2/07/2016

El Estado del Cuarto poder en México y América Latina





“México es un país extraordinariamente fácil de dominar porque basta controlar a un solo hombre: el Presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la Presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso llevaría otra vez a la guerra.” Richard Lansing a Woodrow Wilson, 1924. 
 

Parafraseando a Emiliano Zapata, hoy podemos decir que el país necesita algo más que reformas en la administración, pureza ideal en el manejo de los fondos públicos, libertad de imprenta para los que saben escribir, libertad de votar para los que no conocen a los candidatos, correcta administración de justicia para los que jamás ocupan a un abogado; todas estas bellezas democráticas, todas esas grandes palabras con que nuestros abuelos y nuestros padres se deleitaron han perdido ahora su mágico atractivo y su significación para el pueblo1.
Cuanto y más cuando, conforme las clases dominantes del capital y los núcleos de poder decisivos del Estado en México se han venido empeñando en hacer ortodoxamente suyas las políticas neoliberales que endiosan al mercado, la competencia y las tendencias a la monopolización. Entregando los recursos de la nación al capital extranjero y a las empresas trasnacionales mediante el privatismo, que ha favorecido además, exclusivamente intereses patrimonialistas y rentistas de amigos y compadres devenidos, mediante la asociación estatal en clases dominantes sin proyecto histórico. Lo cual ha dejado tras de sí una catástrofe social que se ve reflejada en la superexplotación del trabajo, desempleo, migraciones, desplazamientos forzados, incremento en los niveles de pobreza y de pobreza extrema, destrucción de la cohesión social y familiar, deterioro de las condiciones de vida, lo que a su vez se ha traducido en una pérdida de identidad, aumento de la criminalidad, expansión del narcotráfico y deterior ambiental2. Y conforme esto ocurre, el Estado viene recurriendo cada vez más a la implementación de lo que Ruy Mauro Marini llamo el Estado del Cuarto Poder.
Conforme se ha hecho entrega de la Medalla Belisario Domínguez, máximo galardón que el Senado de la República otorga a ciudadanos mexicanos destacados, al empresario Alberto Bailléres González, presidente del Grupo Bal, entre cuyas empresas están el Palacio de Hierro, Peñoles y GNP Seguros. Aduciéndose su supuesto trabajo en bien del país, la generación de empleos y su compromiso social3. Y conforme los diputados de la LVII Legislatura, tras hacer cambios históricos a la Constitución que han derivado en la reforma laboral (2012), la educativa, la fiscal y de telecomunicaciones, concluyendo con la energética, se repartieron de manera “extraordinaria” o “especial” partidas adicionales para sus grupos parlamentarios que sumaron 359.202.000 pesos4. Se viene asentando en el país una brecha que separa al gobierno de Peña Nieto de la sociedad, signada por ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturas, violaciones de mujeres y niñas, así como por feminicidios perpetrados por autoridades civiles, policías y militares, que intentan ser encubiertas por la presente administración.
En este contexto, el gobierno en turno se ha dado a la tarea de negar estos hechos, pese a la amplia documentación que identifica a los culpables, así como diagnósticos en los que coinciden la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las Naciones Unidas, Human Rights Watch, Amnistía Internacional y las víctimas de los abusos, los familiares de los desaparecidos y especialistas mexicanos en el tema. Negativa a la cual también se pliega el general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional, al negarse a que los soldados señalados como responsables de actos perpetrados en casos como Tlatlaya y Ayotzinapa sean interrogados por expertos de la CIDH o de la ONU.
Tendencia de encubrimiento que durante los gobiernos neoliberales se ha ampliado conforme se han recrudecido los problemas sociales y por el otro lado han crecido los multimillonarios negocios como los realizados por OHL en el Circuito Exterior Mexiquense que proyecta la realización de una autopista de 155 kilómetros cuyo costo inicial iba a ser de 5 mil millones 600 millones de pesos, pero que en 12 se años se multiplico en 400%, al señalar un coste de 24 millones de pesos en diciembre de 2013, y que en 2015 llego a superar los 46 mil millones de pesos. Además de que OHL obtuvo una extensión del plazo de su concesión de 2030 a 2051, lo cual le permitirá cobrar incrementos adicionales a las tarifas de peaje de forma irregular, como ya lo ha venido haciendo según lo denuncia la empresa de tecnología aplicada Infaber, mediante grabaciones hechas a directivos de OHL, que involucran al secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza y al presidente Peña Nieto. Ante lo cual OHL levantó una denuncia contra Infaber, y agentes de la PGR ante esta solicitud detuvieron ilegalmente al abogado de dicha empresa, después de sembrarle un arma en su coche, como se demuestra en un video. Y dentro de toda esta trama de corruptelas bajo el amparo de Peña Nieto, el gobierno de Eruviel Ávila reservó toda la información sobre OHL, durante nueve años y en el Senado, el PRI congeló la propuesta del PAN para investigar el caso5.
Remate de tal corolario de encubrimiento, cobijado por amplias redes de complicidad gubernamental, lo da el caso del gobernador priista Javier Duarte de Ochoa en el estado de Veracruz. Y que ha sido convalidado por la Asociación Mexicana de Editores al entregarle a dicho gobernador un premio por ser “defensor de la libertad de expresión” y “protector de periodistas”, pasando por alto que en su estado han sido asesinados nueve periodistas desde el inicio de su mandato dentro de los cuales se encuentra la corresponsal de Proceso en ese estado, Regina Martínez6.
Siendo así que lo señalado por Zapata se hace presente en nuestro país, y más aun ante tendencias históricas que permanecen hacia nuestras naciones por parte del Pentágono. Debido a que desde que los Estados Unidos surgen como potencia mundial después de su victoria en la guerra hispano-americana, lejos de favorecer el principio de las puertas abiertas en América Latina, con celo ha restringido la competencia de las naciones europeas y de Asía, respecto al comercio de estas repúblicas y toda su influencia se ha dirigido por el contrario, hasta la fecha, a la obtención de ventajas especiales para sus grandes empresas, mediante convenios de reciprocidad y de otras maneras, que les han garantizado conforme al paso del tiempo una gran preponderancia, que ha llegado a la monopolización de los negocios relacionados con las finanzas, el comercio o las obras públicas7.
Para lo cual, los grandes capitales estadounidenses, al igual que sus colegas británicos y alemanes, se han mostrado como grandes partidarios de gobiernos dictatoriales como el de Porfirio Díaz, debido a que durante éste régimen casi la mitad de la riqueza nacional estuvo en manos de extranjeros. Díaz les otorgó la propiedad de los minerales del subsuelo, terreno en el que vinieron destacando cada vez más los estadounidenses. Así como permitió la enajenación de grandes extensiones de tierra, mediante un derecho creado por el dictador, que hizo cumplir a partir de la fuerza de su ejército y la policía. Asimismo, los grandes capitales han venido siendo fervientes partidarios de golpes de Estado, como el asestado por Victoriano Huerta contra Madero, en toda América Latina, puesto que estos les brindan enormes privilegios y beneficios legales, mientras que prohíben las manifestaciones sociales de inconformidad.
De forma tal, que desde el comienzo de la guerra en Europa, los Estados Unidos se preocupan cada vez más por los problemas de la “defensa del hemisferio”. Por lo cual comienzan a exigir “facilidades” para establecer bases y cooperación para combatir actividades subversivas de los agentes del Eje y sus simpatizadores en América Latina. Conforme Washington va logrando sustituir los intereses comerciales del Eje en Latinoamérica por los suyos, van aumentando el número de sus misiones, hasta llegar finalmente a hacerse cargo de aquellas que anteriormente daban los países europeos, logrando ampliar el otorgamiento de instalaciones y medios para que los oficiales de nuestra región se prepararán en academias militares y escuelas de entrenamiento estadounidenses8.
Pero el Pentágono no obtuvo fácilmente las instalaciones que busca implantar, debido a que en Latinoamérica se veía con temor la creciente participación estadounidense en la Primera Guerra y su consiguiente surgimiento como potencia y, en segundo lugar intervienen consideraciones de soberanía nacional. Distintos gobiernos y sus fuerzas armadas no se sentían inclinados, en vista de la experiencia histórica, a permitir fuerzas armadas estadounidenses en su suelo. En Brasil, cuyo saliente nororiental era la región más vulnerable de la América del Sur, hubo tres años de discusiones para que Estados Unidos lograra el permiso de acantonar fuerzas allí. Y en Panamá sus planes de construir bases fuera de la Zona del Canal tropezaron una considerable oposición. Debido a que mientras se realizaban las negociaciones fue derrocado el gobierno panameño, hecho mismo en el cual los Estados Unidos negaron haber tenido una participación. En México se complicaron este tipo de negociaciones, aun más debido a la cuestión petrolera. Una vieja disputa entre Ecuador y el Perú encendida nuevamente en la primavera de 1941, además de comprometer la paz del hemisferio, demoró los esfuerzos del Pentágono por lograr el uso de las muy estratégicas Islas Galápagos (de Ecuador).
