ONU Mujeres México.-Fue
una de las primeras mujeres mexicanas desplegadas en una operación de
paz de Naciones Unidas. En el marco del Día Internacional del Personal
de Paz, destaca la necesidad de una participación más equitativa y
sostenida en escenarios de conflicto. Asegura que la empatía, la
asertividad, la comunicación y la resiliencia de las mujeres son claves
para construir paz en contextos de conflicto.
Huehuetoca,
estado de México.- La Teniente Coronel Enfermera de Estado Mayor María
del Rosario Cardoso Reyes cuenta con más de 30 años de trayectoria en
las Fuerzas Armadas. Ingresó al Ejército como enfermera militar y
actualmente dirige el Centro de Entrenamiento Conjunto de Operaciones de
Paz de México (CECOPAM), siendo la primera mujer en asumir esa
responsabilidad.
La historia de la Teniente Coronel también se
vincula con los compromisos internacionales asumidos por México a través
de la Plataforma de Acción de Beijing, en particular en la esfera
relativa a “La mujer y los conflictos armados”. Este enfoque
promueve la participación activa de las mujeres en todas las fases de
resolución de conflictos, desde las negociaciones hasta la
reconstrucción. También impulsa la capacitación de personal para
prevenir la violencia sexual en contextos bélicos y la reforma de
instituciones de justicia y seguridad con enfoque de género.
Adoptada
en 1995, la Plataforma de Acción de Beijing es el marco internacional
más completo para promover los derechos de las mujeres y las niñas.
Establece doce esferas de preocupación, entre ellas, la participación de
las mujeres en la prevención y resolución de conflictos, así como en la
consolidación de la paz.
La presencia de mujeres en misiones de
paz no solo responde a un principio de igualdad, sino que mejora
sustancialmente la respuesta humanitaria y la legitimidad de los
procesos de paz. Hay evidencia robusta que indica que cuando más mujeres
participan en los esfuerzos para la construcción, mantenimiento y
sostenimiento de la paz, esta suele ser más duradera, inclusiva y
sostenible.
“No tuve referentes militares mujeres. Éramos pocas.
Pero mi madre, con su voluntad y disciplina, fue quien me impulsó.
Siempre he querido aportar algo a la sociedad”, explica.
Su
formación inicial en Ciencias de la Salud marcó una visión humanitaria
que, años más tarde, la llevó a participar en una misión de paz de la
ONU. “Más que un desafío, ha sido una oportunidad. He visto cómo ha
evolucionado la inclusión de mujeres en las Fuerzas Armadas desde que
ingresé en 1994. Cada vez hay más compañeras en puestos clave y también
más conciencia del valor que aportamos”, añade.
Experiencia en Malí: integración y aprendizaje
Este año, el Día Internacional del Personal de Paz de la ONU se conmemora bajo el lema “El Futuro del Mantenimiento de la Paz”,
destacando el trabajo de miles de personas —civiles, policías y
militares— desplegadas en misiones alrededor del mundo. En ese escenario
global, la participación de mujeres como María del Rosario Cardoso
Reyes no solo representa un avance histórico para México, sino también
una pieza clave en la construcción de misiones más representativas,
equitativas y sostenibles.
Entre 2018 y 2019, fue desplegada como
oficial de Estado Mayor en la Misión Multidimensional Integrada de
Estabilización de las Naciones Unidas en Malí (MINUSMA). “Me motivó el
aspecto humanitario de estas operaciones. Las convocatorias para
misiones son abiertas, y México me dio la oportunidad de participar y
representar al país en el extranjero”, señala.
Foto: ONU Mujeres México
Durante
su estancia en Malí, trabajó en un equipo multicultural integrado por
personal de Europa, África y Asia. Aunque el número de mexicanas y
mexicanos era muy reducido, destaca el reconocimiento que recibió su
país. “Nos identificaban por nuestra calidez y nuestra postura neutral.
Eso facilita mucho la integración”, relata.
Su función consistía
en formar parte del componente militar y capacitar al personal que se
integraba a la misión, aplicando los conocimientos adquiridos durante su
formación castrense. “En Malí no improvisamos: todo está escrito, todo
está estructurado”, enfatiza.
La experiencia fortaleció su
perspectiva sobre el papel de las mujeres en contextos de paz. “Nos
adaptamos y nos relacionamos de manera imparcial y respetuosa. Yo misma
descubrí una resiliencia mayor en mí gracias a esta oportunidad.”
Liderazgo con enfoque igualitario
Desde
mayo de este año, la Teniente Coronel está al frente del CECOPAM, el
centro que entrena a las y los efectivos de México que participan en
operaciones de mantenimiento de la paz. En su oficina conserva la boina
azul que portó en Malí —símbolo de su labor como agente internacional de
paz— y las insignias de las instituciones en las que se ha formado.
Foto: ONU Mujeres México
“Todo lo que he aprendido en el Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional me ha preparado para este momento”, afirma.
Tiene
claro que las mujeres deben ocupar un lugar cada vez más amplio en este
tipo de operaciones. Habla de la escucha activa, la empatía, la
asertividad y la capacidad de comunicarse con respeto como fortalezas
que favorecen su integración en entornos multiculturales.
Señala
que el Ejército ha avanzado en el cumplimiento de políticas nacionales e
internacionales en materia de igualdad. “En el Centro trabajamos con
estándares claros. La ONU nos da estructuras firmes y México cumple con
ellas”, asegura.
También subraya que, en las misiones de paz, la
comunicación no es solo una herramienta técnica, sino una condición
esencial para la eficacia operativa. Explica que contar con canales
formales, como radios y códigos establecidos, permite responder de
manera inmediata ante situaciones médicas, logísticas o incluso
psicológicas que puedan surgir durante el despliegue.
Multiplicar el impacto
Al
reflexionar sobre su experiencia en la ONU como personal de
mantenimiento de la paz, lo hace desde una perspectiva institucional y
colectiva. Destaca la importancia de compartir lo aprendido con quienes
permanecen en territorio nacional. “Volvamos a nuestro país con toda la
intención de hacer un efecto multiplicador y de invitar a nuestros
compañeros y compañeras a que participen”, señala, convencida de que
cada misión representa una oportunidad para abrir camino a nuevas
generaciones.
Foto: ONU Mujeres México
Con
voz firme, la Tte. Cor. Enfra. E.M. María del Rosario Cardoso Reyes
subraya que contribuir a la paz no es exclusivo del ámbito militar. Cada
persona, desde su experiencia, puede sumar. Y aunque no lo diga como
consigna, su propia trayectoria lo demuestra: se trata de asumir el
liderazgo desde la preparación, la disciplina y la convicción de que la
paz también se construye con comprensión mutua y trabajo en equipo.
La participación de las mujeres en los procesos
de paz prevé mayores probabilidades de éxito y garantías en el
cumplimiento de los acuerdos
Madrid, 02. nov. 22. AmecoPress. En los últimos
diez años, solo tres de cada 10 procesos de paz han incorporado la voz
de las mujeres durante las negociaciones. La dimensión de género también
se aplica a los conflictos armados y las violencias específicas contras
las mujeres son innumerables. Las vías que pueden combatir estas
desigualdades son todavía poco eficaces y la participación de las
mujeres en procesos de paz llega a ser insuficiente. Solo un 6% son
mediadoras, a pesar de que la ONU defienda la inclusión de las mujeres,
ya que con su presencia aumenta la probabilidad del triunfo de los
acuerdos y su perdurabilidad en el tiempo. ¿Se conseguirá una paz
feminista en algún momento? Esta y otras muchas cuestiones siguen sobre
la mesa y la guerra en Ucrania no deja más que interrogantes.
El primer paso que se dio desde las Naciones Unidas para reconocer el
papel de las mujeres en la resolución de conflictos se consolidó a
través de la Agenda Mujeres, paz y seguridad (resolución 1325) del año
2000. Esta resolución fue aprobada por el Consejo de Seguridad de la
ONU, con el objetivo de incrementar la participación de las mujeres
durante los procesos de prevención, gestión y solución de conflictos.
Además, pretende garantizar la protección de los derechos de las
mujeres y las niñas en situación de conflicto armado. María Villellas
Ariño, investigadora en la Escola de Cultura de Pau de la Universidad
Autónoma de Barcelona, explica: “esta agenda ha servidos sobre todo para
dar visibilidad y reivindicar el papel de las mujeres como sujetos
políticos relevantes para la construcción de la paz”. También, añade:
“los resultados reales han sido muy pocos y muy lentos, eso no quiere
decir que la agenda no sea útil, sino que choca con la falta de voluntad
de los gobiernos y de la comunidad internacional".
Desde la Escola de Cultura de Pau, centro de investigación para la
paz, destacan algunos retos para conseguir que la Agenda Mujeres, Paz y
Seguridad continúe siendo una herramienta eficaz para construir una paz
feminista. La reducción de los gastos militares debe ser primordial en
la toma de decisiones, afirma el equipo de investigación. Según el SIPRI
(Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) durante
2021 se ha producido un aumento de un 0,7% del presupuesto militar a
nivel mundial. Además, los países con mayor partida destinada al ámbito
militar (Estados Unidos, China, India, Reino Unido y Rusia) representan
el 62% de todos los recursos económicos globales para este sector.
La multipolaridad de las desigualdades se acentúa durante los conflictos armados
Otra de las vías que propone la Escola consiste en aplicar una visión
ecofeminista, que considere también la diversidad de las personas. Las
circunstancias relacionas con la identidad de género, la orientación
sexual, la expresión de género o diversas características sexuales
también deben ser tenidas en cuenta dentro de los conflictos armados, ya
que estas personas tienen más probabilidades de sufrir violencias.
