Mostrando las entradas con la etiqueta Alejandro Paéz Varela. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Alejandro Paéz Varela. Mostrar todas las entradas

1/05/2026

Venezuela, Trump y lo que viene

 

https://www.youtube.com/watch?v=Ne-lHGkJ3Ck

Alejandro Páez Varela

¿Qué carajos acabamos de presenciar? La bruma es espesa y el sol no llega a todos los rincones, pero si la información que circula es cierta, Donald Trump decidió que Venezuela quede en manos de una exguerrillera que se hizo famosa por secuestrar a un estadounidense; una socialista buena para las finanzas, con la que habría acordado la caída de Nicolás Maduro. Quizás sea una difamación lo que se dice, pero eso explicaría por qué no hubo balazos durante el secuestro del Presidente venezolano. Eso explica por qué no salieron a la calle las fuerzas paramilitares de autodefensa popular que tanto presumían Hugo Chávez y su sucesor.

La condición de Trump a Delcy Rodríguez parece ser muy simple: dejen que Estados Unidos saquee el petróleo; dejen que nuestras petroleras se beban su riqueza. Eso es todo. Y sigan con su “revolución”. Eso explica por qué Rusia dijo que “las acciones de Trump en Venezuela son ilegales, pero consistentes porque defiende los intereses de su país”. Vladímir Putin y Trump son exactamente lo mismo.

¿Qué carajos acabamos de ver? Quien quiera explicarlo en términos ideológicos no lo logrará. Dinero. De eso se trató. Petróleo, oro, plata, tierras raras. Y eso explica por qué María Corina Machado fue echa a un lado por Trump. Su payasada “democratizadora” y su Premio Nobel de la Paz se lo pueden creer los ilusos, si quieren. Es, y siempre fue, parte de un teatro mayor. Ella y sus payasadas. El dinero no tiene ideología, aunque sirve para hacer, ya saben, cosas.

El mundo le dice adiós al neoliberalismo, que tenía reglas para el saqueo de los pueblos vulnerables, y le da la bienvenida a un capitalismo mucho más salvaje: al neocolonialismo brutal con el que México y otros países tendrán que aprender a navegar.

Pero, al mismo tiempo, otra corriente de izquierda va en sentido contrario. Es una reacción contra el neoliberalismo, ciertamente, pero también se levanta como una alternativa ante la brutalidad de la ultraderecha.

Vientos de izquierda

Harto de que las cadenas de supermercados le dijeran “NO” a instalarse en los barrios populosos de Atlanta, Andre Dickens decidió tomárselo personal.

–Pensé: ¡Al diablo! Lo haremos nosotros mismos –contó recientemente a The Wall Street Journal.

Los residentes necesitaban alimentos frescos y saludables, no la chatarra que ofrecen las tiendas de conveniencia como 7-Eleven o Circle K, los Oxxo de Estados Unidos, que son los que llegan a todos los rincones con frituras, panes y galletas de ingredientes ultraprocesados, y refrescos. Las grandes cadenas que pueden proveer comida sana no quieren invertir en barrios de bajos ingresos porque siempre están calculando cómo maximizar ganancias, no en lo que el ciudadano necesita.

Andre Dickens, afroamericano, había crecido en barrios de clase media. Su madre trabajó en una compañía telefónica y su padrastro fue mecánico de aviones. Él mismo es ingeniero. No tuvo carencias básicas, pero sabía cómo se gana el dinero y lo que se batalla cuando no se tiene.

Así fue como el Alcalde de Atlanta decidió lanzar un supermercado público para los barrios menos favorecidos. Le puso Azalea Fresh Market. Costó ocho millones de dólares a su gobierno y espera que muy pronto deje de ser una carga para la ciudad hasta recuperar la inversión. Y de hecho, su administración se prepara para abrir más tiendas. El negocio parece ser redituable sin cargarle la mano a los consumidores.

La decisión de Dickens tiene un eco hasta la ciudad de Nueva York. El Alcalde Zohran Mamdani también anunció tiendas de comestibles que tendrán dinero del gobierno. Según dijo en campaña, piensa en supermercados que logren abaratar los precios de las grandes cadenas. Tanto Dickens como Mamdani son progresistas. Y no piensan en tiendas subsidiadas: piensan en inversión estatal y capital privado; analizan cómo romper monopolios, y llevar a la gente alimentos frescos y buenos, no la chatarra que venden las tiendas de conveniencia de Estados Unidos, que son iguales a las mexicanas.

Hagamos una pausa razonable aquí.

¿Qué no vivimos un arrebato de extrema derecha en el mundo? ¿Qué no es momento de los libertarios, esos tipos raros de cabello al estilo Donald Trump o Javier Milei, radicales de mercado que piden desaparecer el Estado; que reviven la vieja idea de que las fuerzas del capital deben dominar sin regulaciones y que llaman “zurdos de mierda” a los que pugnan por ideas sociales? ¿Qué no acabamos de ver al imperio apoderarse de las riquezas de Venezuela?

Bueno, sí. Sí vivimos ese arrebato. Pero también nos cruza otra corriente en sentido contrario, que está agarrando fuerza a diario.

Huracanes de ultraderecha

“El socialismo vuelve a estar de moda”.

Así inicia el más reciente artículo de Mark Skousen, un catedrático de la Universidad de Chapman especializado en libre empresa. Su texto se publicó hace algunas pocas semanas en una de las biblias del liberalismo económico: The Wall Street Journal.

Skousen agrega: “Los críticos del capitalismo denuncian la economía de mercado como injusta. Argumentan que las grandes corporaciones no pagan un salario digno a los empleados con bajos ingresos”. Bueno, sí. Eso denuncian los críticos del liberalismo, pero desde hace tiempo, mucho tiempo atrás. ¿Les suena un tal Karl Heinrich Marx?

Lo que Skousen cita son estudios recientes que demuestran que la desigualdad ha aumentado drásticamente en los últimos años, tanto por ingresos como por riqueza. Dice que la solución que ofrecen los nuevos simpatizantes del socialismo es un impuesto sobre la renta “altamente progresivo, o incluso un impuesto sobre el patrimonio para los más ricos, y un salario mínimo de 20 dólares la hora o más”. La idea no es tan nueva pero sí, ha tomado fuerza.

