5/10/2012

Big band de la Escuela Superior de Música, ¿quién les pagará el viaje?

Jazz

Antonio Malacara
 
En noviembre de 2011, la coordinación de la licenciatura en jazz de la Escuela Superior de Música le entregó una convocatoria al maestro Hernando Castro, director de la big band de este plantel del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y trombonista de la Orquesta Sinfónica Nacional. La idea era que la orquesta de 19 estudiantes participara en el concurso de preselección para asistir al Festival Internacional de Música Universitaria de Belfort, Francia, a celebrarse del 26 al 28 de mayo de 2012. Bien.
El maestro Castro y sus alumnos llenaron las formas correspondientes, grabaron un demo con cuatro temas propios y lo enviaron a Francia. Todo iba bien, el ejercicio en sí mismo y las expectativas despertadas entre los estudiantes (que giran entre los 19 y los 24 años) habían fortalecido a los futuros profesionales de la música y el espíritu de grupo se consolidaba.
Los problemas empezaron cuando se les avisó que habían ganado (sic), que la big band de la Escuela Superior de Música había sido seleccionada para ir a Belfort y participar con dos conciertos en este festival. El comité organizador proporcionaría el hospedaje, los alimentos y un apoyo de 2 mil euros para el transporte; el resto del dinero para el viaje era responsabilidad de cada una de las bandas invitadas.
Pero aquí nadie le hizo caso a nuestra big band. Al parecer ni las autoridades escolares ni los funcionarios del INBA imaginaron nunca que su banda sería seleccionada para este evento (¿La habrán escuchado en alguna ocasión? ¿Sabrán de su calidad interpretativa y conceptual?). Esta banda estudiantil tocó el año pasado en la reinauguración de la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, abarrotada de políticos y funcionarios… ¿Alguien le habrá puesto atención?
Los primeros en batear la solicitud de ayuda de Castro y sus pupilos fueron Cuauhtémoc Rivera (director de la Escuela Superior de Música) y Eduardo Piastro (coordinador de la licenciatura en jazz). Se envió entonces un oficio solicitando el apoyo de Marisela Jacobo, subdirectora de Educación Artística del Instituto Nacional de Bellas Artes, y su respuesta fue igualmente negativa, argumentando que nuestras prioridades son la formación y actualización de profesionales (…)
Nosotros –mi ingenuo subconsciente y yo– nos preguntamos: ¿Y el haber obtenido un lugar en la 26 edición del Festival Internacional de Música Universitaria de Belfort, el evidenciar un alto nivel técnico ante sinodales extranjeros, el alternar y convivir con los mejores estudiantes y maestros de jazz del mundo, no son factores fundamentales en la formación y la actualización de profesionales? ¿Qué quiere decir entonces esto de formación y actualización?
Pero Castro no se dio por vencido y buscó ayuda en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la embajada francesa, la Alianza Francesa y todos –todos– dijeron que no. Una nueva joya para el surrealismo nacional (con la salvedad de la embajada y la alianza, a las que sólo les valió sorbete).
Entonces se les ocurrió organizar conciertos para recaudar fondos y la escuela les prestó el auditorio Angélica Morales. “Pero así nada más –apunta Hernando Castro–, el puro auditorio, sin ningún otro apoyo, ni de trabajadores ni de papelería ni de publicidad. Nosotros tenemos que andar cargando y acarreando todo, y haciendo carteles y anunciándolo como vamos pudiendo. No sé… Eduardo Piastro nos dice que él nos apoya moralmente, pero no ha ido a uno solo de nuestros conciertos, que porque tiene muchas cosas que hacer.”
El último movimiento del maestro Castro para conseguir los boletos de avión para Francia fue escribir una carta al Presidente de la República, que entre otras cosas dice: La petición que le hacemos es de 19 (diecinueve) boletos de avión ida y vuelta a la ciudad de Belfort, ya que estamos programados para tocar el 26 y 27 de mayo del año en curso. De no ser posible los diecinueve boletos, le agradeceremos mucho de cualquier manera los que se nos pudieran otorgar, así sea uno solo.
El último concierto para la recaudación de fondos es este domingo 13 de mayo, a las 18 horas, en el auditorio Angélica Morales (Fernández Leal 31, Coyoacán). El donativo es de 100 pesos. O bien, se pueden depositar estos donativos en la cuenta 5660 8002888, de Santander. Ya sólo falta el dinero para seis boletos.

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