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4/19/2026

Flotilla a Gaza


L Global Sumud Flotilla ha vuelto a salir hacia Gaza para romper el cerco militar que la guerra de Netanyahu sigue manteniendo con Palestina y el sur de Líbano. Cerca de 80 embarcaciones con aproximadamente mil activistas de 70 países dejaron hoy el puerto de Barcelona con ayuda humanitaria, incluidas mochilas con útiles escolares donadas por familias catalanas.

En esta ocasión los pequeños barcos que se han conseguido con apoyo solidario irán escoltados por el buque Bilbao de Open Arms y el Artic Sunrise de Greenpeace. Impresionan estas dos naves frente a la multitud de modestos barcos donde los tripulantes se agrupan extendiendo sus pertenencias sobre las cubiertas. Objetos que seguramente serán arrojados al mar cuando las fuerzas armadas israelíes intenten detener la flotilla. Para ello, las tripulaciones llevan algunos días entrenándose, leyendo sobre la historia palestina y tomando conciencia de lo que vendrá.

Abril es parte de la delegación mexicana, viajará en el barco que tiene el sugestivo nombre de Romántica. Es fotógrafa y lleva consigo una Nikon, señala que es una gran cámara, pero que es consciente de que tendrá que arrojarla por la borda junto a mochilas y laptops. Es el protocolo. Violeta Núñez comenta sobre las prácticas y ensayos de preparación tanto para la convivencia en alta mar, como para protegerse cuando sean interceptadas. Esto incluye cómo lidiar con las vejaciones y agresiones sexuales que sufrieron algunas de las tripulantes del viaje de la anterior flotilla en agosto.

Abril y Violeta son parte de la delegación mexicana. Junto a ellas van Paulina, Al y Sol. Llegaron en un vuelo a Madrid y de ahí a Barcelona, donde la comunidad mexicana las recibió en la Estación de Sants. Se nota la emoción y el nervio. Sol González repite el viaje, quisiera no hacerlo, pero sabe que es necesaria la presencia de gente con experiencia. Sicóloga y con larga trayectoria internacional en la defensa de los derechos humanos, Sol, que viajará en el Venus, apoya y conforta a sus compañeras en la preparación de una travesía que enfrenta varias incertezas. La más importante de momento es el clima. La amenaza de lluvias retrasará la llegada a aguas internacionales.

Violeta es economista y periodista, conversamos sobre los amigos en común y reflexionamos sobre esos caminos que la han llevado desde Chiapas hasta Palestina, pasando por la montaña de Guerrero. Tendrá la importante labor de reportear desde su barco, el Baruna, el día a día de la flotilla. Habla con la madre de uno de los capitanes catalanes de la flotilla. La mujer está de los nervios por la participación de su hijo: “¿Y si le cae una bomba?”. No hay palabras para contestarle a una madre que ve cómo su hijo se sube a una cáscara de nuez con vela que surcará el Mediterráneo entre tormentas. Violeta es madre, empatiza inmediatamente con ella, pero también con las madres palestinas que sufren el genocidio. Toca arriesgar porque no hay de otra, el sistema internacional que debería frenar a Israel esta en coma. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, es experta en mostrar solidaridad con el gobierno israelí. En Alemania y Reino Unido todavía permanecen encarcelados activistas pro palestinos.

La flotilla existe porque su existencia denuncia la inacción de los Estados, de la Unión Europea y de las instituciones internacionales. Su acción se basa en la no violencia, la solidaridad anticolonial y la resistencia colectiva. Aunque han existido otras flotillas, este nuevo ciclo de movilizaciones fecha su inicio en la Marcha Global hacia Gaza en abril de 2025 como una iniciativa civil internacional que se movilizó desde Arish, Egipto, hasta el paso fronterizo de Rafah con la franja de Gaza. En esa ocasión fueron más de 4 mil participantes de 50 países. Su intención fue la de establecer un campamento de protesta, pero fue arrasado por las fuerzas egipcias látigo en mano.

