10/05/2026
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10/04/2026
Falleció otro de los grandes cantautores de la rebeldía y la lucha: Gabino Palomares
Peña Nieto y Ayotzinapa

Enrique Peña Nieto disfruta desde hace ocho años de un retiro dorado en España. Entre campos de golf exclusivos –la misma afición a la que dedicaba sus tardes presidenciales en Los Pinos– y una activa agenda de la socialité, el exmandatario vacaciona en lujosos resorts de Punta Cana (República Dominicana) y asiste a ostentosas fiestas. La más reciente fue la boda del cantante israelí Omer Adam con Sacha Israelovich, celebrada en un castillo privado de Portofino, Italia. En las fotografías del evento, Peña Nieto aparece junto a un empresario israelí comercializador de Pegasus, el software espía que su Gobierno adquirió para espiar a periodistas.
Es la vida que lleva el priista a 12 años de que en su Gobierno ocurriera la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, el crimen que desde hace años fue calificado como crimen de Estado por las complicidades, omisiones y encubrimientos de funcionarios públicos de los tres niveles, pero quien fuera el funcionario de mayor jerarquía sigue intocable, y sólo algunos de los funcionarios de su Gabinete, orquestadores de la cuestionada “verdad histórica”, están bajo proceso.
El Gobierno actual mantiene abierta la investigación para esclarecer el caso Ayotzinapa, bajo el compromiso de continuar la búsqueda de los jóvenes, llegar a la verdad de los hechos y sancionar a los responsables. En este contexto, el 28 de septiembre se presentaron los avances sobre nuevas líneas de investigación que surgieron a partir de que se aplicó una nueva metodología y herramientas tecnológicas para la revisión minuciosa de documentos, testimonios, registros, peritajes y comunicaciones.
Mediante esa revisión se identificó que, en días posteriores a la desaparición de los jóvenes, algunas de las líneas y equipos telefónicos que pertenecían a tres de los estudiantes desaparecidos se siguieron utilizando.
El reanálisis científico de las sábanas de comunicación de la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014 permitió identificar a 17 personas omitidas en las investigaciones previas. Algunas de esas personas eran miembros del grupo criminal Guerreros Unidos, policías municipales, estatales, servidores públicos y particulares –dueños de funerarias y concesionarios del Servicio Médico Forense (Semefo)– quienes se encuentran hoy bajo investigación formal.
Se trata de Rodolfo Rueda Sebastián, su hijo Rodolfo Rueda Mazón y otros miembros de su familia, propietarios de Funerarias El Ángel y Funerales Rueda. Esta familia no sólo controlaba el negocio funerario local, sino que también administraba el panteón municipal y poseía la concesión del Semefo en Iguala. Esta cadena de negocios les otorgaba la facultad de controlar desde el levantamiento de un cuerpo, su identificación, certificar causas de muerte y autorizar sepelios o incineraciones.
Según el informe, Rodolfo Rueda es una de las personas que utilizó un teléfono que pertenecía a uno de los estudiantes desaparecidos.
Se identificó que los dueños de esas funerarias estaban vinculados con Guerrero Unidos; en octubre de 2025 fueron detenidos por delincuencia organizada.
Entre marzo y junio de este año se realizaron cateos en sus funerarias y las instalaciones en las que operaban como concesionarios de Semefo; durante los cateos se localizaron fragmentos óseos y restos biológicos que en la actualidad de encuentran bajo análisis en colaboración con el Equipo Argentino de Antropología Forense.
El informe detalla la continuidad de las búsquedas de campo en seis municipios, acompañadas de cateos, aseguramientos de inmuebles e intervención de comunicaciones.
Paralelamente la vertiente judicial del caso ha sumado detenciones contra exfuncionarios acusados de encubrimiento, alteración de pruebas y desaparición forzada. Entre las detenciones más recientes está la de Ángel Aguirre, el exgobernador que ordenó ocultar y destruir evidencia: videos de las cámaras de seguridad del Palacio de Justicia de Iguala, los cuales registraron parte de las agresiones cometidas contra los normalistas.
