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4/19/2020

Ética del Comité de Bioética

Pandemia
Gabriel Vargas Lozano (*)

El pasado 13 de abril, el Comité de Bioética de la Secretaría de Salud emitió una Guía bioética de asignación de recursos de medicina crítica. En ella se abordan una serie de temas de gran importancia que deciden sobre la vida o la muerte de los pacientes. Son criterios que se establecen para la asignación de los ventiladores mecánicos a pacientes de Covid-19 en estado grave. Se trata de un problema ético de suma importancia.
Frente a ello, en la Guía Bioética se descartan algunos criterios como el orden de llegada al hospital, el sexo, afiliación política, riqueza o discapacidad, pero en cambio, la comisión propone lo siguiente: 1) ante dos pacientes en iguales circunstancias y la existencia de un solo un ventilador, se considera que decida el azar. En otras palabras, la vida o muerte de un paciente se decide por un volado. 2) “si los pacientes requieren de ventilación mecánica, pero uno de ellos, dada una comorbilidad, se tardará el doble de tiempo en recuperarse dos semanas en lugar de una, entonces el ventilador se debe asignar –según la guía– al que no tiene la comorbilidad, ya que se tardaría la mitad del tiempo en recuperarse. Así –dicen– el ventilador podrá utilizarse para otras vidas. Si la prognosis es similar, pero hay diferencia de edad: uno tiene 80 años y otro 20, se afirma que el primero vivirá siete años y el segundo 65, por tanto, se deberá preferir al segundo.
Así que si usted llega al hospital con los síntomas del contagio por coronavirus, es de la tercera edad y tiene alguna enfermedad crónica, puede ya irse despidiendo de este mundo. Pero además, los redactores de la guía agregan: ¿por qué debemos considerar la muerte como algo malo?.
Estoy estupefacto por la argumentación y por su pretendida justificación. Se trata de la aplicación de la ética utilitarista en su peor interpretación. En efecto, se cita al filósofo inglés Jeremy Bentham, quien sostenía que debería darse en la sociedad la mayor felicidad (placer) posible para el mayor número de personas. Curiosamente, John Stuart Mill sostiene atinadamente que no sólo hay que considerar la cantidad sino la calidad y, por tanto, hay placeres superiores como el intelecto, la imaginación, los sentimientos y otros.
Me gustaría saber cuál es la posición de la comisión de bioética frente a la tesis de Mill. La aplicación pura y dura del utilitarismo es la más simple, pero también la más deshumanizada y cínica. Lo que me pregunto es, ¿cómo es posible que la Comisión de Bioética, después de recomendar dejar morir a determinados pacientes, se pregunte si la muerte es algo malo? Claro que es algo malo si lo que se está recomendando es un asesinato. Este es un problema que debería ser tratado por la Suprema Corte de Justicia.
En todo esto hay un problema de fondo: la política neoliberal aplicada a la salud y a otros sectores, como la educación, priorizó a la iniciativa privada y abandonó la función social del Estado. Es por ello que desde hace mucho tiempo hay una profunda crisis en el sistema hospitalario.
Por otro lado, la guía no la aprobó el Consejo General de Salud, y la UNAM se ha deslindado ya, afortunadamente, de su contenido, pero habría que decir que debido a la presión mediática, ahora el secretario ejecutivo del Consejo de Salubridad General, José Ignacio Sánchez Preciado, declara que el documento difundido era un borrador. Yo lo que creo es que si hubiera sido así se habría difundido y solicitado opiniones de los ciudadanos. Lo que yo creo es que el borrador refleja su verdadera posición.
Se podría argumentar que esta situación es inevitable en condiciones de catástrofe, pero el Estado no puede legitimar tesis como ésta y menos un gobierno que ha proclamado que primero, los pobres. Además, el problema ético no se reduce a los ventiladores, sino a todas las necesidades vinculadas a la atención hospitalaria.
Por tanto, la solución del crudo pragmatismo que se traduciría en: eres útil y joven, mereces que el Estado te salve. ¿Has perdido tus facultades por la vejez y eres pobre? mala suerte. ¿Eso es humanismo? ¿Es un reconocimiento a los seres humanos que dieron su vida y su trabajo a la sociedad? ¿Es el reconocimiento a las personas más débiles y desprotegidas? ¿Es justo que a los médicos se les otorgue el papel de emperadores en el coliseo romano levantando el dedo para decidir la vida o la muerte de una persona y no el de salvadores de vida como deberían ser?
No ignoro que el dilema es difícil, pero debe ser resuelto de otra manera y esa guía debería ser radicalmente modificada desde otra perspectiva y con otros criterios.
* Profesor investigador del Departamento de Filosofía. UAM-I