Dicho de manera más sencilla: se propone aumentar el salario mínimo e impuestos que sean más altos para los que tienen rentas mayores. Así de simple. Quizás Mark Skousen no lo sabe, pero el aumento del salario base ya sucedió en México, con Andrés Manuel López Obrador, y resultó muy efectivo para abatir la pobreza junto con el resto de los ingredientes de una receta de izquierda que busca revivir al Estado de Bienestar.

Y todavía mejor: lo de los impuestos, para el caso mexicano, no fue necesario. Sólo se presionó a quienes no pagan lo que deben. Eso es lo que mantuvo el déficit fiscal estable durante –nada menos y nada más– la pandemia.

Otro artículo publicado a principios de noviembre en la revista The New Yorker inicia así: “Tras la victoria en las elecciones a la Alcaldía de Nueva York de Zohran Mamdani, autodenominado socialista democrático, el socialismo está en auge”.

Según John Cassidy, redactor veterano de The New Yorker, el Comité Nacional Republicano del Congreso, brazo político de los republicanos en la Cámara de Representantes, publicitan el regreso del socialismo democrático como una amenaza. Tras la victoria de Mamdani, lanzaron una campaña que dice: “Este es el futuro que desean los demócratas de la Cámara, y tu ciudad podría ser la siguiente. ¡Alto al socialismo! ¡Alto a los demócratas!”.

Cassidy dice que Mamdani difícilmente representa al Partido Demócrata y además, su programa electoral (viajes gratuitos en autobús, guarderías universales, construcción de más viviendas asequibles, congelación de los alquileres de los apartamentos con renta estabilizada, apertura de algunos supermercados municipales con el objetivo de ofrecer precios más bajos que los de las tiendas privadas) se centra “directamente en el coste de la vida en una ciudad donde el alquiler medio de un apartamento de dos habitaciones ronda los cuatro mil dólares”. Y, además, la guardería en Nueva York puede costar otros dos mil dólares al mes.

¿No tiene acaso congruencia lo que propone Mamdani?

En 2019, otra de las publicaciones defensoras del libre mercado, The Economist, hablaba del resurgimiento de la vieja doctrina de izquierda. “Después del colapso de la Unión Soviética en 1991, la contienda ideológica del siglo XX parecía terminada. El capitalismo había ganado y el socialismo se convirtió en sinónimo de fracaso económico y opresión política. Avanzó con dificultad en reuniones marginales, estados fallidos y la liturgia pomposa del Partido Comunista Chino. Hoy, 30 años después, el socialismo vuelve a estar de moda”.

Han pasado siete años desde ese artículo. Lo que podemos asumir es que cada vez que brinca alguna idea progresista a la palestra global, “el socialismo está de moda” o “el socialismo está de regreso” para estas publicaciones que lo dicen con espanto, más que como novedad. Ya vimos que esas noticias no son tan frescas como se dice; son recicladas por gente asustadiza que adora su vida en la élite.

Desde 2019 hasta ahora han pasado muchas cosas. Donald Trump, por ejemplo, volvió a ganar las elecciones presidenciales para un segundo término. Y en México, al mismo tiempo, la izquierda se robusteció en las elecciones donde Claudia Sheinbaum se alzó con más votos que el mismo López Obrador.

The Economist tenía razón entonces en que el socialismo resurgía con fuerza “porque ha formulado una crítica incisiva de lo que ha fallado en las sociedades occidentales”. Pero cualquiera que diga que también se han robustecido los radicales de derecha tendrá razón. Entonces López Obrador tenía razón cuando decía que la disputa por el poder real en México (asumamos que aplica al mundo) se podía describir muy simplemente en dos polos enfrentados: derecha e izquierda.

The Economist decía que los políticos de derecha, con demasiada frecuencia, abandonan la batalla de las ideas, y se refugian en el chovinismo y la nostalgia. En cambio la izquierda “se ha centrado en la desigualdad, el medio ambiente y en cómo otorgar poder a los ciudadanos en lugar de a las élites”. Sin embargo, agregaba, aunque la izquierda renacida acierta en algunos aspectos, su pesimismo sobre el mundo moderno va demasiado lejos. “Sus políticas adolecen de ingenuidad en cuanto a presupuestos, burocracias y empresas”. Otra vez: creo que The Economist no quiso ver el caso mexicano porque se habría dado cuenta que Vicente Fox y Felipe Calderón, de extrema derecha, fueron los que aumentaron la burocracia.

En lo que tiene razón la revista es en que durante la década de 1990, cuando el neoliberalismo se apropió hasta de los puestos de revistas, los partidos de izquierda se desplazaron hacia el centro, con líderes como Tony Blair y Bill Clinton que dijeron “haber encontrado una ‘tercera vía’, un acuerdo entre el Estado y el mercado”.

“La izquierda actual ve la tercera vía como un callejón sin salida. Muchos de los nuevos socialistas son millennials. Según Gallup, alrededor del 51 por ciento de los estadounidenses de entre 18 y 29 años tienen una visión positiva del socialismo. En las primarias de 2016, más jóvenes votaron por Bernie Sanders que por Hillary Clinton y Donald Trump juntos. Casi un tercio de los votantes franceses menores de 24 años en las elecciones presidenciales de 2017 votaron por el candidato de extrema izquierda”, aceptó.

Un ultraderechista cuyo padre sirvió a Adolf Hitler es el nuevo Presidente de Chile. No me extraña de Chile. No me extraña de Argentina. No me extraña de Estados Unidos. Siempre he pensado a esas naciones demasiado a la derecha como para experimentar un poco de izquierda. Me extraña de Ecuador, de Perú, de El Salvador. Moverse a la derecha para esas naciones, me parece, es como bañarse en grasa animal y pretender una siesta en la cueva de un lobo. La derecha no quiere a la gente oscura de piel. Es una descripción, no una frase hecha.

