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5/24/2026

Es nefasta la hispanidad del Vox español


La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, desató agudas controversias en la relación entre el gobierno mexicano de la 4T y los sectores ultraconservadores españoles vinculados al partido político Vox. Hay que recordar que es la tercera fuerza política de España y el partido que más ha crecido en los últimos 10 años.

Además de rendir homenaje a Hernán Cortés, Díaz Ayuso proclamó en la Asamblea de Madrid que “México no existió hasta que llegaron los españoles”. Defendió fervientemente la hispanidad y el mestizaje, denunciando a la izquierda mexicana y española de fomentar la “leyenda negra” para presentar a España, en su periodo imperial, como excepcionalmente cruel, intolerante, codiciosa, fanática e ignorante.

Isabel Díaz Ayuso levantó de nuevo viejas polémicas que los mexicanos hemos deliberado desde el siglo XIX. La postura de la presidenta Claudia Sheinbaum fue de abierto rechazo por desplantes ideológicos no sólo conservadores, sino que denotan una visión de imperio. Ante el homenaje a Cortés, le cuestionó al alentar el “discurso colonial y pro despojo”.

El concepto de hispanidad conservadora española es pernicioso y hasta fascista. Los ultraderechistas de Vox y del Partido Popular (PP) son los principales promotores de un nuevo enfoque ideológico y político de la hispanidad. Afirman que la hispanidad es uno de los mayores éxitos de la historia de la humanidad. La conquista de América tuvo la impronta española y católica, equiparada a la helenización o romanización de la cultura occidental.

Cuando la derecha menciona la colonización americana, establece que liberó a los pueblos mesoamericanos del yugo sangriento de los aztecas, que la conquista aportó la religión verdadera y un auténtico orden civilizatorio, cuando en realidad fue una masacre demográfica, cultural y social para la población ya existente. Un holocausto y genocidio de la población indígena que habitaba el continente antes de la llegada de los europeos. Por tanto, justifican la colonización de América como un cometido de libertad, de civilización y evangelización. En suma, Vox defiende la conquista como una hazaña histórica de expansión insistiendo, con torpeza, en que España no colonizó, sino que fundó provincias hermanadas por la religión, la lengua e implantación de referencias étnicas.

Santiago Abascal, líder de Vox, lo resume así: “España fue potencia de primer nivel en el plano internacional antes del descubrimiento de América. Llevó la civilización a todos los rincones del continente y formó un inmenso patrimonio cultural y humanístico compartido, denominado hispanidad”. Para Vox, el concepto de hispanidad y el imperio español son ejes centrales de su identidad. Hay una nostalgia inspirada en el franquismo, su retórica es belicosa, su postura es combativa hacia las minorías, su rechazo es tajante al feminismo, así como la exaltación militarista de la identidad nacional.

Vox, por conducto de su Fundación Disenso, introdujo el término “Iberósfera”, que se transformó en una bandera ideológica para consolidar una alianza internacional de líderes y partidos de derecha y derecha radical tanto en España como en América Latina, cuya misión era combatir el comunismo y los gobiernos progresistas de la región agrupados por el Foro de Sao Paulo o el Grupo de Puebla. Tiene un enfoque geopolítico e ideológico fuertemente centrado en el eje Atlántico. Es un concepto que abarca lo lingüístico e incorpora a todas las regiones que hablan español y portugués en el mundo, agregando también tangencialmente a países de África como Angola, Guinea Ecuatorial y países de Asia como Filipinas.

Vox está emparentado política e ideológicamente con el Yunque mexicano. Los orígenes del partido español fueron promovidos por los yunquistas. Ahora Vox y sus organizaciones cívicas financian y capacitan a más de 60 organizaciones afines en todo el mundo. Esto se desprende de los más de 200 mil documentos exhibidos por Wikileaks. Los conceptos hispanismo étnico o etnicismo hispanista están sustanciados también en la Carta de Madrid en 2020, un intento neocolonialista de cómo concebir Latinoamérica

El afán conquistador perdura en la ultraderecha española y también en el Yunque mexicano, heredero directo de los cristeros. Para el hispanismo étnico la historia gravita, porque ha fructificado ricas configuraciones culturales que los españoles derechistas creen suyas. El pasado compartido sedimenta y se torna sustrato que pasa por lo religioso. Mientras los latinoamericanos festejamos la Independencia, los yunquistas y sus primos hermanos españoles neofranquistas deploran la conmemoración.

La confrontación entre la 4T y la ultraderecha española tiene antecedentes. En marzo de 2019, AMLO envió cartas individuales al rey Felipe VI de España y al papa Francisco. El objetivo de las misivas era que ambas instituciones pidieran perdón a los pueblos originarios por los abusos, matanzas y violaciones a los derechos humanos cometidos durante la conquista y la época colonial. Gran parte de la clase política y de los medios conservadores calificaron la exigencia de “afrenta”, y “ofensa intolerable”. Más que mirar el pasado habría que pensar en el futuro, dijeron. La misiva de AMLO atizaba las entrañas hispanofílicas de la ultraderecha.

El meollo de la discusión no es conceptual, es ideológica, política y teológica. El avance la ultraderecha en España y en el mundo incita al PAN a mostar a una tendencia cada vez más inclinada a la derecha radical. ¿Asistiremos a un PAN pro franquista y cercano al Yunque? Y dónde queda la postura estadunidense que ha revitalizado la Doctrina Monroe, que dicta que América es para los americanos. Desde la derecha mexicana se vienen tiempos de redefinición llamativos.

5/22/2024

Xóchitl y la intolerancia religiosa de la derecha


Causa pena que a estas alturas del siglo XXI reaparezca el sectarismo católico en la campaña electoral. Agraviar al oponente por salir de los derroteros católicos tradicionales es un recurso mezquino ante los avances de los derechos humanos y religiosos del México contemporáneo. Se reconoce como recurso político para herir al rival, pero a todas luces es una táctica pueril. El artículo 24 constitucional establece: Toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado. Esta libertad incluye el derecho de participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado.

En el tercer y último debate presidencial, la candidata Xóchitl Gálvez, de Fuerza y Corazón por México, mostró intransigencia religiosa, propia de una activista cristera o de una militante de la actual ultraderecha católica. Veamos la arremetida que aseveró: Hablando del Vaticano, tengo una pregunta para la candidata de las mentiras. Las dos tuvimos un encuentro con el Papa. Te pregunto: ¿le contaste a Su Santidad cómo usaste la imagen de la Virgen de Guadalupe en una falda a pesar de que no crees en ella ni en Dios? ¿Le platicaste que derrumbaste una iglesia cuando fuiste delegada de Tlalpan? Tienes todo el derecho de no creer en Dios; es un tema personal. A lo que no tienes derecho es a usar la fe de los mexicanos como oportunismo político; eso es una hipocresía.

Gálvez también llevó al debate, un cartel rotulado como falsa cristiana en el que mostró las imágenes de la supuesta iglesia demolida y la vestimenta de Sheinbaum con la falda estampada con la imagen de la Virgen de Guadalupe. La candidata de la oposición se convierte así en inquisidora. Guardiana de oficio de la pureza de la fe de los mexicanos. Indebidamente, Gálvez delimita los derechos religiosos de su oponente. Gálvez arbitrariamente, se arroga la facultad de calificar como oportunista e hipócrita a su contrincante. Con sectarismo, arremete contra una atea, que por esa condición no debió ir al Vaticano a entrevistarse con el papa Francisco ni usar la imagen de la Virgen en su falda.

La Constitución ampara a cualquier ciudadano a creer o no, a cambiar de religión o que un individuo pueda hermanar diversas creencias, como el caso del New Age y de la Santa Muerte, que, por cierto, Lilly Téllez, violando el carácter laico del Senado, con rosario en mano, trató de exorcizar como sacerdotisa a la Santa Muerte representada en una manta gigante. Su justificación fue simple, porque la Santa Muerte es venerada, según ella, por el crimen organizado y malandros adoradores satánicos. ¡Cuánta ignorancia cargada de prejuicios!

Con decepción, Xóchitl y sus corifeos cuestionaron la visita de Claudia al Vaticano en marzo pasado. En realidad, el propio pontífice desarmó la construcción del relato del papa Francisco apoyando la candidatura de Xóchitl Gálvez. Más que reclamar a Claudia, deberían reclamarle al Papa, quien mostró oficio para cuidar su imagen y no ser objeto de manipulación política. La sabiduría de la alta diplomacia vaticana para no comprometerse en la contienda electoral contrasta con el impulso de muchos obispos que de manera abierta se han decantado por la oposición anti-AMLO. ¿Cómo una no creyente visita al Papa? ¡Es una impostura!, decían sus voceros. Olvidan que el Papa es además de un líder religioso un jefe de Estado; recibe a creyentes y no creyentes, conversa con fieles católicos como individuos de las más diversas religiones en el mundo.

Xóchitl sostiene con falsedad que traer la falda con una estampa guadalupana es manipular la fe de los mexicanos, lo que califica como oportunismo político. Deliberadamente olvida que la figura histórica de la Virgen trasciende credos y estatus. Hay no sólo ateos guadalupanos, sino comunistas, judíos, y hasta protestantes que simpatizan con un ícono que ha acompañado las luchas de los mexicanos. La Independencia, la Guerra de Reforma, la Revolución Mexicana, la guerra cristera, la lucha zapatista en Chiapas.

