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1/28/2020

¿Hacen falta nuevos partidos?


Alberto Aziz Nassif
La democracia se ha vaciado y poco a poco los partidos políticos en todo el mundo han entrado en crisis, se han vuelto irrelevantes. En las democracias más consolidadas estas organizaciones —que fueron básicas para la democracia electoral— empezaron a fracasar como espacios de representación y de participación ciudadana. En los países con democracia más precarias, como el nuestro, los partidos ni siquiera se llegaron a consolidar y con la crisis actual se han transformado en plataformas personalizadas para soportar liderazgos de popularidad, con programas cada vez más pragmáticos y con menor contenido.
En México el sistema partidocrático (el encierro de élites en torno a intereses personales y de grupo que se distanciaron de la ciudadanía) se repartió el poder, los puestos y los recursos públicos durante años, pero entró en crisis con las elecciones de 2018. La estructura de tres grandes partidos y un conjunto movible de pequeñas organizaciones se transformó con la última sucesión presidencial. Regresamos a un partido dominante, un partido mediano y un conjunto de pequeñas organizaciones. En 2018 dos partidos perdieron su registro, Encuentro Social (PES) y Nueva Alianza.
La convocatoria para obtener un registro como partido político nacional ha entrado en su fase decisoria para ver si hay nuevas organizaciones en el espectro político. De acuerdo a la información del Instituto Nacional Electoral (INE) al corte del pasado 14 de enero hay 17 organizaciones en el proceso, de las cuales hay tres que cumplen con los requisitos (número de asambleas y afiliación), otro más está en veremos (México Libre, fractura del PAN impulsado por Felipe Calderón) y el resto, 13 organizaciones, no cumplen con los requisitos para el registro. Si pasamos de los números a la calidad democrática, es decir, al apego a la Constitución, entramos a una dimensión que resulta indispensable analizar, porque en los próximos meses todo indica que habrá al menos tres nuevos registros.
Sabemos que una democracia necesita de partidos políticos para ejercer sus funciones de representación, participación y organización de la voluntad popular. Muchas veces hemos preguntado si los partidos que tenemos en México son esos espacios. Después de 2018 llegó un reacomodo que ha generado situaciones nuevas: como la parálisis que sufre el partido gobernante, Morena; la dimensión pequeña en la que quedó el PRI; la casi desaparición del PRD; el hundimiento panista; la conversión del Verde hacia la 4T; el reacomodo del PT.
Resulta importante señalar que dos de los tres posibles partidos reciclados vienen del mundo magisterial. De esta forma, el núcleo central de la organización Redes Sociales Progresistas, viene del entramado político de Elba Esther Gordillo y sus vínculos con el sindicato de maestros (SNTE); del mismo núcleo magisterial surge el otro, Grupo Social Promotor de México, por lo tanto, lo que fue Nueva Alianza reaparecerá con dos registros. La pregunta es de qué forma la autoridad electoral resolverá lo que dicta el Artículo 41 constitucional: “Sólo los ciudadanos podrán formar partidos políticos y afiliarse libre e individualmente a ellos; por lo tanto quedan prohibidas la intervención de organizaciones gremiales”. Con ese criterio ninguna de esas dos organizaciones podría obtener registro.
El otro caso es el PES que ahora quiere regresar con un nuevo registro, y en lugar de Encuentro Social, será Encuentro Solidario. Aquí el problema está en lo que marca el Artículo 40 constitucional que dice: México se organiza como una “República representativa, democrática, laica, federal”. Esta organización representa a los grupos religiosos evangélicos, es decir, que incumple con la importante característica de la laicidad, que es necesario defender frente a estos grupos que se han aliado con la 4T. Ya hemos visto el desastre de lo que sucede en Brasil con el poder de los grupos evangelistas y neopentecostales.
Esperemos que la autoridad vea las partes cualitativas y no sólo la numeralia para que no otorgue el registro a partidos religiosos o corporativos. ¿Hacen falta nuevos partidos en México?

Investigador del CIESAS.
@AzizNassif


Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación.

12/25/2019

Partidos ricos y país pobre

Alberto Aziz Nassif
La posibilidad más viable para reducirles a los partidos políticos el 50% del dinero público, se acaba de perder; fue en una votación dividida en la Cámara de Diputados el pasado 12 de diciembre. El tema es viejo, las tesis se han discutido de forma amplia, la percepción ciudadana sobre los partidos es muy negativa, pero la realidad es que no hay acuerdo en la clase política sobre qué hacer con el dinero en la política.

Con una visión calculadora los partidos se encargaron de colocar la fórmula de su financiamiento en el Artículo 41 de la Constitución, por lo cual una reforma necesita el voto de las dos terceras partes en las cámaras del Congreso. No sobra decir que este es el único recurso económico garantizado constitucionalmente. El resultado es que la aplanadora de Morena, que propuso la reforma, no pudo sacarla adelante. Sólo consiguió 274 votos y tuvo en contra 207. La coalición que suele votar con Morena en la agenda legislativa, se rompió: el PT y los verdes se fueron al bloque opositor del PAN, PRI, MC y PRD y el proyecto reformador de los morenistas, perdió.

Las tesis a favor de la reducción son muy atendibles. Desde que se institucionalizó el gasto público como predominante a partir de la reforma electoral de 1996, se ha observado que los partidos disponen de una gran cantidad de recursos públicos. Desde esta modificación hasta la reforma de 2007, el mayor gasto de los partidos —alrededor de un 70%— se destinó a la compra de tiempos en radio y televisión. Con el cambio en el modelo de los tiempos del Estado los partidos ya no tuvieron ese gasto y todo se concentró en maquinarias electorales y mercadotecnia, hubo un enriquecimiento de los partidos.

Las tesis en contra de la reducción de los recursos han apuntado al argumento de que la política partidista no debe estar sometida a intereses particulares, porque puedan financiar a los partidos con el objetivo de ganar obras, proyectos y agendas a su favor, como el emblemático caso de la empresa brasileña Odedrecht que financió ilegalmente a candidatos y partidos en todo el continente. A esa tesis se le puede añadir que los partidos que perdieron en 2018 tuvieron una baja considerable en sus ingresos, porque la mayor parte del financiamiento depende del porcentaje de votos obtenidos, y lanzaron la tesis de que el gobierno de AMLO los quiere debilitar quitándoles el 50% de los recursos.

En el contexto de la 4T y de las políticas de austeridad del actual gobierno, era esperable una iniciativa de austeridad para los partidos, a la que se suman una serie de demandas difusas para reducir el dinero a estas desprestigiadas organizaciones. El aprecio ciudadano por los partidos está por los suelos, desde hace tiempo y como un fenómeno globalizado. En nuestro país el problema de legitimidad partidaria está atado a un fenómeno que se conoce como la partidocracia: un encierro de la clase política que se distanció de la ciudadanía y puso en operación pactos de impunidad. Una parte importante del realineamiento electoral de 2018 se generó por la necesidad de romper con esos pactos.

Además, hoy llama la atención la decisión de la dirigente de Morena, Yeidckol Polevnsky, que se fue más allá de la meta de la reforma y propuso que el partido gobernante renuncia al 75% del dinero público en 2020, con lo cual el financiamiento de Morena quedará por debajo del que tendrán los partidos de oposición. Extraña decisión que bien se puede enmarcar en la obsesión de esta dirigente para mantener la presidencia morenista. Más papista que el Papa. Es previsible que este recorte se sume a los conflictos que enfrenta Morena para renovar a su dirigencia.

En suma, por lo pronto los partidos políticos ganaron la batalla de quedarse con todos los recursos, que para el próximo año sumarán un monto de 5,239 millones de pesos. Así, frente a una burocracia empobrecida, un INE recortado y una austeridad generalizada, los partidos seguirán gozando de una buena tajada del presupuesto, al que no se le podrá tocar ni un centavo. Don dinero partidista ganó y los objetivos de austeridad en la política tendrán que esperar otros tiempos…

Investigador del CIESAS.
@AzizNassif

Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación.