Para la indagatoria actual, resulta indispensable concretar la extradición del extitular de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón, quien enfrenta una orden de aprehensión por tortura y desaparición forzada de personas, pero permanece en Israel sin que el gobierno de ese país haya concedido aún su extradición.
También están pendientes las extradiciones de Ulises Bernabé, exjuez de Barandilla en la Comandancia Municipal de Iguala y responsable del registro de detenidos la noche de los hechos; las investigaciones indican que varios estudiantes fueron conducidos ante él aquella madrugada. Y la extradición de Abraham Eslava, quien se desempeñaba como mando de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) durante las primeras etapas del caso.
La desaparición forzada de los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” es una herida abierta en la sociedad.
Durante 12 años, las madres y padres de los normalistas han sostenido una búsqueda titánica e incansable por la verdad y la justicia. Lamentablemente ocho de ellos (dos madres y seis padres) fallecieron sin conocer el paradero de sus hijos ni recibir respuestas.
Este crimen atroz golpeó a uno de los sectores más vulnerables del país. Los normalistas eran jóvenes provenientes de hogares campesinos, de albañiles, migrantes y trabajadores en condiciones de pobreza. Para ellos, la carrera del magisterio representaba no sólo una oportunidad de desarrollo profesional, sino la forma de servir a sus comunidades, ya que estos docentes suelen ser los únicos dispuestos a trabajar en las escuelas de las zonas más precarias y de difícil acceso del país.
Como retratos de vida frente al olvido, en su libro Ayotzinapa: Horas eternas, la periodista Paula Mónaco se encarga de rescatar las identidades de los estudiantes frente a la deshumanización de las cifras. A través de testimonios de familiares y amigos, el texto recupera las infancias, sueños e ilusiones que les fueron arrebatados:
Nos cuenta que, a Abel García, cuando era niño, le gustaba jugar canicas, correr por el río y hacerle bromas a su hermano. También jugar basquetbol, tenía novia y siempre andaba bien arreglado. Hablaba mixteco y estaba orgulloso de ello; por esa razón, decidió estudiar la carrera de maestro bilingüe en Ayotzinapa. Su meta era clara: “No voy a sentir vergüenza nunca y voy a hacer que nadie se burle de los que hablamos mixteco. Quiero enseñar a los niños para que sientan orgullo de su lengua, de ser indígenas”, decía.
También relata que don Ciriaco Vázquez, papá de Abelardo Vázquez, recordaba con orgullo que su hijo jamás lloró por ir a la escuela y asistía a clases incluso cuando los maestros faltaban. Durante sus vacaciones, Abelardo trabajaba en la albañilería junto a su padre. Con esfuerzo, su padre y su madre, Bernarda Penitén, le pagaron un curso de computación que resultó muy útil: mientras cursaba la preparatoria, consiguió empleo en la oficina de un grupo de ingenieros. Allí lo animaron a continuar preparándose, lo que lo llevó a decidir entrar a la Normal Rural.
Respecto a Adán Abraján, hijo de Bernabé Abraján y Delfina de la Cruz, menciona que tenía cuatro años cuando se aprendió completa la cumbia “El listón de tu pelo”, de los Ángeles Azules. Le gustaba bailar, cantar y jugar futbol.
Así cuenta uno a uno la historia personal de los estudiantes cuyos planes de vida fueron abruptamente truncados desde aquel septiembre en que se organizaban para participar en la marcha del 2 de octubre de 2014.
Aquel septiembre, los normalistas llegaron a Iguala con el único fin de conseguir autobuses para trasladarse a la Ciudad de México. Su objetivo era sumarse a la marcha conmemorativa del 2 de octubre, una fecha que recuerda la matanza estudiantil de 1968, otro crimen de Estado perpetrado por agentes gubernamentales que quedó impune. No se puede permitir que ocurra lo mismo con Ayotzinapa.
