9/08/2016

Los periodistas pal café. . . .



Cambios cosméticos, por necesidades del servicio: Luis Videgaray Caso dejó la Secretaría de Hacienda en manos del mismo de quien la había recibido, José Antonio Meade Kuribreña (Pepe Toño, para sus amigos), el funcionario transexenal (ha ocupado cargos importantes en los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña) al que desde hace largo tiempo se ha mencionado en esta columna aventurera como el caballo negro del círculo íntimo de Los Pinos, ahora potenciado por las circunstancias.
No fue etiquetado Videgaray Caso como el secretario expiatorio y ni siquiera se aludió de alguna manera a su papel como corresponsable ejecutivo de la visita ignominiosa de Donald Trump a México. Es decir, oficialmente se le removió por necesidades del servicio, por rediseño en las áreas económicas, pero no por culpa alguna. Nada que ver la crisis económica, el desempleo creciente, la reducción en las expectativas de crecimiento, la inflación, la devaluación acumulada del peso ni el restrictivo presupuesto de egresos que dejó listo para ser presentado hoy. Bueno, ni siquiera por la casa campestre de Malinalco.
Salida de escena pero no de los ánimos complicitarios. Se le permitió, inclusive, adelantarse al propio Peña Nieto y hacer saber, a través de la vocera de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, su decisión de renunciar al cargo y anunciar que no buscará otro (aunque, desde luego, eso no cierra las puertas a eventuales encargos partidistas, como coordinar la campaña priísta en el estado de México o ser el candidato, si el pueblo de tres colores así se lo pidiera).
En realidad, Videgaray sale grupalmente fortalecido. Ya no estará en Hacienda, pero está alguien de su bando, quien, además, con este movimiento en el tablero queda colocado abiertamente en busca de la candidatura presidencial de 2018. Además, el consorcio Videgaray tiene al jefe de la oficina de la Presidencia de la República, al coordinador de asesores de esa misma presidencia y al presidente del comité nacional priísta que conducirá el proceso para la postulación central de 2018. Y el propio Videgaray podrá aspirar a presidir o dirigir algún organismo internacional importante, apoyado por Los Pinos, o entrar como bombero al salvamento de la estratégica elección de 2017 en el estado de México.
Meade Kuribreña goza del especial aprecio de centros de poder económico, nacionales e internacionales, que valoran su capacidad de servir a esos intereses. Además de sus habilidades técnicas, se encomia su decencia, en términos similares a los utilizados por la clientela panista, entre la cual tiene seguidores o eventuales aliados, como la familia Calderón-Zavala. No es carismático ni orador excepcional, sino un burócrata cumplidor, pero encaja a la perfección en el esquema de bipartidismo inducido que este tecleador creyó detectar desde aquel día electoral de junio en que un dócil priísmo aceptó el insólito triunfo panista en seis gobiernos estatales.
Si Meade fuera el candidato presidencial del PRI, sería demasiado fácil llegar a entendimientos con quien recibiese la postulación panista. Nacido en la Ciudad de México el 27 de febrero de 1969, fue director de Financiera Rural (que sustituyó al Banrural de tan mala fama) con Vicente Fox; secretario de Energía y de Hacienda con Felipe Calderón (el propio FC había ocupado la cartera de Energía, con Fox), y de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y, ahora, de nuevo a Hacienda, con Peña Nieto.
La concentración de reflectores en las figuras de Videgaray y Meade permitió a Peña Nieto filtrar sin tanto escándalo a su compadre, Luis Enrique Miranda Nava, como secretario de Desarrollo Social. El bajo perfil del abogado que nació en Jocotitlán, estado de México, ni siquiera permitió que alguien supusiera que la preciada plataforma de construcción de candidaturas presidenciales que es la Sedesol estuviera gestando un nuevo aspirante. Miranda sólo es un leal soldado político de Peña Nieto, que ahora es enviado a administrar los recursos asistenciales con la vista puesta en el interés clientelar priísta de 2018.
El nuevo responsable de la bolsa asistencial-electoral fue secretario de Finanzas en el último tramo de Arturo Montiel en el estado de México e igualmente en los dos años finales de Enrique Peña Nieto estuvo en la Secretaría General de Gobierno. Ya con la legión mexiquense instalada en la nómina federal, Miranda fue colocado como cuña personal en Bucareli, a título de subsecretario de Gobernación que no hacía reportes ni obedecía a Miguel Ángel Osorio Chong, sino al compadre Enrique.
Los asuntos políticos más delicados eran atendidos por dicho subsecretario de Gobernación. Por ejemplo, las negociaciones con el movimiento magisterial opuesto a la reforma educativa, con los jornaleros de San Quintín y con los ex trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas. En el estado de México se habla del constante apoyo de Miranda a Antorcha Campesina.
No va a Sedesol, pues, un técnico respetable, un profesionista conocedor del tema o un político con pretensiones personales, sino un operador práctico, dispuesto a que los recursos de esa importante oficina tengan resultados específicos en cuanto a las necesidades grupales de conservación del poder.
A fin de cuentas, los muebles de la sala solamente fueron cambiados de lugar, y uno que no combinaba en este momento fue remitido a una bodega provisional. Se fortalece el grupo de Videgaray y con Meade reposicionado ya tendrá contrincante oficial interno el secretario Osorio Chong, malquerido por ese grupo dominante. Que Miranda vaya a Sedesol no es ganancia para Osorio Chong, pues aquél nunca respondió al interés del hidalguense. Y, mientras tanto, Donald Trump sigue avanzando. ¡Hasta mañana, con el veracruzano Javier Duarte de Ochoa aplaudiendo la renuncia del titular del Servicio de Administración Tributaria, Aristóteles Núñez, quien llevaba muy adelantado el expediente de los presuntos delitos cometidos por ese gobernador (y por otros cuatro de ese nivel)!, Twitter: @julioastillero, Facebook: Julio Astillero



