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2/19/2017

67 Festival de Berlín : Evitando el oso



Leonardo García Tsao
En cada festival uno tiene sus tradiciones. La mía en cuanto a la Berlinale es perderme la película ganadora del Oso de Oro. No falla. El jurado decide premiar el título que, por alguna razón u otra, no pude ver. Este año ese honor ha sido para la película húngara Teströl és lélekröl (En cuerpo y alma), de la realizadora Ildiko Enyedi. Al llegar un día tarde al festival, no pude entrar a la primera y única función de prensa de la cinta; entonces no puedo decir si estoy de acuerdo o no con el jurado, aunque la opinión de varios colegas fue positiva. De hecho, el galardón de la crítica internacional coincidió por rara ocasión con el Oso de Oro.
Sin embargo, en las demás categorías sí se puede afirmar que el jurado, presidido por el holandés Paul Verhoeven –y que incluía al mexicano Diego Luna–, evitó hacer el oso, acertando a reconocer lo poco que había de calidad en una sección competitiva francamente floja.
A mi parecer, la película más redonda en concurso fue Toivon tuolla puolen (El otro lado de la esperanza), del finlandés Aki Kaurismäki. El hecho de que se le reconociera con el premio a mejor director es apenas justo. Otro título meritorio, la chilena Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio, recibió la distinción al mejor guión, debido a Lelio y Gonzalo Maza. Uno calculaba que, por su sensible trabajo en dicha cinta, la actriz transgénero Daniela Vega podía ser la ganadora. (Una mujer fantástica también se llevó el premio no oficial Teddy, a la mejor película de tema LGBT). Sin embargo, el premio a mejor actriz fue para la sudcoreana Kim Minhee, por Bamui haebyun-eoseo honja (Sola en la playa de noche), de Hong Sangsoo, lo cual tiene cierta justicia.
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Kim Minhee fue reconocida como mejor actrizFoto Ap
En cambio, lo que parece un chiste perverso de Verhoeven, el galardón a mejor actor se le regaló al alemán Georg Friedrich, por su inexpresivo desempeño en Helle Nächte (Noches brillantes), de Thomas Arslan. Friedrich estaría muy en su elemento interpretando un zombi en alguna realización de George A. Romero.
Otro premio difícil de explicar es el de Alfred Bauer, a la película que abre nuevas perspectivas, Pokot (Huellas humanas), de la veterana directora polaca Agnieszka Holland. En ese mismo tenor está el Oso de Plata, gran premio del jurado, para Felicité, del director senegalés Alain Gomis.
Finalmente, el premio a la sobresaliente contribución artística fue para la editora Dana Brunescu, por su trabajo en Ana, mon amour, del rumano Calin Peter Netzer.
De los otros juzgadores, el premio a mejor documental del jurado Glashütte fue para Istiyad Ashbah (Cazando fantasmas), de Raed Andoni, exhibido en la sección Panorama. Mientras que el documental mexicano La libertad del diablo, de Everardo González, obtuvo el galardón Amnistía Internacional.
Y para redondear la presencia del cine mexicano en la Berlinale, país In Focus del European Film Market, cabe celebrar el Oso de Plata obtenido por el cortometraje nacional Ensueño en la pradera, de Esteban Arrangoiz.

