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4/20/2025

Hugo Eric Flores y la conquista del espacio secular



En la más reciente apuesta del pentecostalismo por apropiarse del espacio secular, Hugo Eric Flores transformó al Legislativo en templo y al pódium de la Cámara de Diputados en púlpito. En el recinto, el representante de Morena arengó a pastores y creyentes evangélicos que exclamaban ¡amén!, en cada ocasión en que mencionaba a Dios o decía algo religiosamente trascendente.

Decidido a pisotear el Estado laico, convocó desde allí a la Marcha por Jesús. Ensoberbecido, advirtió: Estamos visibilizando un sector muy grande la población, que, de manera increíble está invisibilizado. Somos millones de personas que profesamos la fe cristiana. Nosotros vamos a ir a esa marcha a dar testimonio de que nuestra fe en Jesús nos cambió.

Encarrerado, el defensor del derecho de Israel sobre la franja de Gaza, demandó que las asociaciones religiosas tengan estaciones de radio y televisión y un régimen fiscal que las beneficie. Por si fuera poco, confesó en su homilía que desde su iglesia se promueven las asambleas para revivir al fenecido Partido Encuentro Social (PES), de claro corte confesional. Hasta la fecha llevan 20 reuniones estatales.

No fue el único orador en predicar y llamar a la movilización de los fieles desde San Lázaro. En el mismo acto, la pastora Rosy Garduño explicó: Esta marcha es precisamente donde vamos alabando, glorificando, reconociendo el poder de Dios que dio a través de su hijo Jesucristo y de su sacrificio maravilloso derramando su sangre por nosotros para levantarnos y liberarnos, ustedes dirán con cántico en vuestros corazones y cada golpe de la vara justiciera que asiente Jehová sobre sus enemigos será con panteros y será con arpas. Por eso invitamos a todos aquellos que creen y tienen una esperanza en Dios.

Curioso sentido de justicia el de Hugo Eric Flores. Él es presidente de la Sección Instructora de la Cámara de Diputados que absolvió a Cuauhtémoc Blanco, de la denuncia de intento de violación de su media hermana. Ambos se conocen bien. El ex futbolista fue postulado por el PES, fundado por el promotor de la teología de la prosperidad, como candidato a alcalde de Cuernavaca y gobernador de Morelos. Durante seis años fueron socios. Flores fue premiado por la 4T, al hacerlo superdelegado en la tierra del Caudillo del Sur, del 1º de diciembre de 2018 al 30 de noviembre de 2020.

Su paso en esa responsabilidad, se asocia con el asesinato a manos de pistoleros, del dirigente indígena de Amilcingo, Samir Flores, opositor al Proyecto Integral Morelos (PIM), que Hugo Eric defendió. Tan sólo un día después de que el representante del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua de Morelos, Puebla y Tlaxcala lo confrontó verbalmente en Jonacatepec, durante una asamblea informativa para promover el PIM, fue ultimado a balazos en su domicilio.

Entre 2017 y 2020, según El Sol de México, el predicador quintuplicó su patrimonio inmobiliario, con la adquisición de dos residencias. La primera, en junio de 2017, como dirigente del PES, con valor de 4 millones 750 mil pesos. Y, la segunda, en mayo de 2019, en el fraccionamiento Tabachines, donde Blanco tiene una casa. Ambas propiedades fueron pagadas en efectivo (https://shorturl.at/fuV4T).

Hugo Eric Flores defendió a los paramilitares que, el 21 de diciembre de 1997, asesinaron salvajemente a 45 integrantes de Las Abejas, que oraban pacíficamente en la ermita de Acteal. Participó, de manera central, en la operación para rescribir el crimen de Estado y disfrazarlo de conflicto interreligioso, para exculpar en la opinión pública a sus autores. Asesor del entonces presidente Ernesto Zedillo en 1999, ofreció a quienes eran abogados de los presos interceder ante el mandatario y su secretario particular.

Con parte de la información que le proporcionó Confraternice escribió El otro Acteal, financiado ilegalmente con recursos destinados a la asociación política Encuentro Social. Su narración busca exonerar a los homicidas materiales y encubrir a los intelectuales. El Instituto Federal Electoral rechazó la justificación de gastos que la asociación presentó para elaborar la obra, a cuenta de sus prerrogativas. En junio y diciembre de 2006, Nexos publicó dos entregas basadas en este tema, firmadas por Hugo Eric. Felipe Calderón se comprometió con él a revisar los expedientes judiciales de los presos por este tema. Por ese acuerdo salieron libres los paramilitares asesinos.

La trayectoria del hoy diputado está llena de chapulineo e irregularidades. Tras asesorar al mandatario priísta Ernesto Zedillo, en 2000 fue coordinador de asesores políticos e internacionales del presidente Fox. En 2003, su asociación Encuentro Social, se alió a Convergencia (hoy, Movimiento Ciudadano). En 2006, se acercó nuevamente al PAN, para apoyar la candidatura de Calderón. La alianza le dio frutos. Fue nombrado oficial mayor de la Semarnat. Sin embargo, le cayó la guillotina por falsificar documentos. La Secretaría de la Función Pública lo inhabilitó para trabajar en la administración federal. A pesar de su plataforma ultraderechista, en 2018 fue parte de la coalición Juntos Haremos Historia, que apoyó a Andrés Manuel López Obrador. En 2024 Morena lo hizo diputado.

Muestra inequívoca de su visión confesional de la política, en las páginas de este diario, Bernardo Barranco recuperó una entrevista a Flores aparecida en el libro de Mariano Ávila Arteaga, Entre Dios y el César: líderes evangélicos y política en México (1992-2002). “Queremos –dice allí– el poder para crear un modelo de gobierno de justicia y misericordia para que este pueblo voltee a ver a Dios. Eso será posible con gobernantes cristianos íntegros”.

Enemigo del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, opositor a la legalización del aborto, convencido de que el matrimonio homosexual es una moda, el líder evangélico busca apropiarse y desnaturalizar el espacio secular. Con él, la ultraderecha pentecostal avanza en México.

X: @lhan55

5/22/2024

Liderazgos evangélicos despistados y Xóchitl


Ofrecen lo que no está en sus manos dar. Liderazgos evangélicos que apoyan la candidatura presidencial de Xóchitl Gálvez magnifican una representación que no tienen, y a la vez le prometen apoyo en las urnas que muy difícilmente podrán hacer efectivo.

De acuerdo con el censo de 2020 la población protestante/evangélica del país fue de 11.2 por ciento. Al realizar readscripciones que el diseño del cuestionario del Instituto Nacional de Estadística y Geografía coloca en otras posibilidades de responder sobre preferencia religiosa, es probable que el porcentaje de quienes son integrantes del abanico que caracteriza al mundo protestante y evangélico sea en la actualidad de 15 por ciento, incluso más.

El cristianismo evangélico mexicano forma un abanico muy amplio. En él coinciden distintas vertientes confesionales que comparten un núcleo de creencias que las hace diferentes del catolicismo romano. Las afirmaciones centrales del movimiento son, en general, las enarboladas por Martín Lutero, y otros reformadores, en el siglo XVI: Sólo Cristo, la Escritura [Biblia] sola, la gracia sola, la fe sola, la gloria de Dios sola, énfasis a los cuales hay buena base para añadir el sacerdocio de todos los creyentes (C. René Padilla, El legado de la Reforma para América Latina. Riesgos, desafíos y oportunidades , Ediciones Kairós, Buenos Aires, 2017, p. 9). Le adiciona el activismo para ganar conversos y la integración de los mismos a una comunidad de fe en la cual ser discipulados.

Teniendo en cuenta lo anterior es necesario, también, enfatizar que hay varios modelos de bajar, por así decir, los principios mencionados a la realidad organizativa de cada expresión eclesiástica que se reconoce como protestante/evangélica. Lo mismo sucede en asuntos éticos y de preferencias políticas/electorales. Por tanto, es un desatino proyectar el voto protestante corporativo en favor de una opción partidista en las elecciones del 2 de junio.

Los liderazgos que se reunieron ayer con Gálvez, por muy rimbombantes títulos que se adjudican, sólo pueden expresar de manera personal su compromiso con la candidata; es un error pretender que tras ellos haya millones de posibles votantes favorables a la Coalición Fuerza y Corazón por México.

Unos 500 líderes acudieron a la convocatoria para reunirse con Xóchitl Gálvez. Varios fueron a escuchar, sin comprometerse a respaldar la candidatura del personaje que prometió, de llegar al poder, impulsar reivindicaciones pretendidamente protestantes/evangélicas. La reunión contó con el patrocinio de Kingdom Life México (KLM), agrupación que busca reproducir aquí las posiciones de la matriz con sede en Washington, cuya meta es llevar a instancias de poder y representación popular a hombres temerosos de Dios.

KLM ha organizado el que denomina Desayuno Nacional de Oración, el más reciente tuvo lugar el 30 de enero, en el exclusivo hotel St. Regis de la Ciudad de México, acto privado que reunió a líderes empresariales, funcionarios de gobierno, legisladores locales y federales, embajadores, sociedad civil y eclesiásticos de nuestro país con un único objetivo: construir en unidad la mejor versión de México (https://acortar.link/380znf). Kingdom Life, la matriz estadunidense, forma parte del evangelicalismo conservador que vitorea las políticas de Donald Trump. No ahondo más en esta organización, sino que remito a lo escrito en estas páginas por Bernardo Barranco (https://acortar.link/Ec6zCW).

Uno de quienes acordó la reunión con el equipo de Xóchitl anunció que ante un liderazgo [político] caótico y con falta de valores, y que como se hizo a las iglesias a un lado de las cuestiones políticas, ese campo lo tomó mucha gente sin valores ni principios, y ese es el resultado que tenemos hoy en día, en el que nuestra nación ha sido muy dañada. Propone una solución: que lleguen a puestos de poder muchos ministros [que] son profesionales y muy talentosos, los que podrían representar un liderazgo valioso para la nación si fueran candidatos, pero como la ley en México lo prohíbe, no se puede. Desde su óptica lo conducente es cambiar la ley (https://acortar.link/bg00Dy). ¿Estará enterado de la desastrosa actuación de los políticos evangélicos en los países de América Latina donde las leyes facultan su acceso al poder?

Las palabras citadas son de Carlos Gordillo, presidente de la Coalición Internacional Mexicana de Apóstoles. Él y otros que se hacen llamar apóstoles y/o profetas creen que son una casta especial, por lo cual sus feligreses deben obedecerles. Poner en cuestionamiento sus alucines, así como pedirles explicaciones de su pretendida condición cuasi divina, puede desatar estigmatizaciones contra los rebeldes. Muy su gusto electoral el de los personajes que ofrecieron apoyo a Xóchitl. Otra cosa es que la promesa fructifique en el diversificado abanico evangélico/protestante mexicano, el cual mostrará en las urnas su pluralidad política/electoral.

