Mostrando las entradas con la etiqueta ecofeminismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ecofeminismo. Mostrar todas las entradas

4/26/2025

Kit de supervivencia ecofeminista

 Por Salomé Preciado Diez

 

Fuentes: El salto [Imagen: foto tomada en Gah Baka, Benín Salomé Preciado Diez]

Nuestra compañera Salomé Preciado reflexiona sobre cuál es el verdadero kit de supervivencia que necesitamos para afrontar los tiempos que vivimos.

Escribo estas líneas desde la perspectiva y la distancia, tanto física como emocional, que me permite hacerlo estando en tierras africanas. Me ha traído hasta aquí la propuesta por participar en un proyecto de prevención de la malnutrición en la infancia en calidad de enfermera y la inquietud por conocer otras formas de ser y estar en el mundo.

Salir de la rutina y de los espacios de seguridad siempre me supone un reto, aunque haya sido una decisión tomada con libertad. Sin embargo, no dejo de ser consciente de que mi condición de mujer europea apela a la blanquitud que me habita y a los privilegios que me atraviesan. Y es desde esa posición desde la cual me acerco a esta experiencia.

Por poner contexto esta reflexión en forma de relato, os contaré que mi compañera y yo estamos alojadas en una humilde casa con electricidad y agua (aunque los cortes de suministro sean tan continuos como impredecibles) amueblada con apenas una mesa con cuatro sillas y dos camas con colchón. Aún así sentimos que contamos con lo necesario para disfrutar de cierto confort en un contexto como este. Tal es la situación de adaptación al medio que el día que nos trajeron dos ventiladores – nuestro móvil nos decía que estábamos a 36 grados con sensación térmica de 42- , casi lloramos de la alegría.

A pesar de o como causa de ese calor, durante las últimas tres tardes consecutivas hemos vivido tormentas tropicales que, si bien no son las primeras que vivencio, sí han sido las que más han llegado a preocuparme por su violencia en forma de vientos semihuracanados y granizos del tamaño de canicas.

El kit de supervivencia de la UE

Mientras estábamos resguardadas al calor de nuestro hogar y a la luz de unas velas de citronela antimosquitos, nos venía a la mente el recuerdo velado sobre el kit de supervivencia recomendado por la UE en caso de guerra o desastre natural hace unas semanas. Según declaraciones, gracias a ese kit podríamos contar con una serie de elementos para poder subsistir durante al menos setenta y dos horas sin necesidad de “ayuda exterior”, contando con la mayor autonomía posible. Mi compañera y yo, con mentalidad decolonial, fantaseábamos con que esa ayuda del exterior pudiera llegar de países africanos o latinoamericanos, con la esperanza de que se entendiera de una vez que la interdependencia no opera únicamente dentro de nuestras fronteras y nuestros estados-fortaleza.

Recuerdo que, cuando escuché la noticia sobre ese famoso kit en la televisión de mi madre, me saltaron todas las alarmas. De inmediato sentí que se proponía, una vez más, una “solución” individual a un problema claramente global. Así que, mientras caían granizos como puños sobre el tejado de uralita, provocando un ruido ensordecedor, pensábamos en las estrategias de supervivencia que nos estaba mostrando el pueblo africano, en particular sus mujeres.

Hemos visto cómo son ellas las que preparan las semillas que después se convertirán, primero en harina y luego en nutritiva papilla. Son ellas las que saben disponer de un buen fuego para sus ollas, colocadas sobre unas grandes piedras que primeramente han colocado en un sitio estratégico sobre el suelo, con la madera que previamente han seleccionado y almacenado cuidadosamente. Son ellas las que generan la fuerza necesaria con sus cuerpos para extraer el agua de las fuentes o pozos a unos quince metro de profundidad y luego la acarrean con baldes metálicos en sus cabezas durante varios metros hasta sus casas. Un agua que es fundamental para lavar, limpiar, cocinar. Esencial para sostener las vidas.

Y todo ello lo hacen en comunidad, junto a otras mujeres, mientras portean, amamantan, atienden y alimentan a sus criaturas. Y charlotean entre ellas, y ríen y cantan animadas melodías, si se da el caso.

Aprovechamos nuestra estancia en aldeas más apartadas para integrarnos cual antropólogas inocentes entre las mujeres y su día a día. No compartimos idioma pero encontramos la manera de comunicarnos. Saben que estamos allí para compartir nuestros conocimientos como sanitarias y así poder ayudar al mejor desarrollo de sus hijas e hijos. Nosotras sabemos que estamos aquí para entender cómo las políticas internacionales impactan sobre las vidas humanas.

A la pregunta de “dónde están o qué hacen los hombres” nos responden “que ellos trabajan en otras cosas”, aunque en ciertos contextos sus tareas son bastante invisibles a nuestros ojos. Probablemente se encuentren en otros espacios menos domésticos, cotidianos o accesibles para nosotras como mujeres. Lo que no podemos obviar es que ellas conocen perfectamente los bienes naturales a su alcance en su entorno y los ponen al servicio de las tareas de reproducción de la vida social.

Nuestro kit

Así que con varias anotaciones en nuestros cuadernos y muchas imágenes coloridas registradas en nuestras retinas intentamos dar forma a nuestras reflexiones, con la intención de extraer aquellas lecciones que puedan sernos útiles en nuestras propias formas habitar el mundo.

Y con esos elementos nos proponemos ir conformando nuestro kit. O nuestra mochila, bolsa o zurrón, según preferencias personales y localismos varios. En él meteremos todo aquello que queremos y reivindicamos para nosotras pero también para el conjunto de la sociedad. Esa mochila deberá estar cargada de conocimientos útiles para poder compartir, de saberes populares y situados. Probablemente llevemos impresa una copia del manual de Técnicas humildes para el decrecimiento de nuestras compañeras y compañeros de Ecologistas en Acción. Si se avecina un apagón generalizado, puede que nos sea de gran utilidad. Sin duda tendremos identificadas de antemano tantos las necesidades esenciales propias como aquellas de nuestras vecinas y de las personas que viven en nuestro entorno más próximo. Para ello habremos ido entretejido redes de confianza y resistencia colectiva por lo que, a esas alturas de la catástrofe de turno que pueda llegar, sabremos cuales son las mejores formas de satisfacerlas con los medios con los que disponemos a nuestro alcance.

En esa mochila habrá cabida para un mapa o croquis gracias al cual saber encontrar las fuentes de agua potable más cercanas pero también los refugios a los cuales acudir en caso de gravedad. Porque esos espacios serán, antes que posibles refugios climáticos o antibombas, centros sociales, autogestionados y de uso colectivo. Y en ese plano no faltarán tampoco señalados las personas y contactos a los cuales podremos acudir para compartir nuestros alimentos, que serán además con quienes podremos cocinar en un gran puchero colaborativo. Habrá personas que sepan como cultivar alimentos en terrenos inhóspitos e incluso habremos podido reflexionar de manera conjunta y sosegada sobre la necesidad ejercer una soberanía alimentaria bajo los principios de justicia y redistribución.

Yo ofreceré mi contacto para formar parte de esa lista previamente confeccionada, poniendo al servicio mis conocimientos como sanitaria para quien pueda necesitarlos. Y a su vez me propondré para servir de “medio de comunicación analógico”. En mi mochila no faltarán una libreta y un bolígrafo, para llevar mensajes entre personas o dejar notas útiles en uno u otro lado.

Con todo ello, y con el aporte de cada persona con la que me encuentre y así lo considere, iremos formado nuestro kit de supervivencia. Una vivencia y supervivencia basada en las relaciones de calidad, de reciprocidad, de confianza, de cuidados y apoyo mutuo. Un kit donde además, si la situación lo permite, tenga cabida la alegría, el disfrute y sin lugar a dudas, la dignidad de todas las personas.

Salomé Preciado Diez. Área de Ecofeminismo, Ecologistas en Acción

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/saltamontes/kit-supervivencia-ecofeminista

3/22/2025

#8M2025: ni la Tierra ni nuestros cuerpos son territorio de conquista

 Manifiesto de Ecologistas en Acción #8M2025

Fuentes: https://www.ecologistasenaccion.org

Como cada año, celebramos el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, destacando y visibilizando la lucha y la reivindicación de los derechos de las mujeres y otras disidencias —personas con subjetividades que desafían los mandatos de género establecidos— para que podamos vivir una vida plena, de autonomía, justicia social y libertad en armonía con el planeta.


ivimos tiempos de grandes desafíos. Mientras la agenda internacional está protagonizada por el genocidio del pueblo palestino; por las medidas del presidente de EE.UU., Donald Trump; la devastadora guerra por el control de los recursos en la República Democrática del Congo —cuyo origen se remonta al expolio durante la colonia—; la persecución de pueblos originarios —como el pueblo mapuche— y el avance de la ultraderecha —que pone en el punto de mira a las personas migrantes y habitantes del Sur global, mujeres o personas LGTBIQ+— en nuestro territorio también vivimos momentos convulsos.

Muchas organizaciones, entre ellas Ecologistas en Acción, hemos denunciado los discursos de odio, la violencia racista y la islamofobia, así como las condiciones de explotación laboral —especialmente de personas migrantes— que se suman a las denuncias de algunos colectivos por agresiones sexuales y explotación sexual.  También nos han sacudido las noticias de agresiones sexuales en diferentes ámbitos, desde la política y el deporte, incluidos nuestros propios entornos activistas.

Frente a todo ello, lejos de paralizarnos, actuamos. Sabemos que el feminismo ha sido capaz de librar verdaderas revoluciones desde la desobediencia civil, la acción pacífica, el internacionalismo, la sororidad y el trabajo en red. Estamos comprometidas con el movimiento feminista, autónomo y diverso, por la equidad y contra la discriminación por razones de género, identidad y orientación sexual.

