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12/10/2017

Renegociando el TLCAN


Miguel Concha

La Comisión de Pastoral Social del Episcopado Católico Mexicano y los Comités de Justicia Nacional y Desarrollo Humano, y de Justicia y Paz Internacional, de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos dieron a conocer un documento en el que, con mirada de pastores, no de técnicos, establecen una serie de criterios que, más allá de sus impactos económicos, deben ser tomados en cuenta en la evaluación de cualquier tratado comercial. Entre éstos señalan la no profundización de las pobrezas y las medidas de compensación para quienes resultaran afectados; las condiciones que impulsan a la gente a dejar sus tierras de origen; la protección dentro y fuera del propio país de los derechos de los trabajadores; la salud de las comunidades y el cuidado del medio ambiente; la salvaguardia del patrimonio de las comunidades indígenas originarias, y el trato justo en los acuerdos comerciales de sus conocimientos tradicionales y recursos naturales; la necesidad de políticas compensatorias para promover los sistemas alimentarios de producción, distribución y consumo sociales en el sector agrícola de México, así como la protección a quienes viven en zonas rurales en Estados Unidos, y, por fin, la función social de los derechos de propiedad intelectual, en especial los relativos al acceso de los pobres a los medicamentos y alimentos, y el reconocimiento intelectual, económico y político de sus conocimientos comunitarios.
Ante la incertidumbre de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América de Norte (TLCAN), los obispos expresan de arranque y con sentido evangélico que, independientemente de si se llega o no a una renegociación exitosa, los tres gobiernos (México, Estados Unidos y Canadá) deben procurar decididamente una relación mutuamente respetuosa, justa y solidaria, especialmente para los más pobres de nuestros países. Y recuerdan que de conformidad con la enseñanza social del magisterio pontificio y episcopal católico, los criterios éticos tendrían que orientar las relaciones económicas internacionales. Vale decir, la persecución del bien común y el destino universal de los bienes de la tierra para uso de todas las personas; la equidad en las relaciones comerciales, y la atención a los derechos y necesidades de los más pobres en la cooperación internacional y en las políticas comerciales.
En congruencia con esto, los obispos consideran acertadamente que los acuerdos comerciales trascienden el ámbito económico, y que por ello deben ser evaluados en relación con los efectos que produzcan sobre los pueblos, las regiones y el medio ambiente en los países afectados. “La iglesia –asientan– cree que el comercio debe beneficiar en primer lugar a las personas, además de los mercados y las economías”. Y con lucidez aseveran que es crucial que todos estos acuerdos, complejos y multifacéticos, deben surgir de un sólido marco jurídico que proteja el bien común y a los más vulnerables.
Por ello insisten en que los tratados, como todas las políticas económicas y comerciales, deben ser diseñados y valorados desde la perspectiva del respeto de los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales, tanto a nivel individual, familiar, comunitario, así como de las naciones y de los pueblos. De no ser así, y si no se adoptan políticas económicas y sociales compensatorias que mitiguen o contrarresten sus efectos negativos –advierten con razón–, se fomentarán, como ha sido el proceso hasta ahora, mayores desigualdades entre regiones y grupos, desplazamientos forzados, migraciones desordenadas, involuntarias e inseguras, y las diversas formas de violencia.
Por ello también insisten en que los acuerdos deben fortalecer el respeto de los derechos humanos, principalmente los laborales, pero también todos los sociales, culturales y ambientales, así como la seguridad humana de las comunidades a ambos lados de la frontera. Y frente a las negociaciones cupulares y opacas que como hemos visto se acostumbran en este tipo de acuerdos, los obispos defienden el derecho a participar en sus negociaciones y evaluaciones de desempeño posteriores; los derechos de los pobres; los de los pueblos originarios; los de los trabajadores; las comunidades y el cuidado de la creación, y ofrecen su disponibilidad para compartir sus perspectivas y asegurar que las políticas se basen en esos criterios. Al hablar del criterio de los pobres, los obispos expresan que no se puede volver a abandonar a los pobres; y con relación a la migración afirman que es un fenómeno multinacional y multidimensional, y que como tal debe tratarse.
Por lo que, entre otras cosas, ambos países tienen que atender las condiciones económicas de las familias pobres de México y de Estados Unidos, especialmente los pequeños productores agrícolas, los servicios de baja productividad, y el creciente desplazamiento impulsado por la inseguridad y el cambio. Y teniendo en cuenta la situación de los trabajadores en el modelo industrial maquilador prevaleciente en el país, es importante también subrayar lo que dicen acerca de que es fundamental prestar especial atención a condiciones de trabajo seguras, horas de trabajo razonables, tiempo libre, salarios familiares suficientes para la vida y otros beneficios sociales reconocidos, e impedir el trabajo infantil. Así como el enfoque crítico económico y político actual, que prioriza el cuidado del medio ambiente y la salud de las comunidades, cuando hablan del vínculo esencial entre la preservación del medio ambiente y el desarrollo humano sostenible. Destaco igualmente su afirmación de que para la Iglesia los derechos de propiedad intelectual se ubican dentro del marco más amplio del bien común, y que estos derechos deben ser equilibrados con las necesidades de los pobres.