3/05/2020

Transparentar organizaciones religiosas


La Jornada: 
Editorial


El titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda, Santiago Nieto, informó ayer que la dependencia a su cargo ha bloqueado cuentas bancarias por un monto de 4 mil 554 millones de pesos, y promovido 177 denuncias penales por operaciones de depósito y retiro que suman más de 600 mil millones de pesos, en recursos vinculados con narcotráfico, secuestros, trata de personas, defraudación fiscal vía empresas factureras, entre otros ilícitos.
En particular, el funcionario se refirió a la detección de un posible fraude fiscal en contra del Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores (Infonavit) por cinco mil millones de pesos, así como al bloqueo de cuentas por 359 millones de pesos y un millón y medio de dólares a seis personas relacionadas con la asociación religiosa La Luz del Mundo.
La investigación de La Luz del Mundo reviste una particular gravedad en tanto esta agrupación no sólo habría practicado el engaño para hacer que sus seguidores le donaran sus pertenencias, sino que además estaría involucrada en pornografía infantil y explotación sexual. Cabe recordar que el líder de esa iglesia, Naasón Joaquín García, se encuentra bajo arresto en Estados Unidos, donde es acusado de tráfico de personas, producción de pornografía infantil y violación de una menor, entre otros delitos.
Los nuevos indicios acerca de las prácticas de desfalco financiero y depredación sexual dentro de esta organización religiosa llaman a reflexionar en torno al fenómeno de las asociaciones de muy diversos tamaños que usan una fachada religiosa para llevar a cabo propósitos meramente lucrativos. En efecto, La Luz del Mundo es un culto notorio por las dimensiones que ha alcanzado y por la parafernalia de poder de la que se hace acompañar (cuyo símbolo máximo son sus fastuosos templos, entre los que se cuenta el mayor recinto religioso de América Latina), pero de ninguna manera es el único caracterizado por la ausencia de una verdadera religiosidad, es decir, por un vacío teológico y espiritual que se colma con discursos sintéticos dirigidos a explotar económicamente las necesidades espirituales de sus feligreses. Otro ejemplo de empresa disfrazada de organización religiosa surgida en nuestro país y luego internacionalizada lo constituyen los Legionarios de Cristo del fallecido Marcial Maciel, quienes además comparten con el emporio familiar de los Joaquín (cuatro generaciones de ellos han dirigido La Luz del Mundo desde que Eusebio Joaquín González la fundó en 1926) la complicidad urdida en torno a los actos de abuso sexual de su líder.
El problema para la ciudadanía y para las autoridades radica en la dificultad de discernir entre las legítimas necesidades financieras de operación y sostenimiento de las actividades religiosas efectuadas por las iglesias, por una parte, y la ambición de riquezas de los dirigentes, por otra. Hacer esa distinción es importante para el conjunto de la sociedad, pues, como evidencia el caso actual, la opacidad con que las asociaciones religiosas obtienen y manejan sus recursos es campo fértil para la comisión de todo tipo de ilícitos.
Por todo lo expuesto, resulta urgente un marco legal específico que permita atajar cualquier uso inapropiado del poder económico y social de las iglesias, sin poner en entredicho la libertad de creencias de los feligreses. Asimismo, en el caso particular de La Luz del Mundo, está claro que la investigación anunciada ayer debe trascender el ámbito fiscal y llevar ante la justicia a cualquier integrante de este culto implicado en los crímenes de pornografía infantil y explotación sexual por los que ya se encuentra preso su líder.

3/03/2020

Un riesgo para el Estado, abrir las puertas de la política a las iglesias


El presidente Andrés Manuel López Obrador es quien más ha utilizado lo religioso como un activo político y su actitud ha provocado un desorden tanto en el gobierno como en las propias iglesias, afirmó Bernardo Barranco, colaborador de La Jornada, en la presentación del libro AMLO y la religión, del cual es coautor.

En la 41 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el domingo pasado, destacó que es un hecho inédito en la vida moderna la intención de involucrar a las iglesias en la esfera de las políticas públicas. El riesgo es tener un Estado que tiende a abrirse en lo religioso, contraviniendo una historia muy nuestra que pueda traer más confusiones.

Añadió que puede provocar la ambición de ciertas asociaciones religiosas de convertirse en iglesias de Estado, una especie de neoconstantinización. La tentación –continuó– es que muchas encuentren en esta apertura esta posibilidad de convertirse en ejecutoras de programas de gobierno, de ser legitimadoras del régimen, de tener por tanto una injerencia en los asuntos políticos que habían sido tradicionalmente seculares.

Barranco destacó que la laicidad es un ejercicio de libertad, garantiza las libertades de los mexicanos de creer o no, garantiza a las minorías, las creyentes y no creyentes, por tanto la primera condición que la defiende es ésta, sin la cual la democracia no madura.

Acompañado de la diputada federal Martha Tagle (Movimiento Ciudadano) y el especialista en asuntos religiosos Leopoldo Cervantes, destacó que el mensaje El estado laico, bajo amenaza, que acompaña el título del libro, el cual escribió con Roberto Blancarte, es la esencia de lo que plantea éste. El tema, añadió, se debate no sólo en México, sino en América Latina.

En la región, afirmó, hay grupos pentecostales importantes “que han hecho de lo político una herramienta de posicionamiento y un instrumento de poder.

Sobre todo, la cereza del pastel es Brasil, donde dos grandes iglesias se han posicionado y han colocado ahí probablemente al presidente evangélico más representativo de toda esta ola que estamos viviendo, que es Jair Messias Bolsonaro”.

Periódico La Jornada
Martes 3 de marzo de 2020, p. 5

1/18/2020

El Estado laico en riesgo


estadolaico_CésarMartínezLópez
Los avatares de la laicidad en México ante el embate de líderes religiosos con ambiciones políticas han encontrado en el presidente de la República a un impulsor de los valores religiosos en el espacio público. Desde 2018, se mina la separación entre iglesias y Estado a través un discurso que enarbola “valores”, referencias a la “moral” y alusiones a ideas religiosas que deberían quedar fuera del ámbito político. No se trata, como en sexenios anteriores, sólo de iglesias que violan la ley y buscan orientar el voto o condenan el derecho a decidir de las mujeres, ni de gobernadores o alcaldes que encomiendan “su” territorio al corazón de Jesús o a la Virgen. Se trata ahora de un presidente que se ha convertido en “actor central en el regreso de la religión a la vida pública en México”, que se atribuye y le atribuye al Estado la tarea de formar y difundir una moral, de la mano de iglesias evangélicas, sin importarle violar, entre otros, los artículos 3, 24 y 40 de la Constitución Política. 
Así lo sugieren Roberto Blancarte y Bernardo Barranco, especialistas en laicidad y religión, en “AMLO y la religión. El Estado laico bajo amenaza”, libro que destaca por la claridad y mesura con que exponen los riesgos de la “irrupción” religiosa para la laicidad del Estado y la convivencia social en un mundo en que el uso político de la religión ha favorecido el ascenso de líderes autoritarios y contribuye a la polarización en sociedades diversas.
Blancarte, por ejemplo, inscribe el discurso moralista de AMLO dentro de un programa populista que conlleva la idea de  “pacificar” al país mediante el impulso de valores morales, con apoyo de las iglesias, lo que resulta contradictorio puesto que éstas mismas forman parte de la “crisis de valores” y son responsables del “quebranto ético” ( y de su propia crisis de autoridad, como muestran los casos de corrupción o pederastia en el Vaticano o la Luz del mundo, por ejemplo). Con apego a la defensa de la laicidad, cuyos principios son el respeto a la libertad de conciencia, la autonomía de la política y de la sociedad civil frente a la religión, y la no discriminación (79-80), Blancarte aclara que el Estado laico es “imparcial”, no neutro ante la religión, por lo que el discurso religioso en la política no puede justificarse como respeto hacia todas las religiones o creencias. Al Estado no le corresponde ocuparse de la moral, ni imponer creencias individuales, así sea en la búsqueda de la “felicidad” o del “Reino de la Justicia”.
Por su parte, centrado en las acciones de las iglesias evangélicas que han ganado terreno con AMLO, Barranco se detiene en la trayectoria del “político evangélico” Hugo Flores y del “evangélico político” Arturo Farela, cuyos afanes muy terrenales coinciden con los desvelos por la moral pública que el presidente pretende encauzar a través de una Constitución moral y de la Cartilla moral, distribuida por integrantes de Cofraternice. Barranco advierte, una vez más, el peligro que significan las ambiciones políticas de las iglesias evangélicas que buscan acceder a los medios masivos para difundir su ideología, conservadora y contraria a las libertades de las mujeres y de la diversidad, más allá de los espacios que ya ocupan (gracias a la negligencia oficial) en la barra nocturna de TV, TV por cable y radio.  En este sentido, sus reflexiones acerca de la pretendida reforma a la Ley de Asociaciones Religiosas, que ampliaría la difusión religiosa a través de lo que es un bien público y hasta podría dar voto pasivo al clero, son lectura imprescindible, sobre todo en un año en que la SCJN examinará casos relacionados con la objeción de conciencia y la despenalización del aborto.
Si el presidente, que a ratos se asume predicador, bajo pretexto de “moralizar” la vida pública, da a ciertas iglesias privilegios que otras también exigirán, no estará respetando la libertad religiosa sino abriendo la puerta a la discordia. La separación del Estado y de las iglesias debe por ello fortalecerse.  CIMACFoto: César Martínez López
Ciudad de México.- 

1/08/2020

La polémica contrarreforma al Estado laico



La iniciativa presentada el 11 de diciembre por la senadora de Morena Soledad Luévano propone reformas a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público que relegan el principio histórico de separación entre las iglesias y el Estado. Dicho principio está presente en los artículos 3, 40 y 130 constitucionales. De manera mañosa, justifica la eliminación de la separación Estado-iglesias para sustituirlo por el de libertad religiosa.
Como si la separación inhibiera las libertades. La redacción es hábil, pero en el fondo es otorgar privilegios a las iglesias como en el siglo XIX. A eso le llaman modernizar y poner al día una ley supuestamente obsoleta aprobada en julio de 1992. El presidente Andrés Manuel López Obrador se deslindó de la iniciativa el 17 de diciembre. Dijo: “No considero que modificar este principio ayude; al contrario, ya en su momento hubo una confrontación. Eso motivó hasta una invasión extranjera… Eso ya está resuelto desde hace más de siglo y medio. Se resolvió la separación del Estado y la Iglesia”. Pese al deslinde, el Senado la turnó a las comisiones de Gobernación y Estudios Legislativos. La iniciativa plantea abiertamente que iglesias y Estado puedan colaborar en favor de la sociedad, tema emblemático de AMLO. Es decir, que las Iglesias ayuden a restaurar el tejido social ante la violencia, la inseguridad, la corrupción y la impunidad.
Pese a las reacciones demoledoras de analistas y políticos, el senador Ricardo Monreal, principal promotor de la iniciativa, dijo que se discutirá primero por el grupo parlamentario para su aval. La estrategia ahora es demostrar que se respeta la laicidad del Estado y el principio de separación. En mi opinión, es una ley regresiva, a modo de los intereses de las iglesias, principalmente de la católica. En los medios la iniciativa ha sido tildada de contrarreforma y augura una reconfesionalización del Estado, lo cual traería tensiones sociales. Con el empoderamiento del conservadurismo católico y el fundamentalismo pentecostal se corre el riesgo de confrontar causas y conquistas de las mujeres, de la diversidad sexual y otros temas contemporáneos. Ya surgieron voces, como la de Rogelio Cabrera, presidente de la CEM, que, si bien reconoce el principio de separación Iglesia-Estado, admite tener el deseo que la propuesta de reforma pueda avanzar respetando nuestra historia, pero mirando hacia adelante [sic]. El arzobispo de Monterrey hace eco de la ambigüedad de la iniciativa que busca introducir la agenda e intereses de la Iglesia católica en la esfera pública bajo premisas plausibles. Además, confunde la reforma a la ley de asociaciones religiosas y culto público con la ley secundaria, pendiente aún, al artículo 24 sobre libertad religiosa. Ese es uno de los meollos de la polémica actual. El lapsus de Cabrera es una vieja aspiración católica de legislar una ley muy a modo de la reforma que, a jaloneos, la Iglesia católica obtuvo del artículo 24 constitucional. Lo que está a debate no es la ley a la libertad religiosa, sino que la redacción de la senadora zacatecana pareciera que se recuperan demandas católicas presentes desde 2012 en torno a la reforma del 24 constitucional. También el Partido Acción Nacional se ha manifestado por la iniciativa con ciertas reservas al grupo monrealista que representa la senadora Luévano, quien publicó en Excélsior (2/1/20): “Los ‘expertodólogos’ de Twitter”. Allí, más que fundamentar su propuesta, descalifica a los opositores. Dice: “me sorprendió la intolerancia de ‘los expertodólogos’ que ni siquiera aceptan que la iniciativa se abra al debate, pueden revisar el tuit de Denise Dresser en que afirma que mi iniciativa ‘no requiere debate ni parlamento abierto y punto’. Ella no es parte de los órganos legislativos ni fue a las urnas para ganarse el derecho de legislar, pero se siente con la autoridad para vetar el tema, porque representa a los dueños de la verdad absoluta en nuestro país”.
El riesgo no sólo es para la laicidad y el régimen de libertades, sino para las iglesias. Un enorme equívoco peligroso es la constantinización de las iglesias. Es decir, convertir a asociaciones religiosas en iglesias de Estado. O iglesias que aspiren acompañar el poder del Estado para provecho propio. Hay riesgos que consisten en abrir el espacio público del Estado a las iglesias deslindándose de un proyecto laico de nación. Flavio Valerio Aurelio Constantino, emperador romano en el siglo IV, se convirtió al cristianismo y sentó las bases para hacer del cristianismo la religión del imperio romano, es decir, el cristianismo se convirtió en religión de Estado. Muchos exégetas aseveran que éste perdió su veta profética para convertirse en una religión de cristiandad, es decir, secular y política ¿La 4T quiere convertir a los evangélicos en iglesias de Estado? ¿Estaríamos a las puertas de pentecostalizar la política y las elecciones? ¿El fin de la separación Estado-iglesias y el advenimiento de sensibilidades teocráticas regresivas?

