11/16/2019

“El sistema cuestiona permanentemente a las víctimas de violencia sexual”

Entrevista a Virginia Álvarez, responsable del informe ‘Ya es hora de que me creas’, de Amnistía Internacional


“Una de las primeras preguntas que nos hicimos al plantear la investigación fue: si soy violada, ¿qué tengo que hacer? Y nos dimos cuenta de que ninguna mujer sabía qué hacer”


Madrid, 14 nov. 2019. AmecoPress.- Amnistía Internacional publicó hace un año el informe ‘Ya es hora de que me creas. Un sistema que cuestiona y desprotege a las víctimas’. Virginia Álvarez es la responsable de esta investigación que denuncia la falta de políticas públicas y el recorrido lleno de obstáculos y prejuicios al que se enfrentan las mujeres víctimas de violencia sexual.
Las mujeres que testimonian en el informe aseguran que si llegan a saber lo que les esperaba, no hubieran denunciado. A lo largo de la entrevista, la experta mapea y profundiza en las variables jurídicas, policiales, sociales y culturales que propician que las mujeres víctimas de violencia sexual encuentren muchos obstáculos para ser creídas y lleguen a esa conclusión.
Los obstáculos que enfrenta una mujer que denuncia violencia sexual nos llevan a hablar de violencia institucional. ¿Qué inercias prevalecen cuando se denuncia una violación?
Los obstáculos con múltiples. Desde una policía poco sensible, poco formada, que no entiende lo que es violencia de género y dentro de ella la violencia sexual; profesionales sanitarios que tampoco tienen esa formación adecuada para tratar con profesionalidad a mujeres que han sufrido violencia sexual; médicos o médicas forenses que dudan del relato de las mujeres; fiscalía, abogadas defensoras que dudan del relato de las mujeres; jueces y juezas que no tienen la más mínima sensibilidad y dudan del relato de las mujeres. Es un tratamiento con tan poca sensibilidad y sin perspectiva de género, que produce incluso que en los juicios al final la víctima termina siendo cuestionada.
En cualquier delito no se cuestiona la víctima. Una abogada que participó en el informe ponía el ejemplo del derecho mercantil, donde el índice de fraude es altísimo y, sin embargo, no existe esa incredulidad por parte de la policía, fiscalía, jueces, en relación a la persona que denuncia un delito. Cuando te roban un móvil no te preguntan si habías bebido y por tanto no habías protegido el objeto robado.
Desde el momento de la violación o cualquier otra forma de violencia sexual, independientemente de que la mujer decida denunciar o no, esta se enfrenta a la falta de protocolos claros de actuación y a la ausencia de formación específica de los profesionales que las atienden (policía, personal médico, forense y judicial). Esto deja vía libre a estereotipos y prejuicios que ponen en duda los testimonios de las víctimas, minimizan las violaciones que sufren, e incluso las responsabiliza de las mismas.
No digo agresión sexual, porque creo que en este tipo de análisis debemos huir de la “agresión tipo”, que es la que tiene todo el mundo en el imaginario. Hay muchas violencias sexuales que desgraciadamente están muy ocultas y, si las mujeres tienen muchos problemas cuando enfrentan las violencias sexuales que todo el mundo tiene en el imaginario, qué no pasará con aquellas otras mujeres que sufren violencias sexuales más ocultas.
¿Por qué esa línea tan fina que nos puede llevar de ser víctimas a ser las culpables? ¿Qué clichés permiten esto?
En la sociedad hay estereotipos que necesitan cambiar. Pero lo realmente grave es que esos estereotipos condicionen la intervención de los operadores jurídicos y policiales, repercutiendo en el tratamiento que dan a las víctimas y en las decisiones que toman. Al final, es un delito en el que la víctima tiene que convencer de que se comportó de manera adecuada y no se merece lo que le ha sucedido.
La falta de una adecuada formación con perspectiva de género de las personas que atienden a víctimas de violencia sexual pone en riesgo el respeto de los derechos de las mujeres. "Las preguntas eran muy repetitivas, y hacía como caras, me hacía sentir incómoda, porque yo veía en su cara que no me creía", relató Blanca (nombre ficticio) a Amnistía Internacional sobre el interrogatorio al que se la sometió al presentar la denuncia en comisaría. Es uno de tantos ejemplos.
La ropa de la víctima, la hora en que se produjo la violación, si había bebido o no, su nacionalidad, no pueden ser argumentos utilizados para mermar su credibilidad cuando llegan a comisaría a poner una denuncia, o cuando son atendidas en un hospital por personal forense. La suerte de la víctima no puede depender de la sensibilidad de la persona que la reciba.