67 Festival de Berlín: De heroínas melancólicas y héroes patrios



Leonardo García Tsao
Berlín.
No podría ser de otra manera en esta Berlinale. El prolífico director sudcoreano Hong Sang-soo presentó con Bamui haebyun-eoseo honja (Sola en la playa de noche) una película ciertamente menor. Dividida en dos partes, la narrativa sigue a la actriz Younghee (Kim Minhee) en dos respectivos viajes: primero a Hamburgo, donde conversa con una amiga mayor y visita a amigos comunes; luego al puerto de Gangneung, donde se reúne con un equipo de filmación. La joven está expectante de que se una a ella el hombre casado –y cineasta– con el que ha tenido una relación.
Ya he comparado en otras ocasiones al cine de Hong como una versión asiática de las irónicas comedias del francés Eric Rohmer, donde los personajes suelen comportarse de manera diferente a sus afirmaciones. En esta nueva realización, Hong ha disminuido el lado humorístico para presentar a una protagonista melancólica que, bajo el influjo del alcohol, provoca e irrita a sus alternantes. Sin embargo, todo mundo se porta amablemente con ella.
Hong filma todas sus escenas con un mínimo de puesta en cámara. Básicamente sigue las conversaciones –que llegan a hacerse monótonas– desde el mismo punto de vista, haciendo demasiados ajustes con el zoom. Preferimos sus películas donde hay giros y variantes ingeniosas a los dilemas del amor.
Pero Sola de playa en la noche es ligerita en comparación con el plomazo brasileño titulado Joaquim. Quinto largometraje del realizador Marcelo Gomes, de quien sólo conozco Era uma vez eu, Verônica (2012), se trata de un fresco entre histórico y legendario sobre el héroe nacional Joaquim José da Silva Xavier, mejor conocido como Tiradentes. La película abre con la cabeza decapitada de Joaquim bajo la lluvia, mientras narra lo que le ha sucedido. Es la última vez que el asunto suscita nuestra atención.
Con una resolución abigarrada y densa, Gomes nos describe el proceso por el cual su protagonista cobrará conciencia de cómo la corona portuguesa ha despojado a la colonia brasileña de sus riquezas, y de la necesidad de unirse a la rebelión. Sin embargo, los seres humanos en la pantalla –todos barbudos e hirsutos– salvo los esclavos, que son negros, con trabajos se diferencian entre sí.
Debo confesar que Morfeo me noqueó varias veces durante la proyección, entonces mi apreciación de Joaquim no es cabal. Pero lo que vi no me convenció nadita sobre la ventaja de permanecer despierto.
Por otra parte, cabe señalar que La libertad del diablo, el documental más reciente de Everardo González, ha tenido muy buena respuesta entre la prensa extranjera. Es de esperar que en la competencia, donde figura como jurado Daniela Michel, la directora del festival de Morelia, se le otorgue algún tipo de reconocimiento.
No obstante la relevancia que se le dio en el mercado al cine mexicano, es una lástima que no haya habido más títulos nacionales en el programa. Además de La libertad del diablo, sólo se han proyectado Canoa, de Felipe Cazals, en Berlinale Classics; Casa Roshell, de Camila José Donoso, en el Foro, y Tesoros, de María Novaro, en Generation K Plus, además de dos cortometrajes. Revisando el programa en sus diversas secciones hay bastantes más muestras del cine
argentino y brasileño.
Twitter: @walyder