A la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, el Gobierno de Enrique Peña Nieto intentó dar un “carpetazo” mediante la construcción de la mal llamada “verdad histórica”, una narrativa enunciada por el entonces Procurador Jesús Murillo Karam. Ese montaje, edificado en complicidad con diversos medios de comunicación, no sólo desvió las investigaciones, sino que revictimizó y estigmatizó a los jóvenes desaparecidos, en lugar de buscar la verdad.
Años después, las indagatorias conducidas por Alejandro Encinas al frente de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa (CoVAJ), determinaron que la desaparición de los 43 estudiantes constituye un crimen de Estado, en el que concurrieron de forma directa integrantes del grupo delictivo Guerreros Unidos y agentes de diversas instituciones del Estado mexicano, cobijados por la omisión y negligencia de autoridades federales y estatales “del más alto nivel” que alteraron los hechos para encubrir la verdad.
En el Guerrero gobernado por Ángel Aguirre, la penetración del crimen organizado era tal que las corporaciones policiacas operaban directamente bajo las órdenes de los líderes criminales.
Desde la federación, en las más altas estructuras gubernamentales, civiles y militares, se conocía la colusión de funcionarios y policías con el crimen organizado. El 26 de septiembre de 2014, autoridades de todos los niveles supieron en tiempo real que los normalistas eran blanco de ataques armados, había sistemas de videovigilancia, comunicaciones policiales y reportes militares. Además, el Ejército mantenía infiltrado a un soldado que operaba como Órgano de Búsqueda de Información (OBI), quien hoy es uno de los jóvenes desaparecidos.
Al comprobarse que se trató de un crimen de Estado, la indagatoria federal en curso tendría que incluir al expresidente Peña Nieto y a toda su cadena de mando, civiles y militares. Peña Nieto debe rendir cuentas ante la justicia por el caso más grave ocurrido durante su gestión: un crimen imprescriptible que sigue impune. Mientras los padres luchan día a día por saber dónde están sus hijos bajo la consigna “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, el exmandatario se asolea en Punta Cana, juega al golf y asiste a fiestas de élite dentro de su burbuja de privilegio y frivolidad.
Frena Sheinbaum a traidores y mentirosos
Puntos y Contrapuntos
Pedro Mellado Rodríguez
"Dos iniciativas legislativas promovidas por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo tienen muy irritada a la oposición de derecha".

Dos iniciativas legislativas promovidas por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo tienen muy irritada a la oposición de derecha, que con argumentos mentirosos y tramposos, pretende torcer la interpretación y los efectos de una reforma constitucional y de una reforma a una Ley secundaria. Bien coordinados y sincronizados, los medios convencionales de comunicación, al servicio de la oligarquía, nacional y extranjera, de esa minoría rabiosa huérfana de sus privilegios, que embisten con fiereza en contra de la Presidenta.
El pasado martes 22 de septiembre del 2026 superó su primera aduana en la Cámara de Diputados, con mayoría calificada de 344 votos de los 500 legisladores que la integran, una iniciativa de reforma constitucional al Artículo 82 de la Carta Magna, que establece que ninguna persona que tenga doble nacionalidad podrá aspirar en nuestro país a ocupar la Presidencia de la República.
El martes 29 de septiembre del 2026 se cumplió el trámite en el Senado de la República y la reforma al Artículo 82 constitucional prosperó con mayoría calificada de 86 votos a favor y 42 en contra. El pleno del Senado envió a los congresos locales la reforma constitucional y será promulgada para que entre en vigor una vez que sea respaldada por al menos 17 congresos estatales.
Esa iniciativa advierte que para ser Presidente de la República se requiere ser ciudadano mexicano por nacimiento, en pleno goce de sus derechos, hijo de padre o madre mexicanos. Además, quien aspire a ser primer mandatario del país no debe tener ni adquirir otra nacionalidad y, en caso de tenerla, renunciar a ella previo a solicitar su registro como candidato en los términos que establezca la Ley. Se señala que quien ejerza el cargo de Presidente de la República no podrá adquirir ni solicitar otra nacionalidad, ni invocar ante autoridad extranjera una nacionalidad distinta de la mexicana.