Una de las estrategias electorales de Xóchitl ha sido convertirse en fiscalizadora religiosa de Claudia. El 11 de marzo, los tres candidatos presidenciales firmaron el documento Compromiso nacional por la paz, elaborado por la Iglesia católica. Claudia Sheinbaum lo firmó, pero dijo tener diferencias con el contenido del texto. La Conferencia del Episcopado no reaccionó, pero Xóchitl Gálvez sí. En su cuenta de X anotó: Claudia lo que hiciste hoy ante la Conferencia del Episcopado es una falta de respeto, pero sobre todo, es un acto de soberbia al no reconocer la inseguridad del país. Mientes sobre las cifras de violencia, mientes cuando dices que eres ambientalista y mientes cuando usas las palabras de fraternidad del papa Francisco.

La intolerancia religiosa es una característica de la extrema derecha en México y en el orbe. Se trata de imponer una manera irreductible de percibir el mundo. Toda religión es una estructura de convicciones que cohesionan una comunidad de creyentes que comparten una cosmovisión de lo sobrenatural, posicionamientos éticos, morales, reglas, conductas y en algunos casos vestimentas. La intolerancia religiosa es el paso previo a la persecución religiosa, práctica que Xóchitl Gálvez ha ejercido contra Claudia Sheinbaum, una táctica electoral que muestra su talante autoritario que a todas luces ha fallado.

9/02/2020

Las metáforas de la corrupción




El caso Lozoya ha venido a sacudir la clase política mexicana. Ha confirmado la conjetura que todos conocíamos: tenemos una clase política corrupta y podrida desde sus raíces. Los videos y la guerra de imputaciones nos conducen a la irritación extrema, no importa el sello o el partido político, el hecho radica en que la corrupción es una patología gravísima que perturba nuestro país. Los sobornos, los financiamientos ilícitos, los cohechos en licitaciones, el maiceo a los medios, los fraudes electores, alimentan el malestar y la desconfianza de la sociedad hacia sus instituciones y al ámbito productivo que ya no se puede subestimar. No podremos salir de la crisis sin recuperar la dimensión ética y legal del sistema-país sin confrontar el fenómeno de la corrupción. AMLO se ha enrutado desde su campaña a combatir la corrupción sistémica de México; dicha oferta se tradujo en un mandato contundente en las urnas. La corrupción es una perversión profundamente arraigada en gobiernos, empresas e instituciones; práctica habitual y hastanaturalizadaen las transacciones comerciales y financieras, en la contratación pública, en cualquier negociación con actores del Estado. Los escándalos recientes ofrecen una oportunidad histórica de capitalizar la indignación ciudadana que debe traducirse en un compromiso inédito de las fuerzas sociales, las asociaciones, las redes sociales, los intelectuales y los medios para impulsar acciones correctivas para combatir la corrupción, el despilfarro y la impunidad, como verdaderos lastres para nuestra democracia y desarrollo económico. De no consumarse, la 4T provocará la mayor decepción histórica.
El papa Francisco ha sido un pontífice que ha abordado con firmeza el tema de la corrupción. Quizá porque el mismo Vaticano está plagado de ancestrales prácticas de corrupción del alma y financieras. Para Francisco la corrupción es una forma de vida distorsionada de las élites que conduce a la sociedad a perder el respeto social. En numerosas ocasiones, en homilías y viajes ha abordado el tema. Para Jorge Mario Bergoglio la corrupción es una degeneración de la forma de vida que conduce a la fractura del sentido de la autoridad. Los principales afectados son los pobres, sin duda. Francisco reprocha:La corrupción como cáncer social, debe ser erradicada del tejido social, con un comportamiento ético y moral, con leyes y con una nueva clase política que se preocupe por el bienestar de los ciudadanos. La pobreza crece exponencialmente con la corrupción ¿Quién paga la corrupción? Pagan hospitales sin medicinas, enfermos que no reciben atención, niños sin educación.
La corrupción, como la abordamos en este texto, es abuso o el uso indebido del poder público, sea un político o un funcionario de gobierno, para beneficio privado o de una camarilla. El hecho es que hoy, la corrupción debe repensarse desde los vínculos con el crimen organizado. Las prácticas corruptas han venido transformándose; en términos de análisis, el fenómeno no puede conceptualizarse como hace 10 años. Por ello tengo algunos interrogantes que me gustaría compartir: 1) hay un determinismo de que la corrupción siempre ha existido en México. Es parte de la historia, desde los grupos mesoamericanos que ofrendaban valiosos regalos a los españoles para congraciarse con los conquistadores. Hay fatalismo histórico de los cochupos, desde Antonio López de Santa Anna, los excesos del porfiriato, el grotesco enriquecimiento de los cachorros de la Revolución en el periodo alemanista. López Portillo y Salinas de Gortari como parte del imaginario corruptivo moderno. Hasta las prácticas del grupo Atlacomulco, del que proviene el mexiquense Peña Nieto. Sin embargo, la corrupción ha sido conceptualizada de manera diversa y ha respondido a momentos diferentes de la historia. La historiadora Solange Alberro, del Colmex, relata que en los inicios de la Colonia era un acto de corrupción tener hijos con mujeres indígenas: la sangre se corrompía. La corrupción moderna del abuso del funcionario se presenta con toda su magnitud cuando el Estado se fortalece y sólo acontece a inicios del siglo XX; 2) la corrupción comoenfermedad. La corrupción es un cáncer social con implicaciones políticas y culturales. Considerar la corrupción como un cáncer es una metáfora eficiente; sin duda, ha ayudado. Es una metáfora, un instrumento cognoscitivo que traslada significados, creando semejanzas o analogías. Es un recurso que ayuda a ordenar la realidad en cierto sentido. Pero el cáncer se asocia a una enfermedad fatal e incurable. Así como el determinismo historicista nos advierte que los mexicanos tenemos en nuestro ADN la corrupción. Esta metáfora de la corrupción como patología incurable nos puede llevar a otro determinismo porque no hay cura. Irremediablemente estamos todos condenados a la metástasis; 3) la banalización mediática de la corrupción. La intensa cobertura de los medios en los últimos años, la sucesión de hechos y escándalos de la élite en el poder puede provocar la trivialización, como advierte Giulia Pezzi para el caso italiano. Los continuos estruendos en medios que se suceden unos a otros terminannormalizandoante la expectativa de las audiencias. Todo esto contribuye a la idea generalizada de que la corrupción son sólo escándalos que son difíciles de castigar.
Los casos Lozoya, García Luna y agregaría el de Pío López Obrador han abierto la enorme cloaca desde donde emergen los pestilentes actores del saqueo millonario de las arcas públicas. Los escándalos muestran un sistema envenenado a niveles indignos de un país que aspira ser mejor. Es fundamental impulsar un movimiento social y cultural desde abajo, leyes estrictas, sanciones ejemplares que exterminen a los corruptos y corruptores en todos los niveles, saneando y fortaleciendo las instituciones.

8/05/2020

FRENAA, la derecha desenfrenada


La JornadaBernardo Barranco


El crecimiento de la extrema derecha es una de las expresiones más significativas del siglo XXI en la vida política en Europa, Estados Unidos y América Latina. Estamos ante un fenómeno heterogéneo que no es necesariamente novedoso. Los postulados de la nueva derecha son cercanos, pero diversos y han crecido en diferentes contextos. Lo mismo en la próspera Alemania que en EU que rechaza al establishment de las élites del poder. La extrema derecha en Brasil se nutrió de la corrupción del PT, partido de izquierda social. Y en Bolivia fue fruto de una rebelión de las clases altas racistas que en nombre de Dios asestaron un golpe de Estado.
El año pasado apareció en Francia, el libro La fasciósfera. Cómo la extrema derecha ganó la batalla de la red, de Dominique Albertini. La fasciósfera es una nebulosa de sitios web, blogs y portales a través de los cuales los movimientos de extrema derecha han adquirido una voz cada vez más poderosa en Europa y EU. Señalan a la extrema derecha conquistando nuevos espacios de representación, una presencia que cruza las fronteras. Los principales son sitios religiosos ultraconservadores, supremacistas, hasta predicadores web que son negacionistas y nacionalistas obsesivos, hasta sitios de noticias falsas.
La nueva derecha glorifica un nacionalismo exacerbado. Exalta la identidad local, evoca con nostalgia el pasado, promueve una atmósfera negativa hacia los extranjeros; en suma, es misógina, patriarcal y racista. Es nostálgica por lo sagrado, sea religioso o moral. Antes católica, ahora se puede alimentar de un nuevo conservadurismo pentecostal que defiende los valores patriarcales tradicionales.
Por un lado, esta derecha refleja la desconexión entre las élites políticas y los reclamos de la ciudadanía. La crisis de los partidos políticos ha propiciado grietas con la población y facilita que la derecha instale un libreto más radical en el ámbito público.
En México, la crisis de los partidos ha faclitado que emergan movimientos como el autonombrado Frente Nacional Anti-AMLO (FRENAA), que se denominaciudadano y pacífico. Su objetivo único es hacer dimitir al presidente López Obrador vía artilugios jurídicos, movilización y presión social, así como presencia en medios de comunicación. FRENAA fue creado por 67 ciudadanos, entre los que se encuentran empresarios de Nuevo León, como Gilberto Lozano y Pedro Luis Martín Bringas, así como Juan Bosco Abascal, miembro de una familia de linaje católico ultrconservador, y los comunicadores Pedro Ferriz, Rafael Loret de Mola. Su líder visible es Gilberto Lozano. Alto ejecutivo de empresas del Grupo Monterrey, del cual, se presume, recibe apoyo. FRENAA no tiene discurso consistente. Está colmado de ambigüedades. Se dice cívico y despliega un preocupante lenguaje de odio, no sólo contra AMLO, sino contra cualquiera que no piense como ellos. Se proclama pacífico y coquetea con las fuerzas armadas, incluso algunos de sus miembros, exaltan el ejemplo del golpepacíficoen Bolivia. Rechaza la injerencia extranjera de Venezuela y Cuba en México; sin embargo, escriben a Donald Trump para que cambie el enfoque hacia México. FRENAA habla en nombre de los mexicanos a quienes dice respetar. Pero es clasista, rechaza el aborto y considera las manifestaciones feministaspandemia peor que el coronavirus. Abiertamente misógino, Lozano llamavil rameraa la alcaldesa de Atizapán. Homófobo al calificar de maricones a sus malquierientes, como lo hizo con el sacerdote Alejando Solalindeverdadero idiota, pelón y mayatón. FRENAA enarbola el Estado de derecho pero quiere presionar la renuncia de un Presidente constitucionalmente electo. Son impacientes y no esperan nada del proceso electoral de 2021 ni del ejercicio de revocación del mandato a principios del 2022.
En un video, Lozano afirmó: “AMLO, es usted un comunista, un chavista. No se burle de nosotros porque vamos a los templos. ¿Por qué te burlas, López? Cada quien profesa la fe religiosa. En cambio, usted hizo un acto chamánico, el 1º de diciembre de 2018, encomendándole a parte del país a Satanás. Ahí con incienso y un gallo cortado ahí en Tabasco. No se vuelva a burlar de los mexicanos que profesamos una fe. Usted no va a acabar con la fe. Es más, la fe va hacer que lo quitemos a usted del puesto muy pronto… Está obligado en un Estado laico, por ley debe respetar las libertades religiosas de la gente. Y deje de andar usando sus verborreas religiosas para acomodarlo en su discurso bueno para nada (24/7/20).
FRENAA rescata el discurso anticomunista enarbolado por el viejo catolicismo social. Preocupa la presencia de Juan Bosco Abascal. Puede ser indicativo de que actores yunquistas se han subido a la nave aventurera de Lozano. Estos sí son peligrosos. Es decir, la utraderecha católica más recalcintrate en la historia moderna de México se monta en un nuevo proyecto. Lozano muestra una ignorancia crónica al identificar a Satanás con el chamanismo. FRENAA tiene un discurso frágil y contradictorio. Quizá la forma y contundencia atrae a muchos mexicanos que rechazan a AMLO. Hay que reconocer que la falta de sustancia y de coherencia auguran descalabros inminentes. Sin embargo, la semilla de una nueva derecha está sembrada, probablemente otros actores sin tanto protagonismo teatral retomen con eficacia una potencial corriente social e ideológica que se ha disparado estos dos años.

