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6/20/2026

Piden madres y padres de Ayotzinapa a Segob no criminalizarlos ni reprimirlos

 

En un comunicado dirigido a la titular de la Segob, Rosa Icela Velázquez Rodríguez, las madres y padres de los estudiantes pidieron que la Fiscalía General de la República (FGR) les informe sobre los avances de las líneas de investigación, que afirmaron, fueron abandonadas desde 2024.

Cabe recordar que el 26 de septiembre de 2014, un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, tenía como objetivo salir de la ciudad de Iguala, Guerrero, en autobuses con destino a la Ciudad de México, para unirse a la conmemoración del aniversario del 2 de octubre.

De acuerdo con información del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, quien ha documentado el caso, “el 26 de septiembre de 2014, Policías Municipales de Iguala abrieron fuego contra los estudiantes para impedir que salieran de la ciudad con los autobuses.

Auxiliados por otras corporaciones y por civiles, los policías lograron cerrar el paso a cinco autobuses -tres que transitaban por una calle céntrica y dos que lo hacían por una calle periférica-. En esos dos escenarios fueron detenidos 43 estudiantes que habrían de ser desaparecidos. Más tarde esa misma noche, continuaron las agresiones contra los estudiantes y contra la población en general, ya no sólo por parte de agentes estatales sino también por civiles que, como después se demostró, eran parte de la estructura de una organización criminal fuertemente imbricada con las instancias estatales presentes en esa zona de Guerrero, denominada Guerreros Unidos”.

De lo documentado por el Agustín Pro el saldo de aquella noche fueron 43 estudiantes desaparecidos, 6 personas ejecutadas (entre ellas 3 normalistas), al menos 40 personas lesionadas entre las que se encuentran 2 estudiantes que presentaron afectaciones graves y permanentes a su salud.

“En total, más de 180 personas fueron víctimas directas de violaciones a derechos humanos esa noche y alrededor de 700 personas resultaron víctimas indirectas, considerando a los familiares de los agraviados”, detalló el Pro.

En el comunicado enviado a la titular de la Segob, el Comité de madres y padres de los 43, recordaron que desde el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia (CoVAJ) y la Unidad Especial de Investigación y Litigación para el Caso Ayotzinapa (UEILCA) lograron desacreditar la llamada “verdad histórica” del entonces Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, quien afirmó que los policías municipales entregaron a los estudiantes al cártel Guerreros Unidos, quienes los asesinaron e incineraron en el basurero de Cocula, para posteriormente tirar sus restos al Río San Juan, al concluir que las investigaciones iniciales estuvieron marcadas por irregularidades, alteración de evidencias y actos de tortura.

Asimismo, destacaron que las indagatorias posteriores permitieron identificar la participación de cuerpos de seguridad e integrantes del grupo criminal Guerreros Unidos en la desaparición de los estudiantes, así como el hallazgo de restos identificados de Cristian Alfonso Rodríguez Telumbre y Jhosivani Guerrero de la Cruz.

Las madres y padres pidieron a la FGR, retomar las líneas de investigación hechas hasta 2024, o bien, abrir nuevas líneas prioritarias en las que incluyan: la barandilla de la Policía Municipal de Iguala y el presunto traslado de estudiantes a otros puntos, con base en documentos de los Centros Regionales de Fusión de Inteligencia (Cerfi) y la colonia Jardines del Sol y la Laguna de Tuxpan, lugares donde se presume, habrían sido llevados al menos 11 estudiantes.

También pidieron instalar una comisión de trabajo integrada por 5 madres y padres de los 43 estudiantes, cuatro asesores jurídicos, representantes de la CoVAJ así como integrantes de la UEILCA.

El objetivo de esta comisión sería analizar exhaustivamente los 33 documentos Cerfi identificados hasta ahora para obtener información que pueda convertirse en nuevas líneas de investigación y posibles procesos judiciales.

Exigen extradiciones y cooperación internacional

El Comité también solicitó a la Secretaría de Relaciones Exteriores realizar las gestiones necesarias para lograr la extradición de exfuncionarios que consideran como prófugos de la justicia como Tomás Zerón de Lucio y José Ulises Bernabé y solicitar nuevamente la asistencia técnica del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) para fortalecer las investigaciones y sugerir nuevas líneas de búsqueda, ya que su participación fue crucial para desmontar la “verdad histórica” y que pudieran abrirse nuevas líneas de investigación.

Finalmente, solicitaron a la Segob garantías de que no serán criminalizados ni reprimidos por sus demandas, que no se abrirán carpetas penales en su contra, así como respetar el derecho a la libre manifestación y a la exigencia de verdad y de justicia.

9/28/2025

11 años y la digna rabia por los 43. Tres gobiernos, tres promesas incumplidas

 

Como cada año desde hace once, se escuchará esta tarde «¡Ayotzi vive, la lucha sigue y sigue!» Seguirá porque sus madres y padres continúan buscándolos, pero solo han encontrado falta de voluntad política en los tres gobiernos que les tocaron atender el caso: Enrique Peña Nieto (2012-2018), Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) y Claudia Sheinbaum Pardo (2024-actualidad).

Durante sus administraciones, las investigaciones han enfrentado obstáculos, ocultamientos y contradicciones que profundizaron la desconfianza hacia el Estado, incluso optaron por un Estado militarizado y en los Programas de Presupuestos de Egresos de la Federación las instituciones castrenses mexicanas son de las más beneficiadas y alejadas de cualquier señalamiento por este caso.

«En su último informe, la Comisión Presidencial para la Verdad y el Acceso a la Justicia del caso Ayotzinapa (COVAJ) advirtió el posible involucramiento del crimen organizado, policías, militares y otras autoridades estatales en la desaparición de los normalistas. Pese a lo anterior, 11 años después, el Estado no termina de esclarecer las circunstancias de la desaparición y las familias continúan sin conocer qué ocurrió con sus seres queridos.» -Comisión Interamericana de Derechos Humanos

En los últimos años las víctimas y sus representantes mostraron preocupación por la falta de efectividad de los espacios de diálogo; la percepción de obstáculos en el acceso a la justicia, manifestada en el otorgamiento presuntamente irregular de beneficios procesales a militares; y la persistencia de la negativa de entregar documentación que se encontraría bajo custodia de la Secretaría de la Defensa Nacional. 

Hoy, desde muy temprano familias de los jóvenes desaparecidos iniciaron su jornada de memoria con la conmemoración de un acto religioso en el auditorio del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez.

Foto: Cortesía Centro Pro

La digna rabia estará en la protesta anual que convoca a la sociedad y a los gobiernos desde hace once años para encontrar a los jóvenes normalistas. En punto de las 4 de la tarde partirán desde el Ángel de la Independencia con rumbo al Zócalo para exigir verdad sobre los hechos ocurridos en la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre de 2014. No obstante, la respuesta gubernamental de Sheinbaum fue tapizar los edificios del centro de la capital con vallas metálicas que amurallan y evitan un diálogo directo con las y los familiares.

Como cada año, las protestas que ya forman parte de una jornada de lucha por Ayotzinapa, permiten mirar cómo la digna rabia se ha hecho presente en los diversos actos de protesta, ejemplo de ello fue el día de ayer en la Puerta 1 del Campo Militar Número 1 ubicado en la colonia Lomas de Sotelo, alcaldía Miguel Hidalgo, familiares de los 43 normalistas, así como estudiantes y personas intervinieron la fachada con imágenes, fotografías, consignas y más tarde derribaron la reja de la entrada la cual incendiaron junto con un camión.

CIMAC Foto

Esta manifestación refleja la digna rabia de la sociedad mexicana ante uno de los episodios más tristes y violentos en la historia de México que evidenció el panorama sobre la crisis de desapariciones forzadas en el país que hasta el día de hoy acumula 133 mil 710 personas desaparecidas y no localizada entre 1952 y 2025, según datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No localizadas (RNPDNO).

El enojo, ira y furia de la digna rabia funcionan como una emoción con capacidad movilizadora en la lucha de las madres, padres y comunidades que salen a manifestarse en las calles por los 43 normalistas de Ayotzinapa. Es la transformación de un duelo incompleto y prolongado, de una pérdida a secas y de un lamento que empuja a las familias a crear acciones en la esfera pública. Históricamente, la rabia ha sido controlada mediante mecanismos de silenciamiento, domesticación, devaluación y no es reconocida como una emoción política con valor propio.

Las investigaciones en tres sexenios

En 2014, las investigaciones comenzaron a cargo de la Fiscalía General del Estado de Guerrero. Tras varias irregularidades y la presión internacional, la Procuraduría General de la República (PGR) asumió la responsabilidad. El 27 de enero de 2015, el procurador Jesús Murillo Karam anunció la llamada «verdad histórica»: los policías municipales, ordenados por el alcalde José Luis Abarca, habían entregado a los estudiantes a la banda criminal Guerreros Unidos, quienes los asesinaron y calcinaron a medianoche, para después llevar sus restos y pertenencias al basurero de Cocula.

Esta versión fue desmentida cuando los familiares aseguraron que, para esa hora, las llamadas a los celulares de los normalistas seguían entrando. La incertidumbre se confirmó cuando el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), convocado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, encontró que toda la investigación había sido manipulada: no había evidencia suficiente para respaldar la quema de 43 cuerpos y los testimonios utilizados habían sido obtenidos mediante tortura. No obstante, el gobierno impulsó una campaña de desprestigio hacia el equipo legal, las organizaciones de investigación y los propios padres.

En 2018, el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador prometió encontrar a los normalistas. Tras ganar las elecciones, firmó el decreto presidencial para crear la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en el caso Ayotzinapa. Asimismo, expresó que, si el Ejército Mexicano era responsable, los involucrados serían entregados a la justicia.

Durante su sexenio, la Fiscalía General de la República (FGR) encontró restos humanos en la barranca de la Carnicería, un lugar distinto al basurero de Cocula. Gracias a este hallazgo se pudo confirmar la identidad de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, convirtiéndolo en el tercer normalista encontrado hasta el momento, precedido por Jhosivani Guerrero de la Cruz en 2019 y Alexander Mora Venancio en 2014.