“No hay políticas públicas a nivel estatal para luchar contra la violencia sexual”

Durante la jornada que Amnistía Internacional celebró el 5 de octubre, usted hablaba de “lotería” al referirse a los derechos de las víctimas en función de la comunidad autónoma en la que residan. ¿En qué se traduce esto?
Una de las conclusiones del informe es que no hay políticas públicas a nivel estatal para luchar contra la violencia sexual. La violencia que se produce en el ámbito de la pareja o ex pareja sí entró en la agenda del gobierno central y acabó derivando en un una ley, la Ley integral contra la violencia de género de 2004, más o menos imperfecta y que tiene que ser renovada, pero que permitió centrar la atención en esa violencia específica y estableció un marco. Pero no existe ese marco en la violencia sexual, a pesar de que es una violencia de género, porque la mayoría abrumadora de las víctimas son mujeres y niñas.
Las pocas normativas o recursos que encontramos se han desarrollado a nivel de comunidades autónomas y por eso la atención es muy desigual. No tenemos un marco que garantice unos estándares mínimos que tienen que ser conforme a los estándares internacionales: Convenio de Estambul por ejemplo.
Así, encontramos que en Andalucía se había desarrollado un sistema de atención a las víctimas donde las mujeres con las que hemos hablado se muestran satisfechas con el trato recibido, el respeto de los tiempos, el tipo de acompañamiento. En Galicia no existe nada. En Cataluña, si estabas en Barcelona y caías en el hospital de referencia, iba estupendo, pero si vas a una comisaría en otro lugar, no iba tan bien. 9 comunidades autónomas (Aragón, Baleares, Canarias, Extremadura, Euskadi, Galicia, La Rioja, Murcia y Navarra, además de Ceuta y Melilla, carecen de centros de atención especializados para víctimas de violencia sexual.
Una de las primeras preguntas que nos hicimos al plantear la investigación fue: si soy violada, ¿qué tengo que hacer? Y nos dimos cuenta de que ninguna mujer sabía qué hacer. Es más, según la comunidad autónoma donde vivas tendrás que hacer una cosa diferente. O incluso en la misma comunidad, como por ejemplo la Comunidad de Madrid, no va ser igual lo que tengas que hacer si sufres una agresión en Madrid capital o es en Alcalá de Henares. Aunque la atención médica, incluida la exploración ginecológica, está garantiza, existen diferencias en cuanto al procedimiento a seguir. En Andalucía se puede acudir al centro médico antes o después de la denuncia, mientras que en Madrid capital, hay que denunciar antes de acudir al único hospital de referencia, la Paz, para garantizar la presencia de personal forense.
Todo ello deriva a un proceso de revictimización desde el primer momento. Un cuestionamiento, una burocracia, un periplo por el que tiene que pasar la mujer para la salvaguarda de evidencias, la tortura de tener que contar muchas veces lo que sucedió…
Tendría que haber un marco estatal que establezca las garantías y los pasos que tiene que dar una persona que ha sufrido violencia sexual. Estamos también proponiendo algo que existe en otros países, los “centros de crisis”, es decir, centros con personal multidisciplinar con una verdadera especialización en violencia sexual, disponibles las 24 horas, los 7 días de la semana, los 365 días del año, tal y como establece el Consejo de Europa. Y un teléfono de 24 horas especializado, con profesionales formadas que sepan cómo dirigir a la persona que ha sido víctima de una agresión, para que pueda tener primero asistencia y que la denuncia sea secundaria. Porque habrá personas que quieran denunciar, otras que necesiten tiempo para hacerlo, otras que no quieran.
Cuando rápidamente relacionamos la violencia sexual con la denuncia es porque estamos pensando en esa agresión del libro, la que hace un desconocido, en un callejón… ¿Qué pasa si es en el ámbito laboral?, ¿Qué pasa con mujeres que están en situación irregular y están trabajando en el servicio doméstico?, ¿Qué pasa cuando es un familiar quien agrede? Hay que establecer mecanismos que permitan que cualquier persona que ha sufrido violencia sexual pueda acceder a información y en segundo lugar a protección y acompañamiento, como se ha previsto en la violencia que se produce en una pareja.