6/24/2020

Raúl Vera, el obispo de los derechos humanos




Don Raúl, acaba de cumplir 75 años. Por disposición canónica presentó su renuncia como obispo al papa Francisco. Bajo una lógica de Estado y de afinidad, el pontífice decidirá cuándo se hace efectivo su retiro. Algunos sostienen que Vera goza de mucha empatía con el Papa argentino por compartir posturas sociales. Sin embargo, en la curia romana, cuenta con malquerientes que reprochan sus atrevimientos y posturas, en especial, hacia los homosexuales.
Vera es todo un personaje, no pasa desapercibido, dentro y ni fuera de la Iglesia. Es hijo del movimiento estudiantil de 1968, donde fue activista. Es sucesor de una doble revolución que se opera simbólicamente en los años 60; la rebeldía social universitaria del 68 y el aggiornamento eclesial que se aplica en el concilio. Gracias a la intervención de Juan XXIII, El Papa Bueno. Vera, por tanto, es también heredero y depositario de la teología de la liberación, debilitada hasta la aparición de Francisco. Felizmente no se quedó en la nostalgia latinoamericana y desde Chiapas incursionó en la teología india. En Saltillo impulsó pastorales que reivindicaron los derechos de las minorías: mujeres, mineros, homosexuales, migrantes, personas en condición de calle, entre otros. La capacidad de indignación social de Vera ante los atropellos del poder es directamente proporcional al reclamo de la sociedad para alcanzar mayor equidad y justicia. Su actitud como religioso defensor de los derechos se asienta en el sentir de un gran número de mexicanos que ven en el dominico una actitud valiente, cívica y espiritual.
En 2013 tuve la suerte de publicar en Grijalbo El evangelio social del obispo Raúl Vera, que mezcló entrevista y conversaciones sobre la crisis simultánea que se experimenta tanto en la Iglesia y como en la sociedad. En el ámbito secular el primer año de Enrique Peña Nieto frente al desastre calderonista y en el ámbito eclesial el inesperado arribo del papa Francisco, tras la dramática renuncia de Joseph Ratzinger. Acontecimientos que evidenciaban el agotamiento de dos modelos distintos, cuyas crisis se manifestaban simultáneas. En la elaboración del libro, descubrí la vitalidad de don Raúl. Obispo inquieto, lleno de energía, humor y convicciones. De buen apetito y vida saludable. Cada mañana camina por lo menos una hora que le conserva una envidiable forma física, así como el suficiente brío para cumplir con agendas siempre cargadas de compromisos, reuniones, entrevistas, viajes y desplazamientos constantes, ceremonias religiosas y audiencias privadas. Como buen predicador, se enciende ante una injusticia, sube el tono de su voz y enrojece. Como buen ingeniero, es diestro en las nuevas tecnologías que le permiten comunicarse y dar seguimiento a la distancia a los requerimientos de su diócesis. Pese a su ritmo intenso, se percibe un hombre de fe y una espiritualidad intensa como verdadero motor que le permite su frenético ritmo de vida.
Su nombre cobra luz propia cuando se deslinda de la política del entonces nuncio Girolamo Prigione y de la Secretaría de Estado de Angelo Sodano del Vaticano en la década de 1990. Éstos pretendían desmantelar la labor pastoral de Samuel Ruiz en Chiapas. Digámoslo de manera cruda, Vera fue incardinado a la diócesis de San Cristóbal de las Casas, como obispo auxiliar con derecho a sucesión en 1995, para desmantelar y demoler la obra pastoral de más de tres décadas construida por el Tatic Samuel Ruiz. El mandato era destruir el liderazgo de don Samuel entre los movimientos sociales indígenas en la zona de conflicto. Don Raúl transgrede dicha estrategia y se vuelca al lado de Samuel Ruiz. Lejos de arruinar las opciones pastorales de la diócesis se suma a ellas. Para sorpresa de muchos, se sube con radicalidad a la causa indígena en congruencia con su conciencia y con el evangelio. Ello se ganó el respeto de muchos, pero la denostación del llamado Club de Roma, o cártel de Roma, grupo de presión de poder eclesial paralelo integrado por prelados conservadores como Norberto Rivera, Marcial Maciel, Onésimo Cepeda, Juan Sandoval Íñiguez y Prigione. Fue una decisión valiente que lo alejó del oropel del poder eclesiástico y un acto de nobleza ante los pobres, los desheredados e indígenas que no lo olvidarán. Vera es el pastor de los derechos humanos, lo confirma en su traslado a Saltillo, el obispo que predica la denuncia como parte de su misión, tierra fértil de controversias y escándalos.
El libro citado muestra que Vera no es un accidente que nace en Chiapas por un rayo de conversión o de un golpe divino de profetismo. Muchos románticos de la fe y de los mitos lo quieren ver así. En Vera no se opera un milagro de conversión, sino un largo proceso de maduración en que inciden no sólo las circunstancias personales, sino la mística de la orden de los predicadores, los dominicos, como se les conoce comúnmente. En él rejuvenece la herencia de fray Bartolomé de las Casas, fray Antonio de Montesinos y fray Francisco de Vitoria, entre tantos misioneros. También las semillas de lucha de este activista religioso son palpables aun antes de haber optado por el sacerdocio. Es momento de reconocimientos, pero no de homenajes porque tiene aún mucho trecho que recorrer. ¡Larga vida, don Raúl!

