincuenta denuncias por violaciones al día. Y hablamos sólo de las denuncias y no de todas las violaciones que se producen realmente. No quiero ni imaginar los datos reales…

Y aún así parece que se disculpen hechos vandálicos como la destrucción/violación del monumento fallero que mostraba el cuerpo de una mujer. En fin…

Seguimos con los cuerpos de las mujeres. En las fronteras de Ucrania se ha desatado una especie de “caza” de mujeres para ser explotadas sexualmente en los prostíbulos de toda Europa. Los proxenetas, ante la necesidad urgente de tantas y tantas mujeres, están captándolas para explotarlas y esclavizarlas sexualmente. Sus cuerpos, una vez más, son utilizados para satisfacer deseos sexuales y de dominación por parte de puteros que pagan para violar. Porque eso es el consumo de mujeres prostituídas: pago con derecho a violación.

De nuevo los cuerpos de las mujeres usados y exhibidos para deleite patriarcal. Y, también en las fallas, la aparición de ninotes hipersexualizadas representando a mujeres prostituídas como algo “gracioso” y satírica crítica a posiciones políticas ante una situación que implica mucho sufrimiento para miles de mujeres que cada día son consumidas y violadas por puteros que, además, se permiten negar que lo son.

Demasiadas complicidades patriarcales y en todos los estamentos sociales impiden afrontar la abolición de tanto sufrimiento de miles de mujeres pobres en todo el mundo. Porque aparte de machista y profundamente patriarcal de cuyo sistema es uno de sus pilares, la prostitución es también una cuestión de clase social, no lo olvidemos. Son tratadas por proxenetas y consumidas por puteros, mayoritariamente mujeres pobres y, por tanto, vulnerables.

Y volvemos a la guerra de Ucrania y las mujeres como botines de guerra. Supongo que no tardarán nada en llegar las noticias de las violaciones de mujeres por parte del bando que avance en la conquista de nuevos territorios como forma de hacer valer esa conquista. De nuevo, y como en tantas otras ocasiones, los cuerpos de las mujeres usados como campos de batallas para mostrar avances y superioridad frente a quienes han sido vencidos. La terrible historia de siempre.

Y mientras, el aspirante a dirigir el principal partido de la oposición haciendo suyas las tesis del partido de la ultraderecha y negando las violencias machistas. Todo muy moderno y social en el seno de una Europa culta, moderna y, presuntamente igualitaria y, también presuntamente defensora de los intereses de las personas más vulnerables. Claro que si….

Me entristece y fortalece en mi lucha feminista a partes iguales ver cómo las diferentes violencias ejercidas contra las mujeres son justificadas con discursos regulacionistas de la prostitución o de la legalización de los vientres de alquiler, o a través de los discursos visuales de las fallas con el pretexto de la sátira. Sí, se busca por parte del patriarcado, normalizar la superioridad masculina ridiculizando y consumiendo cuerpos de mujeres y negando que esas sean violencias machistas. Per lo son. Se pongan como se pongan, lo son.

Denunciar que son violencias machistas, señalarlas y exponer que su blanqueamiento o justificación no conseguirán que desde el feminismo lo señalemos como lo que es, sigue siendo motivo suficiente para recuperar fuerzas y seguir en la trinchera de la lucha feminista.

Esta y no otra va a seguir siendo mi lucha. En esa batalla y junto a muchas otras mujeres me van a encontrar.

22/TMC/LGL

3/12/2022

Por un nuevo 8 de marzo

  CIMACFoto: María Esparza Quintana

Pese a lo que pudiera parecer, el feminismo no se rinde. Y aún a sabiendas de haber sido abandonadas por nuestros gobernantes, que a sí mismo se llaman feministas, no cejamos en nuestro empeño de defender la agenda feminista.

Dentro de las reivindicaciones del 8 de marzo no cabe todo, por mucho que las posmodernas chupiguays lo intenten. El 8 de marzo es el día de las mujeres trabajadoras. Que, por otro lado, somos todas las mujeres, puesto que con o sin remuneración, todas trabajamos.

Es un día de lucha y de reivindicación. Para nada es un día de fiesta. Un día para recordar que haber nacido mujeres comporta unos riesgos, incluso de muerte, por parte del patriarcado que nos quiere sumisas, dóciles y a su permanente servicio en cualquiera de sus formas.

Por eso, y dentro de la agenda feminista, reivindicamos temas tan importantes como la abolición de la prostitución. Porque consumir mujeres por placer y por el placer de la dominación, como también se hace en la pornografía, es una manera de convertir nuestros cuerpos en bienes de consumo despojados de vida propia, de dignidad, de sentimientos etc. para pasar a ser “algo” qué consumir.