CIMAC Foto

Sin embargo, López Obrador concluyó su mandato sin entregar 800 folios de los archivos del Ejército Mexicano ni las grabaciones de las cámaras de C4 para continuar con la investigación. Además, las cuatro líneas de investigación de la Comisión no fueron profundizadas. Una de ellas indicaba que los 43 normalistas habían sido llevados al Batallón 27 y, en 2022, se giraron 20 órdenes de aprehensión, de las cuales 16 eran contra elementos del Ejército; todas fueron desestimadas.

Las familias no solo se han enfrentado a la falta de verdad, sino también a comentarios como los del ex presidnete López Obrador defendiendo al Ejército: “porque no hay ninguna prueba que los vincule y que, si fuera así, sería por omisión”, y desprestigiando a su defensa legal al decir que “obstaculizan la investigación”. Además, durante su sexenio se militarizó el país, medida que asigna a las fuerzas armadas funciones civiles y facilita violaciones de derechos humanos.

Esta política continuó con Sheinbaum, quien impulsó en 2025 la nueva «Ley de la Guardia Nacional», en la que se profundizó su carácter militar y se le otorgó el poder de involucrarse en tareas de inteligencia por motivos de seguridad nacional. Asimismo, durante su toma de protesta, se comprometió a continuar la búsqueda y a no dejar el caso en el olvido.

Como parte de sus acciones, la presidenta solicitó a Marco Rubio, secretario de Estados Unidos, la extradición de dos personas relacionadas con el caso, durante un encuentro que sostuvieron el pasado 3 de septiembre. Además, Mauricio Pazarán Álvarez asumió la dirección del caso Ayotzinapa tras la renuncia de Rosendo Gómez Piedra. Estos esfuerzos fueron calificados como insuficientes por las familias de los 43 normalistas, luego de salir de una reunión en Palacio Nacional con Sheinbaum.

Esta mañana, durante la conferencia matutina Mañanera, Sheinbaum apuntó que el compromiso de su sexenio es «verdad y justicia» y «encontrar a los jóvenes»; sin embargo, señaló que no está de acuerdo con acciones violentas refiriéndose a la que se vivió en el Campo Militar Número 1, el cual calificó como un acto de provocación.

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La desaparición de los normalistas

Al igual que en años anteriores, el 26 de septiembre de 2014 los normalistas de Ayotzinapa realizaron actividades de boteo y toma de camiones para su traslado a la Ciudad de México con el fin de participar en las protestas del 2 de octubre. Acciones que hasta ese momento habían transcurrido sin represalias, incidentes o consecuencias legales. En esta ocasión se llevaron 5 camiones que salieron de la central de autobuses en este orden: Estrella de Oro 1531, Costa Line 2012, Costa Line 2510, Estrella de Oro 1568 y Estrella Roja 3278.

Hubo varios intentos de captura por parte de la policía local, pero lograron entrar a Iguala, una ciudad gobernada por el entonces presidente municipal José Luis Abarca Velázquez y su esposa, María de los Ángeles Pineda, quienes ya eran acusados de corrupción, nepotismo y autoritarismo desde su llegada al ayuntamiento en 2012. Aquel día, Pineda presentó su segundo informe como presidenta del Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en un evento político.

Esa noche ocurrieron varios ataques. El primero sucedió entre la calle Juan Álvarez y Periférico Norte donde la policía municipal dispararó a tres autobuses y se llevó a 30 detenidos. El segundo atentado tuvo lugar debajo del puente del Palacio de Justicia donde se interceptó al Estrella de Oro 1531 de donde también sustrajeron a varios estudiantes. El Estrella Roja 3278 fue alertado, pero nada impidió que los encontraran y los bajaron del autobús encañonados dejándolos ir a pie para luego dispararles. 

A medianoche ocurrió el cuarto ataque durante una conferencia de prensa por parte de los normalistas, los sobrevivientes tuvieron que huir a los cerros y casas aledañas. Finalmente, las víctimas del quinto ataque fueron el equipo de fútbol Avispones sobre la autopista de Chilpancingo a quienes confundieron con los normalistas y que terminó con la muerte de tres jugadores. La madrugada del 27 de septiembre dio como resultado nueve personas asesinadas, 27 heridos, 43 desaparecidos y un hecho detonante que terminaría en una movilización simultanea durante más de una década.

CIMAC Foto

Te invitamos a leer la entrevista realizada a Cristina, Nicanora y Macedonia, madres de tres de los 43 estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, quienes coinciden en que los gobiernos no han buscado a sus hijos, solo ha sido una simulación pero ellas seguirán hasta encontrarlos.

8/24/2025

A 11 años de lucha incansable sin los 43

 

Las madres y padres informaron que han tenido cuatro reuniones con la presidenta de la república Claudia Sheinbaum, sin embargo, no ha habido avances en las investigaciones a pesar de los detenidos durante su administración. Puntualizaron que la línea de investigación que tiene que ver con el ejército se estancó cuando se profundizó en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

También mencionaron que exigen ahondar en la línea de las llamadas telefónicas, la línea del trasiego de droga y la línea de la policía municipal de Huitzuco. La preocupación de las familias es que con la actual presidenta se quiera volver a la versión de la verdad histórica, por lo que urgen la entrega de los 800 folios en manos del ejército que podría tener información sobre el paradero de sus hijos, o por lo menos de un grupo de 17 jóvenes que, de acuerdo con la información, fueron llevados a barandilla municipal de Iguala.

El abogado de las madres y padres, Isidoro Vicario, afirmó que las detenciones de personas vinculadas al caso son clave, pero no hay mayor información, es el caso de la magistrada Lambertina “relacionada con la destrucción o desaparición de los videos de palacio municipal en Iguala. Un grupo de expertos demostraron lo que pudieron haber grabado las cámaras, cómo llegaron los autobuses y las patrullas, y cómo se llevaron a los estudiantes. Otra detención reciente que no se cuenta con información es la de Pedro Segura Valladares, acusado por tener vínculos con la delincuencia organizada. Sin embargo, todas las detenciones ocurridas en esta administración son relacionadas con la versión anterior, la verdad histórica”.

A la asamblea acudieron más de 20 colectivos, dos ellos colombianos, organizaciones sociales y artistas independientes, para refrendar la solidaridad hacia las familias de los 43 estudiantes desaparecidos. Sirena, del colectivo La Ceiba, manifestó que “el arte es memoria que sangra, semillas que florecen y que las grietas del suelo no olvidan”, y propuso convocar a artistas para participar en la elaboración de los rostros de los 43. Florentino, de la Federación Popular Revolucionaria (FPR), informó que desde su organización han estado acompañando “esta lucha los días 26 de cada mes. Hacia el 11 aniversario estaremos participando en varios espacios en Baja California, Jalisco, Chiapas y en la parte de afuera de la Ciudad de México”.

Por su parte, Gibanel, del sindicato de Telefonistas, expresó su preocupación por la falta de resultados en las reuniones con la presidenta Claudia Sheinbaum, quien pretende desacreditar el trabajo del GIEI, y pidió hacer una asamblea nacional para reestructurar la lucha y la estrategia. David, del colectivo Lupita Rodríguez, invitó al movimiento por los 43 a unirse para una marcha por motivo del Día contra la desaparición de personas el 29 de agosto en Chilpancingo. El colectivo Ni un paso atrás, de Colombia, manifestó que en su país también hubo agresiones contra estudiantes en 2021.

La Ceteg hizo un llamado a una lucha nacional unificada para exigir justicia por los 43 y que deroguen la ley del ISSSTE y la reforma educativa. La sección IX de la CNTE llamó a una jornada de lucha de 40 horas e hizo una invitación a la convención nacional del sindicato de telefonistas en septiembre en Ciudad de México. Asimismo, Jesús, del movimiento Revolución, llamó a la unidad de familias buscadoras y organizaciones para unirse en una sola estructura en la lucha de los desaparecidos. El resto de las organizaciones manifestaron su apoyo y colaboración con las madres y padres en la jornada de lucha a 11 años de la desaparición de los estudiantes normalistas.

La asamblea cerró con un discurso de don Emiliano Navarrete, padre de José Ángel Navarrete, estudiante desaparecido. Señaló que no han encontrado un respaldo de los gobiernos pasados ni del actual, sino de las organizaciones sociales, colectivos y estudiantes. También dijo que “lo que encontramos en las autoridades fue un rechazo, señalamientos de que nuestros hijos estaban involucrados en la delincuencia y que hasta el día de hoy la postura de estos gobiernos es la misma, no quieren tocar al ejército, no quieren hacer que entregue los folios que faltan y hace tiempo batallamos que entreguen. Han mentido”.

El padre de familia lamentó que estén por cumplirse 11 años de la desaparición de sus hijos, y que “el día que tengamos la verdad como padres, como madres, por muy dura que sea la verdad, la diremos de cara con ustedes, nos verán llorar, nos verán gritar porque son como la familia que encontramos en el camino. Pero el gobierno no nos verá arrodillados ante ellos. Primero está la verdad y la justicia, y por nuestros hijos vamos a ir hasta donde tengamos que llegar. No es cierto que el gobierno esté ayudando a que las investigaciones avancen, es el principal obstáculo para el trabajo que vino a hacer el grupo de expertos, desde Andrés Manuel hasta la actual presidenta las echó a la basura, anda buscando nuevas líneas”.

A pesar del dolor, las madres y padres de los 43 reafirmaron que van a continuar hasta encontrar a sus hijos y obtener verdad y justicia.

9/26/2024

Ayotzinapa: 10 años sin justicia

EDITORIAL La Jornada

Se cumple hoy una década de la atrocidad cometida en Iguala la noche del 26 de septiembre de 2014, cuando un grupo de alumnos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa fueron brutalmente agredidos por efectivos policiales asociados a estamentos de la delincuencia organizada, hechos que dejaron un saldo de seis asesinados, 40 heridos y 43 estudiantes víctimas de desaparición forzada. Lamentablemente, este aniversario ocurre en un contexto de estancamiento de la investigación del caso, que en los meses recientes ha motivado crecientes actos de protesta de alumnos de dicho centro educativo, familiares de las víctimas y sectores sociales que los apoyan.

El esclarecimiento de lo ocurrido la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, y sus inmediaciones representa una asignatura pendiente para el gobierno que finaliza dentro de cuatro días. Sin duda, es terrible que no se haya podido cumplir ese compromiso tan emblemático del proyecto político encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador pese a la voluntad política empeñada por él y varios integrantes de su gobierno.