6/10/2020

Jefes de Estado recurren a Dios para enfrentar el Covid-19




Dios se ha convertido en un aliado estratégico de los jefes de Estado en las Américas en su lucha contra la pandemia del coronavirus. Se ha extendido el uso del relato religioso como recurso mediático entre los políticos de América Latina para explicar y enfrentar la tragedia de la pandemia de Covid-19. Pareciera que Dios entra al rescate de las políticas públicas y es usado para legitimar aciertos y errores de la clase política. Ésta ha incursionado improvisada con trompicones y desprovista de herramientas reales, técnicas, científicas y presupuestales. ¿Somos testigos de una generación de presidentes muy creyentes? O ¿se opera el uso político de lo religioso en un continente con mayorías creyentes? En todo caso, el fenómeno nos permite constatar la creciente influencia de las iglesias en la vida pública de la región, así como la ambivalencia entre el poder político y el religioso, pese a que buena parte de los países operan bajo el esquema de la laicidad.
Hace unos días se cuestionó con dureza el uso político de lo religioso del presidente Donald Trump al fotografiarse con una Biblia en la mano afuera del templo de San Juan, en medio de intensas protestas antirracistas. En México, se impugnan las continuas incursiones bíblicas y religiosas del presidente Andrés Manuel López Obrador. Con socarronería se comentaron sus escapularios y detentes como divinos escudos protectores ante el coronavirus. Sin embargo, el tema va más lejos y se ha extendido en toda la región. Debemos ser muy perspicaces para explicarnos por qué la clase política recurre a la retórica espiritual y creyente.
Iniciemos en América Central, que en los últimos años ha experimentado una notable mutación evangélica. El presidente de Guatemala, Alejandro Gia­mmattei, promovió un día de oración y ayuno ante la amenaza del virus. En esa misma dirección el presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, impulsó una jornada religiosa para interceder el favor de Dios, llamada el Gran día de oración por el salud y unidad del pueblo hondureño. Por su parte el joven presidente salvadoreño, Nayib Bukele, dice hablar con Dios y profesar un cristianismo de millennials; transmitió un mensaje en cadena nacional que expuso: Quiero pedirles que todos oremos y le pidamos a Dios nos ayude a sobreponernos a esta enfermedad. Que salve a la mayoría de los salvadoreños. Dios se convierte en aliado poderoso y la plegaria un instrumento de comunicación con Dios para pedir consuelo y solicitar protección. En Nicaragua, Daniel Ortega y su poderosa esposa, Rosario Murillo, han desarrollado un discurso pararreligioso de un cristianismo esotérico vinculado al amor y la fraternidad. La primera dama de Nicaragua declaró ante un mitin: Vamos a caminar con la fuerza de la fe y la esperanza en todo el país, en oración permanente y solidaridad con todos los pueblos, familias y hermanos en el mundo afectados por el coronavirus.
En Sudamérica los ejemplos se repiten. En Bolivia, el 30 de mayo la presidenta golpista, Jeanine Áñez, anuncia medidas de confinamiento usando argumentos religiosos: Pido a ustedes unirnos en una oración permanente. Este domingo se inicia una cuarentena total y pido que podamos realizar un ayuno, arrepentimiento y fe, para que sea nuestra mayor arma de lucha contra esta enfermedad. En Colombia, el presidente, Iván Duque, se comporta como misionero en sus intervenciones televisivas sobre la pandemia, invita a consagrar a la Virgen de Chiquinquirá, al Sagrado Corazón y a la Virgen de Fátima. En Paraguay, prosigue el contagio de predicación. El presidente Mario Abdo Benítez reza públicamente e invita a los paraguayos a mantenerse unidos en oración, para que Dios proteja al país del Covid-19. Vaya, hasta el secular Uruguay de larga tradición laica en el continente, el presidente Luis Alberto Lacalle, participó en una oración interreligiosa convocada por el cardenal Sturla, arzobispo de Montevideo. Es cierto que ahí, resaltó, el Estado es secular, pero abierto: Todas las iniciativas en favor de la nación son bienvenidas, religiosas, seculares, todas, dijo el presidente.
El caso más visible, sin duda, ha sido Brasil. Se ha escrito y discutido mucho, pues es el país latinoamericano con mayor número de contagios y muertes en América Latina. Su presidente conservador, Jair Bolsonaro, sostiene que el Covid-19 es una simple gripezinha (gripita) y exalta que Dios está con Brasil. Se opone al confinamiento. Su actitud ha fracturado la clase política del país. Las iglesias se han politizado. Bolsonaro, cuenta con el apoyo de las iglesias evangélicas más poderosos del país: la Iglesia Universal del Reino de Dios y la Iglesia Asamblea de Dios Victoria en Cristo.
Hasta aquí el breve recorrido, la pregunta obligada es: ¿por qué se invoca el rescate político de Dios? En todo caso se han enfrentado dos raciocinios, la lógica social o igualitaria en contraposición a una lógica económica. Trump, Bolsonaro y, en menor medida, López Obrador frente a casi todos los presidentes de la región. Todos han manipulado el marco místico para fundamentar sus opciones. Para algunos analistas, el discurso religioso desnuda las posturas populistas de derecha e izquierda de muchos gobiernos de las Américas. Los alumnos Sciences Po de París analizaron los discursos de los presidentes; concluyen que se recurre a la elocuencia religiosa por la carencia de uno científico y racional. Pienso que la región latinoamericana está rebasada con un aparato de salud abandonado. Hay incapacidad de los estados para dar respuestas ante la crisis. Recurren al pensamiento mágico como consuelo ante la incapacidad de atender la urgencia sanitaria. Los gobiernos utilizan el universo simbólico de lo religioso como recurso manipulador apelando la resistencia cultural de la población pobre, excluida de los servicios inexistentes del Estado.

5/27/2020

La deuda social de la Iglesia católica


Ante los escándalos y denuncias registradas por los medios de comunicación, la Iglesia católica ha jugado un desacertado papel. Primero niega los hechos. A partir de 2002 con las revelaciones del Boston Globe, ante la avalancha de denuncias en todo el mundo. La Iglesia se dice víctima de complots internacionales para desacreditarla. Se pretende atrincherar como una ciudadela asediada por enemigos que buscan destruirla. Las víctimas son olvidadas e incluso concebidas como amenazas porque, según la lógica de la autovictimización, son manipuladas para alimentar la hostilidad internacional. En suma, a la Iglesia católica le ha costado aceptar la pederastia como un mal endémico y bajo el pontificado de Francisco quiere, pero no puede. La inercia institucional es demasiado pesada para que opere un cambio profundo a corto plazo.
Sin duda la Iglesia enfrenta una gran crisis histórica de credibilidad. Sus números han decaído y sobre todo sus ingresos se han mermado dramáticamente a causa de la desconfianza y desaprobación de su conducta. La crisis de pederastia ha sacudido la autoridad moral de una institución cuya materia prima son justamente los valores.
A lo largo de una década emergieron vicios institucionales que conmovieron a la opinión pública. La cultura del silencio, el disimulo para proteger a los sacerdotes depredadores, la reticencia a colaborar con la justicia secular, es decir, el encubrimiento institucional de criminales. Como dice el teólogo Tamayo: “La pederastia se convierte no sólo en una agresión sexual individual, sino en una práctica legitimada estructural e institucionalmente –al menos de manera indirecta– por la jerarquía eclesiástica en todos sus niveles en una cadena de ocultamiento que va desde la más alta autoridad eclesiástica hasta el pederasta, pasando por los eslabones intermedios del poder religioso”.
Nombres de cardenales encubridores han desfilado, como Bernard Law (Boston), Hans Hermann Groër (Viena), Jeorge Pell (Sídney) entre muchos otros. Y en México emerge la figura del cardenal Norberto Rivera Carrera. Sin duda, Rivera será recordado por el encubrimiento cómplice de diversos pederastas sicópatas, como Marcial Maciel, a quien defendió a ultranza, y al cura retorcido Nicolás Aguilar, acusado de violar a centenares de niños.
Rivera decía seguir los lineamientos de Roma y que los medios eran los culpables de querer destruir su imagen. En una cárcel de mujeres en diciembre de 2007 acusó a los medios de prostitutos por querer dañar su imagen. Rivera nunca se hizo responsable de encubrir pederastas ni asomó nunca una dosis de autocrítica. Predominó la soberbia y despreció los señalamientos de la sociedad. La dificultad proviene del hecho de que la palabra de la Iglesia no puede reducirse a sus discursos ni a sus declaraciones. No basta el cómo difundir un precepto si no se acompaña de una comunicación integral que abarque la congruencia. Resalta la importancia del lenguaje no verbal hasta un lenguaje simbólico coherente. ¿Cómo creerle al cardenal Rivera que no ha encubierto a pederastas, como él pregona, cuando hasta el último, públicamente, defendió con ardor a Marcial Maciel? ¿Cómo confiar en la opción por los pobres si Rivera sólo se pavonea públicamente con los ricos? Pasaba puentes vacacionales con los empresarios más connotados de México y España, en los lugares más exclusivos del mundo, además de portar suntuosa joyería personal. ¿Cómo validar su desapego a los bienes materiales cuando ha pasado por numerosos escándalos centaveros? Las papas del Papa, Viotran o copyright de la Virgen de Guadalupe, la disputa con el nuncio Justo Mullor por los dividendos de la penúltima visita del Papa a México en 1999, entre otros muchos altercados. La comunicación más poderosa es principalmente no verbal. La Iglesia puede dictar los grandes principios de la castidad y encontrarse enredada en lamentables casos de pedofilia; cuestionar con pasión a los matrimonios igualitarios, cuando todos sabemos que la homosexualidad dentro de la Iglesia es un hecho inocultable. Puede alabar la fraternidad, la humildad y la caridad en la Iglesia y no ser capaz de sofocar asuntos sórdidos de rivalidades de poder dentro de las diócesis, el Episcopado e incluso en la curia vaticana. Cualquier observador sensato se preguntaría, bajo las actuales circunstancias, si en efecto la Iglesia es experta en humanidad.
La Iglesia católica debe retractarse públicamente de las afirmaciones de la CEM en 2002 cuando Sergio Obeso, arzobispo de Jalapa, sentenció que la ropa sucia se lava en casa. A pesar que se trataba de crímenes graves, tipificados por la ley y sancionados por el Código Penal, los obispos así lo expresaron, que no querían entregar a sus hijos a las autoridades civiles. El mensaje era claro: se impone una soberanía religiosa sobre las soberanías seculares del poder mexicano. Se imputa un clericalismo de cristiandad, es decir, autorreferencial y autoritario. Desde entonces, el gobierno, bajo diferentes signos políticos, no ha expresado extrañamiento alguno a pesar que se violaban principios de la ley y de la propia Constitución.
Fruto del proceso de secularización y de los escándalos de abuso sexual a menores por parte de clérigos, la Iglesia ha perdido el monopolio de la moralidad en México. Frente a la crisis de valores, con ingenuidad la 4T cree encontrar en las iglesias, valiosas aliadas para restituir el tejido social dañado. La postura pasa por alto que las iglesias viven y son parte de la crisis de valores. La pederastia es un ejemplo, entre otros. De manera dramática la influencia de la Iglesia católica sobre la sociedad ha declinado de manera notable. Ya no es capaz de limitar, y mucho menos controlar, lo que piensan, dicen y hacen sus propias feligresías. A excepción del poder político, se presenta un evidente declive en la dominación simbólica de la Iglesia en la construcción de sentidos en la sociedad y en los medios.
La Iglesia debe a la sociedad mexicana muchas explicaciones, tiene muchas deudas, en especial el encubrimiento de criminales.