En tanto que significativamente el gobierno latinoamericano que brinda mayor cooperación en los empeños estadounidenses fue la República Dominicana, país que se encontraba bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo quien, como Somoza en Nicaragua, ascendió al poder como jefe de una guardia nacional entrenada por las fuerzas de ocupación de los Estados Unidos. Y ambos dictadores, tanto Somoza como Trujillo, fueron agasajados como “buenos vecinos” por el presidente Roosevelt en Washington, en 1939. Sin poder ser de otra manera, pues en el caso de Trujillo, éste entrego un “virtual cheque en blanco a favor de las fuerzas armadas de los Estados Unidos para usar el territorio de la República dominicana en la forma que creyeran conveniente9.
Mientras que por otro lado, la Argentina de aquel entonces, muy distinta de la ahora dirigida por Macri, era considerada por su nacionalismo como un serio desafío a la posición estadounidense en el hemisferio, especialmente porque la fuerza económica de la Argentina la hacia menos susceptible a la coerción a la que estaban sometidas otras repúblicas de la zona. En sus memorias, Cordell Hull recuerda la ira que le causó que Summer Wells, jefe de la delegación de los Estados Unidos, hubiera aceptado la negativa de Chile y Argentina a romper relaciones con las potencias del Eje, objetivo primordial de aquel momento para Washington, a el entender de Hull, equivalía a rendirse ante la Argentina10.
Así, en tanto que la política económica de los Estados Unidos hacia América Latina se formula bajo la premisa de asegurarse un creciente abastecimiento de materias primas estratégicas y el término de la Segunda Guerra Mundial refuerza aun más el dominio que viene ejerciendo sobre el desarrollo económico de América Latina, los intereses político-económicos del Pentágono permean la “asociación” de las naciones latinoamericanas que les exige para la “defensa” del continente contra amenazas militares del exterior. Más aun, conforme se fueron asentando los intereses económicos del gran capital estadounidense en la región, exigirían medidas de “cooperación” para enfrentar la amenaza de la subversión, que conforme a sus intereses será una cuestión mucho más importante que una posible agresión armada. Así, los Estados Unidos intensifican el entrenamiento de oficiales latinoamericanos en contrainsurgencia y refuerzan a los militares como el grupo anticomunista más fuerte de América Latina.
Tal como indicaba John Foster Dulles, secretario de Estado de Eisenhower y que anteriormente había sido abogado de empresas norteamericanas, la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, era un modelo para América Latina, debido a que en ese país la clase gobernante, en contubernio con los militares, adoptaron medidas políticas que dieron un clima atractivo para la entrada de capitales extranjeros y si los demás gobiernos de América Latina siguieran el ejemplo de Venezuela desaparecería el peligro del comunismo y del desorden social11.
De acuerdo con estas ideas, las intervenciones de los Estados Unidos han sido la realidad en las relaciones internacionales hacia América Latina. En Guatemala, que estuvo bajo el gobierno de Jacobo Arbenz, contando con el aval del gobierno francés e ingles ante la ONU, so pretexto de que dicha nación estaba dominada por el comunismo internacional y que, por tanto, constituía una amenaza para el hemisferio, propicia el derrocamiento de Arbenz y ayuda a que asuma la presidencia el general Miguel Ydírogas Fuentes. Que mediante la supresión de sindicatos obreros y partidos políticos, confirman la índole esencialmente contrarrevolucionaria de la política estadounidense hacia América Latina. Más todavía, cuando a la United Fruit Company se le devuelve la mayor parte de tierras expropiadas, deteniéndose así la revolución social iniciada por Juan José Arévalo12.
Conforme en los Estados Unidos prima la visión fanática de John Foster Dulles, de oponerse a la “influencia” soviética en nuestra región y también hay distintas muestras de nacionalismo en distintos países de América Latina, se suceden los cuartelazos, en Argentina y Perú en 1962, y los de Guatemala, Ecuador, la República Dominicana y Honduras. Aun más, son alentados desde 1963 por la política Norteamericana impulsada bajo el mandato de Kennedy, por considerar a los militares como fuerza principal contra el comunismo y la insurgencia. En este sentido fue de especial interés el derrocamiento de Juan Bosh, primer presidente de República Dominicana elegido legalmente en 38 años. Confirmando sin la menor duda la predilección tradicional estadounidense por dictadores de derecha, como garantes de “estabilidad” y guardianes de sus intereses13.
Desde el comienzo de la Guerra Fría, los consejeros militares estadounidenses alentaron el suministro de armas y de medios de entrenamiento bajo el amparo del combate al comunismo y la seguridad interna. De forma tal que, más de la mitad de las naciones latinoamericanas firmaron convenios de defensa mutua con los Estados Unidos, recibiendo todos los adscritos equipo de esa nación. De suerte que el entrenamiento y las armas que se dirigieron propiciaron relaciones más estrechas entre entidades militares de Washington y América Latina mediante la Junta Interamericana de Defensa, la Escuela Interamericana de Defensa y el entrenamiento de contrainsurgencia, ejemplo de esto lo dieron las tropas bolivianas que derrotaron y mataron al Che Guevara, entrenadas y asesoradas por los Estados Unidos. De suerte tal que los programas de ayuda han permitido de varias formas la penetración política de los Estados Unidos en América Latina y a partir de la influencia sobre los militares de la región, la Agencia para el Desarrollo Internacional ha mantenido programas de entrenamiento para las fuerzas policiacas latinoamericanas que han comprendido entrenamiento para frenar manifestaciones tumultuarias y la realización de trabajos de contraespionaje.
Esto ha venido ocurriendo de tal forma en nuestro país, así como en otros partes de América Latina, que se ha mantenido la vigencia de estos hechos hasta nuestros días. Debido a que las modificaciones ocurridas en el plano militar, derivadas de la formulación de doctrina de contrainsurgencia, también transformaron la estructura de las burguesías criollas, traduciéndose en modificaciones del bloque político dominante. Las burguesías criollas se transforman, puesto que la base objetiva fue la integración de los sistemas de producción al sistema imperialista, mediante las inversiones directas de capital extranjero, la subordinación tecnológica y la penetración financiera. Lo que llevó a que durante la década de los cincuenta del siglo pasado, y aun más durante los sesenta, surgiera y se desarrollara una burguesía monopólica estrechamente vinculada a la burguesía imperialista, especialmente a la norteamericana.
Integración imperialista que, junto con la superexplotación del trabajo, la acentuación de la centralización del capital y de la proletarización de la pequeña burguesía, trajo como consecuencia la agudización de la lucha de clases, al romper el esquema de alianzas adoptado hasta entonces por la burguesía. Y debido a la lucha de clases que se entabla entre la burguesía en su conjunto y la pequeña burguesía, se termina por empujar a ésta última hacia la búsqueda de alianzas con el proletariado y el campesinado. Todo lo cual resultÓ en el abandono del llamado “Estado populista”, es decir el “Estado de toda la burguesía”, puesto que favorecía la acumulación de todas las fracciones. Y en su lugar se conforma un nuevo Estado que se preocupa fundamentalmente por los intereses de las fracciones monopólicas, nacionales y extranjeras. Motivo por el cual desde entonces se establecen mecanismos selectivos que favorezcan su acumulación y subordinen a las demás fracciones burguesas a las iniciativas y al dinamismo de la burguesía monopólica.
Privilegiando en este esquema la burguesía monopólica a las Fuerzas Armadas como elemento central de su estrategia. E iniciando en un primer momento la contrarrevolución latinoamericana bajo un periodo de desestabilización, durante el cual fuerzas reaccionarias agruparon en torno así al conjunto de la burguesía y sembraron en el movimiento popular la división, la desconfianza en sus fuerzas y en sus dirigentes, para culminar en golpes de Estado, realizados por las Fuerzas Armadas que llevaron a la instauración de dictaduras militares que conformaron un Estado contrainsurgente. Donde las fuerzas Armadas asumieron el control y ejercicio como institución del poder político, pero en la esencia de este Estado, desde el punto de vista de su estructuración y funcionamiento, las Fuerzas Armadas sólo comparten allí el poder con la burguesía monopólica. Y según Marini, siempre que se encuentren ciertas estructuras, funcionamiento y coparticipación entre las Fuerzas Armadas y capital monopólico se estará frente aun Estado de contrainsurgencia, tenga éste o no la forma de dictadura militar, puesto que esto es sólo la expresión formal del Estado.
De suerte tal que, el Estado de contrainsurgencia es el Estado corporativo de la burguesía monopólica y las Fuerzas Armadas. Donde su especificidad radica en su peculiar esencia corporativa y en la estructura y funcionamiento que allí se generan. Destacando el hecho de que los tecnócratas civiles y militares, que se ocupan de la gestión del Estado, no son más que la representación política del capital y no son entes autónomos. Más aun, dentro de la fusión de los intereses corporativos de las Fuerzas Armadas y la burguesía monopólica, ésta última sólo representa una fracción propiamente capitalista de la burguesía y las Fuerzas Armadas sólo son un cuerpo de funcionarios cuya voluntad económica y política es rigurosamente la de la clase a la que sirve. Y aunque el Estado de contrainsurgencia sea el Estado del capital monopólico, cuyas fracciones constituyen hoy en día el bloque en el poder, no excluyen la participación de las demás fracciones burguesas14.