Deshumanizarnos forma parte de la estrategia patriarcal para seguir ejerciendo su mandato de poder absoluto y universal. Y para hacerlo, se recluye a las mujeres tratadas en burdeles convertidos en campos de concentración en los que, además de prostituirlas, se les cobra casi hasta por el aire que respiran para, de ese modo, poder seguir explotándolas sexualmente. Tratadas como animales y vendidas cada vez que se paga por poderlas penetrar por casi todos los orificios de sus cuerpos por hombres a los que no desean, esas mujeres son usadas como mera mercancía para ganar dinero en un negocio ilícito que mueve muchos millones de euros usando los cuerpos de mujeres como materia prima.   

En plena ofensiva bélica en Ucrania, a mucha gente le preocupa sobre todas las cosas, “su” negocio. El poder salvaguardar al lucrativo negocio legal de los vientres de alquiler que, gracias a la explotación reproductiva de las mujeres, alimenta, incluso parte de las armas que se están entregando a la población para defenderse de la injustificada agresión rusa. Mujeres recluidas en granjas que son privadas de sus libertades para que “el producto final”, léase, las y los bebés que han de nacer, lo hagan sin ningún problema y en perfecto estado para poder ser entregadas a sus compradores en un negocio si no ilícito, al menos totalmente indigno de compraventa.

El feminismo exige la prohibición de estas prácticas en todos los lugares y en todas las naciones. Porque el feminismo es universalista y los derechos de las mujeres no deben ser diferentes dependiendo del lugar de origen o del lugar de residencia. Han de ser universales.

Anteponer la lucha por los derechos de una minoría que basa esos derechos en la consolidación en forma de ley de sus deseos, por encima de la lucha contra las violencias machistas en todas sus formas, no es ser feministas. No sé lo que será, pero desde luego y desde mi punto de vista, no es ser feministas.

Son muchas las mujeres que cada día viven en sus carnes las violencias machistas en sus diferentes formas. E incluso son asesinadas por ser mujeres. Negar esa evidencia o disfrazarla de otra cosa es, sencillamente, traicionar a las propias víctimas y por extensión a todas las mujeres. Y eso no lo podemos permitir. Las mujeres y niñez asesinadas por violencias machistas son nuestro fracaso social por falta de mayor implicación en la erradicación del patriarcado. Y mientras, se busca reforzarlo con el borrado de las mujeres como sujetos políticos específicos y necesitadas de políticas específicas para dejar de ser asesinadas por haber nacido mujeres.

No sólo no vamos a renunciar a nuestra a agenda feminista, sino más bien al contrario, la vamos a defender con uñas y dientes. Porque no podemos permitir que se vea inundada por unos intereses cuyo objetivo final es el propio borrado de las mujeres.

El posmodernismo chupiguay con su defensa neoliberal de un negocio muy lucrativo, en base a la negación del sexo biológico como base de las desigualdades, y la defensa del género sentido, va a tener que buscarse y defender su propia agenda. Pero no va a ser la feminista. Porque precisamente la feminista defiende a capa y espada los derechos de las mujeres. Unos derechos que, con su borrado, incluso en el lenguaje, podrían ser arrebatados por hombres que, por sentirse mujeres, exigen ser tratados como mujeres y, de ese modo, poder continuar abusando de su poder para hacer y deshacer a su antojo. Y no, los derechos de las mujeres no se tocan. Y mucho menos se eliminan en aras a los derechos de otros colectivos.

Y no. Tampoco vamos a permitir que se apropien de una fecha como el 8 de marzo, día de las mujeres, aquellas y aquellos que pretenden borrarnos para seguir manteniendo sus privilegios patriarcales.

Queda mucho trabajo por hacer. Mucho. Y queda tanto precisamente porque el patriarcado se reinventa constantemente en sus formas y en su fondo. Y una de sus últimas manifestaciones ha sido en forma de falso progresismo defensor de derechos de una pseudominoría oprimida. Y la llamo así porque alguien que basa la exigencia de la consolidación de sus derechos en base al borrado de los derechos de más de la mitad de la población que somos las mujeres no, ni siquiera una minoría. Es una pseudo minoría.  

El 8 de marzo volveremos a reivindicar nuestra agenda feminista. Y lo haremos desde el orgullo de sentirnos feministas y de saber que esos fundamentos teóricos son la base para la construcción de una sociedad más justa y equitativa para con la mitad de la población que somos las mujeres.

Orgullosamente feminista y dispuesta a que cada uno de los días sea un 8 de marzo.

12/19/2020

¡Basta de acosos!

CIMACFoto: César Martínez López

Me parece impresentable el acoso al que someten algunas personas, gente defensora de la pseudo teoría queer, a feministas. Personas que se han caracterizado por su defensa a ultranza de los derechos de personas homosexuales, transexuales e intersexuales.