Se agrega también al Artículo 82 constitucional que “quedan comprendidos en esta prohibición el uso de pasaporte o documento de identidad expedido por un Estado extranjero, el ejercicio de los derechos políticos inherentes a la ciudadanía ante éste y el acogerse a su protección diplomática”.
¿Por qué?
Se explica en la iniciativa de reforma constitucional que por la naturaleza de la responsabilidad del Presidente de la República, su actuación debe responder de manera plena e inequívoca al interés del pueblo de México, por encima de cualquier otro vínculo o consideración, para garantizar que el interés y la soberanía nacionales sean los principios rectores que guíen su quehacer público.
De manera similar, quien encabeza el Poder Ejecutivo de alguna entidad federativa o la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México tiene la profunda responsabilidad de anteponer los intereses del pueblo ante cualquier otra consideración y les aplicaría por igual y en los mismos términos la reforma al Artículo 82 constitucional.
Se aclara en la iniciativa que no se desconoce la nacionalidad mexicana de quienes posean otra nacionalidad ni se restringen sus derechos políticos con carácter general, pero quien aspire a la Presidencia de la República, a alguna gubernatura o a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, tendrá que renunciar previamente a la nacionalidad extranjera en los términos previstos por la Ley.
En estos tiempos en los que la oposición de derecha está dispuesta a entregar la soberanía del país al Gobierno estadounidense de Donald Trump, existe el riesgo de que un Gobernador con doble nacionalidad, en alguna entidad fronteriza con Estados Unidos, pudiera ceder a la tentación o por iniciativa propia promover una eventual anexión de parte del territorio mexicano a la jurisdicción o protección del gobierno estadounidense.
Otro dolor
Hay otra iniciativa de reforma a leyes secundarias que también le causa dolor de cabeza a la oposición, injustificadamente, pues argumentan en el vacío sobre un riesgo que no existe. Al respecto, el pasado domingo 27 de septiembre del 2026, el Partido Acción Nacional emitió un comunicado en su plataforma digital oficial, en el cual advierte que el presidente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, calificó como grave que Morena pretenda abrir la puerta a la censura de memes, sátiras, parodias, caricaturas o cualquier forma legítima de crítica política mediante reformas en materia de propiedad intelectual.
El dirigente panista señaló que la discusión en torno al artículo 403-Bis de la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial ha encendido alertas por la posibilidad de que una redacción ambigua sobre el uso, reproducción o imitación de identidad gráfica y signos oficiales pueda alcanzar contenidos satíricos o críticos. Por supuesto, la interpretación del dirigente panista es, además de mal intencionada y dolosa, totalmente carente de sustento.
Sin embargo, si usted lee con cuidado y calma observará que en ninguna de las 90 páginas que integran el Dictamen de las Comisiones Unidas de Justicia, Economía y Estudios Legislativos del Senado de la República, aprobado el pasado miércoles 23 de septiembre del 2026, que reforma y adiciona diversas disposiciones del Código Penal Federal y de la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, existe algún indicio o enunciado que atente contra la libertad de expresión y ponga limitantes a la generación de sátiras, críticas, parodias, caricaturas, comentarios sarcásticos o los ahora llamados “memes”, que suelen combinar imágenes y textos para expresar ironía, sarcasmo o reclamos sociales.
El dictamen que fue publicado en la Gaceta del Senado de la República el miércoles 23 de Septiembre del 2026 y aprobado en comisiones con 34 votos a favor, ocho en contra y dos abstenciones, fue llevada al pleno de la Cámara Alta este miércoles 30 de septiembre del 2026 y respaldado con 72 votos a favor y 34 en contra. La iniciativa fue enviada a la Cámara de Diputados de la federación para su estudio y segura aprobación por Mayoría Simple.