Bajo estas premisas, las modificaciones ocurridas en el plano militar, derivadas de la formulación de doctrina de contrainsurgencia al establecer una línea de conquista de bases sociales e institucionalización, sólo reformula su estrategia a partir de 1980, optándose más por la visión expresada por presidentes como Wilson, quien en su política se distanció un poco de lo que postulaban algunas compañías norteamericanas referentes a la posibilidad de anexar territorio mexicano a los Estados Unidos o establecer un protectorado norteamericano directo sobre México. En opinión de Wilson no era la dictadura, preferida por la mayoría de los hombres de negocios extranjeros, sino la democracia parlamentaria, el único medio de crear una situación estable y evitar una revolución, no sólo en México sino en toda América Latina. Por lo que, como solución a los problemas latinoamericanos, propuso en su momento “enseñar a las repúblicas latinoamericanas a elegir hombres buenos”15. Pero pese a este esquema de “renuncia” a los planes de ampliar la intervención norteamericana en México, al igual que en el resto de América Latina, el gobierno norteamericano no ha desistido nunca en la imposición en nuestros países de un gobierno de su agrado, ya sea de forma “democrática” o dictatorial.
Así, el Estado Contrainsurgente, al que dio lugar la contrarrevolución latinoamericana sufrió modificaciones correspondientes a la fase de institucionalización, a lo que los teóricos del Departamento de Estado norteamericano han llamado “democracia viable”. Derivadas de que el imperialismo norteamericano, expresado en las políticas de Carter intentan restaurar la legitimidad del sistema de dominación dentro de la sociedad norteamericana, apoyándose en viejos mitos caros a la ideología burguesa en eses país, como los Derechos Humanos. Así como de políticas de enfriamiento de las zonas periféricas, que intentaron dar solución a problemas especialmente agudos como los que se le presentaron en Medio Oriente y Panamá, hasta la revisión de la doctrina de contrainsurgencia, pretendiendo limitar sus aspectos más ásperos y adecuarla a las nuevas condiciones de la lucha de clases.
Estas nuevas condiciones de la lucha de clases en América Latina se expresaron en las contradicciones inter-burguesas, que al exacerbarse, exigieron espacios políticos para dirimirse. De forma que la centralización rígida del poder político, en manos de la élite tecnocrático-militar, tuvo que flexibilizarse, restaurando cierta vigencia al parlamento como ámbito de discusión, permitir el accionar de los partidos y la prensa, para que las distintas fracciones burguesas pudieran desarrollar su lucha. Por lo cual se manifiesta en las “democracias viables”. De manera tal que las contradicciones inter-burguesas llevaron a cabo una “apertura” política que preservó lo esencial del Estado de contrainsurgencia, que es la participación directa del gran capital en la gestión económica y la subordinación de los poderes del Estado a las Fuerzas Armadas. Donde las Fuerzas Armadas ejercen un importante papel en la vigilancia, el control y la dirección sobre los asuntos del aparato estatal. Resultando en el avasallamiento del aparato estatal por las Fuerzas Armadas, por encima de las estructuras propias de la democracia parlamentaria que éste ostente, así como del ordenamiento legal de origen militar impuesto a la vida política, especialmente aquellas emanadas de las leyes de seguridad nacional16.
En este marco, aunque México no presentó una dictadura formal, estuvo asediada al igual que el resto de América Latina por las pretensiones estadounidenses de subordinar a sus Fuerzas Armadas a sus intereses. Más toda vía cuando México realiza una política exterior activa con postulados propios, que chocaron con la política de contención de los movimientos sociales y revolucionarios emergentes, puesta en práctica por Estados Unidos. Entre los actos más importantes de su política exterior durante 1970-1976, cuestiona la política de la Administración Nixon en favor de golpes de Estado en América del Sur, apoyando al gobierno de Salvador Allende en Chile; elabora la propuesta de un Nuevo Orden Económico Internacional; y apoya firmemente el ingreso de la República Popular China a la Organización de Naciones. Posteriormente, entre 1977 y 1979, se da una firme lucha por defender precios justos para el gas que se exportaría a Estados Unidos, no llegándose a un acuerdo, e impulsa una política petrolera propia.
Ante la emergencia de la crisis centroamericana, es vista con gran simpatía por el gobierno y amplios sectores de la sociedad mexicana. Para 1978 es abierto el respaldo al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, permitiendo la realización de sus actividades en el país. En las complejas negociaciones que culminaron con la firma de los tratados sobre el Canal de Panamá entre el gobierno de Omar Torrijos y el de James Carter, México, también apoyó con firmeza la postura panameña.
De 1979 a 1982, el presidente José López Portillo dio un gran respaldo económico y político a Nicaragua. México fue la fuente principal de suministro de petróleo a ese país y se suscribieron numerosos acuerdos de cooperación (se calcula que la deuda de Nicaragua con México, contraída principalmente en esos años, asciende a más de 500 millones de dólares). Frente a El Salvador, México emite un comunicado de respaldo político a la alianza de oposición del Frente Democrático Revolucionario (FDR), Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el 28 de agosto de 1981, en conjunto con el gobierno de Francia, y postula que es necesaria una solución política en dicho país17.
Pero es en el marco de las democracias viables. Producto del imperialismo, en un intento por restaurar la legitimidad del sistema de dominación dentro de la sociedad norteamericana, así como de políticas de enfriamiento de las zonas periféricas, hasta la revisión de la doctrina de contrainsurgencia, pretendiendo limitar sus aspectos más ásperos y adecuarla a las nuevas condiciones de la lucha de clases. El candidato del Partido Republicano, Ronald Reagan, hace propia la ideología de la “Nueva Derecha” y el pensamiento intelectual “neoconservador”. Lo cual conduce a la necesidad de neutralizar a todos aquellos países (o gobiernos) que tuviesen una política independiente a la norteamericana. Donde México se considera en este contexto como un país que se debe atender de manera especial, pues su gobierno se movía en sentido inverso a los intereses norteamericanos.
De suerte tal, que al tomar posesión de su cargo en enero de 1981, Ronald Reagan emprende una agresiva política donde constantemente está implícita la amenaza de la intervención militar directa contra distintos países de Centro América. Proceso de militarización visto con suma preocupación por México y por el cual cambia la óptica del Estado mexicano del impulso de los postulados tradicionales de la política exterior, predominante entre 1979 y 1982, para dar píe a la percepción defensiva y de seguridad nacional de 1983 en adelante. La nueva realidad a la que se enfrenta México, incluirá así, por vez primera en sus relaciones internacionales factores geopolíticos, militares y de seguridad.
En este sentido fueron fecundas las “recomendaciones” estadounidenses sobre ciertos aspectos de la negociación bilateral – como son embargos comerciales, la política migratoria, la política financiera, de turismo, etcétera, - para presionar a México a que retrocediera en su política hacia la región. A lo que se añadieron factores nuevos en la política bilateral, que han venido implicando hasta la fecha un abierto intervencionismo por parte de Washington, como son las opiniones sobre la democracia en México, mediante denuncias de supuestos fraudes electorales, consideraciones sobre la crisis económica y la política contra el narcotráfico y en menor medida el terrorismo, siempre con la intención de obtener la colaboración plena de las fuerzas armadas, las policías, y las procuradurías de justicia del país (federal y estatales), en los empeños norteamericanos18.
Respecto al narcotráfico, conforma a los lineamientos del gobierno del presiente Reagan, después de que éste firma el 8 de abril de 1986 el documento llamado National Security Decisión Directive 221, se determina que a partir de ese momento el tráfico de drogas significaba una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos. De lo cual se derivará una mayor participación de las fuerzas armadas y la comunidad de inteligencia en asuntos de drogas. Asimismo durante la presidencia derechista de Reagan, se insta al vicepresidente de esa nación, a los secretarios de Estado, del Tesoro, de la Defensa y al Procurador General a que introduzca el tema de las drogas como asunto de seguridad internacional entre los países aliados y no aliados.
De esa manera, el presidente de México, Miguel de la Madrid (1982-1988) retomó la tesis instituida por Reagan, así como su sucesor Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). Pero será hasta el sexenio de Ernesto Zedillo (1994-2000) cuando se opte por una creciente intervención de las fuerzas armadas en las tareas que Salinas y De la Madrid no les habían atribuido. Para que esto aconteciera, tuvo gran influencia la visita del Secretario de la Defensa de los Estados Unidos a su homólogo en México en 1995, puesto que tras declarar que sólo faltaba el “tercer vínculo” (el militar) con Washington, un grupo especial por parte del gobierno mexicano fue enviado a Chihuahua con la misión de capturar a Amado Carillo Fuentes y varios militares fueron nombrados como delegados de la PGR en algunos estados del norte del país19.