En agosto de 2025 la Marcha se convirtió en la Acción Global Sumud Flotilla que consiguió enviar más de 40 barcos a Gaza desde Barcelona, la cual fue interceptada por Israel en octubre de ese año. Las tripulaciones fueron detenidas con lujo de violencia y maltrato, encarceladas en jaulas para perros y vejadas en diversas ocasiones. En contraste, a la vuelta a casa todos los participantes fueron recibidos como auténticos representantes de la reserva de dignidad humana que aún existe en el mundo.

No sabemos qué podrá pasar con la flotilla en esta ocasión. El contexto en la región es mucho más complejo y los focos mediáticos no están precisamente en Palestina. Las bombas sobre Irán y Líbano no dejan de caer. El acuerdo de paz en Gaza es papel mojado. Pese a ello, Netanyahu parece más perdido que en el comienzo del genocidio que viene orquestando. Una bestia desesperada que tendrá otro frente que se le encara con el peso de la justicia global. Pero para que la flotilla logre romper el cerco, es importante que hablemos de Gaza, que es lo importante, y del paso de la flotilla. Nuestra valiente delegación mexicana pone el cuerpo, pero en esa nueva flotilla volvemos a viajar todos.

*Sociólogo. Taula per Mèxic

3/29/2025

Gaza: un territorio arrasado por Israel sostenido por mujeres

 Por Ana Garralda 

Fuentes: El Diario [Foto: Maha Hussaini, periodista gazatí, trabajando en la Franja (Cedida)]

Doctoras, trabajadoras humanitarias o periodistas de la Franja de Gaza describen los retos que enfrentaron en 15 meses de guerra: lidiar con jornadas extenuantes de trabajo y la supervivencia de sus familias, la falta de agua y saneamiento, la proliferación de enfermedades o la amenaza constante de la muerte.

La voz grave, a veces rota, de Ruba Alkurd, una doctora de 34 años de la organización Médicos sin Fronteras (MSF), bien podría ser la de una mujer mucho mayor que ella. Su imagen muestra a una profesional joven, también madre, pero el sufrimiento que desprenden sus palabras, recogidas en audios enviados durante meses desde la Franja de Gaza, encajaría más con alguien que le dobla la edad, que ha visto demasiado y, con frecuencia, para mal. “Escucho esos audios y me devuelven al infierno”, relata desde el apartamento en las afueras de El Cairo donde hoy reside junto a sus tres hijos: Amín, de nueve años, Jannah, de siete, y Reem, de cuatro.

A la ciudad llegó de urgencia el pasado mayo desde el paso fronterizo de Rafah (entre Gaza y Egipto) donde, después de dos meses de alto el fuego, vuelven a verse tanques israelíes tras la ruptura en la madrugada del 11 de marzo de la última tregua acordada entre Israel y Hamás (en 72 horas de ofensiva israelí al menos 506 palestinos murieron en los bombardeos —más de 130 de ellos eran niños, según UNICEF— y otros 909 resultaron heridos).  

El ejército hebreo también había clausurado pocas horas antes el lado palestino del cruce al iniciar su ofensiva sobre el que entonces era el único rincón de la Franja donde sus tropas aún no habían entrado por tierra. Allí, entre 1,5 millones de personas desplazadas —más de la mitad de la población de Gaza—, hacinadas en condiciones infrahumanas en tiendas, refugios o edificios destruidos, los militares israelíes pensaban encontrar al centenar de rehenes que en ese momento seguían en la Franja (hoy son 59, 24 de los cuales se cree que siguen vivos). 

Como el resto, Ruba y su familia también malvivían, pero a ellos no les quedaba tiempo. Semanas antes, un colega oftalmólogo le dijo que si no operaban pronto el ojo izquierdo de Amín, el hijo mayor, afectado por una lesión anterior, perdería la visión por completo. “La última cirugía se complicó con un glaucoma, le aumentó la presión del ojo y con ocho años le salieron cataratas”, apunta. “Pasé días buscando unas gotas que debía echarle y a un cirujano que pudiera volver a intervenirle, pero no los encontré. El dolor aumentaba y yo no tenía nada que darle a mi hijo. A veces, ni agua”, prosigue la doctora.