¿Entonces? ¿Vamos hacia la izquierda o no? La pregunta no parece justa. Es mejor preguntarse qué sigue después de neoliberalismo y mi respuesta es que cada pueblo debería encontrar su propio modelo y que entre todos deberíamos buscar la manera en que la administración de las naciones se atenga a reglas comunes, y que las ideologías apliquen dependiendo las particularidades locales.

Yo quiero un gobierno de izquierda, ¿es posible? Y que alguien más se sienta conforme con su gobierno de derecha y que los dos tengamos en común buenos gobiernos, seguridad, empleos remunerados y más para el que más lo necesita. Pero eso no sucederá pronto. Eso es justamente lo que quiere la izquierda o, al menos, la izquierda que a mí me simpatiza.

Y lo que vimos en Venezuela es una descripción gráfica de qué quiere la ultraderecha. Para empezar, se hartó de simular. Quiere enriquecer a una élite y someter a las mayorías con bayonetas. Antes una Corina Machado les servía: es la perfecta simuladora, la vendepatrias y la moscamuerta del tipo Ernesto Zedillo, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín o Ricardo Salinas Pliego. Pero hasta los entreguistas del viejo neoliberalismo estorban a la brutalidad del capitalismo contemporáneo, que decidió hacer a un lado a los colaboracionistas y mostrarse como es. Agárrense.

6/10/2024

Tres apuntes de la derrota

 Tres apuntes de la derrota

Alguien debería preguntarse por qué la derrota y yo diría: porque la gente ve un México muy distinto al que transmiten por televisión. Porque una buena parte de esos 36 millones de individuos (y más) está harta de que la menosprecien y manipulen. Porque esos millones encontraron una oportunidad pacífica de decir BASTA al clasismo y al racismo. Porque millones están hartos de que los llamen nacos, bestias, imbéciles y mediocres durante seis años y luego esos mismos les pidan su voto con fingida humildad. Porque millones hicieron clic con su candidata y querían confirmar el gobierno que tienen, y no porque disfrutaran verle la cara a los rabiosos un día después. En ese sentido no fue voto de castigo: fue uno de reivindicación.

Alejandro Páez Varela

Uno.

Documentamos que Claudio X. González reunía en su mansión a los dirigentes de PRI, PAN y PRD para formar un frente, y advertimos las consecuencias de que una cofradía de poderosos estuviera detrás de la oposición en México; nadie en la prensa lo consignó. Contamos que las movilizaciones de sus “organizaciones de la sociedad civil” no tendrían apoyo de las mayorías porque la gente sabría que era otra vez hipocresía y engaño; nadie lo tomó en cuenta. Dijimos que la “sociedad civil” de Claudio era en realidad un amasijo de grupos de interés del PRIAN que luego desembocaría en un pacto de adhesión con Xóchitl Gálvez, y sucedió tal cual, y a ninguno de los sesudos analistas y opinadores pareció importante.

Dijimos que la candidata presidencial de la derecha sería designada por un grupito de privilegiados y que nunca sería elegida por mayorías, como ellos mismos anunciaron; así fue y los medios apenas lo tocaron. Y luego alertamos que Gálvez arrastraba casos de corrupción sin aclarar y que existía la duda razonable de que, mientras era servidora pública, había amasado una fortuna; pero ninguno reaccionó. Dimos a conocer apenas un puñado de las tantas mentiras de Xóchitl (siempre sobre ella) para advertir que no era ético ni moral que las élites promovieran a una mitómana como Jefa de Estado; y fue como si no hubiéramos dicho una palabra.

Una y otra vez dijimos que era verle la cara de tonto a los ciudadanos utilizar los colores del INE para movilizarse, y que lo honesto era convocar con los colores de los partidos que representan; fue como hablarle al viento. Dijimos que el odio, el go negative, la guerra de lodo y los deseos de venganza de las élites intelectual, académica, empresarial y mediática contra Andrés Manuel López Obrador no podrían ser el eje de acción de las fuerzas opositoras; no hicieron caso. Advertimos que necesitaban presentar, cuando antes, un proyecto de Nación; fue como si les dijéramos que se comieran una cucaracha.

Y alertamos sobre las encuestas patito, como Massive Caller o México Elige, y dijimos que era el engaño extendido de GEA ISA en el pasado; no les importó: siguieron citándolas. Expresamos que la gente terminaría ridiculizando a la candidata por la cantidad de historias sin sustento que se construían sobre ella –el mito de las gelatinas, el de las mariposas, etcétera–. Y después de una entrevista con ella en el Senado allá por junio de 2023, Álvaro Delgado y yo comentamos que si la lanzaban como candidata sería un fiasco mayor al de Ricardo Anaya.

En julio de 2023, Héctor Aguilar Camín escribía: “Lo inesperado del momento mexicano es la irrupción de Xóchitl Gálvez. Se debe a muchos factores, pero uno, central, es que agrietó la fortaleza mayor de López Obrador, que es su discurso. Xóchitl tiene un discurso alternativo, un habla que conecta con la gente, y que tiene, sobre el discurso del Presidente, las ventajas de la frescura, la fluidez y el humor. No es un discurso construido por comunicadores o estrategas de campaña. Es un discurso que nace de la persona misma de Xóchitl Gálvez. […] Lo que vemos cada vez que se enfrentan en ese ring es que Xóchitl punza y baila como Muhammad Ali y el Presidente gruñe y tropieza como Sonny Liston”.

Y en septiembre de 2023, Enrique Krauze afirmaba: “El carisma ha cambiado de polo. El Presidente López Obrador no podrá usar el suyo porque su nombre no está en la boleta y porque el carisma, por esencia, es intransferible. En ese sentido, sea quien sea la contraparte de Xóchitl Gálvez en la contienda, los términos históricos se han invertido. Xóchitl Gálvez no cree ‘encarnar’ al pueblo. Es parte natural de ese pueblo. Ahí reside su carisma. Mujer ante todo, y de origen modesto, indígena y mestiza, sojuzgada, liberada por sí misma, estudiante, ingeniera, empresaria, funcionaria pública, su biografía es una metáfora del mexicano que busca una vida mejor. Nada más, pero nada menos. Alegre, valiente, firme, no se doblegará”.