La violencia sexual es violencia de género. Afecta a 1 de cada 2 mujeres, según la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA)

El pacto de Estado contra la violencia de género no presta la suficiente atención a la violencia sexual. Sólo 30 medidas de 200 ¿Por qué la violencia sexual sigue todavía sin ser considerada legislativa y judicialmente una violencia machista?
La violencia sexual es violencia de género, pero nuestras leyes no lo recogen así. Pongamos un ejemplo: si a una mujer en situación irregular en España quien le agrede es su pareja o ex pareja, va a tener toda la protección que brinda la ley integral contra la violencia de género, en cuanto a asistencia, protección, incluso protección a una posible expulsión. Pero si esa mujer sufre la misma agresión por parte de un amigo o un conocido, no va a tener ningún tipo de protección, y puede pasar que si accede a una comisaría lo primero que haga la policía es incoarle un expediente de expulsión en base a su situación de irregularidad.
Las autoridades todavía muestran desidia o desinterés para impulsar los cambios necesarios. Es algo que no está en la agenda política, tal vez también por los estereotipos. Pareciera que “a las buenas mujeres no les pasan esas cosas”.
Pero conviene recordar que en España, entre enero y junio de 2018 se denunciaron 801 violaciones, más de 4 al día, según datos del Ministerio del Interior.
Exacto. La violencia sexual afecta a 1 de cada 2 mujeres, según la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), o a más de 3.251.000 (13,7%), según la Macroencuesta sobre Violencia contra las Mujeres de 2015. Estos sólo son algunos de los datos que se manejan, provenientes de encuestas, pero que no permiten conocer la dimensión real de la violencia sexual. La falta de datos oficiales invisibiliza y minimiza este problema.
Hay estereotipos creados en torno a las víctimas. Pero también en torno a la figura del agresor. Quienes violan no son psicópatas desconocidos para las víctimas. De hecho, sólo un 18,5% de los agresores son completamente desconocidos y un 80-90% de las violaciones las llevan a cabo personas del entorno (tíos, hermanos, vecinos, padres, abuelos…) ¿Qué consecuencias tienen estos estereotipos?
La realidad demuestra que la mayoría las violaciones se producen en entornos conocidos y eso frena mucho que las mujeres denuncien porque no se sienten respaldadas por el sistema. Cuando entrevistamos a mujeres que habían sido agredidas por el entorno cercano nos comentaban cómo habían sido cuestionadas por la sociedad y la administración. Incluso, muchas son avisadas por los mismos abogados: mejor no denunciar porque nadie las va a creer. Es por esos cuestionamientos previos que muchas veces tardan en denunciar y eso acrecenta aún más la desconfianza. Todo termina repercutiendo en eso: el cuestionamiento. Y es un freno que la va a bloquear e impedir seguir buscando justicia.

“Lo que tiene que quedar claro es que el eje central de todo es el consentimiento”


El hecho de que las violaciones se den en el entorno cercano puede llevarnos al menos a dos conclusiones. Por un lado explica la dificultad para denunciar por parte de las mujeres. Pero también nos lleva a deducir que la violación está mucho más presente y naturalizada en la vida de las niñas y mujeres de lo que queremos pensar. Patricia Simón, en el prólogo de ‘Creedme’, dice que todas las mujeres en algún momento hemos pensado como reaccionaríamos ante una violación. 
Efectivamente. Y te lo planteas y no sabrías que hacer. No está claro. Y cada persona reacciona de un modo diferente.