A casi seis años del inicio de esta administración, ha quedado claro que las resistencias y las redes de intereses que obstaculizan la acción de la justicia son mucho más densas de lo que se supuso en un inicio. Este entramado ha ocasionado que, a una década de los hechos, sigamos preguntándonos qué ocurrió en Iguala, dónde están los muchachos y a quién se encubre con el pacto de silencio establecido durante el sexenio de Enrique Peña Nieto y que evidentemente sigue en pie. Significativamente, en agosto de 2022, el entonces subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, encargado de la comisión gubernamental creada para esclarecer los hechos, informó que hasta entonces habían fallecido o habían sido asesinados 26 testigos claves que habrían podido aportar información sustancial para conocer la verdad de los hechos.

Es palpable que existe un designio de proteger, pero no se puede afirmar con certeza a quién: los padres, por ejemplo, sostienen que solapa a los militares, pero 11 miembros de las fuerzas armadas –entre ellos dos generales– se encuentran sometidos a proceso, una realidad que pone en entredicho la supuesta protección al ámbito castrense.

Por otra parte, la causa ha sido instrumentada para el golpeteo político contra el gobierno federal por personajes y organismos que acompañan a los padres, así como por miembros de la comentocracia que ignoraron o hasta atacaron a éste y otros movimientos sociales durante el peñato y que hoy despliegan una hipócrita solidaridad para atacar al mandatario. Estos sectores son contraproducentes para la justísima lucha de los familiares de los normalistas, pues siembran una desconfianza que enturbia el ambiente social y entorpece los avances que son tan insatisfactorios como innegables.

Ante los actos conmemorativos que se realizarán hoy y de cara al futuro del movimiento de Ayotzinapa, cabe llamar a que el derecho a la protesta se ejerza sin violencia, no porque el mobiliario y el patrimonio urbanos importen más que el esclarecimiento o la justicia, sino porque se encuentra probado que la impulsividad desprestigia a la causa. Asimismo, los arrebatos de furor dan pábulo a quienes quisieran regresar a prácticas represivas que se desterraron durante el actual sexenio y que no deben volver.

Por último, es deseable una vuelta al diálogo entre los familiares y Palacio Nacional, y el cambio de gobierno ofrece una ocasión para restablecer la comunicación sin la carga negativa acumulada. En la medida en que ambas partes desplieguen una verdadera voluntad de entendimiento, mayores serán las probabilidades de dar con el paradero de los muchachos y sancionar a los responsables de una atrocidad que no debe repetirse nunca más.

6/21/2024

AMLO: más avances en pesquisas sobre el caso Ayotzinapa

Daré en julio informe detallado

Tengo pruebas de que el Centro Prodh firmó acuerdo oculto con Peña Nieto

Buscamos extraditar al juez de Iguala que operó la noche de las desapariciones

Existen intereses de agencias extranjeras para culpar al Ejército de esa tragedia

La organización de derechos humanos rechaza las acusaciones del Presidente

Espérenme; me quedan tres meses; el 3 de julio, informe a padres de los 43

Avanzará lo que resta de su mandato en el caso Iguala, afirma el Presidente

Intereses y agencias del extranjero intentan que se culpe al Ejército, dice

Prodh pactó con Peña a espaldas delos familiares

Foto
▲ Está trabajando para traer ante la justicia 
al juez de barandilla de Iguala que estaba 
en funciones la noche de la desaparición 
de los 43, informó ayer López Obrador.

El presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó ayer que en la recta final de su mandato continuará avanzando en el esclarecimiento del caso Ayotzinapa, y que el 3 de julio entregará a los padres de los 43 normalistas desaparecidos en 2014 un informe detallado sobre los progresos de la investigación.

En su conferencia de prensa diaria en Palacio Nacional, afirmó que en la última reunión que sostuvo con las familias de los estudiantes, los abogados le plantearon que él ya no cumplió con encontrar la verdad. En ese contexto, señaló que al Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Prodh) –que acompaña a las familias–lo echaron a perder por completo por la influencia conservadora.

Dijo que el Prodh signó un acuerdo con el ex presidente Enrique Peña Nieto para la búsqueda de los jóvenes. Ellos firmaron con Peña Nieto y eso no lo saben los padres de Ayotzinapa. Enfatizó que la organización promovió amparos para que quedaran en libertad decenas de implicados en la desaparición, por lo que aseguró que el Prodh litiga en favor de las familias mientras defiende a presuntos responsables. Y tengo las pruebas, añadió.

Recordó que los abogados le han pedido que los ponga en contacto con la virtual presidenta electa, Claudia Sheinbaum Pardo. “Lo que les dije: ‘sí, yo los voy a poner en comunicación con la próxima presidenta, quien es muy sensible y quiere también saber sobre el paradero de los jóvenes, y habrá justicia, pero espérenme, que todavía me faltan tres meses”.

Afirmó que intereses y agencias extranjeras buscan que se culpe al Ejército en su conjunto por la desaparición de los 43 normalistas para debilitar a las instituciones del país y poder mandar, y anunció que su gobierno está trabajando para traer ante la justicia mexicana a Ulises Bernabé, juez de barandilla de Iguala que estaba en funciones la noche en que fueron desaparecidos los jóvenes. Destacó que impugnará el asilo que le otorgó una corte de Estados Unidos en 2020 y buscará su extradición a México.

Criticó que en cuanto otorgó el asilo, la justicia estadunidense señaló a partir de dos testimonios que “resulta inverosímil que un departamento de policía municipal tenga la influencia política y los recursos para organizar un intrincado encubrimiento y la desaparición de 43 estudiantes mexicanos.

Es mucho más plausible que el gobierno federal mexicano y la Policía Federal fueran responsables de este horrible incidente, según el fallo emitido en su momento por la corte del país vecino, que fue leído por López Obrador en su conferencia. Esto no está probado, declaró el mandatario. Agregó que le parece sospechoso que instancias extranjeras, como la DEA, hayan expresado aproximadamente desde 2016 que la responsabilidad de la desaparición fue exclusivamente del gobierno federal o del Ejército.

Expuso que en los meses que siguieron al ataque, siempre se habló de que los responsables fueron autoridades locales, policías municipales y grupos criminales. Después empezó a cambiar la narrativa, y yo tengo mis sospechas, porque en ese entonces había la intención desde Estados Unidos, en particular de la DEA, de vengarse del Ejército. Admitió que hubo responsabilidad del Estado y del Ejército Mexicano en los hechos, pero no se puede decir por consigna que fue el Ejército.

Agradeció a los secretarios de Marina, Rafael Ojeda, y de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, porque han trabajado para que no se permita a nadie abuso de autoridad, que no se les otorgue impunidad, porque no por el mal desempeño de algunos soldados y marinos se puede afectar a una institución.

https://www.jornada.com.mx/2024/06/21/politica/007n1pol

Foto Presidencia. Arturo Sánchez y Alonso Urrutia

Periódico La Jornada

Viernes 21 de junio de 2024, p. 7

8/28/2023

Ayotzinapa, nueve años

Violeta Vázquez-Rojas Maldonado

Una de las promesas de campaña de Andrés Manuel López Obrador -y una de las que más esperanzas trajo- fue la de investigar el verdadero destino de los 43 estudiantes y castigar a los responsables.

Violeta Vázquez-Rojas Maldonado

Último informe del GIEI sobre el caso Ayotzinapa.
“Falta mucho por saber, y en especial, falta que se revele el lugar en el que están localizados los estudiantes o, más probablemente, sus restos, pues en la investigación no hay rastros de que estén con vida”. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro

Empieza septiembre y con él se acerca el noveno aniversario de la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa y el asesinato de otros tres, además del de otras tres personas que murieron en fuego cruzado.

Tal vez ningún otro hecho reciente ha provocado tanta indignación y protestas masivas. Son emblemáticas entre las movilizaciones sociales las marchas de los días subsecuentes al 26 de septiembre de 2014, en las que una multitud solidaria marchaba sobre Paseo de la Reforma a la retaguardia del contingente de las madres y padres de los muchachos. Era una tragedia que nos tocaba de cerca a todos, por implausible, por inexplicable, porque a pesar de haber vivido en una espiral de violencia desatada por la “Guerra contra el Narco” de Felipe Calderón ocho años atrás, no se podía concebir con normalidad la idea de que 43 personas desaparecieran de manera tan definitiva y sin dejar rastro.

El Gobierno de Enrique Peña Nieto, a través de su procurador general, Jesús Murillo Karam, confeccionó un relato según el cual los muchachos fueron a la ciudad de Iguala para impedir el mitin de la presidenta del DIF, pero fueron confundidos con miembros de un grupo delincuencial y secuestrados por otro grupo delincuencial coludido con policías municipales de Iguala y Huitzuco.

Más adelante esta versión fue reforzada con la criminalización de los estudiantes: en la confusión, según esta versión, había algo de verdad, pues al menos algunos de ellos sí eran miembros del crimen organizado. El relato se corona con un desenlace brutal en el que en la misma noche de su secuestro, los chicos fueron incinerados -en un día en el que llovió copiosamente- en la insondable barranca del basurero de Cocula, aunque los restos de otros fueron igualmente incinerados y arrojados en el río San Juan.

Las pruebas de ADN realizadas a unos fragmentos óseos en un laboratorio de Innsbruck revelaron que éstos pertenecían, en efecto, a Alexander Mora, uno de los estudiantes desaparecidos. El caso se cerró, ante una sociedad abrumada por el descreimiento. Para hacer digerible a la historia, varios periodistas (como Héctor de Mauleón o Esteban Illades) empeñaron su pluma y lo de credibilidad que tuvieran en la publicación de columnas, prefacios y libros en los que se afianzaba esta historia fantástica en la que un grupo delincuencial apoyado por un puñado de policías municipales de uno de los estados más pobres del país lograron desaparecer, por su propia mano, a 43 hombres jóvenes sin dejar de ellos prácticamente ningún rastro.

Hartos de no creer, y sin esperanza alguna de que una verdad más coherente sustituyera al fantasioso relato oficial, los mexicanos, más que aceptar, simplemente nos acostumbramos a vivir con esa gran mentira. Sólo las madres y los padres de los muchachos no se resignaron jamás a la incertidumbre.