Foto
Ojalá hubiera sido el ‘‘huracán Trump’’ la gota que derramó la salida de Luis Videgaray. Ojalá fuera que, disminuidas sus posibilidades presidenciales, Peña Nieto pensara en él para el estado de México, a fin de cuidar los intereses del grupo Atlacomulco. Sin que ninguna de las dos hipótesis carezca de algo de verdad, lo que realmente contó fueron los mercados financieros, es decir, las advertencias, en diferentes lenguaje y tono, de las consultoras de crédito Standard&Poor’s, Fitch, Moody’s, en el sentido de que va a la baja la calificación de México. El estancamiento económico enfila hacia una probable depresión económica y por añadidura sigue creciendo la deuda pública, factores que pueden desencadenar una fuga de capitales incalculable. Como telón de fondo, la devaluación. Si vemos en el retrovisor, el destino de Videgaray Caso lo marcó la caída del petróleo, lo cual no fue su culpa, pero sí el escaso acierto para contrarrestar sus consecuencias. Con todo, hay que reconocer un mérito este día en que se está quedando sin amigos: cumplió su compromiso de no cargar el IVA a medicinas ni alimentos.
El relevista
Solía decir el presidente Mao que su canciller Zhou Enlai era ‘‘el hombre para toda ocasión’’. Lo había acompañado en la guerra y en la paz de la nueva China comunista. Tenía un brazo inhabilitado por la metralla y la medalla de un encuentro secreto con Kissinger. Hablaba varios idiomas –una rareza en su tiempo. Salvadas todas las obviedades, José Antonio Meade parece ser el ‘‘hombre de toda ocasión’’ mexicano. Ha servido tanto a gobiernos panistas como priístas. Ha ocupado dos veces la Secretaría de Hacienda. La primera vez la recibió del panista Ernesto Cordero (#Lord6milpesos), en medio del desbarajuste calderonista. Y dato curioso: entregó la secretaría al priísta Videgaray la noche del 30 de noviembre de 2012, al arrancar el sexenio de Peña Nieto, y ayer la recibió del mismo Videgaray en otra crisis. Tiene que comenzar hoy en el Congreso la batalla del Presupuesto 2017, y su mensaje no será fácilmente digerible: cortar los gastos. Los senadores y diputados están en favor de los ajustes, siempre y cuando no toquen sus bolsillos y los moches. Meade podría dar un mensaje de sensatez, por otro lado, si confirma en su puesto al jefe del SAT, Aristóteles Núñez… aunque éste haya presentado ayer su renuncia.
Un compadre a Sedesol
El nuevo titular de Sedesol tuvo un inesperado recibimiento en Twitter:
‘‘Error garrafal tener como operador político a @LuisMirandaNava; tú @EPN mejor que yo sabes que tu compadre no tiene la capacidad para eso.
Ella los conoce bien.
De otros suicidios
Depresión, bipolaridad y esquizofrenia son algunos de los padecimientos que orillan a un ser humano a quitarse la vida. Se sabe también que un comportamiento bizarro precede al acto. La mayor incidencia se da en hombres de bajos ingresos, desempleados y consumidores de drogas y alcohol. Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el próximo sábado, la Organización de las Naciones Unidas recuerda que cada año se registran unas 800 mil muertes, una cada 40 segundos, de las que 75 por ciento se producen en países pobres. Con cifras proporcionadas por el Inegi sabemos que en México el suicidio presenta significativas diferencias por sexo. En 2014, la tasa de mortalidad masculina fue de 8.5 personas por cada 100 mil, y en mujeres de 2. La estadística muestra que Campeche (10.2), Chihuahua (8.4) y Yucatán (8.4) son las entidades con más suicidios. En contraste, Oaxaca (3.4), Morelos (2.8) y Guerrero (2.1) presentan las tasas más bajas. (No hay necesidad de suicidarse, te matan).



