
12/04/2019
Inexistente, atención psicológica para pacientes con VIH

7/30/2019
Gobierno federal debe presentar estrategia frente al VIH/Sida
7/27/2019
Definen estrategias para prevenir VIH en mujeres
7/26/2019
Información, clave para reducir incidencia de VIH en embarazadas
7/23/2019
Se debe garantizar que mujeres no abandonen tratamiento de VIH

7/17/2019
Se incrementa VIH/sida en adolescentes de 15 a 24 años
7/16/2019
Con OSC, Censida logró reforzar atención y prevención de VIH

7/09/2019
Reestructuración en Censida debe reforzar atención a mujeres
4/10/2019
Censida analiza fortalecer programas estatales de VIH

4/09/2019
OSC con trabajo en VIH en la mira de AMLO
4/01/2019
En vilo, OSC que trabajan con VIH
1/07/2019
Estigma impide que mujeres con VIH sigan terapia antiretroviral
12/03/2018
VIH se incrementa en mujeres jóvenes: ONUMujeres
ONUMujeres
alertó sobre el incremento de nuevas infecciones de VIH en mujeres
jóvenes de 15 a 24 años de edad, quienes representan 12 por ciento de la
población mundial, pero 20 por ciento de nuevas infecciones por esta
enfermedad debido a las desigualdades de género y a la falta de
información.11/30/2018
VIH en mujeres, ligado a desigualdad y acceso limitado a tratamiento
8/01/2018
Personal de salud solo aplica pruebas de VIH a mujeres si su pareja sale positiva
Desigualdades de género en atención, revela estudio

