.-La
XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe
concluyó en la Ciudad de México con un documento de 80 compromisos. Este
acuerdo habla de una década de acción hacia la igualdad sustantiva y de
la construcción de una sociedad del cuidado.
Sin embargo, el
texto también refleja la exclusión de voces que no se alinearon a la
visión hegemónica, contradiciendo la narrativa de democracia y
participación que se espera en estos foros regionales.
El
Compromiso de Tlatelolco nombra avances: reconoce el cuidado como un
derecho humano, habla de paridad, de derechos sexuales y reproductivos,
de erradicar las violencias y de reorganizar socialmente los cuidados.
Pero, ¿qué pasa con lo que no se nombra? Varias mujeres sobrevivientes
de violencias, activistas y feministas fueron excluidas sin tener la
posibilidad de estar en el foro, otras fuimos “aceptadas” en el registro
más no invitadas a la inauguración, solo algunas estuvieron presentes.
Durante
el foro, hubo censura al feminismo abolicionista, las puertas no
estaban abiertas como se dijo, las barreras patriarcales estructurales
para la democracia estuvieron presentes en este espacio donde las voces
diversas tendrían que escucharse dentro de una agenda por la igualdad
sustantiva y el cuidado. Tampoco se reconocen los debates incómodos, los
que incomodan a los Estados pero son urgentes para las mujeres.
Los
compromisos solo tienen sentido si recogen todas las voces. Es
indispensable que las voces invisibilizadas y excluidas, sean
recuperadas y traducidas en política pública y presupuesto, porque
también cuentan, también nombran exigencias y también deben ser
contempladas en la ruta hacia la igualdad.
Mientras en los
auditorios se repiten discursos, miles de mujeres siguen enfrentando
violencias cotidianas. Manifestaciones pacíficas afuera de la sede lo
evidenciaron, mujeres que dejaban claro que a la CEPAL no habían llegado
todas, que los feminicidios y las violencias machistas seguían
arrebatando la vida de las mujeres en México, evidenciando que un
refugio les había salvado la vida y que la falta de presupuesto para
estos espacios es una violencia institucional.
Firmar compromisos
es un paso, pero el verdadero desafío es que el Estado mexicano
garantice presupuestos progresivos y justicia para las víctimas. De lo
contrario, la vida de miles de mujeres seguirá marcada por la impunidad,
la precarización, el racismo y la falta de cuidados colectivos.
Han
pasado más de quince días desde que se firmaron los 80 compromisos de
Tlatelolco, pero el análisis no puede cerrarse con la clausura del foro.
Desde el feminismo debemos mantener vigente la reflexión crítica y,
sobre todo, vigilar que los Estados cumplan lo que prometieron.
Como
feminista reconozco que este documento de 12 páginas nombra a las
mujeres indígenas, afrodescendientes, rurales, migrantes y con
discapacidad, y coloca el cuidado como un derecho humano. Eso puede
sentar bases para políticas públicas urgentes.
Pero también es
indispensable que se reconozca a los refugios como parte del sistema de
cuidados —porque sostienen vidas y garantizan derechos— y que la
participación de las organizaciones de la sociedad civil esté
contemplada de manera explícita en estos compromisos. Sin nosotras, las
que llevamos décadas tejiendo redes y acompañando en los territorios, la
ruta hacia la igualdad y los cuidados quedará incompleta.
Nuestra
digna rabia no es cómoda ni complaciente. Nombramos lo que incomoda
porque no aceptamos la exclusión ni los discursos sin hechos ni
presupuestos.
Nuestra voz busca fortalecer una agenda que cumpla
lo que se promete y que incluya a todas las mujeres. La crítica
feminista es necesaria para avanzar.
Los 80 compromisos de
Tlatelolco pueden ser un punto de partida, pero no bastarán mientras los
debates incómodos sigan fuera de la agenda y mientras los Estados
posterguen lo esencial: presupuesto, justicia y políticas que coloquen a
todas las mujeres en su disidencia, en todas sus diversidades y etapas
de vida en el centro.
.-Ciudad
de México.- La región de América Latina y el Caribe estarán en la mira
durante la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer que se celebrará del
12 al 15 de agosto en la Ciudad de México. En coordinación con ONU
Mujeres y el Gobierno de México, se han producido las primeras reuniones
subregionales a fin de reconocer las diversas necesidades de las
mujeres los márgenes de lo político, económico, social, cultural y
ambiental.