Cayó el presidente adjunto, quien libre y altaneramente metió la mano en todo y en todo dio órdenes, con los resultados ya conocidos y padecidos. Desde ayer, cuando menos de forma oficial, Luis Videgaray dejó de ser el ministro del (d) año y el canciller de lo mismo, pero el tiradero que deja sigue allí, y no es poco ni de inmediata solución. Entonces, se acabó el ministro, pero permanece el daño.
El 6 de diciembre de 2012 estrenó puesto con un discurso que prometía beneficios para el bolsillo de las familias mexicanas, y para confirmar su dicho al día siguiente anunció el primer gasolinazo del sexenio. Y también prometió un futuro promisorio para los habitantes de este país, el cual, entre otras cosas, se traduce en la obligación ciudadana de pagar la voluminosa deuda externa que hereda a las siguientes tres generaciones, cuando menos.
Como se comentó en este espacio, a pesar de los permanentes destrozos del ministro a lo largo de su estancia en Hacienda y de la ausencia de resultados (buenos, desde luego, porque los malos abundaron), el inquilino de Los Pinos estaba dispuesto a sostenerlo contra viento y marea, y seguir pagando el creciente costo político que ello implicaba, pero a estas alturas y tras la catástrofe del trumpazo no fue posible más, simplemente porque era él o el ministro, y Enrique Peña Nieto ya ni capital político tiene.
El inquilino de Los Pinos queda huérfano. Esa fue su expresión a la hora de hacer pública la salida del ministro, con un rostro similar al de Felipe Calderón cuando anunció la muerte de Juan Camilo Mouriño, o la de Carlos Salinas de Gortari cuando se vio en la obligada necesidad de enviar a José Córdoba Montoya al BID, todos ellos presidentes adjuntos en su momento.
Horas después del anuncio en Los Pinos, Enrique Peña Nieto no soltó el tema y ante un grupo de zacatecanos decidió reivindicar las decisiones de su gobierno, y, como dijo, ser el primero en asumir plenamente la responsabilidad. De ser así, entonces tendría que haberse ido de la mano de Luis Videgaray.
El ministro del (d) año recibió la economía con un ritmo de crecimiento cercano a 4 por ciento; se va, y lo deja por debajo de 2 por ciento. Cuando en diciembre de 2012 le dieron las llaves de Hacienda, el saldo de la deuda pública era 3 billones de pesos menor al actual y el tipo de cambio de 13 pesos por dólar, contra los 19 de ahora. Prometió bajar los precios de las gasolinas y resulta que ahora son los más elevados de la historia, mientras las calificadoras internacionales se dan vuelo con el lápiz rojo. Y el abismo entre las promesas de crecimiento y la terrible realidad de los resultados económicos.
Además, fiscalmente exprimió a todo el mundo, pero durante su estancia en Hacienda el gobierno peñanietista siempre registró déficit. Y se pronunciaba en contra de la corrupción, mientras plácidamente disfrutaba de su casa en Malinalco. Una joya, pues.
Al quite llega José Antonio Meade, el chile de todos los moles tecnocráticos, el todólogo preferido de panistas y priístas, quien eventualmente se convertiría en la ficha aliancista para 2018. No termina de colgar los cuadros en su oficina, cuando ya tiene que cambiarse. En cinco años y medio (del 7 de enero de 2011 a la fecha), cinco veces secretario: de Energía y Hacienda, con Felipe Calderón, y de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y (otra vez) de Hacienda, con Peña Nieto. Casi una por año, de tal suerte que todavía puede ir por otra flor curricular.
Entonces, se fue el ministro (y junto con él, el subsecretario Fernando Aportela y Aristóteles Núñez, titular del Servicio de Administración Tributaria, cuando menos) y arribó José Antonio Meade. Todos contentos con el cambio, pero guárdense las sonrisas porque lo mero importante se queda tal cual: ni lejanamente habrá ya no digamos golpe de timón, sino siquiera un leve giro en política económica. El nuevo titular de Hacienda es garantía de más de lo mismo y su tarea (una suerte de misión imposible) es evitar que el barco termine de hundirse antes del cierre sexenal, y torear, de la mejor forma posible, el descenso.
Sin embargo, el flamante titular de las finanzas nacionales (como pomposamente se auto reconocen quienes ocupan la silla principal de la Secretaría de Hacienda) tiene un severo problema aritmético, y lo demostró durante su paso por la Secretaría de Desarrollo Social. Allí afirmó que la pobreza en México se había reducido a la imperante en el año 2000 (algo que, por lo demás, tampoco es para presumir) y se aferró al discurso de que el número de mexicanos depauperados era cada día menor, gracias al señor Presidente de la República y, obvio es, a las reformas estructurales. Fue desmentido por tirios y troyanos, pero el hombre insistía en restar cuando a todas luces el problema era de sumas.
A pesar de sus problemas con la aritmética, Meade es un funcionario más sociable, con mayor capote y sin la petulancia de Videgaray, pero al final de cuentas viene del mismo establo. Podría aplicar cambios de forma e incluso de decorado, pero nunca de fondo. Como el ministro del (d) año, el nuevo titular de Hacienda (y tantos otros en el sector financiero del gobierno federal) tiene el mismo padre y la misma madre que su predecesor: Banco de México-Hacienda e ITAM, y su beato preferido es san Pedrito Aspe.