Por su parte, el llamado gobierno de la alternancia encabezado por Vicente Fox Quesada electo el 2 de julio de 2000, se inclino aun más hacia el uso de las fuerzas armadas, otorgándoles facultades para intervenir en todos los aspectos de la lucha antidrogas. Así, por primera vez en la historia de nuestro país, un general fue nombrado como titular de la PGR, para lo cual fueron invocadas razones de seguridad nacional. Y dentro de esta tendencia, signada por los designios del Pentágono, luego de los atentados del 11 de septiembre, en México se decretó la “Alerta Roja”, con la supuesta finalidad de resguardar las áreas estratégicas como los yacimientos petroleros, las instalaciones hidroeléctricas, los aeropuertos y las carreteras. De manera que los atentados en Estados Unidos, conforme indicó el entonces titular de la Sedena, obligaron al gobierno mexicano a modificar su estrategia de seguridad20.
Este proceso creciente de militarización en México, así como en otros países de America Latina como Colombia, se viene dando dentro de las especificidades de un Estado de Cuatro poderes conforme lo señalo Marini. En México, es un hecho sin precedentes desde la Revolución, se agudiza durante el ascenso de la derecha radicalizada, durante el control político de tecnócratas y conservadores sobre el PRI, perdiendo su perfil nacionalista para vincular a nuestro país de forma cada vez más estrecha e institucionalizada con el capital estadounidense mediante acuerdos y tratados como el NAFTA, PPP, la Iniciativa Mérida, el Acuerdo Transpacífico21, etc. Para lo cual la política hacia México por parte de los Estados Unidos ha trascendido las simples presiones, para lograr un cambio de actitud frente a los intereses globales norteamericanos, mediante prácticas desestabilizadoras como las emprendidas por el embajador John Gavin (1981- 1986). Bajo la directriz del Consejo de Seguridad Nacional, Gavin asumió abiertamente su tarea de construir las alianzas políticas internas que beneficiaron a la posición norteamericana, y que se materializaron en la vinculación, financiamiento y promoción del Partido Acción Nacional (PAN), promoviendo además su alianza con la jerarquía católica más conservadora y con un sector de empresarios22.
Todo lo cual ha tenido como finalidad que México asimile como propia la política de Estados Unidos, como compartir el proyecto de restauración de su hegemonía, como una necesidad “propia”. Y que se encuentra en estrecha consonancia con la “apertura” política, dentro de los márgenes de las democracias viables, que ha preservado lo esencial del Estado de contrainsurgencia, y la configuración de un Estado de Cuatro poderes, que es la participación directa del gran capital en la gestión económica y la subordinación de los poderes del Estado a las Fuerzas Armadas, mediante las burguesías monopólicas locales. Donde las Fuerzas Armadas ejercen un importante papel en la vigilancia, el control y la dirección sobre los asuntos del aparato estatal23.
Dentro de este espectro hoy podemos entender, porque a la par del aumento de número de efectivos en un 50.0% en las décadas de 1995 a 2006, al pasar de 189,000 efectivos a 283,000. Estos mismos elementos sean utilizados para enfrentar distintas protestas sociales como el EZLN, el movimiento estudiantil de la UNAM en el 99, lo distintos movimientos estudiantiles de las normales rurales (a lo cual esta estrechamente vinculado el caso de Ayotzinapa), el Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra, a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, el movimiento minero de Cananea, a la policía comunitarias de Guerrero del cual es ejemplo hoy Nestora Salgado, etc.
Y asimismo, en estrecha relación con la visón del Pentágono sobre la lucha contra el narcotráfico, conforme a las democracias viables, que en realidad son democracias contrainsurgentes, podemos observar la manera en que se ha venido imponiendo en América Latina la postura indicada en el documento The National Security Strategy of the United States of America, que en 2002 señaló: “La pobreza no convierte a la gente pobre en terroristas y asesinos. Sin embargo, la pobreza, las instituciones débiles y la corrupción pueden hacer vulnerables a los Estados débiles ante las redes terroristas y los cárteles de la droga dentro de sus fronteras”24. Y según sus premisas, desde 1996 se da la creación de la ley Federal Contra la Delincuencia Organizada, reformada y ampliada en 2004, que da entrada mediante su tipificación de “delincuencia organizada” a la criminalización de la protesta social. En su Art. 2 establece: “Cuando tres o más personas se organicen de hecho para realizar, en forma permanente o reiterada, conductas que por sí o unidas a otras tienen como fin o resultado cometer alguno de los delitos siguientes; terrorismo, acopio y tráfico de armas, tráfico de indocumentados, tráfico de órganos, corrupción de menores o discapacitados y trata de personas, serán sancionados por el sólo hecho, como miembros de la delincuencia organizada”25. Donde la laxitud del delito de terrorismo da cabida a actos de protesta social.
Así, ante la sucesión de hechos históricos, en estrecha relación con los presentes, no podemos creer que la guerra permanente contra las drogas, desplegada a instancia de el Pentágono y ante la cual Macedo de la Concha dijo que el regreso a los cuarteles de los militares se daría cuando la sociedad lo decidiera. Y que ha contribuido sobre manera a hacer más dependiente a México y los países involucrados, respecto a Washington, no haya sido un objetivo explícito y que sea “paradójico” que conforme a los “mayores avances democráticos” en la sociedad mexicana, haya una mayor y acelerada presencia militar en los aparato de seguridad del país, como sostiene Luis Astorga26.
Ni que haya una “crisis del Estado” en México, por un “resquebrajamiento” de la organización social, económica, política coercitiva, por una crisis del conjunto de instituciones, el derecho burgués, la comunidad de las clases y la soberanía, una crisis del poder de regular la vida social nacional encumbrando el reino de la fuerza.
A esto no responde el que la burguesía monopolista haya establecido un mandato mediante el cual sus políticos crearon un nuevo pacto por el Estado de derecho, para que a cualquier precio sostengan todo el aparato dictatorial de control y poder cerrando filas contra el “México bronco”.
Muy por el contrario, al olvidar hechos históricos e intereses del gran capital estadounidense y europeo, en su afán de internacionalizar el capital y el ejercicio del poder para hacer viable una reordenación adecuada a sus fines. Se malinterpreta el modelo de acumulación neoliberal y la crisis que llevó a México al agotamiento y que fue utilizada por los artífices del PRI tecnocrático y de la ultra derecha panista, para desestabilizar la economía entregándonos al capital trasnacional. Donde la aparente involución del Estado al absolutismo monopolista, realmente se circunscribe en la lógica de la caída de la tasa de ganancia, y la consecuente tendencia histórica del centro del sistema capitalista, los EE.UU. ha conformado Estados contrainsurgentes, que bajo el manto democrático pasan a ser Estados del Cuarto Poder.
De tal manera que los elementos, económicos, políticos, estructurales, ecológicos, culturales, militares, policiales y demás, operantes dentro del capitalismo no se encuentran funcionando como lo hacen hoy en día, por la “irresponsabilidad” de las fuerzas hegemónicas (como si alguna vez hubiera predominado la “responsabilidad”). Sino que en su esencia se encuentra la desarticulación del tejido social y el llevar al extremo el orden piramidal de dominación social27.
Por lo que la designación de México como “estado fallido”, sí resulta como explicación idónea de lo ocurrido en México. Pero dentro del esquema de la desacreditación que se ha hecho a lo largo de los gobiernos neoliberales de todas aquellas instituciones estatales que después fueron rematadas a precios de saldo. Así se describe un Estado ineficiente, mal formado e incapaz para caminar por sí solo, y que tiene que ser intervenido para corregirlo, pero si se mira “bien” la historia del país, dentro del esquema contrainsurgente diseñado por Kennedy, se da una transformación del Estado nacional tras ajustar a las burguesías locales en apéndices del capital internacional, rompiendo con el Estado de Bienestar, que era el Estado de la burguesía en su conjunto. Para dar pauta a un Estado removido de sus viejas funciones, dislocado intencionalmente por el gran capital y golpeado por la lógica de los factores político-económicos que fortaleció. Y de donde se desprende que la derecha sugiera el desmantelarlo, reemplazarlo por un protectorado, “adelgazarlo”, dejar que navegue en su caos a merced de la rapiña, o reformarlo para ponerlo a tono con la nueva era. Puesto que esta burguesía local en contubernio con la burguesía imperialista seguirá intentando detener la caída de la tasa de ganancia a expensas del proletariado en general, el campesinado y de otras fracciones de la burguesía nacional.
Y en este contexto, una definición precisa y transparente en torno a la condición del Estado, que no de cabida a las componendas del ensueño de un Estado democrático-burgués que enmienda sus fallas, lo brinda Ruy Mauro Marini, mediante su categoría del Estado del Cuarto Poder. Ya que esta permite comprender la acumulación intensiva de la que es objeto la nación, por parte de las fracciones burguesas locales aliadas con la burguesía imperial, así como la consecuente represión del proletariado y el campesinado, mediante la institucionalización del uso de las fuerzas armadas.
Así, somos testigos de…