Respecto a la visión interseccional en los análisis de conflictos
armados, María Villellas destaca: “es muy importante que incorporemos y
enriquezcamos nuestro análisis con otros ejes de desigualdad, entender
la diversidad y la pluralidad de situaciones que atraviesan las mujeres
tiene que estar presente en el análisis de los conflictos armados y en
el diseño de herramientas de construcción de paz”.
Según un informe publicado por el blog del Comité Internacional de la
Cruz Roja (CICR) sobre la dimensión de género en los conflictos
armados, las mujeres y niñas reciben violencias especificas tanto de
manera directa como de manera indirecta en estos contextos. Ruth María
Abril Stoffels, investigadora y experta de Derecho Internacional
Humanitario de la Universidad CEU-Cardenal Herrera destaca: “las mujeres
sufren violencias visibles como las violencias sexuales, esclavitud
sexual, matrimonios forzados, prostitución forzada, embarazos
forzados…”, añade: “también hay una violencia económica cuando la mujer
no tienen medios para alimentar a sus familias y una violencia de tipo
político, cuando no se reconocen los derechos de las mujeres a
participar en los procesos de paz”.
Las violencias sexuales supondrían ataques directos a las mujeres que
viven en las zonas de conflicto, de hecho, estas agresiones han sido
consideradas un instrumento más para ejercer la guerra, según las
Naciones Unidas. Otra de las agresiones directas correspondería con las
muertes y heridas, así como la posterior dificultad y desigualdad en el
acceso a la asistencia en salud. Además, estos ataques no se detienen
aquí, ya que llegan a trascender a la vida cotidiana, depositando en
ellas una carga más. Esta podría ser la asunción de los cuidados
familiares y diversas responsabilidades marcadas por los roles de
género.
¿Qué ocurre cuando existe un contexto donde impera el militarismo patriarcal?
Algunos de estos cometidos hacen que menos del 20% de las mujeres
tengan la posibilidad de acceder a un trabajo remunerado, en los países
donde los conflictos se prolongan en el tiempo, frente al 69% de los
hombres. Además, más del 21% de las niñas en edad de escolaridad
primaria no asisten a la escuela, mientras el porcentaje en los niños es
del 15%, según datos del blog de CIRC. Estas son algunas de las cifras
más alarmantes que se estudian desde el organismo. Sin embargo,
denuncian la invisibilidad histórica de las mujeres en la recopilación
de información y apuestan por una calidad de los datos que incluya la
perspectiva de género.
Los centros de investigación resaltan la importancia de reunir
estudios que contemplen estereotipos, normas sociales y otros factores
que introduzcan sesgos de género, para así cubrir puntos ciegos en la
toma de decisiones. María Villellas afirma: “no podemos entender los
conflictos armados en toda su dimensión si no tenemos en cuenta la
perspectiva de género”, añade: “hay muy pocas mujeres que participen en
las negociaciones, esto es un primer factor de desigualdad, además en
muchas ocasiones no se incluyen en las negociaciones de paz cuestiones
que tienen un impacto grande sobre las mujeres”.
La brecha de género continúa presidiendo las desigualdades sufridas
en la mayoría de los conflictos armados. Según datos proporcionados por
el Índice Mujeres, Paz y Seguridad 2021/2022 del Georgetown Institute
for Women, Peace and Security, las mujeres refugiadas presentan un mayor
grado de dificultad a la hora de encontrar trabajo en el país de
acogida. Además, son ellas las que se concentran en sectores no
cualificados y mal pagados. A estas limitaciones en las oportunidades
económicas, se suman las barreras del idioma, las tasas de
alfabetización más bajas y los cuidados no remunerados.
También son las mujeres las que tienen mayor riesgo de sufrir
inseguridad alimentaria y de recibir violencias machistas. Estas
situaciones no se ven cubiertas en la mayoría de los contextos de
conflicto, debido a la interrupción o restricción de los servicios de
asistencia, por lo tanto, se ve reducido el apoyo frente a posiciones de
vulnerabilidad tan graves. Todas estas consecuencias se están viviendo
en los conflictos abiertos y actuales que ocurren en el mundo, incluida
la invasión militar de Rusia contra Ucrania.
La mismas dinámicas en la guerra ruso-ucraniana
El 24 de febrero de 2022 comenzó la invasión rusa contra Ucrania.
Esta guerra ha provocado un desplazamiento forzado de la población civil
ucraniana, mayoritariamente mujeres, niños y niñas, así como personas
mayores. Ucrania se encontró bajo el mandato de una ley marcial,
impuesta desde el primer día de la invasión y cuya vigencia se prolongó
hasta el mes de mayo. Esta ley prohibió a los chicos jóvenes y hombres
de entre 18 y 60 años salir del país, considerando algunas excepciones. A
esta situación tan escalofriante se suma el importante número de
desplazamientos que se produjeron desde el comienzo de la invasión.
Son 8,4 millones de personas refugiadas, de las cuales 3 millones han
vuelto a Ucrania, según datos proporcionados por ACNUR. La organización
ACNUDH también registró 3.924 víctimas mortales civiles (1.519 hombres,
985 mujeres, 98 niños y 95 niñas y 1.227 personas sin datos de género) y
4.444 heridos (907 hombres, 604 mujeres, 126 niños y 104 niñas y otras
2.703 personas sin datos desagregados).
Esta guerra ha provocado un incremento de la violencia sexual contra
mujeres que viven en la zona del conflicto, según un análisis publicado
por ONU Mujeres y CARE. Además, señalaron que se había producido un
aumento de las violencias machistas sufridas en el ámbito doméstico, una
situación que no se consigue paliar debido a dificultades a la hora de
acceder a servicios de apoyo, pérdidas de medios de vida y obstáculos
para socorrer necesidades básicas de personas dependientes. Otro de los
puntos que define la clara desigualdad de género en el conflicto
corresponde a la agravación de discriminaciones ya existentes con
anterioridad, abarcando también una magnitud racista y homófoba.
El aumento de las cifras de violencia sexual también es
potencialmente peligroso. La ONU ha confirmado un incremento en las
denuncias y ha facilitado datos recogidos por el Equipo de Observación
de Derechos Humanos del Alto Comisionado de Naciones Unidas. Este
organismo ha verificado 28 casos, incluyendo violación, violación en
grupo, tortura, desnudos forzados y amenazas de violencia sexual. ACNUDH
también confirmó que la mayoría de las violencias sexuales dentro del
conflicto habían sido llevadas a cabo en las áreas bajo el control de
las fuerzas armadas rusas y algunos casos en zonas controladas por el
poder ucraniano.
La seguridad sexual no está garantizada, ni si quiera en los países
de destino y tránsito de mujeres desplazadas ucranianas y de otros
orígenes. Algunas organizaciones de Polonia, Rumanía, Eslovaquia y
Hungría dedicadas al campo de los derechos sexuales y reproductivos
denunciaron esta situación. Un contexto de máxima gravedad, en el cual
medidas como la anticoncepción de emergencia, el acceso al aborto, la
atención prenatal o el tratamiento para enfermedades de transmisión
sexual no están garantizadas.
El Índice Mujeres, Paz y Seguridad 2021/2022 sitúa a Ucrania en el
puesto 66 dentro de una clasificación global de 170 estados, que mide la
inclusión, la seguridad y la justicia para las mujeres. Todavía la
participación de las mujeres durante los procesos de paz y las
mediaciones en el conflicto de Rusia y Ucrania ha sido bastante débil.
Las mujeres y las organizaciones de la sociedad civil han sido excluidas
como negociadoras durante los encuentros oficiales.
Entre los años 2014 y 2019, Ucrania mandó al menos a diez hombres,
pero solo a dos mujeres, mientras que Rusia no envió a ninguna. Iryna
Gerashchenko, la enviada humanitaria del gobierno de Ucrania y Olga
Ajvazovska, líder de la sociedad civil, son aquellas que han formado
parte de las conversaciones de paz como delegadas. También, se sitúa
Heidi Tagliavini y Heidi Grau, diplomáticas que representan a la
Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, ejerciendo de
moderadoras principales del Grupo de Contacto Trilateral. Todavía el
80% de los embajadores siguen siendo hombres, poniendo en clara
evidencia la masculinización de este sector.
Los medios de comunicación y su responsabilidad como altavoz
La sociedad civil no se detiene y es importante tener en cuenta la
diversidad de puntos de vista, las aportaciones que realizan, las
respuestas que aplican frente a las guerras… En líneas generales, la
sociedad no se presenta como actor dentro de las negociaciones y los
acuerdos de paz. No se contempla la visión de las personas como una
herramienta útil y necesaria para construir la paz y solucionar
situaciones de conflicto armado.
Manuela Mesa, codirectora del Instituto Universitario de Derechos
Humanos, Democracia, Cultura de Paz y no violencia (DEMOSPAZ-UAM) y
directora del Centro de Educación e Investigación para la Paz (CEIPAZ),
afirma: “la sociedad ucraniana tiene derecho a decidir cómo quiere
defenderse de una agresión como la que está sufriendo (..), por ello hay
que dar voz para apoyar una salida negociada, teniendo en cuenta las
necesidades de la sociedad ucraniana”. Es decir, plantea la importancia
de tener en cuenta “cuál es su visión y cómo querrían salir de todo
esto”.
Por ello, es muy relevante el papel que juegan los medios de
comunicación en cuento a la pedagogía para los acuerdos de paz. Además,
son los responsables de incluir los testimonios de las personas
involucradas, no solo desde su postura como víctimas, sino como
demandantes de derechos y participantes del contexto. Para María
Villellas es fundamental la responsabilidad que tienen los medios de
comuncaición: “no dar solo visibilidad a los actores armados, sino que
dando visibilidad a las personas que trabajan por la paz, se consigue
transmitir que la paz es posible”.