Por eso, este 8 de marzo de 2025 Ecologistas en Acción nos reafirmamos como ecofeministas haciendo nuestro el lema de las compañeras del Sur global: “Ni la tierra ni nuestros cuerpos son territorio de conquista”. Con esta idea compartida queremos decir:

Que nuestro territorio está conformado por el espacio físico y simbólico en el que desarrollamos nuestras vidas en relación con el resto de personas y del mundo vivo; y que nuestro primer territorio habitado es nuestro propio cuerpo. Por ello exigimos que sea tratado con respeto y dignidad. Ni los cuerpos de las mujeres ni los territorios son propiedad exclusiva de nadie, sino espacios de autonomía, de creación y cuidado de vida, de lucha y de reivindicación.

Que las relaciones de opresión sobre la naturaleza tienen la misma raíz que la opresión contra las mujeres. Sabemos que el sistema neoliberal se sustenta en guerras extractivistas; que el capitalismo y el patriarcado son depredadores, cuyo fin es apropiarse de los recursos naturales menguantes del planeta y aniquilar las formas de vida y culturas locales en el Sur y en el Norte globales; y que oculta sistemáticamente los espacios y a las personas que sostienen la vida, despoja a los pueblos, destruye territorios y criminaliza las resistencias

También sabemos que la violencia contra las mujeres es universal: ocurre en todos los territorios habitados y es la violencia más extendida en todas las sociedades, a pesar de que desempeñamos los trabajos de sustento y cuidado de la humanidad y del resto del mundo vivo, aunque no siempre es una opción elegida.

Por ello, CAMINAMOS con la certeza de saber que las violencias que el patriarcado ejerce contra nosotras no serán un obstáculo para frenar nuestra rebeldía y nuestra resistencia feminista.

Defendemos la alegre rebeldía, y con ella este 8 de marzo:

REIVINDICAMOS más ecofeminismos porque ninguna vida vale menos que otra.

MANIFESTAMOS nuestro compromiso con la igualdad y los derechos humanos de las mujeres diversas y las disidencias.

REITERAMOS que solo desde una mirada ecofeminista podemos acabar con el sistema capitalista y patriarcal.

MANIFESTAMOS nuestra solidaridad con todas las mujeres de todos los colectivos y entidades.

INVITAMOS a seguir luchando para conseguir organizaciones libres de cualquier violencia o discriminación.

APOYAMOS a las víctimas de agresiones sexuales y de violencia contra las mujeres, que somos casi todas y, especialmente, a las mujeres a las que estas agresiones han acabado condicionando la vida y a las que ni siquiera pueden denunciar la violencia sufrida.

RECLAMAMOS bajo estas premisas y en coherencia con los principios ideológicos de Ecologistas en Acción, la igualdad de derechos para todas las personas.

Este 8M también queremos RECORDAR que:

  • Las organizaciones sociales son fruto y reflejo de las sociedades donde se crean; sociedades sustentadas en estructuras, legislaciones, códigos de conducta y costumbres que se han construido y se construyen desde el patriarcado.
  • La cultura y los comportamientos machistas se siguen (re)produciendo, a pesar de siglos de lucha feminista. Se cuela en nuestra manera de pensar, de actuar y de relacionarnos. La violencia organizativa es una expresión más del sistema en el que hemos sido socializadas y en el que vivimos; una violencia que discrimina y abusa de las mujeres y se manifiesta de variadas formas y en todos los ámbitos. Probablemente, ninguna organización se libre. La nuestra tampoco.

Ecologistas en Acción es una entidad horizontal, con mucha trayectoria de trabajo contra las dinámicas y la desigual distribución del poder. Las mujeres, y también muchos hombres, estamos vigilantes para que nuestra organización no se deteriore por dinámicas patriarcales adoptando actitudes proactivas ante ellas para identificarlas, no consentirlas y erradicarlas en última instancia.

En todo este contexto global y local, complejo e incierto, las miradas ecofeministas son un lugar diferente desde el que mirar. Un lugar que sitúa las vidas dignas de todas las personas como una prioridad de un contexto natural, que compartimos con el resto de seres vivos, y que se encuentran en un momento de contracción y cambio. Los ecofeminismos aportan análisis y propuestas imprescindibles para que esta prioridad pueda materializarse.

Este 8M, invitamos a las personas feministas y ecofeministas del Estado español a celebrar juntas nuestros derechos en el Día Internacional de las Mujeres.


Fuente: https://www.ecologistasenaccion.org/333836/

4/15/2023

«El ecofeminismo tiene que ser antifascista»

 Entrevista a Vandana Shiva

Fuentes: El Salto [Foto: David F. Sabadell]

Vandana Shiva (Dehradun, India, 1952) participó en la conferencia Crisis climática, ecofeminismo y bienestar animal del Encuentro Internacional Feminista organizado por el Ministerio de Igualdad el 25 de febrero. En esta entrevista, realizada ese día, llam la atención sobre algo: es la única mesa prevista en este encuentro para hablar sobre ecología y feminismo, aunque hay más de cien ponentes.

Física, filósofa y escritora, en 1982 creó la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica para proteger la biodiversidad y, en concreto, las semillas, ante las prácticas expansivas y privatizadoras de Monsanto —corporación que impone sus semillas modificadas genéticamente—. La revista Time la ha definido como una “heroína medioambiental” y es autora de numerosos libros de referencia en el ecofeminismo, entre ellos ¿Quién alimenta realmente al mundo? (Capitán Swing, 2018). La ovación que recibe en el auditorio, absolutamente lleno, es una pequeña muestra de su influencia.

En su intervención ha planteado grandes desafíos y, al mismo tiempo, ha hablado de cosas muy pequeñas, como los microbios. ¿Cómo pueden los microbios ayudarnos a dejar de destruir el planeta?

Hay una cosmovisión mecanicista que va de la mano con la teoría de los gérmenes de que cada microbio es una cosa peligrosa que nos va a atacar. Incluso durante la época del covid, muchos científicos han hablado de cómo teníamos que acabar con los virus. Pero somos virus en un 90%, somos microbios andantes y biomas andantes.

¿Cómo pueden ayudarnos los microbios? En primer lugar, pueden hacernos más humildes al ayudarnos a recordar que son los seres más antiguos de este planeta, más que las plantas. En segundo lugar, pueden ayudarnos regenerando la idea de los ciclos. Porque lo que hizo el colonialismo con el extractivismo, con el industrialismo, es acelerar la idea de que las materias primas se extraen de la tierra. La cosmovisión mecanicista ha creado una linealidad y un reduccionismo del pensamiento. Incluso ahora, muchos de los movimientos están equivocados porque de alguna manera piensan que se pueden separar las plantas de los animales y los microbios de las plantas… Y nadie defiende a los microbios…

Bueno, usted sí… 

¡No se dan cuenta de que la vida es un ciclo! Cuando nuestra vida se acabe, seremos alimento para los microbios. Podemos aprender de los microbios la humildad, a deshacernos de la arrogancia antropocéntrica y darnos cuenta de que la pequeñez en realidad es una fuente de poder.

Otras cosas pequeñas que son muy importante en su carrera son las semillas. ¿Confía en las lecciones que puedan darnos las semillas?

Confío en las semillas después de pasar casi cuatro décadas con ellas. Yo no sabía nada de semillas cuando empecé, tuve que aprenderlo todo. Empecé porque la industria que nos trajo los productos químicos, los pesticidas, en una reunión celebrada en 1987, dijo muy claramente que la razón principal por la que tenemos que hacer ingeniería genética es para poder obtener patentes de semillas. Y la razón principal por la que necesitamos un tratado internacional era impedir que los agricultores guarden semillas para que todas las semillas queden en monopolio.

Lo expusieron y dije que la idea de que todas las semillas les pertenecieran es obra del imperialismo. Imagina lo que les pasará a los campesinos si tienen que comprar semillas todos los años: se endeudarán más. Puedo imaginarme incluso que se suicidarían y, de hecho, es una de las razones de los suicidios de granjeros en la India: 400.000 agricultores se han suicidado y la razón principal es la deuda por productos químicos y semillas. El 85% de los suicidios se producen en la zona algodonera y el 95% del algodón está controlado por Monsanto y por una empresa de algodón.

Entonces, ¿qué nos pueden enseñar las semillas? Las semillas pueden enseñarnos la renovación, la regeneración. Todo el mundo habla de regeneración pero, si tú quieres aprender la regeneración, aprende de la semilla. Si tomas una pequeña semilla, obtendrás una nueva generación. Pero no solo te da otra: te da cien, mil, 100.000 semillas. Por lo tanto, las semillas pueden enseñarnos cómo superar la falsa construcción patriarcal de la escasez y te enseñan la abundancia. Y la tercera cosa que nos enseñan las semillas es que una semilla se convierte en planta, pero la próxima generación de semillas la producen los polinizadores: el crecimiento de la planta es una combinación del trabajo de los organismos del suelo y el sol. Así que las semillas también pueden enseñarnos a cooperar.

Lamento llevarla a otros escenarios, como la guerra en Ucrania. Esta guerra ha demostrado a los europeos los límites de nuestros recursos. Hemos aprendido que los recursos no están disponibles todo el tiempo para nosotros. ¿Cree que esa es la lección que el norte global necesita aprender? 

Pienso dos cosas sobre la guerra en Ucrania y es que, en realidad, se trata de una crisis de la democracia. Y la crisis comenzó en 2014, cuando el gobierno electo fue derrocado por la interferencia de los Estados Unidos. Eso también llevó a la guerra ya en grandes partes de Ucrania, en las partes orientales. Se está librando una guerra donde muere gente todos los días.

Otra cosa que ya estaba clara, incluso antes de que Rusia invadiera Ucrania hace un año, es el hecho de que ya se estaban apoderando de sus recursos. La mitad de las tierras de cultivo de Ucrania han sido ocupadas por empresas respaldadas por Estados Unidos. Ucrania fue el primero de los países de Europa del Este en ser presionada a cambiar sus políticas agrícolas.