A partir de la sentencia de ‘la manada’ y todo lo que sucedió en torno a ella, comenzó a reclamarse un cambio en el Código Penal. En la campaña electoral de abril varios partidos anunciaron la reforma de los delitos sexuales para definir la violación como sexo sin consentimiento y no en base al uso de la fuerza o intimidación. ¿Cuál es su punto de vista sobre esta reforma?
Lo que tiene que quedar claro es que el eje central de todo es el consentimiento. Cualquier acto no consentido es agresión, violación o es violencia sexual. Tal y como está actualmente el Código Penal y el capítulo de los delitos contra la integridad y libertad sexual, no se está haciendo pedagogía y no se respeta el criterio del consentimiento. Necesitamos que el Código Penal lo deje claro porque en este momento está farragoso. Efectivamente tienes que establecer una serie de criterios y baremos para que la conducta sea más o menos gravada según su importancia. Pero tiene que quedar claro que el eje es la falta de consentimiento.
Por otro lado, las leyes ayudan pero no solucionan todo. La justicia es importante pero la buena justicia repara y un buen trato y un buen acompañamiento cuando una mujer va a denunciar ya está reparando.
Hasta llegar a un procedimiento judicial hay muchos pasos que dar que están fallando. La ley tiene que revisarse con una perspectiva de género inminente y de entendimiento de lo que es violencia sexual. “La perspectiva de género es también una metodología a la hora de juzgar”, dice Gloria Poyatos, y la ley tiene que acompañar esa metodología, sobre todo cuando hablamos de delitos que afectan especialmente a las mujeres.
Creemos que tiene que haber un marco común que trabaje la violencia sexual como un tipo de violencia de género. Creemos que debe haber una ley integral, pero se pueden empezar a hacer cosas. No cuesta tanto poner un teléfono 24 horas con personas especializadas, se puede promover la formación de los operadores, se puede empezar a promover protocolos adecuados que no permitan el cuestionamiento de las mujeres.
A pesar de todo, a pesar de todas las dificultades y trabas, las denuncias siguen aumentando. En 2019 hay un 11% de denuncias más en relación al 2018.
Por una parte esto tiene que ver con la visibilidad que se ha ido produciendo a partir de la sentencia ‘la manada’, de las movilizaciones feministas, del Mee too. Las denuncias son la punta del iceberg, pero el hecho de visibilizar anima a que muchas mujeres denuncien y exijan justicia y reparación. Pero es muy complicado saber si antes no se denunciaba o no se estaban recogiendo las denuncias. Y también es cierto que una de las mayores dificultades que nos encontramos en la investigación es la ausencia de datos.

Una mujer que ha sufrido violencia sexual puede tener una actitud de fortaleza y búsqueda de justicia

Hay una cuestión fundamental en el enfoque de la violencia sexual y es qué pasa después en la vida de una superviviente. Todavía la imagen que prevalece es que tu vida se acabó, es algo de lo que jamás vas a recuperar. No creemos, a pesar de que la experiencia nos dice lo contrario, que una mujer que ha sufrido violencia sexual pueda tener una actitud de fortaleza y búsqueda de justicia.
Es un hecho dramático importante pero no tiene por qué detener tu vida. El ser humano es capaz de mucho. Cada persona es un mundo, habrá víctimas que necesiten mucho apoyo, otras no tanto, habrá quien necesite tiempo.
Los medios de comunicación tienen una función o responsabilidad pedagógica muy importante. Y lo cierto es que se sigue penalizando que una mujer pueda rehacer su vida y ser feliz cuando sufre una violación. Tenemos muy estereotipado todo. Y el cuestionamiento de la víctima se da en todos los pasos. Antes, durante y después de una experiencia de violencia sexual.
¿El avance de la ultraderecha puede paralizar los cambios necesarios y reclamados por la amplia mayoría de las mujeres?
Hay que intentar seguir empujando. Creo que los cambios son imparables. Las mujeres, independientemente de la ideología, estamos conquistando una serie de derechos y quiero pensar que a pesar de todo, eso no se va a detener.

Foto: archivo AmecoPress, cedidas por Amnistía Internacional
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Estado español – Violencia de género – Violencia sexual. 14 noviembre. 19. AmecoPress

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