El tratamiento que reciben los conflictos armados tiende a ofrecer
una visión propagandística de los hechos. Esta opinión es apoyada por
Tica Font, experta en economía de defensa e investigadora del Centre
Delas d’Estudis per la Pau, al hablar sobre la guerra de Ucrania:
“estamos viendo un periodismo de emoción, que intenta que vivas la
solidaridad hacia las víctimas, porque de esta manera vas a dar apoyo a
las decisiones que vaya a tomar el gobierno”. Además, añade: “existe un
periodismo de emoción y no de reflexión, yo no he visto ninguna
entrevista a personas intelectuales ucranianas, no se favorece ninguna
opinión crítica al gobierno ucraniano”.
La movilización de mujeres ucranianas en el ámbito comunitario,
incluyendo la evacuación de civiles y el apoyo a personas desplazadas,
debe ser reconocida y valorada. También han colaborado en la recogida y
distribución de ayuda humanitaria, así como en las redes de apoyo a
mujeres de violencia de género, violencia sexual, en la generación de
refugios, la recogida de información para localizar a personas
desaparecidas y la documentación de vulneraciones de los derechos
humanos, entre otras cosas. La heterogeneidad de esta participación es
muy amplia, ya que también se encuentran muchas mujeres que se han
sumado a las fuerzas armadas y a las unidades de defensa territorial.
La sección ucraniana de La Strada (organización para los Derechos
Humanos) critica el papel de los medios de comunicación y rechaza la
victimización pública que están sufriendo las mujeres ucranianas. Otra
posición que afecta al periodismo de guerra es aquella dada por la
co-fundadora de la Asociación de Juristas Ucranianas (JurFem), Larisa
Denisenko. La representante reclamó un tratamiento de la información
siguiendo criterios de información con un enfoque de género, para no
agravar los daños ya existentes. También, se ha exigido desde órganos de
la sociedad civil, prestar especial atención a paliar el perjuicio y el
estigma que recaen sobre personas refugiadas, pero también sobre la
población rusa que no apoya la invasión.
Tica Font: "Solo hablan las armas y los hombres"
Una posible vía para reducir el impacto negativo de análisis públicos
y privados en la guerra se podría basar en la inclusión de evaluaciones
con perspectiva de género. Este abordaje podría ser canalizado, según
el CIRC, a través de políticas y prácticas incentivadas por el vector de
ONU Mujeres, así como la implicación del resto de Estados en esta
materia. La organización señala que la incorporación de un enfoque de
género en sus respectivas obligaciones del Derecho Internacional
Humanitario, revertiría en una mejora de la calidad de las
informaciones. Pero como explica Tica Font, respondiendo a una posible
aplicación de la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad en la invasión rusa
contra Ucrania: “cuando las cosas están tensas, de esta agenda se
prescinde totalmente, volvemos a lo de siempre, los hombres se sitúan
con valores muy masculinos abordando las situaciones, sin dejar espacio a
las mujeres, con otra clase de visión y partiendo desde otros valores”.
Todos los esfuerzos por combatir la vía militar y el estallido de
guerras recalcan que “la guerra en sí no arregla los problemas, los
acrecienta”, “para defender la vida, la guerra no sirve”, como
mencionaba Tica Font en su entrevista con nosotras. Además, no podemos
olvidar que “a lo largo de la historia, militarismo y patriarcado han
ido siempre de la mano y se han reforzado mutuamente”, palabras de María
Villellas. Estos mensajes de paz y feminismo son las verdaderas
herramientas para alcanzar realidades mejores y sostenibles, que
incluyan la diversidad presente en todas las sociedades.
Fotos: archivo AmecoPress, cedido por la Web Naciones Unidas.
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Pie de foto: 1) Cartel ONU Mujeres; 2)La gente en Kyiv, Ucrania,
abarrota las estaciones de tren tratando de salir del país durante la
invasión rusa, pero los trenes de evacuación no son suficientes para
todas las personas. 1 de marzo de 2022. Foto: Sebastian Backhaus /
Agentur Focus / Redux; 3)ONU/Loey Felipe Una amplia vista de la sala del
Consejo de Seguridad mientras el Presidente de Ucrania, Volodymyr
Zelenskyy (en la pantalla), se dirige a la reunión del Consejo de
Seguridad sobre la situación en Ucrania; 4)Voluntarios de la JCI Ungheni
repartiendo bolsas de comida a las personas refugiadas que pasan por la
aduana de Sculeni. Fotografía: ONU Mujeres Moldova
— -
Internacional - Política - Voces de Mujeres - Instituciones de Igualdad -
Estudios de Género - Derechos Humanos - Violencia de Género - Violencia
Sexual - Violencia en conflicto armado - Informes - Redes y Plataformas
de Mujeres. 02. nov. 22. AmecoPress.
Desde la década de los 80, el 24 de mayo se celebra el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme
Madrid, 24 may. 22. AmecoPress. - El 24 de mayo,
el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, es un día
para recordar a todas las mujeres que han trabajado por defender los
ideales de paz, igualdad y justicia social y promover el desarme.
En 1981, una treintena de mujeres de la organización Women for Life on Earth (Mujeres por la vida en la Tierra) se instalaron junto a la base militar RAF Greenham Common,
en el condado de Berkshire, Inglaterra, para protestar contra la propia
instalación y contra el uso de armamento nuclear. Este campamento, el
cual se mantuvo hasta el año 2000, llevó a cabo numerosas acciones de
protesta que tuvieron un gran impacto mediático. Por ejemplo, a finales
del año 1982, fecha del aniversario de la llegada de los misiles a la
base, 30.000 mujeres se unieron alrededor de la base, en el evento
Embrace the Base (Abraza la Base). Este campamento obtuvo el apoyo de
miles de personas de todo el mundo y se convirtió en un símbolo de la
lucha contra las armas nucleares.
Para recordar las campañas realizadas por las británicas que se
opusieron a la OTAN y a la instalación de sus bases militares,a
principios de la década de los 80, grupos pacifistas de mujeres en
Europa establecieron el 24 de mayo como el Día Internacional de las
Mujeres por la Paz y el Desarme. "Es un día que hace referencia a los
esfuerzos que han hecho tantas mujeres del mundo para lograr la paz y el
desarme", explica Carmen Magallón, presidenta de honor de la Liga
Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF, por sus siglas
en inglés: Women’s International League for Peace and Freedom).
Según comenta, hay una corriente histórica del feminismo pacifista que
es una contribución importante para acabar con las guerras, "a ver si
acabamos alguna vez".
Las mujeres que han trabajado por defender los ideales de paz no son
pocas. Algunas de ellas están reconocidas. Por ejemplo, Jody Williams,
profesora estadounidense y activista de derechos humanos, ganó el Premio
Nobel de la Paz en 1997 por su trabajo en favor de la prohibición
internacional del uso de minas antipersonales. Shirin Ebadi, abogada
iraní que milita por los derechos humanos y la democracia, recibió el
mismo premio en el año 2003.
Otra mujer ganadora del premio fue Leymah Gbowee, activista pacifista
y feminista liberiana. Gbowee lideró el movimiento pacifista Mujeres de Liberia Acción Masiva para la Paz
(WLMAP), el cual fue clave para poner fin a la Segunda Guerra Civil
liberiana en 2003. Recibió el Premio Nobel de la Paz en 2011, junto a
Tawakkul Karman, periodista, política y activista yemení por la defensa
de los derechos humanos, y, Ellen Johnson Sirleaf, economista y política
liberiana, presidenta de Liberia desde 2006 y 2018. Fue la primera
mujer presidenta electa en África.
Magallón menciona también a las mujeres católicas y protestantes que
"hace mucho tiempo trataron de unir a sus comunidades en Irlanda del
Norte". Aunque algunas mujeres hayan sido reconocidas, "el rol de las
mujeres en los conflictos armados no está suficientemente visibilizado".
Las mujeres y los análisis de género son habitualmente excluidos de
los procesos de paz y la toma de decisiones. En el año 2000, el Consejo
de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1325 sobre mujeres, paz y
seguridad. Esta resolución destaca los impactos específicos de género de
los conflictos armados. Asimismo, reconoce el papel crucial que las
mujeres juegan en la construcción de la paz. Magallón explica que aunque
esta resolución sea de obligado cumplimiento, hay gobiernos "que se la
saltan" y no la cumplen: "En Ucrania, los medios de comunicación no
están enseñando que en las negociaciones no hay ninguna mujer".
Aunque algunos gobiernos no cumplan con la resolución, no hay que
quitarle importancia, ya que las mujeres o grupos organizados la
utilizan como herramienta de presión. Es el caso de Colombia. Entre los
años 2012 y 2016, mientras en La Habana estaban negociando los acuerdos
de paz entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, "un montón de
organizaciones de mujeres organizaron dos cumbres en Bogotá." Exigieron
que, como la Resolución 1325 lo dictaba, las mujeres tenían derecho a
participar en las negociaciones. "Lograron formar la Comisión de género e
incidir", subraya Magallón.
Impacto de la violencia, más grave en las mujeres
La guerra y el conflicto afectan a los derechos de todas las
personas. Sin embargo, las circunstancias que tienen que ver con el
género suponen que la violencia impacte de manera diferente y más
desproporcionada en las mujeres. Magallón habla de Afganistán: "Después
de años peleándose, cuando llegan los talibanes y Estados Unidos se
marcha, quienes acaban en una situación de opresión y con falta de
libertad son las mujeres".
El uso de armas tiene un inequívoco impacto de género, según relató WILPF en la declaración
que escribió para el 24 de mayo del año pasado: "Las armas aumentan
significativamente el riesgo de sufrir violencia sexual o de que las
mujeres sean asesinadas por sus parejas. Es habitual que se utilicen
para coaccionarlas e impedirles que accedan a la seguridad, la
educación, la asistencia sanitaria y las oportunidades económicas".