9/18/2019

4 desafíos de la 4T


Alberto Aziz Nassif

Para empezar a resolver los grandes problemas del país se necesita superar lo que hicieron mal o dejaron de hacer los últimos tres gobiernos: en 2000-2006, una alternancia que fue más de lo mismo; 2006-2012, una violencia que volvió a México un cementerio; 2012-2018, una enorme corrupción, con impunidad y violencia. En todos esos años se mantuvo la pobreza prácticamente en los mismos niveles. En 2018 las expectativas de cambio llevaron a 30 millones de ciudadanos a optar por la opción que ofreció un nuevo proyecto nacional, la famosa 4T. Y aquí estamos, pero ¿cuáles son los principales desafíos de este gobierno?
Lo que vemos todos los días son las expresiones de los graves problemas nacionales: corrupción, injusticia, impunidad, pobreza. A diario escuchamos un debate sobre las decisiones de la 4T, así son las democracias. Lo que no se observa a simple vista, en las redes y los medios, son los obstáculos estructurales que están detrás de estos problemas y que se pueden sintetizar en: una captura del Estado por grupos de interés político, económico, criminal, que han llevado a México a su condición actual.
Para enfrentar la grave situación del país se tienen que cambiar las políticas en cuatro áreas que son los desafíos de este gobierno: el primero es la seguridad pública que se necesita construir para bajar las altas tasas de violencia que todos los días muestran a un país más cruento. Un México que ha normalizado los horrores de la violencia cotidiana. Hasta el momento el Estado no ha podido romper la captura y empezar la pacificación ofrecida. No sabemos si en algún momento comenzarán a bajar los altísimos índices delictivos. Un paso muy positivo es la iniciativa de la Ley de Amnistía para liberar a los más vulnerables, indígenas, presos políticos, mujeres que abortaron.
Un segundo desafío tiene que ver con la recuperación del Estado en materia de combate a la corrupción, como la expropiación ilegal y generalizada de recursos públicos. En estos días hemos visto que hay un cambio para endurecer las reglas en contra de la evasión fiscal. Según la directora del SAT el problema de las facturas falsas, el fenómeno de los “factureros”, es una industria que creció 21 veces en el último sexenio para generar una gran evasión y un enorme lavado de dinero (entrevista en Aristegui noticias); un mundo criminal que hace pareja con las empresas fantasmas. El Estado mexicano tiene una muy baja recaudación, lo cual produce una debilidad estructural para enfrentar sus obligaciones. AMLO no quiere hacer una reforma fiscal hasta la segunda mitad del sexenio, lo cual es un error; esperemos que se logre bajar la evasión y suprimir las condonaciones, todo lo cual ha llevado a algunos despistados a decir que se trata de “terrorismo fiscal”.
Un tercer desafío es el bienestar social. En esta agenda se han cometido aciertos y errores. Sin duda, un acierto importante fue romper la inercia del castigo de bajos salarios y empezar a revertir una tendencia de más de 30 años. El combate a la corrupción pasa por limpiar los negocios entre privados y gobierno, pero aquí se encontró un embudo en el sector de salud, en donde se ha complicado el abasto de medicamentos y se han tenido múltiples quejas justificadas. También hay críticas válidas al enfoque de los programas sociales, porque el reparto directo de recursos, sin una transición ordenada o sin controles de utilidad, generan dudas sobre la efectividad para lograr un mejor bienestar.
El cuarto desafío apunta hacia el mundo de los derechos y libertades, hacia la necesidad de mejorar nuestra vulnerada democracia. Es importante cuidar que no haya acciones graves que lastimen los espacios democráticos. Se ha ensanchado la libertad de expresión, pero hay una polarización del discurso presidencial que ha generado mucho malestar, sobre todo por la enorme brecha de poder que hay entre AMLO y sus adversarios, a los que califica de “conservadores” y “fifís”. ¿Podrá la 4T enfrentar el desencanto democrático que generó la partidocracia?
¿Podrá la 4T empezar a resolver estos dilemas?
Investigador del CIESAS.
@AzizNa ssif

Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación.

8/27/2019

35 años del SNI


Alberto Aziz Nassif

El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) cumple 35 años como uno de los principales instrumentos de evaluación del quehacer científico en el país. Una forma de mirar al sistema es ver qué opinan los investigadores del sistema, para lo cual se puede revisar el libro publicado al año pasado, La evaluación de los académicos, coordinado por Graciela Bensusán y Giovana Valenti, (Flacso y UAM).

Desde que se inició el gobierno de la 4T el campo científico se ha vuelto un espacio de polémica sobre el futuro de las instituciones de ciencia y tecnología. Una parte del malestar se debe a los recortes presupuestales y otra, a la confrontación sobre las diferentes visiones de qué hacer con los recursos públicos para un mejor desarrollo científico en México.

1.- El modelo Conacyt. A lo largo de 35 años se ha construido una estructura para el desarrollo científico que se ha vuelto hegemónica. El SNI es parte de este modelo y poco a poco se transformó en un esquema fiscalizador y punitivo. A pesar de que el sistema ha tenido cambios constantes, es necesario insistir en que la evaluación necesita cambios, porque hoy en día la carrera académica se calcula y diseña con base a los criterios que marca el SNI, tanto para ingresar, como para permanecer. Sin duda, se podrían mejorar la transparencia y la certidumbre, así como hacer un mayor reconocimiento a los diferentes contextos sociales en los que se hace investigación, ya que hay disparidades regionales muy grandes, por lo cual se necesita abandonar el centralismo de la Ciudad de México, como referente básico. El modelo Conacyt se convirtió en central no sólo para el SNI, sino para los proyectos de investigación, los posgrados, las revistas, los índices, las estancias de posgrados y la posibilidad de conseguir trabajo a través de las cátedras.

2.- Reformas. En el libro hay una encuesta que fue respondida por más de 8 mil integrantes del SNI, de un universo de más de 25 mil investigadores. Uno de los resultados más relevantes es que la evaluación del SNI se acepta y se valora, pero le hacen falta diversas reformas. Por ejemplo: más del 80% pide más fundamentación en los dictámenes; un 73% demanda reformular los criterios para valorar más lo cualitativo que lo cuantitativo; un 77% insiste en simplificar los trámites y un 59% considera positivo extender los periodos de evaluación, así como aplicar un método de auditorías aleatorias. Existe también un rechazo general a los mecanismos cuantitativos que han generado fenómenos de “publicacionitis” y “productivitis”, una obsesión por producir al vapor.

3.- Relación entre Conacyt y las instituciones. En materia de evaluación las instituciones pueden ubicar su vínculo con el Consejo en tres grados: las que están completamente alineadas al Conacyt, medianamente vinculadas y poco relacionadas. El reto es cómo garantizar la autonomía de los centros públicos de investigación frente al modelo hegemónico. La regulación no puede lastimar el grado de libertad necesario para hacer ciencia; no será el control, sino la colaboración lo que sirva para una alianza efectiva entre las instituciones y el Consejo.

4.- El futuro del SNI. Como punto de partida se tiene que escuchar a las comunidades científicas e incorporar sus puntos de vista, porque las decisiones verticales no funcionan y menos en este sector particularmente crítico y sensible a las imposiciones. Los cambios al SNI tendrán que tomar en cuenta la trayectoria de los investigadores y no sólo los cortes temporales de la evaluación; la valoración de las publicaciones necesita considerar la pluralidad de los contextos en las que se hacen las ediciones. Urge apreciar la investigación multidisciplinaria, para lo cual ya se creó una comisión con este perfil en el SNI. En suma, se requiere también que la evaluación deje de ser sólo individual y se haga también de forma institucional.

35 años del SNI son un buen momento para cambiar la cultura de control y desconfianza que ordenan el actual modelo hegemónico, por otro con basado en la confianza y la responsabilidad…

