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6/27/2026

América Central cuida con desigualdad y con sistemas débiles

 

Ana Alvarado cuida desde hace cinco años a su padre, Manuel de Jesús Alvarado, de 85 años, en su vivienda del cantón El Tránsito, en Santa María Ostuma, en el centro de El Salvador, en un contexto donde, en América Central, el peso del cuidado recae mayoritariamente en las mujeres. Imagen: Edgardo Ayala / IPS.-Edgardo Ayala

SANTA MARÍA OSTUMA, El Salvador – Los esfuerzos por establecer políticas sobre cuidados en América Central avanzan lentamente, con rezagos estructurales y sin una red pública de servicios, como centros de cuido para niños y personas mayores, que evite que el peso del trabajo recaiga en su mayor parte en las mujeres.

El financiamiento siempre limitado en las siete naciones centroamericanas impide ampliar esos servicios, de modo que la construcción de un sistema integral de cuidados sigue siendo un objetivo lejano en la región, conformada por Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

El istmo está marcado por profundas brechas socioeconómicas, con altos niveles de desigualdad, informalidad laboral y limitaciones fiscales que condicionan la capacidad de los Estados para ampliar sistemas de protección social para una población conjunta de 53 millones.

Detrás de las brechas estructurales en la provisión de cuidados, las dinámicas cotidianas se traducen en arreglos familiares donde la responsabilidad recae de forma desigual en una sola persona, generalmente una mujer cercana al familiar frágil, en el caso de los adultos mayores.

“Tal vez me hubiera gustado tener mis propias cosas, trabajar para tener mi casa, mi familia, pero ya era el destino que me tocaba”: Ana Alvarado.

“Aquí estamos siempre pendientes de mi papá, él es un hombre fuerte, gracias a Dios”, dijo a IPS Ana Alvarado, de 51 años, responsable del cuidado de su padre, Manuel de Jesús Alvarado, de 85 años.

Ana y su padre viven en el cantón El Tránsito, un asentamiento rural del distrito de Santa María Ostuma, en el centro de El Salvador.

Ana relató que ella trabajaba en San Salvador, la capital del país, distante unos 70 kilómetros. Pero hace cinco años asumió el cuidado permanente de su padre, luego de una serie de complicaciones médicas graves que incluyeron múltiples cirugías y una infección que dejó secuelas en el estado de salud de él.

“Casi se nos muere”, contó.

Su padre, sentado a su lado asintió, y comentó: “No todo el tiempo pasa uno con toda la energía de cuando uno es joven, se nota el avance de la edad y los golpes de las enfermedades”.

“Me tocó venirme a mí, porque era la única soltera. Me tocó estar aquí. Mis hermanos aunque quisieran estar aquí no pueden, ellos trabajan en San Salvador y ya tienen su hogar”, dijo Ana entre comprensiva y resignada.

Integrantes del Centro de Estudios de la Mujer de Honduras,
 una de las organizaciones que impulsan la creación de una ley 
de cuidados en su país, junto a un cartel con el lema “Hora de Cuidar”.
Imagen: Cortesía del CEM

El peso sobre las mujeres

Los cuidados se entienden como el conjunto de actividades necesarias para sostener la vida diaria y el bienestar de las personas, que incluyen desde la atención a niños y personas mayores o enfermas y dependientes hasta el trabajo doméstico asociado a esas tareas.

Según el enfoque de ONU Mujeres, se trata de un trabajo esencial para el funcionamiento de la sociedad y la economía. Comprende tanto el cuidado no remunerado dentro de los hogares como los servicios de cuidado pagados, y que tiende a recaer de forma desproporcionada sobre las mujeres.

Las mujeres del Triángulo Norte de Centroamérica continúan asumiendo la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado, según el informe Estado de situación del sector de cuidados en Guatemala, El Salvador y Honduras, publicado en octubre de 2025.

El reporte establece que en los tres países persisten patrones similares en la organización del cuidado que profundizan las brechas de género.

En los tres las mujeres dedican entre tres y cinco veces más tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres, lo que se refleja en una menor participación laboral femenina.