4/29/2020

Francisco a los movimientos populares: civilización agotada



La pandemia del Covid 19 ha lastimado crudamente la dictadura del mercado. Los mercados financieros apanicados muestran quebrantos inimaginables apenas unos meses atrás. Los virus microscópicos revelan la alta vulnerabilidad del sistema económico mundial. Toda esta soberbia y lujuria simbólica se ha resquebrajado. La quimera neoliberal se muestra ahora chata y herida. El sistema que aspiró afianzarse a escala global a partir de la caída del muro de Berlín. Proceso que Francis Fukuyama, pomposamente tituló: el fin de la historia. Los modelos dominantes de producción, comercio, distribución, consumo y de desarrollo han estallado. La humanidad necesita urgentemente buscar nuevos paradigmas civilizatorios, sustentados en la libertad, que ampare desarrollos sostenibles, un tipo diferente de relación con la naturaleza y la Tierra, contrario al modelo dominante. Se necesita evaluar profundamente, seleccionar aquellas experiencias válidas y desechar aquellas nocivas; una ruta de triagem, o un proceso de nuevo embalaje y de selección diría la vieja filosofía, es necesaria.
Por ello, resulta muy interesante escuchar al papa Francisco. En su carta pascual publicada el 12 de marzo pasado y que tuvo como destinatarios a los movimientos populares. Frente a la pandemia el Papa reconoció la solidaridad, la comunitariedad y la esperanza de los pobres. A manera de reconocimiento dijo: Qué difícil es quedarse en casa para aquel que vive en una pequeña vivienda precaria o que directamente carece de un techo. Qué difícil es para los migrantes, las personas privadas de libertad o para aquellos que realizan un proceso de sanación por adicciones. Ustedes están ahí, poniendo el cuerpo junto a ellos, para hacer las cosas menos difíciles, menos dolorosas. Los felicito y agradezco de corazón. Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad.
En tres ocasiones el sumo pontífice se ha reunido con los movimientos sociales provenientes principalmente del Tercer Mundo, y que luchan desde su condición de pobres organizados. Los encuentros han sido respectivamente, en Roma (28-02-2014), en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra (7/7/15) y nuevamente en Roma (5/11/16). Debo reconocer que cuando Francisco se refiere, habla o escribe a los movimientos populares está en su mejor versión. El Papa argentino transforma su discurso pontifical en la versión más crítica del capitalismo imperante. Ninguno de los últimos pontífices había sido tan contundente en sus críticas y tan decididamente inclinados hacia los pobres del planeta. Apoyado por el diálogo con los movimientos populares mundiales, el Papa insiste en las tres famosas T ( tierra, techo y trabajo) su planteamiento se hizo popular, al sentenciar: Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez
Sin empacho, Francisco es implacable con los excesos del neoliberalismo globalizado. El Papa rescata la fibra profética de la teología latinoamericana. Dicha postura le ha ganado numerosos enemigos internos del ala conservadora de la Iglesia y sobre todo reproches de altos ejecutivos de grandes consorcios corporativos internacionales. Quienes lo califican de populista de izquierda y religioso tercermundista. No pocos jefes de Estado lo miran con recelo cuando Francisco se enfunda en la causa de los movimientos populares y aborda temas como migrantes, ecología y deuda externa. Con mucha energía sostiene: un sistema económico centrado en el dios del dinero también necesita saquear la naturaleza, saquear la naturaleza para mantener el ritmo frenético de consumo propio. La élite internacional no tolera el discurso del Papa sobre la idolatría del dinero y la prepotencia del imperio de la corrupción. Bajo esta atmósfera discursiva el Papa se vuelve intransigente para asumir como propia la condición de los pobres, que se organizan para sobrevivir a los dictados del sistema económico actual. Francisco defiende abiertamente un cambio estructural: “Queremos un cambio, un cambio real, un cambio en las estructuras. Este sistema es insoportable; los campesinos no lo apoyan, los trabajadores no lo apoyan, las comunidades no lo apoyan, los pueblos no lo apoyan... E incluso la Tierra no lo apoya. Hermana Madre Tierra , como solía decir San Francisco (7/7/15).
En la carta enviada a los movimientos populares en 2020, ante a la interrogante que todos nos hacemos acerca del día después de superada la pandemia, el Papa desafía a los movimientos sociales: “ustedes no son unos improvisados, tienen la cultura, la metodología, pero principalmente la sabiduría que se amasa con la levadura de sentir el dolor del otro como propio… Sé que ustedes han sido excluidos de los beneficios de la globalización. No gozan de esos placeres superficiales que anestesian tantas conciencias. Muchos de ustedes viven el día a día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja. Muchos de ustedes no tienen un salario estable para resistir este momento y las cuarentenas se les hacen insoportables. Tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos”.
Esta cara social de Francisco es la mejor. Muchos cuestionarán que se queda sólo en la discursividad. Es cierto, pero los efectos que tienen los planteamientos de un pontífice son altos. Ojalá no tuviera tanta resistencia dentro de la Iglesia, porque no tiene otra alternativa, sino cambiar.

4/01/2020

El Covid-19 sacude el sistema de creencias religiosas



La Basílica de San Pedro vacía, el Papa solitario ante una plaza lluviosa y deshabitada. Las imágenes tienen la fuerza de la elocuencia. El Papa le habla a todo el mundo en un desierto húmedo sobre la tragedia del coronavirus. El mal no sólo ha cimbrado los mercados y derrumbado las monedas, sino que ha trastocado la manera tradicional de las liturgias masivas para celebrar la fe. Los templos se han convertido en territorio peligroso de contagio.
La crisis desafía no sólo la dictadura del mercado, sino que altera la vida cotidiana global. En las grandes ciudades, se suspenden las actividades sociales y se posponen los ciclos educativos. Se prohíben actos que aglomeren multitudes en cines, teatros, museos, bares, restaurantes, estadios, escuelas e iglesias. Muchos centros urbanos lúdicos y bulliciosos se han fantasmalizado, como la imagen despoblada del Papa en el Vaticano.
Las liturgias y los espacios sagrados de las grandes religiones se han perturbado. Catedrales, iglesias, mezquitas y sinagogas son testigos mudos, monumentos de soledad. Palacios sagrados que representan una sociabilidad religiosa hoy imposible.
Las teologías de la culpa anuncian puniciones de Dios y retoman visiones apocalípticas. Sin ir lejos, el obispo de Cuernavaca, Ramón Castro, recupera con simplismo al Dios moralista. Recicla el discurso de odio de ProVida: La pandemia es un grito de Dios a la humanidad ante el desorden social, el aborto, la violencia, la corrupción, la eutanasia y la homosexualidad. Castro estuvo desacertado y anticlimático ante los difíciles momentos de hoy, para predicar un Dios omnisciente y punitivo. Estuvo mucho mejor el obispo de Toluca, Francisco Javier Chavolla, en una misión peligrosa. Se subió a un helicóptero con su obispo auxiliar para bendecir el valle de Toluca de todos los males del contagio, en una especie de fumigación sagrada. Extraño a Carlos Monsiváis. Pregunta obligada: ¿los creyentes necesitan los suntuosos castillos de Dios para celebrar su fe? Muchas iglesias protestantes rescatan la noción del cristianismo primitivo de tipo profético que vivían con intensidad su fe en pequeñas comunidades diferenciándose del judaísmo tradicional. Muchas de estas comunidades cristianas vivieron bajo las catacumbas debido a la persecución del cristianismo. Otra vía encontramos en los mormones, rescatan en sus raíces históricas y las nociones de Iglesia familia que se practicó en sus inicios orientadas por Joseph Smith en 1830, en el viejo oeste. Sin embargo, Internet y las redes sociales se han impuesto como el recurso más utilizado para atajar las limitaciones que ha impuesto la pandemia. Muchas poseen canales de televisión, pero la mayoría de las iglesias ante cambios en la convivencia social usan las redes sociales con grandes retos, como utilizar un lenguaje litúrgico diferente, así como llevar consuelo y evangelizar vía Internet. Facebook se convierte en templo virtual. ¿Un instrumento que llegó para quedarse? ¿Estamos ante la construcción de una fe virtual?
Otro elemento: la fe y la religiosidad popular crecen ante las desgracias sociales. Sobre todo, en el campo popular se acrecienta la necesidad de una protección que el Estado no puede ofrecer. Los pobres y los desheredados recurren a la Divina Providencia y al pensamiento mágico como recurso de sobrevivencia material y sicológica. La religiosidad de la gente sencilla encuentra amparo en el misterio y el socorro divino. Los pobres de este país han soportado terremotos, inundaciones, sequías, guerras, crimen organizado y gobiernos corruptos. Por ello la religiosidad popular entrecruza lo material y lo espiritual. Es la fe de los sencillos que rebasa los dogmas y doctrinas institucionales. Es la relación peticionaria del pueblo desamparado con la trascendencia. Es la mezcla sincrética con otras sensibilidades religiosas y mágicas que cobijan su sentido de existencia frente a su vulnerabilidad. Lo sagrado otorga, por tanto, sentido de vida frente a la amenaza. La religiosidad popular convierte el milagro en fuerza social esperada, la intervención divina como posibilidad de sobrevivencia y oportunidad de salvación aquí en la tierra cuando todo parece desgracia. Por ello, ante momentos críticos, la devoción a la Virgen de Guadalupe crece de manera descomunal. Representa el manto protector de la madre. Hay que decirlo, esta religiosidad popular es despreciada e incomprendida por la estructura de la Iglesia católica. La mira con recelo, como piedad popular impura que se desborda en ritos, supersticiones e idolatrías que salen de la ortodoxia institucional.
Por ello lamenté el desprecio a todo este providencialismo popular por las élites intelectuales, a propósito de los detentes religiosos, amuletos y fetiches que mostró el presidente López Obrador en dos mañaneras. Las críticas fueron feroces y mordaces. No pretendo defender a AMLO. El Presidente de un Estado laico no tiene por qué explicitar sus creencias y menos utilizarlas como argumento de orientación en su desempeño público. Sin embargo, a los opinadores, algunos muy respetables, les ganó la animadversión al Presidente y ridiculizaron el universo de creencias populares respetables que han construido penosamente a lo largo de nuestra historia. En otras palabras, no sólo los clérigos ortodoxos recusan la fe del pueblo sencillo, sino las élites intelectuales que desvirtúan parte de la identidad popular sea por desconocimiento, malquerencia u oportunismo político.