67 Festival Internacional de Cine de Berlín Kaurismäki pone las cosas en su sitio


Leonardo García Tsao
Berlín.
La Jornada
Lo que es ser una estrella en el circuito de festivales. Cuarenta minutos antes de la función de las nueve de la mañana, en el estreno mundial de Toivon tuolla puolen (Del otro lado de la esperanza), la nueva película del maestro finlandés Aki Kaurismäki, ya se había formado una larga fila de espectadores expectantes. Kaurismäki no tiene la fama mundial de un fantoche como Tarantino, digamos, pero entre la cinefilia informada es una especie de garantía de calidad.
Toivon tuolla puolen no decepciona. Es la segunda vez que el cineasta toca el tema de los refugiados después de Le Havre (2011), su anterior largometraje, y esta ocasión lo hace desde una perspectiva muy comprometida en términos políticos. La película sigue dos hilos narrativos que se unirán inevitablemente. En una, un comerciante de camisas (Sakari Kuosmanen) vende su stock, gana una fortuna en el póker y compra un restaurante; en la otra, el sirio Khaled Alí (Sherwan Haji) llega de polizón en barco a Helsinki y es llevado a un centro de refugiados. Él ha perdido a toda su familia en un bombardeo en Alepo y busca a su hermana, la única otra sobreviviente. Por supuesto, Khaled acabará trabajando en el restaurante del primero.
Con su habitual estilo parco, pero eficaz para filmar, Kaurismäki llena la pantalla de buenos sentimientos, música melancólica y su singular sentido del humor. Si antes hacía referencias realistas a la crisis económica y el desempleo en su país, en este caso llega al grado de utilizar pietaje documental para mostrar el desastre de la guerra de Siria, según se ve en un noticiario. Es evidente su solidaridad con sus personajes, lo cual no los exime de sufrir el lado discriminante de la sociedad finlandesa.
Después de presentar nueve de sus películas en el Foro Internacional del Cine Joven, esta es la primera vez que Kaurismäki participa en la competencia berlinesa. Hasta ahora ha sido, por mucho, el título más satisfactorio de dicha sección y ya sería justo que un autor tan distintivo sea premiado de manera importante.
En la posterior conferencia de prensa, Kaurismäki compareció con sus dos actores. Ya no es el joven cineasta irreverente, de greña larga, que antes se presentaba alcoholizado a sus conferencias y se burlaba de las preguntas. Si bien no ha perdido su humor, sí contestó seriamente sobre los problemas de los refugiados en Europa. Debemos aprender que todos somos humanos, dijo; hoy le toca a él ser el refugiado, mañana le puede tocar a usted o a mí.
La segunda película oficial es el único documental en la competencia. Beuys, del alemán Andrés Veiel, ofrece un minucioso retrato del provocador artista Joseph Beuys, muy polémico en su obra, postura estética y militancia política durante los
años 60 y 70. Lo que ha hecho Veiel es fundamentalmente una obra de rescate de fotos, videos y películas inéditas que testimonian a un artista muy activo, que nunca se quitaba su característico sombrero.
Para uno que no tenía un particular interés en Beuys es demasiada información. A pesar de su inventiva gráfica, no es un trabajo como para un concurso internacional. Es más bien un producto de lujo para un canal cultural de tv.
Otro elemento a agradecer en la Berlinale: las medidas de seguridad, si las hay, no son latosas como las del festival de Cannes. A pesar del atentado camionero de diciembre, aquí no revisan las bolsas, ni se confiscan las botellas de agua de los asistentes a las diversas sedes. De hecho, la vigilancia policiaca brilla por su ausencia. Y eso da una curiosa sensación de tranquilidad.
Twitter: @walyder

67 Festival Internacional de Cine de Berlín Penúltimas patadas de ahogado


Leonardo García Tsao
Berlín.
La Jornada 
Es feo decirlo, pero en Return to Montauk, la nueva realización del alemán Volker Schlöndorff, pesa cada uno de sus 77 años. Dedicada al fallecido escritor suizo Max Frisch, amigo del director, la película está de alguna manera basada en su personalidad en la delineación del protagonista Max Zorn (Stellan Skarsgard), novelista que viaja a Nueva York para presentar su nuevo trabajo. Aunque está acompañado por su pareja, Clara (Susanne Wolff), el hombre está interesado en rencontrarse con Rebecca (Nina Hoss), mujer con la cual tuvo una intensa relación hace 17 años y es la inspiración de sus nuevos escritos sobre el amor perdido. Convertida en una poderosa abogada, ella está renuente de verlo en un principio, pero acepta viajar juntos a Montauk, un lugar significativo en su historia común.
Siempre resulta difícil hacernos creer en cine que un personaje se dedique a la escritura, porque de inmediato se le pone a hablar en diálogos presuntuosamente literarios. Eso sucede aquí con el protagonista, pero también la gente que lo rodea. Y todas las pretensiones de su dilema amoroso suenan a pretexto intelectual para abordar lo que pudo haber sido. Max no es un personaje, sino un concepto de macho cabrío, que merece la soledad a la que parece estar condenado.
Los actores hacen su mejor esfuerzo por darle peso a lo que es, en esencia, una banal historia de amor imposible, si bien la dureza en los rasgos de Hoss la vuelven un muy improbable objeto del deseo. Al final de la proyección de la película se escucharon algunos aplausos de cortesía; quizá fueron algunos nostálgicos de El tambor de hojalata (1979).
Exhibida fuera de concurso, El bar marca el siguiente peldaño en la trayectoria descendiente del español Álex de la Iglesia. En su tercera colaboración con el guionista Jorge Guerricaechevarría, después de las excesivas Las brujas de Zugarramurdi (2013) y Mi gran noche (2015), el cineasta reúne a una decena de personajes variopintos en un bar madrileño, donde circunstancias misteriosas empiezan a diezmarlos y obligarlos a adoptar actitudes extremas. Nada se justifica ni se explica demasiado. El chiste es adoptar desde el primer minuto un tono de insufrible estridencia y no abandonarlo hasta el mero final. Los personajes gritan, se insultan y maltratan mutuamente en una lucha egoísta por la supervivencia. Lo único que queda de manifiesto es el enorme desprecio que su creador les tiene, al someterlos a todo tipo de humillaciones que culminan en un buceo por la repugnante cañería.
La película no es graciosa, pero sí grotesca en su intención de serlo. En particular, el indigente sobreactuado por Jaime Ordóñez –que cita a la Biblia a gritos cada vez que puede– debe ser uno de los personajes más irritantes en la historia reciente del cine.
Con esos títulos se está llegando a la recta final de esta Berlinale sin mucho brío. La verdad, la selección ha sido de una medianía desmoralizante. De los nombres que todavía pueden aportar algo, quedan el sudcoreano Hong Sang-soo y el rumano Cälin Peter Netzer. Que apareciera una película importante a estas
alturas, sería prácticamente un milagro.
Eso sí, si alguien quiere llevarse un souvenir del festival, para recordar aunque sea algo, el catálogo de mercancías del Berlinale shop ofrece varios productos a precios algo exagerados. Un par de tenis, con el logo conocido del oso, cuesta nomás 179 euros. A ese precio uno esperaría que los zapatos caminaran solos.
Twitter: @walyder

