9/27/2012

Incapaz el Estado ante aumento de embarazos tempranos

Por la Redacción

México, DF, 26 sep 12 (CIMAC).- Seis de cada 10 adolescentes que han tenido relaciones sexuales en México no utilizaron anticonceptivos durante la primera vez, lo que agrava el problema de embarazos tempranos, que según especialistas no ha sido atendido de manera eficaz por el Estado mexicano al faltar educación sexual, servicios especializados y métodos anticonceptivos para las y los jóvenes.

Aunque la mayoría de las mexicanas de entre 15 y 19 años dice tener conocimientos sobre anticonceptivos, menos de la mitad de quienes están casadas o unidas los utilizan, y entre las solteras el porcentaje de uso es de sólo 4.5 por ciento, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

En la conmemoración del 26 de septiembre “Día de la prevención del embarazo adolescente” es preciso recordar que las gestaciones prematuras son resultado de la pobreza, falta de oportunidades y de acceso a métodos de control natal, señala el libro “El ‘problema’ del embarazo en la adolescencia”, del investigador Claudio Stern.

El académico señala que para disminuir el embarazo en este grupo de edad es necesario implementar una política pública integral.

Diversas organizaciones civiles en México han denunciado de manera permanente que a pesar de la  importancia que para este grupo de población tienen todos los temas relacionados con la salud sexual y reproductiva, la información y la atención que se les proporciona a las y los adolescentes son insuficientes.

A lo anterior se suma la falta de acceso a métodos anticonceptivos y servicios de salud “amigables”. De acuerdo con monitoreos de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México (Ddeser), sólo existen de uno a dos servicios de salud con personal capacitado y sensibilizado y con un espacio destinado para atender a las y los jóvenes, en cada entidad federativa.

En las últimas décadas la tasa de fecundidad a nivel nacional de las adolescentes lejos de disminuir se ha incrementado. A inicios de los 90, 12.1 por ciento de las mujeres de 15 a 19 años había tenido al menos una hija o hijo, y para 2009 la cifra alcanzó el 15.5 por ciento.

El embarazo en la adolescencia es considerado un problema desde diferentes ópticas, ya que implica mayor riesgo de mortalidad materna, menores oportunidades de educación y, en ocasiones, el abandono total de los estudios, así como el fortalecimiento del círculo de la pobreza y un mayor riesgo de mortalidad infantil.

El programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y el Desarrollo (El Cairo 1994) afirma que las madres  adolescentes enfrentan un riesgo mayor de perder la vida debido al embarazo y el parto, y sus hijas e hijos tienen niveles más altos de morbilidad y mortalidad.

Los efectos sociales en las jóvenes madres son importantes, sobre todo si se considera que la mayoría de los embarazos adolescentes se gestan en jóvenes en situación de pobreza y de escasa escolaridad, quienes tienen que asumir la responsabilidad de la crianza de la hija o e hijo. Muchas de ellas se convierten en jefas de un hogar con bajos ingresos.

Para aquéllas que desean poner término al embarazo, las posibilidades de hacerlo son frenadas por las leyes que penalizan el aborto, el temor de una intervención insegura, el sentimiento de culpabilidad, y el alto costo de la cirugía, entre otros factores.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera como embarazo adolescente o temprano aquél que ocurre entre los 15 y 19 años de edad.

Los embarazos prematuros podrían disminuir, apuntan defensoras de los derechos sexuales y reproductivos, si hubiera educación sexual, servicios de eficaces de salud, y oportunidades vitales para las y los adolescentes.

El 26 de septiembre de 2003 se instauró en Uruguay el “Día de la prevención del embarazo adolescente”, a iniciativa de instituciones públicas y privadas preocupadas por la educación y el fomento del ejercicio de la sexualidad responsable en las y los jóvenes.

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