El desarme es una cuestión fundamental para WILPF. Magallón explica
que no critican a quienes se defienden en estos momentos porque no ven
otra opción, pero no aplauden el aumento del gasto de armamento, "porque
lo que hacen las armas es prolongar las personas muertas y el
sufrimiento".
El aumento del presupuesto para las armas supondrá restar de otras
partidas que son más necesarias: "Es un desastre, por ejemplo, para los
presupuestos de salud que tan necesarios son, como hemos visto en la
pandemia". Según Magallón, el gasto en armamento solo servirá para
producir más muertes y repetir todos los eventos históricos que tienen
que ver con la muerte. "Todo el mundo se ha lanzado a aplaudir este
aumento", expresa, "habría que mirar cuánto dinero se dedica a producir
armas y cuánto dinero se dedica a cambiar las mentalidades y construir
cultura de paz".
WILPF, más de cien años de trayectoria
La Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad es la
organización más antigua de mujeres por la paz del mundo. Esta ONG
internacional nació en 1915 y cuenta con secciones nacionales que
alcanzan todos los continentes. Según cuenta la presidenta de honor de
WILPF España, las sufragistas se iban a reunir en Berlín, pero por causa
de la Primera Guerra Mundial dejaron de hacerlo. En cambio, se juntaron
en La Haya en un congreso internacional para tratar de parar la guerra.
Allí nació la organización.
WILPF trabaja para la creación de una sociedad pacífica y justa. "El
objetivo de la organización es incidir en la política internacional para
erradicar la guerra", subraya Magallón. Cuenta con un Secretariado
Internacional con base en Ginebra y una oficina en Nueva York enfocada
al trabajo en la Organización de las Naciones Unidas, "siempre cerca de
los organismos internacionales porque nació para estar ahí,
monitorizando".
WILPF colaboró para que se firmara el Tratado sobre la Prohibición de
Armas Nucleares, el cual entró en vigor en 2021. Asimismo, tiene un
programa para dar voz a las mujeres que están en lugares donde hay
conflictos armados y trabaja también en el ámbito de intervención de
crisis.
Han pasado más de 100 años desde la creación de la organización y,
según Magallón, "desde el punto de vista internacional, ha habido
avances". La creación de las Naciones Unidas es uno de ellos, aunque
ahora "haya cierta inoperatividad por el derecho a veto en el Consejo de
Seguridad". Magallón explica que en el conflicto entre Ucrania y Rusia,
este último pone el veto a cualquier iniciativa de Naciones Unidas para
lograr la paz, igual que pasó con Estados Unidos en la invasión de
Irak. Otro avance ha sido el Tratado de Comercio de Armas firmado en el
año 2013.
Magallón insiste en la necesidad de tener "una red internacional"
para tratar de incidir y "cambiar las cosas". En el año 2015, cuando
cumplieron 100 años, organizaron un Congreso en La Haya, donde
participaron más de 1000 mujeres: "Asistieron cuatro mujeres ganadoras
del Premio Nobel de la Paz, entre ellas, Jody Williams y Shirin Ebadi".
Asimismo, explica que se están planteando que mujeres y hombres trabajen
juntos: "Los hombres tienen que reconstruir su idea de que su identidad
les exige pelear, eso es un estereotipo. En vez de destruir la vida,
todas las personas tendríamos que dedicarnos a cuidarla".
Cada país decide cómo conmemorar el 24 de mayo, organizando
diferentes eventos. En el caso de España, ayer se celebró un acto en la
Casa de la Mujer en Zaragoza para debatir sobre la situación actual:
"Estuvimos más de 100 mujeres y fue muy interesante". Hoy harán una
concentración, vestidas de blanco, en la Plaza de España (Zaragoza), a
las 19:00.
Desde el I Congreso Internacional de Mujeres en
1915, una gran determinación ha caracterizado la agenda de las mujeres
en la resolución de conflictos
Madrid. 28 ene. 2021. AmecoPress.- La
importancia de la Paz y la No Violencia en la educación se hace evidente
con los datos ofrecidos por la Organización de Naciones Unidas: el 80%
de los 50 millones de personas refugiadas en el mundo son mujeres, junto
a sus hijas e hijos. Esto respalda la teoría impulsada por numerosas
organizaciones como WILPF sobre el denominado “Impacto Diferencial”.
Nueve meses después de que diese comienzo la Primera Guerra Mundial,
en el fulgor del conflicto, 1.136 mujeres de diversas culturas, lenguas y
nacionalidades celebraron el ‘I Congreso Internacional de Mujeres’.
Este histórico evento, presidido por la estadounidense Jane Addams,
consistió en un acto de rebeldía en el contexto bélico en el cual estas
mujeres demostraron sus capacidades para el diálogo y la no
confrontación, algo que escaseaba en ese momento. Durante cuatro días,
la misión de estas comprometidas participantes se orientó hacia la
búsqueda de la paz global y el deseo de terminar con la masacre que sus
congéneres habían impulsado. El consenso por una misma causa abrió
caminos a numerosas y diversas iniciativas que influirían a las naciones
de forma global. Así, en 1915 nace un movimiento, el feminismo
pacifista y antimilitarista, y se configura la Liga Internacional de
Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF).
El día 10 de junio de 2011, en Madrid, se reúne un grupo de mujeres
con el auto-acuñado nombre de ‘Entredos’ y deciden formar la sección
WILPF España. Desde Madrid, Barcelona, Santiago, etc. activistas del
feminismo materializan este colectivo de “mujeres que mantienen un
compromiso con la causa de la paz desde hace años”. Estas mujeres,
relacionadas bien a través de la Asociación Española de Investigación
para la Paz (AIPAZ) o bien por el grupo editor de la revista ‘En pie de
Paz’, se comprometen a ser el estandarte de la “No Violencia” en Estado
español.
Manuela Mesa, directora del Centro de Educación e Investigación para
la Paz (CEIPAZ), de la Fundación Cultura de Paz, y codirectora del
Instituto de Derechos Humanos, Democracia y Cultura de Paz y No
Violencia, fue una de las precursoras de WILPF España y, entablando una
estrecha relación con el movimiento feminista, defiende que “no podemos
entender una agenda de paz y seguridad sin una verdadera igualdad entre
mujeres y hombres”. Esto es debido a que el conflicto y la guerra
tienen mayor impacto sobre las mujeres.
Según la activista Mesa, se dan tres premisas causantes de estos
hechos. En primer lugar, hace referencia al denominado “Impacto
Diferencial”. La Organización de Naciones Unidas afirma que más del 80%
de los 50 millones de personas refugiadas en el mundo son mujeres, junto
a sus hijas e hijos. Datos como estos confirman que los conflictos
impactan en mayor medida sobre los derechos y libertades de las mujeres.
Una segunda premisa se basa en “la falta de instrumentos conceptuales
específicos para una valoración del efecto de esta violencia sobre las
mujeres”. Así, existe una invisibilización sistemática de las mismas en
el contexto de los conflictos armados. Por último, hace referencia al
aprovechamiento de la guerra como instrumento de cambio en las
estructuras sociales. “Las necesidades vinculadas al género se
modifican”, y añade: “hay que tenerlo en cuenta para el diseño de
políticas y programas de rehabilitación post-bélica”.
De esta manera, es un hecho que a lo largo de la historia el papel
que han jugado las mujeres por la paz y la no violencia ha sido
importante y, a su vez, infravalorado. No obstante, ¿Cuál es el
entramado institucional actual en esta materia? ¿A qué causas se
destinan los esfuerzos de estos colectivos? Y sobre todo, ¿Cuáles son
los pasos actuales planteados por el feminismo pacifista?
Acción nacional e internacional
A lo largo y ancho del globo son numerosas las organizaciones que
comparten ideas comunes sobre una acción pacifista y no violenta para la
resolución de conflictos. Estas entidades actúan tanto a nivel nacional
como internacional. A escala global, ‘ONU Mujeres’ o WILPF son grandes
actores en el feminismo pacifista. Respecto al Estado español, hace más
de 30 años aparece la primera semilla de Alianza por la Solidaridad con
el objetivo de “luchar sin descanso contra las desigualdades e
injusticias”. Su reconocido le ha hecho evolucionar hasta obtener una
reconocida importancia a nivel internacional al unirse a Action Aid en
2018.
Tras años de lucha y presión por parte de estos colectivos de mujeres
por la paz, se han puesto en marcha numerosas acciones. Uno de los
grandes logros a nivel internacional es la puesta en marcha de la
Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra
la Mujer (CEDAW), aprobada por la ONU en 1979 y secundada por el 96% de
las naciones de todo el mundo -su llegada a España no fue hasta el
1984-. Entre las acciones de la Convención, que tienen como fin último
acabar con las desigualdades sistémicas, se encuentra la “no
discriminación y representación”, “garantía de derechos humanos y
libertades fundamentales” o “educación, salud y empleo”.
Otro de los ejemplos de estas conquistas, en el año 2000 se aprueba
por unanimidad en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la
‘Resolución 1325’, apelando a una perspectiva de género en la resolución
de conflictos y exponiendo las necesidades de mujeres y niñas durante
la repatriación, reasentamiento, rehabilitación y reintegración
post-conflicto. Este documento supone uno de los mayores avances en
materia de derechos para las mujeres y del reconocimiento de la
participación que efectúan en las negociaciones de paz y reconstrucción a
nivel internacional.
Causas y frentes de actuación
En el avance del feminismo pacifista para alcanzar una serie de metas
en relación a la paz y la resolución de conflictos, se exponen diversas
materias específicas sobre las cuales las organizaciones ponen el foco
de acción. Estas cuestiones están basadas en la conquista de nuevos
derechos y libertades con una importante perspectiva de género.