12/21/2019

Llaman al Senado a no discutir iniciativas que atenten contra Estado laico


 El colectivo “Mujeres por un Estado laico” hizo un llamado al Senado de la República a respetar la laicidad del Estado, al tiempo que rechazaron la iniciativa de ley propuesta por la senadora del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), María Soledad Luévano Cantú, que busca eliminar el Estado laico.
En un comunicado, señalaron su preocupación ante esta propuesta que atenta contra el Estado laico “bajo el pretexto de garantizar un Derecho Humano como lo es la libertad de pensamiento, conciencia y participación en las decisiones de política pública e incluso en la puesta en práctica de las mismas”.
Agregaron que esto está muy alejado de la verdad toda vez que el Estado laico hace posible la defensa y promoción de los Derechos Humanos pues la laicidad es garante de dichas libertades, puesto que permite el ejercicio de la libertad de pensamiento, conciencia y libertad religiosa al reconocerle a la persona el derecho a adoptar la religión que se quiere, así como no pertenecer a ninguna.
Para las mujeres, dice el colectivo, el Estado laico representa una garantía en la defensa de sus Derechos Humanos debido a que no puede utilizarse ninguna creencia religiosa o prejuicio basado en la misma para impedir el ejercicio de sus derechos.
Por lo que instaron al poder legislativo a renovar el pacto social expresado en el Artículo 40 constitucional que señala:
“Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental”.
Finalmente, pidieron a las instituciones de la República, cumplir con la ley y respetar el Estado laico.
Aquí puedes leer la iniciativa completa:

11/22/2019

Congreso de Quintana Roo viola Estado Laico y realiza Foro Provida

Andrea Franco
“Evidenciamos y denunciamos la incongruencia de las autoridades involucradas en la realización del foro denominado ‘Cada Vida Importa’, con tintes claramente religiosos y posturas anti derechos, mismo que fue llevado a cabo el día de hoy en el recinto del H. Congreso del estado de Quintana Roo”, sentenciaron integrantes del colectivo Marea Verde.
Precisaron que el evento fue una clara afrenta y violación al Estado Laico, y por supuesto a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y calificaron como “vergonzoso” que las distintas autoridades estatales continúen pronunciándose en contra de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, cuando deberían estar legislando a favor de ellos.
Consideraron que prevalece un doble discurso y recordaron que el Estado mexicano es Laico, por lo que debe separarse de la Iglesia por lo que condenaron la realización del Foro por parte de grupos antiderechos entre los que se encuentra “Conciencia Nacional por la Libertad Religiosa” y el “Consejo Interreligioso del Estado de Quintana Roo”, ambos se han pronunciado por “el derecho a la vida desde la concepción”.
 “Exhortamos entonces a las autoridades a recapacitar sobre su actuar, demostrar un correcto uso de su representación popular, puesto que este tipo de acciones regidas por creencias particulares son una afrenta directa contra los Derechos Humanos de las mujeres”.
La diputada por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Reyna Durán, precisó que el espacio fue gestionado por la coordinadora del Grupo Parlamentario del PAN y presidenta de la Comisión de Equidad de Género, Atenea Gómez.
Cabe recordar que el PAN apoya la propuesta ciudadana para crear el “Instituto Estatal de la Familia” y la creación de un “Código Familiar”.


Chetumal, QRoo.

10/31/2019

El imparable avance de las iglesias evangélicas en América Latina


Lucía Luna


El presidente López Obrador reunido con miembros de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice) Foto: Especial El presidente López Obrador reunido con miembros de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice) Foto: Especial

 (apro).- En el marco de las elecciones generales en Bolivia, el diario español El País publicó una nota titulada “los pequeños Bolsonaros bolivianos”, en la que daba cuenta de dos candidatos de filiación evangélica, que si bien tienen todavía un apoyo muy minoritario en el país andino, evidencian la voluntad de participar en política de una corriente religiosa que se ha ido abriendo paso aceleradamente en toda la región.
Uno es Víctor Hugo Cárdenas, el primer indígena en la historia de Bolivia que logró escalar hasta la vicepresidencia del país (1993-1997). Criado como protestante en la zona del lago Titicaca, militó muchos años en las filas del indigenismo, pero nunca comulgó con el líder cocalero y luego presidente Evo Morales; y esta vez decidió contender contra él. Se presentó por un partido tradicional, la Unión Cívica Solidaridad, pero se hizo acompañar por un pastor evangélico, Humberto Peinado, conocido por liderar un movimiento anti aborto. Las encuestas le daban un 3% de intención de voto.
El otro, Chi Hyung Chung, es un candidato emergente y atípico. Nacido surcoreano, llegó a Bolivia a los 12 años, en una misión encomendada a sus padres por la Iglesia Presbiteriana de Corea, que empezó modestamente y ahora tiene 70 iglesias, una clínica, una universidad y múltiples negocios en territorio boliviano. Él, hizo carrera de forma paralela como empresario y pastor.
Pero el “Dr. Chi”, como lo llama la gente, también quiso siempre incursionar en política. Y tuvo suerte. Primero, porque un cambio constitucional en 2009 eliminó el requisito de que los presidentes bolivianos fueran nacidos en el país; y segundo, porque a mitad de la campaña renunció el candidato del Partido Demócrata Cristiano, integrado básicamente por católicos, pero que no vaciló en llamarlo como su sustituto. Los sondeos le daban un 7%.
Sobra decir que ambos candidatos hicieron campaña con una agenda muy similar. A favor de la familia y la vida, y no sólo contra el aborto, sino contra la llamada “ideología de género” y cualquier tipo de derecho a las denominadas sexualidades alternativas. Y en el camino soltaron algunas perlas discursivas. Cárdenas propuso que para frenar la violencia contra las mujeres se les dieran a ellas armas de fuego. Y el “Dr. Chi” sentenció que los recientes incendios en la Amazonia boliviana eran “un castigo de Dios” por las prácticas homosexuales.
Transcurridos los comicios, Cárdenas quedó en los porcentajes previstos. Pero el “Dr. Chi” ascendió casi a un 9% y, aunque lejos, quedó en tercer lugar después de Evo Morales y Carlos Mesa, desplazando a otras formaciones de larga tradición en Bolivia, algunas sustentadas en la doctrina social católica.
Ciertamente el escenario político boliviano está muy lejos de otros en América Latina, donde las corrientes evangélicas ya han llegado a puestos de poder, como en Brasil o Guatemala; o ejercen fuertes presiones sobre la agenda pública, como en Costa Rica, Honduras, Colombia, Chile e, inclusive, México. Pero refleja una tendencia que, según datos de la BBC, hace que uno de cada cinco latinoamericanos se sienta ya representado por una Iglesia evangélica.
Este incremento en las filas evangélicas ha significado un decremento casi proporcional en la filiación católica, antes dominante en la región. Según Latinobarómetro, del 80% de la población que se declaraba como tal en 1996, ahora se ha bajado a 60%. En cambio, las denominaciones protestantes y evangélicas arañan ya casi el 20%. Un porcentaje alto, si se considera que, según el Pew Research Center (PRC), en los años setenta apenas rondaba el 4%. Esa cifra ascendió gradualmente en los decenios siguientes, pero en el siglo XXI prácticamente se duplicó.
Su crecimento sin embargo ha sido diferenciado en términos nacionales. De acuerdo con el mismo PRC, los porcentajes más altos están en Centroamérica, ya que en Guatemala, Honduras y Nicaragua los evangélicos superan el 40%. Les sigue Brasil, con cerca de 27%; y luego Costa Rica y Puerto Rico, con alrededor de 20%. Y en Argentina, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela se calcula que al menos 15% se identifica ya con esta corriente.
En México, que en contra de la tendencia regional se mantiene con el mayor índice de católicos (80%), al menos 10% se dice ya miembro de alguna denominación evangélica. Y la única excepción es Uruguay, donde tanto católicos (37.5%) como evangélicos (4%) ostentan porcentajes muy bajos, mientras que hasta 31% declara no pertenecer a ninguna religión. Este último rubro es el que más ha crecido en América Latina, comparado con el ascenso evangélico, al pasar en los últimos 15 años del 6% al 16%. La gran diferencia es que no está organizado.
Hay que recordar que el fenómeno evangélico no es nuevo en la región latinoamericana, ya que las primeras misiones llegaron a fines del siglo XVIII, luego de la independencia en Estados Unidos. También debe observarse que la llamada “gran familia protestante” tiene múltiples denominaciones. Están las tradicionales, como presbiterianos, bautistas y metodistas; y las más nuevas, llamadas pentecostales o neopentecostales. Estas últimas son las que han incursionado impetuosamente en el escenario político.
La investigadora de FLACSO México, Gisela Zaremberg, cifra el éxito político electoral de estas Iglesias en “tres transformaciones”. La primera, el desplazamiento de pequeños templos en zonas marginales a modernas megaiglesias en barrios de clase media o alta, que cumplen un papel aspiracional y de movilidad social.
La segunda, que funcionan como empresas trasnacionales que divulgan la “teología de la prosperidad”, según la cual los creyentes deben disfrutar de los bienes de la creación divina en esta misma tierra. La doctrina proclama el empoderamiento individual, pero también la felicidad colectiva del pueblo de Dios; exige una disciplina férrea, divulgación de la palabra y donaciones en especie o en efectivo.
Todas estas prácticas aumentan la posibilidad de una recompensa divina que, según los líderes, incluye que los evangélicos también están destinados a ocupar exitosamente cargos públicos (tercera transformación). Y según advierte Zaremberg, hay corrientes llamadas “reconstruccionistas”, que inclusive plantean “reconstruir” las democracias como teocracias.
Por su parte, el investigador Carlos Malamud del Real Instituto Elcano contrpone esta “teología de la prosperidad” a la “teología de la liberación” que en los decenios de 1960 y 1970 creó toda una generación de curas católicos revolucionarios, obreros y campesinos que se involucró con los sectores sociales más desfavorecidos. Y se pregunta qué tanto incidió el ataque sistemático del Vaticano contra esta vertiente teológica, que en los hechos acabó con la “opción preferencial por los pobres”, en el decremento de los fieles católicos y el ascenso de las Iglesias evangélicas.
En todo caso las fechas coinciden. Ahora que se suman los políticos de esta filiación, o que se sirven de ella, parece olvidarse que uno de los primeros en América Latina fue el peruano Alberto Fujimori, en 1990. Prácticamente desconocido por el pueblo, el candidato de origen japonés logró el apoyo de varias Iglesias evangélicas para postularse. E inclusive el pastor bautista Carlos García lo acompañó como vicepresidente en su fórmula Cambio 90, que también postuló al Congreso a unos 50 fieles evangélicos, de los que 14 fueron elegidos.
En esto sin duda el caso más notorio es el del Congreso brasileño, que cuenta con decenas de parlamentarios evangélicos, quienes junto con los representantes del sector militarista y el agropecuario integran la llamada Bancada BBB: Biblia, Bala y Buey. Ellos han decidido en los últimos años la vida política de Brasil: el ascenso y caída de Lula y Dilma Rouseff, y el triunfo de Jair Bolsonaro. Ninguno de ellos es evangélico, pero no hubiera llegado sin su apoyo. Sí lo son, la excandidata presidencial y exministra de Medio Ambiente de Lula, Marina Silva; y el actual alcalde de Río de Janeiro, el pastor metodista Marcelo Crivella.
Donde un evangélico sí llegó ya a la presidencia es en Guatemala, encarnado en el pastor y antiguo cómico Jimmy Morales. Y en Costa Rica estuvo cerca de hacerlo otro predicador, Fabricio Alvarado, quien aunque perdió por un amplio margen en la segunda vuelta frente al candidato oficialista, consiguió un nada despreciable 39% de los votos, sustentado en su oposición a la resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor del matrimonio igualitario.
En Venezuela y Colombia, el año pasado los pastores evangélicos Javier Bertucci y Jorge Antonio Trujillo se presentaron respectivamente como candidatos a la presidencia. Ninguno tuvo mayor repercusión electoral; pero en 2016 los evangélicos colombianos sí mostraron su fuerza al movilizarse por el NO en el plebiscito sobre el acuerdo de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Y sin duda también jugaron un papel en el triunfo de Iván Duque, que devolvió la presidencia al partido Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe.
Ningún análisis deja de mencionar tampoco que en México el candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador se coaligó con el Partido Encuentro Social (PES), de base evangélica. Y aunque no se puede afirmar que éste fue decisivo en su triunfo, ya que inclusive perdió su registro por falta de votos, sí se observa que mantuvo una influencia sobre la agenda gubernamental, mediante una representación parlamentaria que cabildea en favor de sus intereses  y valores.
Pero “intereses” es probablemente la palabra clave. Porque si bien la agenda evangélica basada ante todo en valores morales enfocados en la familia y la sexualidad parece ser un vínculo natural con los sectores políticos y sociales más conservadores del ámbito latinoamericano, lo cierto es que algunos de sus pastores más influyentes han apoyado pragmáticamente a partidos diversos, con el simple objetivo de acceder a espacios de poder.
La investigadora de FLACSO Zaremberg dice que están muy bien organizados, lo que les permite ser “flexibles”. Aprovechan las alianzas y las posiciones que van ganando para avanzar sutilmente desde dentro. No necesitan confrontarse directamente, sino manipular, tergiversar o vaciar de contenido ciertas prácticas opuestas a lo que ellos predican. Cuentan además con su red de iglesias, disponen de medios masivos de comunicación y son muy activos en redes sociales; donde, ahí sí, continúan exponiendo su doctrina sin cortapisas.
Una operación de pinzas que ha dado frutos. Tal vez el sector de los no creyentes, que es el otro que más crece en América Latina, debería también empezar a pensar en organizarse.