Sin apenas comida, agua, ni productos de higiene

Según datos de enero de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA), casi la mitad de los gazatíes (y cerca de la totalidad en los 11 meses posteriores al 7 de octubre) disponen hoy de menos de 15 litros de agua diarios, la cantidad mínima recomendada por la ONU por persona y día para beber, cocinar y mantener la higiene personal. “Cuando olía a la gente me sentía devastada”, explica Alkurd. “Sabía que no era por voluntad propia, sino porque no había con qué lavarse, ni jabón, ni ropa limpia que ponerse”, añade. 

La falta de productos de higiene y la proliferación de piojos, sarna y otras infecciones bacterianas —propiciada por la destrucción total o parcial del 80% de la infraestructura de agua y saneamiento de Gaza, incluidas las seis principales plantas de tratamiento de aguas residuales— llevaron a la doctora y a muchas de sus colegas médicas a adoptar medidas para no enfermar. “Nos cortamos el pelo casi al cero. No había agua para mantenerlo limpio, ni hidratado. Se nos caía a diario, como a tanta gente desnutrida. La comida no era la adecuada y no había ni vitaminas, ni minerales”, explica. De acuerdo con los últimos datos de la OCHA, casi el 100% de las mujeres embarazadas y lactantes de Gaza no tienen satisfechas sus necesidades alimenticias y entre el 10% y el 20% están desnutridas. El 86% de la población (1,84 millones de personas) tampoco, incluidos los 4.646 niños (672 de ellos con desnutrición aguda grave) que fueron inscritos en programas de tratamiento de la desnutrición desde que entró en vigor el alto el fuego —el 19 de enero— hasta el 15 de marzo. 

La doctora Ruba y su hijo Amín en su consulta de una de las clínicas de MSF en Gaza. Ruba Alkurd

En este contexto, Ruba y Mohamed, su marido, médico de 37 años y uno de los pocos cirujanos vasculares que quedan en Gaza, tomaron la decisión más difícil: cuando fuera posible, ella y sus hijos saldrían de Gaza para operar a Amín, aunque eso implicase que él no pudiera acompañarles. Comenzada la guerra, Israel no permitió salir a los hombres si no portaban otra nacionalidad. La única forma de intentarlo era por la frontera con Egipto, pagando a las mafias 5.000 dólares y lo peor, esperar un mes. “Imagínese la decisión”, afirma Ruba. “Como mujer sentía que abandonaba a mi marido, como médico, a mi gente, pero como madre debía pensar en mis hijos. No tuvimos otra opción”, alega. 

Hoy, desde El Cairo, donde Amín pudo ser finalmente operado (recuperó el 80% de la visión del ojo), Ruba reza para que termine la guerra, reabran el paso de Rafah y pueda reunirse con su marido. Al ser palestinos de Gaza tampoco pueden registrarse en Egipto, por lo que ni a ella se le permite trabajar, ni a sus dos hijos en edad escolar (Amín y Jannah) inscribirse en un colegio. “Les enseño yo desde casa”, comenta. “Nos conectamos a diario con una plataforma de clases online que lanzó el ministerio de Educación [de la Autoridad Nacional Palestina] para niños gazatíes. Al menos podrán tener sus certificados escolares”, indica. 

Por el momento, viven con lo justo. Desde que Ruba abandonase Gaza, la organización para la que trabaja, MSF, instó a los empleados locales que salieron de la Franja a coger un permiso retribuido de seis meses, seguido de otro no remunerado por la misma duración. “Ahora dependemos de lo que nos envía Mohamed. Si no vuelvo antes de julio, incluso aunque no abran la frontera, perderé mi contrato con la organización”, lamenta.