En México, los diagnósticos del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) en mujeres son tardíos porque el personal de salud no las identifica como personas en riesgo de adquirir la infección, a pesar de que representan 25 por cierto de la población viviendo con el VIH/Sida en el país.
El estudio “El personal médico y la visibilidad de las mujeres en la epidemia del VIH en México” realizado por investigadoras de la Clínica Especializada Condesa, Alicia Pineirúa Menéndez y Ubaldo Ramos Alamillo, encuentra que las mujeres están acudiendo a los servicios médicos cuando tienen síntomas asociados a la presencia del VIH, pero el personal sanitario omite estas señales y solo aplica la prueba una vez que la pareja masculina ha sido detectada con el virus.
Las consecuencias de estas desatenciones y oportunidades perdidas, expone la investigación, son que la población femenina es diagnosticada con VIH en etapas avanzadas, una vez que no responden al tratamiento médico (inmunosupresión).
Estos resultados se desprenden de entrevistas a 40 mujeres usuarias del Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS) de San Bartolo Coyotepec, en el estado de Oaxaca.
Al documentar su trayectoria sobre cómo obtuvieron su diagnóstico en los servicios de salud –previo al CAPASITS- hallaron que los médicos no les ofrecieron las prueba a pesar de que presentaban síntomas que sugerían una infección avanzada por VIH (como pérdida de peso, diarrea crónica y fiebre).
Por ejemplo, Soledad, una mujer de 36 años de edad con cándida oral y diarrea crónica que le hizo perder 20 kilogramos, visitó seis veces al mismo médico de primer nivel de atención pero nunca recibió la oferta de prueba para VIH. La paciente sospechaba que contrajo la infección y solicitó al médico la prueba sin embargo éste se la negó. El detonante para que se la aplicara fue el resultado positivo a VIH de su pareja.
Al conocer las experiencias de estas mujeres como Soledad, los especialistas procedieron a entrevistar a un grupo de 91 médicos que ofrecen servicios en diversos centros de la Secretaría de Salud a lo largo del país, con el objetivo de conocer en qué circunstancias ofertan las pruebas de detección del VIH.
Al interrogar al personal médico sobre los factores de riesgo que toman en cuenta para aplicar la prueba de VIH en mujeres, solamente dos trabajadores de salud consideran ofertarla si la mujer está en unión conyugal, pese a que la evidencia en cifras sustenta que la transmisión del VIH en la población femenina ocurre a través de su pareja estable.
La principal respuesta de los médicos es que ofrecen la prueba a mujeres en condición de explotación sexual comercial, mientras que un 40 por ciento mencionó que la ofrece a las mujeres que tienen relaciones sexuales no protegidas.
La investigación planteó cinco escenarios clínicos: 5 con mujeres y 5 con hombres que incluían una vida sexual activa en todos los casos, 62 por ciento del personal de salud consideró que con las mujeres no era necesario ofertar una prueba de VIH en comparación con los varones, a quienes sí se les ofreció en todos los casos.
Es decir, los trabajadores de salud descartan a las mujeres para ofrecerles la prueba de VIH, lo que en opinión de la y el investigador, “va más allá de su conocimiento sobre la transmisión de la infección”, toda vez que 24 por ciento de los médicos entrevistados asistió a alguna capacitación de VIH en el último año, o incluso tenía que ver con los recursos disponibles ya que 80 por ciento contaba con pruebas en su lugar de trabajo.
Pero sostienen que sobre todo está relacionado con la desigualad de género con la que se forma al personal médico y que tiene un impacto directo en la relación con sus pacientes, en este caso con las mujeres.
Pineirúa Menéndez y Ubaldo Ramos indican que esto ocurre mientras en la última década han incrementado los casos de mujeres viviendo con VIH en México, la razón de casos hombre-mujer oscila entre 3 a 1 y 5 a1 según el Centro Nacional para Prevención y el Control de VIH y el Sida (Censida).
La y el investigador indican que tampoco a las mujeres se les está diagnosticando el VIH durante el embarazo, a pesar de que la Norma Oficial Mexicana NOM-010-SSA2-2010 (NOM 010) contempla este servicio como obligatorio, pues la cobertura de esta prueba en el periodo prenatal es de menos de 60 por cierto a nivel nacional.
Imagen retomada del Observatorio de Mortalidad Materna
Por: Hazel Zamora Mendieta
Cimacnoticias | Ciudad de México.-
9/02/2017
Embarazo y VIH: Las mujeres en la carrera de obstáculos
A lo largo de más de 30 años de la epidemia de VIH en México se han registrado 3 mil 697 casos de VIH y sida por transmisión perinatal, es decir, que sucedieron en algún momento del embarazo, el parto o la lactancia.
Mientras desde el 2015 algunos países del mundo han empezado a eliminar la transmisión perinatal del VIH, en México desde el 2015 se han registrado 174 casos de bebés que nacieron con VIH o sida. La existencia de estos casos es un reflejo de las fallas de coordinación que existen entre las redes de servicios de salud.
De acuerdo con el Registro Nacional de Casos de sida, sólo durante el 2016 se registraron 92 casos de transmisión vertical, 85 por ciento en la Secretaría de Salud. Este hecho resulta preocupante, sobre todo tomando en cuenta que nuestro país cuenta con los lineamientos técnicos más actualizados para la prevención de la transmisión perinatal. Éstos incluyen la oferta de la prueba al 100 por ciento de mujeres embarazadas, el acceso a los medicamentos antirretrovirales durante el embarazo, la cesárea electiva, así como la posibilidad de parto vaginal para las mujeres con VIH con el virus controlado (carga viral menor a 1,000 copias), y la sustitución de la lactancia materna para las mujeres con VIH.
Dentro de los documentos de política pública el gobierno ha manifestado el compromiso con la prevención de la transmisión perinatal del VIH, haciendo de este tema uno de los objetivos estratégicos del Programa Sectorial de Salud vigente. La oferta de la prueba de VIH a las mujeres embarazadas ha sido la única acción institucional de prevención del VIH en las mujeres y es justo esta acción el eslabón más débil en la cadena de prevención perinatal.
Así lo demuestra la baja cobertura de aplicación de la prueba a las mujeres embarazadas pues de los 2 millones de embarazadas que existen cada año, sólo 67.5 por ciento se hizo la prueba de VIH, lo cual quiere decir que casi 700,000 mujeres perdieron la oportunidad de saber que viven con VIH y prevenir la transmisión a su bebé.
Esta situación es escandalosa en un país donde 91 por ciento de las mujeres asiste al control prenatal, 88 por ciento de los nacimientos son atendidos por personal médico y donde el gobierno presume haber alcanzado el “acceso universal” a los medicamentos antirretrovirales para el tratamiento de VIH (DGIS, 2010; Gobierno de la República, 2005; Saavedra y Bravo, 2006).
Las políticas y los servicios de VIH y de salud reproductiva en México están estructural, funcional y financieramente separados. Cada tema se encuentra en el territorio de una dependencia que se hace cargo normativamente; el tema de VIH corresponde al Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH y sida, (Censida), mientras que la salud reproductiva, que incluye la salud materna y perinatal, está a cargo del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (CNEGySR), ambos dependientes de la Secretaría de Salud Federal (Ss). La prevención de la transmisión vertical del VIH se encuentra en medio de esta división y son las mujeres embarazadas con VIH quienes enfrentan las consecuencias de la falta de coordinación entre ambas instituciones.
Como ya se comentaba el eslabón más débil en la cadena es la oferta de la prueba diagnóstica de VIH durante el embarazo, la cual corresponde a los servicios de primer y segundo nivel encargados de la atención prenatal como lo señala la Norma Oficial Mexicana para la atención del embarazo. La omisión de la oferta de la prueba durante el embarazo trae como consecuencias la mortalidad y morbilidad en las mujeres, sus hijas e hijos, además de graves consecuencias emocionales y económicas para las mujeres que sobreviven (Kendall, 2014).
La baja percepción de riesgo de VIH en las mujeres, por ellas mismas y por parte del personal de salud; así como problemas estructurales y de organización institucional no han favorecido la oferta de detección oportuna del VIH a toda mujer embarazada y la oferta de servicios de calidad e integrales, tanto en la atención del embarazo y el parto, como en otros aspectos estratégicos de la salud de las mujeres, incluyendo la salud reproductiva.
Sabemos que el sistema de salud mexicano está fragmentado y que presenta retos importantes para garantizar la calidad de la atención y el derecho a la salud de todas las personas. Por ello es necesario fortalecer la coordinación institucional del Censida y el CNEGSR y asegurar que ambos centros están destinando todos los recursos necesarios para asegurar el acceso de todas las mujeres embarazadas a los insumos y recursos necesarios para garantizar su derecho a la salud.
Como le sucedió a Martha, las mujeres embarazadas están acudiendo a servicios de salud que no cuentan con los insumos necesarios, ni personal capacitado para ofertar la prueba de VIH a las mujeres y garantizar su derecho a la salud. Nuestro sistema de salud sigue considerando que la atención al VIH no es un asunto que compete a todos los servicios de salud, sólo a servicios satélite que atienden a las personas con VIH, lo cual termina siendo un problema no sólo para la prevención sino para la atención integral de las mujeres con VIH.
*Coordinadora Programa Mujeres, Derechos Sexuales y VIH,
Balance A.C.
**Balance es parte de la Coalición por la Salud de las Mujeres, una red de organizaciones civiles con trabajo en salud y derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.