Una de las promesas de campaña de Andrés Manuel López Obrador -y una de las que más esperanzas trajo- fue la de investigar el verdadero destino de los 43 estudiantes y castigar a los responsables. Tres días después de su toma de posesión, el 3 de diciembre de 2018, el presidente creó la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia en el Caso (CoVAJ) Ayotzinapa, e instruye a todas las dependencias a colaborar con la investigación y reanudar la búsqueda de los normalistas. En marzo de 2021 se reanudó la participación del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), al que el gobierno de Peña Nieto había despedido en 2015.

Hace apenas un mes, el GIEI, después de la presentación de su sexto y último informe, dio por terminada su colaboración con el Gobierno de México, acusando que algunas dependencias, específicamente la Sedena y la Unidad Especial de Investigación y Litigación para el caso Ayotzinapa, han interferido con la investigación al negarse a presentar documentos que les ha sido ordenado mostrar, o bien al presentar documentos contradictorios. Para los expertos, estas conductas son señal de que no podrán avanzar más en su investigación y entonces deciden retirarse. Sus investigaciones detalladas y técnicas, basadas en las redes de comunicaciones y la geolocalización de los actores revelan un entramado mucho más complejo que el que suponía la “verdad histórica”, en el que están coludidos no solamente policías municipales, sino, de manera probada, policías estatales, federales, ministeriales y elementos de la Marina, la SEDENA y el extinto CISEN. Hay evidencia también de la colusión de todas estas instancias con grupos delincuenciales como Guerreros Unidos. La trama, mucho más compleja y organizada que la de aquella historia de Murillo Karam, sustenta lo que la sociedad mexicana siempre dijo y coreó en sus manifestaciones, y que el gobierno federal aceptó abiertamente en voz del subsecretario Alejandro Encinas, presidente de la CoVAJ: lo de Ayotzinapa fue un crimen de Estado.

A pesar de la retirada del GIEI, y de desencuentros recientes entre los representantes de las víctimas y el Gobierno Federal, el caso está lejos de cerrarse y las investigaciones y los procesos judiciales continúan. En un comunicado del 3 de agosto, la Secretaría de Gobernación informa que ha atendido las demandas de los padres de los normalistas relativas a la participación en los hechos de elementos del 27 batallón de infantería, el análisis de las llamadas telefónicas, el posible traslado de 25 estudiantes a Huitzuco, por parte de policías municipales, federales y ministeriales, y el trasiego de drogas de Iguala a Chicago como posible móvil de la agresión. Para el 3 de agosto, refiere Encinas, se encontraban sujetos a proceso 14 militares de distintos rangos -entre ellos, dos generales-, siete policías municipales, seis estatales y seis ministeriales. Se depuraron 84 mil registros (de un total de 87 millones de redes telefónicas) de llamadas realizadas el 26 y 27 de septiembre, y se mapearon 116 números y sus interconexiones. Como reporta el último informe del GIEI, en la noche del 26 de septiembre hubo una intensa comunicación entre elementos oficiales y entre ellos y los grupos delincuenciales. En todos esos registros no hay una sola comunicación entre ninguno de los estudiantes y algún miembro del grupo delincuencial, por lo que la hipótesis arteramente difundida de que al menos algunos de los muchachos estaban coludidos con el crimen organizado no se sostiene en absoluto.

Falta mucho por saber, y en especial, falta que se revele el lugar en el que están localizados los estudiantes o, más probablemente, sus restos, pues en la investigación no hay rastros de que estén con vida. En los siguientes días la CoVAJ realizará informes y comunicados que es importante conocer, pues es probable que se pierdan en el vacío mediático o se silencien con notas amarillistas que prefieren destacar la historia de que el gobierno federal dobló las manos y cerró el caso, lo cual es absolutamente falso. 

A los ciudadanos nos queda exigir que las investigaciones no cesen hasta que no se haga justicia y, sobre todo, que el gobierno garantice que nunca más en la historia de este país se repitan hechos como los del 26 de septiembre de 2014 en Iguala y que no quede impune la maquinaria de ocultamiento y engaño que se echó a andar desde las más altas carteras del gobierno federal de ese entonces.

Violeta Vázquez-Rojas Maldonado

Doctora en lingüística por la Universidad de Nueva York y profesora-investigadora en El Colegio de México. Se especializa en el estudio del significado en lenguas naturales como el español y el purépecha. Además de su investigación académica, ha publicado en diversos medios textos de divulgación y de opinión sobre lenguaje, ideología y política.


8/13/2023

Tráfico ilegal de uranio, posible móvil de la desaparición de los 43: Ximena Santaolalla


28 de julio de 2023.- De acuerdo con la abogada y escritora Ximena Santaolalla, el tráfico ilegal de un mineral como el uranio puede estar detrás de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

En entrevista con Julio Astillero, la también psicoterapeuta destacó que el cargamento del quinto autobús en donde viajaban los jóvenes desparecidos pudo haber contenido uranio, ya que “parecía muy importante que no se supiera lo que había ahí adentro”; algo inusual, según su perspectiva, si se hubiese tratado de heroína, como han afirmado otros análisis sobre aquella noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre de 2014, pues casi nunca se hace tanto revuelo “para ocultar solo droga”.

Esta hipótesis se deriva de la importancia de este mineral para China, un país que se dedica a importarlo desde Canadá o Kazajistán, así que “por qué no hacerlo desde México” también, se preguntó. Dijo que suele ser llevado a “barcos chinos en el Puerto de Lázaro Cárdenas”, en Michoacán, o “en el puerto de Colima” para luego ser trasladado al país asiático.

Recordó que la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, escuela a la que pertenecían los estudiantes, está rodeada de minas, de modo que desaparecerla para explorar los yacimientos de oro que se encontraban en sus alrededores pudo haber sido parte de “un plan” del Estado, el cual siempre la vio como un foco de insurgencias guerrilleras y de activistas, para favorecer a la industria de la minería.

Para apuntalar sus reflexiones, dijo que la institución educativa era un lugar de encuentro “para activistas y comunidades que estaban siendo afectadas por megaproyectos mineros y por el crimen organizado”; además de que durante “los primeros dos años de la presidencia de Enrique Peña Nieto se canceló por completo todo el apoyo económico a las normales”. Zanjar el posible surgimiento de guerrillas, activistas y de toda aquella persona que se opusiera “a las políticas del Estado” por medio la desaparición de la normal no era algo que pareciera imposible, recalcó.

El Senado de EU aprobó la ley FEND off Fentanyl, que da facultades al Departamento del Tesoro para imponer sanciones especiales OEM-Informex El Senado de Estados Unidos aprobó una ley que permitirá la expropiación de los bienes de los cárteles mexicanos dedicados a traficar fentanilo, con el fin de interrumpir el flujo de sustancias ilícitas hacia el país. El proyecto de ley llamado FEND off…

El presidente mencionó en tres ocasiones a la senadora panista pese a las medidas cautelares impuestas por el INE Fernando Merino | OEM-Informex La senadora y aspirante a la presidencia Xóchitl Gálvez aseguró que el presidente Andrés Manuel López Obrador confesó hoy en su mañanera que cometió el delito de violación del secreto fiscal al reconocer que tuvo acceso a información confidencial…



8/07/2023

Impensable, que la fiscalía no pueda entrar a archivos militares

 ENTREVISTA/ Ángela Buitrago, Ex integrante del GIEI

La penalista destaca el avance que abre el caso Iguala en los procesos jurídicos
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▲ Ángela Buitrago trajo a México su experiencia en casos resueltos en Colombia que involucraron al ejército, al paramilitarismo y delincuencia organizada, expuso en entrevista con La Jornada.

El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que investigó el expediente Ayotzinapa, logró sacar a la luz pública información reservada de las fuerzas armadas a partir de 2021, que los investigadores mexicanos no habían hecho. La penalista colombiana Ángela Buitrago considera que la intervención de un instrumento internacional como este, novedoso y experimental en el sistema latinoamericano, marcó la diferencia.

Al valorar el aporte del GIEI, explica: “Los que vienen de afuera ven cosas que los de adentro ya no alcanzan a observar, porque se ha convertido en una ‘normalidad’”.

Cita un ejemplo: Para mí es inimaginable que una fiscalía no pueda ingresar a los archivos militares. Si no puede hacerlo, es una fiscalía mutilada para investigar delitos graves. Y nos encontramos con que en México ello era impensable. No tienen la facultad. Si integraran el derecho internacional la tendrían. Pero se resisten. La fiscalía nunca fue a los archivos militares. Fuimos la Comisión de Acceso a la Verdad y la Justicia (Covaj) y el GIEI y llevamos la información a la fiscalía.

Y en otra reflexión: si el país no quiere, no sabe o no puede llevar a juicio a estas personas por desaparición forzada, hay instancias que lo van a hacer. Pienso en la Corte Penal Internacional o la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Ángela Buitrago ahora está propuesta por el presidente colombiano, Gustavo Petro, en una terna de penalistas destacados en casos de delitos humanitarios graves, para encabezar la Fiscalía General de su país. Partió de México el lunes pasado con tristeza por los padres de los normalistas desaparecidos, que van para nueve años sin saber de sus hijos ni por qué actuaron así las autoridades y el crimen organizado contra un número muy grande de estudiantes.

Pero también se va con la tranquilidad de haber empujado hasta el último momento, y entender que se abrieron espacios que estaban vetados. Y si esto llega a ser coherente y constante, puede ser una salida para el tema de la violencia y la seguridad en México.

En entrevista, narra su sorpresa cuando supo que los archivos militares son terreno vedado para fiscales e investigadores. “En Colombia, todos los fiscales que investigamos delitos de lesa humanidad podemos ingresar a los archivos militares y no hay posibilidades de reserva ni de secreto, incluso a documentos de inteligencia. Aquí esto es impensable, el funcionario se cohíbe y no aplica el derecho internacional.

Terrenos vedados

–El GIEI penetró en los registros militares y permitió un vistazo, quizá único, en las entrañas de la institución castrense. ¿A qué se debe, en tu opinión?

–Recordemos que al principio la responsabilidad se atribuía solamente a la policía, presidencias municipales y al crimen organizado, pero desde el inicio nos dimos cuenta que había más instituciones. La medida de la prueba nos llevó a indagar en otros sectores no investigados: policías estatal, ministerial, federal, de tránsito, inteligencia del Estado. Empezamos a ver que lo que afirmaba la Secretaría de Defensa era diferente a la realidad que se demostraba técnicamente”.