3/18/2020

Coronavirus, tragedia y escatología



Sin duda, la vida es otra bajo la amenaza del coronavirus. La manera en que organizamos la cotidianidad se ha visto trastocada por la pandemia. Cuándo hubiéramos imaginado que Italia, Francia y España declararían tiempos de excepción, cerrando sus fronteras y limitado el libre tránsito de las personas. Confinamiento obligatorio. Impensable, el discurso de Macron que declara un estado de guerra contra el virus y llama a la unidad de todos los franceses. Sin ejércitos ni divisiones militares, el Covid-19 se erige como un poderoso enemigo que en sólo unas semanas ha puesto en jaque la soberbia civilización occidental. Las grandes economías del planeta se han cimbrado y la sombra de la recesión inquieta. La emergencia sanitaria ha provocado un colapso mundial, las bolsas han caído, la actividad económica y el comercio se han contraído y por lo mismo cayó el precio del petróleo. La irrupción del coronavirus en la era global es la primera pandemia que se expande en un mundo altamente interconectado. Una civilización global intensamente interrelacionada que facilita, como nunca, el contagio. Pareciera que seguimos un guion catastrofista de un filme de ciencia ficción. Imágenes insospechadas, como la del papa Francisco bendiciendo desde su balcón ante una plaza de San Pedro despoblada. Las tradicionales avenidas y parques de Madrid y París lucen vacíos, fantasmales. Sin estar infectados físicamente, el coronavirus ha contagiado el ánimo de los pueblos a través de los medios. El virus se ha apoderado de toda la centralidad de la agenda mediática. Pero existe también la llamada infodemia, fake news o desinformación que circula en Internet y medios de comunicación con respecto al Covid-19. Creando confusión como agravante de la crisis sanitaria, que obstaculiza las medidas de contención del brote, propagando pánico y generando desorientación. Algunos medios en Occidente, poco profesionales, nos han hecho sentir que vivimos tiempos terroríficos y hasta escatológicos con afectación de sicosis colectiva.
Resurgen las miradas apocalípticas sobre la amenaza de extinción de la humanidad. Pese a que es menos mortífero que otras epidemias, el coronavirus se presenta como el eschaton, es decir, el fin del tiempo y del mundo, previsto en religiones con creencias escatológicas. En las religiones abrahámicas, suponen una transformación hacia la redención final.
El temor a la devastación por epidemias ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad. En la Edad Media, Europa se vio azotada por pestes y hambrunas. Sarampión, viruela y cólera cobraron millones de vidas. Durante el siglo XIV falleció más de un tercio de la población europea, 60 millones, a causa de la peste negra, llamada así por las manchas oscuras que anunciaban su presencia. Ahora sabemos que la enfermedad era peste bubónica. Para la población eran signos de muerte, de rebeliones populares y de castigos por pecados cometidos, personales y colectivos, lo cual se traducía en pesimismo y desesperanza. En México cerca de 80 millones de habitantes sucumbieron a las enfermedades que portaron los españoles durante la Conquista y los primeros años de la implantación de la Colonia.
La Biblia, el libro sagrado del cristianismo, registra en sus pasajes pestes y plagas enviadas por Dios a comunidades o ciudades como parte de castigo divino. Generalmente las pestes son encauzadas ante faltas graves del ser humano y representan la acción punitiva de Dios. En el relato bíblico abundan ejemplos de que el castigo divino es provocado por la insensatez y el pecado del hombre. Desde el Génesis Adán y Eva fueron responsables de alterar el curso de los designios divinos al comer el fruto prohibido del árbol de la sabiduría. En el libro del Éxodo, Yahvé es implacable con el pueblo egipcio al negarse a liberar a los esclavos judíos. Envió 10 plagas y fueron devastadoras. Otro pasaje, entre muchos otros, lo encontramos en el Apocalipsis. El lenguaje de Dios es lapidario en el capítulo 9, versículo 18, dice: Y entonces fue exterminada la tercera parte de la humanidad por estas tres plagas: el fuego, el humo y el azufre. Más adelante: Los hombres fueron quemados con el calor abrazador. No obstante, blasfemaron del nombre de Dios, quien tiene el poder sobre las plagas. La culpa, el castigo, el pecado son constantes en las que Dios aplica la penalización divina. Para la población eran signos de muerte, de rebeliones y caos sociales y de castigos por pecados cometidos, personales y colectivos, lo cual se traducía en pesimismo y desesperanza.
Será hasta el siglo XVIII que los avances en la medicina ofrecen explicaciones científicas sobre los contagios y la expansión de epidemias. Por tanto, hay explicaciones diferentes a las narrativas escatológicas y apocalípticas.
Pero las visiones catastrofistas no son sólo religiosas, también son alimentadas en el ámbito secular y de la ciencia. Los ambientalistas, ecologistas y veganos denuncian las consecuencias por el abuso a la naturaleza. Confirman los signos de advertencia cometidos por la forma depredadora y los excesos de la civilización contemporánea contra la madre tierra. La humanidad como el verdadero virus destructor. Hay una fascinación secular por el fin del mundo, nos ha dicho Umberto Eco. Los fundamentalismos y salvacioncitas religiosos pueden resurgir, aprovecharse del clima de incertidumbre para predicar que estamos sometidos a la anarquía del mal, ya que la moral se ha relajado.
El Covid-19 nos recuerda nuestra vulnerabilidad y nos remite que la plaga más peligrosa es la plaga de la estupidez.