Se reforma la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial y se le adiciona un artículo 403-Bis para proteger la identidad gráfica institucional del Estado mexicano frente a su utilización no autorizada a escala comercial, cuando ésta tenga por objeto inducir a error o engaño a la población, particularmente a través de medios electrónicos y digitales.
¿Qué dice el Artículo 403-Bis tan debatido, comentado, satanizado, muy poco difundido textualmente y mucho menos analizado con seriedad y rigor?
“Artículo 403-Bis.- Se impondrá de uno a cinco años de prisión y multa de mil a diez mil Unidades de Medida y Actualización vigente al momento en que se cometa el delito, a quien utilice, reproduzca, imite o incorpore, a escala comercial, la identidad gráfica institucional, dominios electrónicos o cualquier documento de carácter oficial, perteneciente a cualquier institución pública de los tres órdenes de Gobierno, para inducir al error o engaño con la intención de cometer un ilícito sobre el origen oficial de una comunicación, documento, plataforma, servicio, sistema informático o cualquier otra actuación atribuible a una institución pública, a través de cualquier medio”.
¿A qué se refiere esta reforma? Seguramente usted ha tenido la oportunidad de ver, en alguna ocasión, anuncios falsamente atribuidos a Petróleos Mexicanos, a la Comisión Federal de Electricidad, incluso que muestran al expresidente Andrés Manuel López Obrador, a la mandataria Claudias Sheinbaum Pardo, a algún prominente empresario o destacado comunicador, que recomiendan algunas milagrosas o rentables inversiones para que la gente se haga millonaria casi de inmediato. Claro, con el propósito de engañar o defraudar a las personas. Pues a eso se refiere este artículo.
Es importante tomar en cuenta que en materia penal, la Tesis de Jurisprudencia 54/2014 aprobada por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de las Nación, emitida el 18 de junio del 2014 señala que los delitos deben estar claramente tipificados y las sanciones perfectamente definidas en el Código Penal Federal.
Señala la referida Tesis: “El artículo 14 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, consagra el derecho fundamental de exacta aplicación de la Ley en materia penal al establecer que en los juicios del orden criminal queda prohibido imponer, por simple analogía y aun por mayoría de razón, pena alguna que no esté decretada por una Ley exactamente aplicable al delito de que se trata. Este derecho fundamental no se limita a ordenar a la autoridad Jurisdiccional que se abstenga de interpretar por simple analogía o mayoría de razón, sino que es extensivo al creador de la norma”.
En materia penal “al legislador le es exigible la emisión de normas claras, precisas y exactas respecto de la conducta reprochable, así como de la consecuencia jurídica por la comisión de un ilícito; esta descripción no es otra cosa que el tipo penal, el cual debe estar claramente formulado”. En la reforma al Artículo 403-Bis de la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial no hay ninguna referencia concreta o preciosa a algún delito que esté relacionado con la censura y la libertad de expresión.
Habría que considerar, frente a las observaciones de que con la reforma estaría en riesgo la libertad de expresión, los criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación expresados en una tesis de jurisprudencia del 7 de febrero del 2014 con respecto a más elevado umbral de tolerancia en la crítica referidos a los servidores públicos.
“Las expresiones e informaciones atinentes [es decir, referidas] a los funcionarios públicos, a particulares involucrados voluntariamente en asuntos públicos, y a candidatos a ocupar cargos públicos, gozan de un mayor grado de protección. Tales personas, en razón de la naturaleza pública de las funciones que cumplen, están sujetas a un tipo diferente de protección de su reputación o de su honra frente a las demás personas, y correlativamente, deben tener un umbral mayor de tolerancia ante la crítica”.
Aclara también esta tesis de jurisprudencia que “a fin de determinar si cierta expresión sobre algún funcionario o candidato a ocupar un cargo público tiene relevancia pública no se requiere que un determinado porcentaje de la población concentre su atención en la controversia o que los líderes de opinión se refieran a ella, pues el mero hecho de que la expresión esté relacionada con el control ciudadano sobre su desempeño hace la información relevante”.
