6/03/2009

Por Esperanza


Si los candidatos no me convencen, anularé mi voto escribiendo en la boleta el nombre de Esperanza Marchita. A esa conclusión llegué después de revisar los hechos y reconocer que me siento un ciudadano agraviado por la clase política. Tardé un año en reconciliarme con la idea de anular mi voto.
El primer paso fue rendirme ante la evidencia: la degradación de los partidos políticos no es anécdota pasajera; están fundidos con las redes de intereses corruptos que nos exprimen y maltratan. Se salvan personas, grupos e instituciones, pero son incapaces de modificar el quebranto ético y la mediocridad. También influyó la revisión de la lujosa Memoria gráfica de la elección del 2006 editada por el Instituto Federal Electoral (IFE).
Con centenares de fotos, en este documento se construye una visión idílica, beata, irreal sobre aquellos comicios. Por ningún lado aparece la polarización desencadenada por los spots del odio, la parcialidad del Presidente o las caras de las protestas postelectorales. Se trata de un intento ridículo de disimular la baja calidad de nuestra democracia. Ese texto es una metáfora de la intrascendente y costosa levedad de nuestros árbitros electorales: IFE, Tribunal (TEPJF) y Fiscalía (Fepade).
Tampoco convencen algunos argumentos de quienes promueven el voto y/o atacan a quienes estamos por la anulación. Según un correo no verificado, don Lorenzo Servitje promueve el voto por los candidatos del PAN diciendo que aun cuando algunos de sus miembros tienen defectos, éstos "son menores si se comparan a los [de] otros partidos".
Por su parte, el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, predica que "esos [que promueven la anulación] no hacen labor de patria, el abstencionismo va a matar a la democracia, eso no está correcto, hay que votar por el menos peor" (Mural, 22 de mayo del 2009). Es propio de acomplejados y mediocres proponer al menos malo, sobre todo porque los partidos podrían elegir a candidatos mejores. No lo hacen porque sus liderazgos son burocracias que defienden negocios y temen la llegada de gente mejor preparada. Hay quienes repiten que la anulación favorecerá al voto duro; extraño razonamiento porque todos los partidos cortejan o compran el voto corporativo e ignoran al ciudadano independiente. ¿Cambiará eso si volvemos a darles el voto?

Con la anulación del voto buscamos que cambien y seleccionen a buenos candidatos. Menciono a tres de los que buscan una diputación federal: Jaime Cárdenas, postulado por el Partido del Trabajo en el cuarto distrito de la capital; José Alfredo Gutiérrez va por Convergencia por el tercero de Coahuila y Guadalupe Loaeza, por el décimo del Distrito Federal. Los razonamientos anteriores me condujeron a la decisión de votar por los candidatos que me convencieran. Volví a constatar cuán poco les importamos a los partidos. Como parte de la construcción de esta columna, le pedí a una colaboradora que averiguara los nombres, historial y propuestas de los candidatos a diputado federal, asambleísta y delegado de la Magdalena Contreras por Convergencia, PT y PRD.
Dedicó ¡ocho horas de trabajo! a sacar alguna información sobre los candidatos. Es tanta su desorganización que hasta el domingo 24 de mayo el sitio del PRD-DF no había habilitado el vínculo que permite llegar al perfil de los candidatos. Porque conocí el trabajo de Carlos Reyes Gámiz (PRD) en la Asamblea del DF, votaré por él para diputado federal, pero anularé mi voto en los otros dos casos: ninguno convence. Tomada la decisión vino la forma de hacerlo. Como es legal cruzar toda la boleta o escribir el nombre de un candidato no registrado, Propuesta Cívica de Guanajuato inventó a una candidata mujer que simboliza, en nombre y biografía, un desencanto común.
Esta opción tiene como ventaja que forma parte de un proyecto más amplio de dignificación de la política. Así, escribir el nombre de Esperanza Marchita en la boleta ayudará a continuar la lucha por el acceso a las boletas de las elecciones. Después de los comicios, Propuesta Cívica, AC (o su media hermana Propuesta Política, APN) iniciará un proceso ante el IFE y las autoridades judiciales para solicitar el acceso a las boletas electorales del 2009 para constatar, en algunas casillas, cuántos votos sacó Esperanza. Votar por Esperanza es, también, respaldar un proyecto más amplio que incluye, entre otras actividades, la queja interpuesta ante el IFE por Propuesta Política, APN contra la propaganda engañosa y manida que difunde el Verde. Según la última encuesta de Reforma (29 de mayo del 2009) ya somos un 10 por ciento los que pensamos anular el voto. Ojalá y crezca ese porcentaje para que los partidos y los árbitros electorales se den cuenta de la intensidad de nuestro hartazgo con sus dispendios, su desorganización y su cinismo.
Esperanza Marchita es una de las muchas opciones disponibles. Todas son legítimas porque coinciden en la exigencia de una revolución ética.

Correo electrónico: saguayo@colmex.mx

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