Una de las materias que recibe más apoyo es la paz y la seguridad.
Las desigualdades de género que se manifiestan en los conflictos
armados generan que la violencia impacte desproporcionadamente sobre las
mujeres. Según organizaciones internacionales, “los valores sociales
asociados a la masculinidad que priman la agresión y sumisión para
conquistar al enemigo” implica la instrumentalización de las mujeres y
de su cuerpo como forma de ofensiva.
Un claro ejemplo de esta concepción bélica es la práctica de
“violaciones como arma de guerra” en el conflicto civil de Sudán del
Sur. Según UNICEF, “el 65% de las mujeres de esta región ha sufrido
alguna vez violencia sexual o física como consecuencia de la guerra, el
doble del promedio mundial”. Como respuesta, ONGs como International
Rescue Committee (IRC) gestiona seis centros de apoyo y prevención para
las mujeres en este conflicto.
En relación a esto, la búsqueda y reconocimiento de Derechos Humanos
en materia de género ha estado muy presente en la historia del
feminismo pacifista. Desde la organización de Alianza por la Solidaridad
reconocen que “en pleno Siglo XXI, la mujer sigue enfrentándose a una
importante falta de libertades respecto a su propio cuerpo o el ámbito
laboral” y exponen: “Dos terceras partes de la población adulta
analfabeta son mujeres”. Esto quiere decir que derechos tan
fundamentales como el Derecho a la Educación no son fácilmente
accesibles de manera global y están marcados por el sesgo de género,
entre otros. Así, instituciones como el Alto Comisionado para los
Derechos Humanos de la ONU (OHCHR) se ha centrado en el ámbito la
seguridad y la paz en lo que respecta a las mujeres.
Enmarcado en este punto, cada vez toma más importancia la problemática de las migraciones y la ciudadanía.
El conjunto de organizaciones y entidades mantienen un consenso en la
visión de una ciudadanía global, mediante la cual todas las personas,
indiferentemente de su condición, mantienen los mismos derechos y
libertades. De esta manera, más aun en el contexto de desigualdades
actual, la migración supone la mayoría de las veces la única vía para la
supervivencia. El racismo y la xenofobia son conductas a eliminar.
En España hay claros ejemplos que evidencian la necesidad de
conseguir logros en esta materia. La Ley de Extranjería española
demuestra estas carencias diferenciando entre ciudadanía –personas
documentadas- y no ciudadanía –personas sin documentación-. Esta
distinción y sus respectivos procesos conllevan a situaciones como los,
ya denunciados por organizaciones internacionales, Centros de
Internamiento de Extranjeros que cuentan con casi 7.900 personas
internas en unas condiciones deplorables. También la ampliación de las
“vallas de la vergüenza”, denominadas así por WILPF, con el uso de
concertinas y la dureza de la contingencia policial en la frontera
suponen una violación de los DD.HH.
Respecto a los conflictos abiertos y la acción humanitaria,
organizaciones llevan décadas actuando en diferentes partes del mundo.
Según datos del 2018, casi 71 millones de personas se encontraban
desplazadas a causa de guerras o persecuciones socio-políticas. Una de
las iniciativas para mejorar esta situación se basa en recoger
testimonios de mujeres implicadas en estos conflictos y crear espacios
en común tejiendo redes de solidaridad y comprensión. Otra de las
acciones pasa por impulsar las capacidades de respuesta por parte de
colectivos -y más concretamente de mujeres- internos a las crisis para
resolverlas desde dentro, así como visibilizar y acabar con los abusos.
Pero sobre todo, el principal foco de acción reside en los diferentes
apoyos que se pueden ofrecer a las víctimas de los conflictos. En
Colombia, más de 50 años de conflictos civiles dejan alrededor de
300.000 personas asesinadas y los grupos más vulnerables y afectados han
sido niñas y niños, mujeres y comunidades indígenas. Los derechos de
las mujeres y el enfoque de género del Acuerdo Final para la Terminación
del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera alcanzado
por el Gobierno Colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP) y firmado el 24 de noviembre de
2016, incorporó mecanismos sin precedentes a nivel global en la
aplicación de los estándares internacionales relacionados con la
igualdad de género en la consolidación de la paz. Pero jamás han sido
implementados adecuadamente en estos años, lo que, tal vez, sea una de
las causas del incremento de la violencia que nuevamente viene asolando
al país. Porque si algo está demostrado es que cuando las mujeres
intervienen y participan en los procesos de paz, la paz es mucho más
duradera.
El cambio climático también es un frente sobre el
cual el movimiento del feminismo pacifista actúa con determinación. En
un contexto de niveles máximos de contaminación y explotación ambiental
se hace más evidente la necesaria lucha por preservar la salud del
planeta. En este sentido, las guerras y los conflictos suponen un
debilitamiento mayor por todo lo que esto implica: producción industrial
y armamentística, emisión de gases y contaminación y desgaste de agua,
suelo y aire. Por eso, numerosas organizaciones internacionales no solo
apuntan a la paz y la no-violencia, sino que apuestan por un desarrollo
sostenible y una Transición Climática Justa.
Un caso particularmente peligroso en esta materia es la moderna
guerra nuclear y bioquímica. Ya las bombas de Hiroshima y Nagasaki, en
1945, mostraron al mundo las graves consecuencias que tiene la práctica
de este tipo de ofensivas. En este sentido, el pasado 22 de enero entró
en vigor el Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares. Esta gran
iniciativa, ya ratificada por 50 naciones, pretende eliminar por
completo la proliferación del armamento nuclear a escala global y así
“el mundo será un poco más seguro”. Ojalá sea el inicio de una nueva
visión, menos violenta, más esperanzadora.
Actualidad y nuevas metas
La situación pandémica actual y lo acontecido en el último año ha
hecho, además de ahondar más en las causas ya abiertas como el umbral de
pobreza y marginalidad social y educativa, que los métodos de actuación
por parte de los diferentes organismos dedicados a dichas causas sufran
una transformación con el objetivo de adaptarse a estas atípicas
condiciones. Un claro ejemplo de dichas adaptaciones las ha
experimentado la plataforma Caminando Fronteras,
que mantienen su lucha en las fronteras sur del Estado español para
salvaguardar la vida y la dignidad de las personas migrantes que dejan
todo atrás por pisar suelo europeo.
Carolina García, como portavoz de Alianza por la Solidaridad, explica
que “la Covid-19 ha hecho que aumente el riesgo de violencia contra las
mujeres -en todas sus versiones- y se ha debilitado su posición
económica”. Este ámbito es el que más ha notado las consecuencias de la
crisis y el confinamiento. Para combatirlo, es necesario “el
empoderamiento por el cual las propias mujeres están liderando
proyectos, a los que hay que apoyar”. Tanto en tránsito, como cuando ya
están en nuestro país, la situación de mujeres migrantes y la escasez de
sus derechos “es una de las problemáticas que venimos observando”,
visible en lo referente a colectivos como trabajadoras del hogar o en
procedimientos de extranjería. Al respecto, defiende García,
“publicaremos varios informes este año y seguiremos muy de cerca la
reforma de la Ley de Extranjería, en colaboración con otras asociaciones
como SEDOAC”.
Así, el trabajo del feminismo pacifista ha estado marcado por un gran
compromiso, no solo con lo referente al mismo, sino con una lucha en
múltiples ámbitos que atañe a las personas de forma global. No obstante,
es evidente que muchos esfuerzos se focalizan en apoyar a quien más lo
requiere, como colectivos vulnerables o gravemente afectados por
determinada causa. De esta manera, aunque la situación actual sea
complicada, las mujeres comprometidas con la paz “tenemos claras
nuestras prioridades para 2021, como siempre, con una perspectiva de
género”.
Fotos: Archivo AmecoPress. 2ª: Mapa de puntos de acción. Cedida por Alianza por la Solidaridad.
En el año 2000 la Organización de las Naciones
Unidas decidió a través de esta resolución que la paz solo sería posible
y duradera si las mujeres forman parte de su construcción
Madrid, 21 mayo. 20. AmecoPress. – La Resolución
1325 de la ONU sentó las bases para que las mujeres participaran en los
procesos de paz. Mostraba la voluntad compartida para que dejaran de
ser solo víctimas y se sentarán en las mesas de negociación. Solo si se
cuenta con ellas es posible una paz sostenible y duradera. Sin ellas, no
habrá paz.
El año 2000 presenció la masacre de Grozni, Chechenia, a manos del
Ejército ruso. También entonces se daban los primeros pasos que
conducirían a la invasión y guerra de Iraq. Comenzaron los ataques
terroristas en Laos. El año 2000 fue el mismo en el que la Organización
de las Naciones Unidas decidió a través de la resolución 1325 que la paz
solo sería posible y duradera si las mujeres forman parte de su
construcción. Casi veinte años ya de una resolución histórica que quiso
cambiar la concepción de la paz.
Su aprobación no fue fruto de la casualidad. Numerosas organizaciones
de la sociedad civil venían trabajando desde hacía tiempo en la
importancia de la inclusión de la perspectiva de género en la resolución
de los conflictos. Un punto de inflexión llegó cinco años antes, con la
Conferencia de Beijin de 1995. Esa fecha histórica fue clave en el
impulso de la agenda de las reclamaciones de las mujeres en las grandes
decisiones internacionales. Numerosos estudios han mostrado cómo la
inclusión de las mujeres en los procesos de paz incrementa sus
posibilidades de éxito. Pero no basta con cumplir con números.