En cada uno de estos encuentros, la representación
de cada gobierno y organismos internacionales expusieron algunos avances
en sus respectivos informes que presentarán en la Conferencia, siendo
el tema principal: la transformación estructural y cultural para
impulsar la sociedad del cuidado y la igualdad de género.
De
este modo, se esbozan los primeros pasos en aras de conmemorar la XVI
Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, una
reunión punta de lanza en el mundo que se celebra desde 1977 cada 3
años, considerada la reunión por la defensa de los derechos humanos de
las mujeres más importante de la región; un foro que nació de la
articulación feminista. En el caso particular de México, esta es la
segunda ocasión que es sede; la primera en 2004 cuando fue casa de la
Novena Conferencia Regional y ahora, 21 años después, albergará la
décimo sexta conferencia regional.
La línea de actividades estará construida de la siguiente forma:
Presentación
de la hoja de ruta de la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de
América Latina y el Caribe – del 12 al 15 de agosto en Ciudad de México.
Una
vez presentados, se elaborarán documentos de cada una de las
delegaciones y se hará lectura de las demandas de la sociedad civil.
El
miércoles 13 de agosto -por la tarde- se dará un diálogo entre altas
autoridades sobre el tema central [los cuidados] y ese mismo día, se
relanzará el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el
Caribe.
El jueves 14 de agosto se darán 3 mesas de trabajo enfocadas en el desarrollo de políticas públicas de cuidado.
El
viernes 15 de agosto, como cierre, se dará una conmemoración llamada
«Memoria y Futuro» que recordará los 50 años de la Primera Conferencia
Mundial sobre la Mujer (1975) y los 30 años de la Declaración y
Plataforma de Acción de Beijing (1995), seguido por la consideración de
los acuerdos y la clausura.
Así, estos son los aspectos más
destacables de qué sucedió en estas reuniones preparativas y algunos
apuntes que son imprecindibles a reconocer a 3 meses de esta conferencia
internacional.
Mujeres en el Caribe: Lucha contra el cambio climático y migración
Con
sede en Barbados, esta reunión convocó a las y los representantes de
los gobiernos del caribe anglófono para discutir aportes sustantivos y
construir el documento de posición que presentará en la próxima
conferencia, además, de poner la lupa cuáles son los avances de cada
Estado.
La reunión fue inaugurada por Diane Quarless, directora de
la Sede Subregional de la CEPAL para el Caribe; Isiuwa Iyahen,
directora ad interim de la Oficina Multipaís de ONU Mujeres
para el Caribe; y Daniela Pacheco, directora de Política Exterior
Feminista y Cooperación Internacional de la Secretaría de las Mujeres de
México, en representación de México.
¿Qué se discutió aquí?:
Teniendo como eje rector el objetivo general de la sociedad de cuidados,
se colocaron sobre la mesa algunos de los desafíos -y obstáculos- que
han cooptado y atravesado la autonomía de las mujeres: los movimientos
migratorios y el cambio climático.
Según atajaron las
representantes de Anguila, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice,
Granada, Guyana, Islas Turcas y Caicos, Jamaica, San Cristóbal y
Nieves, Santa Lucía, Surinam y Trinidad y Tobago, existe un rezago
importante para cambiar rumbo a la sostenibilidad de la vida y la
corresponsabilidad. Esto está ligado a los fuertes flujos migratorios;
familias desplazadas en busca de mejores oportunidades o a causa del
cambio climático. Una dinámica que termina por dejar a la mujer como
único sostén del hogar y cuidadora de la familia.
Para las voces
caribeñas, el eje transversal de la sociedad del cuidado es frenar los
impactos ambientales -y sociales- que el cambio climático acarrea y que
tiene particular impacto en las mujeres.
Mujeres al Sur de América: Pobres instituciones y marcos normativos
El
8 de abril se gestó esta reunión y fue inaugurada por Ana Güezmes
García, directora de la División de Asuntos de Género de la CEPAL;
María-Noel Vaeza, directora regional para las Américas y el Caribe de
ONU Mujeres; y Citlalli Hernández Mora, secretaria de las Mujeres de
México, en su calidad de país anfitrión de la XVI Conferencia Regional.
Los problemas esenciales que se identificó en esta parte de la región fue un «nudo estructural»
que no está permitiendo avanzar hacia mejores sociedades. Este «nudo»
hace alusión a todas las condiciones que el sistema impone a las mujeres
y a las estructuras del Estado que se traduce a pobres políticas
públicas e instituciones ineficientes.