Cabezas de los dos núcleos de intelectuales más importantes en México desde Carlos Salinas de Gortari, Aguilar Camín y Krauze lo escribieron supuestamente desde “la independencia”, desde “el pensamiento crítico”. Luego se abrieron y abrazaron públicamente a Gálvez. Ustedes lo recuerdan.

Las señales eran muchas y hasta flojera me da escribirlas. Ah, la soberbia: optaron por ignorarlas.

Dos.

Claudia Sheinbaum ganó en todos los estratos sociales. Entre votantes con estudios y aquellos con menos escuela; entre los que perciben buen ingreso y los que tienen uno menor; entre mujeres y hombres; jóvenes y viejos.

Alguien debería preguntarse por qué y yo diría: porque la gente ve un México muy distinto al que transmiten por televisión. Porque una buena parte de esos 36 millones de individuos (y más) está harta de que la menosprecien y manipulen. Porque esos millones encontraron una oportunidad pacífica de decir BASTA al clasismo y al racismo. Porque millones están hartos de que los llamen nacos, bestias, imbéciles y mediocres durante seis años y luego esos mismos les pidan su voto con fingida humildad. Porque millones hicieron clic con su candidata y querían confirmar el Gobierno que tienen, y no porque disfrutaran verle la cara a los rabiosos un día después. En ese sentido no fue voto de castigo: fue uno de reivindicación.

Tres.

“Cuando vayan por la República y vean comensales que son medio raros, son los nuevos ricos favorecidos de Morena. Y va a haber un chingo de nuevos ricos como no te imaginas. Si van en un avión en business, y les toca alguien a un lado y dicen: ‘Puta, no me gusta este cabrón’, es de Morena”, dijo Carlos Alazraki.

Y luego Pedro Ferriz de Con lo secundó: “Me tocó en Casa Lucio de Madrid. Llego, nos dan la mesa. La hija de Lucio es la que atiende; él nada más te hace así [gesto de saludo]. Casi tiene cien años. Y llego y me ponen una mesa, y detrás de mi mesa había tres güeyes que se veían bastante nacos. Pidiendo los mejores vinos. Con tres putitas. Y ‘ja, ja, ja, ja’, ya sabes, el estruendo de la vulgaridad. Cuando llegué, haz de cuenta que les balaron el switch: pidieron la cuenta y se fueron. Mi vieja se volteó así y les tomó fotos así [toma el celular]. Abierta, ya sabes cómo son las mujeres: bien discretitas. Chun, chun, chun, chun. Eso que estás diciendo así va a ser. Se está gestando una nueva clase social, que es la de Mario Delgado”.

No, no se está gestando una “nueva clase social”. Se gesta y avanza a pasos acelerados, eso sí, una renovada conciencia de clases. Hay mayorías cansadas del menosprecio de las élites de privilegiados; mayorías que asumieron que esas élites grotescas no quieren compartir un restaurante que vende caldo de res en Madrid como no quieren repartir el ingreso de la Nación. Élites que creen que, fuera de ellos, todos merecen pura mierda. Y a la vez, élites que se sienten muchos niveles arriba de los demás porque en Casa Lucio les sirven huevos grasosos sobre papas fritas y se los cobran cien veces más.

Cualquiera puede decirles: no necesito tu Casa Lucio en Madrid para comer huevos y papas porque los como en mi casa con lo que gano, e igualmente soy feliz. Pero no se lo dice. Mejor vota.

Alazraki, Ferriz de Con y todos los que son como ellos merecen la derrota electoral y merecen más: la derrota moral. Deben sentirse avergonzados al caminar por las calles de este país. Deben saberse rechazados cuando dicen lo que dicen y tener claro que unos huevos grasosos sobre papas fritas en un restaurante de postín no los hacen mejores. En cambio, llamar a los demás poca cosa porque no pueden pagarse unos huevos sobre papas fritas en un restaurante de Madrid los hace racistas, clasistas y –para terminar pronto– uno pobres diablos.

Pero es su problema entender (o no) que fueron ellos mismos los que se derrotaron en las urnas. Es su problema entender (o no) que hay una mayoría que no está dispuesta a entregarles el poder y a cambio recibir puras mentadas de madre.

Alejandro Páez Varela

Periodista, escritor. Es autor de las novelas Corazón de Kaláshnikov (Alfaguara 2014, Planeta 2008), Música para Perros (Alfaguara 2013), El Reino de las Moscas (Alfaguara 2012) y Oriundo Laredo (Alfaguara 2017). También de los libros de relatos No Incluye Baterías (Cal y Arena 2009) y Paracaídas que no abre (2007). Escribió Presidente en Espera (Planeta 2011) y es coautor de otros libros de periodismo como La Guerra por Juárez (Planeta, 2008), Los Suspirantes 2006 (Planeta 2005) Los Suspirantes 2012 (Planeta 2011), Los Amos de México (2007), Los Intocables (2008) y Los Suspirantes 2018 (Planeta 2017). Fue subdirector editorial de El Universal, subdirector de la revista Día Siete y editor en Reforma y El Economista. Actualmente es director general de SinEmbargo.mx

Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que SinEmbargo.mx no se hace responsable de los mismos.

3/07/2024

El plan de seguridad de Xóchitl es de derecha calderonista: Zaldívar


ENTREVISTA ¬

El Ministro en retiro Arturo Zaldívar comentó a “Los Periodistas” que la estrategia de seguridad que plantea llevar a cabo Xóchitl Gálvez en caso de ganar la Presidencia “es puro populismo de derecha calderonista”. “Yo no sé si él (Felipe Calderón) esté o no esté (con Xóchitl), porque la candidata conservadora es todo, un día es calderonista, es trotskista, es de izquierda, es panista, es priista, es perredista, depende del día, se toma una foto con Felipe Calderón y después lo desconoce”, expresó en la plática.