La paz no se construye solo en las grandes cumbres y declaraciones de
autoridades. La paz se construye en los países asolados, calle a calle,
y se conquista barrio a barrio y pueblo a pueblo. 1325 de estas
historias personales con mayúsculas aparecen recogidas en el proyecto
“1325 mujeres tejiendo la paz”. Se trata de un libro que recoge las
historias de vida de 1325 mujeres implicadas en los procesos de
construcción de la paz y movimientos pacifistas. Es una obra monumental
que encuentra en el medio digital su segunda casa. En su web se pueden encontrar las historias.
Con él pretendían difundir el trabajo realizado a partir de la
resolución 1325 de Naciones Unidas y recoger del olvido las historias
particulares de mujeres valientes que se plantaron frente al odio y la
violencia. Como es el caso de la suiza Elizabeth Eidenbenz quien creó
una maternidad en la frontera francesa que acogió a las mujeres
exiliadas de la guerra civil española y salvó así la vida de
innumerables mujeres y bebés. Manuela Mesa, coordinadora de la obra, nos
ha hablado sobre el valor de las historias de paz bajo distintas
formas. “A través de las historias de vida podíamos hablar no sólo del
papel que habían jugado algunas mujeres en zonas de conflicto, sino
también de justicia, educación, participación... El proyecto nos acabó
desbordando por la gran acogida que tuvo”.
1325 mujeres tejiendo paz acabó siendo una semilla que germinó. “El
hecho de ponernos a trabajar en este tema hizo que un grupo de mujeres
que estábamos en distintos centros de investigación y otras que no pero
estaban en nuestra red, nos animamos a formar la sección española de
WILPF. Fue un proyecto muy generador y que sigue vivo: se ha
transformado en otras cosas a lo largo de los años. Es un buen ejemplo
de trabajar en red vinculando a mucha gente en distintos niveles de
análisis y con un lenguaje distinto según a quién va dirigido”. Y es que
una de las aspiraciones con que fue concebida la famosa resolución fue
unir a mujeres de distintos ámbitos y latitudes para trabajar juntas por
la paz.
“Avanzar hacia una noción de seguridad humana”
Pero a veces las buenas intenciones solo no sirven. Como hemos visto
en otras ocasiones con resoluciones y declaraciones de intenciones en el
seno de las Naciones Unidas, las palabras no siempre se materializan en
hechos. Para Manuela Mesa, ha faltado esa voluntad generadora por parte
de las instituciones. “No podemos seguir con las mismas de hace veinte
años, los avances han sido bastante escasos. En la parte más normativa y
de resoluciones complementarias se ha avanzado, pero en lo que es
mejorar las vidas de las mujeres que viven en zonas de conflicto se ha
avanzado muy poco. En lo que se refiere a la financiación de las
acciones que es fundamental también se ha avanzado muy poco”.
Sobre los desafíos que debe aún afrontar la agenda de mujeres, paz y
seguridad, señala, son muchos. “Cambiar la propia concepción de
seguridad”. Echa en falta un abordaje que vaya más allá del concepto
tradicional de seguridad basada en el territorio. “Si algo nos demuestra
la crisis del COVID19 es precisamente que la seguridad en este momento
tiene muy poco que ver con la idea tradicional de seguridad militar o
del territorio. Ese es uno de los retos porque la resolución ha sido en
parte utilizada para incorporar más mujeres al Ejército, para
incorporarlas mujeres a las misiones de paz pero no ha sido un cambio
significativo, no ha servido para hacer un debate más a fondo sobre qué
se entiende desde el feminismo por seguridad. Cómo la seguridad tiene
que ver con poner en el centro otras cuestiones y que se opone
completamente a lo que es rearme y militarismo”.
“Ellas decían que no se levantaban de la mesa hasta que sus verdugos las mirasen a los ojos”
Cuando se habla de la participación de mujeres en los procesos de paz
el primer caso que se nos viene a la cabeza es Colombia. Después de más
de cincuenta años de un conflicto sangriento entre Gobierno y
guerrilleros, en 2016 se firmó un Acuerdo de Paz histórico para el
pueblo colombiano y para el mundo. Por primera vez las mujeres se
sentaron a la mesa. Lula Gómez, periodista y escritora, entrevistó a siete lideresas colombianas por la paz y unió sus voces en un libro “Mujeres al frente: La ley de las más nobles” y un documental homónimo.
Echando la vista atrás, las cosas no han cambiado tanto en el país. “Se
prometió principalmente que no hay paz, si no hay pan. Que debían
hacerse una serie de reformas estructurales en el campo, por su puesto
siempre con mirada de género. Y esas reformas no se han hecho y el
estado sigue sin estar presente en las zonas más golpeadas por la
guerra. Ha pasado el tiempo, en las zonas de dónde salieron las FARC las
han ocupado otros actores armados que son ni más ni menos que ELN, los
paramilitares, los narcos de Sinaloa y bandas criminales, lo que llaman
allí bacrils. Claro, si no llega el Estado la situación absolutamente de
guerra. Las mujeres por su parte siguen liderando procesos de paz y
dejando bien claro su defensa por la tierra y por todos y están siendo
asesinadas. Ellos también, por supuesto. Mujeres y hombres están siendo
asesinados de forma sistemática con el Gobierno mirando para otro lado”.
Pero no por ello deja de valorar positivamente las aportaciones de
estas mujeres valientes a las que conoce bien.
“Yo creo que la principal aportación es esa amplia perspectiva de lo
que supone la paz. La paz es una palabra muchas veces muy cansada y
consumida, es como si habláramos de amor. Estas mujeres hablaron de paz
de una forma muy clara. Hablaron de la necesidad de tener una educación
para sus hijos y sus hijas. De la necesidad de que se reconociese cómo
la guerra había pasado por sus cuerpos. De la necesidad de establecer y
cambiar la política agraria del país. Hablaron de la necesidad de que
las riquezas minerales del país no se vayan a multinacionales
extranjera. De la necesidad del diálogo entre víctimas y verdugos. Ahí
ellas son unas maestras en un país con ocho millones de víctimas ellas
decían que no se levantaban de la mesa hasta que sus verdugos las
mirasen a los ojos. Y lo hacían con una generosidad enorme”.
Pero no han sido solo las colombianas, las mujeres congoleñas también
trataron de tomar las mesas de negociación durante el proceso de Goma. A
pesar de las dificultades, han conseguido grandes avances pese a un
contexto normativo con leyes que las subordinan al hombre. No se puede
olvidar que los procesos de paz no son solo el cese de la violencia o la
deposición de las armas. Es el momento clave en el que se sientan las
bases para la configuración del nuevo estado, las leyes fundamentales de
las que se dota y las promesas que hace a su pueblo.
Por ello, la resolución de un conflicto no debe de ser solo el fin de
la violencia sino también la construcción de una paz duradera. Se debe
incluir la perspectiva de las mujeres pues solo así se puede garantizar
que la nueva situación respetará los derechos y podrá intentar iniciar
la reparación a más de la mitad de la población. Un proceso de paz
brinda la oportunidad a una nación de construir un nuevo futuro y su
éxito depende la inclusión plena de toda la sociedad: mujeres incluidas.
Fotos: 1. Logo. Archivo AmecoPress y 2. UN Photo/Cia Park
Pies de foto: 1. Eleanor Roosvelt con la DUDDHH y 2. Debate del Consejo de Seguridad de la ONU sobre mujeres, paz y seguridad
56 organizaciones civiles de
Bolivia, entre ellas varias feministas y de mujeres como la
“Coordinadora de la Mujer”, “Red de Mujeres y Minería”, “Campesinas
Indígenas”, “Trabajadoras del Hogar”, “Mujeres viviendo con VIH”,
colectivos LGBTI, “Católicas por el Derecho a Decidir”, y más, hicieron
un llamado a agentes del Estado, fuerzas armadas y a grupos de
manifestantes, a restituir de forma inmediata las condiciones de
convivencia pacífica, tanto como viabilizar la pronta realización de
nuevas elecciones generales.
Las organizaciones lamentaron el número de 23
muertos y 715 personas heridas a causa de la crisis en Bolivia y condenaron
“los discursos de odio e incitación a la violencia que han buscado estigmatizar
el derecho a la manifestación pacífica de la población”, así como otras
expresiones que menoscaben el ejercicio de libertades fundamentales de la
ciudadanía.
Repudiaron los ataques, saqueos y destrucción que se produjeron a las
viviendas de dirigentes y representantes de organizaciones de la
sociedad civil, periodistas, y organizaciones políticas, así como la
destrucción de bienes del Estado producidos durante estas semanas de
conflicto, y exigieron a la policía continuar resguardando la seguridad
de la ciudadanía así como evitar actos vandálicos.
Al mismo tiempo, expresaron su preocupación por la
promulgación del “Decreto Supremo 4078”, relativo a la participación de las
Fuerzas Armadas en las tareas de conservación de orden público y en apoyo a la
Policía Boliviana en el marco del conflicto. El decreto, publicado por varios
medios y que data del 15 de noviembre y fue firmado por la autoproclamada
presidenta del Estado, Jeanine Áñez Chávez, establece que el personal de las
fuerzas armadas que participe en operativos para el restablecimiento del orden
y estabilidad pública, estará exento de responsabilidad penal, cuando “actúen
en legítima defensa o estado de necesidad”.
Ante eso, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos consideró,
el 16 de Noviembre via Twitter, que el decreto “desconoce los estándares
internacionales de DH y por su estilo estimula la represión violenta.
Los alcances de este tipo de decretos contravienen la obligación de los
Estados de investigar, procesar, juzgar y sancionar las violaciones de
DH.”
Las organizaciones opinaron que “si bien es cierto
que el mencionado decreto se ampara en la misión constitucional, advertimos que
éste puede enviar un mensaje equivocado a los agentes de la fuerza pública.”
Desde el inicio de la crisis post-electoral y la renuncia de Evo Morales como
presidente, han circulado muchos videos en redes sociales que mostraron agentes
policiales, militares o paramilitares que aparentemente violentaron a personas
manifestantes.