Se destacó que en esos
países 1 de cada 4 mujeres no cuenta con ingresos propios, en
contraparte, 1 de cada 10 hombres enfrenta esta misma situación, según
datos del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el
Caribe. Los problemas expuestos desde la CEPAL para el Sur de América
fueron:
Baja capacidad de crecimiento
Elevados niveles de desigualdad
Débil gobernanza institucional
Feminización de la pobreza
Gabriela
Rivadeneria, directora de la Cooperación Técnica de la Secretaría de
las mujeres dio a conocer en esta reunión que se conformará un Comité
Organizador para garantizar el éxito de la Conferencia Regional, además
de que México impulsará espacios autogestionados como el Foro Feminista y
el Foro Parlamentario.
Desde esta parte del continente, se
realizó el compromiso de llevar a la Conferencia la diversidad de las
voces de la región, priorizando las necesidades de las mujeres indígenas
y de las organizaciones civiles. En esta reunión, se contó con la
participación de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay, Perú,
Uruguay, Venezuela y Ecuador.
México y Centroamérica: Crimen organizado y migración
Celebrada
el 9 de abril, esta reunión subregional fue convocada por ONU Mujeres,
la CEPAL y el Gobierno de México. Aquí participó la titular de la
Secretaría de las Mujeres, Citlalli Hernández Mora y representantes de
los gobiernos de Costa Rica, Cuba, Honduras, Guatemala, Nicaragua,
Panamá y República Dominicana.
El documento de posición para
esta parte de la región se titula «La sociedad del cuidado: gobernanza,
economía política y diálogo social para una transformación con igualdad
de género», y fue Ana Güezmes García, directora de la División de
Asuntos de Género de la CEPAL quien presentó los avances de este
documento donde se destacó que:
«Los
procesos demográficos, las tendencias epidemiológicas y el cambio
climático aumentarán los requerimientos de cuidados en los próximos
años. Necesitamos un pacto regional que garantice el cuidado como
derecho humano y bien público, con mecanismos de financiamiento
sostenibles y corresponsabilidad social y de género» -Ana Güezmes
García, directora de la División de Asuntos de Género de la CEPAL.
En
representación de México y durante la presentación del esbozo de la
hoja de ruta, Gabriela Rivadeneira, directora general de Cooperación
Técnica de la Semujeres señaló que, si bien se impulsará una Conferencia
transformadora, el Estado también debe reconocer su rol promotor sin
perder de vista los fenómenos que han obstaculizado el acceso a una
sociedad de cuidados y sostenible: la violencia, el crimen organizado y
la inseguridad alimentaria.
Estos ejes estuvieron presentes y
destacaron como los elementos únicos, es decir, en ninguna otra
conferencia subregional se reconoció el impacto del crimen organizado y
su nexo directo en recrudecer el trabajo de cuidados de las mujeres. Los
efectos tienen distintas causales, sin embargo, se puede ejemplificar
con el trabajo de las madres buscadoras; víctimas indirectas del crimen
organizado, que dedican su vida a buscar a sus seres queridos volviendo
insostenible el trabajo de cuidados.
El comentario de Gabriela
Rivadeneira no sólo fue atinado, sino que además, esbozó las
diferencias que atraviesa a cada mujer de la región; no sólo es caer en
la trampa de hablar de cuidados como eje económico, sino realmente,
comprender todos los efectos que contribuyen a que las mujeres no
accedan a una verdadera autonomía. Y al menos, en la región de
Centroamérica y México, el crimen organizado y la inseguridad, golpea
fuertemente a las mujeres que intentan sostener sus hogares ante crisis
como la desaparición de sus seres queridos, los homicidios, el
reclutamiento forzado y el feminicidio.
Entretanto, el resto de
los países reforzaron el compromiso de promover sistemas de cuidados y
estrecharon la posibilidad de fortalecer alianzas con los países vecinos
de Centroamérica.
«Las
Reuniones Subregionales permitieron avanzar en la construcción
colectiva de una visión compartida sobre la sociedad del cuidado como
pilar de un nuevo modelo de desarrollo en América Latina y el Caribe.
Este proceso reafirma el compromiso de los Estados con la Agenda
Regional de Género y con el fortalecimiento del multilateralismo, en un
momento clave para renovar pactos sociales, consolidar políticas
públicas transformadoras y proyectar soluciones regionales con impacto
global.» -ONU Mujeres