Ciudad de México, 5 de marzo (SinEmbargo).– El tema de la inseguridad “no es una cuestión de policías y ladrones” ni se resuelve con “una guerra absurda”, planteó el Ministro en retiro Arturo Zaldívar, al referirse al plan de seguridad presentado por la candidata de la derecha Xóchitl Gálvez Ruiz, quien ha prometido “mano dura” a los criminales y la construcción de una mega prisión, entre otros puntos.

Zaldívar, quien se ha sumado al equipo de la candidata presidencial de izquierda Claudia Sheinbaum, expuso a “Los Periodistas”, programa que se transmite en SinEmbargo Al Aire, que una estrategia en esta materia es algo más complicado que hacer prisiones, pues tiene que ver con el tejido social, con la justicia y la búsqueda de paz.

“Si ustedes ven su propuesta (de Xóchitl Gálvez) lo que uno ve es una propuesta populista de derecha calderonista, cárceles más cárceles, se dice hay que sacar a combatir al Ejército, no dice cómo ni para qué ni de qué manera. ‘Hay que fortalecer la Guardia Nacional para que sea guardia y sea nacional’, quién sabe qué quieren decir ‘y además de 100 mil tiene que tener 300 mil elementos’, en cuánto tiempo, cómo los van a capacitar. La verdad es puro populismo de derecha calderonista”, criticó.

Arturo Zaldívar manifestó la necesidad de una reforma a la justicia “porque sin justicia no puede haber seguridad”. Foto: Ana Mendez, SinEmbargo.

En contraparte, indicó que la propuesta de seguridad de Claudia Sheinbaum es una estrategia de construcción de paz que contempla: atender las causas para restablecer el tejido social, consolidar la Guardia Nacional, fortalecer la investigación y la inteligencia, coordinarse con la Fiscalía y, por último, una Reforma Judicial.

Con respecto al último punto, Arturo Zaldívar manifestó la necesidad de una reforma a la justicia “porque sin justicia no puede haber seguridad”. Por ello, subrayó que el programa de Claudia Sheinbaum en esta materia es muy ambicioso, “pero al mismo tiempo realista, que ve muchas facetas pero que muchas son viables, que no tienen un costo importante en presupuesto, pero que sí pueden ser muy eficaces y además en muy corto plazo a diferencia de lo que nos propone la otra candidata”.

“Yo no sé si él (Felipe Calderón) esté o no esté (con Xóchitl), porque la candidata conservadora es todo, un día es calderonista, es trotskista, es de izquierda, es panista, es priista, es perredista, depende del día, se toma una foto con Felipe Calderón y después lo desconoce, hace su estrategia de seguridad el viernes y se dice que es calderonista, entonces hace otros puntos y dice que no es calderonista. Lo que es cierto es que la estrategia de guerra sucia es la estrategia de la campaña de 2006 de Felipe Calderón”, cuestionó Zaldívar.

Y anotó: “Son los mismo personajes que hicieron el fraude en 2006, que hundieron a este país en una guerra y que después nos colocaron en un escenario tan lamentable que el pueblo salió masivamente a votar por un cambio. Más allá del personaje en lo particular, es la misma ideología, es la misma manera de entender, son los mismos a los que el pueblo ya les dijo que no, los mismos que ya engañaron al pueblo de México y que ahora se quieren presentar como el cambio, con qué cinismo, ellos no son el cambio, ellos lo que proponen es volver a un pasado y luego tratan de infundir miedo a la gente, una campaña de mentiras”.

El Ministro en retiro señaló en ese sentido la necesidad de que la izquierda además de ganar la Presidencia obtenga la mayoría calificada en el Congreso para poder impulsar estos cambios a la Constitución en materia de Justicia. “Si no se pudiera construir para la elección seguramente va a haber una Reforma del Poder Judicial que se va a acordar, que se va a consensuar y que se va a llegar efectivamente a una sacudida porque me parece que las cosas ya no pueden seguir así”.

Zaldívar indicó que si en el Congreso no se logra un consenso para aprobar esta Reforma que entre sus puntos contempla la elección popular de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) así como de magistrados, los legisladores tendrán que buscar, al menos, reconfigurar el Consejo de la Judicatura.

“Esta propuesta del Presidente de elección popular viene a agitar, viene a poner en el centro de la discusión qué tipo de poderes judiciales, qué tipo de modelos queremos y a mí me parece que en ese sentido está propuesta del Presidente que es muy provocadora en el buen sentido del término, porque pone el énfasis en algo, la realidad es que la legitimidad del Poder Judicial con la ciudadanía se ha venido perdiendo y hay que recuperarla para que todas las autoridades entendamos, también el Poder Judicial Federal, que todas las autoridades tienen responsabilidad en la construcción de la paz, el Poder Judicial no puedes decir ‘a mí no me toca’”, comentó.

“HAY ARROGANCIA EN LA CORTE”

Cuestionado sobre el papel que ha tenido la Suprema Corte —que dejó en noviembre de 2023—, Arturo Zaldívar sostuvo que ha venido jugando un papel como partido de oposición, pues “su agenda, sus votaciones, sus interpretaciones se han empatado con la oposición, con los adversarios y con grupos de intereses económicos muy claramente identificables”.

“¿Qué sucedió? Durante mucho tiempo el poder económico, el poder político, el poder mediático y el Poder Judicial estaban del mismo lado, entonces si ustedes se dan cuenta hasta antes de la llegada del Presidente López Obrador nadie discutía estas cuestiones de la independencia pero la Corte nunca invalidó una política esencial de ningún Presidente de la República hasta que llegó López Obrador”.

Zaldívar planteó cómo la oposición, los adversarios así como grupos económicos y poderes fácticos “se atrincheraron en la Corte” y parte de los ministros, hoy dicen que lo hacen por independencia. “Lejos de poder tomar un poquito de distancia y alejarse de esta polarización, pues parece en los hechos que tomaron partido y esto creo que no ha sido sano, creo que esto ha hecho que venga este enfrentamiento permanente entre los otros poderes, que no haya diálogo, me parece que eso no es sano”.

