11/20/2018

Migración ordenada y regular, sí; pero ¿cómo?



Una especie de lema se ha repetido sin cesar: migraciones ordenadas y regulares. Lema reforzado a partir de la presencia en México de un importante flujo de personas provenientes de Centroamérica, números considerados como no vistos, 7 mil en una sola entrada, y pocos días después se añadieron tres grupos migrantes más. Enrique Peña Nieto, presidente de México, los recibió afirmando que pasarían aquellos que tuviesen una visa o pasaporte o quisieran acogerse al asilo o refugio; los que no tengan documentos serán deportados, además de gases lacrimógenos y muros de policías federales. Sin embargo, estos lamentables hechos fueron enfrentados por la decisión, fortaleza y enorme desesperación de los migrantes que en los hechos lograron entrar prácticamente todos y algunos ya se encuentran cerca de la frontera con Estados Unidos.
Lo primero que resulta inadmisible es que el gobierno no haya estado preparado para manejar en forma adecuada a este enorme conjunto de personas en las que hay muchos niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores para los cuales debería haberse otorgado un tratamiento diferenciado y cuidadoso, sobre todo porque México enfrenta el sufrimiento de sus connacionales en su paso y estancia en Estados Unidos. Pero llama más la atención este comportamiento porque los días 10 y 11 de diciembre se presentará en Marruecos el documento denominado Pacto mundial para la migración segura, ordenada y regular, esfuerzo convocado por la Organización de las Naciones Unidas, en el que la diplomacia mexicana y suiza tuvieron un papel importante en su realización. En este pacto se plantean nuevos escenarios de cooperación y compromiso en el cumplimiento con los derechos humanos para los países firmantes ante los migrantes.
Entre estos supuestos interesantes cabe destacar la propuesta de que se intenta reducir el riesgo y las vulnerabilidades de los migrantes frente a todas las etapas de la migración a través de proteger y respetar sus derechos humanos proveyéndolos de cuidado y asistencia; respeto, protección y cumplimiento efectivos de los derechos humanos de todos los migrantes, independientemente de su estado migratorio a lo largo de todo el ciclo migratorio; asistirlos y proteger sus derechos humanos, de acuerdo con las obligaciones de las leyes del derecho internacional.
La pregunta inevitable es: ¿cómo se explica un proceder tan inapropiado por parte del gobierno mexicano con la caravana migrante, cuando este mismo gobierno es, paradójicamente, promotor de un pacto mundial para las migraciones que supone un nuevo escenario y el compromiso por parte de todos los países de respetar derechos humanos y protegerlos? Una paradoja sólo explicable en el doble discurso que ha caracterizado siempre al gobierno mexicano.
Los documentos de Naciones Unidas no son vinculantes y –si bien se trata de un intento por gestionar los flujos migratorios desde una perspectiva integral en el contexto de una realidad global y llamando a la cooperación internacional, como señala Antonio Guterres, su secretario general– lo primero que enfrenta este pacto es la salida de Estados Unidos, el más grande receptor de migrantes, el cual afirma que el pacto es incoherente con sus políticas migratorias. Pero no será el único, pues hay otros países cuyo comportamiento no permite ser optimistas con el acuerdo, tales como Austria, República Checa, Hungría, Polonia.
En fin que los pactos, por bien intencionados que sean, son sólo paliativos, ya que no cambian las condiciones estructurales que promueven los flujos inseguros, descontrolados, irregulares, por lo que se requiere evitar que las personas se vean obligadas, forzadas a salir de sus países. Es imperativo luchar para evitar que el progreso esté al servicio de la explotación y del lucro; hay que buscar nuevos caminos para la independencia, para lo cual es imprescindible alcanzar un verdadero estado social (educación, salud, protección social) y la defensa de la pequeña agricultura para recuperar soberanía alimentaria, entre otros caminos.
El neoliberalismo ha sido destructivo y descarnado. Recuperar la civilidad será un proceso largo y lento, pero es momento de recuperar el camino hacia la libertad y la autonomía. No podemos fracasar.

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