Cerca de 70 % de las mujeres guatemaltecas permanece fuera de los sistemas laborales regulados, al igual que 66,7 % de las salvadoreñas y 64,7 % de las hondureñas. Muchas terminan incorporándose a ocupaciones precarias, caracterizadas por bajos ingresos, ausencia de protección social y escasas oportunidades de capacitación.

“En Guatemala, las mujeres continúan asumiendo la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado, lo que les impide incorporarse al mercado laboral, continuar sus estudios o dedicar tiempo a su propio bienestar”, afirmó a IPS Maritza Velásquez, de la Asociación de Trabajadoras del Hogar a Domicilio y de Maquila y de la Red Guatemalteca por los Cuidados.

Velásquez actuó como coordinadora del estudio.

La investigación también encontró que la provisión de cuidados en la región sigue descansando principalmente en arreglos familiares informales, debido a la falta de marcos normativos coherentes y mecanismos de financiamiento sostenibles, un modelo que reproduce desigualdades de género a lo largo del ciclo de vida de las mujeres.

“Hemos visto que las mujeres se dedican definitivamente más tiempo de su vida a cuidar a otros que a cuidarse ellas mismas”, acotó Velásquez.

Ante este panorama, el estudio propone destinar al menos el equivalente a 1 % del producto interno bruto (PIB) a un fondo plurianual de cuidados para ampliar la infraestructura social y reducir el déficit de servicios dirigidos a la primera infancia, personas mayores y población dependiente.

Actividad en un centro diurno en San José de Costa Rica, donde se 
apoya el cuidado de los adultos mayores, como parte de las mejoras
 del Sistema Nacional de Cuidados y Apoyos, que se considera 
el más avanzado hasta ahora en América Central. Imagen: Sinca

Pocos avances reales

El avance de las políticas de cuidados en América Central muestra distintos niveles de desarrollo entre países, con brechas importantes en su institucionalización y alcance.

Mientras Guatemala, Honduras y El Salvador apenas comienzan a construir marcos más sistemáticos para organizar la provisión de cuidados, todavía con iniciativas fragmentadas y limitaciones de financiamiento, Costa Rica se ubica en una etapa más avanzada.

Esa nación aprobó en 2022 la Ley del Sistema Nacional de Cuidados, que dio base legal a su implementación, con una red estatal que articula servicios públicos y privados para personas adultas y en situación de dependencia, a fin de protegerlas y dar apoyo a los cuidadores, remunerados o no, para mejorar la calidad de vida de las dos partes.

En El Salvador, la política de cuidados existe como marco, pero su alcance sigue siendo muy limitado en la práctica.

“Es un instrumento poco conocido y con limitaciones para volverse operativo, pues carece de un presupuesto”, señaló a IPS Carmen Urquilla, de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz, al referirse a la Política Nacional de Corresponsabilidad de los Cuidados, aprobada en el 2023.

Esa iniciativa no es una ley aprobada por la Asamblea Legislativa, sino un instrumento de política pública del Poder Ejecutivo.

Esto significa que no tiene rango legal vinculante, sino que funciona como un marco de orientación para acciones institucionales y programas. Su implementación depende, en la práctica, de la voluntad política y de la asignación de recursos presupuestarios.

La experta salvadoreña explicó que uno de los principales desafíos no está en la definición del problema, sino en la falta de recursos para traducirlo en servicios concretos como centros de atención infantil o espacios de apoyo para personas mayores.

También advirtió que el énfasis del enfoque vigente tiende a centrarse más en quienes reciben cuidados que en la organización del sistema que los sostiene.

En Guatemala, la discusión sobre cuidados se mantiene en una fase inicial y con avances intermitentes.

“El avance es muy incipiente”, afirmó la guatemalteca Velásquez, al señalar que no existe aún una política pública consolidada.

La dirigente señaló que algunos acercamientos institucionales en materia de cuidados fueron impulsados desde la Secretaría Presidencial de la Mujer durante el gobierno de Alejandro Giammattei (2020-2024), pero advirtió que estos procesos han perdido continuidad con el cambio de administración hacia el actual gobierno de Bernardo Arévalo.

