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3/14/2026

De cómo se utiliza el feminismo israelí para justificar guerras genocidas

 Por Lubna Masarwa, Maha Nazih al-Hussaini

Fuentes: Voces del Mundo [Foto: mujeres pilotos de combate israelíes. Imagen compartida en redes sociales esta semana por el político israelí Yair Golan (X)]

Cuatro pilotos israelíes de pie, con las viseras bajadas y los brazos cruzados, delante de un avión de combate en una pose clásica de destreza militar al estilo Top Gun, pero con un toque diferente. Las cuatro pilotos son mujeres, con el pelo largo cayéndoles sobre los hombros por debajo de los cascos. Es una imagen que lleva años circulando y que resurgió en los primeros días del ataque estadounidense-israelí contra Irán.

La participación de mujeres pilotos de combate en la operación en curso ha sido motivo de autocomplacencia para el ejército israelí y un motivo de orgullo y reivindicación para muchos israelíes. «Aproximadamente 30 mujeres miembros de la tripulación, incluidas pilotos y navegantes, participan en ataques aéreos sobre Irán como parte de la Operación ‘León rugiente’», publicó el ejército israelí en redes sociales el lunes.

El mensaje también fue retomado por Yair Golan, líder del partido izquierdista Demócratas, quien compartió la imagen de las pilotos de combate en una publicación en redes sociales. “La participación de decenas de mujeres tripulantes en los complejos ataques en Irán como parte de la Operación ‘Rugido del León’ es una prueba irrefutable de que la audacia, la profesionalidad y el patriotismo no tienen género”, escribió Golan.

Para muchos israelíes que se encuentran una vez más en guerra, estos sentimientos transmiten un mensaje claro sobre los valores —liberales y feministas— que creen representar, así como aquellos contra los que afirman luchar.

Encuadre engañoso

Más del 90% de los judíos israelíes, que abarcan todo el espectro político, desde la izquierda y los liberales hasta la base de extrema derecha del Gobierno de coalición, apoyan el ataque militar contra Irán, según una encuesta reciente del Instituto para la Democracia de Israel, un centro de investigación independiente.

En entrevistas callejeras, publicaciones en redes sociales y debates televisivos, las mujeres israelíes reiteran el mismo argumento: están dispuestas a vivir bajo los bombardeos si eso significa ayudar a los iraníes —y en particular a las mujeres iraníes— a alcanzar la libertad. «Les escribo desde los refugios, mientras los ecos de las explosiones en el exterior me recuerdan a cada momento la crucial conexión entre nuestra libertad aquí y la libertad del pueblo de Irán», escribió Yasmine Sayeh, una israelí de ascendencia iraní, en una publicación compartida en un grupo feminista israelí de Facebook.

El domingo 8, Día Internacional de la Mujer, ofreció otra oportunidad a los líderes militares y políticos israelíes para transmitir el mensaje. “En este Día Internacional de la Mujer, reconocemos a las mujeres que hacen posible cada misión”, decía una publicación en la página de Facebook del ejército israelí, acompañada de un vídeo en el que se homenajeaba a las pilotos y navegantes “que llevan a cabo misiones en los cielos de Irán con precisión, concentración y valentía”.

El ejército israelí también publicó cifras que revelan que más del 21% de los combatientes son mujeres, lo que supone un fuerte aumento con respecto al 7% registrado en 2015. El ejército declaró: “Las mujeres han servido en las Fuerzas de Defensa de Israel desde su creación, y su servicio constituye una contribución significativa al logro de sus objetivos. Incluso hoy, en la Operación ‘León Rugiente’, son una parte integral de la actividad operativa de las Fuerzas de Defensa de Israel, tanto en las líneas del frente como en el frente interno”.

El domingo el líder de la oposición israelí, Benny Gantz, compartió una imagen estilizada de una piloto de combate sobrevolando un horizonte en llamas mientras unas mujeres protestaban en primer plano, una de ellas quitándose el pañuelo y levantándolo en el aire, y otra sosteniendo una pancarta en la que se leía ‘WOMAN LIFE FREEDOM’ (Mujer, vida, libertad). «En el Día Internacional de la Mujer, honramos a las mujeres de todo el mundo que defienden y luchan por la libertad», escribió Gantz.

Los líderes israelíes suelen enmarcar su conflicto con Teherán como una lucha contra el régimen y no contra el pueblo iraní y vinculan este relato con la idea de liberar a los iraníes, especialmente a las mujeres, de la opresión.

En un discurso público dirigido a los iraníes hace más de un año, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, invocó el grito de guerra del movimiento de protesta liderado por mujeres que surgió tras la muerte de Mahsa Amini, declarando que ‘Mujer, Vida, Libertad es el futuro de Irán’ e instando a los iraníes, en particular a las mujeres, a levantarse contra sus gobernantes. En consonancia con esto, ha resurgido una corriente familiar del feminismo militarizado israelí que promueve la participación de las mujeres en la maquinaria de la guerra y celebra su implicación como un indicador de igualdad.

