El Poder del Consumidor
Alejandro Calvillo
"La participación de empresas como Coca-Cola en eventos deportivos y Nestlé en eventos de profesionales de la salud habla de la captura de esos espacios".

Sabemos bien que vivimos en un mundo que está bastante de cabeza, y una fuerte razón de ello es que así lo ha puesto el inmenso poder que han alcanzado las grandes corporaciones globales, que se han convertido en un poder político. Para muestra, un par de botones.
El Dr. Juan Rivera Dommarco, fundador del Centro de Investigación y Nutrición en Salud del Instituto Nacional de Salud Pública y exdirector de ese instituto, uno de los más destacados nutricionistas de nuestro país, cuenta una anécdota ejemplar que resume el absurdo de este mundo. Cuenta que al viajar a España, en septiembre de 2013, para atender el XX Congreso Internacional de Nutrición, ya instalado en la ciudad de Granada, sede de ese evento, tomó un taxi para dirigirse al congreso. El conductor del taxi no identificaba bien a dónde se dirigía; no había escuchado de ese evento como un congreso de nutrición. Identificó que se trataba de lo que ya todo el mundo llamaba en Granada el Congreso de Coca Cola. Un congreso de nutrición identificado como un congreso de Coca Cola. Una imagen que no olvidan muchos de los participantes es que a la entrada de ese XX Congreso Internacional de Nutrición, recibiendo a los nutricionistas de diversas regiones del mundo, estaba instalada una enorme botella de Coca Cola: “el Congreso de Coca Cola”.
¿Qué implicaciones tiene que la empresa Coca Cola haya financiado el Congreso Internacional de Nutrición, que haya financiado a la asociación internacional de nutricionistas? ¿Podrían, en los simposios, conferencias e investigaciones ahí presentadas, hablar de los daños de las bebidas azucaradas a la salud, de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud a reducir su consumo, a regular su publicidad, a ponerles impuestos? ¿Se podría hablar de la interferencia de la industria en la ciencia? ¿De la captura de los gobiernos y las políticas públicas por estas corporaciones? Vea usted, revise los congresos de profesionales de la salud, los patrocinios de sus sociedades y podrá evaluar si hablarán libres de conflicto de interés, si engañarán o si guardarán silencio, mirando al otro lado. Podrá preguntarse: ¿a quién sirven, a las corporaciones o a la salud?
Se trata de comprar consciencias. Dos años después, en noviembre de 2015, me encontraba entre nutricionistas de la región de América Latina disfrutando de un paraíso caribeño, en el XVII Congreso de la Sociedad Latinoamericana de la Salud en Punta Cana, Santo Domingo. Estábamos instalados en el mayor lujo de un paraíso caribeño, en el mega resort de la cadena Barceló. Un desarrollo turístico de mil 200 hectáreas, con 14 restaurantes, decenas de piscinas frente al mar, más de tres kilómetros de playa, con un sistema de transporte interno para desplazarse de una instalación a otra y con el mayor Centro de Convenciones de República Dominicana. ¿Quiénes asistíamos al congreso podíamos pagar la estancia en ese desarrollo turístico? Puedo asegurar que no; podría haber algunas excepciones.
¿Quién lo pagaba? ¿Quién patrocinaba el congreso? Mientras Latinoamérica reportaba uno de los mayores crecimientos en sobrepeso y obesidad ligado, fundamentalmente, al creciente consumo de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas, el mayor problema de salud pública ligado al cambio en la nutrición, el Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición se desarrollaba, en ese paraíso tropical, gracias al patrocinio de Nestlé, Kellogg’s, Coca Cola, Quaker de Pepsico, Danone, Unilever, General Mills, entre las principales corporaciones globales de ultraprocesados y bebidas azucaradas. Los pasillos entre los salones de exposición y simposios estaban ocupados con estantes de estas empresas que habían influido en parte importante de la agenda. Estas empresas eran las que formaban parte de los principales bloques de cabildeo en contra de las políticas regulatorias que se empezaban a promover en diversos países de la región, las que actuaban contra las recomendaciones internacionales para enfrentar las epidemias, que supuestamente serían el principal objetivo a combatir por los nutricionistas. Eran y son el principal obstáculo para las políticas de salud pública en alimentación.
Si tuvo algún sentido asistir a ese congreso fue para apoyar la elección de la nueva presidencia de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición (SLAN), exigiendo que esta asociación se declarara libre de conflicto de interés, que nunca más aceptara estos patrocinios, que no fuera cooptada por estas corporaciones y que se enfocara en enfrentar las causas de las mayores epidemias que estábamos ya viviendo. La elección del propio Dr. Juan Rivera Dommarco como presidente de la SLAN, quien apoyaba este principio, y la entrega de una carta firmada por más de 200 asistentes que pedían “no permitir más que los congresos sean patrocinados por corporaciones de alimentos y bebidas que fabrican productos que ponen en riesgo la salud de la población y el planeta… estas mismas corporaciones contribuyen a destruir los sistemas alimentarios y prácticas culinarias tradicionales, socavando la soberanía y provocando daños ambientales”, establecieron lo que serían los siguientes congresos sin patrocinios, sin lujos, sin compra de consciencias. Justamente escribo estas líneas al concluir su congreso en la ciudad de Santiago de Chile. En vez de playas y lujos, el congreso sesionó en un espacio universitario, más que suficiente para compartir información y discutir los rumbos a seguir.