A pesar de todo, la gazatí es consciente de su suerte. Primero, porque en El Cairo disponen de agua, comida, electricidad “y hasta de una lavadora”, destaca. “Ahora sé que tener una es un lujo cuando durante meses y tras jornadas maratonianas de trabajo tenía que lavar a mano y con agua fría toda nuestra ropa. Me salieron ampollas muy dolorosas. Me daba alergia el único detergente que había”, añade.

Por otro lado, en su casa cairota ella y los suyos, por fin, duermen por la noche. Ya no están aterrorizados por el zumbido permanente de los drones israelíes o el estruendo de los constantes bombardeos. Tampoco escuchan a las ratas. “De madrugada, en la habitación donde vivíamos, se podía oír ese gras, gras que hacían cuando rondaban nuestras bolsas. No podía dejar nada fuera. A veces pensaba que si me dormía vendrían y nos comerían vivos. Pensará que suena a broma, pero no lo es”, cuenta. 

La palestina opina que la proliferación de estos roedores no solo se debe al descomunal volumen de basura acumulada en Gaza o a la destrucción de sus sistemas de saneamiento y depuración, sino también a los miles de cadáveres (más de 9.000, según la ONU) que aún permanecen bajo los 40 millones de toneladas de escombros que se amontonan en la Franja, según estimaciones de Naciones Unidas. Retirarlos, dicen sus expertos, llevará más de una década. 

Salir del trabajo y encontrarte sin casa

“En mis 25 años de servicio en Gaza y después de una Intifada y tres guerras (2008-2009, 2012 y 2014) nunca vi tanta muerte y destrucción”, afirma Maha Mahmoud Wafi, técnica de emergencias médicas, de 44 años, desde el Centro de Ambulancias que la Media Luna Roja Palestina (PRCS, por sus siglas en inglés) tiene en la ciudad de Jan Yunis, en el sur de Gaza. Tampoco antes, dice esta sanitaria y madre de seis hijos, había tenido que evacuar su casa, “el único remanso de tranquilidad que conocía”, ni verla totalmente destruida.

Ese fue “el primero de los dos peores días” de la vida de Wafi. Una mañana, mientras trasladaba heridos al Hospital Nasser (el más importante de Jan Yunis) uno de sus hijos la llamó para decirle que los israelíes acababan de avisarles que evacuaran de inmediato la vivienda familiar porque iban a bombardear la zona. “La impotencia fue horrible”, cuenta. “Yo en el trabajo y sin poder comunicarme en condiciones con mis hijos (por el bloqueo intermitente impuesto entonces por Israel) y sin saber si estaban bien”. El segundo peor día, continúa Maha, también la encontró trabajando en una de las ambulancias. Su hermano contactó con la central y pidió que le comunicaran que soldados israelíes acababan de llevarse detenido a su marido. “La angustia de no saber dónde estaba ni por cuántos días o si estaba bien o mal fue terrible”, asevera.

“Gracias a Dios hoy todos estamos bien”, continúa. Durante unos segundos, Maha esboza una tímida sonrisa en su rostro agotado. La realidad, sin embargo, no da tregua. Hoy, una vez termine su jornada laboral, ya no podrá descansar en su casa de Jan Yunis, su “pequeño paraíso” ahora en ruinas (como el 92% de las viviendas de Gaza, según datos de la OCHA). Esta vez, al salir, regresará al oeste de la ciudad, pero a una tienda de campaña en una zona gris y devastada, cubierta por enormes nubes de polvo y rodeada de lagos pestilentes de aguas residuales que no pueden ser tratadas porque ni funcionan las estaciones de bombeo, ni las plantas de tratamiento. 

La suspensión israelí de toda la ayuda humanitaria y comercial desde el 2 de marzo y el cierre de los cruces de mercancías ha empeorado aún más la grave crisis energética de Gaza, con un aumento de los precios del diésel de hasta un 105% y del gas de cocina de hasta un 200%, en comparación con febrero, lo que limita significativamente el acceso a combustible esencial en medio de un continuo apagón eléctrico. 