Bibliografía
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Benítez Manaut Raúl, González Souza Luis, Gutiérrez Haces María Teresa, Márquez Padilla Paz Consuelo, Verea Campos Mónica (Compiladores). “Viejos desafíos nuevas perspectivas. México-Estados Unidos y América Latina.” UNAM, Porrúa. 1988
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Hemerografía
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El Universal. Lunes 29 de junio de 2015.
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La Jornada. Martes 25 de agosto de 2015.
La Jornada. Sábado 17 de octubre de 2015.
La Jornada. Lunes 20 de julio de 2015.
La Jornada. Miércoles 27 de enero de 2016.
La Jornada. Lunes 15 de junio de 2015.
La Jornada. Domingo 24 de enero de 2016.
La Jornada. Sábado 9 de enero de 2016.
La Jornada. Jueves 21 de enero de 2016.
Proceso. # 2046.
Proceso. # 2043.
Proceso. # 1969.
Proceso. # 2030.
Proceso. # 1901.
Contra Línea. Del 30 de noviembre al 6 de diciembre de 2015.
Urbe. 19 de febrero de 2015.
Rebelión. “La crisis del Estado”. Por Felipe Cuevas Méndez. 02-02-2016.

Notas
1 Katz Friedrich. “La guerra secreta en México. Europa, Estados Unidos y la revolución mexicana”. Editorial ERA, Octava reimpresión, 1993. Pág. 298.
2 Sotelo Valencia Adrián. “México (re)cargado. Dependencia, neoliberalismo y crisis.” UNAM, FCPyS, Ítaca, 2014. Pp. 15-16.
3 www.excelsior.com.mx/nacional/2015/11/12/1056846
4 Proceso. # 1969
5 Proceso. # 2033. “Gobierno del encubrimiento”. Por Héctor Tajonar.
6 Proceso. # 1901.
7 Ibíd. Friedrich Katz. Pág. 204.
8 Connell-Smith Gordon. “Los Estados Unidos y la América Latina.” Fondo de Cultura Económica, 1977. Pág. 206.
9 Ibíd. Connell-Smith Gordon. Pág. 207.
10 Ibíd. Connell-Smith Gordon. Pág. 209.
11 Ibíd. Pág. 238.
12 Ibíd. Pág. 250.
13 Ibíd. Pág. 270.
14 Marini Ruy Mauro. “El Estado de contrainsurgencia.” Intervención en el debate sobre La cuestión del fascismo en América Latina, Cuadernos Políticos, México, ediciones ERA, núm. 18, octubre diciembre, 1978, pp. 21-29.
15 Ibíd. Friedrich Katz. Pág. 184-185.
16 Ibíd. Marini Ruy Mauro.
17 Benítez Manaut Raúl, González Souza Luis, Gutiérrez Haces María Teresa, Márquez Padilla Paz Consuelo, Verea Campos Mónica (Compiladores). “Viejos desafíos nuevas perspectivas. México-Estados Unidos y América Latina.” UNAM, Porrúa. 1988. Pp. 394, 395, 396.
18 Ibíd. Benítez Manaut Raúl, González Souza Luis, Gutiérrez Haces María Teresa, Márquez Padilla Paz Consuelo, Verea Campos Mónica (Compiladores). Pág. 403.
19 Jiménez Ornelas René (Coordinador). “Violencia y seguridad pública. Una propuesta institucional”. UNAM, 2006. Pp. 118-119.
20 Ibíd. Jiménez Ornelas René. Pág. 120.
21 Rodríguez Rejas María José. “El proceso de militarización en México: un caso ejemplar”.
22 Benítez Manaut Raúl, González Souza Luis, Gutiérrez Haces María Teresa, Márquez Padilla Paz Consuelo, Verea Campos Mónica (Compiladores). “Viejos desafíos nuevas perspectivas. México-Estados Unidos y América Latina.” UNAM, Porrúa. 1988
23 Ibíd. Marini Ruy Mauro.
24 Ibíd. Jiménez Ornelas René. Pág. 125.
25 Ibíd. Rodríguez Rejas María José.
26 Jiménez Ornelas René. “Violencia y seguridad pública. Una propuesta institucional”. UNAM, 2006. Pág. 139.
27 Rebelión. “La crisis del Estado”. Por Felipe Cuevas Méndez. 02-02-2016.