Las organizaciones firmantes del llamado recordaron que las
obligaciones internacionales en materia de Derechos Humanos, deberían de
ser “de aplicación preferente”, y aún en los casos que se consideraran
legítima defensa o estado de necesidad, “deben ser investigados a fin de
que sea una autoridad jurisdiccional la que determine la existencia o
no de responsabilidad penal.” Advirtieron que no se podrían eximir de
esta responsabilidad las y los agentes públicos en abstracto, mediante
un decreto.
A los “sectores movilizados”, demandaron no incurrir en acciones
violentas y hostigamiento contra la ciudadanía y se eviten
enfrentamientos que deriven en más muertos y heridos, así como la toma
de rehenes civiles, policiales o militares. “Genera preocupación que
algunos manifestantes utilicen explosivos y armas letales en contra de
las fuerzas del orden y la ciudadanía”, continúa el pronunciamiento. Al m
ismo tiempo, se hace un llamado a todos los sectores, fuerzas del orden
como civiles, de garantizar el acceso a la asistencia médica de
personas heridas, sobre todo personas detenidas, “a quienes se les debe
brindar un trato digno y tratamiento médico, dotación de medicamentos y
valoración médico forense.”
Denunciaron que representantes de algunas organizaciones no
gubernamentales e instituciones comprometidas con los Derechos Humanos
hayan sufrido amenazas contra su seguridad y vida, y condenaron todos
los actos de violencia, humillaciones públicas y hostigamiento contra
estas personas, tanto como autoridades y periodistas. Por lo tanto,
exigieron que se adopten medidas para garantizar “la institucionalidad
necesaria de atención a denuncias, prestación de garantías, defensa
legal y protección de las personas que estén en riesgo y sus familias,
observando los estándares internacionales de Derechos Humanos.
Al fin del llamado, las 56 organizaciones sociales reiteraron que
sería necesario tomar “las decisiones legales y políticas necesarias
para viabilizar la pronta realización de las nuevas elecciones
generales”, y acelerar un proceso de Dialogo Nacional entre actoras y
actores políticos, sociales y cívicos para lograr la pacificación del
país.
La crisis en Bolivia empezó con la polémica
reelección de Evo Morales Ayma, primer presidente indígena de Latinoamérica, a
un cuarto mandato en la presidencia del país, el 20 de octubre 2019.
Anteriormente, la posibilidad de buscar un cuarto mandato había sido rechazada
en un referéndum en 2016, pero luego fue avalada por la justicia boliviana. La
Organizacón de Estados Americanos (OEA), hizo una auditoría de la elección y
encontró varias “irregularidades”, por lo que llamó a realizar nuevos comicios.
El 10 de noviembre, Morales anunció nuevas elecciones y renunció a la
presidencia del país. Un día después, el gobierno de México anunció que le
otorgaría asilo político.
Antonino de Leo, representante de la Oficina de Naciones
Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc, por sus siglas en inglés),
exhortó al gobierno electo a garantizar los mecanismos
institucionales más eficaces que permitan la protección y la plena
participación de las mujeres durante el proceso de pacificación. También pidió que la intervención femenina se dé en línea con los estándares internacionales.
En el foro Seguridad, justicia y paz para las mujeres en México,
realizado por diversas organizaciones feministas, expuso que desde 2006
(cuando se inició la llamada guerra contra el narco) la política criminológica ha invisibilizado a las mujeres, pero también a indígenas, niños, adolescentes, personas de la diversidad sexual, migrantes y un número notable de grupos en situación de vulnerabilidad.
Es tiempo de repensar la estrategia, aseguró, y pidió seguir las
recomendaciones de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la
ONU, que exige, en un conflicto armado, el respeto a los derechos de las
mujeres y su participación en el proceso de paz.
El llamado de incluir a las mujeres en los procesos de pacificación
también fue lanzado por las organizaciones participantes en el foro.
Patricia Olamendi, directora del Instituto de Formación de Justicia y
Derechos Humanos, indicó que desde que se declaró la guerra contra el
narcotráfico sin ninguna perspectiva de género se ha aplicado políticas supuestamente de seguridad que no han dado ningún resultado.
Circe López, de la organización Humanas sin Violencia, expuso que
debido al crimen organizado se ha detectado incremento en homicidios de
mujeres en Michoacán. Añadió que al inicio del combate antinarco 53 mujeres fueron asesinadas y en lo que va de 2018 suman 127.
Suecia y la ONU es esfuerzan por promover la paz. Crédito: Jonas Svensson, Fuerzas Armadas suecas.
NACIONES UNIDAS, 1 nov 2017 (IPS) - La resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 31 de octubre de 2000 y que destaca el papel de las mujeres en el mantenimiento de la paz ha sido considerada histórica y sin precedentes y, sin embargo, prácticamente no se ha implementado.
Mavic Cabrera Balleza, directora ejecutiva y coordinadora internacional de la Red Global de Mujeres por la Paz, dijo a IPS que a pesar de toda la agitación por la resolución conocida como 1325 hace 17 años, la proporción de mujeres en las operaciones de paz “es increíblemente baja”.
En 1993, las mujeres representaban uno por ciento del personal uniformado desplegado. En agosto de 2017, representaban solo 3,7 por ciento del personal militar y 9,4 por ciento del policial.
“Es más que impactante. Si lo vamos a usar como indicador para evaluar los logros de la resolución 1325, fracasamos estrepitosamente”, declaró.
La directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, dijo al Consejo de Seguridad en la tercera semana de octubre que la ausencia de mujeres en las negociaciones de paz ya no parece normal y, sin embargo, todavía es un lugar común.
“Todos los años, rastreamos la participación general de las mujeres en los procesos de paz encabezados por la ONU” (Organización de las Naciones Unidas), indicó.
“Ratreamos la incorporación de experiencia de género y de disposiciones con perspectiva de género en los acuerdos de paz, y los requisitos para consultar a las organizaciones de la sociedad civil. En todos esos indicadores, estuvimos ligeramente peor que hace un año”, añadió.
En la Conferencia de Paz de la Unión de Myanmar en 2016, antes de la crisis actual, habían siete mujeres y 68 hombres entre los delegados. Y en las últimas conversaciones de paz en República Centroafricana, organizada por la Comunidad de Sant’Egidio, no se incluyó ni una sola mujer.
La guerra civil de Siria ya lleva seis años y, a pesar de los grandes esfuerzos de la ONU y del enviado especial, la participación de las mujeres todavía es inadecuada y, a menudo, restringida a un papel de asesoras. Esta marginación política se extiende más allá de las conversaciones de paz, observó Phumzile Mlambo-Ngcuka.
Solo 17 países, de los 193 miembros de la ONU, tienen a una mujer como jefa de gobierno o de Estado. Entre ellos, solo hay un país, Liberia, donde tras un conflicto, la Presidencia de Ellen Johnson Sirleaf se terminó luego de dos períodos de gobierno tras la realización de elecciones democráticas y una transferencia de poder en paz.
La proporción de mujeres parlamentarias en países en conflicto o posconflicto se estancó en 16 por ciento en los últimos dos años.
Por su parte, Sanam Naraghi Anderlini, una de las fundadoras de la Red Internacional de Acción de la Sociedad Civil (ICAN, en inglés) dijo a IPS que tiene que haber algún elemento de responsabilidad institucional o estatal por el abuso y la explotación sexual en las misiones de mantenimiento de la paz de la ONU.
No puede tratarse solo de “un soldado”, observó, después de todo “un gobierno” despachó a ese soldado a esa misión de paz y debe asumir la responsabilidad por su comportamiento escandaloso.
Segundo, “tenemos que ser más honestos sobre la zona gris de explotación. La pobreza y la necesidad de alimentos y agua pueden inducir al ‘consentimiento’, pero este puede ser abusivo o con visos de explotación, aunque técnicamente no sea ilegal porque hay adultos involucrados”, precisó.
Por último, hace 20 años que escuchamos la misma cantarola de que es “difícil encontrar mujeres en el ejército”. ¿Por qué no repensamos de forma radical el proceso de reclutamiento de mujeres en las fuerzas de paz?, propuso Sanam Naraghi Anderlini.
“¿Por qué no tenemos institutos de mujeres para el mantenimiento de la paz, donde ellas puedan recibir un entrenamiento militar básico, así como habilidades específicas para ese fin?”, agregó.
Hay muchos países que pierden mujeres que emigran para realizar trabajos domésticos por magros salarios y expuestas a abusos. Por qué no apoyarlas para que se conviertan en promotoras de la paz; recibirían mejores salarios y sus capacidades podrían resultar útiles para cuando regresen a sus hogares, arguyó.
Cabrera Balleza comentó a IPS que los beneficios de contar con más mujeres en las misiones de paz son numerosos y muy tangibles. El personal femenino oficia de modelo, inspira a sus congéneres y niñas para defender sus derechos y asumir roles no tradicionales y de liderazgo, incluso en el sector de seguridad.
“También son más sensibles a las necesidades de las excombatientes, las refugiadas y las sobrevivientes de violencia sexual y de género. Sin duda, el personal femenino de las misiones de paz es fundamental para el éxito de las operaciones de paz”, señaló.
También indicó que es fácil criticar a la ONU por su penoso fracaso en el logro de la paridad de género en las operaciones de paz.
“Pero tenemos que analizar la fuente, y esos son los (193) estados miembro”, puntualizó.
“Hay muy pocas mujeres en las misiones de paz de la ONU porque las fuentes son superficiales. La discriminación en el reclutamiento y las políticas de contratación, así como un ambiente laboral inseguro dentro de los países que aportan contingentes impiden que las mujeres se unan a las fuerzas policiales y militares”, acotó.