Además la vigente Ley Federal del Derecho de Autor, que no sufre modificación alguna, aclara en su Artículo 14 que “no son objeto de la protección como derecho de autor […] las reproducciones o imitaciones, sin autorización, de escudos, banderas o emblemas de cualquier país, estado, municipio o división política equivalente, ni las denominaciones, siglas, símbolos o emblemas de organizaciones internacionales gubernamentales, no gubernamentales, o de cualquier otra organización reconocida oficialmente, así como la designación verbal de los mismos”.
Mientras que el Artículo 87 de la Ley Federal del Derecho de Autor explica con toda claridad que “no se considerará violación a los derechos reconocidos […], cuando el uso de la imagen o la voz de la persona intérprete o ejecutante se realice con fines de parodia, sátira o imitación creativa, o cuando el uso no constituya una clonación o suplantación que induzca a error al público o que tenga por objeto sustituir la prestación profesional del artista en el mercado mediante el uso de sistemas de inteligencia artificial o cualquier otra tecnología o de cualquier otra forma”.
Es claro que en el análisis y discusión de las dos reformas referidas, es mucho el ruido que hace la oposición y muy poco sustentada la crítica que en poco o nada enriquece el debate público sobre asuntos que son importante para la República.
Caminos, escaleras y un árbol

Hay dos de las formas en que podemos mirar la propia vida: la escalera y el camino. En una hay que subir hasta el último peldaño y, en el otro, ir eligiendo rutas. Cuando se alcanza la cima de la primera, uno acaso se pregunte para qué todo ese esfuerzo. En el segundo, el camino, la pregunta será en el cruce de rutas donde se tiene que decidir por una y dejar atrás otras posibles: ¿Qué hubiera sucedido de haber transitado por la otra vía? La pregunta de la escalera será, entonces, por el vago propósito. La pregunta del camino será, entonces, por la posibilidad perdida. ¿Para qué escalé? y ¿qué hubiera pasado? Algo de frustración y algo de remordimiento.
Subir una escalera es un acto mecánico, solitario, y conciso, como lo describe Julio Cortázar en Instrucciones para subir una escalera, salvo que, como sucede en El Aleph de Borges, en el peldaño 19 te encontraras con el universo entero. Distinto es caminar porque el errante es tanto del error como de la errancia. La incertidumbre y el azar te acompañan en el trayecto. Hay vericuetos, cruces, encuentros, peligros. Y, como dice Robert Frost en su célebre poema, cuando ya hayas llegado te dirás y contarás que elegiste viajar por el menos transitado, aunque, la verdad, a la hora de decidir, ambos te parecieron iguales. La memoria nos exculpa.
En la escalera hay que ver al peldaño siguiente mientras pisas el actual y sólo sabes que has llegado cuando pones el talón en el final. En el camino la llegada no es necesaria y el andar se convirtió en la forma en que los hombres experimentaban la modernidad de la ciudad: mirar a los transeúntes. Las mujeres, en cambio, estaban en busca de una habitación propia. Balzac en su pequeño tratado sobre el andar, colecciona todos las reticencias que se solidificarán, con el tiempo, en los estereotipos de la misoginia, la aporofobia, y la discriminación por el aspecto, cuando instruye a las mujeres cómo comportarse en la calle y qué vestir, huye de esos pobretones que andan de prisa porque no se pueden comprar su propio ocio, y condena el caminar de los gordos como no estético. Pero nada en el texto de Balzac nos lleva a deambular. Más bien él se está refiriendo a las calles como escenarios y al andar de los burgueses como coreografías. Una vez que el flaneur llega a su fin, Walter Benjamin ve sus vestigios en el deambulador nocturno y en el convaleciente que sale de la cuarentena, y que pueden ser ese “hombre de la multitud” que tanto miedo le daba a Edgar Allan Poe. El deambular se ha detenido para siempre y jamás fue una recurso para las mujeres.
