2/26/2018

PGR acumula 21 averiguaciones por la Estafa Maestra, ninguna resuelta


Con la Estafa Maestra han desaparecido más de 3 mil 500 millones de pesos del erario, sin que haya funcionarios consignados.
empresa estafa maestra
Especial
La Procuraduría General de la República (PGR) tiene abiertas hasta hoy 21 averiguaciones previas y carpetas de investigación relacionadas con un esquema sistemático de presunto desvío de recursos, en la administración de Enrique Peña Nieto, que involucra a dependencias federales, instituciones públicas y empresas fantasma, pero hasta ahora, ninguno de los casos está consignado y no hay funcionarios acusados.
Las averiguaciones –promovidas por denuncias penales de la Auditoría Superior de la Federación (ASF)- abarcan irregularidades en los ejercicios fiscales 2012, 2013, 2014 y 2015, e involucran recursos federales transferidos a dependencias federales, que a su vez triangularon el recurso con universidades o instituciones públicas, las cuales lo entregaron finamente a compañías privadas que simulan servicios.
Se trata del mecanismo documentado en el reportaje “La Estafa Maestra”, a través del cual, aprovechando una excepción en el artículo 1 de la Ley de Adquisiciones, las dependencias asignan recursos sin pasar por procesos mínimos de licitación ni competencia.
Bajo este mecanismo se han dispersado más de 7 mil millones de pesos, de los cuales se desconoce el destino real de al menos la mitad.
La Subprocuraduría Especializada en Delitos Federales de PGR, a través de su unidad especializada para investigar delitos cometidos por servidores públicos, es la responsable de integrar y resolver las carpetas iniciadas por las denuncias interpuestas. Animal Político pudo confirmar que hasta ahora el estatus de todas ellas es “en integración”.
Autoridades ministeriales y de la ASF consultadas por este medio indicaron que hay averiguaciones que llevan más de un año sin que haya mayor avance y, en muchos casos, ni siquiera se ha citado a funcionarios involucrados a declarar ante el Ministerio Público en calidad de probables responsables.
Esto pese a que los auditores entregan un dictamen técnico que identifica a los servidores públicos que tuvieron responsabilidad en el manejo de los recursos.
Las denuncias de la Auditoría no solo señalan irregularidades específicas, sino un esquema de simulación que se repite y permanece impune. Las empresas contratadas en su mayoría son irregulares o fantasma que – al igual que las universidades que sirven de comparsa- no tienen ninguna infraestructura para cumplir con los servicios que se les asignen de forma totalmente discrecional.
En la mayoría de los casos las dependencias o las universidades e instituciones auditadas entregan expedientes que supuestamente prueban que los servicios se cumplieron, sin embargo los auditores han descubierto – sobretodo en los últimos casos denunciados donde se han profundizado las revisiones – que esto es una fabricación de entregables y que el dinero no se sabe en realidad dónde está.

Gobierno ha “propiciado la reincidencia”: ASF

La ASF acusó que el gobierno federal no ha implementado los mecanismos suficientes para frenar y castigar el desvío de recursos a través de los convenios con universidades públicas, pese a que se trata de un problema que lleva, al menos, cuatro años reportándose por parte de los auditores.
En el informe de resultados de la auditoría forense 1639-DS, que dio pie a la última averiguación previa iniciada por PGR a finales del año pasado, la ASF subrayó que la presentación de las denuncias penales ha carecido de repercusión alguna, lo que además ha propiciado que los desvíos continúen
“La presentación de denuncias de hechos ante las autoridades competentes no ha tenido resultados que permitan inhibir estas conductas irregulares, lo que ha propiciado la reincidencia en estas contrataciones que no aportan ningún beneficio tangible a la entidad contratante”, señaló el informe.
Pero las omisiones no solo caen en el terreno de la PGR. La Auditoría también condenó el hecho de que la Secretaría de la Función Pública (SFP) se haya negado a determinar que estas contrataciones deben aparecer en el sistema Compranet, con el argumento de que son convenios entre entidades públicas–dependencias con universidades.
La ASF había pedido formalmente a la SFP que corrigiera esta situación, toda vez que la Constitución es clara en manifestar que por regla general las contrataciones con dinero público deben ser procesos de licitación transparentes, lo que no ocurre con estos convenios que además han propiciado el desvío de recursos.
Pero la respuesta de la SFP fue negativa, lo que desde el punto de vista de los auditores contribuye a generar “opacidad, corrupción e impunidad”.
“No obstante la presentación de denuncias de hechos de carácter penal y administrativo y del irreversible daño social ocasionado, continúa la misma práctica para la asignación, adquisición y contratación irregular de bienes y servicios, bajo el mismo esquema de simulación de actividades empresariales con terceros y proveedores, los cuales resultan no localizados, inexistentes o vinculados entre sí”, expuso la ASF.