Las nuevas autoridades de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) y la institución en su conjunto están obligadas a encabezar un inmediato, intenso y participativo proceso de discusión para decidir el rumbo a seguir.
También es posible, aunque sería muy lamentable, que no se convoque a debate alguno y desde arriba se impongan los argumentos de quienes apuestan por el freno drástico al crecimiento de la matrícula, de la oferta educativa y del ingreso de trabajadores académicos y administrativos.
O se abren puertas y ventanas para que se incremente el número de jóvenes o seguiremos aportando mano de obra no calificada para las maquiladoras o ensambladoras que vienen a aprovecharla.




Renunció Manlio Fabio a la dirigencia del PRI y levantó una polvareda de comentarios, rumores e interpretaciones sobre los movimientos digestivos en las tripas del régimen tras la catástrofe electoral de dos semanas antes. Pero la afrenta de Nochixtlán, con sus muertos y sus heridos inocentes a manos de las fuerzas federales, estaba en carne viva. El aún jefe de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos, dijo con toda la tranquilidad del mundo que sus efectivos, unos 2 mil, habían acudido desarmados y que habían sido víctimas de una emboscada; también, que los documentos gráficos que demostraban lo contrario seguramente eran engendros del Photoshop.
En los días siguientes, el régimen tuvo que abrir, por medio de la Secretaría de Gobernación, la válvula de las negociaciones con el profesorado democrático y en los días siguientes ensayó ademanes distractores. Luego de 48 horas de clandestinidad, Aurelio Nuño compareció con gestos inseguros y temblorosos –cuándo, él– para asegurar que no tenía nada que ver, etc. Luego se anunció un brutal recorte en el gasto federal de educación y salud y se le echó la culpa a los ingleses porque se habían salido de la Unión Europea y con ello habían introducido factores de desasosiego en las finanzas mundiales. Y seis días más tarde, en la localidad mixteca asaltada por las fuerzas del gobierno, había heridos de bala que no habían recibido atención médica.



Opinión

El presidente Enrique Peña Nieto aceptó ayer la renuncia de Luis Videgaray Caso como secretario de Hacienda y Crédito Público y nombró en su remplazo al hasta entonces titular de la Secretaría de Desarrollo Social, José Antonio Meade. El puesto que éste dejó es ocupado desde ayer por Luis Miranda Nava, quien venía desempeñándose como subsecretario de Gobernación.

Ajedrez político
Aveces es necesario sacrificar al alfil cuando el rey está en jaque.