La activista agregó que la transición entre ambas gestiones ha implicado la interrupción o ralentización de varias iniciativas previas, lo que ha afectado la posibilidad de darles seguimiento sostenido dentro del aparato estatal.

Según explicó, esa inestabilidad ha dificultado la construcción de un sistema sostenido y con participación formal de las organizaciones sociales.

Velásquez agregó que, aunque se han retomado conversaciones recientes, el proceso sigue sin una hoja de ruta clara y sin mecanismos estables de articulación entre Estado y sociedad civil. En su visión, el país aún se encuentra en una etapa de definición básica de qué tipo de sistema de cuidados se quiere construir.

En Honduras, el debate ha avanzado hacia propuestas más estructuradas, aunque sin aprobación legislativa.

“El país aún no cuenta con una ley aprobada, pero sí con borradores y mesas de trabajo”, explicó a IPS Suyapa Martínez, directora del Centro de Estudios de la Mujer de Honduras.

La especialista explicó que existe una iniciativa de Ley del Sistema Integral de Cuidados presentada por una diputada de oposición, mientras el gobierno trabaja en una propuesta propia, con la intención de fusionarlas y avanzar hacia una normativa común.

Sin embargo, advirtió que el avance de esta agenda ha estado marcado por vaivenes políticos y cambios de prioridades con la llegada de un nuevo gobierno, lo que ha impedido darle continuidad sostenida a los esfuerzos previos y consolidar un marco legal estable para el sistema de cuidados.

Tras el gobierno de Xiomara Castro (2022-2026), en enero de este año llegó a la presidencia de Honduras el ultraconservador Nasry Asfura, promovido por el presidente estadounidense, Donald Trump.

Retrato de Manuel de Jesús Alvarado y su esposa, María Cristina López, 
cuando eran más jóvenes, que destaca en la sala familiar. López falleció 
en 2010, a los 62 años, y años después, tras sufrir varias enfermedades, 
el esposo requirió cuidados permanentes, que quedaron en manos 
de su hija, Ana Alvarado. Ella debió dejar su vida en San Salvador 
y trasladarse a la comunidad rural del padre. Imagen: Edgardo Ayala / IPS

Buenas leyes, pero de momento lejanas

La activista hondureña explicó que la propuesta de sistema integral de cuidados contempla una combinación de transferencias económicas y expansión de servicios públicos, con la creación de bonos para personas cuidadoras y apoyos directos a hogares que realizan estas tareas.

A esto se sumarían centros diurnos para personas mayores, programas de atención domiciliaria y servicios de asistencia para personas con discapacidad, como parte de una red de apoyo que busca reducir la sobrecarga actual en las familias.

La implementación de este esquema, señaló Martínez, requeriría una inversión significativa, estimada en alrededor de 29 millones de dólares en un período de cuatro años, según los estudios preliminares incluidos en la propuesta.


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En ese contexto, señaló que una de las principales referencias para el diseño del sistema es la experiencia de Uruguay.

Ese país cuenta desde 2015 con un Sistema Nacional Integrado de Cuidados, que reconoce el cuidado como un derecho humano, en lo que fue un modelo pionero en América Latina que se sustenta en la corresponsabilidad y el financiamiento compartido del Estado, las familias, el mercado y la comunidad.

En 2024, Panamá siguió parcialmente ese modelo al establecer un Sistema de Cuidado de Personas, que “garantiza el derecho al cuidado, el pleno bienestar y el desarrollo de las personas, así como a la protección de su autonomía”, brindando apoyo legal a las personas bajo cuidado y sus cuidadores. Pero el sistema enfrenta aún desafíos en su aplicación.

En el caso hondureño, Martínez advirtió que el proceso aún depende de acuerdos políticos y de la definición de recursos sostenidos para su implementación.

Mientras tanto, la cuidadora salvadoreña, Ana Alvarado, señaló que le habría gustado continuar trabajando o desarrollar un proyecto propio, pero terminó reorganizando completamente su vida para atender a su padre.

Contó que ella recibe apoyo financiero de sus hermanos para medicamentos y otros gastos de su padre, ellos se mantienen muy pendientes de él, pero el cuidado cotidiano recae casi por completo en ella.