Intentos de simulación

En los últimos meses la ASF incrementó la presentación de denuncias relacionadas con el modus operandi de “La Estafa Maestra”.
De octubre de 2017 a enero de 2018 presentó ante la PGR seis casos en contra de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y Sagarpa, las cuales firmaron convenios con nueve universidades distintas.
En estos casos los auditores profundizaron en sus indagatorias y no solo documentaron el manejo irregular del recurso, sino intentos por simular que el dinero se había usado para lo que, en el papel, estaba destinado. Algunos de estos casos fueron publicados por Animal Político.
Por ejemplo en 2015 la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (Sagarpa) transfirió más de 220 millones de pesos a la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), para que esta llevara a cabo diversos estudios, diagnósticos e investigaciones que permitieran, entre otras cosas, identificar nuevas zonas propicias para el desarrollo de cultivos.
Cuando los auditores buscaron a las personas que supuestamente se encargaron de hacer el trabajo, resultó que la mitad de ellos negó haber colaborado con Sagarpa en cualquier convenio, mientras que la otra mitad eran personas que por su perfil era imposible que hubieran hecho el trabajo.
Para poner un ejemplo, entre ellos había carniceros, recepcionistas, edecanes, policías, vendedores de seguros, cajeros, nutriólogos y hasta columnistas.
Otro ejemplo fue lo ocurrido con tres convenios que la Secretaría de Desarrollo Social firmó en 2015 con la Universidad Tecnológica del Sur del Estado de México (UTSEM); la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl (UTN) y la Universidad Politécnica de Texcoco (UPT), a las que les transfirió más de 600 millones de pesos que eran para supervisar comedores comunitarios, entre otros.
La Sedesol y las universidades argumentaron que el trabajo lo habían hecho “coordinadores sociales” y entregaron expedientes con todo y fotos de las supuestas supervisiones. Pero cuando los auditores verificaron los documentos se encontraron fotografías repetidas de lugares que supuestamente eran distintos, había fotos copiadas de años pasados, e incluso, se habían falsificado firmas.
Otro caso – ya denunciado penalmente por la ASF ante PGR en octubre pasado – es el del convenio que en 2015 firmó Sedesol con el Sistema de Radio y Televisión de Hidalgo.
En el desarrollo de la investigación los funcionarios de dicho instituto público confesaron ante los auditores que firmaron contratos con otras empresas y expedientes que comprobaban servicios, sin haber visto nunca nada, esto luego de que la Sedesol los obligara a hacerlo.
Especial
En 2015, la cantante Susana Harp denunció a través de sus redes sociales que en una tienda de San Diego se vendía una blusa típica de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca, bajo la marca francesa Isabel Marant. La noticia se esparció y acusaron a la marca de plagio. La presión fue tal que la diseñadora francesa reconoció que efectivamente el diseño provenía de una comunidad mexicana y no pretendía adueñarse de él.
Aunque ese caso quizá fue uno de los más conocidos, no es el único. Ocho marcas de ropa, incluso internacionales, plagiaron diseños de comunidades indígenas de Oaxaca, Chiapas e Hidalgo, entre 2012 y 2017, de acuerdo con un análisis realizado por la organización Impacto.
Las marcas van desde la marca estadounidense Madewell, la española Zara o la mexicana Pineda Covalín que han reproducido brocados tradicionales de comunidades de México.
El primer registro de un plagio ocurrió con la marca Mara Hoffman y los tenangos de Doria, Hidalgo, en 2012. El diseño de esta misma prenda también fue utilizado por Pineda Covalín en 2014.
En 2016, Rapsodia copió la blusa de San Antonino Castillo Velasco, y Madewell el huipil de San Andrés Larrainzar y la blusa de San Antonino Castillo Velasco.