7/29/2017

México: Atlas de Género, plataforma informativa de estadística


Reúne 85 indicadores, sobre 10 temas, con lo que se hacen visibles las desigualdades y brechas de género, además de identificar estas diferencias según la ubicación geográfica

Cd. de México, 27 jul. 17. AmecoPress/SemMéxico. El Senado de la República mexicana a través de su Unidad de Género, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) y ONU Mujeres presentaron el Atlas de Género, plataforma informática de estadística que reúne indicadores demográficos con perspectiva de género y que servirá para el trabajo legislativo cotidiano.

En el evento que se llevó a cabo en la casona de Xiconténcatl participaron las senadoras Diva Hadamira Gastélum Bajo y Angélica de la Peña Gómez; Paloma Merodio Gómez, vicepresidenta de la Junta de Gobierno del INEGI; Lorena Cruz Sánchez, presidenta del INMUJERES, Juliette Bonnafé, responsable del Programa de ONU Mujeres en México, y María Eugenia Gómez Luna, directora General Adjunta de Asistencia Técnica al Subsistema Nacional de Información Económica.

Al destacar que la información estadística es una de las herramientas necesarias para impulsar el cumplimiento de la agenda de género, Cruz Sánchez informó que el Atlas de Género es un esfuerzo interinstitucional del INEGI y el INMUJERES, con la participación de ONU Mujeres y la División de Asuntos de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La información del Atlas de Género reúne 85 indicadores, sobre 10 temas, con lo que se hacen visibles las desigualdades y brechas de género, además de identificar estas diferencias según la ubicación geográfica, pues se analiza cada estado del país.

Con dicha información se puede orientar el desarrollo, planear, mejorar, modificar, dar seguimiento y evaluar, tanto políticas públicas, como acciones legislativas e impulsar la toma de decisiones enfocadas en la igualdad sustantiva de género para mejorar las condiciones de vida de las mujeres y niñas en México, destacó María Eugenia Gómez Luna.

Así, el Atlas muestra mapas que dan cuenta de las desigualdades entre mujeres y hombres, sobre los temas de: población, educación, salud, trabajo, uso del tiempo, emprendimiento, pobreza, toma de decisiones, población indígena y afrodescendiente, y violencia contra las mujeres, todos relacionados con los derechos humanos.

Por ejemplo, en el ámbito laboral indica que a nivel nacional 59,6 por ciento de las mujeres están ocupadas en el sector informal, mientras que el 57,3 por ciento de los hombres están en el mismo sector, es decir, que las mujeres se ocupan más en el sector informal, destacó Paloma Merodio Gómez.

Otro de los resultados señala que las mujeres a nivel nacional trabajan más, ya que al sumar las horas de trabajo remunerado y no remunerado en promedio registran 3.032 horas, en comparación con los hombres que registran 2.500 horas, según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, 2014.

Además, el Atlas visualiza que para 2015, 14 estados de la República contaban ya con una representación de mujeres en sus congresos locales igual o mayor al 50 por ciento, y que a nivel municipal sólo dos estados alcanzaban poco más del 40 por ciento de mujeres como presidentas municipales, en comparación con 19 estados donde más del 90 por ciento de sus municipios estaban encabezados por un hombre.

María Eugenia Gómez adelantó que los indicadores del Atlas de Género serán actualizados, ya que en agosto próximo el INEGI dará a conocer los resultados de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), 2016.

A su vez, la presidenta del INMUJERES recordó que la ENDIREH se levantará de manera regular cada cinco años, debido a que la Junta de Gobierno del INEGI la consideró como Información de Interés Nacional, en 2015.

Desde la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en México en 1975 y la Cuarta Conferencia Internacional de la Mujer, Beijing 1995, se puso de manifiesto que la falta de estadísticas y datos desagregados por sexo era parte de los obstáculos que impiden cambiar la vida de las mujeres y niñas; por ello con el Atlas de Género se cumple con el mandato de estas conferencias internacionales de derechos humanos, subrayaron las senadoras Diva Hadamira Gastélum Bajo y Angélica de la Peña Gómez.

(Se adjunta documento)

Foto: SemMéxico. 
Documentos adjuntos