Mar de Historias : Serenata nocturna



Cristina Pacheco
Sin decírselo a nadie, Rosaura ha dedicado los últimos seis domingos a buscar a la maestra Estela. Confía en que su insistencia y los pocos datos que le dio su ex vecina en el momento en que se despidieron la ayuden a encontrarla. Le urge que sea pronto.
Si Rosaura mantiene las pesquisas en secreto es por temor: quien se entere la tomará por loca. Ella misma se califica así, y sin embargo sigue con sus investigaciones. El domingo temprano, su único día libre, se dirige a la Álamos y emprende sus caminatas en busca de un condominio horizontal de estilo francés. Supone que en esa colonia no debe haber muchas construcciones de ese tipo, así que será fácil localizarlas y tocar la puerta de todos los departamentos. Con suerte, un día le abrirá la maestra Estela y ella podrá decirle lo que está ocurriendo y tanto la angustia.
Esta exploración absurda, frenética, sería innecesaria si la mañana en que se despidieron ella le hubiera pedido a la maestra Estela su nueva dirección, en vez de conformarse con las mínimas referencias que su ex vecina le dio: El departamento es muy pequeño. Está en un condominio horizontal tipo francés muy bonito y es de una sola planta. No tendré que subir ni un escalón.

II
Rosaura había visitado en varias ocasiones a la maestra Estela. Al término de la visita siempre se iba con una sensación de tristeza, asombrada de que su amiga pudiera seguir viviendo en la casa de dos pisos que había compartido con su numerosa familia y de la que era única sobreviviente. Una vez que se atrevió a expresar su inquietud, la maestra le dijo que ella misma era incapaz de comprender qué la retenía allí, sobre todo porque las habitaciones estaban tan llenas de recuerdos tristes.
Pese a la confianza entre ellas, Rosaura nunca había subido a la planta alta. La maestra Estela y ella siempre conversaban en la sala: un salón inmenso, con las paredes tapizadas de fotografías y cuadros sin ningún valor. Entre el hacinamiento de muebles lo único bello era el piano junto al ventanal.
La maestra lo veía como su tesoro y su salvación. Con lo que ganaba dando clases de música, más los mínimos restos de su herencia, durante un buen tiempo había podido cubrir sus gastos, aunque con dificultades. Se agravaron cuando, también por motivos económicos o mudanza a otras colonias, sus alumnos empezaron a disminuir.
Para la maestra Estela eso significó mayores privaciones, pero sobre todo un fuerte golpe emocional: sin darse cuenta había terminado por considerar como hijos a sus alumnos. La tarde en que ya no se presentó ninguno, pensó en los muchos otros niños a los que había dado clase durante los años anteriores.
Ni uno solo había cumplido la promesa de visitarla o llamarle por teléfono. No dudaba de que su último grupo de estudiantes fuera a comportarse con igual indiferencia. Reconocerlo le causó un dolor inmenso, como si perdiera otra vez a toda su familia, y al mismo tiempo le despertó un extraño rencor hacia los niños que habían ido apartándose de ella, sin nunca volver.
Conforme fue pasando el tiempo, la sensación de pérdida se volvió más intensa, el rencor más dañino y aumentaron las carencias. Imposible seguir viviendo en esas condiciones. Era urgente encontrar una salida. Después de mucho pensarlo, la maestra Estela comprendió que sólo le quedaba una alternativa y se la comunicó a su vecina: Voy a vender la casa, los muebles, todo. No quiero llevarme nada de aquí, ni siquiera el recuerdo de mis alumnos.
Rosaura quiso restarle dramatismo a la situación: preguntó qué haría para deshacerse de ellos. La maestra, en vez de responderle, siguió con su idea: “Me encariñé mucho con ellos, pensé que era correspondida y me equivoqué. En su momento, cada uno se despidió de mí como si nada y prometiéndome al fin –porque se los imploré– que alguna vez volverían a visitarme. Nunca lo han hecho. ni siquiera me han llamado por teléfono. Pronto se olvidaron de mí. Haré lo mismo con ellos”.
A Rosaura le pareció desmedida la reacción de la maestra Estela, pero no se lo dijo: se limitó a felicitarla por su decisión. Sí, estaba muy bien que se fuera de allí, que empezara una nueva vida en un departamento cómodo, de una sola planta, con muy buena luz, vigilancia día y noche, vecinos a los que podía recurrir en caso necesario. Sí, qué suerte que hubiera encontrado ese condominio horizontal. ¿En dónde? En la Álamos.
III
En pocos meses, con la ayuda de un corredor de bienes raíces, la maestra Estela encontró comprador para su casa, el piano y los demás muebles. Los que no pudo vender los envió a un asilo próximo, segura de que con su generosidad embellecería la vida de los abuelitos y descargaba la suya de tantos recuerdos que guardan los objetos: En este sillón mi madre se ponía a tejer. En aquella mesa mis hermanos y yo hacíamos la tarea. Por el teclado de mi piano pasaron las manitas de mis alumnos.
Cuando ya no quedó nada por vender, una mañana Rosaura salió a despedirse de la maestra Estela. Nunca la había visto tan emocionada y tan efusiva con ella. La llamó Rosy querida, le agradeció sus visitas, dijo que iba a extrañarla y le pidió que no la olvidara. Rosaura dijo que eso sería imposible. La casa de la maestra está frente a la suya. Que en poco tiempo llegaran a habitarla sus nuevos dueños no quería decir que la construcción fuese a desaparecer. Que no lo dudara: cada mañana, al verla, pensaría en ella y en sus alumnos.
Rosaura nunca imaginó que hubieran sido tantos. Ahora lo sabe. Desde que la profesora se fue, por las noches ve una multitud de sombras infantiles a través de la ventana y oye las mismas notas. Do, re, mi, fa, sol una y otra vez. ¡Una y otra vez! Tiene que decírselo a la maestra Estela, por eso necesita encontrarla. Cuando lo consiga le pedirá que por favor vuelva a su casa a recoger los recuerdos que dejó abandonados.

La reforma laboral encubierta



Arturo Alcalde Justiniani
La comisión que elabora en Palacio Nacional la iniciativa de reforma laboral ha realizado una docena de reuniones y ha ignorado los reclamos de sindicatos, académicos y organizaciones civiles por no haber sido incluidos. Destaca en las protestas la posición de Margarita Darlene Rojas Olvera, presidenta de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal, por excluir del debate al Poder Judicial local.
La comisión empieza a exhibir sus áreas de interés. Más allá de detalles procesales menores, es claro que pretende conservar la estructura de las juntas de conciliación, por definición parciales, al depender del Poder Ejecutivo federal y local. Sin este cambio, cualquier reforma tendrá un carácter cosmético.
Un encargo prioritario para la comisión se relaciona con los contratos de protección patronal, práctica viciosa mediante la cual el patrón escoge y firma el contrato colectivo de trabajo inicial con el sindicato de su preferencia. Los líderes se disputan ser agraciados en esta elección patronal y poder vender su firma, recibiendo en el futuro un pago periódico por la protección dada a la empresa; en consecuencia, acceden a que las condiciones de trabajo, así sean malas y perjudiciales para los trabajadores, las fije discrecionalmente el patrón.
¿Cómo solucionar el fraude de los contratos de protección patronal, que no están muy lejanos de un esquema de trata de personas? Simplemente consultando con los trabajadores antes de la firma del contrato colectivo, como sucede en cualquier parte del mundo, si están conformes o no. Esta consulta deberá llevarse a cabo como condición para cualquier firma de contrato, con o sin emplazamiento a huelga.
La propuesta de los empleadores, con evidente maña, busca que la consulta previa se dé solamente si el sindicato emplaza a huelga, no cuando el patrón escoge al sindicato, lo que permite generar la mayoría de los contratos de protección. Los abogados del sector empresarial, alegando una verdad a medias, sostienen que buscan evitar la extorsión de los sindicatos que, sin tener afiliados, emplazan a huelga. Tienen razón en parte; sin embargo, se niegan a que se consulte a los trabajadores cuando no existe emplazamiento; en otras palabras, no quieren renunciar a seguir firmando con los sindicatos de su elección. Lo mismo sucede con los juicios de cambio de sindicato o titularidad del contrato, en los que proponen como condición que se expongan previamente los nombres de los trabajadores inconformes con el sindicato impuesto por el patrón.
En la comisión se han incluido estos temas en dos apartados, denominados Casos de extorsión o simulación en emplazamiento de huelga por firma de contrato y Vicios en las disputas de titularidad de los contratos colectivos.
Otra orientación preocupante es la tendencia a criminalizar la defensa de los trabajadores. Lo cual, lamentablemente, tiene origen presidencial. Al anunciar la iniciativa de ley, Enrique Peña Nieto señaló como motivación de la misma: Casos en los que representantes legales de trabajadores buscan aplazar indebidamente los juicios laborales, no para favorecer al interesado, sino para encarecer el litigio y obtener beneficios a costa de los trabajadores o de las empresas. Ignora que con la reforma laboral pasada se cubre a los trabajadores el máximo de un año de salarios caídos, por lo que no tiene sentido que los abogados de los trabajadores alarguen los juicios. Todo lo contrario.
Esta visión proempresarial y antitrabajador se incrementa día con día; por ello, se pretenden crear figuras delictivas contra la defensa laboral. En Chihuahua se ha puesto en práctica esta visión, obligando a los trabajadores a conciliaciones para que renuncien a sus derechos, utilizando la presión de la vía penal. Esta estrategia se complementa con el invento de los juicios orales laborales, que no tienen sustento en la ley. Se les llama así sólo porque se instala un monitor, una grabadora y obviamente la vigilancia cercana del Ministerio Público. Como complemento se creó el nuevo delito de fraude laboral.
Para consolidar el modelo, el gobierno de Chihuahua organiza un Congreso Mundial del Derecho del Trabajo, del 9 al 12 de febrero, y anuncia la presencia de 50 países y 8 mil personas. La invitación señala que se traerán como expositores a los mejores líderes empresariales y líderes sindicales del mundo. En la realidad, brillan por su ausencia los líderes sindicales, ni siquiera los oficialistas de Chihuahua serán ponentes y los temas son artificialmente controlados. No se mencionan los contratos de protección patronal vigentes en 98 por ciento de los centros laborales, los obstáculos a la libertad sindical, la nueva reforma sobre salarios mínimos, el Convenio 98 de la OIT en el Senado, la situación del trabajo en la maquila, los impactos negativos del outsourcing, etcétera. La idea es no hacer olas. Prefieren hablar de migración laboral, formalización del empleo, equidad de género, trabajo doméstico, temas políticamente correctos, que no inquieten. En la invitación se presumen, como producto de la política conciliatoria, 1000 arrestos, 100 carpetas de investigación (y que) Chihuahua es la primera entidad en contar con una unidad especializada en delitos laborales.
En buena hora un grupo de abogados y abogadas laboralistas chihuahuenses de composición plural han organizado, con sus propios recursos, un acto paralelo denominado Diálogo Laboral Alternativo, que se celebrará los días 11 y 12 de febrero, donde abordarán con plena libertad y dignidad los temas que verdaderamente agobian el mundo del trabajo.