El año pasado ocurrieron tres casos más: Zara plagió la blusa de Aguacatenango, Chiapas. Intropia, el brocado de San Juan Bautista Tlacoatzintepec, Oaxaca, y Mango, los tenangos de Doria.
Estas marcas no dieron el crédito de los brocados a las comunidades, ni trabajaron con las artesanas, sólo tomaron sus diseños y los reprodujeron en sus prendas. Sin embargo, el debate atraviesa por un hecho: ninguno de los diseños de las comunidades está registrado bajo el derecho de autor.
Aunque esto tiene una razón de ser, explica Kathia Loyzaga, directora de comunicación de Impacto. El conocimiento sobre los brocados y los diseños se pasa de una generación a otra entre las comunidades y es una muestra de distinción entre cada poblado. Para ellos, no existe la idea occidental de la propiedad intelectual porque el conocimiento es de la comunidad.
Además, otro problema sería cómo determinar de quién es propiedad un diseño tradicional.
“Para determinar la titularidad del derecho de autor habría que ver el origen. Una opción podría ser propiedad colectiva, pero al no encontrar el origen, ahí es donde se rompe el derecho y (complica) a quién le damos la titularidad del derecho”, explica Carlos Blanco, especialista en derecho del Tecnológico de Monterrey.
Aunque una posibilidad de defensa de las comunidades indígenas, dice, podría ser a través de tratados internacionales del patrimonio cultural, que apela al derecho moral de los autores. Es decir, si una marca utiliza algún diseño tradicional la marca no tendría que pagarle, pero sí hacer un reconocimiento público sobre la comunidad de origen.
Adriana Aguerrebere, directora de Impacto, considera que debería existir algún mecanismo de protección para el patrimonio colectivo, como es el caso de los diseños tradicionales, pero reconoce que sería un proceso muy complejo porque tendría que registrarse diseño por diseño y “obviamente al ser una creación artesanal, cada artesana tiene su propio diseño, es una pieza única. Entonces se contrapone y llegaría a ser un proceso tan exhaustivo y hasta caro que sería casi imposible”.
Más bien, dice, la protección del patrimonio también debería ser una labor colectiva, es decir, que la misma sociedad denuncie los plagios, como ha ocurrido, pero que además, consuma los productos directamente en las comunidades o en tiendas que se rijan bajo el comercio ético.
La sociedad sabe de un plagio, al menos tiene la oportunidad de tomar la decisión de consumir o no esos productos y eso, dice, es una manera de combatir los plagios de las marcas internacionales.

Casos exitosos

Como organización, Impacto busca incidir en varias formas en las comunidades, primero: visibilizar la labor de las artesanas, que se reconozca su trabajo y segundo, acercar a diseñadores o pequeñas empresarias que buscan comercializar los productos pero pagando un precio justo, con las artesanas, bajo el principio básico de respetar su labor.
Gracias a esta idea, han prosperado proyectos en los seis años que tiene Impacto. Por ejemplo con la diseñadora Carmen Rión, que trabaja con artesanas de San Juan Cancuc.
Ellas, por ejemplo, proponían paletas de colores y la composición de los lienzos con brocado. La diseñadora iba revisando los resultados y retroalimentándolo para hacer nuevos diseños de lienzos, como un trabajo colaborativo, explica Kathia Loyzaga.
La diseñadora Andrea Velasco también trabaja con artesanas de la comunidad de San Juan Cancuc y comercializa las prendas en Guadalajara. Aquí, por ejemplo, las hacen distintos dibujos de su vida diaria para después pasar estos dibujos en pruebas de brocados. A partir de estos resultados se comenzó la producción de chalecos y vestidos.
Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg

No hay comentarios.:

Publicar un comentario