67 Festival Internacional de Cine de Berlín: De viajes a ninguna parte



Leonardo García Tsao
Berlín.
Ahora sí es para preocuparse por el estado del cine alemán. Tocó el turno en la competencia a la primera película del país anfitrión y resultó de una mediocridad insalvable. ¿De veras no tenían en toda Alemania un producto más presentable? Helle Nächte (Noches brillantes), de Thomas Arslan, es la demasiado simple historia de un hombre que, tras la muerte de su padre, decide viajar por carretera en Noruega para reconectar con su hijo adolescente, a quien no ve por estar divorciado de su madre.
Paren el road movie que quiero bajarme. La premisa base es un sobadísimo lugar común de incomunicación y los actores no lo hacen más interesante. En el papel del padre, Georg Friedrich, con los ojos hundidos, demuestra tener el mismo carisma de un muerto fresco. Con razón el hijo no quiere viajar con él. Y el adolescente Tristan Göbel sólo sabe portarse huraño salvo en el momento final, cuando se dan los apapachos de rigor. La película no sirve ni para hacer paisajismo, pues las vistas de los parajes noruegos se ven menos atractivas que el Nevado de Toluca.
Por su parte, la directora británica Sally Potter presentó en The Party un breve divertimento teatral, apoyada en un grupo de muy buenos actores. Media docena de personas se reúne en la casa de una amiga (Kristin Scott-Thomas) para festejar su nombramiento político, cuando su marido (Timothy Spall) revela que está desahuciado. Eso cambia el ánimo de la reunión, sobre todo cuando también confiesa tener por amante a la esposa de uno de los invitados (Cillian Murphy). Los diálogos son chispeantes, sobre todo cuando le corresponden a una amiga cínica (Patricia Clarkson), que se burla sobre todo de su bienintencionada pareja (Bruno Ganz), quien sólo repite frases hechas.
Filmada en reluciente blanco y negro, la pieza es susceptible de ser adaptada por cualquier grupo teatral de aficionados. Dura poco más de una hora y sirve de ejercicio histriónico con sus sorpresivos giros de tuerca. Pero no es un título fuerte para un festival de cine.
Estrenada en el festival de Nueva York a finales del año pasado, The Lost City of Z (La ciudad perdida de Z), del estadunidense James Gray, no pudo figurar en la competencia berlinesa donde hubiera hecho un buen papel, y se exhibió sólo como una Berlinale Special. El cineasta se había caracterizado por aspirar a un tono épico aún en sus películas policiacas, pero esta vez ha encontrado un tema a la altura de sus ambiciones.
Basada en una historia real, la película sigue las expediciones emprendidas por el militar británico Percy Fawcett (Charlie Hunnam) en la Amazonia, pues está convencido de que allí existen los restos ocultos de una civilización, la ciudad epónima. En este caso, a diferencia de locos megalómanos como Aguirre, la ira de Dios (Werner Herzog, 1971), en busca de su corazón de las tinieblas, Fawcett es un hombre obsesionado, pero sensato y racional que sabe cuándo debe abandonar la causa... para retomarla después.
Gray hace un personaje complejo de su protagonista, estableciendo las cuestiones de clase y rango que sirvieron de motivación en su búsqueda. Asimismo, subraya la importancia de la vida familiar en su desempeño: su esposa (una afectiva Sienna Miller) e hijos siempre presentes de algún modo, hasta que Fawcett decide acompañarse de su hijo mayor en una última expedición. The Lost City of Z es una vigorosa épica de aventuras de las que ya no se hacen.
Twitter: @walyder