–Antes de su llegada, en 2015, las familias estaban en la indefensión frente al aparato del Estado. ¿Fue necesario que llegara una organización internacional para fracturar ese muro?

–Digamos que es la conjunción de muchas cosas. El problema es que los delitos de derechos humanos se tratan aquí como un crimen común. Teníamos la experiencia de casos graves y eso nos permitió configurar un macrocaso.

“Nosotros discutíamos con el fiscal de la Seido (Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada de la extinta Procuraduría General de la República), que hoy está detenido, Gualberto Ramírez. Nos decía: ‘a estas personas se les investiga por secuestro y eso tiene una pena de 50 años. La desaparición forzada tiene una pena menor’. Pero este argumento tenía una segunda intención, porque el secuestro no es delito grave en el orden internacional, mientras la desaparición forzada sí. Ahí se ve cómo lo que le importa al investigador es la pena máxima y no la realidad de la composición del delito. En la desaparición de los muchachos hubo una gran red de funcionarios que contribuyeron en la desaparición”.

Su huella en Colombia

En Colombia, Ángela Buitrago ha litigado exitosamente casos históricos que involucraron al ejército, al crimen organizado y al paramilitarismo. Uno de ellos es el relacionado con el director de inteligencia del ahora desaparecido Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) Jorge Noguera, en 2002. Ese proceso le valió a la abogada amenazas y presiones del entonces presidente Álvaro Uribe. Su actuación más destacada fue cuando en 2005 se reabrió el expediente de la toma e incendio por la guerrilla del M-19 del Palacio de Justicia en Bogotá, 30 años después de ocurrido. Hubo más de 100 muertos. En una primera averiguación de la justicia militar no se indagó sobre la desaparición de 11 personas.

–Esas experiencias adquiridas en tu práctica como penalista en Colombia, ¿cómo las aplicaste en el caso Ayotzinapa?

–En la investigación del DAS supimos que esta institución entregaba listas de personas a un organismo Amigos del DAS. Eran registros de gente tachada de subversiva o comunista. Y los paramilitares los asesinaban. Aquí hay un aprendizaje sobre dónde buscar. Toda la información siempre está en los archivos de las propias instituciones. Todo lo escriben. Eso se sabe desde Nurenberg. Por protegerse las espaldas, los subordinados todo lo guardan. Y la orden normalmente es por escrito.

“De ahí la certeza de que toda la documentación de la Noche de Iguala está en la Sedena. Y de que el Centro Regional de Fusión de Inteligencia (Cerfi) tiene documentada toda la secuencia. Tenemos 20 documentos. Están seriados. Debe haber más de 500 transcripciones que no han entregado”.

Los extranjeros

–¿Les pesó ese sentimiento nacionalista entre cierta clase política de reserva a que la comunidad internacional juegue un papel determinante en asuntos de justicia?

–Tengo una doble lectura. México es quien recurre más al sistema interamericano de derechos humanos, pero hay una resistencia: cuando el general Salvador Cienfuegos (ex titular de la Sedena) dijo públicamente: Yo no voy a dejar que a mis muchachos los interroguen los extranjeros. Es como una especie de bipolaridad.

Pese a la contundencia de sus razones para salir de México, por la obstrucción de la investigación en lo que es casi la recta final por parte de la institución armada, Buitrago reconoce que obtuvieron resultados gracias a la orden del presidente Andrés Manuel López Obrador de que se les diera pleno acceso a los archivos. Y a Alejandro Encinas, el subsecretario de Gobernación y presidente de la Covaj, a quien describe como nuestra punta de lanza, porque siempre abría puertas.

–En su carta de despedida, que dieron a conocer el 31 de julio, subrayan que los responsables detenidos no están procesados por desaparición forzada sino por secuestro.

–En el caso del ex procurador Jesús Murillo Karam en la segunda imputación si está por desaparición forzada. Lo mismo uno de los generales detenidos, Rafael Hernández Nieto, ex comandante del 41 Batallón de Infantería. Al comienzo había 180 detenidos, todos procesados por portación de armas o droga. Esto se ha corregido en parte.

Si los cargos se quedan como delincuencia organizada, los responsables pagan cuatro o cinco años de cárcel y después salen, a pesar de haber participado en toda la acción que llevó a la desaparición de los muchachos. Aquí no se trata de llevarlos a juicio por lo que sea.


Foto Cristina Rodríguez

Blanche Petrich/II y último
Periódico La Jornada
Lunes 7 de agosto de 2023, p. 4

Dejarse tocar por el dolor de los padres de los 43, base de labor de expertos del GIEI


Carlos Beristain narra a La Jornada el tremento impacto que causó a familias mentira sobre el
basurero de Cocula 

Tratamos de contener para evitar que la respuesta de afectados sea la rabia, dice 

Ha trabajo tres décadas en atención sicosocial a víctimas

Blanche Petrich / I 

Luego de nueve años sigue en pie la lucha de padres de los 43

En este sexenio se construyó un clima de confianza, pero la esperanza se perdió por segunda vez, señala

Destaca que tras la salida del país del grupo de expertos y el gran sentimiento de pérdida que provoca lo que hay que hacer es poner el foco en los siguientes pasos y no dejar que prevalezca la sensación de impotencia, de que no se puede hacer nada

Recién llegados a México, en marzo de 2015, los cinco investigadores del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) decidieron no sólo abocarse a la investigación penal del caso Ayotzinapa, sino dejarse tocar por los relatos de dolor y sufrimiento de los papás y mamás de los 43 estudiantes desaparecidos, los tres asesinados, los heridos graves y los muchachos sobrevivientes, que se reconocieron traumatizados en la Noche de Iguala.

De esos momentos de escucha paciente habla con La Jornada Carlos Beristain, quien fue integrante del GIEI, en una entrevista donde narra los momentos más intensos del acompañamiento sicosocial: del tremendo impacto que ha provocado a este colectivo de familias guerrerenses la mentira del basurero de Cocula; de ese volver al lugar de la pesadilla de los normalistas que salieron indemnes del ataque; del efecto devastador del ocultamiento de información clave para conocer el paradero de sus hijos, aun a la fecha, de la pérdida de la confianza por segunda vez.

De lo conversado se explica cómo, a lo largo de nueve años, se mantiene de pie el grupo de padres de Ayotzinapa.

La salida del GIEI de México ante la rotunda negativa del Ejército de abrir el último candado para conocer información crucial, justo en la recta final de la investigación, supuso para las familias de los muchachos otro golpe a su esperanza de saber finalmente, nueve años después, el paradero de sus hijos. Un impacto distinto al que sufrieron el sexenio anterior, porque con el presidente López Obrador ya se ha construido un clima de confianza. Y no sólo eso, sino que también estás tocando la esperanza. Y la pierdes por segunda vez. Eso ya es muy difícil de recuperar.

–Ellos han dicho: AMLO faltó a su palabra. ¿Qué pasa ahora?

–Hemos tratado de contener para evitar que la respuesta sea la rabia. La rabia es una respuesta normal frente a una situación anormal. La cuestión es qué se hace con esa rabia para que sea constructiva. Y en este caso la lucha colectiva es una forma de canalización positiva. Y no sea utilizada por otros con fines ajenos.

Bilbaíno de origen, Beristain ha trabajado en atención sicosocial con víctimas durante tres décadas. Participó en la elaboración del informe Nunca más de la guerra en Guatemala, por el cual el obispo Juan Gerardi fue asesinado. Trabajó con el tema de la tortura del Estado a presos políticos en el País Vasco y el desplazamiento de la población en el Sahara Occidental. Ha sido parte de las comisiones de la verdad de Colombia (la más reciente), Ecuador, Paraguay y Perú.

Bromeábamos entre nosotros: la i de interdisciplinario del GIEI era sólo por mí. Los otros cuatro son destacados penalistas especializados en derechos humanos. Son las ex fiscales de Colombia Ángela Buitrago y de Guatemala Claudia Paz y Paz, así como los abogados Francisco Cox, chileno, y Alejandro Valencia, colombiano.

¿Cuánto puede pesar una mentira?

–¿Cómo se sintieron los padres cuando la PGR les dijo que a sus hijos los habían matado y quemado en un basurero, que ya no buscaran más?

–Fue la expresión máxima del desprecio por la vida. Botados en un basurero, quemados como un leño o un animal. De inmediato entendieron que estaban escuchando una historia que no es.

“En las víctimas siempre hay un intento de darle sentido a lo que está pasando. Cuando tienen que enfrentar engaños como el de la ‘verdad histórica’, que fue una distorsión intencional de lo que pasó realmente, el golpe sicológico es tremendo.

“Los familiares confrontaron esa versión durante mucho tiempo solos, sin apoyo. Cuando tuvimos listo nuestro primer informe, en el que con pruebas científicas desechamos esa versión, fuimos a Ayotzinapa a presentarlo a las familias y a los estudiantes. Emiliano Navarrete, uno de los papás, nos dijo: ‘Nos han quitado de encima el peso de la mentira’. Uno se pregunta: ¿cuánto puede pesar una mentira?”

–¿Cómo se hizo el trabajo sicosocial en este caso?

–Se abrió un espacio para la expresión de los sentimientos de cada quien, pero también le dimos mucha importancia al trabajo de la búsqueda. Ahí se puede canalizar mucho del dolor, la necesidad de saber, no permanecer pasivo, sino hacer algo por sus hijos.

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▲ Beristain comenta que en el GIEI bromeaban acerca de que la i de interdisciplinario era sólo por él, pues los otros cuatro son penalistas.Foto Víctor Camacho

En la sicología hay algo que se llama la interiorización del daño. Un daño que se ha producido socialmente se interioriza. Los padres se preguntan si no tuvieron ellos la culpa. Fuimos los cinco a esas conversaciones; teníamos que dejarnos tocar por sus historias para poder entender lo que les estaba pasando. De ahí salieron cosas invisibles que son determinantes.

Beristain cita varios momentos en los que, gracias a la confianza construida, surgieron datos que se habían callado y que tenían enorme importancia para el esclarecimiento de lo ocurrido. Así se develó otro detalle que desmentía de manera contundente a la PGR peñanietista, que aseguraba que a las 12 de la noche todos los muchachos ya estaban muertos.