Investigador del CIESAS.
@AzizNa ssif

8/13/2019

Don dinero y los partidos políticos

Alberto Aziz Nassif

Desde que se iniciaron las reformas que cambiaron el régimen político-electoral en México, el dinero para financiar a los partidos ha sido un tema de debate que hoy regresa de nuevo al escenario. El mundo de la austeridad de la 4T no podía dejar de lado el hecho de tener “partidos ricos con pueblo pobre”, diría el clásico, por eso se ha iniciado el proceso para reducir el dinero partidista.
El modelo de financiamiento público para la competencia política fue resultado de la reforma de 1996. Desde el principio los partidos quedaron muy bien acondicionados por el dinero del erario y muy pronto, para 2003, se hizo visible que el modelo tenía un mecanismo progresivo que encarecía las elecciones. El problema estaba en la necesidad partidista de comprar tiempo en los medios para sus campañas, un gasto que llegó a representar más del 70% del dinero que recibían del financiamiento público. Unos años después se hizo otra reforma y se resolvió el problema porque se dispuso de los tiempos del Estado, y los partidos ya no tuvieron que gastar en medios, incluso quedó prohibida la compra mediática. Con ese cambio se generó otro problema: el reparto de tiempos gratuitos reprodujo millones de cápsulas, spots que intoxicaron la comunicación política, pero el dinero público engrosó las finanzas de los partidos para alimentar sus estructuras territoriales, su burocracia y sus redes clientelares.
El elevado gasto de los partidos se incrementó a partir de la última reforma electoral de 2014, porque se estableció un doble financiamiento, nacional y local, con lo cual aumentó la ya abultada suma de recursos fiscales que van a dar a manos de los partidos. Hay buenas razones para justificar el actual modelo, pero, de la misma forma, también hay buenos argumentos para ir a un esquema más austero. El modelo de gasto público en la política, junto con el acceso mediático, posibilitaron un sistema de partidos competitivo con una regulación que vigila la equidad en la competencia.
Los partidos políticos son las instituciones menos apreciadas por la ciudadanía, han perdido legitimidad y representatividad. Sin embargo, son instituciones necesarias en una democracia. Cada vez que se hace una reforma se promete que habrá menos gasto y más austeridad, pero el resultado es completamente al revés: más dinero y más gasto. El financiamiento para los partidos es el único que se encuentra establecido —con todo y sus fórmulas específicas— en un artículo de la Constitución, el 41.
Desde hace años diversas iniciativas de la hoy menospreciada sociedad civil, han impulsado una política de austeridad para los partidos, la cual se tiene que acompañar de otras medidas que hagan un modelo electoral más europeo y menos como en Estados Unidos, en donde el dinero mande menos y no sea el factor determinante para ganar en las urnas. Para eso se necesitan campañas más cortas, con debates más intensos y menos spots. Adelgazar esas enormes maquinarias llenas de burocracias prescindibles y modificar de raíz las legiones de mercadotecnistas, encuestólogos y toda una parafernalia de la política, incluidas las gorras, las tortas, la propaganda inútil y contaminante y, por supuesto, la compra del voto. Sin duda, que campañas con más contenido, mas breves y más intensas en el debate, le subirían el nivel a nuestra dispendiosa competencia electoral.
Hoy la 4T propone bajar el financiamiento a la mitad, pero la propuesta se enfrenta a importantes resistencias. Esta propuesta se da en el contexto de la política de austeridad de la 4T, que ha sido excesiva en muchos casos y con consecuencias injustas, como lo hemos señalado en este espacio en repetidas ocasiones. El otro argumento viene de los partidos que hoy son oposición y por esa razón tendrán menos recursos que el partido gobernante, Morena. Nunca habrá la situación ideal, neutra, para reducir el financiamiento a los partidos. Sin embargo, hay que hacerlo y cambiar hacia un mejor modelo de política más democrático, austero y equitativo…
Investigador del CIESAS.
@AzizNassif

Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación.

7/04/2019

¿Qué pasó el 1 de julio de 2018?


Alberto Aziz Nassif

Las imágenes permanecen en la memoria y después de un año los ganadores celebran la hazaña —largamente buscada— del triunfo de AMLO. El 1 de julio de 2018 se rompió el conjuro y Morena ganó de manera amplia las elecciones presidenciales, además, logró una cómoda mayoría parlamentaria. Sin embargo, este triunfo no se explica de forma automática, por lo que es necesario hacer un ejercicio de análisis.

1.- Lo primero que resalta es la otra cara de la victoria de AMLO, es decir, la derrota de la partidocracia que formaron en los últimos sexenios PRI, PAN y PRD, y sus aliados menores. Con esa pérdida se modificó de raíz un sistema de partidos que transitó de la etapa hegemónica a la dominante, hasta llegar a la alternancia. Un sistema que administró el reparto de los votos, los recursos y los cargos de una representación democrática, cuya temporalidad más reciente fue de finales del siglo XX hasta 2018. Hoy no se sabe cuánto durará el balance de fuerzas que dejó el 1 de julio de 2018. ¿Se recuperarán los partidos de oposición? ¿Surgirán otros o los mismos, pero reconvertidos? ¿Cuánto tiempo durará la fase de irrelevancia en la que se encuentran en la actualidad?

2.- La derrota de la partidocracia se debió a un gran realineamiento electoral, (grandes cambios en la intención del voto, con lo cual se modificaron las tendencias históricas). Un partido nuevo, que en ese momento tenía sólo cuatro años de haber obtenido su registro, pero con una agenda de larga trayectoria, logró un triunfo general en las urnas. La dimensión de ese triunfo ha modelado el estilo del gobierno actual, sobre todo por los grandes márgenes de maniobra política que tiene.

3.- El realineamiento electoral se generó por múltiples razones, entre las que se pueden destacar está el enorme impacto de una mezcla explosiva de problemas en el ánimo de la ciudadanía. ¿Cómo votar cuando estás contra la pared y hay una opción de salida? El revoltijo de graves abusos y desgobierno tuvo la expresión de una complicada ecuación: una violencia agravada + una corrupción excesiva + una enorme impunidad + un horizonte de pobreza = a una urgente necesidad de cambio por fuera de la caja. Lo cual fue posible porque en el escenario político había un actor, un partido y un movimiento lo suficientemente nuevos y, al mismo tiempo, con signos claros de una conocida identidad en su principal liderazgo. Con esas características se hizo creíble la apuesta (AMLO dobló los votos de 2006 y 2012) con la promesa de recuperar la gobernabilidad de un país que había rebasado a los actores tradicionales.

4.- El liderazgo de AMLO fue determinante porque reunía las características de ser un actor de la oposición ubicado por fuera del sistema que había creado el caos que se experimentaba en el país. Como ha sucedido en otros países, estos liderazgos han tenido éxito por el derrumbe de los sistemas tradicionales de partidos. Un fenómeno que se asocia al populismo, un concepto que se usa muchísimo y se define poco. Frecuentemente se destacan rasgos tan generales para analizar experiencias muy diferentes, con lo cual se entiende poco al famoso populismo. Los casos son tan diferentes que obligan a buscar las singularidades de cada fenómeno.

5.- México, como en otros sistemas políticos, llegó en 2018 a una fase de desestructuración de su sistema de partidos, que ha dado lugar a que se hable de un cambio de régimen, que pasó de un formato plural de tres fuerzas a otro de partido dominante. La 4T se mueve entre la reconstrucción incierta y polémica de un país cuyas soluciones necesitan de un largo periodo de tiempo. La narrativa de AMLO se mueve alrededor de lo nuevo y el fin del viejo sistema, lo cual ha producido —hasta la fecha— un horizonte incierto con logros muy acotados en los primeros siete meses de gobierno.

A un año de aquel 1 de julio tenemos una experiencia de gobierno que se puede entender como escribió alguna vez Norbert Lechner: “la conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado”.

Investigador del CIESAS.
@AzizNa ssif
Alberto Aziz Nassif

4/16/2019

La transición laboral en México


Alberto Aziz Nassif

Muchos años después de la transición electoral que hizo posible la alternancia y la democracia representativa, llega al país una transición laboral, un cambio de modelo para regular las relaciones del mundo del trabajo.

Una buena noticia para México.

Después de una reforma constitucional aprobada hace un poco más de dos años, en febrero de 2017, ahora aterrizan los cambios a la ley secundaria para construir el nuevo modelo. En días pasados los diputados aprobaron la reforma laboral y se espera que la próxima semana el Senado de la República discuta el tema y se pueda completar el proceso legislativo.
Con esta reforma se hace un esfuerzo estructural para poner las manecillas del reloj laboral a tiempo con el mundo de la democracia, la justicia y las libertades, de acuerdo a los Convenios de la OIT.
Durante décadas el mundo laboral en México se desarrolló dentro de esquemas corporativos, verticales y de control. El sindicalismo se volvió parte del campo político: pasó de su integración sectorial en un partido hegemónico, a un acomodo con el neoliberalismo y el mundo laboral entró a una lamentable etapa de simulación, plagada de contratos de protección, al margen de los trabajadores.

Cuando revisamos los antecedentes de la reforma actual se puede calibrar de mejor forma la destrucción del sindicalismo independiente, la imposición de una larga represión salarial, que llevó el valor del trabajo a uno de los niveles más bajos en América Latina.
La estrategia exportadora, como la vía dominante, nos llevó a ser un país de subcontratación internacional (Ilán Bizberg dixit), de ensamble maquilador con el atractivo de tener salarios bajos.
La reforma laboral pone un alto a este modelo, incluso es una de las exigencias de los demócratas para la firma definitiva del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Puede ser paradójico que nuestro principal socio comercial exija condiciones de mejores salarios y justicia para el mundo laboral mexicano, para tener más equilibrio entre los países de América del Norte. Este vector externo ha impulsado la reforma para vencer resistencias y obstáculos internos.