De verdad que me cuesta creer que, en los tiempos en los que vivimos estas cosas sigan ocurriendo con personas con demostrada trayectoria de la defensa de los Derechos Humanos de todas las personas, más allá de su orientación sexual.

Descubro, ojiplática, que la gente que defiende esa pseudo teoría no se contenta con inundar las redes sociales cuestionando el feminismo radical (el que va a la raíz de los problemas que originan las desigualdades, o sea el género y que desea abolirse por el feminismo), sino que además se han institucionalizado a través del elemento político que debería defendernos a las mujeres ya las criaturas: el Ministerio de Igualdad.

La ministra llora el 25N, pero da alas a quienes pretenden borrarnos a las mujeres y a nuestros problemas específicos como mujeres.

No somos seres gestantes. Ni “privilegiadas cis”. Ni “vulvas parlantes”. Ni un largo etcétera. Somos MUJERES, nacidas mujeres, y criadas, desgraciadamente en muchos casos, como mujeres. Nuestro sexo es el de mujer y somos muchas las que no queremos renegar de él.

Vengo de luchas sindicales y políticas en las que siempre he defendido los derechos de las personas, trabajadoras o no, que fuesen homosexuales, transexuales o intersexuales. Cuando se aprobó el matrimonio igualitario, su defensa a ultranza me costó la relación con una persona a la que, a pesar de la distancia, sigo queriendo.

Pero todo ello y la defensa del NO BORRADO DE LAS MUJERES, no nos convierte en tránsfobas. Somos feministas y el feminismo incluye la defensa de los derechos de todas las personas.

Llamarnos tránsfobas, es hacerle el juego al patriarcado y, por tanto, es misoginia en estado puro. Es buscar la consolidación de un deseo para que se convierta en ley en detrimento de la mitad de la población que somos las mujeres. Es, también despreciar, a esa mitad de la población que somos las mujeres en aras no se sabe muy bien qué. Mejor dicho, sí se sabe. Y se persigue. De ahí el rechazo a la respuesta feminista de evitar a toda costa el borrado de las mujeres. Y, también de ahí mismo, el desprecio a las teóricas feministas y a todo su discurso que pone en jaque la pseudo teoría que se defiende por quienes nos llaman tránfobas.

No lo somos. Sencillamente somos feministas que abogamos por la equidad entre mujeres y hombres. No buscamos nada más. Pero tampoco nada menos. Y, por lo visto, eso escuece a alguna gente.

Me entero del acoso a la alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet, Nuria Parlón, por defender los postulados feministas. Pero Nuria no es la única. Paula Fraga ha sufrido una campaña terrible en recientes semanas y otras compañeras feministas a quienes puedo o no conocer, pero que la han sufrido como la también histórica feminista Lidia Falcón. Y solo desde el feminismo las hemos apoyado. ¿Dónde queda la defensa de la ministra de igualdad o de sus altas directivas del Ministerio ante estos acosos?. Silencio. Solo silencio y nada más. ¿Dónde queda la voz de la directora del Instituto de Igualdad?, ¿La de la responsable contra las violencias machistas? ¿O acaso estas violencias no las consideran de este modo porque no siempre vienen de manos de hombres, pero son inspiradas por la misoginia y el patriarcado? porque de eso no hay duda.

Decepcionada y mucho con la actitud de este Ministerio que busca solucionar deseos y darles forma de leyes pero que se aleja del feminismo con una tradición de cientos de años y que busca, sencillamente la igualdad entre mujeres y hombres. Ni más, ni menos. Que no es poco, por cierto.

Negar el sexo de las mujeres es, sencillamente, negar a la mitad de la población mundial. Negar que el género es el origen de las desigualdades y el origen de las opresiones de las mujeres es negar una evidencia histórica.

Dar rango de ley a los deseos de un lobbie cercano al Ministerio de Igualdad por intereses políticos confesables o inconfesables es, desde mi punto de vista, negar la lucha feminista y sus logros históricos de los cuales se benefician incluso, quienes los niegan ahora.

Todo mi apoyo a aquellas compañeras y hermanas en el feminismo que sufren este acoso por parte de quienes niegan el sexo y afirman el género y que, por tanto, pretenden borrar a las mujeres y los logros del feminismo.

Y por supuesto, basta ya de acosos a las feministas. Y también basta ya de pretender borrar a las mujeres porque somos algo más de la población mundial, les guste o no.

El camino de las violencias nunca fue un camino exento de peligros. No llevemos las violencias machistas hacia las feministas favoreciendo así el patriarcado y caminando así hacia un grado de enfrentamiento que pueda llegar a puntos sin retornos. La historia nos muestra que ese no es el camino.

Señora ministra busque complicidades que permitan encuentros y no desencuentros. Y, por favor, desactive los acosos hacia las feministas que, entre otras cosas, la ayudaron a estar donde está.