“Fue en una sesión con el tema de la telefonía. De pronto una mamá nos dice: ‘mi hijo me escribió pidiendo urgente una recarga a la 1:40 am’. Imposible, respondí. Mostró su teléfono y, en efecto, el último recado había llegado más de hora y media después del momento en el que, según la versión, ya ninguno vivía. Seguimos la pista, verificamos y se comprobó que ese muchacho se había comunicado con su mamá a esa hora.”

–¿Cuál fue el momento que más te marcó?

–Cuando fuimos a verlos por primera vez a la escuela hablaron muchos, 13 o 14. Nos dijeron tres cosas: dígannos siempre la verdad por dura que sea; sólo confiamos en ustedes y, por favor, no se vendan.

“Al principio no entendí. ¿Cómo vendernos? Comprendí cuando empezamos a ver toda la estrategia que se montó alrededor nuestro, cómo se nos trató de manipular. Un ejemplo: después de que presentamos tres peritajes demostrando que la pira del basurero no pudo haber existido se nos orilló a aceptar que se hiciera un cuarto peritaje con seis expertos.

El vocero fue un bombero que mandaron traer de Texas, James Quintire. Presentó el reporte en inglés. Pedimos tres días para tener la traducción, estudiarlo en detalle y después presentarlo a la opinión pública. El estadunidense dijo que le dolía la espalda y tenía que irse de inmediato al aeropuerto. Se fue, pero no al aeropuerto. Bajó un piso y ahí, sin que estuviéramos presentes, en una conferencia de prensa dijo que sí existió la incineración en el basurero. Mintió. Y el contrato para ese peritaje fue reservado a perpetuidad. Ahí entendimos cómo la gente podía pensar fácilmente que nos habíamos vendido.

Y cuando parecía que ya no había manipulación…

–Supuestamente ya pasó el tiempo cuando se daban este tipo de manipulaciones. Y entonces ocurrió la presentación de los pantallazos de la Comisión de Acceso a la Verdad y la Justicia, que aportaban supuesta nueva información en el sentido de que varios chavos habían estado vivos y trasladados a distintos sitios. ¿Cómo fue ese momento?

–Muy duro. Ese informe no se consultó antes con los padres. Fue en Palacio Nacional, en un ambiente muy confrontativo y frente al Presidente y los secretarios de Marina y Defensa. Alejandro Encinas no dijo de dónde habían salido esos mensajes. Los padres se sintieron terriblemente golpeados, atacados en su dignidad. Después hicimos un peritaje técnico, demostramos las inconsistencias en el lenguaje y los metadatos y descartamos esos pantallazos como prueba válida.

–La partida de ustedes es otro golpe a su esperanza. ¿Las familias están preparadas para continuar la lucha sin el GIEI?

–Sabemos que nuestra salida del país provoca un gran sentimiento de pérdida. Pero los papás han crecido enormemente en estos años. No significa que haya disminuido el dolor y la indignación. Hay que procurar que esa rabia no la usen otros políticamente para otros fines.

Lo que ahora hay que hacer es poner los focos sobre lo que deben ser los siguientes pasos, que no prevalezca el sentimiento de impotencia, de que no se puede hacer nada.

Blanche Petrich/I

Periódico La Jornada
Domingo 6 de agosto de 2023, p. 10

3/31/2022

Los cómplices

 Fabrizio Mejía Madrid

Lo que no sucedió fue de lo que, con insistencia, nos quisieron convencer: que la desaparición de los jóvenes había sido por la lucha de dos cárteles del narcotráfico, uno dentro de una escuela rural, la Normal Isidro Burgos y, el otro, desde la Presidencia Municipal de Iguala, Guerrero. Según esa versión, los estudiantes habían ido a sabotear al otro grupo en un acto público de la autoridad local, y por ello, habían acabado quemados en un basurero en Cocula. Nadie, sino las dos bandas, Guerreros Unidos y Los Rojos, había participado: ni el Ejército del 27 batallón, ni la Marina, las policías federal y estatal, ni el Gobernador, el Procurador, y el propio Peña Nieto. Se quiso manejar como un asunto entre criminales en disputa por un simple municipio. Nada para preocuparnos. Cosas del México rural. Los voceros del poder ya habían empleado esa mismo artilugio cuando llamaron de “Las cañadas” al levantamiento zapatista, para minimizar su alcance a unos cuantos pueblitos perdidos. A finales de ese mismo año, nombraron “error de diciembre” a la crisis económica que nos hizo más pobres, para exculpar a Carlos Salinas, cuyo periodo había terminado el primer día de ese mismo mes. Son los mismos que, tras la matanza de Acteal, pretendieron que creyéramos que la masacre por la espalda de un grupo de indígenas desplazados había sido, en realidad, un conflicto intercomunidades por un pozo, un banco de arena o, quizás, por distintas religiones. Héctor Aguilar Camín, propietario de la revista Nexos, llegó a denominar “autodefensas” a los grupos paramilitares que cometieron los asesinatos. De igual forma como lo habían fraguado en 1994 y 1997, en 2014 de nuevo insistieron en reducir las desapariciones en Guerrero como algo meramente municipal. Por eso, decir en ese momento “Fue el Estado” contenía una indignación y una verdad tan profunda que ni siquiera la embestida de los granaderos de Miguel Ángel Mancera contra los 300 mil manifestantes, el 20 de noviembre de 2014 en el Zócalo, pudo borrar. No lo olvido. Tampoco a los voceros de la Verdad Histórica. Son los cómplices de la desaparición.

El 16 de octubre de 2015 una película, La noche de Iguala, escrita por el conductor de programas de televisión, Jorge Fernández Menéndez y por el encargado de capacitar a los actores y actrices en Tv Azteca, Raúl Quintanilla, se estrenó en las salas de cine por toda la República. Sostenía la idea de que los normalistas eran narcotraficantes. El autor del guión, publicado por Cal y arena, editorial también propiedad de Aguilar Camín, advierte sin rubor: “Alegar que fue ‘el Estado’ el responsable de esos crímenes injustificables es una forma de asumirse como cómplice de los criminales, otorgarles una coartada para quedar impunes”. Por su parte, en la revista Letras Libres también se insistía en que todo era un asunto municipal. El 25 de abril de 2016, uno de sus articulistas se negaba a aceptar la participación del Estado en la desaparición de los estudiantes y afirmaba sin vergüenza: “¿Qué hizo el Estado en la noche de Iguala? La respuesta es: nada”. Otro columnista de esa misma publicación fue más lejos al culpar a las autoridades de la escuela que “obligan a delinquir a sus alumnos”. Es decir, según este intelectual formidable, la culpa no era la agresión sino haber tomado los autobuses para ir a la marcha del 2 de octubre de ese año. Acabó satanizando a la Sociedad de Alumnos y diciendo que “los mandaron a la guillotina”. En todo caso, las dos revistas monolíticas de ese país coincidieron en que los desaparecidos eran culpables de su propia desaparición.

Todo esto dio como resultado una de las más vergonzosas premiaciones en el Senado de la República el 24 de noviembre de 2016. Los senadores del PRI, PAN y PRD decidieron otorgarle la medalla Belisario Domínguez a un exmarino, Gonzalo Rivas, que murió en una gasolinera quemada por los estudiantes normalistas en 2011. Luis González de Alba, uno de sus principales promotores, le dijo al Senador que presidía la Comisión de la medalla, Roberto Albores: “Murió un mexicano valeroso que salvó centenares de vidas a costa de la suya. Lo espera el olvido porque no hay forma de gritar que ‘fue el Estado’”. De inmediato, el premio fue apoyado por la revista Nexos, de tal forma, que se instalara la imagen de los normalistas como un grupo violento y, por tanto, culpable de su propio desenlace. González de Alba, quien en varios de sus textos confundió el nombre del supuesto homenajeado llamándole “Gustavo” en lugar de “Gonzalo”, aseguró que los estudiantes eran delincuentes protegidos por la justificación de su pobreza. El 30 de enero de 2015 en el diario Milenio, añadió un insulto más: “Los padres se niegan a ver las evidencias porque eso implica volver a milpa, al trabajo”—escribió—: “se acabaron las caravanas de autobuses de primera clase, los hoteles, las recepciones como héroes”. Dos años después, el 2 de junio de 2018, por la televisión, el entonces director del Grupo Milenio, Carlos Marín, propondría: “Los padres de los de Ayotzinapa deberían irle a pedir perdón al Procurador Jesús Murillo Karam. En materia criminal, es la investigación más exhaustiva desde el caso Colosio”.

Uno de los puntos que los voceros del régimen contra los normalistas privilegiaron fue el del incendio en el basurero de Cocula. Como lo habían hecho antes con el zapatismo, mandaron a hacer un libro que argumentara que físicamente era factible incinerar a 43 personas en un basurero sin importar que esa noche llovía. Que un incendio podía extinguir cualquier evidencia, hasta la del incendio mismo. Era necesario afirmarlo, ahora lo sabemos, porque fue ahí donde el jefe de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón, hoy prófugo, plantó restos humanos; porque el propio Murillo Karam fue con los marinos a sembrar unas bolsas blancas que el GIEI exhibió en un video filmado con drones de los propios militares. Porque, junto con la eliminación de las cintas de las cámaras de vigilancia de Iguala, las placas de las patrullas involucradas en la persecución de los normalistas, también se fabricó el lugar de la incineración. Se contrató a un supuesto experto en fuego que dio por buena la versión oficial, en contra de los forenses del GIEI. Que sí hubo un incendio en el basurero de Cocula se convirtió en el objetivo central del libro de Esteban Iliades y otro que relataba la vida de los 43 desaparecidos, fue corrompido por el prólogo del entonces subdirector de Nexos, Héctor de Mauleón, que usó como fuente de sus dichos el expediente de la Procuraduría y nada más. Ninguno de los dos autores fue al lugar, no recabaron testimonios, no preguntaron a los del GIEI. Al contrario: propagaron rumores contra los expertos internacionales por sus vidas privadas y porque, según inferencias, cobraban muy caro y había hecho un modus vivendi de su estancia investigadora. Ello preparó la decisión de Enrique Peña Nieto de expulsar del país a los expertos del GIEI, el 30 de abril de 2016. Pero la remoción del GIEI no restauró la Verdad Histórica de Murillo Karam que estaba ya resquebrajada y, poco a poco, se ha venido abajo. En el camino quedaron las difamaciones contra los desaparecidos, las normales rurales, los padres y madres de familia, los ataques contra los forenses, los manifestantes. Todo para salvar al Ejército, al Gobernador, al Presidente.