2/18/2017

Mujeres de garra


67 Festival Internacional de Cine de Berlín
Leonardo García Tsao
La Jornada 

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La realizadora polaca Agnieszka HollandFoto Afp
Berlín.
Y la competencia berlinesa no levanta cabeza. Por mucho que uno esperaba algún drama polaco desesperanzado, como suele hacerlos la directora Agnieszka Holland, lo que nos entregó en Pokot (Huellas de animales) es un raro híbrido entre whodunit, thriller policiaco, arenga ecologista y un poco de comedia negra. La protagonista es una anciana polaca que vive en el bosque cercano a la República Checa, obsesionada por el maltrato y la caza de los animales salvajes. Hasta el sacerdote local la contradice con el argumento de que los animales no tienen alma y fueron hechos para ser sacrificados.
El misterio comienza cuando los peores personajes locales –todos ellos cazadores empedernidos– empiezan a aparecer muertos, sin ninguna pista fuera de la huella de animales. ¿Son ellos quienes encabezan esa campaña de venganza? Experta en dirigir series estadunidenses como The Wire y House of Cards, Holland no consigue desarrollar un tono adecuado a su excéntrica historia y la película parece un raro capricho, dirigido a los defensores de los derechos animales.
Algo mejor resultó Una mujer fantástica, del chileno Sebastián Lelio. En este drama, una joven llamada Marina (Daniela Vega) pierde a su amante mayor cuando este sufre un aneurisma. La situación se complica porque ella es un transgénero, que sufre el cuestionamiento de las autoridades, pero sobre todo el rechazo de la familia legal del difunto. Renunciando a las propiedades que tenía con su amante, Marina sólo pide el derecho de poder ejercer su duelo.
Habiendo probado en su anterior Gloria (2013) su capacidad para explorar la sique femenina, Lelio nuevamente describe un arduo proceso de liberación, aunque este resulta más previsible. Sin embargo, la actuación de Vega es un modelo de dignidad y entereza que sostiene a toda la película. Una mujer fantástica recibió sonoros aplausos al concluir su vespertina función de prensa.
Exhibida en Berlinale Special, también se pudo ver La reina de España, la más reciente realización de Fernando Trueba, una especie de continuación de La niña de tus ojos (que compitió aquí mismo en 1999). La premisa ofrecía muchas posibilidades de una sabrosa sátira política, con referencias cinematográficas precisas al inicio de la época cincuentera en que España se volvió la locación favorita de las grandes superproducciones hollywoodenses. Así, plantea el regreso a su patria de la actriz Macarena Granada (Penélope Cruz), después de haber triunfado en Estados Unidos, para filmar una película sobre Isabel la Católica, dirigida por el legendario John Scott (una velada referencia a John Ford).
Lástima que el guión es un ejemplo de oportunidades perdidas. Y la mano pesada con que Trueba dirige a sus actores tampoco ayuda. (Entre las curiosidades de la película, se puede ver a Arturo Ripstein en un inopinado regreso a su carrera de actor, interpretando al productor judío de la película dentro de la
película). Una obligada aparición final de Francisco Franco al final de la historia sólo da pie a algunos chistes malos e ilustra bien el tipo de humor obvio que campea a lo largo de La reina de España.
Viendo las largas colas de gente que se forman en las taquillas del centro comercial aledaño al festival, uno comprueba que Berlín sí es un festival abierto al público y diseñado de tal manera que se puede disfrutar en puntos muy repartidos de la capital alemana. Cannes, en cambio, es un festival para el personal acreditado, en esencia... no para la cinefilia del puerto. Esa sí es una diferencia notoria entre ambos festivales.
lgtsao@hotmail.com
Twitter: @walyder