Al igual que un congreso de nutrición es objetivo de la captura de las corporaciones que actúan contra la propia nutrición, los eventos deportivos son también objeto de estas corporaciones que introducen al mercado productos que dañan la salud y buscan maquillarse con el halo saludable del deporte. Las carreras son eventos deportivos singulares, ya que están abiertos a la participación de la población. Son, principalmente, las corporaciones de bebidas las que buscan patrocinar estos eventos y convertirlos en un medio de publicidad. Las carreras deberían ser lo contrario: eventos que promovieran la salud en todas sus formas. Y así como los congresos pueden estar libres de Nestlé y similares, las carreras también pueden estar libres de Coca Cola y similares y ser eventos que promuevan una alimentación sana, justa y culturalmente adecuada.
El ejemplo se dio hace unas semanas. El pasado domingo 18 de octubre se llevó a cabo la “Carrera de la Milpa” en la comunidad de San Andrés Huayapam, municipio ubicado en los Valles Centrales de Oaxaca. La carrera tuvo como objetivo reivindicar la milpa como base de la soberanía alimentaria y visibilizar la resistencia de las comunidades campesinas frente al mercado de productos chatarra y ultraprocesados. Huayapam es conocida como la población del tejate, la “bebida de los dioses”. Se esperaban 200 participantes; el evento reunió a 700 corredoras y corredores que participaron en las distancias de cinco y 10 kilómetros y en las categorías de juvenil, libre, máster y veteranos.
Al finalizar la carrera, tras cruzar la meta, los corredores no fueron recibidos con una Coca, un Gatorade o cualquiera de estas otras bebidas ultraprocesadas; fueron recibidos por las mujeres indígenas de la asociación de productoras de tejate, que les sirvieron esta bebida prehispánica elaborada con maíz nixtamalizado con ceniza, cacao tostado, hueso de mamey (pixtle), rosita de cacao (flor de tejate) y agua. Y se les ofrecieron frutas provenientes de distintas comunidades de Oaxaca: naranjas de Santo Domingo Cacalotepec, mandarinas de Santiago Yagallo, plátanos de San Juan Tabaa y Santo Domingo Yojovi, y guayabas de San Juan Chicomezuchil.
Los premios a las y los ganadores incluyeron semillas de maíz blanco, rojo, azul y amarillo provenientes de las comunidades de San Andrés Huayapam, de San Jacinto Chilateca, San Pablo Huitzo y la comunidad de La Luz, Ixtlán, en el rincón alto de la Sierra Juárez; de igual forma se contó con frijol de los Valles Centrales y la Sierra Juárez y unas preciosas calabazas del Valle de Etla. La presencia de todos estos alimentos resaltó la diversidad alimentaria de Oaxaca. Una carrera con sentido, una enseñanza de los organizadores. La actividad formó parte de la jornada “Por el derecho a una alimentación sana y nutritiva”, realizada en el marco del aniversario de la Campaña Oaxaca sin Chatarra y del Día Mundial de la Alimentación, con el propósito de promover la alimentación saludable, reivindicar la milpa y visibilizar la importancia de los sistemas alimentarios locales.
Una carrera sin Coca y un congreso sin Nestlé es algo poco común. La participación de empresas como Coca Cola en los eventos deportivos y de empresas como Nestlé en eventos de profesionales de la salud habla de la captura de esos espacios por corporaciones que tienen una profunda responsabilidad en las epidemias de obesidad y diabetes.
Una carrera sin el logo ni la lata de Coca o de Gatorade, recibiendo a los corredores, tras pasar la meta, con tejate, la llamada “bebida de los dioses”, y con frutas: guayabas, plátanos, naranjas traídas por los productores de la sierra, es una carrera con sentido.
Un congreso latinoamericano de nutrición sin el logo, sin el patrocinio de Nestlé, en el que se habla abiertamente de la interferencia de la industria, de las corporaciones, de cómo han actuado con muy diversas estrategias para impedir las políticas de salud pública dirigidas a enfrentar las epidemias de obesidad y diabetes que afectan las ventas de sus productos ultraprocesados, es un congreso con sentido.
Esto hacemos desde la sociedad civil y demandamos a los gobiernos hacer también: sacudirse de la captura, dejar de traicionar y violar su misión de servir al interés público, no al privado, como aún hacen dependencias del Gobierno actual.
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