Vandana Shiva 2
Foto: Vandana Shiva en el Encuentro Internacional Feminista. Elvira Megías

Así que creo que, en primer lugar, Europa necesita entender su relación con el resto del mundo. Y en segundo lugar, están los límites de los recursos, que en Europa siempre son superados yendo a otros países. La colonización es una colonización europea, primero de España y luego de Inglaterra, que en realidad se produjo para obtener recursos. Se apoderaron de todas nuestras tierras, se apoderaron de todos nuestros bosques. Y hubo una ocupación continua de las semillas, de la biodiversidad, del agua. Esta colonización tiene que ver con la guerra de Ucrania en el sentido de que existe una economía global basada en la especulación, en el crecimiento ilimitado, en la financiarización. Y, si los precios del petróleo han subido, no es por la guerra de Ucrania sino porque las compañías petroleras están extrayendo más ganancias de la gente. Si los precios de los fertilizantes han subido, es por la misma razón. Y lo mismo con los alimentos. Se culpa mucho a la guerra de cosas que tiene que ver con la economía global.

Muchas mujeres han valorado estos días en el encuentro las políticas públicas feministas que están implementando en sus países. Hemos visto a figuras muy destacadas de Argentina o, por supuesto, de España hablar sobre cómo están implementando estas políticas feministas públicas. ¿Cree que estas políticas son políticas ecofeministas?

Las políticas que se han discutido en la conferencia han sido principalmente políticas sobre el trabajo de las mujeres. Las mujeres trabajan y cuidan, y son políticas importantes porque el capitalismo siempre se ha basado en extraer el trabajo gratuito de las mujeres, que es lo que sustenta todo el edificio. Hoy en día, la economía globalizada extrae cada vez más de los trabajadores, por supuesto, pero sobre todo de las mujeres. Cuando realicé estudios sobre el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y nos organizamos en todo el Sur cuando se impusieron los programas de ajuste estructural, las mujeres tenían que trabajar para conseguir empleos en el marco del ajuste estructural solo para mantener a sus familias en pie. En una buena economía, un trabajo es suficiente. Pero cuando todo se derrumba y a los agricultores no se les paga lo suficiente, necesitas tener más y más trabajo.

Por lo tanto, ante la codicia globalizada y la falta de responsabilidad por parte de las empresas, el resultado es una carga cada vez mayor sobre las mujeres. Incorporar este tema a las políticas públicas empieza a dar resultado. Transfiere la carga de las mujeres al sistema público.

Se ha hablado mucho estos días de la institucionalización del feminismo. ¿Qué ocurre cuando el feminismo entra a la institución? ¿Se lleva bien con ese feminismo con los feminismos desde la base?

Por lo que observo en términos de las personas que hoy están en las instituciones en España, son personas que antes formaban parte del movimiento. Son activistas que hoy ocupan puestos ministeriales. El poder proviene de los movimientos y el día en que las instituciones olviden que la sociedad es lo primero y que las instituciones secundarias, ese día las instituciones se convertirán en sistemas opresivos y no liberadores.

Sus compañeras de ponencia han explicado cómo la explotación de la tierra está relacionada con la violencia contra las mujeres. ¿Es el ecofeminismo una propuesta para acabar con la violencia contra las mujeres?

La violencia contra las mujeres se debe al hecho de que algunos patriarcas quieren ser dueños de la tierra y quieren apoderarse de la tierra y los territorios. Muchas oradoras han dicho: se trata de nuestra tierra y nuestra vida. Que las mujeres defienden la tierra y la vida es evidente si nos fijamos en la literatura sobre feminicidios. Ante el hecho de que se está produciendo un ecocidio, las mujeres se ponen de pie. La violencia contra las mujeres y la violencia contra la tierra están interconectadas y la paz con la tierra y la paz y la sociedad están interconectadas.

Usted ha explicado que hay varios trucos fundacionales del patriarcado. Uno es que la mujer es el “segundo sexo”.

Sí. Y la otra parte del truco es que la naturaleza está muerta. Aquí están las plantas, los árboles que crecen en el bosque, las mariposas, las abejas… ¡y dice que está muerta! Llevamos cien años gobernados por una ilusión.

¿Cree que estos trucos ahora están expuestos?

Yo empecé a ver eso en los 70 y 80, cuando escribí mi libro Staying alive: Women, ecology and development. Traté de entender por qué destruimos el bosque cuando las mujeres ven que está vivo. Lo que encuentro ahora son, por supuesto, las ecofeministas que han dicho eso durante los últimos 30 o 40 años, pero los científicos ahora se están refiriendo a esto. 

No solo viva sino, dice usted, creativa… 

La palabra “naturaleza” se compone de varios términos que significan “primera fuerza creadora”. Nuestra creatividad depende de la creatividad de la tierra.

Participó en el movimiento de los Chipko en los años 70 y lleva varias décadas en el ecofeminismo. ¿Qué nuevos desafíos tiene hoy el ecofeminismo?

Me involucré en Chipko porque había crecido en los bosques y vi bosques destruidos. Encontré a Chipko y fui voluntaria mientras hacía mi doctorado en Teoría Cuántica. Durante ese tiempo, solo había un lobby, y los derrotamos: acabamos con la tala comercial en las altas montañas. Hoy los desafíos tienen varias vertientes, eso no existían hace cuarenta años. Se trata de megaproyectos de lo que se denomina infraestructura. Yo la llamo la infraestructura de la codicia y la velocidad.

Cuanto más crece la infraestructura de la codicia, más se destruye la infraestructura de la vida. La segunda cosa que no existía en esa época es la globalización. En nuestra época, sabíamos exactamente quién era el contratista del lobby forestal y podíamos hacer que rindiera cuentas; hoy en día, los intereses económicos son invisibles, no están delante de ti, no son de su país, pero están al mando de todo en la economía.

El tercer desafío que no existía entonces, ni siquiera existía en los ochenta, es el dominio del sistema financiero y la financiarización del mundo. Como oculta quiénes son los que controlan las personas, escribí un libro llamado El planta es de todos, unidad contra el 1%  porque descubrí que la mayoría de las empresas ahora son propiedad de los fondos de gestión de activos, el 70%: Coca-Cola, Monsanto, Apple, Microsoft, todas ellas propietarias, y BlackRock, Vanguard y State Street. Ahora, estas son entidades invisibles en la vida de las personas y son anónimas y no están gobernadas por nadie. No están gobernados por los bancos de reserva ni por gobiernos, se gobiernan a sí mismos. Así que también han cambiado la economía, porque han tomado el valor real de un bosque y lo han convertido en un activo financiero. Han tomado el valor real del agua y lo han convertido en objeto de negocio. Estos son los tres desafíos que son muy diferentes y que nos indican que ahora necesitamos tanto la acción local, que es necesaria, como una solidaridad global y una solidaridad internacional, porque las fuerzas ahora son globales.

Vandana Shiva entrevista Patricia Reguero - 3
Foto: David F. Sabadell

En su exposición no ha aludido al contexto actual de emergencia de ideas totalitarias a través de partidos de extrema derecha, como han hecho las otras ponentes. ¿Cree que la extrema derecha es un problema para el ecofeminismo?


Por supuesto que lo es. En mi libro Democracia en la Tierra explico que, si las corporaciones globales se apoderan de las economías y la globalización destruye las democracias nacionales, entonces un problema va a ser la concentración del poder. Así es como surgieron los multimillonarios. Así es como surgió Monsanto. Así es como crecieron todos los monopolios en la globalización. Pero otra cosa quedó muy clara: cuando el dinero se apodera de la democracia representativa, básicamente se roba los instrumentos de toma de decisiones. Y también destruye las economías locales y destruye los medios de subsistencia.

Así que una reacción natural es organizar una protesta, como ocurrió en Seattle. Pero después de eso, comenzó la militarización y en Ginebra mataron a tiros a un joven. Por otro lado, crearon guerras culturales. Y como escribió Samuel Huntington en ese período, en el choque de civilizaciones solo puedes saber quién eres si sabes a quién odias. Así que se creó una política de identidad basada en la negatividad. Tienes que encontrar enemigos, y el ascenso de la derecha busca enemigos y destruye las libertades colectivas indivisibles.

El ecofeminismo tiene mucho que decir, tanto sobre cómo recuperar la democracia económica, que tiene sus raíces en la democracia ecológica, como sobre cómo recuperar nuestra paz dentro de la sociedad, viviendo con nuestras diversidades.

¿El ecofeminismo es necesariamente antifascista?

Tiene que serlo. ¿Cuándo se construyó el racismo? Con el colonialismo. Cuando los esclavos se convirtieron en propiedad, la raza se definió como una discriminación. Antes de eso, teníamos la diversidad racial del mundo. Cada vez que ha habido una concentración del poder económico, hemos tenido el crecimiento del fascismo. Mussolini lo dijo muy claramente, el fascismo es la convergencia del poder económico y político. Por eso, cada vez que destruimos los sistemas públicos y permitimos que el beneficio privado crezca sin límites, la cabeza del fascismo se levanta. Así que el feminismo igualitario está en contra de tratar a la tierra como un objeto muerto, como terra nullius. Está en contra de tratar la diversidad cultural y racial en términos de superioridad e inferioridad, cuando todo lo que es es diversidad, y tiene que estar, por lo tanto, en contra del racismo. Y dado que la concentración del poder económico y político sobre la base de la superioridad cultural es fascismo, tiene que ser contra el fascismo.

Por último, volvamos a las cosas pequeñas. ¿Puede darme un ejemplo de algo pequeño, de una comunidad local, de comunidades indias, que sea un ejemplo de ecofeminismo?

Permítame volver a mi propia inspiración en este ámbito. Cuando los monsantos del mundo quisieron controlar la semilla, yo volaba de regreso a casa y dije: ¿cómo se afronta esto? Volví a pensar en el colonialismo británico y en cómo Gandhi hizo dos cosas. La primera fue decir: no usaremos ropa británica, la boicotearemos. Y lo segundo fue: haremos nuestra ropa. Sacó la rueca, que no sabía cómo hacer girar. La hilandería de la India había sido destruida por los británicos. Encontró a una anciana de 80 años y aprendió a tejer y enseñó a toda la nación a tejer. Y cuando la gente se reía y decía: ¿cómo pueden unos cuantos trozos de madera darte libertad?, él respondía: “Es lo único que me importa. Cualquier mujer en la cabaña más pequeña puede hacer su propia rueca e hilar su propia tela. El día que millones de mujeres hagan esto, seremos libres”.

