11/24/2016

Laboran más de 10 horas al día y ganan 200 pesos



80 por ciento de mujeres viven de hacer tortillas

El cielo es un lienzo profundamente oscuro cuando las mujeres de la localidad dan inicio a la labor. A esa hora, los chacuacos lanzan las primeras bocanadas tenues y cálidas. Con el esfuerzo impreso en los brazos, las mujeres llevan la pesada carga hacia la cabeza y luego a paso ágil caminan hacia la molienda, con el tenate rebosando de maíz cocido para la elaboración de tortillas.
 
En el municipio de San Antonio de la Cal, 80 por ciento de las mujeres tienen en esta actividad su única fuente de empleo y el principal sustento familiar. Sin embargo, a partir del incremento en los insumos en los últimos cuatro meses, el oficio apenas deja lo suficiente para comer, afirman.
 
Victoria Martínez toma una porción de la masa acurrucada en el metate. Los cabellos intensamente negros se envuelven como preocupación sobre su cabeza, pues las ventas han ido en contrasentido al encarecimiento de los insumos, principalmente del maíz.
 
Aumenta el precio del grano
 
Desde hace 4 meses, el precio del grano avanza sobre los peldaños de una escalera. Cada ocho días, el costal lleva grabados diez y hasta 15 pesos más. Se ha situado entre 350 y 360 pesos los 45 kilogramos de maíz. El futuro podría ser más adverso, dadas las pérdidas en cultivos a consecuencia de la canícula.
 
Con la leña crepitando bajo el comal, los menudos brazos de Victoria imprimen fuerza sobre el metate, en el palmeado y aplanado con la máquina de hacer tortillas, hasta lograr una figura perfectamente redonda.
 
Con la masa extendida sobre el antebrazo, delicadamente pero sin vacilación, recuesta la tortilla sobre el comal. La acción la repite una vez más, dos, tres veces, hasta llegar a hacer cien blandas y tlayudas. Como en un espejo, Zuleyma, su joven hija, se entrega al mismo movimiento.
 
Cuna de la tortilla
 
La calle está perfumada con el olor a nixtamal tibio, a leña consumida lentamente por el fuego, a tortilla calientita y al trabajo arduo de las mujeres.
 
En la vivienda de las hermanas Ruiz Méndez, cinco chacuacos colocados en hilera sobre el techo de lámina de la cocina, lanzan un tenue humo que se funden con los primeros rayos del sol.
 
Cada una frente al comal: Andrea, Tomasa, Eulogia, Teresa y Valentina, realizan la labor de manera mecánica mientras intercambian plática y risas. El lugar es como una sinfónica de cámara bajo la dirección de la mayor de ellas, quien lleva 56 años en el oficio.
 
La leña crujiendo, el metal de la máquina aplanadora de tortilla tintineando, la masa sobre el fuego chasqueando, en el amasado aplaudiendo, el carrizo atizando. El conjunto de sonidos va armando una melodía sincronizada con el cantar de los gallos.
 
“Desde los 10 años aprendí a hacer tortillas, un poquito viendo, un poquito haciendo. A esa edad me iba con mi abuelita a vender. Me iba con ella caminando hasta llegar a Candiani”, relata Andrea.
 
Hoy, esa misma producción, multiplicada por el número de mujeres frente al comal, es vendida en la Central de Abasto, la cual suministra de alimentos a la capital y los municipios de Valles Centrales.
 
Costras de masa cubren las flores del delantal y los brazos de la mujer. Sobre su cabello se ha tejido una trenza que destella las primeras canas de los 66 años de edad. Deja la labor frente a la lumbre y con una larga pala de madera remueve el nixtamal. El maíz cocido deja salir el vaho contenido. Aún está demasiado caliente para ser lavado, así que Andrea regresa al comal.
 
- Andrea: Ése es mi trabajo desde que venimos creciendo.
 
- Citlalli López (CT): ¿Y hasta cuándo va a dejar de hacer tortillas?
 
- A: Pues hasta que llega la muerte, porque ¿quién cree que me va a dar de comer? Yo no me casé. Aquí, todas estamos solas. Nadie de nosotras se casó, ¿para qué? Es lo mismo -afirma entre risas que escapan libres-. Ahí estamos, siguiendo trabajando, porque como dice mi abuelita “en eso nació mi muela, en eso se ha de acabar”.
 
Insumos caros
 
Además del incremento en el precio del maíz, otro insumo que se encareció fue la leña. La carga que compraban en 300 pesos al inicio de año, alcanza actualmente los 600 pesos. En suma y resta de inversión y ganancia, las trabajadoras sólo logran llevar a sus hogares, ingresos diarios de 200 pesos por una jornada que se prolonga más de diez horas.
 
Para las tortilleras de San Antonio de la Cal, una forma de poder incrementar el margen de dividendos, es la instalación de un almacén que permita tener grano suficiente para enfrentar escasez y el acaparamiento que deriva en el incremento de los precios.
 
A lo anterior -agregan- habría que sumar el establecimiento de un molino comunitario para eliminar el importe de 25 pesos por almud que actualmente se cobra.
 
Mujeres, motor de la economía local
 
La estructura ocupacional de la población masculina difiere de la población femenina. En el caso de los ocupados, 51 de cada 100 hombres son agricultores, 15 se desempeñan como obreros y 6 como ayudantes de obreros, refieren datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
 
En cambio, del total de mujeres dedicadas al trabajo extradoméstico: por cada 100 ocupadas, 18 son agricultoras, 17 son artesanas y obreras, 16 se desempeñan como comerciantes, vendedoras y dependientas, 12 como trabajadores del hogar y 9 llevan a cabo actividades de oficinistas.
 
Así pues, 72.6 por ciento de las mujeres ocupadas se distribuyen en las cinco ocupaciones antes mencionadas, mientras que en una proporción similar (71.7 por ciento), los hombres lo hacen sólo en tres de ellas.
 
CIMACFoto: Gabriela Mendoza Vázquez
Por: Citlalli López Velázquez, corresponsal
Cimacnoticias | San Antonio de la Cal, Oax.-  

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