3/05/2020

Murió el P. Manuel Velázquez


Lo conocí en 1975, pocos años después de que el episcopado mexicano decidió desvincular al Secretariado Social Mexicano (SSM) de la Iglesia católica junto con Cencos. Acompañado de otros universitarios católicos admiramos su biblioteca. Un alucinante espacio dedicado al catolicismo social, más de la mitad de los libros estaban en francés. En ese centro de documentación tenían las obras completas de Jacques Maritain, Emmanuel Mounier, Joseph Lebret y la exquisita colección de la revista Esprit. Era el espacio institucional sede donde el P. Manuel Velázquez desplegaba su apostolado social. El padre Velázquez era bajito, moreno, robusto de recia personalidad que contrastaba con gestos cálidos. Su presencia se dejaba sentir por su voz imponente, educada, propia de un cantante de ópera bajo profundo con gran potencia y riqueza en matices graves. En ese momento dirigía el contenido de la revista Contacto, órgano oficial del SSM. Era inteligente, se dejaba sentir con su sentido del humor, sus bromas eran agudas. Desde que lo conocí no oía bien, por tanto, uno tenía que alzar la voz para que escuchara. Era su sello.
El padre Manuel nació en Valle de Bravo, estado de México, el 24 de junio de 1922. Su padre fue panadero y su madre, doña Nicolasa, crió a seis hijos: cuatro mujeres y dos varones. Su hermano mayor fue nada menos que Pedro Velázquez (1913-68), uno de los sacerdotes más emblemáticos, en el siglo XX, de la pastoral social. Integrante de la generación del Centro de Economía y Humanismo de París, del dominico Lebret. Amigo personal de Vicente Lombardo Toledano, viajero constante, políglota. Es considerado uno de los principales precursores del diálogo entre marxismo y cristianismo en México. El padre Manuel estudió en el Seminario Conciliar de México, en Tlalpan. Fue ordenado sacerdote el 18 de agosto de 1946 bajo la guía de su hermano; estudió sociología en la Universidad Católica de América en Washington. Hizo cursos en Inglaterra y realizó estadías en Canadá para estudiar de cerca el movimiento cooperativista.
Para entender la estatura histórica de Manuel Velázquez, hay que remitirnos a las figuras de don Sergio Méndez Arceo, Samuel Ruiz García y José Álvarez Icaza. Junto con Pedro, son actores llamados gozne. Es decir, encabezaron una larga y compleja transición de un catolicismo social a posturas de la Teología de la Liberación latinoamericana. Se debe reconocer que el catolicismo social, desde el siglo XIX fue poderoso. Se concibió social, popular y militante, aun con aspiraciones políticas. Ese fue el espacio de formación que ofrecía el SSM. La guerra cristera, el autoritarismo del Estado posrevolucionario y la complicidad sumisa de la jerarquía católica minaron ese catolicismo laico, crítico del supremo gobierno y de amplia base social. Ese ímpetu resurge décadas después, a raíz de las aperturas del Concilio Vaticano II (1962-65) y la crisis política del Estado mexicano en 1968. Ofrecieron el espacio para una nueva etapa social de los católicos mexicanos. Sin embargo, si bien el cimiento es el mismo, hay cambios hermenéuticos y eclesiológicos en esta nueva generación. Es decir, el movimiento social de la Teología de la Liberación latinoamericana que se nutre de la Gaudium et spes (1965), Populorum progressio (1967) y de los documentos de Medellín (1968). Queda atrás el movimiento social cristiano guiado por Rerum novarum (1891), que aspiró a crear una nueva realidad católica a los problemas sociales. Quedan atrás los sueños de una nueva cristiandad y crear una república católica como expresión histórica separada del socialismo y del capitalismo.
Frente a estos cambios, Manuel Velázquez declara tras una misa ecuménica a la que asistieron dirigentes comunistas: “Este catolicismo gestionado por laicos, asesorado por clérigos, alentado por obispos, nunca estuvo exento de vinculaciones e implicaciones políticas. Coexistió, se enfrentó y aun combatió –dentro del proceso social mexicano– con los proyectos oficiales. Nuestro angelismo clerical no ha ayudado demasiado a la politización del pueblo. Ahora, después de Medellín y Puebla, tenemos que admitir claramente que anunciar el Evangelio sin implicaciones económicas, sociales y políticas, es mutilarlo y hacerse cómplice de la injusticia institucionaliza… la fuerza que significa una fe evangélica desideologizada, es decir, purificada en sus adherencias o interpretaciones capitalistas, para el avance del proyecto popular” ( Proceso,5/4/1980).
Una de las principales iniciativas del padre Velázquez, junto con su hermano Pedro y monseñor Carlos Talavera, fue fundar el movimiento de Cajas Populares en 1951. Siguiendo el modelo canadiense, se dieron la tarea de estructurar, capacitar y sembrar una vasta cooperativa. Fue asesor e ideólogo de la Confederación Mexicana de Cajas Populares. No es cosa menor. El cura Manuel recibió un reconocimiento del cooperativismo en la Cámara de Diputados en 2013. En ese acto, la confederación reportó 20 federaciones, 620 cooperativas con cerca de 6 millones de socios del sector popular con un activo de más de 90 mil millones de pesos.
Manuel Velázquez era un apasionado de la lectura, siempre al día en los autores vanguardistas en materia social, política y teológica. Tiene centenares de artículos, ensayos y ponencias. Entre sus libros sobresalen: Pedro Velázquez, el apóstol de la justica y Las cajas populares y la utopía del padre Velázquez. Su legado es tan vasto como su larga vida. Murió en paz. Sin dolor y acompañado de su familia, inició su ruta de encuentro con su hermano y mentor Pedro. Manuel fue un sacerdote coherente, vivió su apostolado con radicalidad, nada de lujos; viajaba a su oficina en Metro a sus 80 años, cuando aún podía. Se entregó a la defensa de obreros, campesinos y cooperativistas; denunció toda marginación y represión. Un cura recio, como los de antes.

2/05/2020

Coordenadas en la sucesión del papa Francisco



Francisco tiene 83 años y en marzo cumple siete de pontífice. Recibió en el cónclave que lo entronizó, el mandato de realizar importantes reformas en la Iglesia que no ha podido, o no lo han dejado, realizar. El año 2020 será clave en la vida de la Iglesia, pues se vislumbran reformas graduales de una Iglesia católica que se resiste a los cambios. A fines del año pasado Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, escribió un alarmante artículo en el importante periódico italiano La Repubblica, llamando a defender al Papa contra los abiertos ataques de grupos conservadores y reaccionarios apoyados por poderosos grupos de comunicación a escala internacional. En medio de un caos simulado, Francisco es el objetivo de severas agresiones de conservadores en Europa que buscan minar su autoridad y reblandecer sus reformas. El antagonismo no sólo es intraeclesiástico. Las posturas ecologistas, pacifistas y pro migrantes han desatado la furia de grandes corporaciones y gobiernos, como el de Donald Trump, que  perciben el antineoliberalismo del Papa como una voluminosa amenaza.
La condición física y de salud del Papa nunca ha sido sólida y no ha bajado el intenso ritmo de trabajo, viajes, protocolos y formulación de orientaciones. A veces se le percibe cansado y hasta irritable. Él mismo sentenció que su pontificado sería corto. Mario Bergoglio, como buen jesuita, sabe manejar el poder y administrar la presión. Podría estar pensando en formas que aseguren que sus políticas sobrevivan más allá su muerte o su renuncia, lo que aseguraría cambios y mudanzas acariciadas desde el Concilio Vaticano II formuladas en los años 60 del siglo pasado.
Hay algunos signos que me gustaría poner a su consideración: 1) el Colegio Cardenalicio es bergogliano. Más de la mitad de los actuales cardenales han sido nombrados por Francisco. Ha creado 88 cardenales procedentes de 56 naciones diferentes. Sin embargo, no todos son del ala progresista; los cardenales electores deben tener menos de 80 años y deberán ser no más de 120. Este 2020 se prevén dimisiones y probablemente un nuevo consistorio para crear cardenales que inclinen la balanza; 2) la renovación del cargo de decano. Vacante desde la renuncia del cardenal Angelo Sodano. En virtud del reciente motu proprio firmado por el papa Francisco, el sucesor de Sodano, deberá ser elegido por los propios cardenales con un plazo de cinco años. Junto con el camarlengo, el decano tiene un rol primordial en el cónclave; 3) promulgación de documentos pontificales de reforma. Se prevé la publicación de la exhortación sobre el sínodo para la Amazonia que supuestamente aterrizaría la encíclica Laudato sí y propondría fin gradual al celibato sacerdotal. De la misma manera se espera la promulgación de una nueva Constitución apostólica sobre la reforma de la curia, que debería haberse hecho pública a fines de 2019. Ha trascendido que la Secretaría de Estado tendrá mayor relevancia y menos peso la Congregación para la Doctrina de la Fe. Francisco se opone al clericalismo. Cuando se llegó a comprender por qué la Iglesia católica fue golpeada por el colapso moral de la pederastia, Jorge Mario Bergoglio identificó precisamente el clericalismo como un causante de la crisis. La simplificación de la curia puede combinarse con mayor transparencia y colegialidad en la toma de decisiones; 4) Francisco incorpora al cardenal Luis Antonio Tagle a la curia. El 8 de diciembre de 2019, el Papa nombró al cardenal Tagle arzobispo emérito de Manila, actual prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Es interpretada como una señal para una futura sucesión, ya que Tagle es el cardenal asiático más cercano al Papa en términos pastorales, teológicos y de gestos. El cardenal filipino es introducido al engranaje curial con poder como una señal que lo prepare para el eventual juego del cónclave, y 5) candidatos a la sucesión según vaticanistas. Hemos consultado a los vaticanistas Sandro Magister, John Allen y Edward Pentin, quienes arrojan nombres de candidatos para la sucesión pontifical. El mencionado cardenal Tagle, el bergogliano asiático, puede tener en contra su edad, 62 años, y ser el candidato evidente del actual Papa. Destaca el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, quien también tendría los inconvenientes de una estrecha vinculación con el papa Francisco. Pero Parolín ha guardado bajo perfil, es italiano y es condescendiente con la beligerante ala conservadora. Tiene 65 años y gozaría de un consenso o pacto entre los bandos encontrados. Hombre de aparato, diplomático que nunca ha sido obispo diocesano. Figuran los cardenales Christoph Schönborn, de Viena, y Marc Ouellet, de Canadá, prefecto de la Congregación para los Obispos; fueron considerados en la parte superior de la lista de papables antes del último cónclave de 2013. Los dos están jubilados. Ouellet y Schönborn tienen 75. Ambos cardenales son ex alumnos del papa Benedicto XVI. No puede faltar el polémico cardenal Robert Sarah, candidato conservador. Involucrado en el escándalo del libro contra Francisco y el matrimonio de los sacerdotes. Originario de Guinea, de 64 años, tiene mucha experiencia en la curia y podría convertirse en el primer pontífice africano en siglos. Finalmente, el cardenal Matteo Zuppi, de Bolonia, de la Comunidad de Sant’Egidio, italiano que ha ganado fama por su incidencia internacional en favor de la paz.
Lo que está en juego es la continuidad o la deconstrucción de un pontificado en permanente conflicto de cambios propuestos y expectativas frustradas. En la sucesión de Francisco se juega el devenir católico.