La reforma laboral se apoya en tres modificaciones importantes:

a) una nueva estructura para la impartición de la justicia, que deja atrás el deficiente esquema de las juntas de conciliación y arbitraje y va hacia la construcción de tribunales dentro del Poder Judicial.

Se trata de superar esa suerte de anomalía que ha tenido el trabajo en México, para entrar a una modernidad que haga de la justicia un proceso expedito, transparente y eficiente.

b) Otra parte está basada en la creación de una nueva institución, el Centro o Instituto Federal de Conciliación y Registros Laborales.

Sería un equivalente al INE en materia Electoral. Un organismo público descentralizado con autonomía técnica, operativa, presupuestal, de decisión y de gestión.

El objetivo es superar los viejos mecanismos de control que se ejercen para que predominen los intereses políticos y económicos sobre la voluntad de los trabajadores que quieren organizarse libremente.

La conciliación y el registro serán dos tareas básicas para generar una nueva lógica de administración laboral.

c) El tercer soporte de este modelo apunta hacia la democracia sindical, una materia escasa en nuestro país. Así que tanto para elegir a los dirigentes sindicales, como para la celebración de los contratos colectivos de trabajo, es decir, los pactos entre los patrones y los trabajadores, se procesa mediante una participación y una representación reales.

Este proceso significará un cambio enorme. Ahora se garantizará que el voto sea personal, libre, secreto y directo, con lo cual se trata de alcanzar el nivel de cualquier sistema democrático en el mundo del trabajo.
En los próximos años, cuando termine la fase de construcción institucional, se iniciará en México un largo proceso para poner en operación las reglas del nuevo modelo.
No será fácil generar otros hábitos y prácticas y dejar atrás los vicios que han caracterizado las relaciones laborales. Para decirlo de manera breve, la transición laboral será larga, sólo esperamos que no sea demasiada accidentada y tortuosa…
Investigador del CIESAS. @AzizNassif

3/26/2019

Partidos ricos y reprobados


Alberto Aziz Nassif


Desde la reforma político-electoral de 1996, la que permitió tener un sistema de competencia equitativo y plural, los mecanismos de financiamiento de los partidos políticos han sido un problema. Se logró tener alternancia y autonomía, acceso a medios masivos, financiamiento público preponderante y una distribución plural del poder. Sin embargo, no se logró un sistema de financiamiento corresponsable a la representación política y contar con partidos políticos democráticos y transparentes, por eso hoy sólo tienen un nivel de confianza de 3.9% (EL UNIVERSAL, 13/III/2019). En estos días de nueva cuenta se propone ajustar el financiamiento y reducirlo a la mitad.
Se ha dicho de forma repetida que sin partidos políticos no hay democracia y que sin partidos la representación política se cancela. Con las premisas podemos estar de acuerdo, pero es conveniente añadir que con estos partidos que tenemos la calidad democrática y una buena representación son muy difíciles de obtener. Por eso se puede caracterizar a la democracia en México como una partidocracia. Se llegó a tal nivel de excesos y abusos por parte de la clase política, (corrupción, privilegios, impunidad, violencia) que se generó una crisis cuya mejor expresión son las elecciones del pasado 1º de julio, unos comicios con un realineamiento de las preferencias ciudadanas que llevaron al país —otra vez— a un formato de partido dominante. Este cambio significó que el sistema de tres grandes partidos, que había desde 1989 (PRI, PAN y PRD), entrara en una crisis de pronóstico reservado.
Morena en la Cámara de diputados propuso la modificación del Artículo 41 de la Constitución en su Inciso A, para que el gasto ordinario disminuyera a la mitad. La propuesta se queda corta, porque debería ser general, también para el gasto en las campañas. Detrás de esta iniciativa existe una larga historia. Se puede decir que hay una demanda popular permanente para que los partidos tengan menos recursos públicos. A lo largo de las reformas electorales de los últimos 23 años, ha habido una promesa incumplida: se anuncia que va a disminuir el dinero para los partidos, pero resulta exactamente al revés, siempre tienen más recursos públicos. Los partidos y sus grupos parlamentarios fueron capaces de convertir el Artículo 41 de la Constitución en un código y constitucionalizaron el financiamiento de los partidos, ninguno otro gasto aparece con ese carácter en la Carta Magna. Entre 2007 y 2008 la clase política hizo una reforma para generar un nuevo modelo de comunicación basado en los tiempos del Estado para radio y televisión; a partir de entonces ese espacio es usado por los partidos con lo cual se ahorraron más de un 70% de su financiamiento que gastaban en la compra de tiempos en radio y televisión. De esta forma, los partidos ya no gastan en medios, pero su financiamiento siguió prácticamente en las mismas dimensiones.
Hay varios argumentos en contra de la reducción del dinero público a los partidos, pero el más popular es el que dice que aumentará el dinero privado, limpio o sucio. Me parece que lo que se tiene que mejorar son los mecanismos de fiscalización para que los partidos no prefieran pagar la multa y cometer el acto de meter recursos ilícitos a sus campañas. La última reforma electoral, 2014, penaliza con la anulación de una candidatura en caso de rebasar el tope de campaña. En estos días también he escuchado que Morena propone esta reforma porque quiere aprovecharse de su condición de partido dominante para debilitar a la oposición. Hoy, la mejor prueba de que el que gasta más dinero ya no necesariamente es el que gana las elecciones, la tuvimos con Morena, un partido nuevo, que gastó menos que el PRI y el PAN y arrasó en 2018. La austeridad debe alcanzar para reducir el dinero público para campañas y hacerlas más cortas, con más debate y menos spots, como en el modelo europeo.
En estos tiempos de austeridad los partidos políticos están obligados a reducir sus gastos. No se trata de aumentar el dinero privado, sino de cambiar el modelo para que se haga más política, haya mejor representación y menos negocio. Es tiempo de cambiar el modelo de partidos ricos y reprobados…
Investigador del CIESAS.
@AzizNassif

2/27/2019

Un presidente sin intermediarios


Alberto Aziz Nassif

Poco a poco se ha generado un conflicto que es necesario resolver. De forma repetida AMLO ha establecido que no quiere que haya intermediarios, que las relaciones entre el gobierno y la gente, el pueblo, tienen que ser directas. Así de simple, o de complicado.
AMLO siempre ha expresado sus diferencias con las organizaciones sociales, con la sociedad civil, y con cualquier forma de intermediación. La diferencia es que hoy, desde el gobierno, esta actitud se traduce en presupuestos que se cortan, en programas que se cancelan y en organismos que se critican. Esta posición del presidente, que aparece en sus conferencias mañaneras, está mezclada con el grave problema de corrupción y de captura que cruza a muchas de estas organizaciones, programa y organismos.
El tratamiento que hace el gobierno del universo de las organizaciones y programas tiene dos errores: uno es la generalización con la que se homogeniza un mundo muy heterogéneo, y el otro es la simplificación de una realidad que es muy compleja. Sin desacreditar a ninguna, no se puede poner en la misma bolsa a organizaciones que son una extensión del medio empresarial, con iniciativas sociales que han luchado por agendas democratizadoras. Los dos polos son legítimos, pero se han distinguido históricamente por tener agendas distintas. Muchas están en el campo de la filantropía, otra se dedican a la evaluación de políticas públicas; unas más son observatorios y contrapesos necesarios en cualquier democracia. Hay de izquierda y de derecha, de carácter religioso o laico, con fines de beneficencia o de transformación. En una sociedad con graves problemas lo que menos se necesita es simplificar los remedios. Si con cada acción que hace el gobierno se destapa una cloaca de corrupción y de abuso de los recursos públicos, es esperable que las soluciones, las políticas públicas, ayuden a mejorar su desempeño. Pero si a cada factor de corrupción sigue una decisión de cancelar y cortar, para dejar una salida simple que vincule al gobierno directamente con el pueblo, estaremos muy lejos de la construcción institucional y la recuperación del Estado que se necesita. Pueden darse soluciones de emergencia, pero se necesita una recuperación de lo público que reconstruya las capacidades estatales porque no todo depende de que la cabeza tenga buena voluntad y rectitud para gobernar.
Hay muchos ejemplos. En el multicitado programa de estancias infantiles en donde se ha registrado corrupción y malos manejos, se necesita una regulación estricta y no la salida fácil de dar el recurso de forma directa. Se trata de recuperar una capacidad pública del Estado de bienestar, es decir, el cuidado de la infancia y los derechos de los niños. De igual forma, hay una gran variedad de organizaciones sociales que defienden derechos humanos, acompañan a víctimas de la violencia, han luchado por la democracia y son contrapeso al poder público, estas OSC también construyen Estado. En el ejercicio que hizo el Senado sobre la Guardia Nacional se pudo observar un consenso democrático al que contribuyó el colectivo #SeguridadSinGuerra. De la misma forma, hay funciones de Estado que se han canalizado a través de órganos autónomos encargados de tutelar derechos (políticos, sociales, civiles). Desafortunadamente los mismos actores políticos han frenado estas autonomías y han capturado a los organismos. Los políticos son alérgicos a la autonomía. Pero, de nuevo, el problema no es el órgano autónomo, sino la captura a la que se le ha sometido por la misma clase política. La estrategia debería ser su fortalecimiento para que puedan tutelar derechos y regular intereses. Lo más negativo es concentrar el poder en un solo espacio. No todas las formas de intermediación o autonomía son negativas o corruptas.
En México es urgente separar el poder político del poder económico, como lo ha dicho bien AMLO. Para conseguirlo se tienen que fortalecer las capacidades del Estado y ampliar las estrategias de inclusión con la sociedad civil. No hay recetas, pero un Estado democrático necesita menos concentración del poder, más inclusión, mediaciones, organizaciones que rindan cuentas y una mejor institucionalización…
Investigador del CIESAS.
@AzizNa ssif

Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación.

2/12/2019

¿Cuánto durará el consenso?


Alberto Aziz Nassif

En estos días se escuchan múltiples quejas y críticas en contra del gobierno que encabeza AMLO. Hay una enorme cantidad de opinadores y analistas que cotidianamente lanzamos argumentos críticos sobre la 4T en las redes sociales y en las páginas editoriales de la prensa.

A esas críticas se puede sumar el malestar de los que ya han sido afectados por decisiones que agravan problemas, como el de la precariedad laboral y los despedidos en el sector público.

Quizá muchas de esas personas se han distanciado del voto que emitieron por AMLO el pasado 1º de julio. Por otra parte, también hay datos que expresan un enorme consenso favorable a muchas de las decisiones que todos los días se anuncian en las conferencias mañaneras del presidente de la República. Estas voces mayoritarias tienen expectativas de un mejor país. ¿Cuánto tiempo durará ese amplio apoyo?

1.- País en crisis. Es importante entender que el país atraviesa por una crisis grave y que todos los días se da a conocer algún dato, informe, fraude, conflicto de interés, que expresan la descomposición a la que hemos llegado con la violencia, la corrupción, la impunidad y la mezcla de los bienes públicos con intereses privados.

A pesar de que no se trata de novedades, no deja de sorprendernos los agudos niveles de la crisis.

Un ejemplo es Pemex, que se volvió una cueva de ladrones, con un huachicoleo generalizado y mafioso dentro y fuera de la empresa.

El panorama en estos momentos es incierto, pero ya hay resultados, se anuncia que ya bajó de forma significativa el robo de combustible, de 80 mil a 2,500 diarios barriles diarios (El Universal, 14/I/2019).

No ha sucedido lo mismo con la violencia, que sigue todavía en niveles muy elevados y habrá que esperar a ver si las nuevas propuestas funcionan.

Por lo pronto, el debate está concentrado en la Guardia Nacional (GN) y su definición hacia un perfil más de corte militar o más civil.

Ayer se anunció que vendrá una reestructuración en el sector eléctrico que se privatizó en los gobiernos anteriores, con el típico caso de puertas giratorias. En este momento no se puede saber cuándo tendremos un mejor balance de país, porque todavía estamos en medio de la crisis.

2.- Decisiones polémicas. Los cambios se acumulan diariamente, pero cada uno genera problemas porque AMLO ha decidido tomar medidas drásticas, cuando en muchos casos se necesitan operaciones finas. Se decidió cancelar programas sociales, sin tener mecanismos de transición y aterrizaje de nuevos programas, como sucede con Prospera, que atienden a 6.2 millones de hogares pobres y ahora será Becas Benito Juárez.

Viene un nuevo modo para distribuir los recursos, ¿será el fin del clientelismo o sólo será una nueva forma? Se corta el programa de estancias infantiles porque había desvíos y corrupción, y se anuncian apoyos directos.

En el espacio de la cultura se ha optado por el despido de personal como mucha experiencia y buenos resultados, como ha sido el emblemático caso de Daniel Goldin, que estaba a cargo de la Biblioteca Vasconcelos. El peor despido es el de quitar a alguien para colocar a un amigo.

Este caso ha tenido una demanda de reinstalación en la plataforma de Change.org que ayer ya superaba las 16,400 firmas. ¿Habrá posibilidad de que el gobierno de AMLO corrija y arregle de fondo las cosas, en lugar de que siga por la ruta de cortar y despedir?

3.- Consenso amplio. En otros temas parece que hay un panorama contrastante. En una encuesta reciente se ve que un 69% considera que la GN disminuirá la inseguridad y un 66% considera que bajará la violencia; un 72% cree que la GN debe ser dirigida por un militar y un 69% considera que el Ejército y la Marina son más capaces de combatir la inseguridad y un 79% cree que para reducir la inseguridad lo más importante es combatir la corrupción y la impunidad; estos porcentajes tienen un nivel de confianza del 95% (Reforma, 6/II/2019).

A esta ola de apoyo se suman las altas preferencias para las próximas elecciones en Puebla, en donde Morena tiene un 44% y el segundo lugar, el PAN, sólo llega al 14.5% (EL UNIVERSAL, 6/II/2019). Un apoyo mayoritario en decisiones controvertidas.

¿Cuánto durará este consenso amplio? Pronto lo sabremos…

Investigador del CIESAS.
@AzizNassif

https://www.eluniversal.com.mx/articulo/alberto-aziz-nassif/nacion/cuanto-durara-el-consenso

12/19/2018

Tres hipótesis sobre la 4T

Alberto Aziz Nassif
El discurso de sexenio es la 4T y en unos cuantos días se han empezado a mover inercias y a descolocar viejos arreglos. Hay reacciones y malestar, se escucha el rechinido de las estructuras de poder. El presidente quiere cambiar el rumbo del país y despliega proyectos que producen resistencias. Hay un clima polarizado y de incertidumbre, pero también hay prisas y decisiones polémicas. Vamos a ensayar tres hipótesis como un ejercicio para tratar de entender —sin aprobar o reprobar— la lógica de este gobierno.
1.- Hipótesis sobre las emergencias. Varias de las decisiones más importantes que ha anunciado AMLO se van a convertir en políticas públicas. La base de estas decisiones parte de un diagnóstico sobre las condiciones en las que se encuentra el país: México está en una emergencia nacional, por lo que es necesario actuar de inmediato. En ese sentido se puede ubicar la decisión de crear una Guardia Nacional para enfrentar el gravísimo problema de violencia e inseguridad. El debate está polarizado entre los que afirman que no se debe militarizar, sino tener mando y estrategia civiles, y los que señalan que se trata de una situación urgente y que el recurso a la mano son las Fuerzas Armadas. En las emergencias está el caso de Ayotzinapa, en donde estará a prueba la decisión de romper con el pacto de impunidad en las élites para llegar a la verdad sobre los 43 normalistas. Es urgente combatir la corrupción y para eso se ha decidido centralizar decisiones y presupuestos, desde las compras hasta los superdelegados en cada estado de la República. ¿Cuáles serán los resultados inmediatos?
2.- Hipótesis nuevo juego entre poderes. El fondo de algunas decisiones que ha tomado AMLO lastiman viejos pactos y están en construcción nuevos pactos para apoyar los cambios propuestos. Se quieren tejer acuerdos y medir hasta dónde se puede tener una correlación de fuerzas más favorable. Aquí entra la relación con los grupos empresariales, con el capital financiero y con los inversionistas. Para eso se han tomado decisiones como no hacer (por lo pronto) una reforma fiscal, no subir tasas impositivas y no modificar comisiones bancarias. Hay también una disputa con otros poderes, como con los gobernadores por recursos y autonomías. El caso más conflictivo ha sido con el Poder Judicial por la Ley de Remuneraciones a servidores públicos, que está en pleno litigio. Otra parte del ejercicio del poder es el presupuesto, que establece un fuerte apoyo a los proyectos prioritarios del gobierno, como trabajo, energía, becas, e infraestructura. En este espacio hay decisiones polémicas como la cancelación de la reforma educativa y el cierre del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE). Se plantea hacer una nueva reforma sobre la base de un pacto con los maestros. ¿Qué se puede esperar de estas luchas por el poder?
3.- Hipótesis sobre la recuperación del Estado. Se ha dicho de forma repetida que la 4T es un cambio de régimen. El concepto se refiere a estrategias, actores y mecanismos de acceso al poder. Las elecciones del 1 de julio modificaron el sistema de partidos, generaron una nueva mayoría y otra representación. Sin dejar de lado esta parte, quizá sea conveniente pensar en el supuesto de que el nuevo gobierno quiere recuperar el Estado, lo cual implica, de acuerdo a las categorías de Guillermo O’Donnell, dejar atrás un Estado mínimo, pasar a un Estado que funcione y, si alcanza el tiempo, llegar a un Estado democrático. El objetivo de AMLO es ampliar las capacidades estatales para incentivar el desarrollo y atender las zonas que se han rezagado; quiere recuperar la autosuficiencia energética y alimentaria. Se ha propuesto pacificar al país, que es el mayor desafío que enfrentará su administración. En este intento ha puesto por delante una estrategia redistributiva y de incrementos salariales (se propone subir de $88 a $102 pesos el salario mínimo). Para lograrlo se han impulsado cambios en la administración pública con políticas de austeridad y reducciones salariales que detonaron un conflicto con el Poder Judicial. Urge recuperar un Estado capturado, pero ¿iremos en la ruta correcta?
Todas las apuestas de la 4T a prueba en 2019…
Investigador del CIESAS
https://www.eluniversal.com.mx/articulo/alberto-aziz-nassif/nacion/tres-hipotesis-sobre-la-4t