Maha Mahmoud Wafi, técnica de emergencias médicas, en el Centro de Ambulancias de la Media Luna Roja Palestina en Jan Yunis. Media Luna Roja Palestina

Hasta entonces, en el Centro de Ambulancias de Jan Yunis, Maha y el resto de paramédicos seguirán lidiando con sus otros frentes: la falta de medicamentos y suministros esenciales o la puesta a punto de las maltrechas ambulancias donde, en 15 meses de guerra, se dejaron la vida 19 de sus compañeros (según Naciones Unidas, 1.060 médicos y trabajadores sanitarios han fallecido en la Franja desde el 7 octubre de 2023).

A este respecto, y antes de finalizar la entrevista, la palestina subraya el valor “extraordinario” de sus compañeros de trabajo, en especial de sus colegas mujeres. “Todas, sin excepción, merecen el mayor de los respetos”, afirma. “A pesar de las enormes dificultades que enfrentan (el riesgo diario durante los traslados; jornadas extenuantes de trabajo o salir de casa sin saber si los hijos estarán a salvo) siguen luchando y con el compromiso que siempre nos guía: brindar ayuda humanitaria y servir a los demás”, alaba.

Informar, a pesar de todo

Guiadas por esa vocación de servicio, Maha Hussaini, de 33 años y Haula al-Jalidi, de 35, decidieron, a muy temprana edad, que querían ser periodistas. “Si creces en una Gaza bajo bloqueo —impuesto por Israel y Egipto en el año 2007— y sufres los estragos de tres guerras, informar ya no es solo una vocación. Para mí es un deber para con mi gente, sobre todo si no hay nadie más (desde octubre de 2023, Israel y Egipto prohíben la entrada de prensa extranjera a Gaza) que lo cuente”, dice taxativa Hussaini, colaboradora de los medios digitales Middle East Eye y The New Humanitarian o de plataformas como la Red Marie Colvin de Mujeres Periodistas. Un trabajo informativo enfocado en Derechos Humanos por el que el año pasado fue galardonada con el Premio al Coraje en Periodismo, otorgado por la Fundación Internacional para las Mujeres en los Medios (IWMF), con sede en Washington. 

“Mi caso, quizá, es más naíf”, cuenta Haula al-Jalidi. “Siendo pequeña ya soñaba con ser periodista para hablar de la belleza y la historia de Palestina, pero lamentablemente de lo único que hablo ahora es de su destrucción y muerte”, ironiza la reportera, que charla con elDiario.es desde El Cairo, donde trabaja como corresponsal para las cadenas de televisión Al Arabiya y Al Hadath.

Al igual que hiciera la doctora Ruba, ella y su marido, Baher, fiscal de carrera ahora desempleado, decidieron abandonar Gaza cuando Israel anunció el comienzo de su ofensiva sobre Rafah, la ciudad donde ellos también habían sido desplazados junto a sus cuatro hijos (el mayor, de 13 años y el menor, de seis) y donde pudieron ser acogidos por los abuelos paternos. 

Previamente Haula y Baher, huyendo de los bombardeos, se habían visto obligados a trasladarles dos veces más, la primera en la ciudad de Gaza y a la semana de empezar la guerra. “Yo hacía la última conexión telefónica del día cuando Baher, nervioso, me empezó a hacer señales”, cuenta. “Había recibido un mensaje diciendo que iban a atacar el barrio y que teníamos que evacuar”. Aturdida, despidió el directo y como pudieron reunieron “la vida que una familia puede empaquetar en 20 minutos”. Tras esa noche, ni ella ni su marido volvieron a ver más el hogar que durante una década construyeron con tanto mimo. “Lloré mucho un día y después otro, pero después pensé en cuánta gente estaba igual o peor y decidí seguir adelante”, relata.