“Por eso es necesario que haya una reforma para que podamos tener una Corte y un Poder Judicial que no le dé la razón siempre al Presidente, nadie ha pedido eso, pero quizás que pueda estar un poco más desvinculada de los poderes que perdieron el poder en 2018. De alguna forma están mucho más cómodos votando todo en contra del Presidente ¿Qué dicen ellos? ‘Es que nosotros defendemos la Constitución’”.


—¿Es una Corte arrogante? —se le preguntó.

—La Corte no, hay algunos ministras y ministros que lo son.

Alejandro Páez Varela y Álvaro Delgado Gómez

9/16/2019

Esa oposición


Alejandro Páez Varela

Una de las tareas más ingratas de estos tiempos debe ser constituirse en oposición. Hemos vivido periodos en que a los contrarios al régimen en curso se les ​perseguía, incluso con las fuerzas armadas​; ​o, en épocas más recientes, se les ​aplastaba con todas las mañas del Estado, entre ellas darle dinero a raudales a ​cierta prensa​ poderosa​ y a ​ciertos periodistas​ poderosos​ para que ​hicieran pedazos a los que se expresa​ba​n en contra. Eso no pasa (o no ​tengo evidencia de que pase) en estos momentos.​ Y eso hace más ingrato, más miserable ser esa oposición.​
“Confieso que hemos contado con suerte. Maquiavelo decía que la política es virtud y fortuna, suerte. En este tiempo han soplado buenos vientos y estamos llevando a la práctica una transformación profunda con poca confrontación y sin violencia política”​, dijo ayer Andrés Manuel López Obrador​. ​Agregó: “​No dejan de existir, ni queremos que desaparezcan, las protestas legítimas de los ciudadanos, ni los reclamos de nuestros adversarios, los conservadores que se oponen a cualquier cambio verdadero y están nerviosos o incluso fuera de quicio; sin embargo, no han podido constituir, y esto lo celebramos y toco madera, para que no se pueda crear un grupo o una facción con la fuerza de los reaccionarios de otros tiempos”.
“Además​ –agregó–​, lo digo con respeto, no quiero que se entienda como un acto de prepotencia o una burla, es lo que estoy percibiendo: están moralmente derrotados. El ​Presidente ​[Benito] ​Juárez decía, tenía una frase: ‘El triunfo de la reacción​, decía​, es moralmente imposible’. Están moralmente derrotados porque no han tenido oportunidad de establecer un paralelo entre la nueva realidad y el último periodo neoliberal, caracterizado por la prostitución y el oprobio, que se ha convertido en una de las épocas más vergonzosas en la historia de México”.
​Y tiene razón, al menos en aquello de “están moralmente derrotados”. Nada más hay que repasarlos.
Carlos Salinas de Gortari está condenado al papel de duende oscuro, perverso y agazapado; operando en las entrañas del drenaje, siempre: su última gran aportación fueron los ‘videoescándalos’ y de allí, sus roles han sido los del patético operador de individuos moralmente reducidos a estiércol, como Roberto Borge o Enrique Peña Nieto, por nombrar algunos.
Ernesto Zedillo es una sombra gris que juega entre los consejos de administración y los salones de clases; que resulta el mejor librado porque se les compara con los otros; cuya herencia a los mexicanos son los miles de millones de dólares de deuda dejó porque se los regaló, sin recato, a bancos y empresas.
Vicente Fox Quesada. Uf. Un triste personaje de redes sociales que no llega a engañabobos, siquiera: es el bobo con suerte, pero desenmascarado; el que sube al más alto honor y se cae, estrepitosamente, y mientras rueda por la colina se va desnudando, desmoronando. El destructor de la esperanza, le he llamado. Ni abundo porque los mexicanos lo tienen ubicado.
Felipe Calderón. Quizás de todos, el peor. No sólo porque tiene sueños en los que se ve otra vez viviendo del Estado (él y toda su familia) como antes, como siempre; no sólo porque ha intentado una y otra tocar la puerta y los mismos ciudadanos se la han cerrado; no sólo porque su único logro (la Presidencia) está manchado por la deshonestidad y el fraude, sino porque fue él quien nos llevó a este horror que vivimos a todos los días. A él le debemos este México que se autodestruye; a él le debemos este baño de sangre; a él le debemos tanto dolor, tantas viudas y huérfanos; tantas fosas y anfiteatros llenos de cuerpos sin reclamar. Y es el peor de todos porque no está arrepentido y como no está arrepentido, confía en que puede regresar; que puede volver a someter a México a sus arrebatos, cachetadas y manazos.
Queda Enrique Peña Nieto. Ni digo mucho. Patético Peña; vulgar Peña. Un error del sistema.
Y los demás, un chiste. Gabriel Quadri, José Narro, “Los Chuchos”, etcétera. Nada. Se escurren entre los dedos. En efecto: moralmente derrotados. Le faltó al Presidente completar la frase: moralmente derrotados por ellos mismos. Nada. Nadie.
Lo dicho: ser oposición, en estos tiempos, debe ser muy, pero muy ingrato. No hablo, por supuesto de los ciudadanos, de los que no creen en la 4T y están en su derecho y así lo expresan. Hablo de la oposición organizada, la que se sabe el caminito hacia los recursos públicos; hablo de la que quiere figurar para tener acceso a puestos, a nombramientos, a poder. Creo que –razonándolo bien– allí está la razón de su derrota: se les huele, a cien kilómetros, que les vale México. Y se les huele porque lo demostraron cuando tenían todo y sólo hicieron daño. A esa oposición me refiero.
Y qué bueno que nazca una verdadera oposición; una moralmente ética, que realmente represente ciudadanos y no intereses; que tenga un ofrecimiento y que huela a tierra, a campo y a barrios; que se arme de los que no han sido incluidos por la 4T, o no se sienten parte de la 4T o simplemente no creen en la 4T. Qué bueno que venga una oposición real, ya, ahora mismo, en camino: se vale y es bueno que exista, por el bien de esta democracia. Que nazca genuinamente de recorrer los caminos y las veredas polvorosas.
Y no esa oposición, hecha de escombros; alimentada por el odio y el deseo de regresar al presupuesto. Esa oposición que no se organice nunca; que esté moralmente derrotada, inutilizada, fuera de quicio para siempre. Se lo tiene buen ganado.