12/11/2018

Los primeros días


Alberto Aziz Nassif

Un día después de la maratónica toma de posesión, empezó el sexenio a todo vapor. El inicio de un gobierno es complicado y más cuando se trata de cambiar políticas, prácticas e inercias que se venían realizando en las administraciones anteriores. El hiperactivo presidente se estrenó con las Fuerzas Armadas, una visita a Veracruz y antes del amanecer del lunes ya estaba en la reunión de seguridad a las 6 de la mañana; al filo de las 7, inició la ronda de las conferencias de prensa, las famosas mañaneras, como lo hacía cuando era Jefe de Gobierno. AMLO dijo que trabajaría 16 horas diarias, lo cual supone un horario de 6 de la mañana a las 10 de la noche durante los próximos 6 años.
En los primeros días hay cambios visibles, como la apertura de Los Pinos, el fin del Estado Mayor, los viajes en líneas comerciales y la venta del avión presidencial. Al mismo tiempo están los datos duros de una violencia que sigue imparable, 254 ejecutados entre el 1° y el 8 de ese mes (Reforma, 10/12/2018). Se inician acciones en contra del crimen organizado, como se ha empezado a hacer con los huachicoleros.
Más que resultados de políticas, para lo cual es demasiado pronto, lo que se puede advertir —con esta dinámica frenética de los primeros días— es el estilo personal de gobernar de AMLO. Un presidente que concentra la voz y fija diariamente la agenda; un jefe del Ejecutivo con una enorme voluntad para desarrollar al máximo sus facultades, sin dejar ningún hueco por cubrir. Tiene una enorme cercanía con la gente, al grado de descuidar su propia seguridad. Se trata de un liderazgo que se resume en su frase “Tengo las riendas del poder en las manos; es decir, hay gobierno en México” (EL UNIVERSAL, 4/12/2018). ¿Será así?
A primera vista se puede pensar que un país con tantos problemas necesita un gobierno con una gran dedicación. Asimismo, un presidente que inicia su administración está urgido por ofrecer resultados a una sociedad que votó masivamente por su proyecto de país. Sin embargo, estos primeros días se observa una maraña de problemas y litigios que han empezado a transformar el clima del país. Así son los reacomodos de poder.
Un acto inaugural y con fuerte simbolismo fue el decreto para una Comisión de la Verdad sobre Ayotzinapa y los 43 normalistas. Pero también hay otros casos más complicados que pueden servir de ejemplo para palpar el clima político de los primeros días: temprano llegó el problema financiero con los tenedores de bonos del NAICM de Texcoco que se ha cancelado, con lo cual se anticipa una disputa internacional que reactiva el debate sobre una decisión que tendrá altos costos económicos para el gobierno entrante. También se estrenó la oposición en las cámaras y un grupo de senadores interpuso una acción de inconstitucionalidad en contra de la Ley de Remuneraciones de los Servidores Públicos y un ministro (Pérez Dayán) concedió la suspensión. Además, miles de burócratas buscan interponer amparos para protegerse ante las nuevas reglas salariales a la baja que impone la 4T. Por su parte, los gobernadores han protestado por la figura de los súper-delegados, debido a la enorme concentración de poder que lastima el balance del federalismo. El estreno de AMLO en las ternas para la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) no ha sido afortunado, mandó al senado una propuesta de tres integrantes con una enorme cercanía a Morena, dos mujeres militantes y un jurista involucrado en el escándalo ético del caso Góngora Pimentel. ¿Ministros de partido?
Hay dos temas polémicos que necesitan debatirse: el primero, es la decisión —conservadora— de no querer hacer una reforma fiscal, y en cambio poner en operación un operativo de recorte y austeridad que debilitará a toda la administración publica. El segundo, es la crítica de AMLO a las instituciones autónomas que garantizan derechos (información, elecciones, etc.), con lo cual se queda en el tema de tener altos salarios y ser ineficientes, pero no toca el problema real de que esas instituciones, es decir, su captura por las cuotas partidarias. Se trata de espacios necesarios para construir la democracia, pero necesitan autonomía real. Urge rescatarlas de las cuotas.
Los primeros días…

Investigador del CIESAS. @AzizNassif
Alberto Aziz Nassif

9/02/2016

EPN, “abatido”, pero busca “anestesiar la crítica”: Hernández y Aziz en CNN

cnn

Analizan el cuarto informe, la visita de Trump y el plagio en la tesis.

Foto: Aristegui CNN/ Facebook

El periodista Julio Hernández y el académico Alberto Aziz analizaron el cuarto informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, así como la reunión que tuvo previamente con el candidato republicano Donald Trump.