Haula al-Jalidi, en la puerta del hospital Al Aqsa, en el centro de Gaza. Cedida

Apoyada por Baher, su “columna vertebral”, Haula trabajó a destajo los meses posteriores. Mientras, sus hijos, que fueron trasladados un total de cuatro veces dependiendo de lo cerca que estaban del lugar donde caían las bombas, quedaron al cuidado de varios familiares. “No había otra opción. Yo podía hacer hasta 18 directos al día, entre las 8:00 y las 16:00 horas, y después continuar en casa con conexiones telefónicas hasta las 22:00”, cuenta la palestina.

Su base de operaciones o “segundo hogar”, al igual que para decenas de periodistas gazatíes, era el complejo del hospital Al-Aqsa, en Deir el Balah, uno de los pocos lugares de la Franja donde había electricidad, funcionaba Internet y reporteros como ella podían realizar conexiones o cargar teléfonos, portátiles y demás aparatos electrónicos. Allí, entre colegas, personas desplazadas y la llegada constante de heridos, Haula y Baher pasaban la mayor parte del tiempo.

También lo hacía Maha Hussaini, quien solía trasladarse hasta allí desde uno de los abarrotados refugios de Deir el Balah donde residía junto a su familia, a la vez varias veces desplazada, hasta el inicio de la efímera tregua. “A pesar de las enormes dificultades, todos hemos trabajado desde el primer día”, asegura la informadora. “Incluso cuando Israel cortó el suministro de electricidad y combustible o destruyó casi todas telecomunicaciones, los periodistas de Gaza nos las arreglamos para contar lo que las voces silenciadas de nuestros colegas no podían narrar”.

Vivir con la muerte cerca

Hussaini se refiere a los 166 periodistas y trabajadores de medios que, según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, en sus siglas en inglés) han sido asesinados en Gaza desde el 7 de octubre de 2023. Desde entonces, el total de muertos palestinos supera los 49.600 (más de la mitad son mujeres y niños) y el de heridos se acerca a los 112.000; en Israel, los fallecidos son 1.200 (de los que alrededor 800 eran civiles) y los heridos son más de 14.900.

“Muchos de los reporteros asesinados eran buenos colegas con los que trabajé”, dice Maha. “Por eso su ausencia me motiva a seguir, para contar lo que ellos no pueden”, añade. Según Hussaini, los informadores han sido uno de los objetivos de Israel durante esta guerra. Hoy asegura despertarse cada mañana tratando de aceptar la idea de que “quizá este día pueda ser el último” o pueda ser “el siguiente blanco de Israel”.

Un temor con el que Maha, sin hijos a su cargo o compromisos familiares, estaba dispuesta a lidiar, pero que motivó la salida de Haula y su familia de la Franja. “La situación era extremadamente peligrosa para todos”, explica. “También conocía a muchos de los compañeros asesinados. De verdad sentías que la muerte estaba cerca, pero a mí lo que más miedo me daba era que alguno de mis hijos pudiera enfermar y no disponer de hospitales con medios donde poderle curar”, apunta. 

A la capital de Egipto llegaron ella y su familia el año pasado gracias a las gestiones y la cobertura económica del grupo Al Arabiya, para el que sigue trabajando como corresponsal, lo que le permite seguir sosteniendo a su familia. A Gaza, por ahora, no sabe si volverán, pero lo que sí tiene claro es la noticia que, en directo y llegado el momento, le gustaría dar: “Hoy, Palestina, ha dejado de estar ocupada. Todos aquellos que se marcharon ya pueden volver y reconstruir sus casas. Pueden regresar”.

Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/gaza-territorio-arrasado-israel-sostenido-mujeres_1_12108728.html

11/30/2012

Palestinos reclaman enjuiciar a los líderes israelíes

Hispantv/La Radio del Sur
(Foto: Archivo)
Miles de palestinos han salido a las calles de las principales ciudades cisjordanas para demandar que se enjuicie a los líderes israelíes en las cortes internacionales por los crímenes que han cometido contra la nación palestina.
Las concentraciones de este viernes se celebra un día después de que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) haya aprobado la solicitud que reconoce a Palestina como “Estado observador no miembro” del organismo.
Los manifestantes han ondeado banderas rojas, negras y verdes palestinas en Ramalá, Nablus, Al-Jalil (Hebrón), Beitolahm (Belén) y Yenin y han gritado consignas para exigir tanto el cese de los asentamientos israelíes en los territorios palestinos como el fin de la escalada de atrocidades y opresiones del régimen de Tel Aviv.
Han expresado también su firme apoyo a la creación de un Estado independiente palestino y han instado a los grupos políticos palestinos a poner fin a las actuales discrepancias y mantenerse unidos en aras de alcanzar la soberanía de Palestina.
Por 138 votos a favor, nueve en contra y 41 abstenciones, provocadas en su totalidad por las presiones de EE.UU. y el régimen de Israel, la Asamblea General aprobó el jueves la solicitud que otorga a Palestina el estatus de un “Estado” observador no miembro en el organismo.

11/28/2012

Gaza


Eduardo Galeano

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.
Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
La llamada comunidad internacional, ¿existe?

¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?

Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinde n tributo a la sagrada impunidad.Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

6/10/2010

La verdadera amenaza a la flotilla de la libertad

Noam Chomsky*

Foto
Olfat Qarawi, cuya casa fue destruida durante la ofensiva israelí en Gaza, prepara café en la improvisada vivienda que habita con su familia en un campo para refugiados
Foto Reuters


El violento ataque de Israel contra la Freedom Flotilla (flotilla de la libertad) que transportaba asistencia humanitaria a Gaza escandalizó al mundo. Secuestrar embarcaciones en aguas internacionales y asesinar pasajeros es, por supuesto, un crimen grave.

Pero el crimen no es algo nuevo. Durante décadas, Israel ha estado secuestrando embarcaciones entre Chipre y Líbano y matando y secuestrando pasajeros, a veces reteniéndolos como rehénes en prisiones israelíes.

Israel da por sentado que puede cometer impunemente estos crímenes porque Estados Unidos los tolera y Europa generalmente sigue el ejemplo de Washington.

Como observaron correctamente los editores de The Guardian el 1 de junio: Si un grupo armado de piratas somalíes hubiera abordado ayer seis embarcaciones en altamar, asesinado a cuando menos 10 pasajeros y lesionado a muchos más, una fuerza de trabajo de la OTAN ya estaría encaminada hoy a la costa somalí.

En este caso, el tratado de la OTAN obliga a sus miembros a acudir a la ayuda de un país miembro de la OTAN –Turquía– atacado en alta mar.

El pretexto de Israel para el ataque fue que la flotilla de la libertad estaba llevando materiales que Hamas podría utilizar para disparar cohetes contra Israel.

El pretexto no es creíble. Una razón suficiente es que Israel puede poner a la amenaza de los cohetes por medios pacíficos.

Los antecedentes son importantes. Hamas fue identificado como una importante amenaza terrorista cuando triunfó en elecciones libres celebradas en febrero de 2006. Estados Unidos e Israel escalaron bruscamente su castigo contra los palestinos, ahora por el crimen de votar en forma equivocada.

El sitio de Gaza, incluyendo un bloqueo naval, fue un resultado. El sitio de Gaza se intensificó marcadamente en 2007, después de que una pequeña guerra civil dejó a Hamas en control total de ese territorio.

Lo que comúnmente ha sido descrito como un golpe militar fue, de hecho, incitado por Estados Unidos e Israel, en un crudo intento de anular las elecciones que llevaron a Hamas al poder.

Esto ha sido del dominio público desde cuando menos abril de 2008, cuando David Rose reportó en Vanity Fair que George W. Bush, la asesora de Seguridad Nacional Condoleezza Rice y su segundo, Elliott Abrams, apoyaron a una fuerza armada bajo las órdenes del hombre fuerte de Fatah, Muhammad Dahlan, encendiendo un cruenta guerra civil en Gaza y dejando a Hamas más fuerte que nunca.