Me inspiré en eso y pensé que la semilla es realmente una rueca. Cuando tienes tu semilla, puedes cultivar tu cosecha. No te endeudas, no tienes que comprar transgénicos. Durante el covid, las grandes cadenas de suministro colapsaron y los cultivos comerciales se derrumbaron.

Las mujeres guardan las semillas y cultivan lo que llamamos jardines de esperanza. Siempre digo que no importa lo pequeño que sea, podría estar en tu balcón, el caso es que da algo de comida. Así que he estado alentando a las mujeres a tener pequeños jardines de la esperanza. Y algunos de ellos les permitieron superar el bloqueo por covid. Algo tan pequeño abordó el fracaso de las cadenas de suministro.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/ecofeminismo/vandana-shiva-encuentro-internacional-ecofeminismo-antifascistaA

3/13/2021

Decálogo ecofeminista para salir de la pandemia

 



Por Redacción AmecoPress



Con motivo de la celebración del 8M, Ecologistas en Acción pone de manifiesto que la crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha agudizado y acelerado la crisis ecológica, económica, social y de género que la precedían.


Madrid, 08 Mar. 21. Amecopress.- La pandemia de la COVID-19 ha mostrado las costuras de un sistema sostenido en relaciones desiguales, de expolio y violencia, y ha agudizado y acelerado las múltiples crisis estructurales que existían previamente: ecológica, económica, social y de género. Nos encontramos ante un prólogo civilizatorio, un acontecimiento que incide en todos los ámbitos de la vida y lo cambia todo.

La respuesta a la emergencia sanitaria solo afronta a los síntomas, pero no a las raíces, que son la fuente del problema, que provoca la rápida desaparición y degradación de los ecosistemas, debido a la acción humana, el mal uso de las energías fósiles, la hipermovilidad, la ganadería industrial, las industrias extractivas, la deforestación y la destrucción de la biodiversidad. De la misma manera que nuestro modelo de desarrollo se apropia de la naturaleza, también se apropia del trabajo y los cuerpos de las mujeres, especialmente de aquellas que viven en territorios del Sur global. La desigualdad de género, el sexismo, el racismo, la LGTBfobia y otras formas de dominación, han condicionado el devenir de la pandemia para miles de personas. Todos estos factores nos han llevado a adoptar un modelo de habitar el planeta, que es incompatible con la vida, que solo tiene beneficios al corto plazo y crecimiento ilimitado, en un planeta con recursos finitos. Un modelo que funciona gracias a los trabajos de cuidados y mantenimiento de la vida realizados principalmente por mujeres que se realizan en condiciones de explotación y precariedad.

Durante la pandemia la presión sobre los ecosistemas ha disminuido, mejorando algunos indicadores ambientales, la actividad extractivista en otros lugares no solo se ha consolidado, sino que se ha visto aumentada. También se han agudizado las diferencias sociales y la exclusión de muchas personas, la mayoría mujeres.
La pérdida de cientos de miles de vidas, de empleos e ingresos, la salud de las mujeres se ha visto afectada de forma dramática. Son las mujeres las que en situación de mayor precariedad y con diferente estatus migratorio, realizan mayoritariamente los trabajos considerados como esenciales, sobre todo de cuidados, tanto en el ámbito laboral como privado, en los hogares, con graves impactos psicosociales en algunos casos.

En este contexto de crisis sanitaria, Ecologistas en Acción señala que se necesita promover otro orden social que enfrente las desigualdades y relaciones de poder existentes y tenga en cuenta la interdependencia y la ecodependencia. Por ello, la organización ecologista ha elaborado un decálogo de medidas que haga posible vivir vidas dignas y compatibles con el equilibrio de la naturaleza, y que defiendan la justicia social, la equidad, la sostenibilidad y lo comunitario, como una transición ecológica justa, para alcanzar una sociedad sin energías fósiles, que revierta la perdida de biodiversidad y que respete los límites de los ecosistemas. También piden una reforma profunda y urgente del sistema fiscal para que sea progresivo, justo, verde y ecofeminista. Se debe reconocer el derecho al cuidado como un derecho fundamental universal en todos los niveles, tanto público como comunitario, sacarlo del ámbito privado y doméstico y de la responsabilidad exclusiva de las mujeres, que los vienen realizando de manera gratuita e invisible. Se debe garantizar la corresponsabilidad del trabajo doméstico y de cuidados entre todas las personas, la sociedad y el Estado.

Piden una reorganización socioeconómica de nuestro sistema productivo, orientándolo hacia una economía de los cuidados que priorice las tareas necesarias para el mantenimiento de nuestras vidas y evite su mercantilización, también una justicia antirracista y decolonial. Abogar también por una dieta sana, ecológica y sostenible, a parte, garantizar servicios y suministros esenciales como agua, comida, saneamiento, energía, vivienda digna y el derecho a la educación pública de calidad, incluyendo la educación para la sostenibilidad, la educación ecofeminista, educación para la paz, educación sexual, la justicia restaurativa, la interculturalidad y empoderamiento de mujeres y hombres como ciudadanos y ciudadanas globales y el derecho a la salud, ya sea física, ambiental, comunitaria, sexual y mental, lo que exige que sea una sanidad 100% pública y universal.

Muestran la necesidad que las ciudades y pueblos sanos y habitables, con especial cuidado a las periferias, donde se priorice la participación comunitaria y no organizando el trabajo y el consumo en función del capital y en oposición y disociación con la naturaleza. Deben ser entendidas como espacios comunes, producidos y reproducidos por quienes los habitan. Lugares inclusivos y saludables que prioricen la coexistencia intergeneracional y la proximidad de espacios naturales, una movilidad sostenible que prime la cercanía, el uso peatonal y en bicicleta y el transporte colectivo, basadas en una economía no lineal sino circular, que cierre ciclos. Y por último reclaman una sociedad libre de violencia machista y racista, que garantice los derechos humanos.

Además de publicar este decálogo ecofeminista, Ecologistas en Acción quiere poner en valor luchas de mujeres que trabajan en dirección a los objetivos planteados. «Desde el sindicalismo feminista de las jornaleras en lucha, a las activistas de la PAH dejándose la piel por el derecho a la vivienda, Territorio doméstico luchando por el 189, Ganaderas en red visibilizando la situación de las mujeres en la ganaderías, o las defensoras del territorio poniendo el cuerpo contra los proyectos extractivistas», destacan.

Rosana Cervera, portavoz de Ecologistas en Acción ha dicho "Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Ecologistas en Acción hacemos un llamamiento a todas las personas, y especialmente a las mujeres, para seguir tejiendo alianzas entre las organizaciones feministas y las ecologistas, junto con organizaciones sociales de todo tipo, como las organizaciones que trabajan en defensa de los servicios públicos o los derechos humanos. Porque sabemos que está en riesgo la sostenibilidad de la vida, y que solo podremos asegurarla trabajando desde el ecofeminismo por la justicia socioambiental. El futuro será ecofeminista, o no será".

10/17/2020

Defensa de los territorios y ecofeminismos del Sur

María Eugenia García Nemocón

Fuentes: Viento Sur

He vivido desde el conocimiento y descubrimiento de las historias de nuestros pueblos y también desde el recóndito espacio de conexión con mi memoria ancestral, el sentimiento de despojo; despojo de mi historia invisibilizada y blanqueada, despojo de territorios, costumbres, sabidurías, epistemologías; despojo de cuerpos expropiados, despojo del sentir o del sentirpensar que evocan todavía esas comunidades que a pesar de este despojo aún tiene esas vivencias cosmogónicas con ancestras y ancestros.

Las mujeres y su papel en luchas ecosociales y feministas en Abya Yala 1/ y otros sures

En los países del sur el papel de las mujeres en las luchas sociales, ecofeministas y populares es vanguardista. Aunque las denominaciones, conceptos y premisas ecofeministas tienen su origen en epistemologías del norte global y muchas veces se soslayan otras visiones y acciones no valoradas históricamente por el racismo epistémico, actualmente han surgido múltiples colectivos, asambleas y comunidades de mujeres desde espacios ecofeministas –aunque muchas veces no se autodenominan así–. Se trata de espacios muy propios a las circunstancias del sur, que esencialmente orientan sus luchas por la defensa de lo que designan como territorio-cuerpo y territorio-tierra, el agua, los bienes comunitarios, por el buen vivir y contra los extractivismos. Se basan en teorías ecosociales para explicar las causas de sus problemas, que afectan no solo a las mujeres sino a la humanidad, a la sociedad y a la naturaleza y todas las vidas integradas; sus ejes son las luchas contra el patriarcado, el colonialismo, el racismo y el capitalismo; asimismo, plantean caminos posibles para sus soluciones, que son variadas y de acuerdo a contextos territoriales y plurinacionales.

Desde los diálogos, encuentros y entretejidos de luchas sur-sur, así como el compartir saberes, se está logrando –no solo desde los discursos sino desde prácticas diversas– la construcción de disyuntivas más allá del llamado desarrollo capitalista, no un desarrollo alternativo sino una alternativa al desarrollo, sin la visión antropocéntrica, considerando todas las vidas y los ciclos naturales.

Cuerpos como nuestro primer territorio y lugares de memoria

Las mujeres encabezan discursos, movilizaciones y acciones en defensa de sus cuerpos como primer territorio, que son objeto de mercantilización, subyugación, violencia, violaciones, invisibilización de parte de las instituciones, de parte de la sociedad y también de los propios compañeros de sus comunidades. Esta situación se recrudece en el caso de mujeres indígenas y negras, ya que el patriarcado imperante se combina con el racismo.