Ley general contra la tortura



Miguel Concha
Periódico La Jornada
El contexto de la tortura en México es realmente alarmante en los últimos años. Las cifras indican un gran número de personas víctimas de este delito de lesa humanidad. Del primero de diciembre de 2006 al 31 de diciembre de 2014, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos recibió 104 quejas y emitió 79 recomendaciones sobre el tema de la tortura. A ello se suman las 4 mil 404 quejas presentadas ante dicho organismo por la comisión de tratos crueles, inhumanos y degradantes en el mismo periodo, de las cuales, mil corresponden a casos relacionados con el Ejército y la Marina. Según cifras obtenidas por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, la Procuraduría General de la República recibió 4 mil 55 denuncias por tortura, e informó que sólo mil 884 casos se encuentran en investigación. De ésos, sólo en 11 se registraron consignaciones, y únicamente se tiene conocimiento de cinco sentencias por ese delito en el periodo de referencia.
Esto revela un común denominador en torno a la investigación de la tortura, que es la impunidad. Las cifras que anotamos reflejan que del total de denuncias presentadas, menos de uno por ciento se consignan. El punto 27 por ciento, para ser exactos. Asimismo, menos de uno por ciento obtiene en algún momento una sentencia.
Este contexto de gravedad ya había sido reconocido el 31 de mayo de 2010 por el Subcomité para la Prevención de la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de la ONU, que en su informe sobre su visita a México destacó haber escuchado, de varias fuentes, que la impunidad generalizada de la que disfrutan los autores de malos tratos es un factor constante en el uso continuado de la tortura y otros malos tratos. También en diciembre de 2012 le había causado alarma al Comité de la ONU Contra la Tortura el aumento del uso de la tortura durante interrogatorios de personas sometidas a detención arbitraria por efectivos de las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado, en el marco de las operaciones conjuntas contra el crimen organizado. Finalmente, el relator especial sobre la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, Juan E. Méndez, remarcó en su visita de diciembre de 2014 que la tortura es generalizada en México. Precisó que esta práctica ocurre especialmente desde la detención y hasta la puesta a disposición de la justicia, y con fines de castigo e investigación.
La exigencia de mecanismos internacionales y de la sociedad civil experta en el tema trajo como resultado la reforma al artículo 73, fracción XXI, inciso a), de la Constitución Política de los Esta­dos Uni­dos Mexicanos, que faculta al Congreso de la Unión para expedir leyes de aplicación nacional, entre otras, sobre estos delitos. Por ello, el Ejecutivo federal presentó en diciembre de 2015 la iniciativa de Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. En un primer momento, fue construida por la Procuraduría General de la República, en consulta con organizaciones de la sociedad civil, activistas, académicos y expertos en el asunto. El producto final, pese a que se consultó con diversos actores, fue diferente al esperado y no refleja un compromiso serio por parte del Ejecutivo para erradicar la práctica de la tortura y, en su caso, investigar, procesar y sancionar a las personas responsables de tales hechos.
Entre otros, vale la pena resaltar los siguientes puntos. Al ser una ley, que a la par de los tipos penales y sanciones, establece derechos de las víctimas, debe contener como legislación supletoria la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura, la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de la ONU, y el Estatuto de Roma que crea la Corte Penal Internacional. El concepto de víctima debe ser incluido en un sentido amplio; no sólo ceñirse a la definición de la Ley General de Víctimas, sino a estándares internacionales en materia de protección. La exclusión de pruebas obtenidas mediante la tortura u otros tratos crueles debe ser total en la ley, y no debe admitir excepción alguna. Es realmente preocupante cómo se formula en la iniciativa la responsabilidad de los superiores jerárquicos por la omisión de prevenir o denunciar estos delitos, ya que sólo considera a superiores jerárquicos inmediatos, dejando fuera aquienes desde los altos mandos ordenan torturar a detenidos para obtener confesiones incriminatorias. Por ello se debe retomar la formulación del artículo 28 del Estatuto de Roma.
Asimismo, en el proyecto del Ejecutivo se sigue promoviendo que peritos oficiales usen una herramienta que no incorpora adecuadamente el Protocolo de Estambul, imponiendo requerimientos excesivos para la realización de peritajes independientes, que son los que usualmente se elaboran con mayor rigor y calidad, y se apegan más a los estándares internacionales.
Finalmente, la facultad de atracción de casos por parte de la Federación debe estar bien definida y ser lo suficientemente amplia, para que cuando una entidad federativa no tenga la capacidad o voluntad para investigar, no se queden en la impunidad los actos de tortura. Ante la falta de eficacia del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, para revertir condiciones deplorables de detención y tortura, la ley debe también establecer lineamientos para un efectivo monitoreo de las condiciones de detención. Esos, entre otros, son estándares mínimos, que han sugerido organizaciones de derechos humanos expertas en el tema, y que deben ser considerados y reintroducidos en la nueva ley.

Anomalisa



Carlos Bonfil
Foto
Fotograma de la filmación de cinta dirigida por Charlie Kauffman y Duke JohnsonFoto cortesía Paramount Pictures

Cincinnati blues. Filmada totalmente como una película de animación en stop-motion (cuadro por cuadro), con personajes marionetas que semejan figuras de cera con rostros y cuerpos totalmente uniformizados, Anomalisa, de Charlie Kauffman y Duke Johnson, es el recuento melancólico y áspero de un día en la vida de Michael Stone, una celebridad en el mundo de los manuales de autoayuda.
Personaje de pocas palabras y emociones contenidas, británico de origen, pero avecindado en Los Ángeles con su esposa e hijo adolescente, Michael llega a la ciudad de Cincinnati para dictar una conferencia a partir de su libro bestseller ¿Cómo puedo ayudarte a que los ayudes? El manual ha contribuido a la súbita prosperidad de empresas mercantiles, hoteles y restaurantes y otros centros de servicio público, que aprecian sus orientaciones y estrategias de comunicación e interacción laboral. Sin embargo, Michael Stone (el apellido le sienta a la perfección) atraviesa por una profunda crisis existencial, la de los 40 años, tal vez, pero que parece remontarse a viejas experiencias de amoríos frustrados y a propósitos poco, o muy mal, cumplidos.
La paradoja es perturbadora. El gran especialista de la comunicación y de las técnicas de motivación es, en realidad, un ser virtualmente inexpresivo, encerrado en una rutina asfixiante, insatisfecho con su vida familiar, ávido de nuevos estímulos y gratificaciones afectivas, lastimosamente encerrado en su cuarto de hotel, rumiando su desconsuelo y preparándose para un colapso moral que intuye inminente. Y como se trata de una película del escritor y director de ¿Quieres ser John Malkovich?, 1999, y Synecdoche, New York, 2008, uno de los autores más originales y bizarros en la periferia cultural de Hollywood, el relato de los pesares y efímeras alegrías de Michael Stone muy pronto desemboca en el delirio y el absurdo.
Todos los personajes con que se topa (taxista, empleados en el hotel, una vieja conquista femenina, sus admiradores y su público atento y consternado) presentan el mismo tipo de rostro, las mismas extremidades cortas, como maniquíes en serie, reflejo de su propio personaje robótico y mutante. Las voces son casi todas una misma, siempre masculina (el actor británico David Thewlis es la de Michael; Jennifer Jason Leigh presta la suya al personaje de Lisa –la figura más humanizada de toda la cinta–, y todos los demás tienen la voz de Tom Noonan).
La frontera entre sueño delirante y vigilia es prácticamente imperceptible. En una pesadilla, Michael ve agitarse y descomponerse su rostro frente a un espejo, como un mecanismo averiado; más adelante, parte de ese rostro se desprende como el de un autómata en Robocop (Verhoeven, 1987) o en Oestelandia (Crichton, 1973). Kaufman trabaja con tal destreza la animación que paulatinamente sus marionetas lívidas semejan auténticos seres humanos, como en la escena en que Michael tiene sexo con su joven admiradora Lisa, a quien por la anómala intrusión que representa en su propia vida, él rebautiza Anomalisa; una escena tan explícita en la mutua exploración erótica, que rompe con todos los paradigmas del cine de animación, incluso el de adultos. Lo más interesante es ver cómo situaciones abiertamente deprimentes tienen siempre aquí un contrapunto humorístico, y cómo para enfatizarlo, o sugerirlo maliciosamente, la pantalla de televisión en el hotel muestra una escena de la comedia delirante Porfiada Irene (My Man Godfrey, La Cava, 1936), pero en lugar de Powell o Lombard, intervienen clones de las fantásticas criaturas de Charlie Kaufman.
Para Anthony Lane, crítico de New Yorker, el efecto es sorprendente, “como si Wallace & Gromit participaran en una nueva versión de Muertos vivientes” (The invasión of the body snatchers, Don Siegel, 1956).
Hay algo, en efecto, de un clima generalizado de paranoias colectivas, pero sobre todo el drama de la incomunicación radical de Michael Stone y la penosa vanidad de una fama efímera que sin resolver nada, parece complicarlo todo. Un tejido de mentiras y simulaciones en la vida afectiva del personaje, una lenta e irrefrenable caída en un saber y una técnica de comunicación cada vez más mercantiles y vacíos, y los patéticos esfuerzos por encontrar la realización sentimental en un amorío pasajero, todo parecería conducir a un clima de pesimismo radical. Por fortuna, el arte cada vez más depurado del también director de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) ofrece esta vez, a través del personaje animado de Lisa, la frágil y siempre titubeante Anomalisa, momentos de gracia y frescura que hacen de la cinta una experiencia gratificante.
Se exhibe en salas comerciales y en la Cineteca Nacional.
Twitter: @Carlos.Bonfil1