El terrorismo de Hamas incluyó el lanzamiento de cohetes contra los pueblos israelíes cercanos –algo criminal, sin duda, pero sólo una diminuta fracción de los hímenes rutinarios de Estados Unidos e Israel en Gaza.

En junio de 2008, Israel y Hamas llegaron a un acuerdo de cese el fuego. El gobierno israelí oficialmente reconoce que hasta que Israel violó el acuerdo el 4 de noviembre de ese año al invadir Gaza y matar a media docena de activistas de Hamas, Hamas no disparó un solo cohete.

Hamas ofreció reanudar el cese el fuego. El gabinete israelí analizó la oferta y la rechazó, prefiriendo lanzar su asesina invasión de Gaza el 27 de diciembre.

Como otros estados, Israel tiene el derecho de defenderse. ¿Pero tenía Israel el derecho de emplear la fuerza en Gaza en nombre de la autodefensa?

La ley internacional, incluyendo la Carta de la ONU, es inequivoca: una nación tiene tal derecho sólo si han agotado los medios pacíficos. En este caso, tales medios no fueron siquiera intentados, aunque –o quizá porque– había todas las razones posibles para que tuvieran éxito.

Así, la invasión fue pura agresión criminal, y lo mismo puede decirse de que los israelíes hayan recurrido a la fuerza contra la Flotilla de la Libertad.

El sitio es salvaje, diseñado para mantener apenas vivos a los animales enjaulados, de forma que se reduzcan las protestas internacionales, pero difícilmente más que eso. Es la última etapa de planes israelíes trazados hace tiempo y apoyados por Estados Unidos, para separar a Gaza de la Ribera Occidental (Cisjordania).

La periodista israelí Amira Hass, una destacada especialista sobre Gaza, describe la historia del proceso de separación. “Las restricciones sobre el movimiento palestino que Israel introdujo en enero de 1991 revirtieron un proceso iniciado en junio de 1967.

“En ese entonces, y por vez primera desde 1948, una gran parte del pueblo palestino vivió nuevamente en el territorio abierto de un solo país –uno, por cierto, que estaba ocupado, pero era sin embargo entero...”

Hass concluye: La separación total de la franja de Gaza de Cisjordania es uno de los logros más grandes de la política israelí, cuyo objetivo mayor es impedir una solución basada en decisiones y acuerdos internacionales, y en lugar de eso dictar un acuerdo basado en la superioridad militar de Israel...

La flotilla de la libertad desafió esa política y por tanto debe ser destruida.

Un marco para solucionar el conflicto árabe-israelí ha existido desde 1976, cuando los estados árabes introdujeron una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que planteaba un tratado basado en dos estados en la frontera internacional, incluyendo todas las garantías de seguridad de la resolución 242 de la ONU, adoptada después de la guerra de junio en 1967.

Los principios esenciales cuentan con el apoyo prácticamente de todo el mundo, incluyendo la Liga Árabe, la Organización de Estados Islámicos (incluyendo a Irán) y protagonistas no relevantes, incluso Hamas.

Pero Estados Unidos e Israel han encabezado el rechazo a tal acuerdo durante tres décadas, con una excepción crucial y altamente informativa. En el último mes del presidente Bill Clinton en el cargo, enero de 2001, el mandatario inició negociaciones en Taba, Egipto, que casi alcanzaron un acuerdo, anunciaron los participantes, antes de que Israel pusiera fin a las negociaciones.

Hoy, el cruel legado de una paz fallida persiste.

La ley internacional no puede ser aplicada contra estados poderosos, salvo por sus propios ciudadanos. Eso siempre es tarea difícil, particularmente cuando opiniones bien expresadas declaran que el crimen es legítimo, sea explícitamente o por la adopción tácita de un marco criminal –lo cual es más insidioso, porque hace invisible el crimen.

* El nuevo libro de Noam Chomsky, recientemente publicado, es Hopes and Prospects. Chomsky es profesor emérito de Lingüística y Filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, en Cambridge.