“Tal vez me hubiera gustado tener mis propias cosas, trabajar para tener mi casa, mi familia, pero ya era el destino que me tocaba”, afirmó Ana.

5/09/2026

Madres deberán asumir la carga de cuidados ante cierre anticipado de escuelas

Escrito por Wendy Rayón Garay 

Ciudad de México.- La Coalición por el Derecho al Cuidado Digno y el Tiempo Propio de las Mujeres denunció que la decisión de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de recortar un mes el ciclo escolar 2025-2026 por motivo del Mundial de Fútbol ocasionará que las madres asuman más trabajo de cuidado del que ya realizan e impactará en su tiempo.

Mario Delgado, Secretario de Educación Pública anunció que el próximo 5 de junio terminarán las actividades escolares para los 37.7 millones de niñas, niños y adolescentes que residen en el país, (número total según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía).

Cuatro días después de este fin de cursos adelantado iniciaría la Copa Mundial de la FIFA, uno de los torneos más importantes y esperados del futbol masculino, donde una de las tres sedes será México junto con Estados Unidos y Canadá.

El ajuste de tiempo no es casualidad, sino una decisión de la Secretaría de Educación Pública (SEP) tomada por unanimidad del Consejo Nacional de Autoridades Educativas, integrado por todas las Secretarías y Secretarios de educación del país.

Aunque se culpó al extremo calor que azota a México en estos momentos, Mario Delgado aseguró que el segundo motivo es la llegada del Mundial 2026 el 11 de junio. Esta no es la primera acción que pretende resguardar a la sociedad mexicana en sus hogares durante el evento, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, mencionó en abril que se necesitaba el regreso del home office en la Ciudad de México.
Pexels, Thomas balabaud https://www.pexels.com/es-es/foto/en-pie-de-pie-joven-infancia-5033927/

Esto fue mencionado en la presentación del programa «Mundial Verde» donde el Gobierno capitalino presentó estrategias para reducir el uso del automóvil mientras se llevan a cabo los partidos del Mundial en el Estadio Banorte. Una de sus estrategias para reducir el tráfico y la demanda de transporte en la capital es regresar a las trabajadoras y trabajadores al home office y suspender algunos días de clases para las niñas, niños y adolescentes.

En medio de esta decisión serán las madres quienes tendrán que asumir el trabajo de cuidados o delegarlo a terceras personas como las abuelas, así lo denunció la Coalición por el Derecho al Cuidado Digno y el Tiempo Propio de las Mujeres quienes aseguraron que esto tendrá impactos en el tiempo de las mujeres, en sus posibilidades de trabajo remunerado, ingreso, descanso, participación pública y autonomía económica.

«Por un par de partidos de futbol, resulta que millones de infancias y sus familias tendrán que resolver como puedan una decisión tomada sin considerar sus efectos cotidianos. En los hechos, cuando niñas, niños y adolescentes se quedan en casa, el trabajo de cuidados aumenta y, en México, sigue recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres.» -Coalición por el Derecho al Cuidado Digno y el Tiempo Propio de las Mujeres.

Datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, las mujeres destinan el 66.8% de su tiempo total en actividades no remuneradas a labores de cuidado o del hogar, esto es el doble de tiempo que destinan los hombres (33.2%). En total, las mujeres trabajan 61.1 horas, de las cuales 16.7 se destinaron a este rubro, siendo 9.4 horas al cuidado de sus hijas o hijos.
Gráfica del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (INEGI)

El hecho de que el trabajo de cuidados recaiga más en las mujeres las limita de su participación de otras áreas o actividades, por ejemplo, la ENUT 2024 indica que ellas destinan menos tiempo en actividades como uso de medios de comunicación, deportes o ejercicio, juegos y aficiones, ausencia en eventos deportivos o de entretenimiento, de eventos culturales y el cuidado de sus salud.

Las mujeres deben balancear el cuidado con su trabajo remunerado, la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados de 2022 muestra que a tasa de participación de las mujeres económicamente activas que brindan cuidados es de 56.3%. Además, gracias a los estigmas sociales y estereotipos de género el 42.7% de personas de entre 15 a 60 años estuvo en desacuerdo con llevar a las infancias a una guardería o estancia infantil.