10/31/2020

Frustración

  

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CIMACFoto: César Martínez López

A veces, desgraciadamente en demasiadas ocasiones, cuando una mujer llega a ocupar cargos de responsabilidad, creemos que por ser mujer atenderá con mayor sensibilidad los problemas que nos afectan por haber nacido mujeres como las desigualdades sociales, laborales, etc.

Olvidamos en esos momentos que todas y todos hemos sido socializados por un patriarcado feroz que nos mandata qué es ser mujer y cómo comportarse y qué es ser hombre y cómo vivirlo. La socialización diferenciada actúa sutilmente para indicarnos qué se espera de nosotras y de ellos, sin apenas márgenes.

Y, por eso mismo, algunas personas confunden ser mujer con ser feminista y les exigen a las mujeres que están en el ámbito público un mayor esfuerzo que a los hombres. Y no, eso tampoco es justo.

Para tomar realmente consciencia de lo que significa la opresión por ser mujer, por haber nacido como mujer hay que dedicar tiempo y esfuerzo para el análisis sociopolítico actual y también el histórico.

La opresión por haber nacido como mujer se remonta a muchos siglos, decenas de siglos atrás y, por tanto, no es casual que pervivan situaciones de desigualdad derivadas de los privilegios que el patriarcado otorga a los hombres.

Las actuales corrientes posmodernistas que pretenden legalizar la prostitución, los vientres de alquiler y la autodeterminación del género por simple decisión personal son, desde mi punto de vista nuevas estrategias patriarcales para seguir manteniendo sus privilegios. Pero ahora con el agravante de que además persiguen el borrado de las mujeres como sujetos políticos específicos para pasarlas a objetos de consumo a todos los niveles. O lo que es lo mismo, misoginia en estado puro.

Y me resulta especialmente triste y frustrante ver cómo algunas mujeres al frente de instituciones importantes se hacen eco de estas tesis posmodernistas que pretenden el borrado de las mujeres y la negación del concepto “sexo”, con todo lo que ello conlleva, para erigirse en adalides de las libertades. Y hoy no estoy pensando solo en el equipo del Ministerio de Igualdad que ya comienza a utilizar los datos de manera interesada y en parte falsaria. Estoy pensando también en Barcelona y en su alcaldesa.

Mujeres que se han doblegado a los intereses de los lobbies patriarcales de proxenetas que controlan el negocio ilícito de la trata de personas con fines de explotación sexual y la pornografía, y a quienes pretenden lucrarse con los cuerpos de las mujeres a través de la explotación reproductiva.

Y todo ello sin contar que desde sus respectivas instituciones están intentando aleccionar a niñas y niños sobre la autodeterminación de su género, mediante la pseudo teoría queer. A esta niñez, le pueden estar causando perjuicios a lo largo de su vida además de convertirlos en presas fáciles para los pederastas que consideran esta teoría que los exculpa de sus problemas, una bendición para sus propósitos. Y a las niñas y los niños víctimas inocentes, pues ya si eso, los pensamos otro día.

La frustración que, como feminista siento, es infinita. Pero también son infinitas las ganas de combatir estas actitudes promovidas por mujeres en las que confié y que han demostrado que no son feministas, puesto que no trabajan para mejorar las condiciones de vida de tantas mujeres oprimidas por la explotación sexual y la reproductiva. Como tampoco lo han demostrado pese a que una ostente la representación del Ministerio de Igualdad y la otra tenga, dentro de la Comisión de Gobierno, toda un área denominada “Área de Derechos Sociales, Justicia Global, Feminismos y LGTBI”. De esta área dependen varias concejalías, pero ninguna de ellas es de feminismos.

Por otra parte, el feminismo y la defensa de los derechos de las personas del colectivo LGTBI, en demasiadas ocasiones han ido de la mano, pero precisamente en este momento, una parte del colectivo LGTBI está a favor del borrado de las mujeres como sexo femenino y eso es bastante peligroso, al menos desde mi punto de vista. Y también es contrario a la esencia del pensamiento feminista.

Por eso, sin pretender ser nadie que reparta carnés de quien puede ser o no feminista, creo que estas dos mujeres que ostentan altas representaciones están fallando a las mujeres en su conjunto y a la infancia, poniéndoles en el punto de mira de algunos depredadores sexuales.

Como decía antes, siento frustración, pero también sigo teniendo fuerzas para alzar mi voz y defender los derechos de las mujeres y la infancia contra el borrado que se pretende y contra las consecuencias que, de aprobarse leyes de autodeterminación de género, lleven aparejados nuevos tipos de violencia hacia las mujeres y las criaturas.

Pese a la frustración, seguiré muy pendiente y alzando la voz. ¿Y tú, qué vas a hacer?