11/07/2019

La SEP, la filosofía y la Cuarta Transformación




El 15 de mayo pasado, por primera vez en la historia del país, se incluyeron a la filosofía y las humanidades en el artículo tercero de la Constitución. Este fue un acontecimiento extraordinario que no ha sido considerado en su verdadera dimensión. Como se sabe, el tipo de educación que adopte el Estado define el tipo de ciudadano y de nación que se quiere constituir.
Así, en 1857 se aprobó que la educación fuera laica y gratuita; en 1867, se incorporó la educación positivista para hacer avanzar al país; en 1934, se aprobó la educación socialista para que ésta se basara en el principio de justicia social; en 1946, se cambió por la educación democrática inspirada en John Dewey y desde 1982, los gobiernos neoliberales, en los hechos, orientaron a la educación en forma tecnocrática y mercantilista, de acuerdo con la indicaciones de la OCDE.
La educación ( paideia, humanitas, bildung, yecnemilice) se convirtió en una mera instrucción y al gobierno de Felipe Calderón se le hizo fácil eliminar todas las disciplinas filosóficas de la educación media superior. Afortunadamente gran parte de las comunidades científica, cultural y filosófica, del ámbito nacional e internacional, se opusieron a dicha medida y el gobierno tuvo que dar marcha atrás a su bárbara disposición.
Ahora bien, frente a los cambios constitucionales, la SEP, basándose en la separación de poderes, puede obviar la disposición constitucional y convertirla en letra muerta; dejar las reformas en manos de los influyentes grupos conservadores nacionales e internacionales o convertir a la educación en un pilar de la transformación de nuestra nación.
Ha sido por ello que el Observatorio Filosófico de México con el respaldo de la Asociación Filosófica de México y la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, hemos entregado a las máximas autoridades de la SEP un primer documento que, en resumen, propone lo siguiente: 1. Establecimiento de un programa de filosofía para niños mexicanos con el propósito de darles fuerzas intelectuales y morales frente al enorme tsunami de violencia, enajenación, desvalores y distopías con que se está formando nuestra niñez y juventud. 2. Cursos de ética, pero que no sean ni históricos, ni doctrinarios, ni basados en una posición del deber ser de los catecismos religiosos y cartillas morales, sino examen de los grandes problemas actuales desde el punto de vista laico y científico. 3. Una preparación intensiva y urgente de los docentes en la didáctica de la filosofía. 4. Establecimiento de laboratorios para la producción intensiva de materiales didácticos de carácter filosófico. 5. Apertura de los medios masivos de comunicación dependientes del gobierno a la filosofía, ya que en las pantallas de Tv UNAM, Canal 11, Canal 22 y otros, nuestra disciplina brilla por su ausencia y nuestra rica tradición filosófica está completamente olvidada.
Pero hay algo más preocupante: en la reunión que tuvimos con el subsecretario de Educación Básica de la SEP y un grupo de funcionarios, se nos informó que ya estaban trabajando en un texto de educación cívica y ética y en un proyecto educativo; sin embargo, les hicimos notar que las asociaciones e instituciones de filosofía no habían sido informadas ni tomadas en cuenta. Ese hecho me parece muy grave porque muestra el desinterés del gobierno por consultar a los especialistas y decidir, por sí y ante sí, sobre textos básicos que orientarán a todos los mexicanos.
Por último, diría que la educación filosófica es absolutamente esencial para crear una ciudadanía crítica y democrática y llevar a cabo el necesario cambio de mentalidades para que se pueda avanzar hacia una Cuarta Transformación.
* Miembro del comité directivo de la FISP y Coordinador del Observatorio Filosófico de México