Un cómplice es responsable de los delitos que otros cometieron porque los alentaron o ayudaron. Los medios y periodistas, en efecto, no desaparecieron a los normalistas, pero sí asistieron en el encubrimiento de la verdad. Por eso son cómplices. Sus acciones no están vinculadas al agente que hizo mal, sino al mal mismo, es decir, a marañar todo para que nunca se conociera lo que realmente había ocurrido. En el caso Ayotzinapa, no hay diferencia moral entre el acto y la complicidad porque ambas ayudan al objetivo de los autores del delito: que nunca se supiera. Los motivos para convertirse en cómplices escapan a toda idea de ética profesional. Algunos de ellos, recibieron dinero para publicaciones, películas, o aparecieron, como de Mauleón, como parte de “las historias de éxito” del informe presidencial de Peña Nieto en 2016. Otros, simplemente tenían derecho de picaporte en la residencia presidencial. Pero no importa. Es como en el asesinato de Colosio. Cuando se dijo que Carlos Salinas de Gortari había creado un clima que propició el homicidio en Lomas Taurinas, su Secretario, José Córdoba Montoya respondió: “Los climas no disparan”. En el caso de Ayotzinapa, desaparecer estudiantes y ocultar cómo fue que desaparecieron, es lo mismo. No es común que los opinadores se disculpen y no espero que ésta sea la excepción, sin embargo, hay que recordarles públicamente su responsabilidad, su contubernio, su complicidad. Son causantes de que, como sociedad y hasta ahora, sólo sepamos lo que no sucedió.

Fabrizio Mejía Madrid

Es escritor y periodista. Colabora en La Jornada y Aristégui Noticias. Ha publicado más de 20 libros entre los que se encuentran las novelas Disparos en la oscuridad, El rencor, Tequila DF, Un hombre de confianza, Esa luz que nos deslumbra, Vida digital, y Hombre al agua que recibió en 2004 el Premio Antonin Artaud.

9/27/2020

“Hasta saber qué sucedió con los 43”; 6 años de la desaparición forzada

y

Obstaculización de la investigación, avances lentos y posible desaparición de pruebas son los principales retos a los que se han enfrentado los familiares de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos forzadamente en Iguala, Guerrero. Aunque todavía no se conoce qué sucedió aquella noche, madres y padres no olvidan, rechazan la creación de una nueva verdad histórica; exigen conocer el paradero de sus hijos, exigen justicia

“¿Dónde están nuestros hijos?”: por más de seis años ésta ha sido la pregunta que han realizado madres y padres de los 43 estudiantes normalistas rurales que fueron víctimas de desaparición forzada el 26 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero. “¿Quiénes se los llevaron?”, resuena también en la mente de hijos, hermanos, primos y demás familiares. “¿Qué sucedió con los 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa?”, cuestiona el pueblo de México. No obstante, a 72 meses de este hecho, aún no hay respuestas.

“¿Dónde están nuestros hijos?, exigimos saberlo. No vamos a perdonar tantas injusticias. Sabemos que fueron uniformados quienes se los llevaron. Nunca vamos a olvidar aquel 26 de septiembre de 2014. Seguiremos presionando hasta dar con el paradero de nuestros hijos porque no hay ni un perdón, ni un olvido”, asegura María de Jesús Tlatempa Bello, madre de José Eduardo Bartolo Tlatempa, uno de los normalistas desaparecidos.

A seis años de este crimen atroz, una de las principales demandas de las familias y las organizaciones de la sociedad civil que acompañan el caso es la reestructuración de las instituciones encargadas de realizar las investigaciones, ya que aún hay servidores públicos de mandos medios y menores que participaron en la creación de la “verdad histórica” y que obstaculizan el acceso de las víctimas a la justicia.

“Los funcionarios del anterior sexenio son los que no dejan avanzar las cosas. Para nosotros es desesperante. Ya quisiéramos saber qué fue lo que pasó. A seis años nos sentimos defraudados con la antigua administración, pero ahora que el actual gobierno demuestra voluntad, [la investigación] va lenta”, reconoce Estanislao Mendoza, padre de Miguel Ángel Mendoza Zacarías.

Ésta es la misma queja que presenta Hilda Hernández Rivera, madre de César Manuel González Hernández, quien asegura en entrevista que hay personas del régimen pasado que interfieren en abrir “una mejor puerta que nos pueda llevar a saber del paradero de nuestros hijos”.

Humberto Guerrero, coordinador de derechos humanos de Fundar, coincide y explica a Contralínea que las investigaciones del caso no avanzan tan rápido como quisieran porque no se han removido todos los obstáculos dentro de la FGR. Para él, eso es fundamental para romper el pacto de impunidad que había existido en el caso.

“Las investigaciones del caso no avanzan tan rápido como quisieran porque no se han removido todos los obstáculos dentro de la FGR”

“Aunque se están girando las órdenes de detención, desgraciadamente el Poder Judicial las ha negado. Hay avances pero también hay retrocesos. No se permite avanzar debido a que todavía hay funcionarios que están obstaculizando la investigación”, indica Hilda Leguideño, madre del normalista Jorge Tizapa Legideño.

Esta situación sólo podría cambiar si se expulsara a las personas de la administración pasada que siguen interviniendo en las investigaciones, pues de esa manera “habría más posibilidad de abrir la investigación y saber más información sobre el paradero de los muchachos”, apunta el padre de Adán Abraham de La Cruz, Bernabé Abraham.

Lentitud en la investigación, ¿falta de compromiso real?

Al dolor que dejó en las familias, la noche de aquel 26 de septiembre se suma ahora la lentitud con la que avanza la investigación. A pesar de que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, manifestó voluntad política para resolver el crimen, ésta no basta si no hay un compromiso real por parte de las instituciones de justicia, consideran defensores de derechos humanos.

En septiembre, un juez federal negó las 46 órdenes de aprehensión que fueron solicitadas contra servidores públicos de Guerrero relacionados con el caso, y lo único que sigue adelante es la orden de captura, con fines de extradición, del exdirector de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón de Lucio.

Esta resolución es considerada por Vidulfo Rosales –defensor de los derechos humanos del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan– como un “formalismo” que sigue privilegiando el Poder Judicial, lo que provoca que los expedientes “reboten” y no se avance en las órdenes de aprehensión.

“El problema es que no se han reestructurado algunas instituciones encargadas de la investigación. Por ejemplo, la Fiscalía General de la República tiene las mismas inercias, como la Secretaría de la Defensa Nacional. El Poder Judicial también tiene problemas y son aspectos del Estado mexicano que no han cambiado, son estructuras que permanecen como siempre y eso no ayuda”, explica Rosales a Contralínea.

El también abogado de los familiares de los 43 precisa que hay una responsabilidad institucional respecto a la reestructuración del caso, pues aunque el presidente López Obrador tenga toda la voluntad de llegar a la verdad, “no es posible que en la Fiscalía las cosas no caminen. En el terreno práctico es donde tienes que aterrizar esa voluntad política, de lo contrario las cosas no avanzan”.

Estanislao Mendoza considera que para que esto cambie es necesario que el gobierno “agarre a Tomás Zerón y a [Jesús] Murillo Karam, para que nos digan quiénes fueron sus cómplices, pero no han hecho eso. Ya se habían liberado 46 órdenes, pero otro juez lo desmintió y se vino abajo todo. Ahorita el presidente dijo que va a buscar la manera de cómo volver a reactivar esas detenciones. En esas cosas si estamos decepcionados porque no hemos visto nada durante estos seis años y seguimos igual”.

Aunado a ello, el 21 de septiembre los padres y madres, junto con estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, protestaron ante el Poder Judicial de Iguala por no hacer públicos los videos grabados por seis cámaras ubicadas en las instalaciones del Palacio de Justicia, que muestran los hechos ocurridos ahí la noche del 26 de septiembre de 2014.

En la manifestación, Melitón Ortega, uno de los voceros del movimiento y tío del normalista desaparecido Mauricio Ortega, acusó a las autoridades del municipio de haber destruido dicha evidencia y rechazó la versión del presidente del Poder Judicial en Guerrero, Alberto López Celis, acerca de que los padres tienen copias de los videos.

“Si esos videos se ocultaron o se destruyeron o alguien ordenó su destrucción, y el Poder Judicial de Guerrero se prestó a desaparecer esa evidencia, es sumamente grave. Eso debe ser motivo de una investigación. Por ello es que hay mucha molestia de parte de los padres y estudiantes puesto que en el lugar desaparecieron 15 o 20 estudiantes y lo que pudieron haber visto esas cámaras, resulta de importancia capital para saber el paradero de  ellos”, resalta el abogado Vidulfo Rosales.

“Si esos videos se ocultaron o se destruyeron o alguien ordenó su destrucción y el Poder Judicial de Guerrero se prestó a desaparecer esa evidencia, es sumamente grave. Eso debe ser motivo de una investigación”

Y comenta que en caso de que esos videos no sean revelados se pensaría que fueron destruidos de manera deliberada para evitar que se supiera qué sucedió con los 43 estudiantes.

“No queremos una nueva verdad histórica”

A casi dos años del gobierno de López Obrador, familiares y organizaciones le piden evitar la fabricación de una nueva “verdad histórica”.

Al respecto, Humberto Guerrero dice a Contralínea que una de las demandas principales de los padres y madres de los normalistas desaparecidos es que el gobierno “evite la tentación de apresurar una versión oficial de los hechos; es decir, la construcción de una nueva verdad histórica en un afán de querer darle un cierre pronto como para que tenga créditos políticos”.

El integrante de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en el Caso Ayotzinapa subraya que el primer mandatario se comprometió a continuar con las investigaciones hasta que el caso esté esclarecido de manera científica, técnica y sin que exista violación a los derechos humanos de las víctimas.

Además, reitera la importancia de perseguir y sancionar a quien resulte culpable de haber participado en la comisión de este delito, independientemente de qué cargo haya tenido en el pasado.

Y es que uno de los principales avances que se han tenido en la investigación es la identificación de los restos encontrados en una zona llamada la Barranca de la Carnicería, en Guerrero. Ésta se ubica a más de 800 metros del basurero de Cocula.