La Coalición por el Derecho al Cuidado Digno y el Tiempo Propio de las Mujeres advirtió que las escuelas no solo cumplen una función educativa, sino que se tratan de espacios fundamentales para la protección, socialización, alimentación, recreación y la organización de las familias, por lo que, cualquier suspensión de clases debe considerar los efectos adversos y los costos sociales y económicos de los hogares.

«Reconocemos la importancia de proteger la salud de niñas, niños y adolescentes frente a las altas temperaturas. Sin embargo, esa justificación no puede confundirse con la suspensión de clases por eventos deportivos. La protección de la salud requiere medidas serias, planeadas y con enfoque de derechos; no decisiones que terminen cargando nuevamente sobre las familias, y especialmente sobre las mujeres, la falta de previsión institucional» -Coalición por el Derecho al Cuidado Digno y el Tiempo Propio de las Mujeres.
Foto de Fernando Paleta: https://www.pexels.com/es-es/foto/gente-calle-caminando-verano-27400384/

La Coalición por el Derecho al Cuidado Digno y el Tiempo Propio de las Mujeres también mencionó que las autoridades educativas no pueden asumir que en todos los hogares existe una red disponible para absorber el trabajo de cuidado, así como tampoco ignorar que las madres y familias trabajadoras enfrentarán dificultades para conciliar empleo, ingresos y cuidados cotidianos.

Por ello, solicitaron a la SEP y a las autoridades educativas estatales reconsiderar la suspensión de clases, así como revisar el tema desde una perspectiva de género, de cuidados y de derechos de niñas, niños y adolescentes. Asimismo, transparentar los criterios y análisis considerados para modificar el calendario escolar; valorar los impactos diferenciados que estas decisiones tienen en las mujeres; que el ajuste este acompañado de alternativas públicas, comunitarias y seguras para niñas, niños y adolescentes; coordinar acciones con gobiernos estatales y municipales para ofrecer espacios recreativos, culturales, deportivos y de cuidado durante los periodos extraordinarios sin clases; y reconocer que el tiempo de las mujeres.

«La educación pública debe organizarse pensando en las infancias, en sus familias y en quienes sostienen cotidianamente los cuidados. El calendario escolar no puede diseñarse como si en los hogares siempre hubiera una mujer disponible para resolverlo todo.» -Coalición por el Derecho al Cuidado Digno y el Tiempo Propio de las Mujeres.

12/13/2025

«No puede haber reducción de jornada laboral, ni suficiencia salarial, sin servicios de cuidados»: RMS

 

La RMS apuntó que no puede hablarse de reducción de jornada ni de suficiencia salarial sin servicios de cuidados, pues es necesario establecer la corresponsabilidad social y patronal en licencias, condiciones laborales e infraestructura para la infancia, personas mayores y personas dependientes.

Esto resulta fundamental, ya que en México, en 2024, por cada 100 horas de trabajo total por semana, las mujeres destinaron 62 horas al trabajo no remunerado del hogar (TNRH) y solo 35.8 horas al trabajo remunerado. En contraste, los hombres dedican 71.1 horas al mercado laboral y apenas 24.6 horas a actividades de cuidado, de acuerdo con el INEGI.

Seguir delegando estas tareas únicamente a las mujeres limita el tiempo que pueden dedicar a estudiar, acceder a un empleo digno, participar en la vida pública o simplemente descansar.

Ante ello, cabe recordar que el Sistema Nacional de Cuidados fue incluido como una de las promesas de campaña y dentro de los 100 compromisos de Claudia Sheinbaum Pardo. Sin embargo, no será una realidad en este sexenio, pues ya se informó que México no contará con un SNC culminado durante la actual administración, dado que “requiere años de planeación política y recursos que probablemente no alcancen a cubrirse”.

Frente a esto, la RMS advierte que, sin un Sistema Nacional de Cuidados con presupuesto suficiente y con un enfoque laboral, la reducción de jornada no contribuirá a una recuperación efectiva del descanso ni a garantizar una vida con derechos plenos para las mujeres.