8/21/2019

La telepredicación: obsolescencia y laicidad



La pretensión de las iglesias por poseer medios de comunicación, como radio y televisión, se antojan aspiraciones tardías en el mundo actual de Internet y las nuevas plataformas. La terquedad ha durado lustros, mismo que las nuevas tecnologías están rebasando la eficacia y penetración de los medios tradicionales. Los jóvenes habitan otros espacios a los tradicionales. Entonces, ¿por qué algunas iglesias se empeñan no sólo estar presentes en los cuadrantes, sino en la posesión de medios? Es una cuestión de poder. Los medios son símbolo de estatus como lo ha hecho valer en Brasil la Iglesia Universal del Reino de Dios, al poseer la segunda cadena de televisión más grande el país. En 1989 compraron la Red Record por 45 millones de dólares y pagaron otros 300 millones de dólares de deudas que la emisora paulista tenía, siendo así la estación de difusión de programas religiosos con mayor parte en su programación. Sin embargo, para poder ser competitiva esta cadena tuvo que adecuar su programación como cualquier emisora comercial con novelas, deportes, series y concursos.

La iglesias en México ya están presentes en los medios ante el disimulo de las autoridades. El tema de fondo no es el acceso de las iglesias a los medios, sino la posesión de estaciones y canales de penetración masiva. La difusión de doctrinas, creencias y proselitismos en los medios es una realidad desde hace décadas. El acceso existe y depende de la capacidad económica de cada confesión. Basta sintonizar muy noche televisión y radio para encontrar una variedad de programas religiosos. Televisa vende su barra a la mencionada iglesia brasileña, Iglesia Universal del Reino de Dios, que en México se llama Pare de Sufrir, una bizarra mezcla de religión y mercado, de empresa eclesial e iglesia empresarial. Y que en Brasil apoyó de manera decidida al triunfo de Jair Messias Bolsonaro como presidente. Por otra parte, Televisa desde 2008, ha emitido más de mil capítulos de rústica moralina, nos referimos a la serie La Rosa de Guadalupe. En cada capítulo se relata un milagro realizado por la Virgen, como fuente de inspiración y esperanza de la fe popular. Las limitaciones de la ley no han sido obstáculos para que iglesias tengan diversas difusoras de radio, piratas o bajo prestanombres. 

La Iglesia católica maneja estaciones religiosas a través de asociaciones civiles en apariencia entidades no religiosas. En el sureste y Pacífico norte hay docenas de radios evangélicas que operan de manera irregular. En la televisión de paga se difunden decenas de canales religiosos cuya producción se origina desde otros países. Valdría la pena preguntarse por qué los distintos gobiernos han tolerado la notoria violación a la ley y a la laicidad mexicana. En el portal de María Visión, canal católico que opera desde Edomex, Jalisco y Ciudad de México, se lee: “A tres meses de haber salido al aire el 11 febrero de 1994, día de Nuestra Señora de Lourdes, nos convertimos en una señal satelital trasmitiendo a través del satélite Morelos II con un potencial en señal abierta de 4.5 millones de telehogares en el ámbito nacional y 1.5 millones en el internacional”. Otra modalidad son los acuerdos y convenios entre estaciones comerciales y asociaciones religiosas. Los concesionarios comerciales venden sus espacios al aire a programas de contenidos religiosos de corte proselitista que vulnera la equidad que debe garantizar el Estado. Además de Televisa y Tv Azteca, destacan las radios de alcance nacional, como Radio Fórmula o Radio 620. Insistimos: ¿la Secretaría de Gobernación se hace de la vista gorda desde hace lustros y tolera en cientos de emisiones difundidas en todo el país? ¿Los prestanombres son salidas leguleyas? Como el bochornoso caso de IFT que otorgó una concesión a una asociación civil evangélica llamada La Visión de Dios.

Gran parte de la oferta religiosa en el espectro radioeléctrico goza de muy baja audiencia. Hay que expresarlo con claridad, no estamos ante emisiones estimulantes. Por el contrario, priman el tedio y los discursos excluyentes. En el mejor de los casos, un rosario patético de relatos moralinos. Muchos son homófobos, cargados de odio que ahora tanto lamentamos.

Una tarea central de toda Iglesia es el proselitismo. La complejidad de nuestras sociedades ha obligado a las instituciones religiosas a replantearse cómo ganar adeptos. La pastoral parroquial, la palabra escrita y el contacto personal puerta en puerta desde hace décadas resultan métodos insuficientes. La comparecencia religiosa en los medios, desde la década de 1970, fue considerada una presencia estratégica. La respuesta fue la exaltación del carisma. Las iglesias electrónicas explotaron a sus telepredicadores y la Iglesia católica enalteció la figura del papa Juan Pablo II como superestar. Los riesgos de la comercialización y la banalización se hicieron patentes. Hasta principios de siglo tal aspiración era justificada. Hoy me pregunto su eficacia ante las nuevas tecnologías.

Frente al caos de la simulación, no tendría problema que se legislara el acceso a las iglesias, siempre que se hiciera sobre el piso parejo. La laicidad del Estado no establece distingo ni privilegio a ninguna Iglesia aunque sea mayoritaria. Ante casi 9 mil registros de asociaciones religiosas, ¿el Estado podrá responder con equidad para que los mensajes proselitistas sean transmitidos bajo principios de igualdad? ¿Qué criterios proporcionales se aplicarían? Si la Cuarta Transformación concede medios a algunas iglesias, favorecerá inequidad. Diversas minorías se verían discriminadas, religiosas y seculares, de tomar una decisión el gobierno deberá conformar un esquema equilibrado y equitativo.