Hace poco más de 30 años esta pregunta tenía una respuesta más clara que la que podremos dar hoy. Al inicio de la década de los años 80 existían más de mil 100 empresas de propiedad estatal que se suponía representaban los intereses de la nación y del pueblo de México. Había en ese entonces todavía un proyecto nacionalista que buscaba fomentar el crecimiento económico, generar más empleos y contribuir a mejorar el bienestar económico y social de la población.

Hay quienes se escandalizan de que a Javier Sicilia se le califique de ultraderechista, pero no se sonrojan siquiera al decir grandes mentiras sobre la golpiza que, según ellos, le propinó la policía del estado de Morelos enviándolo –dijeron– al hospital.

Seguramente nunca se cerró el ciclo de los golpes de Estado en América Latina. Una ilusión política quiso ver en el fin de la guerra fría el comienzo de una nueva etapa. En el horizonte se oteaba un futuro de paz, estabilidad política y crecimiento económico. El comunismo había caído en desgracia y el dispositivo para combatirlo: los golpes de Estado, perdían legitimidad. A partir de entonces se podrían utilizar mecanismos de guante blanco sin necesidad de recurrir a la violencia directa. Las presiones para derrocar un gobierno democrático entraban en la era constitucional. El golpe de Estado cruento y con las fuerzas armadas de protagonistas no era una opción viable. Hacer caer un gobierno por otras vías, aun siendo un golpe de Estado, no levantaría tanta suspicacia. Otras instituciones podrían ocupar el papel protagónico, los militares habían cumplido su misión en la guerra contra la subversión comunista. En el corto y medio plazos, los proyectos democráticos, socialistas, y anticapitalistas no aparecían en la agenda. El enemigo interno había sido neutralizado, cuando no reducido a su mínima expresión, por la vía del genocidio, la tortura y la desaparición forzada.

Pasa cada vez. Cuando el comportamiento o las decisiones de un presidente nos agobian se nos impone la urgencia de que el sexenio se acabe. Cruzamos los dedos, cerramos los ojos para implorar ¡Que se acabe el sexenio. Oh Dios! Que se termine este martirio. Recuerdo que así ocurrió con Luis Echeverría, con José López Portillo, con Miguel de la Madrid. Los finales de Vicente Fox y de Felipe Calderón fueron igualmente esperados. Como si se tratara de un mal sueño del que queremos despertar, era casi insoportable la perspectiva de que al día siguiente estaría ahí mismo el responsable de decisiones cuyas consecuencias adversas nos alcanzarían a todos. A ellos menos que a los demás. Así me pasa con Enrique Peña Nieto. Mientras yo no me recupero de las majaderías de Trump, él parece menos afectado que el resto de nosotros por ese encuentro. Si en lugar de escuchar a sus asesores el Presidente hubiera visto el último concierto de Juan Gabriel, hubiera estado mejor pertrechado para enfrentar a nuestro archi enemigo. Pero, me urge que esto se acabe, no vaya a ser que se les ocurra alguna otra decisión de Estado, como decían que fue la de invitar a Trump a Los Pinos; por ejemplo, transferir Chiapas a Guatemala.

Los anfitriones hubieran deseado que un ambiente global muy diferente rodease la celebración en su territorio –por fin, después de tantos años– de la cumbre del Grupo de los 20, el llamado foro por excelencia para la cooperación económica y financiera multilateral. Recuérdese que, en su actual encarnación, el G-20 data de 2008, del inicio de la gran recesión, e incorporó las economías emergentes al esfuerzo global, no por completo logrado, de recuperación del crecimiento y el empleo. Ocho años y 10 cumbres después, esa recuperación sigue mostrándose elusiva. Al menos hasta 2013, China hizo quizá la mayor contribución nacional a los objetivos proclamados del grupo; fue el motor que evitó una depresión profunda y generalizada.

Xi Jinping, presidente de China, en el discurso de apertura de la reunión del G-20 advirtió que ocho años después de la crisis financiera internacional, la economía mundial vuelve a estar en un punto crítico. Aseguró que la economía global afronta la insuficiencia del crecimiento global; una demanda y una inversión deprimida; volatilidad de los mercados financieros; escaso dinamismo comercial; resurgimiento de tendencias proteccionistas; agotamiento del impulso generado por la ola de avances tecnológicos; envejecimiento poblacional; así como la persistencia del riesgo de burbujas financieras pese a los avances regulatorios.

El cobarde golpe de Estado contra la presidenta Dilma Rousseff es otro avance en la contraofensiva imperialista-oligárquica contra las fuerzas populares de América Latina y el Caribe.

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