3/27/2019

El abucheo y la oposición


Alejandro Páez Varela
El viernes le aplaudieron los banqueros; el sábado lo abuchearon en el beis; el domingo lo rodearon, con esperanza, las madres de desaparecidos. Foto: Gobierno de México
El sábado pasado, un grupo de personas abucheó a Andrés Manuel López Obrador en la inauguración de un estadio de beisbol. De acuerdo con algunos asistentes, eran una minoría porque antes, el estadio casi entero se puso de pie para recibirlo. Quizás la respuesta del Presidente no fue del todo correcta: llamó “fifís” a sus abucheadores. Y éstos se encendieron más.
El abucheo, por supuesto, fue usado por los tradicionales adversarios del Jefe de Estado para pasarlo como muestra “de lo que pasa en todo el país” y eso es, en una palabra, mentira. De hecho, la acogida que tiene AMLO entre la población es de lo más sorprendente. Incluso para los escépticos de oficio. Ayer estuvo con madres de desaparecidos, un sector agraviado por más de una década y por dos presidentes; le aplaudieron varias veces. Y un día antes del abucheo, el Presidente había estado con los banqueros y ellos, que son duros de roer, reconocían no sólo el liderazgo del dirigente de izquierda, sino que se atenían a él.
“Tradicionalmente, la banca mexicana ha sido introspectiva, se ha mirado mucho a sí misma”, dijo el presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM), Luis Niño de Rivera, a El País. “Hemos dejado de lado la tarea de la inclusión financiera y el crecimiento regional, pensando que eran temas de la Administración pública y no de la banca. [Pero] después [de las elecciones] del 1 de julio, el que no ponga atención en México a ese reclamo [social] va a encontrarse con sorpresas pronto. La banca está reaccionando porque es nuestra obligación: lo tenemos que hacer bien y rápido, y estamos preparados para hacerlo”.
–¿Tiene que ver la llegada de López Obrador a la Presidencia con este cambio de tono del sector financiero? –pregunta Ignacio Fariza, del diario español que fue, además, un opositor de AMLO durante la campaña.
–Sin duda –dijo Niño de Rivera–. La banca no puede ser ajena, ni aquí ni en ningún lugar del mundo, a lo que requiere el Gobierno: tenemos que responder al reclamo que hay en la sociedad.
Más adelante, una declaración que hace un año sería imposible: “Somos muy conscientes de las brechas que existen en nuestro país y compartimos con la nueva Administración puntos de vista sobre la necesidad de avanzar en estos temas tan delicados”, dijo el nuevo jefe de los banqueros. El reportero de El País agrega: “Lo más parecido a una declaración de intenciones para los nuevos tiempos políticos: borrón y cuenta nueva con el pasado”.
Y contra los que puedan decir que los banqueros se hincan si es necesario, por pragmatismo puro –y tienen razón–, están los mercados financieros para confirmar el amarre de AMLO con los dueños del capital: el dólar cerró el viernes en 19.0903 pesos, la inflación está controlada y la confianza del consumidor busca la cresta de su mejor repunte en años. El mercado bursátil no responde de la misma manera porque sufre con el mundo las amenazas de una recesión global por el pleito EU-China. El crecimiento que se reporta para el I TRIM 2019 no es el óptimo (sobre todo frente a la promesa de un 4 por ciento promediado en el año), pero los mismos banqueros, y hasta el Banco de México, advierten que la meta es posible.
Entiendo que la nota del abucheo sea usada por los adversarios de López Obrador para tratar de generalizar. Se equivocan y cierran los ojos. La nota no es el abucheo en este país: la nota es que el Presidente alcanza niveles de aceptación que no se veían en décadas, y lo que esto significa para una oposición diluida, descarriada y desacreditada. Más bien, la nota es que el líder de izquierda crece en aceptación y además, no tiene oposición. La oposición es apenas un puñado pobre que, a falta de causas, se toma el abucheo con cierta alegría.
La nota es que el PRD ya no es siquiera nota; que el PRI es un perro apaleado en un rincón y que el PAN es un ratoncillo nadando solo en una alberca de cien metros que no hace olas, y aún así amenaza con ahogarlo. Hace una semana, Marko Cortés lanzó una “alerta internacional”; dijo en un comunicado y en su cuenta de Twitter que “este gobierno autoritario pretende seguir los pasos de Venezuela y perpetuarse en el poder”. Y luego, que dizque “no lo vamos a permitir, por ello lanzamos una alerta a la comunidad internacional ante estos hechos”. De inmediato, AMLO le respondió firmando una carta de no reelección. Y la “alerta internacional” quedó como una hoja suelta en la alberca, junto al ratoncito.
La bitácora de los primeros cuatro meses de López Obrador en el Gobierno dice que la oposición partidista en México no ha tocado fondo ni el Presidente ha alcanzado su pico. Así lo dicen las encuestas, y cualquiera que sea medianamente inteligente lo puede advertir.
AMLO necesita contrapesos y el país necesita oposición. Es un hecho. Le hacen bien a él y por supuesto que le dan oxígeno a nuestra democracia. Se requiere una oposición validada, ciudadanizada, que no sea simplemente electoral y que tenga una razón de existir. Que sea inteligente y que sepa cuándo levantar la mano. Que ofrezca salidas y que, en un momento dado, sepa incluso cuándo sumarse en las causas que encabeza el Presidente, muchas de ellas justas y además la fuente de su popularidad. Se necesitan opositores sin rabia, sin amargura, sin cola que les pisen.
Se necesita, en resumen, algo que en este momento México simplemente no tiene. Les recuerdo que este país tuvo oposición: las Rosario Ibarra de Piedra, los Manuel J. Clouthier, los Heberto Castillo, los Cuauhtémoc Cárdenas, los López Obrador, los Carlos Castillo Peraza. Lo que queda son abucheadores de ocasión; bofos belaunzaranes; foxes, osorioschongues y demás cartuchos quemados. Quedan puros lanzadores de piedra que no le atinan ni siquiera a un charco. Mucho menos a un ganso. Y eso sí que da pena. Eso sí es nota.

