2/12/2010


Horizonte político
José Antonio Crespo

¿Portazo o congruencia?

Que Fernando Gómez Mont no haya dado una explicación a su salida del PAN nos obliga a la especulación aunque, de haber publicitado sus razones, probablemente también tendríamos que conjeturar, pues rara vez los políticos comparten los verdaderos motivos de sus decisiones.

1) Me parece sumamente creíble la generalizada versión de que Gómez Mont habría empeñado su palabra al PRI de que no habría coalición PAN-PRD en Oaxaca, a cambio del respaldo priista a elevar el IVA de 15 a 16% (algo indebido desde una óptica de Estado). El mero rechazo personal de Gómez Mont a la alianza con el PRD (compartida por muchos panistas de diverso rango, aunque no lo griten a los cuatro vientos) no justificaría esta renuncia, dada su elevada responsabilidad en el gobierno. Pero ello, a su vez, abre dos posibles hipótesis:

A) En el momento de ese acuerdo, Felipe Calderón aún no se habría definido respecto de las alianzas, y Gómez Mont, por decisión propia, habría buscado forzar la decisión del Presidente al respecto;

B) Calderón habría dado su consentimiento al acuerdo con el PRI, y después lo incumplió y dejó asumir el costo a su secretario de Gobernación (como recomendaría Maquiavelo), si bien en esta segunda tesis, más lógica hubiera sido la renuncia de Gómez Mont a su cargo.

2) El nombramiento de Gómez Mont en Gobernación no sólo representó un acercamiento con el PAN —al no pertenecer al círculo cercano de Calderón— sino también al PRI, en un momento en que ya se vislumbraba que ese partido recobraría la mayoría en la Cámara baja. Y es que Gómez Mont pertenece al grupo político de Diego Fernández de Cevallos, que goza de la cercanía y la confianza del PRI al menos desde 1989. Recordemos que legisladores priistas propusieron a don Diego como sustituto de Juan Camilo Mouriño. Al no poder cumplir su ofrecimiento al PRI, y como muestra de congruencia, Gomez Mont decide romper con su partido (la otra opción hubiera sido renunciar a su cartera, pero seguramente no es el momento más adecuado para el gobierno de perder a quien, desde mi punto de vista, ha sido el único secretario de Gobernación panista que parece secretario de Gobernación, en medio de la promoción de la reforma política y en plena crisis de seguridad).

3) Calderón enfrenta varios dilemas: dificultar la interlocución con el PRI para las reformas que están sobre la mesa, aceptando las alianzas con el PRD, o bien rechazar éstas al costo de despejar el terreno al PRI hacia 2012. Se decidió por lo segundo, pues en efecto las coaliciones podrían quitarle algunos triunfos al PRI este año, y en esa medida complicarle su retorno al poder. Lo que refleja que a Calderón no le agrada nada la idea de que, bajo su gobierno, el PRI regrese a Los Pinos, lo que inevitablemente se leería como una regresión democrática provocada por un rotundo fracaso de la gestión calderonista. Por otro lado, la disyuntiva cruza una línea ideológica: ¿qué partido preferiría Calderón que ganara en caso de que el PAN no tenga ya posibilidades de retener la Presidencia? ¿El antidemocrático y corrupto PRI o el populista y rijoso PRD? Como panista, probablemente Calderón prefiera al PRI (igual que la mayoría de sus correligionarios); como Presidente, un eventual triunfo del PRD al menos podría presentarse como una continuación y ampliación de la democracia (al aceptar una nueva alternancia, ahora por la izquierda, que Vicente Fox combatió por las buenas, las malas o como fuera).

4) Volvemos a ver cómo la agenda electoral entorpece gravemente la dinámica parlamentaria y la negociación entre partidos que simultáneamente se disputan el poder. Parece pertinente insistir en llevar aún más lejos la política de compactación de los comicios a, por ejemplo, dos fechas por sexenio; la elección presidencial y, a medio término, la de gobernadores (para evitar fenómenos de arrastre, y elevar además la participación en esos comicios). Las coaliciones electorales (y electoreras), no sólo del PAN y el PRD (sino de todos con todos en distintos puntos), si bien no necesariamente impedirán las reformas que se deben discutir, sí las entorpecen fuertemente.

5) Podemos confirmar que la negativa de Gómez Mont a la candidatura presidencial iba en serio. De no ser así, ni de loco renunciaría; más valdría “tragar sapos” (engendros, en este caso), como lo hizo, por ejemplo, Santiago Creel en su momento. Algunos comparan esta renuncia a la salida de Calderón del gabinete en 2004. Pero la salida del PAN hace complicada —por no decir imposible— la candidatura, por más que numerosos panistas coincidan con Gómez Mont, y aun si las coaliciones fracasaran rotundamente este año.

Al Presidente no le agrada nada la idea de que, bajo su gobierno, el PRI regrese a Los Pinos, lo que se leería como una regresión...

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