Esos territorios-cuerpos también padecen las consecuencias del extractivismo, del despojo de sus territorios-tierra, del agua y los efectos del cambio climático, mayoritariamente en las zonas rurales. Las mujeres, por la división sexual del trabajo, son las encargadas de proveer de agua, pero debido a la apropiación de las fuentes por parte de megamineras, forestales o grandes monocultivos y la construcción de infraestructuras como presas, que afectan grandes cuencas hidrográficas, acceder a este bien imprescindible es cada vez más difícil. Y todo esto es agravado por la contaminación, que produce enfermedades en las poblaciones. La defensa de los ríos, lagos y fuentes es una prioridad para las mujeres, indefectiblemente asociada a la defensa de la vida, no solo la humana sino de todos los seres vivos. En algunos entornos y comunidades se habla de justicia restaurativa de la biodiversidad, que tiene que ver con todas las vidas, instaurando a la naturaleza y al agua como sujetos políticos de derecho (siendo el agua un derecho humano), para recuperar ecosistemas y flujos hidrológicos. Además, estas luchas son desde las plurinacionalidades y contra las economías patriarcalizadas.

Asimismo, podíamos apuntar que son las mujeres, en gran parte, quienes se encargan de los cultivos y de las hierbas y plantas medicinales, y son expertas en su uso y aplicación de sabidurías ancestrales, siendo mujeres-medicina para sus comunidades. También son las mujeres las que se dedican a la preparación de los alimentos, cuyos cultivos también están siendo afectados por efectos de la degradación ambiental y el cambio climático.

Hay una relación imbricada entre el territorio-cuerpo y el territorio-tierra para las mujeres de muchas comunidades del sur global y en concreto en Abya Yala, porque el territorio no es solo un espacio físico o mapa geográfico, sino una manifestación en espacio y tiempo con conexiones con el cosmos, bosques, agua, aire, montañas y todos los seres visibles y perceptibles. El territorio es espacio de vida y de espiritualidades, de procesos colectivos, son relaciones, es construir comunidad, es conexión con los cuerpos, con nuestros cuerpos que son cosmosintientes por su conexión con el cosmos. El territorio es lo que provee lo vital para la vida con sus ciclos naturales, es la red de la vida.

Nuestro cuerpo es territorio de memoria colectiva ancestral, que está atravesado por vivencias, goces, cuestionamientos, culpas, jerarquías, opresiones, racismo, machismo, signos de diferenciación y desigualdades. Como el territorio-tierra, el territorio-cuerpo es un territorio en disputa, mercantilizado por el sistema patriarcal, ni siquiera somos propietarias de nuestro cuerpo. Hablamos de cuerpos expropiados, esclavizados y violentados, de vivencias con desarraigo histórico de los cuerpos negros que fueron esclavizados. Los cuerpos colonizados de las mujeres tienen toda una historia de violaciones, ya que se juntaron las formas patriarcales de dominación ancestral existentes con las que trajeron los colonizadores, mucho más violentas y expropiantes de nuestros cuerpos.

Territorios-cuerpos migrados

Los ecofeminismos establecen como contradicción principal la acumulación de capital y la vida. Tomando los discursos desde el norte, que hablan de poner la vida en el centro, nosotras nos preguntamos si se ponen todas las vidas en el centro, o si algunas valen más que otras. Porque el sistema mundo que dio su inicio hace siglos, donde los pueblos originarios no eran considerados humanos, prevalece. El racismo está en el subconsciente y hemos crecido con esa visión de que los cuerpos son diferentes, algunos son más objetos que sujetos, concretamente los cuerpos de los sures, de países ricos pero empobrecidos por el saqueo y el despojo. Un despojo del que no son ajenos los habitantes de estos nortes cuyos consumos son tan desmedidos que rebasan con creces los consumos de muchos pueblos del sur.

Todo lo anterior quiere simplemente poner en evidencia que el racismo no es una palabra, es una actitud que millones de personas sufren día a día. Son cuerpos desvalorizados, que pueden terminar en el Mediterráneo, sin nombre, sin identidad y sin ser llorados, son esos otros. Son cuerpos aniquilados porque donde habitan tienen materias primas esenciales para el desarrollo y el nivel de consumo que mantiene el confort de otra parte de la humanidad, cuyos cuerpos valen más y son los que se ponen en el centro.

Atahualpa Yupanqui decía “El hombre es tierra que anda”, aquí nosotras venimos con esa tierra pegada a nuestros pies y cuerpo y desde esos orígenes somos valoradas y tratadas; por eso desde Abya Yala se habla de la colonialidad del ser, porque somos el no ser para que otros/as sean el ser. Son esas otras que están en el lado oscuro del ser.

Feminismos, ecofeminismos y decolonialidad

Los feminismos decoloniales y ecofeminismos del sur cuestionan la colonialidad como algo inherente al sistema de depredación, racismo, patriarcado y muerte instaurado con la conquista y que es predominante. Aunque para evitar esencialismos, desde algunos colectivos de mujeres indígenas se indica que ya había formas de patriarcado originarias. En apartados anteriores ya hemos indicado en qué consiste la colonialidad del ser y los efectos que ha tenido y tiene sobre los cuerpos y existencias de los sures, unos efectos que no solo afectan a los cuerpos de las mujeres, aunque son ellas las que más los sufren.

Durante siglos, el epistemicidio indígena y de las comunidades originarias colonizadas ha sido una constante, lo que en términos decoloniales denominamos la colonialidad del saber. Por ello reivindicamos el reconocer, valorar y visibilizar estas epistemologías, que a pesar de la capacidad de destrucción occidental aún permanecen. Sobre todo, desde los colectivos de mujeres se reivindican estas epistemologías como necesarias e imprescindibles en estos contextos de crisis ecosocial y sistémica, porque la realidad es que estas culturas y comunidades han convivido ancestralmente con los ecosistemas, forman parte de ellos, los integran y los preservan.

Recordamos aquí la práctica y filosofía del buen vivir, que es aún esencial y parte de la vida en muchas comunidades originarias en diferentes latitudes. El buen vivir en diferentes lenguas es la vida armónica con la tierra, la naturaleza y con todos los seres visibles e invisibles que la habitan, es un bienestar colectivo, de memoria ancestral heredada y bienes comunes. Según las comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas, hay dos visiones de desarrollo: la del desarrollo para el buen vivir o desde el punto de vista comunitario y la visión de la institucionalidad y de las grandes empresas, que es la de la acumulación.

Asimismo, la colonialidad ha afectado a la naturaleza en Abya Yala y demás espacios conquistados, tanto en su biofísica como en la configuración territorial. La podemos definir como colonialidad de la naturaleza, donde se pasó de la Pachamama, o tierra de nadie para todos/as, a territorios privatizados y a espacios subalternizados por las élites colonizadoras y criollas, las cuales tienen la potestad de arrasar, reconfigurar y explotar los territorios como espacios subalternos, conforme a las necesidades de un sistema hegemónico de acumulación.

La apropiación de la biodiversidad natural, la megaminería, la explotación de hidrocarburos, el establecimiento de monocultivos para la exportación (para agrocombustibles o para las grandes forestales), y las grandes infraestructuras han convertido los territorios en áreas sometidas, donde flora, fauna, comunidades y ecosistemas enteros han sido devastados, con profusión de uso de agrotóxicos y químicos. Es así como la naturaleza está al servicio de los requerimientos del gran capital, no de las necesidades de los pueblos que las habitan. Todo este despojo trae como consecuencia, además de lo indicado, contaminación de suelos, aire, aguas y sus subsiguientes efectos en las vidas de todo el entorno humano que en ella vive y demás vidas y especies del medio natural.

El conflicto con los pueblos originarios no se soluciona o resuelve con la restitución de tierras –ya dijimos que el concepto de territorio-tierra va mucho más allá de un espacio físico o geográfico–, porque la cosmogonía no se soluciona con esto, porque la visión y modo de ver y vivir en el mundo son totalmente contrapuestas y antagónicas a la visión occidental dominante, utilitarista/mercantilista, tanto de cuerpos humanos como de todo tipo de vidas y ecosistemas.

Otras cosmovisiones que en la práctica superan el sistema de muerte y la tanatopolítica

Para la situación actual de crisis ecosocial hay alternativas planteadas desde comunidades y colectivos de mujeres que tienen que ver con socializar los bienes comunes y eliminar el extractivismo sin límites de materiales que afecta a gran parte de las poblaciones del sur global. Las poblaciones del sur global siguen colonizadas por las transnacionales en complicidad con sus gobiernos locales, por ello es necesario eliminar la explotación del trabajo y de otras especies y visibilizar otras cosmovisiones y formas de ver y vivir el mundo, así como valorar en su justa medida los cuidados y dejar de invisibilizar trabajos que en su mayor parte ejercemos las mujeres, y en estos nortes globales las migrantes. Dejar atrás todo lo que nos ha llevado a esta crisis y también a esta pandemia.

Es un hecho que otras prácticas son posibles, incluso en medios donde estas son susceptibles de sufrir ataques armados por parte de los gobiernos o de paramilitares al servicio del latifundio y el agronegocio. Desde la sociedad organizada se pueden proponer acciones prácticas y aterrizadas que conllevan infringir el orden establecido, dígase propiedad privada, privilegios de unos pocos, leyes del suelo, etc. En este sentido, planteamos defender los bienes comunes a través de las siguientes medidas:

– Socialización de tierras para cultivo, desechando y quitando los grandes monocultivos, para que se produzcan los cultivos necesarios para una alimentación equilibrada y sana, con recuperación de semillas autóctonas más resilientes y producción agroecológica. La recuperación de tierras para comunidades y campesinado debe ser un hecho también en estos territorios.

– Una utilización racional de las aguas superficiales y subterráneas, con criterios destinados a cubrir las necesidades básicas de la población y de los cultivos, con gestión pública o autogestión del campesinado y las comunidades. Evaluar qué cultivos son más resilientes y establecer sistemas de riego que garanticen el uso racional y colectivo del agua.

– Recuperación de bosques, masas forestales y en general ecosistemas. En las Constituciones de Ecuador y Bolivia han sido reconocidos como sujetos de derecho, denominándolos Pachamama, por su nombre en quechua.