Semblanzas/ y V


Jazz
Antonio Malacara
Foto
Héctor Infanzón en una imagen de 2008Foto Yazmín Ortega Cortés
Cuatro años después, y con el auxilio de 64 compañeros de los 32 estados del país, logramos trazar un primer Atlas del Jazz en México. Un último puñado de fragmentos antes de su publicación.
Julio Recinos (Mazatlán): “Desde Concordia surgiría el gran trompetista Chilo Morán, quien aprendería las primeras notas con su padre. Años más adelante se mudó a la Ciudad de México, donde participaría en la orquesta de otro sinaloense, el maestro Pablo Beltrán Ruiz. En la misma época, el joven Mario Patrón tocaba el órgano todos los domingos en las misas de una iglesia del puerto de Mazatlán”.
Óscar Mayoral (Hermosillo): Algunos maestros mayores dicen que las primeras experiencias jazzeras por acá fueron a través de las grandes bandas. Hay dos o tres nombres muy representativos, como don Ángel Valdez, nacido en Navojoa y que ahorita debe tener más de 90 años, quien sigue activo; un saxofonista tenor excelente y todo un personaje. Un jazzman.
Germán Ortiz Palomeque (Villahermosa): Ricardo Acuña es un pianista que estudió en Berklee; buen músico, compositor, arreglista, director. En dos ocasiones reunió a los jazzistas de aquí en el Festival Trópico Jazz, en el Teatro de la Ciudad, y sonaron muy bien. Ahora hay un joven pianista en la Universidad Juárez, Vicente Luna. Es un excelente ejecutante; sus interpretaciones se semejan al sonido de Michel Camilo.
Evaristo Aguilar (Tampico): El año pasado hicimos un proyecto que se llama Del Caribe a la Huasteca, con Héctor Infanzón, y lo presentamos en el Festival Internacional Tamaulipas. Esto era para piano y percusiones. A los temas de Héctor les agregamos una cuestión diferente en cuanto a texturas piano-percusión, dentro de un contexto caribeño y jazzístico, pero incursionando en el son huasteco con la raíz.
Efrén Minero (Tlaxcala): Radio Altiplano heredó una valiosa colección discográfica como consecuencia del sismo de 1985 en la Ciudad de México; los edificios de algunas emisoras se vinieron abajo, entre ellos el que ocupaba la XEB. El equipo y los discos rescatados de entre los escombros fueron traídos a Tlaxcala para dar vida a una nueva radio. Era música muy interesante, con álbumes de jazz inconseguibles en esta entidad.
Xavier Quirarte (Valle de México): La cantidad de músicos ha crecido muchísimo, creo que también el público; aunque considero que el jazz ha sido y seguirá siendo una música minoritaria. Sin embargo, si pensamos que la población ha crecido demasiado, pues tampoco ha sido tan grande este crecimiento. No hay tantos lugares de jazz como debería haber. Es difícil que alguien invierta en algo que piensa que no le va a redituar mucho dinero.
Guillermo Cuevas (Xalapa): Algunos músicos me dijeron que en la Xalapa de los años 30 y 40 hubo al menos dos conjuntos que incluían en su repertorio piezas que el público de entonces identificaba como jazz: Los Bombines Dorados y Los Caballeros del Estilo. ¿Pero tenían alguna influencia del jazz o reproducían algo del fraseo y la instrumentación de los grupos de Nueva Orleáns o de la llamada era del swing?
Ligia Cámara (Mérida): “Ricardo Medina, pianista graduado en el conservatorio local, nació en Tekax el 12 de octubre de 1901. Y José Mono Gamboa, pianista y baterista, nació en Mérida hacia 1910. Ambos dirigían sus orquestas y acompañaban a los cantantes locales; pero, además, organizaban sesiones de jazz con sus amigos en fiestas particulares. Ahí asistía mi madre. El más grande reto de nuestros músicos locales siempre ha sido la trova yucateca, tan famosa y reconocida en todo el país, y la mayoría prefiere formar tríos para llevar serenatas”.
Ignacio Rosales (Zacatecas): Entre las actividades jazzísticas de esta enitdad están los festivales Internacional de Jazz y Blues (que ya va en su séptima edición), el Universitario de Jazz y el Cultural de Zacatecas, donde hay un foro alterno para jazzistas. Los chavos de la nueva generación están ávidos de conocer todo lo que se pueda acerca del género, sobre todo las manifestaciones actuales.
Y la nave va. Salud.

Balas y blablablá



Leonardo García Tsao
Periódico La Jornada
El octavo largometraje de Quentin Tarantino (si se cuentan las dos partes de Kill Bill como una sola película) lleva la cuenta hasta en el título, Los 8 más odiados (más odiosos sería la traducción exacta). Según el propio director, su jubilación será hasta que realice su décima película. A juzgar por los resultados, ya se está tardando.
Por mucho que uno esperase, en vano, un signo de maduración de Tarantino, él sigue haciendo cine como una especie de adolescente grandulón, obsesionado por recrear sus fetiches de cinéfilo y repetir los tics que algunos han confundido con estilo. Los 8 más odiados es su segundo ejercicio en western, tras su inflado Django sin cadenas (2012).
La acción se sitúa en Wyoming, unos años después de concluida la Guerra de Secesión. En medio del invierno, una diligencia es ocupada por el cazarrecompensas John El Verdugo Ruth (Kurt Russell) y su prisionera Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh); en el camino recogen, de mala gana, a otro cazarrecompensas, el mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson) y a Chris Bobbins (Walter Goggins), quien dice ser el nuevo sheriff de Red Rock, el destino de los viajeros.
Una tormenta de nieve obliga a hacer una parada en la Mercería de Minnie, estación del camino donde se encuentran Oswaldo Mowbray (Tim Roth), verdugo de Red Rock; el general confederado Sanford Smithers (Bruce Dern), y el vaquero Bob Gage (Michael Madsen), bajo las atenciones del mexicano Bob (Demián Bichir). Ya reunidos los ocho personajes del título, la película se desarrolla como un verborreico –y eterno– whodunit a lo Agatha Christie, en el cual se intentará deducir la verdadera identidad homicida de algunos.
Dentro de un espacio del mismo tamaño que el recibidor de un hotel de lujo, Tarantino no aprovecha esas dimensiones para una puesta en escena especialmente inventiva, porque su interés primordial es que se pronuncien sus diálogos, llenos de anacronismos y referencias a clásicos del género. Eso permite sobreactuaciones de un grupo de estimables intérpretes. Es, en esencia, el enfrentamiento encerrado entre forajidos y representantes de la ley de Perros de reserva (1982) sin el peso moral de sus personajes. Todo conducirá al previsible baño de sangre, resuelto sin la gravedad dramática de su opera prima.
Los exégetas del director, que no faltan, han resaltado la lectura política de la película porque, se supone, aborda la tensión racial entre policía y ciudadanos negros tan vigente en el Estados Unidos de hoy. Sin embargo, esa tensión se reduce al incontable pronunciamiento del término nigger (tan favorecido por Tarantino) en referencia al personaje de Warren. Más relevante es la también recurrente misoginia del cineasta, que se descarga sobre el de Domergue.
No obstante los testimonios de colaboradores y amigos de QT –así le dicen– sobre su adoración a las mujeres, la película se regodea en hacer llover sobre la cara de Leigh desde puñetazos hasta un vomitada ponzoñosa, para rematar con una rociada de sesos y sangre.
Tarantino es mañoso y se preocupa por dar a Los 8 más odiados aires de calidad. Fue filmada en celuloide de 65 mm, formato en desuso desde los años 60 (aquí se verá en la versión digital de formato largo, al no haber proyectores de 70 mm) y se contrató al eminente fotógrafo Robert Richardson y al venerable compositor Ennio Morricone para darle una pátina de gran cine. No importa. Sin esas vestimentas de lujo, el emperador se mostraría más desnudo que nunca.
(Si alguien quiere ver un estupendo western moderno, con extensos diálogos y violencia impactante, dominado por la presencia de Kurt Russell y su retorcido bigote, haría bien en buscar Bone Tomahawk, debut de director de S. Craig Zahler. No se ha estrenado en México, pero ya está disponible en video legal e ilegal.)
Los 8 más odiados
(The Hateful Eight)
D y G: Quentin Tarantino/ F: Robert Richardson/ M: Ennio Morricone/ Ed: Fred Raskin/ Con: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Walter Goggins, Demián Bichir, Tim Roth, Michael Madsen, Bruce Dern/ P: Double Feature Films, FilmColony. EU, 2015.
Twitter: @walyder