“Del 21 al 29 de noviembre de 2019 se realizaron acciones de búsqueda en una zona llamada Barranco de la Carnicería. En dicha diligencia se recuperaron 15 indicios. El 28 de febrero se llevaron a la Universidad de Innsbruck, en Austria, donde se examinaron las pruebas, y el 19 de junio la Universidad informó que una de ellas correspondía a la extremidad inferior de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre”. Ello se dio a conocer en México el 7 de julio, por Omar Gomez Trejo, titular de la Unidad de Investigación para el Caso Ayotzinapa de la FGR.

Gomez Trejo enfatizó en conferencia (https://www.youtube.com/watch?v=6QtZKM6NVFU) que el caso continuará abierto hasta el pleno esclarecimiento de los hechos.

Otro indicio de esperanza para las víctimas fue una fotografía que circuló en redes sociales en la que se observa a un joven en situación de calle en una plaza de Mexicali, Baja California, con las características del estudiante desaparecido Jorge Antonio Tizapa Leguideño.

Ante ello, familiares pidieron la ayuda de la Comisión Nacional de Búsqueda para emprender un operativo para que se confirme o descarte si la identidad del joven corresponde al normalista.

“El gobierno de modo muy irresponsable hizo pública la foto de una madre que vio en Facebook un retrato de una persona que pudiera parecer su hijo y pidió se agotara esa búsqueda, pero penosamente el gobierno de la entidad donde se realizó, lo difundió”, resaltó Santiago Aguirre, director del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), durante la conferencia virtual “Retrospectiva del Caso a 6 años de los hechos”.

En este sentido, Vidulfo Rosales detalla a Contralínea que se está haciendo la búsqueda en Mexicali para ubicar a esta persona y saber si es el estudiante de Ayotzinapa. Asimismo, indica que ha habido disposición por parte de las autoridades para emprender esta búsqueda.

A través de estos hallazgos se respalda, una vez más, que la verdad histórica fue una farsa y que las nuevas acciones de búsqueda rompían con la narrativa de dicha mentira, la cual ha impedido obtener la verdad y la justicia del caso.

Crimen de Estado y creación de la Comisión para la Verdad

El reconocimiento de que la desaparición de los 43 estudiantes fue un crimen de Estado y la integración de una Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia interinstitucional son los principales logros que se han obtenido en el actual gobierno federal, gracias a las exigencias de la sociedad para esclarecer el caso.

“Con la nueva administración sí hay un cambio sustancial porque esta administración, no sólo en palabras del Poder Ejecutivo, sino también del Legislativo, del Judicial y de la Fiscalía General de Justicia hay un reconocimiento de que aquí hay un crimen de Estado”, afirma Miguel Álvarez, director de Servicios y Asesoría para la Paz (Serapaz).

En este sentido, el presidente López Obrador señaló que “en el caso de los jóvenes de Ayotzinapa y muchos otros crímenes no se puede hablar de crímenes de Estado porque ahora el presidente de la República no va a permitir ninguna injusticia, no va a permitir ningún acto autoritario”, durante una visita que hizo a los pueblos indígenas en Tlapa de Comonfort, Guerrero.

Ello, a pesar de que el año pasado, durante el homenaje de Valentín Campa, el subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Alejandro Encinas, reconoció que el hecho acontecido la noche del 26 de septiembre había sido un crimen de Estado.

“Alejandro Encinas reconoció que el hecho acontecido la noche del 26 de septiembre había sido un crimen de Estado”

Además, Miguel Álvarez señala que la Comisión para la Verdad y la Justicia en el Caso Ayotzinapa es una “comisión inédita, impensable en la administración anterior”. Ello, porque es una instancia formal integrada por madres y madres de los normalistas y hay vínculos con el presidente de la República Mexicana, con el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con el Fiscal General de la República, con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y con la Secretaría de Relaciones Exteriores.

También participan integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas; así como Serapaz, el Centro de Análisis e Investigación Fundar, Centro Prodh y el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.

“Esto implica el grado de formalidad que hay en el compromiso interinstitucional para avanzar”, menciona el representante de Serapaz. Asimismo, considera que con la administración actual existe la voluntad política que no había en el sexenio anterior porque, incluso, se “construyó la situación jurídica que convenía”.

Como se recordará, el 27 de enero de 2015, Jesús Murillo Karam –entonces procurador general de la República– declaró que los 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos (de Ayotzinapa) fueron secuestrados y asesinados a manos de integrantes del grupo criminal Guerreros Unidos al haber sido confundidos por miembros del grupo contrario, Los Rojos. Sus restos, afirmó, fueron incinerados en el basurero de Cocula y arrojados al río San Juan, en Guerrero. Los responsables del crimen también hirieron a 25 personas y ejecutaron extrajudicialmente a otras seis. Todo esto, en colusión con elementos de la policía municipal de Iguala y Cocula. 

Sin embargo, su supuesta “verdad histórica” fue desmentida por el actual fiscal General de la República (FGR), Alejandro Gertz Manero, el 30 de junio de este año, cuando dio a conocer que la Fiscalía había solicitado 46 órdenes de aprehensión en contra servidores públicos de Guerrero por desaparición forzada y delincuencia organizada. A tráves de un video publicado por la FGR (https://www.youtube.com/watch?v=2-uXQiJFmog), Gertz Manero manifestó: “la información de todo el trabajo realizado que ha permitido identificar [este hecho] como desaparición forzada y conductas de delincuencia organizada impulsan a que esta nueva etapa se pueda manejar con absoluta transparencia y toda legalidad. Se acabó la verdad histórica”.

Esto provocó que se rehiciera la investigación, a pesar de que hay pruebas que se destruyeron y hubo liberaciones de personas clave para la investigación. El director de Serapaz considera que Ayotzinapa es un caso “emblemático” porque hizo avanzar la legislación, instituciones y mecanismos para los más de 70 mil casos de personas desaparecidas que hay en el país.

Por ello Miguel Álvarez destaca la importancia de “reconocer que Ayotzinapa no es un caso aislado, sino vinculado a los miles de otros casos en el país. Está siendo el eje del arado que va abriendo surco también para las otras miles y miles de desapariciones que cruzan el país”.

Al respecto, el defensor Vidulfo Rosales argumenta que “la voluntad del presidente no es suficiente, necesitamos un compromiso real de todas las instituciones porque es un caso sumamente grave. El entramado de impunidad construido es muy grande para desmontarlo y desenmarañar se necesita el esfuerzo de muchas instituciones”.

“La voluntad del presidente no es suficiente, necesitamos un compromiso real de todas las instituciones porque es un caso sumamente grave”

Importancia de Ayotzinapa para otros casos de desaparición

—¿Qué significado tendría la resolución de la desaparición de los 43 estudiantes?

—Resolverlo marcará un parteaguas en materia de justicia y derechos humanos de nuestro país. Lo cual sentaría las bases para revertir los índices de impunidad y para transitar a un sistema más democratico, donde la justicia es más efectiva, en donde las graves violaciones a derechos humanos se castigan y habría condiciones para establecer medidas de no repetición de estos hechos, –responde Vidulfo Rosales a Contralínea.

Por su parte, Humberto Guerrero considera que la resolución de este caso puede impactar en la forma de entender cómo se puede abordar el cúmulo de miles de desapariciones que hay en el país y de otras situaciones relacionadas con violaciones de derechos humanos.

El representante de Fundar opina que el trabajo de cooperación que se realizó para identificar los restos óseos de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre es un ejemplo de cómo tendría que ser el proceso de investigación forense en otros casos.

Además, menciona que la identificación forense es un tema presente en la agenda gubernamental que no ha avanzado y con la identificación del normalista se creó un “mecanismo extraordinario de identificación que plantea crear un esquema para identificar los restos de personas fallecidas no identificadas, que posiblemente tienen un reporte de desaparición”. Para lo cual es importante que haya coordinación entre instituciones nacionales, organizaciones independientes y cooperación de instancias internacionales.

“No se puede acabar con violaciones a derechos humanos en México por determinación política. Ninguna autoridad, presidente o senador podrá declarar que en su gobierno no habrá violaciones. Lo que tiene que hacer es entender, estudiar y analizar cómo y por qué acontecen las violaciones de derechos humanos por qué la justicia no funciona”, explicó James Cavallaro, expresidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, durante el conversatorio virtual “Retrospectiva del Caso a seis años de los hechos” .

Y es que, independientemente de que haya voluntad política de solucionar el caso, a lo que se enfrenta la actual administración de México es a todo un sistema y “no se cambia un sistema porque se cambie el gobierno, sino que  hay una parte de transformación que debe tener pasos sostenidos”, comenta uno de los miembro del GIEI, Carlos Beristain, a Contralínea, en el mismo foro.

Agrega que hay cosas que no se hicieron en el gobierno de Enrique Peña Nieto y que provocan que la verdad se aleje, pero “las peleas hay que darlas. La verdad tiene que salir y cuando se ponen en marcha mecanismos independientes se obtienen mejores resultados, aunque sean más duros de aceptar. La historia [del caso Ayotzinapa] es otra, no es la verdad histórica. Una media verdad que nunca hace una verdad completa”.

El representante de Serapaz añade que la conformación del colectivo de madres y padres de los estudiantes desaparecidos es un “proceso de amor colectivo convertido en exigencia de justicia y ellos han aprendido a coordinarse, conducirse, hablar, expresarse y distribuirse”.

“Toda la vida de los padres se ha modificado. Los conflictos a los que la vida se enfrentan son mayores. Nunca los he oído decir que dejarán todo, sino al contrario, siempre escucho la convicción de continuar hasta encontrar a sus hijos. No se rinden. Siguen de pie y, con ánimo, exigiendo justicia. Las madres y los padres son admirables, al igual que su fuerza de seguir adelante, de pie y exigiendo a las autoridades que haya justicia”, detalla Vidulfo Rosales.

Narra que los familiares aún tienen mucho dolor por la incertidumbre constante que viven, lo cual ha demeritado exponencialmente en su salud. ¿Cómo podría estar un padre que no encuentra a su hijo? Cuestiona. Eso es una angustia indescriptible que solamente un padre que tiene a su hijo desaparecido puede soportar. Es una pesadilla que nunca termina, de la que nunca se despierta. Sólo hasta saber qué sucedió con los 43.