Sobre la metáfora de la vida como un camino, hay algo que también Umberto Eco sostuvo. Escribe: “El camino de la vida es una metáfora porque vida contiene una marca de temporalidad mientras camino contiene una de espacialidad. Gracias a que ambos lexemas contienen una marca de 'proceso' o de 'transición de x a y' (sean puntos del espacio o momentos del tiempo), la metáfora se vuelve posible por una transferencia de propiedad o por una transferencia de categoría. La expresión 'a la mitad del camino' no sería metáfora si el camino se entendiera en sentido espacial, pero la co-ocurrencia textual de decir 'de nuestra vida', impone la transferencia de una marca espacial al ámbito de la categoría de la temporalidad, por lo que también el tiempo se vuelve un espacio lineal con un punto mediano y dos extremidades”. Es decir, al proponer como metáfora de la vida al camino se hace del tiempo un trayecto entre un inicio y un final. Se hace lineal y nos impide tratar a la vida como ciclos o hasta dispersiones o flujos de energías.
Pero ahora vayamos a su uso como metáforas, no personales, sino sociales. La escalera termina en una metáfora social: la meritocracia. La escalera se sube solo, es lineal, jerárquica y competitiva. No se puede ascender sin dejar a otros atrás. Supone que todos arrancan del mismo peldaño, aunque haya gente que parte del subsuelo y otros ---los que ganarán--- que salen desde escalones que están mucho más arriba: los blancos, herederos, varones y urbanos. Al decir que los ganadores lo son por su esfuerzo, trabajo o superioridad intelectual, se legitiman las desigualdades y se destruye a la comunidad porque, en la escalera, pertenecer a la clase trabajadora tiene una sola motivación: huir de ella.
Arriba, el plutócrata se presenta como alguien igual a los demás que trabajan y se esfuerzan, se autopropone como salvador y benefactor de una sociedad víctima del Estado, y exhibe sus riquezas como comprobantes de su astucia y para servir de ejemplo a los que todavía no se esfuerzan. Vean, si no, a Elon Musk, a Trump, y a sus perritas. Abajo, el resto es conducido al aislamiento, el quiebre de las redes de apoyo, al “Síndrome del Impostor”, y a una utopía de holgura material que jamás está al alcance. Pero la escalera como metáfora social llevó, sobre todo, a la humillación, el desprecio, y la vergüenza de miles de millones por no ser aptos ni suficientes. Su forma de difusión más acabada fue el reality show en la televisión que mutó en la historia de Instagram. Acumular mercancías fue, a un mismo tiempo, señal de mérito y recompensa por subir la escalera. A las mujeres que no se les ofreció ni siquiera una habitación propia, fueron convencidas de que el feminismo habría logrado sus metas, y que ya era hora de “empoderarse”. Eso quiso decir hacer las mismas dobles jornadas y, además, vender mercancías en la informalidad llamada “emprendimientos”. Hoy las mercancías son ellas mismas en las redes tipo Only Fans. El trabajo se conectó, no a la necesidad, sino a la aspiración de ser como el plutócrata. Si no tienes esa aspiración, también tienes una falla moral. La escalera invirtió los papeles en que nos veníamos leyendo desde el siglo XIX: la clase ociosa ahora ya no son los herederos plutócratas sino los propios trabajadores y los potentados son los que trabajaban más duro que nadie y, para muestra, nos exhiben sus yates.