– Presión social, información y boicot de productos provenientes del extractivismo y saqueo de otros territorios y poblaciones. Hay listas de transnacionales, territorios y productos que saquean, hay que hacer evidente su destrucción.

Terricidio, un concepto introducido por las mujeres de los pueblos originarios

Las hermanas del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir han introducido el concepto de terricidio, que se puede definir como el asesinato no solo de los ecosistemas y de los pueblos que lo habitan, sino también de todos los ciclos que regulan la vida en la tierra, que llamamos ecosistemas perceptibles.

Entendemos que el terricidio es consecuencia del modelo civilizatorio dominante, enmarcado dentro de la crisis general del capitalismo, que lleva a este sistema al saqueo indiscriminado de recursos para seguir acumulando ganancias a costa del pueblo, las comunidades, la vida y los ecosistemas. Estos procesos se dan en beneficio de la clase dominante y de las empresas transnacionales representantes del imperialismo, poniendo en evidencia la contradicción entre capital y vida, ya que la acumulación de bienes y capitales está acabando con todo tipo de vida y está poniendo en riesgo nuestro futuro en el planeta. Contradicción que hoy se manifiesta a través del cambio climático, la desigualdad, el hambre y la miseria que sufren nuestros pueblos.

El terricidio es la violación y violencia de nuestro primer territorio, que es el cuerpo de nosotras, mujeres indígenas, campesinas y afrodescendientes que, desde la colonia, somos consideradas objetos y meras mercancías, ni siquiera alcanzamos el rango de humanas. Los efectos del extractivismo también se ven reflejados en la violencia en el cuerpo de las mujeres, porque afectan nuestras formas de vida y de subsistencia. Para quienes defienden el cuerpo-territorio, la Madre Tierra es un espacio vital, lo que podríamos llamar conexiones desde lo no perceptible, de construcción de comunidad, de espiritualidad, de procesos colectivos con todo tipo de vida que existe en el entorno, no solo la vida humana.

Relación entre pandemia y terricidio

El escenario de pandemia actual tiene muy probablemente relación con el terricidio. A continuación indicamos cómo las prácticas de explotación y producción capitalista, que en este documento definimos como terricidio, pueden estar detrás de esta pandemia. Actualmente, gran parte de las medidas tomadas contra la pandemia son de emergencia, cuando hay causas estructurales de las mismas que no se están combatiendo; las más plausibles tienen que ver con estos aspectos:

  • Forma de producción capitalista, con una industria alimentaria basada en el agronegocio y, entre otras, en la ganadería intensiva, léase macrogranjas. A falta de análisis más profundos, se puede decir que posiblemente el virus proviene de un tipo de murciélago, de este pasó a un animal intermedio, antes de saltar a los humanos. Algunos estudios apuntan como animal intermedio/huésped al pangolín (casi extinguido por su comercio legal/ilegal) o a algunas de las especies salvajes y silvestres que se venden y consumen en el mercado húmedo de Wuhan. Pero también se ha planteado que podría ser el cerdo. Con respecto a este último, en Hubei, provincia en la que se localiza Wuhan, se encuentran algunas de las mayores granjas industriales de estos animales, cuya producción masiva los somete a condiciones en las que sufren estrés y tortura animal. Los altos grados de hacinamiento propician la transmisión del virus y también disminuyen su capacidad de respuesta a los contagios; además, la similitud entre el sistema inmunológico del cerdo y el de los humanos facilita el salto de virus entre estas especies. Se infiere por lo tanto que esta forma de producción eleva las condiciones para que se den estos patógenos y luego se dé la zoonosis.
  • Otras acciones del capitalismo que tienen que ver con el inventario de tierras y recursos explotables para incorporarlas al agronegocio y al extractivismo y al usufructo de corrientes de agua. Las grandes corporaciones están haciendo este inventario con el propósito de adueñarse de las mismas para su usufructo, acumulando propiedades, en algunas de las cuales se encuentran aún bosques primarios, que han deforestado para poder dedicarlos a los monocultivos como palma, soja y forestales, o para extraer minerales, hidrocarburos o construir grandes infraestructuras como presas de generación eléctrica, o vías para sacar su producción poniéndose en contacto con zonas periurbanas. Además de destruir ecosistemas salvajes, despojar a los pueblos y comunidades que aún hay en estos territorios (que en su gran mayoría llevan muchísimo tiempo en ellas), esto extermina casi todo tipo de vida. También se rompe una barrera natural entre los humanos y las especies que habitan estas áreas y que estaban resguardadas, y que ahora han entrado en contacto con seres humanos de una forma más directa y más rápida, permitiendo que muchos patógenos de estas especies salten a los humanos. El daño en todos los aspectos es incalculable, porque han destruido un equilibrio natural existente, dañando los bosques. Además, se promueve una agricultura basada en agrotóxicos, que contamina todo su entorno, así como el uso de mercurio y cianuro en actividades extractivas como la minería de oro, acompañado del uso de explosivos para extracción a cielo abierto, que modifican la geología y propician diferentes tipos de contaminación.

Indudablemente, cualquier alternativa para superar este sistema, que en sí mismo es una pandemia, no puede provenir de seguir impulsando este tipo de formas de producción y explotación de los bienes comunes y del trabajo. Sería conveniente recordar en qué consiste la filosofía y práctica del buen vivir, que todavía para muchos pueblos indígenas en diferentes latitudes es parte esencial de la vida: el buen vivir en todas las lenguas es vida armónica con la tierra, la naturaleza y con todos los seres visibles e invisibles que la habitan.

Recordemos también que alrededor del 75% de la biodiversidad está en territorios indígenas y campesinos, con lo cual se corrobora que no es un mero discurso ni un hecho puntual, sino que es su filosofía de vida la que ha permitido que se preserven todos estos territorios y ecosistemas asociados. Han resistido violencias y conquistas coloniales, y ahora en este siglo están sufriendo ataques brutales para despojarlos de lo que aún conservan y preservan. Las sabidurías y conocimientos ancestrales, considerados salvajes incivilizados y subhumanos, ahora más que nunca tienen trascendencia y deben estar dentro del qué hacer para transformar un futuro que, si no, será tal vez la extinción nuestra y de otras muchas especies.

Esta pandemia puede reproducirse o pueden surgir otras si solo nos atenemos a los científicos y a la idea de que la tecnología logrará salvarnos de toda esta situación, en la que ya se combina crisis ecosocial con pandemia. Por eso, las tierras y los bienes comunes deben ser comunes, no privados. El agua, las semillas y los bosques y selvas no deben ser patentados, privatizados y arrasados con fines de explotación; si no, nos esperarán pandemias tal vez intermitentes y cada vez más mortíferas. La civilización moderna capitalista no da respuestas a los orígenes de la pandemia, sino que los causa, por eso es imprescindible cambiar el modelo de desarrollo basado en el agronegocio, la agricultura industrial, la ganadería intensiva, el extractivismo a gran escala y los megaproyectos. Si algo ha demostrado esta pandemia es que sobrepasar los límites no es algo inocuo, cada vez trae más consecuencias y cada vez estas consecuencias son más globales y planetarias.

Binomio economía-vida. Tenemos que dilucidar entre vida o capital o entre vida y economía. Los mismos gobiernos e instituciones tendrán que posicionarse, pero la población debemos tener como objetivo común la vida.

María Eugenia García Nemocon es miembro de la Comisión Ecofeminismo de Ecologistas en Acción y forma parte del Área de Ecosocialismo de Anticapitalistas

Fuente: https://vientosur.info/defensa-de-los-territorios-y-ecofeminismos-del-sur/

12/14/2019

La alianza feminismo y ecologismo, clave en la lucha contra el cambio climático


Madrid, 12 dic. 19. AmecoPress.- Tanto en la COP25 como en el conjunto de actos, talleres, conferencias y movilizaciones que se han organizado coincidiendo con su celebración en Madrid (Cumbre Social por el Clima) la perspectiva de las mujeres en la lucha contra el cambio climático ha ocupado un lugar importante y ha contado con la participación de muchas jóvenes.
Que las mujeres se ven afectadas en mayor medida por las consecuencias del cambio climático es algo que viene denunciándose desde hace años. Tampoco es nuevo un movimiento que pretende que veamos la degradación ambiental y la desigualdad de género como dos caras de una misma moneda: el ecofeminismo.
Varios foros han propuesto una reflexión sobre la sostenibilidad de la vida con perspectiva de género. El 7 de diciembre, Marta Pascual, de Feministas por el Clima, coordinó un taller titulado ‘Ecofeminismo para principiantes’, que contó con una amplia participación. Allí explicaba que el ecofeminismo es una “práctica política y una filosofía” que defiende que “la destrucción de la tierra y el sometimiento de las mujeres y de los pueblos del sur, son prácticas profundamente relacionadas”. Por tanto, “la lucha contra esas prácticas puede hacerse conjuntamente”. “Necesitamos luchar contra esta cultura de la devastación, de la jerarquía y de la apropiación”, aseguró, para añadir que “muchas mujeres del mundo lo están haciendo de manera muy valiente, poniendo sus cuerpos y sus vidas en riesgo”.
Pero, a pesar de que las mujeres son las más afectadas por el cambio climático, son también las que menos representación tienen en los órganos de poder desde los que se lucha contra este fenómeno. Si bien en Naciones Unidas reconocen el principio de paridad en la conformación de los órganos de decisión, vemos que esto no se refleja en las COP, marcadas todavía por una masculinización de los espacios de decisión. Por eso son muy importantes los esfuerzos realizados en distintos ámbitos para incluir la participación de las mujeres en el diseño e implementación de propuestas orientadas a “salvar el planeta”.
El martes la COP25 acogió el panel "Mujeres liderando acciones por el clima", que contó con la participación de diversas expertas que argumentaron la necesidad de aunar las luchas contra el cambio climático y contra la desigualdad entre mujeres y hombres. De hecho, según Bridget Burns, directora de Women’s Environment and Development Organisation (WEDO), "el cambio climático es un elemento que exacerba las desigualdades". La feminista y activista medioambiental aseguró que "no hemos llegado a ver los efectos positivos de los principios feministas de una economía del cuidado".
Dorah Marema, experta en género y cambio climático, enfatizó que "la mayoría de la población afectada por el cambio climático en África son mujeres" y defendió la importancia de integrar un "necesario enfoque interseccional" al afrontar problemas como el recurso del agua.
Las reflexiones y enfoques que aúnan la lucha medioambiental con la perspectiva de género incorpora a las mujeres como sujetos activos y plantea así el objetivo de "revertir el papel de víctimas que se ha dado a las mujeres y representarlas como vectores del cambio", en palabras de Dina Garzón Pacheco, integrante de Xenergia, Cooperativa Mujeres con Energía y Coordinadora de la Red Ecofeminista.
Alicia Puleo, una de las más importantes referentes del Ecofeminismo en el estado español, abogó por una "nueva mirada sobre la naturaleza" y defendió que es "el momento de reivindicar los cuidados como plenamente humanos, valiosos e imprescindibles". Puleo criticó los ataques a Greta Thunberg, -la izquierda le reprocha un discurso blando y la derecha de su absentismo escolar- como parte de la misoginia que atraviesa el sistema patriarcal.
Y es que efectivamente, para el ecofeminismo la conexión entre ambas formas de dominación (degradación de la naturaleza y la opresión de las mujeres) tienen una raíz común: una estructura de poder patriarcal-capitalista.