8/02/2019

4T: la espada y la cruz



Religión y Estado. En las sociedades que durante tres siglos fueron objeto de la colonización occidental, ambos temas constituyen problemáticas importantes no sólo en términos de sus propias singularidades, sino, además, en las relaciones que se establecen entre una dimensión y la otra en el espacio público y las dinámicas de configuración de la subjetividad de las naciones en las cuales actúan.
Ambas, en su especificidad, implican un serio cuestionamiento si bien no a la totalidad de las personas que habitan un país, si a grandes sectores de su población por una razón fundamental: religión y Estado, en sus configuraciones ideológicas e históricas hegemónicas, han significado en las periferias globales procesos muy extensos, intensos y profundos de explotación, de aniquilamiento de la diversidad social y de disciplinamiento de las formas de reproducir la práctica política. Pero ello, hay que insistir, no porque una y otro sean, en sí mismos (como por naturaleza), esas grandes estructuras destinadas a operar estas dinámicas como una suerte de destino manifiesto o proyecto de realización de sus fundamentos.
Y es que, si de algo da cuenta la Historia de la humanidad es que, en su curso, ha existido una multiplicidad de configuraciones de ambos en los que la explotación, la aniquilación y el disciplinamiento fueron las dinámicas sociales a las que se opusieron y en gran medida combatieron. La primera Compañía de Jesús, impulsada por la orden mendicante de los Jesuitas, a lo largo de los siglos XVI y XVII, en América (y principalmente en México), es un ejemplo de ello. Y uno, como bien lo señaló durante toda su trayectoria el filósofo mexicano Bolívar Echeverría, que llegó a ser de tal radicalidad que inclusive buscó oponerse y desmontar la lógica de funcionamiento del capitalismo moderno; en vías de su consolidación global en aquellas centurias.
El problema, claro está, es que esas experiencias de constitución de formas teológicas y estatales articuladas alrededor de principios sólidos de liberación individual (sin sacrificar por ello el ordenamiento y la concreción socializante de lo comunitario, es decir, de la colectividad); por supuesto, se desarrollaron en escalas espaciales y temporales muy pequeñas y con potencialidades muy escasas debido a que su surgimiento e implementación se dio dentro del marco contextual de un modo de producción (el capitalista) que ya para ese entonces contaba con legitimaciones ideológicas, dispositivos de poder y ejercicios de violencia lo suficientemente sólidos como para contenerlas, destruirlas o someterlas y refuncionalizarlas a las necesidades de su reproducción orgánica.
Es, en este sentido, esa configuración estricta y decididamente capitalista de la teología y de la experiencia colectiva y comunitaria la que históricamente se ha posicionado como la versión hegemónica de ambas; traicionando, en uno y otro caso, sus promesas liberadoras por su claudicación en favor del capital global. De ahí provienen, también, los conflictos que sociedades como la mexicana experimentaron a lo largo de siglo y medio de separación entre la iglesia y el Estado-nación modernos. Y es que, si bien es cierto que los dos operan para favorecer las dinámicas de reproducción y concentración del capital, también lo es que, pese a converger en esa gran empresa mercantilizante, en cada caso se defienden intereses propios en los que aquello que se encontraba en juego (y aún lo está) redundaba en la posibilidad de controlar y determinar la trayectoria mundial de la totalidad del sistema.
En México, las guerras que las fracciones liberales (burguesas) de la cultura, la política y la economía emplearon en contra del clero (principalmente católico) entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX son la expresión más clara de esa disputa intracapitalista. Y el resultado, hoy conocido y festejado en la vida pública nacional lo mismo en tanto fiesta patria que como segunda gran transformación (de las cuatro que hoy se proclaman a los cuatro vientos por la plataforma de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador), por eso, y en contra de la visión histórica dominante —formulada por los intereses gubernamentales que se enquistaron en la estructura estatal durante toda una centuria, desde el final de la Guerra Civil de 1910-1921, para legitimar sus instituciones— no es el de una supuesta victoria del iluminismo moderno en contra del oscurantismo decimonónico, sino, antes bien, la redefinición, primero, de los espacios de acción de la iglesia y del Estado; y en seguida, de la jerarquía que debe prevalecer para asegurar la continuidad del capitalismo; y en donde la iglesia sólo pasa a ocupar el rol de un dispositivo más dentro de los aparatos represores del Estado.
Ahora bien, aunque tras el triunfo liberal sobre el clero éste aceptó su condición de subordinación y de dispositivo funcional a las lógicas del Estado-nación y del capital, en el día a día, desde ese momento, no ha dejado de pugnar por la recuperación de espacios de influencia en el espacio público y privado que hoy se encuentran por completo colonizados por la mercantilización capitalista. Y el punto aquí es que, siempre que el clero ha buscado transgredir y redefinir los límites trazados en ese pasado no tan distante, los andamiajes gubernamentales del Estado y la sociedad han reaccionado prácticamente de la misma manera, aunque por dos vías distintas.
Por un lado, los distintos gobiernos que se han sucedido en la historia de México han optado o bien por realizar concesiones que no pongan en peligro sus propios intereses y su condición privilegiada (si bien no hegemónica, pues este estatuto lo detenta el capital) en el ordenamiento de la vida comunitaria o bien por incorporar a algunos de los actores más destacados del funcionamiento clerical a los procesos de toma de decisiones políticas. Los múltiples casos de sacerdotes, obispos, arzobispos y cardenales al servicio de administraciones locales y federales, como operadores políticos o influencers de la opinión pública, son el mejor ejemplo de ello (sobre todo cuando se conforman simbiosis como las del Estado de México, para el priísmo; Guanajuato, para el panismo; o la Ciudad de México, para el perredismo). Y esto, hay que recalcarlo, con independencia de que en el discurso se mantenga una posición laica e, inclusive, hasta anticlerical.
Para el caso de la sociedad civil, por otra parte, las respuestas ante el acercamiento entre Estado (es más preciso decir: gobierno) e iglesia suelen ser más ambiguas y hasta cierto punto eclécticas porque las fronteras entre lo público y lo privado (división por antonomasia entre individuo y comunidad, inaugurada por la modernidad capitalista) se ve atravesada por los valores familiares (de fuerte tradición católica) y el papel que estos deben jugar en el desarrollo de la sociedad en general. En este país, sin ir más lejos, el sentido común de que todo problema social comienza por los valores y la educación que se inculcan en la casa y la familia (y en donde la metáfora del espacio público como una versión ampliada del hogar es dominante e intransigente) suele ser la explicación que se ofrece para dar razón de los porqués de la violencia, la ausencia de respeto por lo ajeno, la agresión, el vocabulario y los modales inapropiados, etcétera.
El problema viene, no obstante lo anterior, cuando esa respuesta termina por estar condicionada, en algún punto, por el recuerdo de una iglesia que ha cometido abusos a lo largo de la historia. Abusos que van desde el empleo de recursos de sus feligreses o del erario para constituir fortunas personales hasta los más persistentes y sistemáticos de casos de pederastia y otros abusos sexuales de miembros del clero en contra (principalmente) de niños y niñas. El punto aquí es que, llegada la discusión a este punto, la polarización es tal que, ante el anticlericalismo de quienes acusan esos atropellos, la defensa se escuda en el reduccionismo tanto de la particularización de casos (suponiendo que son sólo individuos aislados quienes cometen tales actos, lo cual omite que existen, al interior de la iglesia, estructuras que premian, favorecen, permiten condonan y ocultan esas prácticas) como de la experiencia religiosa del creyente en cuestión: argumentando que, a pesar de los abusos, la fe en las doctrinas clericales ha brindado un sentido de vida a millones de personas.
Este debate comienza hoy a tener más visibilidad que en otros momentos de la historia reciente del país debido a que la plataforma de gobierno del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) ha optado por incluir a la iglesia católica (aun dominante entre los mexicanos y las mexicanas) y a otras ordenes religiosas en el Plan Nacional de Desarrollo para el actual sexenio. El otorgamiento de una licitación a La Visión de Dios A.C. para usar y aprovechar bandas de frecuencias del espectro radioeléctrico, tanto en radio y televisión; y las reuniones del presidente con las religiones que tienen presencia dominante en México para integrarlas como parte activa de la operación del objetivo gubernamental de conseguir paz, estabilidad, felicidad y gobernabilidad en el territorio nacional, son los dos eventos que empiezan a desbordar la discusión sobre las relaciones conflictivas entre iglesia y Estado.
Teniendo en consideración el contexto aquí delineado en sus rasgos más generales, es cierto que esta aproximación de la administración de López Obrador con las jerarquías religiosas contiene en sí todo el potencial para reactivar dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales que en otros tiempos desembocaron en disputas sumamente cruentas. Un punto importante a recuperar aquí es, sin embargo, que no hay que descartar por el puro recurso ideológico en defensa del más intransigente liberalismo burgués el enfoque que, por lo menos en las apariencias (y hasta donde es posible conocer con la información ventilada al público), busca darle el gobierno en turno a ese acercamiento. Y es que, en los fundamentos ofrecidos por éste para justificar el diálogo sostenido con las iglesias en México, algo que resalta a primera vista es que el objetivo final que se quiere es conseguir, en alguna medida, la reconstrucción del tejido social que los últimos tres sexenios de muerte y desapariciones destruyeron en la manera de socializar de las personas que lo habitan.
En términos de las propuestas ofrecidas por López Obrador para conseguir este propósito, la Cartilla Moral y la colaboración estrecha y directa de las iglesias forman parte de una misma estrategia de actuación frente a los grados de violencia tan avasallantes a los que ha llegado la sociedad. Y es que, en la lógica del presidente, si hay algo que explica la degradación social en la que se encuentran sus gobernados y gobernadas, eso es la renuncia sostenida y prolongada al respeto por algunas directrices éticas básicas para la convivencia entre individuos y entre colectividades.
La idea de recuperar eso que se perdió, ese algo que se rompió en la socialidad de las personas, no es por sí misma deleznable (con todo lo criticable que es el buscar obtenerlo recurriendo a esos dispositivos de represión del Estado y de reproducción del capital que son hoy las iglesias y sus dogmas). Los puntos críticos a debatir son, no obstante, tan grandes que rebasan las intenciones del presidente porque implican dos cosas.
De un lado, sería un absurdo creer que la pura cooperación con ellas es capaz de subsanar todo lo que se pretende sanar en el dolor de la sociedad sin tomar en cuenta que éstas necesitan transitar por un proceso propio de reforma de sus fundamentos y sus prácticas; es decir, sin tomar en cuenta que éstas deben regresar a esa radicalidad con la que, en algún momento, se posicionaron como proyectos políticos de liberación individual y concreción colectiva opuestos a la lógica del valor del capitalismo. Esto, por supuesto, no está en manos de la administración federal mexicana, pues implica el atacar a las más grandes y profundas estructuras globales de poder de las que se sirven esas instituciones para hacer valer sus intereses.
Del otro, es necesario no perder de vista que si bien la violencia en el país es letal y generalizada, ella misma encuentra su fundamento en una lógica aún más profunda y destructiva que tiene sus cimientos en la necesidad del capital de configurar y sostener personas individualizadas, renuentes a establecer lazos de socialidad con el prójimo; compromisos y reciprocidades de cuidado y sanación. Y es que no es para nada un secreto que si el capital ha sobrevivido hasta ahora a sus crisis más profundas ello se debe a la incapacidad que han tenido los sujetos sociales, por lo menos desde mediados del siglo XX (luego de la subsunción a la que sometió el capitalismo a las revoluciones del 68), de articular proyectos políticos colectivos y de configurar sentidos históricos compartidos.
Retornar a ese grado de comunitarización, de colectivización de la vida pública y privada no es sencillo, pues no únicamente requiere dar marcha atrás al nivel tan hondo de fragmentación, individualización y atomización al que ésta ha llevado a la población, sino que, además, implica combatir la radicalidad con la que el modo de producción reproduce y sostiene sistemáticamente esas dinámicas. Es decir, de nuevo nos encontramos ante la eterna falacia de este gobierno: creer que es posible gobernar al capitalismo por la vía de correcciones sociales (programas de salud, alimentación, educación, vivienda, salario digno, etc.) sin llegar al fondo de su lógica valorizante y mercantilizante de la vida, de la cultura, de la política, de la economía, de la subjetividad. 
Ricardo Orozco, Consejero Ejecutivo del Centro Mexicano de Análisis de la Política Internacional

7/10/2019

La polémica distribución de la Cartilla moral



Esta semana, según Arturo Farela, presidente de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas AC (Confraternice), se inició la distribución de 10 mil ejemplares de la Cartilla moral, de Alfonso Reyes, impresa por el gobierno federal para promover una transformación espiritual de la sociedad mexicana en los 7 mil templos afiliados. Dicha iniciativa ha generado los más diversos reproches entre los partidos de oposición que perciben amenazados los principios laicos del Estado mexicano. Incluso iglesias importantes se han deslindado de la iniciativa. Sin duda, Andrés Manuel López Obrador ha sido el Presidente que más se ha atrevido a hacer un uso político de las iglesias y de la religión al incluir a un sector pequeño de cristianos evangélicos como difusores de planteamientos sociales y morales del gobierno de la 4T.

Ante los cuestionamientos, en entrevista mañanera del 26 de junio, AMLO aclaró: No hay violación al Estado laico. Al preguntársele por esta estrategia, de manera tajante formuló su noción de la laicidad: Es muy importante definir qué es el Estado laico. En esencia es que no haya una religión oficial o predilecta, que el Estado no tenga preferencias por ninguna religión. En otros momentos ha reivindicado la laicidad como el ejercicio de la libertad religiosa. Libertad de creer o de no creer. Sin embargo, ha omitido la noción básica de la laicidad, formulada por Juárez, sobre la separación histórica entre el Estado y las iglesias. Este es el fundamento de toda laicidad. Está asentada claramente en el artículo 130 constitucional. Resulta paradójico dicho silencio, pues proviene de un declarado juarista. La omisión parece caprichosa, ya que dicha separación de corte liberal ha constituido la fundación del actual Estado moderno mexicano.