El caminar termina en otros dos mapas mentales: el nomadismo de los milmillonarios en sus aviones, yates y helicópteros conectado a sus mercados financieros, y la migración de los que dejan todo para seguir existiendo, desconectados de sus muertos. “Los hombres no tenemos raíces, tenemos pies”, decía la consigna que los globalistas le extrajeron al etnólogo André Leroi-Gourhan. El detalle es que él se refería a que acabaríamos desdentados y sólo con la fuerza suficiente para apretar botones si la tecnología seguía por la ruta que nosotros ya vivimos. El etnólogo murió en 1986, antes de echarle un vistazo a nuestra cultura del teléfono inteligente. Pero los globalistas que necesitaron, en un inicio, que la fuerza de trabajo se desplazara por su propios medios ---los pies—lo sacaron de contexto para alentar una metáfora que hizo de la supervivencia una aventura del espíritu emprendedor. Hasta que las fronteras se volvieron a cerrar y ya los caminantes no pudieron pasar, fueron perseguidos, y encarcelados como delincuentes.
Los que huyen de un punto de peligro a otro en que deben esconderse por no tener papeles, señala al ser humano del neoliberalismo, el del terror total, es decir, el inmigrante, el inocente al que se culpabiliza, al chivo expiatorio. El caminante, así se encuentra fuera del mundo, de la misma manera en que se miran los milmillonarios en sus cápsulas de oxígenos rejuvenecedoras. Como seres invisibles, los migrantes pobres tienen un poder que sólo se disuelve contra las cámaras de vigilancia o las delaciones de su estatus ilegal por parte de sus vecinos. Como seres inaccesibles, los milmillonarios comparten con los migrantes la secrecía y el poder de habitar escondidos. El tirano sanguinario y la víctima del sacrificio social son las dos metáformas que nos deja el neoliberalismo una vez que asimila la desigualdad extrema.
Junto con el globalismo y la pluralidad sin derechas ni izquierdas, los filósofos franceses, Gilles Deleuze y Felix Guatari criticaron al árbol como símbolo de jerarquía, autoritarismo, y centralización. Pobres árboles, les adjudicaron la metáfora del dictador o de los sistemas burocráticos que funcionan en forma de pirámide. Como alternativa a la metáforma social del árbol, Guatarri y Deleuze, propusieron la metáfora del “rizoma” que era muy parecida a las redes digitales donde todo tiene el mismo peso relativo y cuyas conexiones funcionan como intercambios tipo oferta y demanda o izquierda derecha o, incluso, “me gusta/no me gusta”. Pero todavía no recibían noticias de que los árboles se comunican y avisan de peligros de plagas por medio de sus raíces, usando a los hongos como mensajeros. Tampoco se enteraron que los árboles-madre, los más viejos, socorren a los más jóvenes por medio de esta red subterránea dándoles nutrientes que, por su corta estatura, no alcanzan a sintetizar.
Según ellos, el árbol era perfecto para hacer la metáfora del capitalismo, en el que nuestro sentido de propósito se confunde con nuestro empleo. Tenemos propósito en tanto seamos útiles. Pero esa no es la única fuente del sentido, aunque sea, digamos, el tronco. El árbol se extiende en raíces que ayudan a otros, en ramas que buscan senderos hacia la luz del sol, en copas abiertas de par en par. Cada rama seca ha dado lugar a otra viva y, así, el propósito puede ser tu trabajo, pero también la curiosidad y la compasión. Así el árbol no es una metáfora del autoritarismo, sino sólo una forma de crecimiento dentro de un bosque, desierto, sabana, o selva, que no está animada sino que es arborescente. Los árboles crecen donde su semilla ha caído y, frente a los ataques del exterior, van desarrollando un tronco para protegerse. No pueden ir por sus parejas y, entonces, desarrollan flores, polen, y frutas para reproducirse. No pueden esconderse de las tormentas, así que sólo aprenden a soportarlas.
Los árboles que los franceses Guatari y Deleuze veían tan “estatales” y a los que hasta llamaron “estructuras fascistas” son parte de una comunidad llamada bosque o selva o desierto. Están de pie sobre unas raíces que los intersectan. Llevan en sus troncos y ramas, no una jerarquía autoritaria, sino todas sus derrotas, fracasos, accidentes, huellas del paso de vientos, inundaciones, sequías e incendios. Son la metáfora social para tiempos venideros: ayudar a crecer a los demás.