1/22/2020

Celibato y la tempestad entre Benedicto XVI y Francisco



Francisco ha sido el papa más cuestionado y agredido en la historia moderna de la Iglesia. Su estilo y reformas anunciadas provocan una inusitada rebeldía dentro y fuera de la Iglesia. Sus detractores han usado las redes como arma mortífera para vituperar la figura pastoral de Mario Bergoglio. No olvidemos que el pontificado de Francisco emerge de una profunda crisis eclesiástica y de un severo diagnóstico de los cardenales electores que exigían cambios y reformas de una institución a la deriva.
En 2013 Benedicto XVI anunció su retiro valiente. Anciano, enfermo y deprimido se reconoce rebasado por las intrigas, escándalos y luchas de poder palaciegas en una institución que se desmembraba. Anunció que se retiraría, se recluía en silencio y pregonó que no intervendría en la gestión de la Iglesia. Por ello causó conmoción la noticia reciente de que el Papa emérito publicó un libro, junto al cardenal Robert Sarah, ligado a las ideas ultraderechistas de Marcel Lefebvre, donde defiende radicalmente el celibato y se opone a la ordenación de hombres casados. Esto en reacción a la propuesta de ordenar sacerdotes casados aprobada en el pasado Sínodo de la Amazonia para ciertos lugares del mundo y de manera extraordinaria. Era claro el temor de que el reformista Francisco lo podría aprobar en la exhortación apostólica que redacta y será publicada en breve.
Ante el inusual atrevimiento de Rat­zinger, los focos rojos se encendieron en Roma. Los adelantos editoriales publicados en París por Le Figaro no dejaron duda. Titulado Des profondeurs de nos coeurs (Desde lo profundo de nuestros corazones), en los forros del libro se lee: Desde su renuncia en febrero de 2013, la palabra del Papa emérito ha sido rara. Ha cultivado el silencio, protegido por las paredes del monasterio Mater Ecclesiae, en los jardines del Vaticano. Ahora, excepcionalmente, en compañía del cardenal Sarah, su gran amigo, decidió escribir sobre el tema más difícil para la Iglesia: el futuro de los sacerdotes, la definición justa del sacerdocio católico y la defensa del celibato.
El contenido del libro no tiene grandes novedades. Defiende el celibato con argumentos tradicionales y dogmáticos. Lastima el desprecio al ejercicio sinodal sudamericano. Lo caricaturizan de una manera casi despectiva como un sínodo extraño de los medios que prevaleció sobre el sínodo real. Las reacciones no se hacen esperar y de manera tosca, Benedicto XVI se retracta. Primero se filtró a algunos medios que Ratzinger no había escrito a cuatro manos con Sarah el libro ni visto la portada. Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, respondió mostrando las cartas en que el pontífice emérito lo autorizaba para publicar un texto sobre el celibato sacerdotal que le había entregado. En seguida, el secretario personal del Papa emérito, el arzobispo Georg Gänswein, llamó a Sarah para pedirle a nombre de Ratzinger que los editores quitaran a Benedicto XVI como coautor del volumen. Así se hará en las próximas ediciones, porque la primera llegó a las librerías de Francia.
El mundo se le vino encima a Benedicto XVI, de 92 años, un anciano aparentemente manipulado por los ultraconservadores enemigos de las reformas de Francisco. Otros demandan legislar la inédita figura de un Papa emérito e imponer canónicamente su silencio y acotar toda intervención en el gobierno de la Iglesia. Dónde queda el papel de la disidencia dentro de la Iglesia, máxime cuando Ratzinger es uno de los más connotados intelectuales de Europa. Por supuesto que tiene el derecho de decir lo que quiera, tuiteó el jesuita estadunidense James Martin, pero dada su posición inédita, algunos podrían interpretar como un magisterio paralelo, que podría llevar a la desunión de la Iglesia. Algunos críticos le reprochan su frase: silere non oposum (no puedo guardar silencio) retomado de San Agustín. ¿Por qué Ratzinger cuando fue prefecto guardó silencio sobre los abusos sexuales a menores por cientos de sacerdotes? Flota la pregunta sobre legislar el rol de un papa emérito: ¿debe y tiene un papel al opinar o debe ser un mudo de piedra?
No hay un supuesto libro bomba. Sí, la percepción de una Iglesia envuelta en el caos. Sin duda, el episodio vuelve estremecer la percepción de una Iglesia fracturada. Las tensiones se recrudecen y la rebeldía conservadora asecha con virulencia bajo una atmósfera de tintes cismáticos. La imagen de la Iglesia sigue siendo dañada, desde hace lustros, por las luchas de poder intestinas e iniciativas innobles para dirimir conflictos internos y ventilarlos con deshonestidad en los medios. Para agudos analistas, no sólo se trata de presionar a Bergoglio por el celibato sino por la anunciada reforma de la curia. Bombardear a Francisco para debilitarlo y reblandecer su ímpetu reformista que afectaría una curia habituada a los privilegios, envuelta en la metástasis de la corrupción. Limitar la actuación internacional de un pontífice que se ha enfrentado a empresas y naciones en temas de ecología, migración y derechos humanos, es una apetitosa oferta para políticos.
Grupos fácticos seculares y religiosos quieren polarizar la relación entre Benedicto XVI y Francisco cuando en realidad sus diferencias no son antagónicas. Hay diferencias, pero continuidad entre ambos actores de una misma Iglesia que se resiste a transformarse. Las dolencias de Ratzinger son las mismas de la Iglesia: vejez, salud precaria y rebasamiento cultural de una sociedad moderna.

1/08/2020

La polémica contrarreforma al Estado laico



La iniciativa presentada el 11 de diciembre por la senadora de Morena Soledad Luévano propone reformas a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público que relegan el principio histórico de separación entre las iglesias y el Estado. Dicho principio está presente en los artículos 3, 40 y 130 constitucionales. De manera mañosa, justifica la eliminación de la separación Estado-iglesias para sustituirlo por el de libertad religiosa.
Como si la separación inhibiera las libertades. La redacción es hábil, pero en el fondo es otorgar privilegios a las iglesias como en el siglo XIX. A eso le llaman modernizar y poner al día una ley supuestamente obsoleta aprobada en julio de 1992. El presidente Andrés Manuel López Obrador se deslindó de la iniciativa el 17 de diciembre. Dijo: “No considero que modificar este principio ayude; al contrario, ya en su momento hubo una confrontación. Eso motivó hasta una invasión extranjera… Eso ya está resuelto desde hace más de siglo y medio. Se resolvió la separación del Estado y la Iglesia”. Pese al deslinde, el Senado la turnó a las comisiones de Gobernación y Estudios Legislativos. La iniciativa plantea abiertamente que iglesias y Estado puedan colaborar en favor de la sociedad, tema emblemático de AMLO. Es decir, que las Iglesias ayuden a restaurar el tejido social ante la violencia, la inseguridad, la corrupción y la impunidad.
Pese a las reacciones demoledoras de analistas y políticos, el senador Ricardo Monreal, principal promotor de la iniciativa, dijo que se discutirá primero por el grupo parlamentario para su aval. La estrategia ahora es demostrar que se respeta la laicidad del Estado y el principio de separación. En mi opinión, es una ley regresiva, a modo de los intereses de las iglesias, principalmente de la católica. En los medios la iniciativa ha sido tildada de contrarreforma y augura una reconfesionalización del Estado, lo cual traería tensiones sociales. Con el empoderamiento del conservadurismo católico y el fundamentalismo pentecostal se corre el riesgo de confrontar causas y conquistas de las mujeres, de la diversidad sexual y otros temas contemporáneos. Ya surgieron voces, como la de Rogelio Cabrera, presidente de la CEM, que, si bien reconoce el principio de separación Iglesia-Estado, admite tener el deseo que la propuesta de reforma pueda avanzar respetando nuestra historia, pero mirando hacia adelante [sic]. El arzobispo de Monterrey hace eco de la ambigüedad de la iniciativa que busca introducir la agenda e intereses de la Iglesia católica en la esfera pública bajo premisas plausibles. Además, confunde la reforma a la ley de asociaciones religiosas y culto público con la ley secundaria, pendiente aún, al artículo 24 sobre libertad religiosa. Ese es uno de los meollos de la polémica actual. El lapsus de Cabrera es una vieja aspiración católica de legislar una ley muy a modo de la reforma que, a jaloneos, la Iglesia católica obtuvo del artículo 24 constitucional. Lo que está a debate no es la ley a la libertad religiosa, sino que la redacción de la senadora zacatecana pareciera que se recuperan demandas católicas presentes desde 2012 en torno a la reforma del 24 constitucional. También el Partido Acción Nacional se ha manifestado por la iniciativa con ciertas reservas al grupo monrealista que representa la senadora Luévano, quien publicó en Excélsior (2/1/20): “Los ‘expertodólogos’ de Twitter”. Allí, más que fundamentar su propuesta, descalifica a los opositores. Dice: “me sorprendió la intolerancia de ‘los expertodólogos’ que ni siquiera aceptan que la iniciativa se abra al debate, pueden revisar el tuit de Denise Dresser en que afirma que mi iniciativa ‘no requiere debate ni parlamento abierto y punto’. Ella no es parte de los órganos legislativos ni fue a las urnas para ganarse el derecho de legislar, pero se siente con la autoridad para vetar el tema, porque representa a los dueños de la verdad absoluta en nuestro país”.
El riesgo no sólo es para la laicidad y el régimen de libertades, sino para las iglesias. Un enorme equívoco peligroso es la constantinización de las iglesias. Es decir, convertir a asociaciones religiosas en iglesias de Estado. O iglesias que aspiren acompañar el poder del Estado para provecho propio. Hay riesgos que consisten en abrir el espacio público del Estado a las iglesias deslindándose de un proyecto laico de nación. Flavio Valerio Aurelio Constantino, emperador romano en el siglo IV, se convirtió al cristianismo y sentó las bases para hacer del cristianismo la religión del imperio romano, es decir, el cristianismo se convirtió en religión de Estado. Muchos exégetas aseveran que éste perdió su veta profética para convertirse en una religión de cristiandad, es decir, secular y política ¿La 4T quiere convertir a los evangélicos en iglesias de Estado? ¿Estaríamos a las puertas de pentecostalizar la política y las elecciones? ¿El fin de la separación Estado-iglesias y el advenimiento de sensibilidades teocráticas regresivas?