2/12/2017

67 Festival de Berlín: Otras voces


Leonardo García Tsao

Berlín.
La primera película mexicana en ser estrenada en esta Berlinale fue el sobrio documental La libertad del diablo, de Everardo González. En esencia, se trata de una serie de testimonios de la violencia, ya sea sufrida o ejercida, en la zona fronteriza de Ciudad Juárez. Todos los testigos llevan máscaras cuyo aspecto está a medio camino entre las de luchadores y las usadas para terapias de quemaduras, lo cual les permite hablar sin tapujos.
Tal vez los testimonios más perturbadores son los de aquellos jóvenes contratados como sicarios cuando eran meros adolescentes. Sus voces indican una especie de remordimiento, aunque la sangre fría con que relatan sus crímenes los desmiente. Victimarios y víctimas son vistos como parte de una realidad demasiado cotidiana en un país donde las desapariciones y los asesinatos impunes sólo sorprenden a los extranjeros. De hora y pico de duración, La libertad del diablo no pretende ninguna estrategia estética. González nos confronta sólo con la voz reiterada de la violencia, con algunos paisajes de apropiada desolación.

Otro tipo de voces se escuchan todo el tiempo en The Dinner (La cena), una de las competidoras hollywoodenses del festival. Dirigida y escrita por el israelí Oren Moverman, se trata de un sicodrama familiar en el que un par de hermanos, interpretados por Richard Gere y Steve Coogan, se encuentran en permanente conflicto. El primero es un político prominente, candidato a gobernador, mientras el segundo es un pobrediablesco misántropo que odia lo que su hermano representa. Esos personajes y sus esposas –Rebecca Hall y Laura Linney, respectivamente– se dan cita en un restaurante tan pedante como lujoso, para discutir un asunto familiar de violencia que los concierne a todos.
Moverman corta a torpes flashbacks cuando quiere ilustrar el pasado de sus protagonistas, e incluso hace una revisión de la batalla de Gettysburgo, una de las obsesiones temáticas de la verborrea desatada. A pesar de que el cineasta cuenta con intérpretes de sobrada solvencia, no hace convincente el compromiso moral del político, ni el cinismo de su hermano antagonista. Y tanta discusión ética se vuelve cansina.

Gran expectativa despertó la proyección fuera de competencia de Trainspotting 2, inútil recuperación de Danny Boyle sobre uno de sus mayores éxitos, que vuelve a demostrar la generalizada nulidad de las segundas partes. Aquí Renton (Ewan McGregor) vuelve a Edinburgo a enfrentar a los ex amigos a los que traicionó en la primera: Sick Boy (Jonny Lee Miller), Spud (Ewen Bremner) y Bagbie (Robert Carlyle) no están tan dispuestos a perdonar. (Sorprende que no haya habido defunciones entre ellos.)
La nostalgia es el nombre del juego y Boyle vuelve a imágenes de la original, aunque sea para recordar que McGregor alguna vez fue un actor fresco y dinámico. También algunas canciones se repiten con ese fin. Sin embargo, el asunto tiene una sensación de cansado rebuscamiento de algo que evoque una sensación de pérdida en la vida de los personajes. Parafraseando a José Emilio Pacheco: ¿quién puede tener nostalgia de ese horror que fueron los 90?

Hablando de nostalgia, uno descubre que la Berlinale ha dejado de editar su catálogo desde la edición pasada. Por años, ese catálogo fue un modelo de información útil y concisa, que reunía el programa completo de cada edición con filmografías completas. Ahora, me explicaron, toda esa información se puede conseguir por Internet, por lo que se consideró que un catálogo salía sobrando.