2/12/2019

La polaroid


Alejandro Páez Varela
El Presidente, ayer, en Morelos. Quizás de los pocos actos difíciles para él desde que llegó Palacio Nacional, por las protestas. Alguien no notará que él no construyó esa Termoeléctrica. Foto: Cuartoscuro
Alguien puede ver hacia México y decir: “El nuevo Presidente ha obtenido un poder casi absoluto”. Y puede señalar las encuestas para fundamentarlo: el 86 por ciento de los mexicanos lo aprueba, y es una cifra inédita para el propio Andrés Manuel López Obrador, e histórica si se compara con otros mandatarios en un mismo momento de sus respectivas gestiones. Con la información disponible dirá que no tiene contrapesos y que las organizaciones civiles, los partidos, los medios e incluso otros Poderes de la Unión quedaron avasallados por el político de izquierda.
Ese alguien, que puede ser cualquiera, verá desde afuera y tratará de explicarse de muchas maneras el fenómeno AMLO. ¿Compra de voluntades?, se preguntará. Esa es la primera respuesta que se aplica a los políticos que, como el Presidente de México, tienen poder sobre las clases populares. Se les llama “populistas”. Y la compra de voluntades es histórica en México: así gobernó el PRI durante casi un siglo. Pues, bueno, por allí encontrará, en estos momentos, poco. El Presidente no le ha soltado un solo peso a la prensa, que suele tirarse a los pies del mandatario en turno; y los programas de asistencia apenas empezaron a gotear.
Entonces hurgará en Google en busca de datos y hallará la última encuesta, que es de El Financiero. ¿Qué le ha dado tal bono? Un conjunto de factores, pero sobre todo haberse remangado la camisa y haberle entrado al saqueo de Pemex, que se disparó con Felipe Calderón y con Enrique Peña Nieto a niveles vergonzosos. Es más, hasta el tema más polémico, la respuesta de México ante la crisis de Venezuela, le da bonos al Presidente; una mayoría está a su favor.
El tal alguien, que ve hacia México, pensará que son sólo las acciones del Presidente las que le han dado tal presencia –como digo– histórica entre los ciudadanos, y podrá pensar que todavía podría acumular más puntos de aprobación. En esto último, tendrá razón: falta que bajen bien los apoyos directos, y eso siempre se lo agradecerán los millones que lo recibirán. Pero en lo primero se equivoca. Porque no sólo son las acciones de AMLO las que operan a favor de su Gobierno, el primero de izquierda en México; un Gobierno que definirá el futuro de la Nación y que pretende repetir lo que ha logrado la izquierda en la capital mexicana: ha ganado elección tras elección desde 1997, es decir, desde hace casi 22 años.
***
Como ese alguien ve desde afuera, se le dificultará ver lo que realmente pasa adentro. Sólo podrá hacer un corte de lo que ve. Pero una polaroid no describe lo que hay detrás. Se ve el pastel y el niño riendo, en esa foto, y no se ve que días antes sufría una influenza bárbara; se ven las canas del viejo que aplaude, o los padres que sonríen, y no se ve, en la foto, que cada arruga tuvo un costo y que incluso el pastel, tan colorido siempre, no parecía tan buena idea en un mundo en el que cada nos damos cuenta de qué tan dañinas son los azúcares y las harinas refinadas. Ese alguien verá una imagen plana. No explica el camino que todos sus protagonistas siguieron hasta llegar allí.
No verá, por ejemplo, la tragedia que acabamos de vivir los mexicanos con Peña Nieto en el poder; cómo sus propias ambiciones y las ambiciones de un grupo perverso llevó a México a cifras históricas de muertos, a niveles históricos de deuda, a una degradación histórica del salario y a niveles de desigualdad y (consecuente) pobreza que no se explica si hay tantos ciudadanos que, a su vez, escalaron a la lista Forbes de los más ricos. No verá, ese alguien, el engaño que sufrieron las mayorías con Vicente Fox, su traición a la democracia, las patadas que le puso a la confianza que se le depositó como primer Presidente de la transición. No verá, en esa polaroid, cómo la corrupción en estos 18 años se generalizó y el saqueo llegó a niveles vergonzosos. No verá que sufrimos una guerra terrible, con cientos de miles de muertos, con decenas de miles de desaparecidos y secuestrados porque un día, de la nada, por razones políticas, a Felipe Calderón se le ocurrió lanzar una guerra contra las drogas sin estar preparado.
Ese alguien tampoco verá que en los años previos los partidos se convirtieron en una burla, hediondos, corrompidos. Que cargamos con nuestros impuestos y nuestra riqueza, durante décadas, a gente como Elba Esther Gordillo o Carlos Romero Deschamps, símbolos de lo más podrido, resumen del abuso de poder. Eso no se ve en la foto porque no sale. El tal alguien verá, simplemente, un 86 por ciento de aceptación, buscando explicaciones. Pero allí no hay explicaciones. Allí hay consecuencias de años y años de saqueo; de años y años de traición; de años y años acumulados de pueblos aplastados, olvidados, ignorados.
Años y años de prensa corrupta y adicta a los dineros públicos; años y años de periodistas que ocultaron la verdad, cínicamente; años y años de partidos prostitutos que sirvieron para servirle la mesa a unos cuantos; años y años de organizaciones de la sociedad civil que se tomaron la foto con el Presidente en turno y le prendieron velitas de pastel. Años y años de gobernadores ladrones e impunes; años y años de intelectuales cocinando en la misma olla y con la misma manteca de los individuos en el poder.
Alguien puede ver hacia México y decir que el nuevo Presidente no tiene contrapesos y que muchos quedaron avasallados por el político de izquierda. Lo que ese alguien no verá, porque la polaroid no lo muestra, es que a casi ningún mexicano le dan pena todos esos que han sido desplazados. No digo que la falta de contrapesos esté bien: digo, simplemente, que todos esos que pudieron servir de contrapeso quedaron descalificados por su propio pie, por sus propias acciones, por su propio peso. Pero ese alguien no lo ve: la foto del momento no da para tanto.