Eso es sintomático de los grandes obstáculos en la implementación de la resolución 1325, iniciada por el embajador Ambassador Anwarul K. Chowdhury, de Bangladesh, cuando presidió el Consejo de Seguridad en octubre de 2000, y las otras resoluciones sobre mujeres, paz y seguridad.
También señaló que la falta de representación de las mujeres en las operaciones de paz es un reflejo de su falta de representación en las negociaciones de paz, en los procesos de decisión y en cargos de gobernanza, en el diseño de programas de desarme y en la falta de fondos para la participación femenina en la construcción de la paz.
Los problemas son múltiples, de orden político, económico, social y cultural. De ahí que las soluciones también deban contar con enfoques múltiples y ser holísticas.
Además, el trabajo de la ONU debe contemplar e incluir la voz de las mujeres de comunidades afectadas por los conflictos y traducidas en iniciativas adaptadas localmente
“Remanguémonos, dispongámonos a trabajar, saquemos la resolución 1325 de Nueva York y llevémosla a las comunidades locales. Solo entonces podremos cumplir la promesa de esa innovadora política internacional”, declaró.
En un artículo en Foreign Affairs, Naraghi Anderlini, contó que cuando comenzó a trabajar en las misiones de paz hace 20 años, la ONU era blanco de críticas porque las fuerzas multinacionales en Camboya habían abusado sexualmente de mujeres y niñas y propagado el VIH/sida y otras enfermedades entre la población local.
Desde entonces, las acusaciones se han reiterado en República del Congo, Haití, Liberia y otros países.
En 2014, soldados de las operaciones de paz de Francia y Georgia se vieron protagonizaron episodios de violencia sexual con niños involucrados en República Centroafricana.
Tras una serie de investigaciones, en 2016, la ONU denunció 41 casos de abuso por parte de cascos azules de Burundi y Gabón, entre los que habían ocho casos de paternidad y seis con menores.
Con la llegada de Antonio Guterres como nuevo secretario general de la ONU y la presencia de Suecia en el Consejo de Seguridad este año, el asunto estuvo otra vez en el tapete, indicó Naraghi Anderlini.
En tanto promotor de una “política exterior feminista”, Suecia priorizó la agenda de mujeres, paz y seguridad dentro del foro mundial, observó.
Guterres y la delegación sueca coinciden en que un mejor equilibrio de género en las fuerzas de paz facilitará un mejor acceso a las comunidades y mejorará la transparencia y la responsabilidad de las misiones y reducirá el grado de abusos sexuales.
De hecho, Suecia es un gran promotor de las operaciones de paz.
Según el gobierno, más de 80.000 hombres y mujeres han participado en distintas misiones hasta ahora.
Desde los primeros observadores que participaron en el Organismo para la Vigilancia de la Tregua en Medio Oriente, en 1948, hasta su actual participación en la misión de estabilización en Malí, el compromiso de Suecia permanece intacto.
Alianza por la Solidaridad presenta en Madrid el Seminario “El territorio como espacio de paz en Colombia”, con el objetivo de visibilizar, desde miradas diferentes a la alta política, la realidad actual del proceso de paz y los retos en cuanto al cumplimiento de la agenda de género y la paz territorial
Madrid, 14 noviembre 2017, Amecopress. El proceso de paz en Colombia está en riesgo. Con dos elecciones por delante –en marzo, al Congreso, y en junio, las presidenciales-, un “limbo jurídico” que dificulta la implementación de los acuerdos de paz y la incorporación a la vida cotidiana de exguerrilleros y militares, una militarización de los territorios que persiste y fuertes intereses económicos en la minería y el narcotráfico de coca, la agenda de género y la paz se ven amenazadas. A pesar de todo, los movimientos de mujeres indígenas, afrodescendientes, excombatientes y rurales, siguen apostando por la validez del Acuerdo que se firmó hace un año y que puede contribuir a acabar con 50 años de conflicto en Colombia. Hoy han compartido su mirada en el análisis de los logros y desafíos del proceso que está viviendo el país, desde el punto de vista de la sociedad civil.
Pilar Rueda, asesora de la secretaría ejecutiva de la Jurisdicción Especial para la Paz-JEP (creado tras el acuerdo de paz) y participante en las negociaciones en La Habana; Charo Mina Rojas, líder afrocolombiana y responsable del capítulo sobre etnias del Acuerdo de Paz, y Camila Cienfuegos, exguerrillera de las FARC y participante en las negociaciones para el Acuerdo de Paz, están en España para participar en el seminario “El territorio como espacio de paz en Colombia”, que desarrollará la ONG Alianza por la Solidaridad el próximo 16 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes en Madrid.
“La extrema derecha en nuestro país no quiere la paz”
Hoy, acompañadas por Eliana Romero, coordinadora en Colombia de Alianza por la Solidaridad, han reflexionado sobre el camino hacia la paz en el país latinoamericano. De algún modo, saben que la implicación internacional, espacialmente de Europa, es decisiva para impedir el fracaso de un proceso que ha costado mucho y que algunos sectores, en especial la ultraderecha y gran parte de la Iglesia, están empeñados en dinamitar. “La extrema derecha en nuestro país no quiere la paz”, han reiterado.
El proceso de negociación hasta llegar a la paz estuvo marcado por la presión de organizaciones de mujeres para ser incluidas en las negociaciones, logrando que se creara una Subcomisión de Género. Hay que tener en cuenta que el conflicto colombiano ha tenido un tremendo impacto de género: el 50 por ciento de los casi ocho de millones de víctimas del conflicto son mujeres, siendo la violencia sexual un arma de guerra usada por ambos bandos, las FARC y los paramilitares. Sin embargo, las colombianas no se sienten suficientemente representadas en los acuerdos, en los espacios de toma de decisión, ni en las políticas o planes en desarrollo. Un año después, la violencia sexual no ha cesado y las más afectadas son las mujeres indígenas, afrocolombianas o rurales.
Pilar Rueda ha resaltado algunos retos conseguidos en el proceso de paz colombiano: “Es el primer Acuerdo de Paz que incorpora el enfoque de género”, con una subcomisión que apuesta por un “estrategia dual”, que busca incorporar acciones específicas para promover la igualdad de género y el empoderamiento femenino. También ha destacado la labor de mujeres como Patricia Linares, primera mujer que preside un Tribunal Espacial para la Paz que además está formado por un 51 por ciento de magistradas, o de Luz Marina Monzón, directora de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas.
A pesar de estos logros, las mujeres siguen siendo discriminadas y violentadas, a lo que contribuye el alto grado de impunidad que gozan algunos delitos como la violencia sexual. Además, en momentos de fragilidad en el proceso, como fue el plebiscito, “el tema del género fue usado para atacar el proceso de paz”, ya que se difamó la labor de la subcomisión de género diciendo que contribuiría al aumento de la homosexualidad, a romper la familia o que se obligaría a la vacunación contra el papiloma humano, entre otras cosas.
Los medios de comunicación han tenido responsabilidad en este mal uso del “género” con intereses políticos y económicos. Y es que todos los poderes y también los grupos armados pusieron a las mujeres como objetivo, especialmente en los territorios –centros de interés económico y poder territorial-, donde hay situaciones muy preocupantes para las mujeres negras afrodescendientes. Así lo ha explicado Charo Mina Rojas, quien ha denunciado la hipocresía de aquellos que se hacen eco de discursos “moralistas”, pero promueven negocios de minería que acarrean prostitución, violencia sexual y violación de derechos económicos de las mujeres.
Para los pueblos, “los realmente afectados”, es fundamental apostar por el proceso y la integridad del acuerdo de paz, “aunque no estemos de acuerdo en todo”, ha dicho la líder afrocolombiana, definiendo tres puntos clave: “la perspectiva de género, el enfoque étnico y una justicia reparadora y restitutiva que permita la reconciliación, la verdad y el reconocimiento frente a lo que pasó”.
Por su parte, Camila Cienfuegos ha denunciado las dificultades para la incorporación a la vida de las exguerrilleras y la “persistente militarización de la vida de las mujeres dentro de los territorios y de las casas”. Ha defendido el enfoque antripatriarcal de las FARC, que pretenden trasladar al partido que han creado, y una perspectiva “colectiva” de la lucha feminista, que cuestiona la “violencia estructural” que permea todos los ámbitos de la vida y ubica la lucha de las mujeres como una conquista de derechos para todo el conjunto de la sociedad.
Seminario
El objetivo del Seminario “El territorio como espacio de paz en Colombia”, es visibilizar, desde miradas diferentes a la alta política, esta situación, así como la realidad actual del proceso de paz y los retos por delante que representa en cuanto al cumplimiento de la agenda de género y la paz territorial.
Las ponentes ofrecerán información de primera mano sobre cuáles están siendo los avances y dificultades para poner en marcha estos Acuerdos de Paz desde su posición como representantes de diferentes colectivos, así como los retos a abordar en los próximos años. Programa
18:30 -18:45 Registro de participantes
18:45 -19:10 Mesa inaugural: Alberto Furmanski, embajador de Colombia en España; Yago Pico de Coaña de Valicourt, ex embajador de España en Colombia; Adela Díaz Bernárdez, directora de la Oficina de DDHH del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación y Santiago de Torres Sanahuja, presidente de Alianza por la Solidaridad.
19:10 -20:45 Mesa Redonda. Moderadora: Lula Gómez, periodista. Ponentes: Charo Mina Rojas, Coordinadora Nacional de Promoción y Difusión del Proceso de Comunidades Negras (PCN) en Colombia; Aída Quilcué, Consejera de Derechos Humanos y Paz de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC). Pilar Rueda, Asesora en Género en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Camila Cienfuegos, Exguerrillera de las FARC e integrante del Estado Mayor Central y de la Comisión de Organización de las FARC-EP.