Regresando al pastor Farela, amigo personal del Presidente, señala que este es primer lote de ejemplares de la Cartilla moral que serán distribuidos no sólo en templos de todo el país, sino que se comprometió distribuirla en escuelas, universidades, hospitales y penales. Sin restricciones serán algunas de las atribuciones que tendrán los grupos evangélicos para promover la distribución de la cartilla. Farela también manifestó su interés proselitista al declarar: “Lo que se busca es que dentro del mensaje que ellos llevan de predicar la palabra de Dios a través de la Biblia, también ofrezcan la Cartilla moral para promover los valores morales y sociales”.

Los medios han magnificado la nota como si todos los evangélicos siguieran a Farela. Nada más alejado de la realidad, pues cada Iglesia tiene su forma propia de gobierno. La Iglesia Luz del Mundo anunció que no participará en la colocación de la cartilla, mientras explícitamente la Iglesia católica ve con desconfianza la iniciativa y se desmarca. Alfonso Miranda, secretario de la CEM, expresó que sus intereses son otros: jóvenes, clero, migrantes y protección de menores.

Ningún Presidente en los últimos sexenios había logrado convertir la fe en un activo político, como AMLO. Hemos advertido en otras entregas que el Presidente busca aprovechar la reserva ético-religiosa de las iglesias para reconstruir el tejido social. En ese sentido, la subsecretaria de Gobernación en la materia, Diana Álvarez Maury, corroboró dicha estrategia: este gobierno busca un nuevo enfoque y un replanteamiento de las relaciones con las iglesias, asociaciones y agrupaciones religiosas. Debemos proponer y coordinar estrategias de colaboración con todos los grupos para dar seguimiento a mecanismos de consenso y acuerdos que ayuden a la cohesión social, a la prevención social del delito y la reconstrucción del tejido social para una cultura de paz. Si bien la laicidad del Estado no es coto cerrado ni inamovible, conviene que la 4T fundamente su concepción de Estado laico y su comprensión bien fundada de la laicidad. Por ahora, resaltan los hechos, se perciben actos deconstructivos y de regresión. La 4T debe fundamentar su política de Estado más que sus estrategias de gobierno.

La laicidad ha sido un fundamento que ha aportado estabilidad social y la paz entre las percepciones e identidades más diversas en el país. Consagrado en el artículo 40 de la Constitución, define a México como una República laica. Es fruto de un largo y sinuoso proceso histórico. La separación de las iglesias y el Estado ha costado dolor y sangre a la nación. Sin embargo, nada es inamovible. El Estado laico actual, no es ni anticlerical ni antirreligioso. Implica que las autoridades estatales y locales, sean municipalidades o de usos y costumbres, deben permanecer ajenas a preferencias religiosas. Mucho menos intervenir en los asuntos de la iglesias. Las autoridades públicas tienen la obligación de garantizar la libertad de culto. La libertad de creer y de no creer. Por ello el Estado afirma, en el artículo 24 constitucional, la libertad de conciencia y de convicciones éticas para que ninguna noción se coloque por encima de la otra. Si bien las iglesias han pugnado por la libre manifestación de sus creencias en el espacio público, incluso incidir en la política pública, las convicciones religiosas deben desenvolverse preferentemente en el ámbito de lo privado. Máxime si son funcionarios. Por tanto, la equidad debe ser garantizada por el Estado para que cada individuo, cada ciudadano, pueda ejercer libremente su religión y practicar sus creencias en la Iglesia que elija. Así como no ejercer ninguna convicción religiosa.

En suma, la laicidad que hemos construido a partir de los principios juaristas se basa en tres principios: libertad de conciencia y libertad de culto; separación de las instituciones públicas y las religiosas, y la igualdad de todos ante la ley, independientemente de sus creencias o convicciones.

6/29/2019

¿Al diablo la laicidad?


OPINIÓN



En su afán de romper con el pasado, el presente régimen ha echado abajo políticas públicas que requirieron de intenso trabajo del gobierno y de la sociedad civil. La política para alcanzar la igualdad de género es sólo un ejemplo. Como si esto no bastara, ha dado también un giro hacia las iglesias que amenaza el carácter laico de la República y rompe, no con el pasado “neoliberal”, sino con legado liberal del siglo XIX: la separación de las Iglesias y el Estado.
Además de notar las frecuentes alusiones religiosas en el discurso presidencial, diversos analistas han criticado la injustificada participación de representantes eclesiásticos en el acto llevado a cabo en Tijuana para ¿celebrar? el acuerdo migratorio con Estados Unidos. En cambio, se ha prestado menos atención a un cambio en la política hacia las asociaciones religiosas que tal vez explique esa presencia y que, en todo caso, anuncia nuevos y más riesgosos ataques a la laicidad: la invitación del gobierno a estas asociaciones  a participar en la “reconstrucción del tejido social y la cultura de paz” y a “impulsar los objetivos sociales de la cuarta transformación”.
Aunque sólo fuera un gesto retórico, este acercamiento a las iglesias sería ya preocupante, sobre todo cuando, en contraste, se ha denostado a las organizaciones de la sociedad civil y se les han  negado recursos que antes favorecieron la colaboración de éstas en tareas que el Estado no puede cumplir solo, como las estancias infantiles y los refugios para mujeres maltratadas. Lo más grave es que este giro se ha concretado en documentos oficiales y se presenta como una línea de política estatal, como si una “emergencia nacional” pudiera justificar quebrantar el marco constitucional.
No es exagerado preguntarse adónde se pretende llegar en la interpretación a modo de las leyes cuando se lee en el nuevo reglamento interno de la Secretaría de Gobernación (Segob) DOF 31/5/19, que la dirección de asuntos religiosos de ésta tendrá entre sus funciones “proponer y coordinar estrategias colaborativas con las asociaciones religiosas, iglesias, agrupaciones y demás instituciones u organizaciones religiosas para que participen en proyectos de reconstrucción del tejido social y cultura de paz que coadyuven en la consecución de las atribuciones en la materia” de la subsecretaría del ramo (art. 86. XIX).
¿Las iglesias contribuirán a alcanzar objetivos de política pública en un Estado laico? ¿Qué implica que, como informaron Maru Jiménez Cali y Luis Guillermo Hernández en Aristegui Noticias (18/06/19), las iglesias presenten, en mesas intersectoriales de trabajo, opiniones y propuestas para “contribuir a la gobernabilidad, prevención social y reconstrucción del tejido social en los ámbitos familiar, comunitario, laboral y ciudadano”, con vistas, además, a la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo? 
Mencionar “el Estado laico” y “una perspectiva incluyente y equitativa” no basta para acotar las intenciones religiosas ni justificar la injerencia de grupos de interés que, aun sin esta permisividad oficial, han actuado como agentes políticos para promover leyes, como las reformas constitucionales para “proteger la vida desde la concepción” u obstaculizar otras, como la aprobación del matrimonio de personas del mismo sexo. En este mismo contexto, es también ominoso que el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) haya otorgado una concesión de radio y TV a “La visión de Dios”, so pretexto de que ésta no es “una asociación religiosa registrada”. ¿El nombre no les dice nada?
Creer que las iglesias no buscarán intervenir en la política educativa, como ya lo han hecho en contra de la educación sexual, ni coartar los derechos de las mujeres y la población LGBTTTI, es olvidar la historia: más de un prelado ha justificado la pederastia, la violación y el feminicidio como “responsabilidad” de las víctimas.
Es olvidar también que el “perdón” que pregonan algunos religiosos como medio de reconciliación ha sido rechazado por las familias de las víctimas de violencia. Involucrar a cualquier iglesia en tareas de política pública es anticonstitucional y peligroso.
* Ensayista y crítica cultural, feminista.
Twitter: @luciamelp

Imagen retomada de el periodicocom.mx
Por: Lucía Melgar*
Cimacnoticias | Ciudad de México.

6/19/2019

El complejo mundo evangélico

La Jornada
Carlos Martínez García

Las categorías para comprender a la confesión religiosa mayoritaria y sus estructuras tienden a ser transportadas a las iglesias minoritarias. Dicho traslado lo realiza el público en general, pero también analistas y la comentocracia que desconoce singularidades del universo protestante/evangélico mexicano.


El protagonismo y visibilización del evangelicalismo nacional (no evangelismo, como erróneamente se le llama) ha crecido exponencialmente durante el actual gobierno federal por distintas razones que no vamos a detallar aquí. Solamente partimos de la evidencia, la cual apunta hacia la mayor presencia en la arena pública de algunos liderazgos evangélicos que se identifican con los postulados del presidente Andrés Manuel López Obrador. Un equívoco de la comentocracia es adjudicar amplia o total representatividad del universo evangélico/protestante a los líderes que en los meses recientes han sido recibidos en Palacio Nacional, y a quienes se les otorgó buen espacio en la cargada agenda presidencial en Palacio Nacional.

No voy a repetir en este espacio el apretado resumen que hice en otro momento sobre las características del protestantismo que más se desarrolló en la nación mexicana. Aquí va la liga al mencionado resumen (https://www.jornada.com.mx/2019/05 /08/opinion/016a1pol). Nada más menciono que el cambio de paradigma se gestó paulatinamente, a tal punto que el protestantismo lentamente transitó de tener como interlocutor y base de sus acciones a la sociedad civil hacia el objetivo de alcanzar mayores repercusiones apuntando a la arena político-electoral y a las estructuras gubernamentales.

Si el protestantismo/evangélico de antes tenía como principal herramienta la persuasión para lograr la aceptación de su mensaje entre la ciudadanía, y servir a ésta por distintos medios (educativos, de salud, creación de ciudadanos y ciudadanas conscientes de sus derechos y responsabilidades), el neoevangelicalismo busca imponer su entendimiento ético y valorativo a la población en general mediante instancias del Estado. Quiere hacer sentir su peso demográfico, con cifras que por otra parte parecen no tener asidero fáctico, y aspira a que las leyes nieguen derechos a quienes tienen distintos horizontes en cuanto a ética sexual y reproductiva.

Si bien es verdad que predomina el neoevangelicalismo que busca que el Estado sea su aliado en asuntos como los antes apuntados, es una distorsión absolutizar a este sector e invisibilizar a los otros protestantismos. El discurso absolutista que margina o desconoce los matices del protestantismo nacional es el más socorrido por opinantes (no opinólogos, quienes son los estudiosos de las opiniones públicas) y comentócratas, quienes recurren a generalizaciones y hacen afirmaciones facilonas que simplifican las posiciones de un conglomerado diverso y en diversificación.

La histórica posición protestante/evangélica en favor de la laicidad del Estado ha ido mutando en el neoevangelicalismo al grado de concebir a las instancias del Estado como plataformas para adoctrinar a la población y así ganarla para su causa. En esto, sépanlo o no en esas filas, están marginando un principio férreamente defendido por sus antepasados: el de la aceptación voluntaria de un determinado cuerpo doctrinal, sin instrumentalizar imposición alguna. Tal vez sin conocimiento de causa están repitiendo, o buscan replicar (me parece que sin éxito), el modelo constantiniano, consistente encristianizara la sociedad con formas impositivas.

Con todo, existen sectores en el protestantismo evangélico mexicano que no comparten el discurso ni las prácticas conquistadoras del neoevangelicalismo. Aquellos sectores siguen firmes en la reivindicación de la laicidad del Estado. La laicidad es buena para el Estado, pero es todavía mejor para las iglesias porque acota la tentación de ejercer el poder o mantenerse muy cercano a él, y las coloca en el espacio que debiera serles natural: el de la sociedad civil, donde no caben prácticas imposicionistas ni avasallantes.

Recurrir a las esferas del poder para ganar espacios en la sociedad pudiera generar protagonismo a quienes han decidido caminar esta senda, pero poco, casi nada, le significará al creciente pueblo protestante/evangélico del país. Uncirse al poder ybendecirsu accionar tal vez redunde en logros inmediatos (¿cuántas frecuencias de radio podrán obtener?) y los pocos convidados al banquete van a regodearse por lo conseguido. Mientras, los creyentes de base continuarán difundiendo sus creencias por vías ajenas a las prebendas del poder en turno.