“Pocas veces tenemos la oportunidad de ver tantos desatinos acumulados y nunca que yo recuerde un ocupante de la presidencia de la República en México había llegado en tal condición desafortunada, maltrecha, deficitaria a la rendición de un informe de actividades, normalmente los ocupantes de la presidencia convertían esto en un ritual faraónico de celebración protocolaria, pero hoy Enrique Peña Nieto está borrado, abatido, en su figura política debido al gravísimo error, histórico, que cometió unas horas antes, con esa extraña, grotesca recepción a Donald Trump, que no sólo llegó hasta la casa de Peña Nieto, la casa de los mexicanos teóricamente, a decirle en su cara que se iba a construir el muro, sino que además le jugó el dedo en la boca, de una manera tramposa”, señaló el columnista de La Jornada.
Con ello,”Peña Nieto ha hecho más que el ridículo, ha quedado, según expresión de otros opinantes, comentaristas, en medios internacionales, como alguien que faltó al interés popular, y hay quienes hablan hasta de una traición a los intereses populares y lo comparan con los personajes más oscuros y negativos de la historia mexicana“, agregó .
Por su parte, Alberto Azis consideró que los asesores de EPN se plantearon “cambiar la imagen de este gobierno, vamos a cambiar la narrativa y empezaron una campaña de spots, tratando de rescatar lo que ellos consideraban como acciones positivas”.
Sin embargo, “parece como que no les funcionó del todo porque, ante la gravedad de los problemas, lo único que no esperarías es que hicieran otra campaña publicitaria, una campaña de spots, como la que empezaron a hacer”, comentó Aziz.
Entonces, “yo creo que enemigos del presidente le dijeron invita a Trump, hay que hacer algo espectacular… hay mucha gente que dice yo no entiendo quién lo asesora, quién le dijo que invitara a Trump, ¿por qué vino Trump?”, preguntó.
Ese “acto espectacular” que pensaron con la visita de Trump, para decirle todas sus “verdades”, “resulta que se desinfló completamente y el que salió victorioso fue Trump. Confirmó después en su discurso de Arizona que iba a hacer lo que había dicho siempre, el muro contra los mexicanos. Y Peña Nieto desapareció”.
En ese sentido, “este día (1 de septiembre) que era el día del presidente, que se convirtió después en el día contra el presidente, y luego pues nos quedamos sin presidente, esa es la parte más complicada. Hoy quedó en una suerte como muy extraña de un informe de gobierno en donde tienes por un lado lo que sucedió en el Congreso y luego tienes este encuentro con los jóvenes, y luego tienes este gran spot antes del encuentro con los jóvenes, donde a eso se redujo lo que antes era el mensaje presidencial. Ahí están las claves de lo que ellos quieren presentar como la imagen positiva de México que ya casi nadie la cree. Ese cambio de narrativa fue un fracaso rotundo”.
Plagio
Sobre el tema del plagio cometido por Peña Nieto en la elaboración de su tesis, Hernández López aseveró: “Hay un cinismo institucionalizado, Peña Nieto simplemente recurre a la elaboración de discurso bastante ineficaz, lo que está hablando respecto a la tesis es simplemente esta técnica que ha aplicado de los errores de percepción, lo mismo le quiso aplicar a Donald Trump al no asumir que había acumuldada usa serie de agresiones a los mexicanos acusándolos de narcotraficantes, violadores, criminales sino que dijo simplemente que se estaba en presencia de malas interpretaciones, así lo dijo él, que es la misma tesis de los errores de percepción“.
A su vez, Aziz dijo destacó que “en la academia actualmente es un tema muy penado, el plagio nosotros ahí en CIESAS tuvimos por ejemplo un estudiante de doctorado, descubrimos en un trabajo parcial que había un plagio y fue expulsado digamos del doctorado, y es un tema que se ha dado hay varios casos que ahí entonces sí creo que hay una sensibilidad especial contra todos los plagios y contra el sistema de plagios, y ahora es muiy fácil detectar los plagios, ahora con el sistema de las compuadoras, y hay programas especializados, muy rápicamente puedes captar donde hay el plagio y es altamente penalizado”.
Agregó que la respuesta de Peña Nieto sobre el tema pretende “anestesiar la crítica, y entonces argumentar en contra de ellas, o darle un poco la vuellta, y así hace con todos los grandes problemas”.
Ambos consideraron desafortunada la campaña de spots del cuarto informe y advirtieron que “el malestar continuará”, mientras que el presidente llega a este momento con “un equipo profundamente dañado, con pugnas internas”. 

8/15/2016

Gobierno de EPN, “en piloto automático, nadando de muertito”: Alberto Aziz en CNN

Casi 8 de cada 10 mexicanos piensan que el país va "por muy mal rumbo", apunta. "La gente está pensando qué va a pasar con el 2018", indicó.


Ante la reciente encuesta del diario Reforma que revela que sólo 23% de los ciudadanos aprueban la administración del presidente Enrique Peña Nieto, el investigador del CIESAS, Alberto Aziz, comparó los niveles de aprobación que han tenido ex presidentes mexicanos, desde Ernesto Zedillo hasta Felipe Calderón.

En entrevista para Aristegui CNN, señaló que la referida encuesta “es como la síntesis del sexenio de las promesas incumplidas, por ponerlo de alguna manera”.
“Cuando uno revisa la aprobación o gran desaprobación que tiene Enrique Peña Nieto, se da cuenta que hay diferencia respecto a los anteriores presidentes:
“Zedillo tuvo una caída durísima con la crisis de 1995, cuando casi todo el país se volvió deudor y luego repuntó y se recuperó al final del sexenio.
“Fox empezó muy alto, y luego vino el gran desencanto y tuvo una caída bastante fuerte, pero luego también se recuperó a pesar de que su sexenio no hizo grandes cosas.
“Calderón: un sexenio muy complicado, con mucha violencia, con política del narco totalmente errada, sin inteligencia clara, tuvo una caída pero extrañamente se recupera”, detalló.
En cambio, dijo, Peña Nieto “empieza con 50, 60 por ciento de aprobación, empieza el ciclo de las reformas, viene Ayotzinapa, y empieza un ciclo de caída que no ha parado y que va de mal en peor y que la encuesta de ahora de Reforma lo señala con una exactitud y una crudeza muy importante”.

“Cuando uno pensaba que estaba exagerando porque se reunía con sus amigos y decía ‘oye, ¡qué mal está el país, qué mal vamos!’, te entraba la duda siempre: ‘a lo mejor nosotros que somos los pesimistas, los críticos (pensamos eso)’… cuando ya te dicen que casi el 80 por ciento del país piensa eso, ya eso del círculo rojo y círculo verde creo que se ha unificado en una opinión bastante negativa donde 8 de cada 10 mexicanos piensan que el país va por muy mal rumbo”, señaló.

Ante este escenario se preguntó “por qué se está cayendo de esta manera este gobierno y no hay manera de que surja una recomposición, que haya subido un poquito y luego bajado, es una caída permanente”.
Entonces, recordó las promesas del PRI antes de su regreso a Los Pinos: “no va a subir la gasolina, sube la gasolina; no va a subir la luz, sube la luz; vamos a combatir la corrupción, hay más corrupción”.
Hoy por hoy, existe un “malestar importante” y “ya es preocupante cuando el 80% casi de la población dice que el país va muy mal, y cuando el 75% casi de la población reprueba al gobierno, entonces algo muy, muy serio está pasando en este país”.
¿Se podrían adelantar las elecciones?
Alberto Aziz consideró que “si México fuera un sistema parlamentario habría ya una moción del Congreso y probablemente se podrían adelantar las elecciones para formar un nuevo gobierno. Como el sistema presidencial es muy rígido en ese sentido pues hay que terminar el periodo de alguna forma, no hay otra salida, no hay una vía rápida, no hay un referéndum revocatorio…”.
Y rememoró: “Desde que se vino el ciclo con la tragedia de Ayotzinapa, que empieza el ciclo de la caída propiamente, se pensaba que estaba llegando a la mitad del sexenio en condiciones muy malas, que faltaba todavía la mitad, tres años, ¿qué va a pasar?, ahora nos preguntamos, faltan 2 años, y sigue la pregunta abierta”.

Por todo esto, “se ha instalado ya en el escenario público el 2018, la gente está pensando qué va a pasar con el 2018 y entonces los medios están dando entrada a los posibles candidatos, ya se están publicando encuestas, ya se está construyendo dos años antes el escenario del 2018, de la elección, porque se ve que en este sexenio ya no va a pasar gran cosa”.
Por ahora, “no hay una confianza de que algo va a cambiar, a pesar de que se diga que la economía va bien, la gente ya no confía, el imaginario está ya situado en 2018, lo cual es muy grave para un país, por los grandes problames que están ahí”.

Enlistó los problemas económicos, políticos y sociales, “esa conjunción es la mezcla explosiva, la tormenta perfecta, es lo que está generando un malestar potenciado”.

Recordó los recortes, el problema de la corrupción, con casos como la casa blanca, “junto con problemas de seguridad y violencia, hay una crisis de derechos humanos… que implica tortura, que el sistema de justicia no está funcionando…”; un “rompecabezas que te explica qué es lo que está pasando”.
“La gente dice: estamos muy mal en seguridad, en violencia, en pobreza, bueno pues eso no se va a resolver entonces hay que esperar a 2018 por eso la gente ya viene pensando qué va a pasar en 2018″, subrayó.
De aquí a 2018, expuso, “nos la vamos a pasar especulando y cada vez se va a ir polarizando el escenario, porque aparecerán proyectos diferentes, intereses contrapuestos… y el gobierno parece como que está en piloto automático, nadando de muertito, esperando terminar el sexenio”.

Retomando la reciente encuesta sobre la aprobación del gobierno, resaltó la diferencia entre líderes y ciudadanos: desde diciembe 2013 ya había una reprobación de la administración de Peña por parte de los líderes; los ciudadanos lo reprobaron después de Ayotzinapa y la casa blanca, en 2014, un año después.
“Me despido con una pregunta: si este 23 por ciento eso es el porcentaje del PRI con el que va a enfrentar en el 2018 la elección de la próxima sucesión presidencial, si eso es, ¿hasta ahí llegó su capacidad electoral, ese es el número con el que van a trabajar para tratar de mantener la Presidencia de la República?“, finalizó.