De acuerdo con la RMS, la reforma de las 40 horas ni la política de salario mínimo incorporan de manera explícita su impacto diferenciado en las mujeres, ni contemplan la sobrecarga del trabajo doméstico y de cuidados; situación que invisibiliza una realidad fundamental: las mujeres no solo trabajan más horas y producen más, sino que también lo hacen en condiciones más precarias.

Cabe señalar que la jornada de 40 horas se implementará mediante una reducción de dos horas por año hasta alcanzar la meta en 2030. Asimismo, se establece que no podrán reducirse salarios ni prestaciones, pero hay que resaltar que únicamente se tiene previsto un día de descanso a la semana.

Por su parte, el incremento del salario mínimo para 2026 (315.04 pesos diarios a nivel nacional y 440.87 en la frontera norte) forma parte de un proceso sostenido de recuperación del poder adquisitivo tras décadas de deterioro del ingreso de la clase trabajadora.

Pese a dichas modificaciones, uno de los aspectos que no ha sido considerado dentro de estas política, es que las mujeres trabajadoras concentran gran parte de la participación en la informalidad, un sector donde el salario mínimo no se aplica de manera efectiva, no existe una jornada regulada y se carece de seguridad social. Por ello, señalaron que, sin estrategias reales de formalización del empleo, estos derechos continuarán siendo incompletos y desiguales.

Este panorama se refuerza con los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), publicada este año por el Inegi, que señala que la tasa de informalidad laboral se ubicó en 54.8 por ciento, de las cuales 13.5 millones corresponden a mujeres en esta situación.

Además, de acuerdo con el colectivo de economistas “México, ¿cómo vamos?”, las desigualdades estructurales conducen a que las mujeres se inserten en la economía informal, donde encuentran mayor flexibilidad para cumplir con sus roles familiares y de crianza, pero a costa de una mayor vulnerabilidad: sin acceso a seguridad social, sin sistemas de guarderías y con menores ingresos.

Más ineficiencias

Sumado a ello, la RMS ha detectado más deficiencias dentro de estos nuevos cambios. Una de ellas es la gradualidad de la implementación de la reducción de la jornada a 40 horas, pues se considera  que seis años es un periodo muy largo y puede perpetuar la sobrecarga laboral vigente, especialmente para las mujeres que sostienen dobles y triples jornadas; además, abre riesgos de simulación patronal mediante incrementos en las cargas de trabajo y abuso de horas extraordinarias.

Asimismo, si no se contempla una inspección laboral robusta ni una reorganización de los procesos de trabajo en las empresas, la reducción de jornada puede traducirse en despidos injustificados bajo el argumento del impacto en las ganancias.

Añadido a esto, la RMS señala que, aunque el salario mínimo ahora permite teóricamente cubrir dos canastas básicas, este cálculo no incorpora costos fundamentales de la vida como renta, transporte, medicinas, educación y cuidados. Esto significa que, para millones de mujeres jefas de hogar, el salario mínimo sigue siendo insuficiente para sostener dignamente a sus familias.

¿Qué se debe considerar?

De acuerdo con la Red de Mujeres Sindicalistas, con la entrada en vigor de ambas políticas se deben considerar factores como: perspectiva de género obligatoria en su reglamentación e implementación; inspección laboral fortalecida con enfoque de género y derechos humanos; y una participación sindical efectiva.

Asimismo, debe existir una regulación estricta de las horas extraordinarias para evitar abusos, protección contra despidos derivados de la reducción de jornada, articulación real con el Sistema Nacional de Cuidados y mediciones diferenciadas por sexo, sector y territorio del impacto salarial, integradas con el análisis de prácticas discriminatorias y de violencia.

Además, señalan que ambas reformas deben contribuir a erradicar la invisibilización del trabajo de cuidados; reducir la informalidad y promover trabajo digno con plenos derechos para las mujeres; disminuir prácticas de violencia, discriminación y precarización; y eliminar políticas sindicales que excluyen la agenda de género en la negociación colectiva y en la libertad sindical.