El protestantismo evangélico mexicano es un cosmos con muchas variantes, un abanico amplio y de coloridos matices. Sería trágico que una minoría cuyas raíces fueron creciendo al mismo tiempo que afirmaba su derecho a ser diferente ahora, con el argumento de hacer valer su peso electoral, se afane en ir contra las libertades y derechos de otros.

6/14/2019

La "irrupción evangélica" en México

Entre las iglesias y la política
Nueva Sociedad

En las últimas elecciones mexicanas, llamó la atención la alianza de Andrés Manuel López Obrador con el Partido Encuentro Social (PES), inspirado en valores evangélicos y políticamente pragmático. En un caso como el mexicano, con una larga tradición laica que separa las iglesias del Estado, anclada en la Constitución de 1917, no solo estamos frente a la irrupción de «los evangélicos» en política, sino ante la legitimación de nuevos discursos religiosos y reconfiguraciones políticas y sociales.
El 2 de julio de 2018 fueron las elecciones presidenciales en México y se eligió también el Congreso Federal, gobernadores, alcaldes y legisladores locales. El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se consolidó como el gran triunfador al obtener resultados históricos en el país y llevar a la Presidencia a Andrés Manuel López Obrador, quien venció luego de dos intentos previos en 2006 y 2012. Morena se presentó a las elecciones en alianza con el Partido Encuentro Social (pes), una organización de origen evangélico con un discurso conservador en temas de moral sexual y derechos sexuales y reproductivos, que sin embargo se ha distinguido por alianzas políticamente pragmáticas.
En este artículo mostramos los reacomodos para articular discursos en apariencia contradictorios, la representación que el pes consiguió en el Congreso Federal y lo que hasta este momento ha implicado su presencia, así como los reacomodos y tensiones con Morena en el estado de Morelos, única entidad federativa donde el pes conservó su personería jurídica como partido y donde, como veremos, el presidente López Obrador nombró delegado federal al ex-presidente nacional del pes .
En un caso como el mexicano, con una larga tradición laica que separa las iglesias del Estado, no solo estamos frente a la irrupción de «los evangélicos» en política, sino ante la legitimación de nuevos discursos religiosos y el aprovechamiento de estos procesos por actores políticos que ponen en pie alianzas políticas y religiosas de manera pragmática.
Un poco de contexto histórico
La tradición laica de México es constitutiva de la nación. En el proceso de gestación institucional que siguió a la Independencia, México se separó del resto de los países latinoamericanos que firmaron concordatos u otro tipo de acuerdos similares con la Iglesia católica, al elevar a rango constitucional las Leyes de Reforma de 1859, que incluyeron la nacionalización de los bienes eclesiásticos, la separación de la Iglesia del Estado, la supresión de órdenes religiosas masculinas, el reconocimiento del matrimonio civil como único vínculo válido en el país, el carácter del Estado como responsable del registro civil de nacimientos, defunciones y la administración de cementerios, la reducción de las festividades religiosas católicas y la libertad de cultos religiosos1. Su aplicación rigurosa no se dio sino hasta el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876), cuando también progresó la apertura del país a otras iglesias –catalogadas entonces como «protestantes»2–, que se insertaron rápidamente en el norte de México, aunque en las últimas décadas el mayor crecimiento se produjo en el sudeste del país.
Durante el gobierno de Porfirio Díaz (1884-1911), las Leyes de Reforma no se derogaron, pero su aplicación fue laxa. Eso cambió con la Revolución de 1910, que tuvo un tinte anticlerical y antirreligioso que se plasmó en la Constitución de 1917 con la prohibición de la educación religiosa, del enclaustramiento conventual y del uso de vestimenta religiosa en la calle. El conflicto escaló hasta los enfrentamientos armados entre el Estado y la Iglesia católica en la llamada Cristiada o Guerra de los Cristeros, ocurridos entre 1926 y 19293. La pacificación del conflicto generó un modus vivendi entre la Iglesia católica y el Estado. En ese marco, las iglesias no católicas permanecieron en ciertos niveles de anonimato o clandestinidad, pues toda actividad pública, y mucho más de carácter político, les estaba prohibida por ley.
La reforma constitucional de 1992 conllevó cambios importantes para el país, aun si socialmente no significó en muchos casos más que una puesta al día jurídica respecto a prácticas sociales ya establecidas4. Fueron reformados los artículos 3, 5, 24, 27 (fracciones ii y iii ) y 130, en los que se encuentra el marco constitucional de la cuestión religiosa. La iniciativa de reforma fue presentada el 10 de diciembre de 1992 por el Grupo Parlamentario del Partido Revolucionario Institucional (pri), que gobernó desde tiempos de la Revolución Mexicana, y fue rápidamente aprobada por ambas cámaras. La reforma reconoció jurídicamente a las asociaciones religiosas y, por lo tanto, «la libertad de los creyentes de organizarse y expresar su fe de manera colectiva, [manifestada] en el artículo 130o de la Constitución»5. Además, se reformaron aspectos referentes al régimen patrimonial de las iglesias y a la libertad religiosa, que abrieron la puerta a la celebración del culto público extraordinario; también, a la situación jurídica de los ministros del culto, a quienes se les reconoce el derecho al voto activo (votar), pero no al voto pasivo (ser votados), a menos que se separen del ministerio religioso cinco años antes.
Durante las negociaciones entre el gobierno y la Iglesia católica que arrancaron a principios de 1992, se planteó la posibilidad de que las iglesias pudieran contar con medios de comunicación, y recuerda Genaro Jaimes Olivares, director general adjunto de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación entre 1993 y 2001, que el obispo Luis Reynoso Cervantes, vocero de la Conferencia Episcopal Mexicana, opinó que no era «el momento propicio, pues los católicos no contaban con experiencia en ese terreno y argumentó que los evangélicos podrían arrebatarles el mercado de feligreses fácilmente»6.A partir de las reformas, el número de asociaciones religiosas evangélicas que obtuvieron reconocimiento y personalidad jurídica, lo que se traduce en mayor seguridad y publicidad, aumentó7, aunque algunas se agruparon en asociaciones nacionales por el temor a las complicaciones que podían venir con la reforma. Conformaron así legalmente frentes que, con el paso del tiempo, han reclamado representar a los creyentes evangélicos y demandado ser interlocutores del gobierno. Algunas se agruparon también en organizaciones no gubernamentales (ong) de defensa de los derechos y libertades religiosas, como es el caso de los grupos asociados a los conflictos religiosos en Chiapas8 y a la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice), que ya en 1995 buscaron formar el primer partido político estructurado de origen cristiano evangélico, llamado Frente de la Reforma Nacional9.
En el proceso electoral de 2000 se habilitó en las urnas la alternancia en el poder presidencial después de 70 años de gobiernos priístas (1930-2000). Es entonces cuando por primera vez se escucha hablar del «voto evangélico» y, como afirma el presidente de Confraternice, cuando surgieron «operadores proselitistas de las tres principales fuerzas políticas (pri, pan y prd) enfocados al campo religioso evangélico»10. Si bien diversos sectores apoyaron al candidato del Partido Acción Nacional (pan) Vicente Fox, a la postre el primer presidente de la alternancia, fue la propia Confraternice la que presentó un extrañamiento ante la Secretaría de Gobernación por violaciones al Estado laico cuando el mandatario besó el anillo del papa Juan Pablo ii en su visita al Vaticano11.
Este breve recuento histórico nos permite ver cómo hasta 2000 las iglesias evangélicas jugaron un papel de defensa del régimen laico del Estado mexicano como una estrategia para garantizar la libertad religiosa y defender los derechos de sus creyentes, especialmente en los casos asociados a violencia religiosa y desplazamientos, así como para ganar visibilidad como interlocutores en el escenario político del país.
El pes, ¿el «partido evangélico»?
En su primera época, el pes operó aliado al pri, como ocurrió en las elecciones federales de 2003, y logró su registro como asociación política nacional en 2005 (en la legislación mexicana, paso previo para convertirse en partido político). En su trayectoria política, su presidente Hugo Éric Flores Cervantes tuvo cargos asociados a los, hasta entonces, tres partidos más grandes del país: fue subsecretario del Comité Ejecutivo Nacional del pri, oficial mayor de la Secretaría de Medio Ambiente en el gobierno de Felipe Calderón (pan, 2006-2012) y, finalmente, funcionario del gobierno de la Ciudad de México en tiempos de Marcelo Ebrard, quien fuera jefe de Gobierno (2006-2012) por el Partido de la Revolución Democrática (prd) y es actualmente el secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de López Obrador12.
En 2013, con el regreso del pri al palacio presidencial y 20 meses después de iniciado el proceso legislativo, se concretó la reforma al artículo 24 de la Constitución, que incorporó el concepto de «libertad religiosa», de carácter más público, en lugar de la anterior «libertad de culto», de carácter más bien privado. Esto se percibió como un triunfo para la cúpula católica y generó resistencias entre los grupos evangélicos, que dejaron de ver a este partido como «defensor del laicismo y (…) garante de la seguridad de los evangélicos»13, según las expresiones de asociaciones como Confraternice y el Secretariado de Comunicación Social de las Iglesias Cristiano Evangélicas (Secosice). Al mismo tiempo, la reforma incorporó restricciones al uso político de actos religiosos públicos.
El pes logró su registro como partido político nacional en 2014 y utiliza como logo el símbolo ichtus, dos elipses que forman un pez y cuyo significado es «Jesús Cristo, Hijo de Dios, Salvador». Aunque se lo ha identificado como un partido evangélico, en México la ley excluye la posibilidad de que existan partidos confesionales, por lo que su discurso se caracteriza por la ambigüedad, tejida a partir de estrategias de eufemización y negociación simbólica14, así como por las expresiones públicas de desconfianza hacia el pes de organizaciones que agrupan a diversas iglesias evangélicas, tales como Confraternice y Secocise, que han afirmado que el partido solo representa a un reducido porcentaje de las comunidades evangélicas en México15.
Para conservar su registro, los nuevos partidos deben obtener en las elecciones federales un mínimo de 3% de los votos y presentarse, la primera vez, sin alianzas. El pes se presentó a las elecciones intermedias de 2015 en las que se renovó la Cámara de Diputados y obtuvo diez curules, entre ellas la de su presidente Flores Cervantes, quien fue diputado federal de 2015 a 2018 con 3,5% de la votación, con lo que logró conservar el registro para presentarse a las elecciones de 2018. En diciembre de 2017 se anunció que el pes se sumaba a la alianza de Morena –que también se presentaba por primera vez a una elección presidencial16– con el Partido del Trabajo (pt), identificado con la izquierda histórica, y que postulaba a López Obrador. La alianza con los evangélicos sorprendió a muchos, pues López Obrador era el candidato de la izquierda mexicana y en su movimiento, después convertido en partido político, confluían los sectores más progresistas en materia de derechos sexuales y reproductivos17, así como históricos defensores del Estado laico.
Si se analizan los discursos de López Obrador durante su gestión como jefe de gobierno de la Ciudad de México (2000-2006) y los de sus campañas electorales (2006, 2012, 2018), se observa que su discurso nunca ha sido linealmente «progresista», sino que más bien ha sido tejido a partir de la misma negociación simbólica y eufemización de las diferencias, lo que permitió, durante la campaña, la confluencia de discursos aparentemente contradictorios. Esto, sin embargo, cambió el escenario de la vida política del país, pues si bien tanto Fox como Calderón hicieron siempre público su catolicismo y sus posiciones conservadoras en materia de moral sexual y derechos, el discurso teológico-religioso se mantuvo censurado. La presencia de Dios en los discursos políticos dio inicio a una tendencia que se consolida cada vez más en la vida pública del país.