“Para resolver la crisis climática se están basando en los mismos valores que la han creado”

Es necesario reclamar y fomentar la participación activa de las mujeres y proponer nuevas políticas –climáticas y de desarrollo– que contribuyan a transformar las estructuras sociales, productivas, económicas e institucionales de modo que fomenten la igualdad de oportunidades y el desarrollo sostenible. Lo dice la ONU: luchar contra el Cambio climático pasa por conseguir la igualdad de las mujeres, entre otras cosas.
Sin embargo, este enfoque no es el que está primando en la COP25. Lo explicó ayer Gisela Torrents en la V Asamblea Plenaria de la Cumbre Social por el Clima, celebrada en la Universidad Complutense de Madrid, en la que participaron numerosas organizaciones ecofeministas.
La crisis climática es producto de una visión productivista de la naturaleza, socialmente vinculada a valores masculinos. Es una crisis cuyas consecuencias afectan más a las mujeres, tanto en el norte como en el sur del planeta. Frente a esto, no solo es que falten mujeres en Naciones Unidas, en la COP (curiosamente solo están mayormente representadas en las ONGs que participan) y en general en los espacios de decisión para afrontar el cambio climático, sino que “para resolver la crisis climática se están basando en los mismos valores que la han creado”, esto es, “competencia entre países, el valor del dinero, la demostración de quién es más fuerte y tiene más poder”.
“La solución tiene que ver con trabajar en un cambio de paradigma que ponga la vida en el centro e incluya el principio femenino como motor de cambio y solución a la crisis climática”, defendió Gisela Torrents.
Ese nuevo paradigma fue desarrollado, con distintos matices y apoyadas en diferentes experiencias, por las mujeres que ayer expusieron su visión y propuestas en la V Asamblea Plenaria de la Cumbre Social por el Clima: la Red Ecofeminista, la Plataforma Feministas por el Clima, Madres por el Clima, Red de Apoyo al Pueblo Mapuche, Modatima, Amigas de la Tierra, AVAM (Asociación de mujeres artistas de Madrid), Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas, Marcha Mundial de las Mujeres y Laura Zúñiga Cáceres (hija de la activista hondureña Berta Cáceres), entre otras.
Todas valoraron la fuerza del “trabajo en red” y la necesidad de una “mirada interseccional”, es decir, “el cambio de modelo solo se puede afrontar desde una mirada que contemple las diferencias de raza, de etnia, de origen, de clase y también la desigualdad de género”, explicaron desde la Red Ecofemnista, enfatizando el planteamiento de “cambio radical”.
Las voces latinoamericanas pusieron nombre a las denuncias. Empezando por el extractivismo de las transnacionales que están destruyendo el planeta y cuyas acciones golpean de manera especial los cuerpos de las mujeres. “Existen más de 300 empresas españolas en territorio mapuche que están destruyendo el ecosistema”, dijo Nelida Molina, exhortando a “denunciarlas desde aquí”.
Ese es otro de los objetivos fundamentales del ecofeminismo: visibilizar movimientos de resistencia de mujeres en toda la Tierra que plantan cara a negocios extractivistas de muchos tipos y al orden patriarcal que las ningunea y hace recaer sobre ellas los principales daños de la destrucción. Laura Zúñiga Cáceres es una de estas mujeres. Su potente discurso pudo escucharse ayer en la asamblea, compartiendo una crítica al “capitalismo verde” y abogando por profundizar e ir a la raíz del sistema y de sus abusos: golpes de Estado que se han ido produciendo en distintos países de Latinoamérica, respondiendo a los intereses de las transnacionales; extractivismo y militarización y en definitiva, legitimización de la violencia patriarcal sobre los cuerpos de las mujeres. Es un verdadero “feminicidio capitalista”, dijo Mafalda Galdames Castro, secretaria general de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas de Chile, y “nosotras somos las guardianas de las semillas en el mundo”.

Pluralidad y luchas globales

Las activistas resaltaron la pluralidad y el valor de las luchas globales que las mujeres están encabezando y que se articulan como verdadera alternativa. Desde Feministas por el Clima explicaron la intención de crear una red de organizaciones que contribuya a crear teoría feminista y a coordinar acciones conjuntas -8M y movilizaciones por el clima previstas para el mes de abril-. También la Marcha Mundial de las Mujeres tiene prevista la quinta acción internacional para el 2020: comenzará el 8 de marzo y durará hasta el 17 octubre. Son lo que Laura Zúñiga Cáceres llama “acciones globales, resistencia de los pueblos”.
El ecofeminismo defiende la fuerza de la inteligencia colectiva para modificar el modelo de desarrollo vigente, basado en una razón meramente instrumental y que acarrea la destrucción del ecosistema global. Las reivindicaciones que se han hecho desde el colectivo, en el marco de la cumbre del COP25, implican un decrecimiento, realizado de forma feminista, empática y según los principios de la ecojusticia. La economía feminista y la ecológica defienden que el valor debe estar en la posibilidad de que toda la humanidad tenga una vida digna en un medio natural sano; en ese modelo, la universalización de los cuidados es una pieza angular.
Las mujeres como sujetos activos y diversos y feminismo y ecologismo en alianza: claves en la lucha contra el cambio climático.
Fotos: Archivo AmecoPress.

10/05/2019

Ecofeminismos para evitar la barbarie


Ecofeminismo & Crecimiento económico
Revista 


La autora reflexiona sobre el ecofeminismo en un mundo que separa humanidad y naturaleza. Y sobre la necesidad de comprender y actuar frente a las crisis complejas que afrontamos y el repunte de los fascismos.
La economía, la tecnología y, en realidad, cualquier producción humana, son subsistemas del medio natural en el que se insertan. Sin embargo, los metabolismos sociales y económicos se han configurado como si fuese al revés. Una vez superada la biocapacidad del planeta, el tamaño de la esfera material de la economía está condenado a disminuir. 

En consecuencia, el crecimiento económico se estanca y retrocede inevitablemente. Los poderes económicos y políticos siguen confiando en superar la crisis económica por la vía del crecimiento. Algunas opciones políticas aspiran a poder superar la crisis económica y ecológica a partir de un crecimiento verde sin que en la mayor parte de los casos se hable de reducción de la huella ecológica y de la redistribución de la riqueza. En los próximos años nuestro trabajo no estará tan centrado en combatir el negacionismo, sino el capitalismo verde y las falsas soluciones.

La mirada de los ecofeminismos permite reflexionar desde otro ángulo. Permite comprender mejor las crisis complejas e interconectadas que afrontamos; permite entender por qué la economía real está estancada y no genera puestos de trabajo; permite comprender quién se está ocupando de sostener las vidas en la situación de empobrecimiento creciente que estamos viviendo; permite entender que los movimientos migratorios emergentes presentan diferencias con los del pasado.

Los ecofeminismos explican que la producción capitalista tiene una precondición: la producción de vida que se realiza en espacios invisibles y que sigue una lógica opuesta a la del capital. Fuera de los focos, invisibilizadas y subordinadas, están las aportaciones cíclicas que regeneran cotidiana y generacionalmente tanto la existencia humana como la del resto del mundo vivo.

En esos espacios ocultos, mujeres, territorios, sujetos colonizados animales y plantas, posibilitan la satisfacción de las necesidades humanas y, a la vez, estas aportaciones hacen posible que la producción capitalista exista. Cuanto más crece esa producción, más se explotan y exprimen las bases materiales que la hacen posible.

La sacralización del dinero como motor de la vida –sustituyendo al sol, la biodiversidad, la tierra fértil, el agua o las relaciones de interdependencia– hace que una buena parte de las personas crean que más que necesitar agua, alimentos, cuidados o vivienda, lo que necesitan es dinero.

El dinero es el salvoconducto que permite obtener todo lo que se necesita para sostener la vida y, bajo esta creencia, se instaura una lógica sacrificial que defiende, como un dogma sagrado, que todo –territorio, vínculos y relaciones, libertad o dignidad– merece la pena ser sacrificado, con tal de que crezca la economía.

Pérdida de hábitat

Siguiendo esta lógica, estamos asistiendo a la destrucción de lo que nos mantiene vivos. Una acelerada pérdida de hábitat causada por la expropiación de la tierra, el envenenamiento de suelos, del aire y del agua a causa de los extractivismos, la agricultura y la ganadería intensiva, y la violencia extrema causada por guerras formales e informales.

Estos procesos se dan en el medio rural, en los territorios de pueblos campesinos e indígenas, pero también en las ciudades, en las que las luchas por la vivienda y contra la mercantilización de los barrios son parecidas a las luchas en defensa del territorio.