6/30/2015

Un candidato incómodo

Alberto Aziz Nassif

Javier Corral ha decidido lanzar su candidatura para buscar la presidencia de Acción Nacional. Se trata de un candidato que nos recuerda otros tiempos del PAN, cuando ese partido era una opción política para buscar cambios democráticos en México.
La paradoja no puede ser más evidente, cuando el PAN llega a Los Pinos pierde los impulsos de cambio y se acomoda al poder. Primero con un Fox frívolo que se olvidó de sus compromisos y entregó su gobierno a los intereses fácticos en cuanto se sentó en la silla del águila, y después con un Calderón, reaccionario y terco, que dejó un país más violento y ensangrentado; dos gobiernos que terminaron por enviar al partido al tercer lugar en 2012. Ahora en 2015 la debacle panista sigue cuesta abajo. A nivel local, donde el PAN gobernó, también se va a tercer lugar como en Jalisco y en Nuevo León. En ese contexto, Javier surge como una voz independiente, adentro y afuera del panismo, con la idea de rescatar los restos del naufragio. 
En diversas ocasiones he escuchado que Javier Corral es un panista extraño a su partido, que estaría mejor en otro espacio. Es un panista preocupado por la desigualdad. Sin embargo, él ha decidido permanecer y dar la batalla. Como lo anunció hace unos días, tiene todo cuesta arriba; sabe que será una pelea contra intereses y grupos que se han apoderado de las estructuras del partido; liderazgos que controlan los recursos y presupuestos, que tienen correas de transmisión para incorporar a la militancia. La apuesta de Corral, que ha denominado como una “rebelión de las bases”, es una rendija por la que se pueden colar algunos vientos de cambio. La posibilidad para desafiar al status quo panista se da por el cambio de reglas que ahora permite que la elección interna del presidente sea abierta a la militancia (propuesta de Corral). 
Sin duda, la apuesta es complicada. Lo primero que hay que saber es si realmente existe la rebelión de las bases y si hay un deseo en la militancia de ese partido de derecha para sacudirse las inercias. En segundo lugar, habrá que ver en qué condiciones se va a dar la contienda interna; hasta dónde habrá un piso parejo y no una cargada de grupos. Si los instrumentos van a funcionar, como el padrón que se infla a conveniencia de algunos gobernadores; o si la comisión electoral genera certeza, porque varios de sus integrantes ya han sido impugnados de parcialidad. En tercer lugar, se necesitará saber si en el panismo de hoy hay un interés mayoritario para rescatar a ese partido como una oposición democrática, que tuvo dos sexenios de malos gobiernos y que hoy se ha vuelto una mala comparsa del actual gobierno. 
Javier tiene visibles enemigos, desde los polos más conservadores del panismo, pasando por los grupos de interés que han perfilado a un partido cómplice del poder y la impunidad, esa “onda grupera”, hasta poderosos intereses fácticos representados por el duopolio televisivo al que ha combatido desde hace años. Se pueden tener diferencias con Corral, incluso a veces puede ser un liderazgo complicado para algunos, pero de lo que no hay duda es de que ha mantenido —a través de su larga carrera parlamentaria— una sólida agenda democrática, de forma predominante en materia de telecomunicaciones. Corral es de los pocos parlamentarios que hacen la diferencia frente a los intereses y la captura que hoy dominan en múltiples instituciones. Sólo hay que preguntar por sus votos en el Congreso de la Unión, o por sus intervenciones en el INE, para corroborar este supuesto. 
El PAN produce, como los demás partidos, una enorme desconfianza en la ciudadanía. Forma parte de un modelo que genera una enorme distancia entre representantes y representados. El Pacto por México hizo que el PAN terminara como un anexo del gobierno. Ese enjambre de intereses fue castigado en las urnas el pasado 7 de junio. En este momento, una candidatura como la de Javier Corral abre una pequeña expectativa para que ese partido deje de ser una oposición domesticada que defiende los mismos intereses de la coalición gobernante. Si Javier tiene éxito, el panismo puede recuperar su condición opositora y dejar de ser una pantufla de Peña. Ya veremos…
Investigador del CIESAS. 

@AzizNassif

6/16/2015

Dos países en tensión

Alberto Aziz Nassif


Es paradójico, los creadores del galimatías electoral se van a tener que comer una sopa de su propio chocolate en casos como el de Colima

El proceso político-electoral que se vivió en estos días expresa una fuerte tensión entre dos países, por una parte quedan las inercias del viejo México que se resisten a irse y, por la otra, surgen novedades que llegan de forma inesperada. Tenemos muchos años frente a esa partitura y cuando pensamos que ya dimos el salto, hay un movimiento que nos regresa, una y otra vez. A esta dinámica la podemos marcar con acontecimientos y fechas, la última es el pasado 7 de junio. Lo importante de esta fecha es que apunta al final del ciclo de tres grandes fuerzas que se abrió con la sucesión presidencial en 1988, es la crisis agravada del hartazgo ciudadano frente a los partidos tradicionales. 
Los comicios no son la parte más importante para definir el escenario, simplemente son un momento concentrado de estos impulsos y tensiones. Antes del 7 de junio hubo múltiples protestas sociales por los expedientes (violencia, corrupción, impunidad) que permencen abiertos, quizá por eso nuestro calendario habla de una memoria de heridas sin cerrar (desde el 68, hasta Ayotzinapa). Al mismo tiempo, llevamos décadas de reformas para que las elecciones sean confiables y equitativas (la clase política está obsesionada por cambiar las reglas del juego) y, sin embargo, hoy, como en los años ochenta, los partidos vuelven a salir a la calle para exigir respeto al voto. 
No deja de ser paradójico y hasta cómico, ver cómo los creadores del actual galimatías electoral se van a tener que comer una sopa de su propio chocolate en casos como el de Colima. Intentaron hacer una organización nacional y pasamos del IFE al INE, pero se quedaron los locales, hoy Oples (Organismo Público Local Electoral) que se encargan de los comicios en los estados. Dos esquemas, dos reglas y la necesidad de coordinarse. Sin duda, un producto de negociaciones caprichosas que lleva el conflicto a la calle. 
El escenario postelectoral deja claroscuros. Por una parte, hay fenómenos nuevos como los independientes, que abren el sistema y hoy ya están en todos los niveles: gobernador (Nuevo León), presidente municipal (Morelia), diputado federal (Clouthier en Sinaloa) y diputado local (Kumamoto en Jalisco). Sólo falta la Presidencia de la República que podría ser en el 2018. De 2015 se queda también la derrota perredista en el DF y el buen comienzo de Morena. En las tres zonas urbanas más importantes del país hay cambios (la capital con una nueva mayoría para Morena; Nuevo León y la zona metropolitana de Guadalajara). Al mismo tiempo, quedan las maquinarias electorales del pasado con sus enormes brazos que capturan los votos de la pobreza y las clientelas; quedan las expresiones fraudulentas del Partido Verde, como la nueva prótesis de un PRI cada vez más chico. 
Cuando revisamos lo que ha pasado con los números electorales entre 2009 y 2015, vemos una caída del voto de los tres partidos tradicionales, una fragmentación y nuevos actores que entran al reparto del pastel. El PAN pasó de 9.5 a 7.6 millones de votos; el PRI de 12.7 a 10.5 millones y el PRD de 4.2 a 3.9 millones. La sociedad castigó al Pacto por México y sus mediocres resultados. Si la coalición gobernante piensa que el 7 de junio le autorizaron seguir, de manera unilateral, con su proyecto privatizador, se equivoca completamente. Lo cierto es que el PRI con su 29% representa en realidad sólo un 12.9% del total de posibles electores del país, y el Verde el 2.5%. Peña y su partido son minoritarios, pero tienen un amplio consenso pasivo, un 53% que no fue a las urnas. La mayoría relativa entre PRI y el Verde estará manchada porque se sustenta sobre un partido que cínicamente violó la ley en todo momento, desde los cine-minutos de 2014, hasta los tweets dos días antes del 7 de junio. Será una mayoría espuria. 
Durante los próximos tres años cada uno de los dos países movilizará todos sus recursos para quedarse con el poder en 2018. En esta ocasión sólo se hizo una grieta al status quo. Todavía falta una gran coalición ciudadana para ganarle el poder al sistema partidocrático (PRI, PVEM, PAN y PRD), a los poderes fácticos y los intereses que no quieren cambio de proyecto de país. Esta historia ya empezó…
Investigador del CIESAS. 

@AzizNassif