El «efecto amlo» en las elecciones de 2018 fue arrollador y Morena obtuvo la mayoría en los congresos locales, federal y ayudantías. El pes, a partir de su alianza con esta coalición, obtuvo 30 diputados y cinco senadores18. El grupo parlamentario del pes ha presentado tres iniciativas legislativas que han sido poco referenciadas por la prensa y que, si bien están pendientes de tratamiento, permiten ver la construcción de una agenda legislativa propia, que al mismo tiempo busca abrir espacios y legitimar el camino para la participación de las iglesias y los grupos confesionales en la política mexicana. La primera iniciativa es el proyecto de decreto que busca agregar en el artículo 4 de la Constitución el reconocimiento por parte del Estado del derecho y el deber preferente de los padres de educar convenientemente a sus hijos, una de las batallas de los grupos conservadores que apelan al discurso de la «ideología de género» para oponerse a la educación sexual integral, utilizando el lenguaje de los derechos humanos como estrategia para legitimar sus discursos en el ámbito público. Las otras dos iniciativas, si bien constituyen dos proyectos separados, forman parte de una estrategia que abre el camino para la participación política de las iglesias desde otras lógicas. Se trata del proyecto de decreto que reforma el artículo 82 de la Ley del Impuesto sobre la Renta para establecer que serán deducibles las donaciones que reciban las asociaciones religiosas y el proyecto de decreto que reforma el artículo 41 de la Constitución para establecer el financiamiento de origen privado de los partidos políticos.
Señalo en general a los grupos conservadores, pues las posturas «provida» y «profamilia» acercan a los evangélicos a los católicos conservadores19, como se puede ver en las iniciativas que presentó el pes en la anterior legislatura, que incluyeron la protección de la vida desde el momento de la concepción y limitaciones a los contenidos de educación sexual en los materiales educativos, apoyadas por el Frente Nacional por la Familia20, que aglutina a una serie de ong de origen religioso, preponderantemente católico, en la estrategia de los conservadurismos de ciudadanizar los argumentos separándose legal y discursivamente de las iglesias.
Las pugnas por la representatividad del pes como partido evangélico y la construcción de este discurso por parte de sus líderes ante el electorado no deben hacernos perder de vista que, si bien la tradición laicista de México ha configurado la exclusión de los partidos confesionales, también configuró las formas en que los sectores religiosos y moralmente conservadores se han insertado en el campo político, estableciendo entre religión y política relaciones de connivencia y compromiso mutuos21, y que el llamado «clero político» no ha sido exclusivo de la Iglesia católica, aunque desde las iglesias evangélicas las prácticas políticas han buscado abrir espacios y proteger la libertad religiosa, y ahora, hacer valer lo que consideran es su representatividad demográfica y social en el campo político. Como afirmó el presidente de Confraternice: «En el interior de la Iglesia evangélica se ha abandonado la interpretación originalmente católica de ‘Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios’, para comprender el evangelio de Jesucristo como soberano sobre todas las esferas de la vida, pública o privada»22.
Pragmatismo político y religioso: el caso de Morelos
La acción del pes, si bien impulsa una agenda propia, se ha distinguido por el pragmatismo político y también religioso, como ilustra el caso del estado de Morelos, una de las 33 entidades del país, colindante con la Ciudad de México.
En 2015, el popular futbolista Cuauhtémoc Blanco ganó, sorpresivamente, la Alcaldía de Cuernavaca, la capital del estado. Postulado por un partido local, el Partido Social Demócrata, con el que finalmente rompió en medio de acusaciones de no haber respetado «el contrato» por el que había sido postulado, fue finalmente sometido a juicio político por el congreso local. Enfrentado al gobierno estatal, Blanco se alió a otros actores políticos que mantenían frentes abiertos contra el gobernador, incluyendo al entonces rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos Alejandro Vera y al obispo católico de la diócesis de Cuernavaca Ramón Castro, con quienes encabezó la conformación del Frente Amplio Morelense, una agrupación de organizaciones sociales que demandaba la renuncia del gobernador Graco Ramírez por la situación de violencia e inseguridad que impera en el estado. Pero, al mismo tiempo, el alcalde anunció su afiliación al pes, partido que lo postuló como su candidato a gobernador para el periodo 2018-2024.
Después de una serie de negociaciones con Morena, que tenía su propio candidato a gobernador, y de una encuesta, Blanco fue finalmente postulado por la alianza lopezobradorista y resultó ganador. Sin embargo, la cercanía del nuevo gobernador con la Iglesia católica local continúa vigente; prueba de ello es la celebración de una misa en el interior del Palacio de Gobierno el 12 de diciembre de 201823, un hecho sin precedentes en el país que motivó la denuncia de organizaciones como República Laica ante la Secretaría de Gobernación24. A cuatro meses de haber asumido el cargo, se ha enfrentado ya con la dirigencia nacional de Morena25.
A pesar de estas alianzas, el presidente del pes Flores Cervantes fue nombrado coordinador estatal del Programa de Desarrollo en Morelos, un nuevo y controversial cargo creado para consolidar en una sola persona todos los enlaces de las entidades con el gobierno federal26. Entre sus primeras acciones se encuentran las reuniones con líderes de las iglesias evangélicas en el estado, con el argumento de preparar los censos para los programas sociales.
El caso nos ilustra que las alianzas entre actores políticos y religiosos siguen lógicas pragmáticas que permiten avanzar las agendas de todos los involucrados, buscando por un lado el apoyo para los triunfos políticos y por el otro la convergencia en temas de moral sexual y de derechos. Por lo tanto, debemos observar con cuidado la evolución de la agenda legislativa en Morelos, pues uno de los temas álgidos que permitieron tales confluencias en el estado fue la aprobación del matrimonio igualitario en 2017.
Nuevos discursos religiosos
Se debe ser cuidadoso al analizar la presencia evangélica en la política mexicana, pues se corre el riesgo de sobreestimar o subestimar el fenómeno. Sabemos que, comparativamente con otros grupos religiosos –católicos, bíblicos no evangélicos y sin religión–, si bien los evangélicos tienen menor resistencia a la participación política de las iglesias, un porcentaje mayoritario la rechaza. Por ejemplo, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Creencias y Prácticas Religiosas en México (encreer) de 2016, 9,7% de los evangélicos está de acuerdo en que los candidatos a puestos de elección popular usen símbolos o recursos religiosos para ganar votos, frente a 8,6% del conjunto nacional que aprueba ese uso; y 24% de los evangélicos aprueba que las religiones participen abiertamente en la política electoral, frente a 20,7% que lo aprueban en el nivel nacional27.
Es poco plausible pensar que la representatividad que declaran los líderes religiosos evangélicos se traduzca en la existencia de un «voto evangélico», un tema aún pendiente de estudio por los especialistas del fenómeno religioso, pues en México este fenómeno parece tener configuraciones distintas que en otros países de la región, probablemente debido a la tradición laica del país. Sin embargo, los evangélicos comparten disposiciones comunes que orientan su acción y que son relevantes en la vida pública, pues empiezan a legitimar nuevos discursos religiosos, tales como las continuas referencias morales, bíblicas y religiosas que el nuevo presidente hace en sus conferencias de prensa matutinas28, así como la asociación de los feminicidios con la tasa de divorcios o aseveraciones como «está en la Biblia» para legitimar dichos.
En ese sentido, el riesgo es que subestimemos el fenómeno y la capacidad de las alianzas interreligiosas e interpolíticas para el impulso de ciertas agendas relacionadas con moral sexual y derechos, lo que a partir del pragmatismo político y religioso abre caminos hasta ahora vetados en México, que tendrán consecuencias a futuro. De ahí la importancia de defender el Estado laico como la estrategia para construir un régimen de convivencia que no se asiente en creencias religiosas y que garantice una sociedad que respete los derechos.
Notas:
    1. Felipe Tena Ramírez: Leyes fundamentales de México, 1808-1985, Porrúa, Ciudad de México, 1967.
    2. Patricia Galeana: «Clericalismo y soberanía» en P. Galeana: Relaciones Estado-Iglesia. Encuentros y desencuentros, Secretaría de Gobernación, Ciudad de México, 2001.
    3. Jean Meyer: La Cristiada, FCE / Clío, Ciudad de México, 2007.
    4. Roberto J. Blancarte: «Laicidad y secularización en México» en Estudios Sociológicos vol. xix No 57, 2001, p. 256.
    5. Ibíd., p. 257.
    6. Jacinto R. Munguía: «Las claves de la negociación» en Reforma, 12/5/2002.
    7. Alberto Hernández: «Las iglesias evangélicas y la ley de asociaciones religiosas y culto público» en P. Galeana: ob. cit.
    8. Carolina Rivera Farfán: «Acción política de organizaciones evangélicas en los Altos de Chiapas» en Iztapalapa No 62-63, 2007.
    9. Arturo Farela Gutiérrez: «Iglesia evangelista en México: expansión y lucha social (1992-2014)» en El Cotidiano No 185, 5-6/2014.
    10. C. Rivera Farfán: ob. cit.
    11. «Envían evangélicos ‘extrañamiento’ a Fox por besar la mano al Papa» en Proceso, 1/8/2002.
    12. Ver Imelda García: «Las andanzas del pes» en Reporte Índigo, 19/12/2017.
    13. Elio Masferrer Kan: «El campo político religioso mexicano a inicios del 2014» en El Cotidiano No 185, 2014, p. 10.
    14. Jean Tavares: «Le Centre catholique des intellectuels français. Le dialogue comme négociation symbolique» en Actes de la recherche en sciences sociales: La représentation politique-2 No 38, 1981.
    15. «El pes, protestantismo y política» en Siempre!, 27/1/2018 e Iván E. Saldaña: «Confraternice le pide a ministros de culto no encabezar actos proselitistas» en Excelsior, 11/2/2015.
    16. Morena surgió tras la fractura del Partido de la Revolución Democrática (PDR).
    17. La Ciudad de México, gobernada por el PRD desde 1997 hasta 2018, y actualmente por Morena, es la única entidad del país que legisló la interrupción legal del embarazo en 2007.
    18. Sonia Corona: «Los evangélicos se aferran a López Obrador» en El País, 12/7/2018.
    19. Julio Córdova Villazón: «Viejas y nuevas derechas religiosas en América Latina: los evangélicos como factor político» en Nueva Sociedad No 254, 11-12/2014.
    20. José Manuel Ruiz Ramírez: «Las leyes evangélicas del Partido Encuentro Social» en Nexos, Blog de la redacción, 26/10/2016.
    21. C. Delgado-Molina: «Religión y política en un contexto de violencia: el caso de Morelos (2012-2017)», tesis de doctorado, UNAM, 2018.
    22. A. Farela Gutiérrez: ob. cit.
    23. «Ofician misa para la Virgen de Guadalupe en Palacio de Gobierno de Morelos», video, en Aristegui Noticias, 12/12/2018.
    24. Rodrigo Vera: «Denuncian a Cuauhtémoc Blanco ante Segob por misa guadalupana en Palacio de Gobierno» en Proceso, 14/12/2018.
    25. Suzzete Alcántara: «Arremete Yeidckol Polevnsky contra Cuauhtémoc Blanco» en El Universal, 10/9/2018.
    26. «Presentan a delegado federal Hugo Eric Flores Cervantes» en Diario de Morelos, 5/12/2018.
    27. Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México (RIFREM): Encuesta Nacional de Creencias y Prácticas Religiosas (ENCREER), 2016.
    28. Arturo Rodríguez García: «Retener el salario es un pecado social, ‘está en la Biblia’: López Obrador» en Proceso, 31/1/2019; Servicio Especial de la Mujer (SEM) México: «Desintegración familiar y divorcios causa del feminicidio: AMLO» en SEM México, 29/1/2019.