Sumado a lo anterior, el cambio climático disminuye aún más el espacio habitable. Todo ello provoca expulsiones de sujetos y comunidades de los lugares en los que habitan. Cuanto más inhabitables se tornan los territorios, más personas –también otras especies– se ven obligadas a salir de ellos.

Estos procesos no son nuevos en la historia del capitalismo. Sin embargo, la escala ha aumentado de forma exponencial. A partir de los 80 el capitalismo mundializado ha perfeccionado los mecanismos de apropiación de tierra, agua, energía, animales, minerales, urbanización masiva, privatizaciones y explotación, de trabajo humano.

Los instrumentos financieros, la deuda, las compañías aseguradoras, y toda una pléyade de leyes, tratados internacionales y acuerdos allanan el camino para que complejos entramados económicos transnacionales, apoyados en gobiernos a diferentes escalas, despojen a los pueblos, destruyan los territorios, desmantelen la red de protección pública y comunitaria que pudiese existir y criminalicen y repriman las resistencias que surjan. En este contexto se produce un repunte significativo de opciones políticas de corte xenófobo, populistas, misóginas, antiecológicas y ultraderechistas.

Cuando los discursos xenófobos dicen “aquí no cabemos todos”, aluden a la imposibilidad de que los estándares de consumo y estilos de vida materiales, políticos y simbólicos que se habían alcanzado solo para algunas partes minoritarias de la población sean viables para todos “los nacionales”, si llegan muchas personas de fuera.

Como si existieran varios planetas

La realidad incómoda es que no es posible que quepamos todos si los estándares materiales deseados suponen vivir como si existiesen varios planetas en lugar de uno parcialmente agotado. El bienestar material desigual de los países enriquecidos no se sostiene sobre la base material de su territorio, sino que se satisface acaparando otros territorios y expulsando irreversiblemente a quienes viven en ellos.

Sin transformar radicalmente el metabolismo económico, no son sólo las personas forzosamente desplazadas las que no caben, sino que, según se profundiza la crisis material y el cambio climático, y a pesar de que en su carnet de identidad diga que “son de los nuestros”, paulatinamente muchas personas quedarán también fuera.

Cuando hablamos de exclusión, personas desempleadas de larga duración, jóvenes que no acceden al mercado de trabajo, desahucios o mujeres que sostienen la vida en un sistema que la ataca, estamos hablando de cómo la dinámica de expulsión del capital se expresa también en el supuesto mundo rico. El decrecimiento material de la economía es simplemente un dato. 

Los neofascismos criminalizan, estigmatizan, deshumanizan, abandonan y matan a personas “sobrantes” con un discurso y escenografía que busca legitimar socialmente el exterminio.

La Unión Europea criminaliza, estigmatiza, deshumaniza, abandona y mata a personas 'sobrantes' dentro del discurso políticamente correcto de los derechos, a partir de la ingeniería social 'racional' limpia y tecnócrata del capitalista mundializado que considera que las vidas y los territorios importan solo en función del “valor añadido” que produzcan.

Poner las vidas en el centro

Desde el ecologismo social ponemos encima de la mesa la necesaria relocalización de la economía, el ajuste a los límites físicos de los territorios y la producción y acceso, sobre todo de alimentos, energía y agua con base fundamentalmente local. Hablamos también de poner las vidas en el centro, de las asalariadas y las que trabajan sin salario.

Paradójicamente, esta relocalización de la economía, aprender a vivir con los recursos cercanos es fundamental para frenar la expulsión de personas de sus territorios y garantizar su derecho a permanecer en ellos, teniendo en cuenta que una parte de los desplazamientos forzosos ya será inevitable y que tenemos la obligación de organizarnos para acoger a aquellos con los que hemos contraído una deuda ecológica y no tienen dónde volver.

Adoptar principios de suficiencia, equitativos y justos, es condición necesaria para la solidaridad dentro y fuera de nuestras fronteras. ¿Cómo hacer para garantizar las condiciones de vida para todas las personas? ¿Qué producciones y sectores son los socialmente necesarios? ¿Cómo afrontar la reducción del tamaño material de la economía de la forma menos dolorosa? ¿Qué modelo de producción y consumo es viable para no expulsar masivamente seres vivos? ¿Cómo abordar las transformaciones que el cambio climático va a causar en nuestros territorios? ¿Cómo mantener vínculos de solidaridad y apoyo mutuo que frenen las guerras entre pobres, vacunen de la xenofobia y del repliegue patriarcal? ¿Cuál es la escala adecuada de actuación? ¿Qué papel juega la autoorganización, el municipalismo, el Estado-nación y las alianzas internacionales? ¿Qué diálogo puede establecerse entre el trabajo socialmente garantizado y la renta básica?

En este marco nos parece a muchas mujeres de Ecologistas en Acción que los ecofeminismos proporcionan elementos para la reflexión y la praxis absolutamente fundamentales. Contribuyen a desmantelar ese abismo que separa ficticiamente humanidad y naturaleza; establecen la importancia material de los vínculos y las relaciones; se centran en la imanencia y vulnerabilidad de los cuerpos y la vida humana; y dan al vuelta a las prioridades, situando la reproducción natural y social como elementos, indisociables entre sí, y cruciales para metabolismo social.


8/31/2019

Trump, Xi Jinping, la Amazonia, la 4T y el ecofeminismo



En apariencia, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, el incendio en la Amazonia, los megaproyectos para el sur-sureste de México de la 4T y el ecofeminismo socialista, serían temas inconexos sin relación lógica de causa-efecto entre sí.
No obstante, esos cuatro ejes temáticos se inscriben en la geopolítica del capitaloceno, nueva categoría analítica y explicativa que remite a la edad del capital como una era geológica y ya no sólo histórica, artífice de los cercamientos de tierras y la apropiación de los bienes comunales; de la mercantilización de la vida; del colonialismo y el neocolonialismo imperial e interno; de la industrialización irracional y depredadora de la naturaleza, sus ecosistemas y la biodiversidad, fauna y flora; del hiperconsumismo y el despilfarro; de las guerras (convencionales, atómicas, frías, encubiertas y/o híbridas o de cuarta generación), y de las complejas y contradictorias relaciones entre clases, género, raza, nacionalidad, identidad…
Existe estrecha relación entre los procesos de la acumulación de capital −de la producción de mercancías y la extracción de plusvalía− con el deterioro ambiental (deforestación, polución del agua y el aire, aumento de la temperatura del planeta y otros desastres ecológicos). En ese contexto, resulta central la reivindicación de las ecofeministas sobre el papel de las mujeres en la preservación de los ecosistemas y su lucha antipatriarcal como contribución decisiva contra la opresión y la discriminación. Así como el anteponer una ética de la tierra −basada en la responsabilidad entre los seres humanos y los ecosistemas− a los valores dominantes del capitalismo actual, violento y explotador por naturaleza, desigual, individualista, competitivo, utilitarista, egoísta, cultor de las mercancías y antropocéntrico ante la naturaleza.
Esa es la razón por la que algunos científicos sociales consideran que el término capitaloceno es más preciso que el vocablo antropoceno, acuñado en 2000 por el Nobel holandés Paul J. Crutzeny preferido por The Economist para indicar que la acción del homo sapiens (anthropos) tiene incidencia directa sobre el planeta Tierra, hasta el punto que pudiera considerarse como una nueva era geológica. Sólo que esa visión limitada de la historia, que involucra a los seres humanos en su conjunto −como si todos fuéramos igualmente responsables de la transformación destructiva del planeta−, pretende camuflar y legitimar ideológicamente al capitalismo, en su doble papel destructor de gran parte de los seres humanos (trabajadores, campesinos, indígenas, mujeres pobres) y de la madre tierra, la naturaleza.
En manos de alianzas cambiantes entre estados, corporaciones privadas y poderosos actores políticos y económicos, el capitalismo global y las cadenas de suministro de energía y materias primas requieren aún combustible fósil: carbón, petróleo y gas natural; lo que ha desatado una caótica y feroz competencia internacional por esos recursos estratégicos, a los que se suman metales, minerales, el agua y la tierra.
Eso explica también la actual geopolítica de la energía y la guerra económica entre Estados Unidos (con la administración Trump como brazo ejecutivo del complejo militar, industrial, energético, financiero, mediático) y China (con su ruta de la seda), con énfasis en la construcción de infraestructura multimodal (oleoductos, refinerías, plataformas petrolíferas, carreteras, puertos, ferrocarriles) para el transporte de energía fósil y materias primas.
Mientras crecen las protestas contra el protofascista presidente brasileño, Jair Bolsonaro, por los incendios en la Amazonia –devorada por el saqueo y la depredación capitalista−, conviene voltear hacia el sur-sureste mexicano y los megaproyectos de la 4T de Andrés Manuel López Obrador, en particular el Tren Maya, el corredor del Istmo de Tehuantepec, la siembra de un millón de hectáreas de árboles maderables y frutales (como futuras mercancías para el mercado mundial), a lo que se suman la minería (oro, plata, uranio, etcétera) y las agroindustrias (la producción, industrialización y comercialización de productos agropecuarios, forestales y otros recursos naturales biológicos), con la consecuente contaminación del agua y la conversión de la tierra bajo régimen ejidal o comunal en mercancía.
El embate de las economías extractivistas y de enclave impulsado por las multinacionales y el imperialismo en el sur-sureste de México −y otras regiones sureñas del globo−, encuentra en la primera línea de resistencia y defensa de los territorios donde se generan las materias primas a la mujer, con su crítica feminista al progreso y a la noción de desarrollo; a la ciencia como instrumento de la dominación imperialista; a la mercantilización y destrucción de la naturaleza y de la vida; a la razón heteropatriarcal del capitalismo occidental, con la triple opresión reproductiva, doméstica y laboral de las mujeres; al armamentismo, el militarismo y el paramilitarismo, predominantemente machistas; es decir, la mujer como sujeto protagónico de una sociedad que rebase al actual sistema de dominación clasista, junto con los trabajadores, los campesinos y los habitantes pobres de las ciudades.