Lo que no ha variado es el clima gélido del festival. Con razón, la imagen recurrente de los carteles de esta 67 edición es la de un oso real en diversos parajes berlineses. Así hay que salir a la calle, con disfraz osuno para sobrevivir estas calles.
Twitter: @walyder

México en foco, pero no en la competencia


67 Festival Internacional de Cine de Berlín

Leonardo García Tsao
Hace una semana exactamente, se difundió en estas páginas el hecho de que la delegación mexicana será muy nutrida este año en la Berlinale, siendo nuestro país el primer invitado de la nueva sección In Focus. Para no repetir la información, añadiré sólo que es una lástima que no haya un largometraje en la competencia internacional, lo cual hubiera redondeado la participación. (A diferencia de Cannes, el festival de Berlín se ha mostrado más reacio a incluir películas mexicanas en su concurso). Lo más cerca que se estuvo en esta ocasión fue con el estreno del documental La libertad del diablo, de Everardo González, dentro de la sección Berlinale Special.
A ojo de buen cubero, la competencia –compuesta por 18 títulos– es la combinación usual de nombres más o menos famosos con nuevos talentos a descubrir. De Latinoamérica sólo compite un par de películas: Joaquim, del brasileño Marcelo Gomes, y Una mujer fantástica, del chileno Sebastián Lelio (quien hace cuatro años presentó aquí su celebrada Gloria, que le valió el premio a la mejor actriz).
Entre los consentidos de los festivales, está el prolífico sudcoreano Hong Sangsoo, que presenta Bamui haebyun-eoseo honja (algo así como Solo en la playa de noche), otra exploración más de los curiosos vericuetos del amor. Por su parte, el finlandés Aki Kaurismäki estrena Toivon tuolla puolen (El otro lado de la esperanza). Cabe recordar que en los años 80 el singular cineasta fue un descubrimiento del Foro Internacional del Cine Joven, la sección berlinesa que durante años estuvo a la vanguardia, bajo la dirección del ahora retirado Ulrich Gregor.
Nombres para los memoriosos son los de la británica Sally Potter (The Party), la polaca Agnieszka Holland (Pokot) y, sobre todo, el veteranísimo Volker Schlöndorff (Return to Montauk), quien fue uno de los pioneros del llamado Nuevo Cine Alemán a mediados de los años 60. Será interesante contrastar la obra de esos talentos probados con la de los nuevos autores, como es el rumano Calin Peter Netzer, que estrena Ana, mon amour, tras haber ganado el Oso de Oro en 2013.
Además de la cinta de Schlöndorff, el cine alemán estará representado por el documental Beuys, de Andres Veiel, y Helle Nächt (Noches brillantes), de Thomas Arslan.
Por otra parte, varios títulos figuran fuera de competencia, como El bar, del español Álex de la Iglesia; Logan, del hollywoodense James Mangold, y la muy
esperada Trainspotting 2, de Danny Boyle. Uno cuestionaría si la Berlinale es el lugar apropiado para estrenar las siguientes aventuras de Wolverine, pero en fin, así es esto del comercio.
Por lo pronto, el festival se inaugura hoy con Django, que no es otro western de Tarantino, sino una biopic francesa de Etiénne Comar sobre el virtuoso guitarrista Django Reinhardt. El comentario ahí se los debo, pues no creo llegar a la función de prensa.
Twitter: @walyder

12/18/2012

Confirman cuatro películas latinoamericanas en festival de Berlín


Escrito por Reina Magdariaga   
Imagen activa18 de diciembre de 2012, 11:48Berlín, 18 dic (PL) La sección paralela oficial Panorama con jurado propio de la edición 63 del Festival de Berlín, previsto del 7 al 17 de febrero, integra cuatro películas latinoamericanas, todas de directores debutantes, informaron hoy los organizadores.
Entre los filmes figuran la coproducción argentino-colombiano-noruega Deshora, de Bárbara Sarasola-Day; y la argentino-brasileña Habi, la extranjera, de María Florencia Álvarez.

También se suman la uruguayo-mexicano-holando-alemana Tanta agua, de Ana Guevara Pose y Leticia Jorge Romero, todas en premiere mundial, y la cubano-venezolana La piscina, de Carlos Machado en estreno europeo.

Según los organizadores, medio centenar de películas integran el programa Panorama, dividido en tres secciones, la oficial, la especial y la documental.

Asimismo informaron que el resto de la selección se conocerá antes de mediados de enero.

La crítica estima que el Festival de Cine de Berlín, también conocido como la Berlinale, es el festival de cine más prestigioso del mundo después de Cannes, y recibe cerca de 20 mil profesionales de la industria.