El ejército israelí lleva mucho tiempo haciendo gala de sus credenciales feministas. El servicio militar es obligatorio tanto para las mujeres como para los hombres en Israel, y se calcula que las mujeres constituyen aproximadamente una quinta parte de los soldados de combate.

Las publicaciones del ejército israelí en las redes sociales suelen destacar el papel desempeñado por las mujeres soldado en las guerras de Gaza y otros lugares. Los medios de comunicación israelíes se hicieron eco de las hazañas de una tripulación de tanques formada íntegramente por mujeres que “atropelló a decenas de terroristas de Hamás” durante los ataques del 7 de octubre de 2023. Y el mes pasado, el ejército anunció la formación de una nueva compañía de combate integrada exclusivamente por mujeres y estacionada en la frontera con el Líbano.

“Hombro con hombro”

Tras las críticas a una comandante de infantería en un reportaje del Canal 14, un portavoz del ejército israelí publicó recientemente en las redes sociales una foto de sí mismo con su hija, oficial de la Armada israelí. “La contribución de las mujeres al combate no es un eslogan… Es un hecho operativo demostrado”, escribió el general de brigada Effie Defrin. “A lo largo de los años, y especialmente desde el 7 de octubre, las combatientes femeninas han soportado el peso de los combates codo con codo”, afirmó Defrin. “Operan en las líneas de contacto, cruzan las líneas enemigas, lideran operaciones ofensivas, luchan en Gaza, Siria, Cisjordania y el Líbano, y también operan lejos de las fronteras del país, corriendo riesgos personales y salvando vidas”.

Sin embargo, estas declaraciones suenan especialmente huecas cuando se comparan con el creciente número de víctimas mortales y la violencia diaria infligida a mujeres y niñas en todo Oriente Medio por la maquinaria bélica israelí. En Gaza 33.000 mujeres y niñas han sido asesinadas y más de 75.000 han resultado heridas desde octubre de 2023, lo que llevó a la relatora especial de las Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, Reem Alsalem, a acusar a Israel en julio de 2025 de llevar a cabo un “femigenocidio” contra las palestinas. “Lo que les está sucediendo a las mujeres y niñas palestinas no es un daño colateral de la guerra”, afirmó Alsalem. “Es la destrucción intencionada de sus vidas y sus cuerpos, por ser palestinas y por ser mujeres”.

Más de un millón de mujeres y niñas viven en tiendas de campaña o en ruinas, privadas de alimentos y medicinas. Las mujeres que antes compartían las responsabilidades domésticas pasan horas al día haciendo largas colas en comedores sociales, cargando pesados contenedores de agua por barrios devastados, recogiendo leña o restos para cocinar y buscando los escasos suministros disponibles, y todo ello mientras cuidan de niños y familiares ancianos traumatizados.

Patrón de violencia

Muchas mujeres palestinas recluidas en prisiones israelíes han descrito patrones de violencia y abusos por motivos de género en los centros de detención israelíes. Algunas mujeres denunciaron haber sido torturadas o haber sufrido abusos sexuales debido a presuntos vínculos familiares con personas acusadas de afiliación a grupos armados. Otras describieron actos de violencia sexual o amenazas explícitas de violación como herramientas de intimidación y coerción contra ellas y sus familias.

De igual manera, hombres palestinos detenidos han denunciado haber sido amenazados con la violación de sus esposas o hijas como medio de tortura psicológica durante los interrogatorios, utilizando los cuerpos de las mujeres como instrumentos de presión y humillación.

Otro patrón inquietante documentado durante la guerra fue la entrada de soldados israelíes en hogares palestinos en Gaza y la exhibición pública de ropa interior femenina de forma humillante, con imágenes y vídeos que circularon por Internet. Estos actos no solo tienen por objeto la burla, sino también despojar a las mujeres de su dignidad y violar deliberadamente barreras sociales y culturales profundamente arraigadas, convirtiendo los espacios privados en escenarios de degradación pública. Quienes afirman estar “liberando a las mujeres” no las convierten en instrumentos de chantaje, coerción o tortura psicológica.

Sin embargo, mientras las mujeres palestinas soportaban estas privaciones, los legisladores israelíes se centraban en garantizar la comodidad de sus propias mujeres soldado. En julio de 2025, durante la guerra en Gaza, miembros del Comité de Asuntos Exteriores y Defensa del parlamento israelí insistieron en que se proporcionara a las mujeres soldados uniformes y equipos de protección diseñados para su cuerpo, de modo que pudieran servir con comodidad y eficacia en combate.

Mientras tanto, las mujeres en Gaza se enfrentaban a ataques directos contra todos los aspectos de su feminidad. Durante meses, las autoridades israelíes impidieron por completo o restringieron severamente la entrada de compresas higiénicas para las mujeres que soportaban los ataques de las mismas mujeres soldados que se encontraban tan cómodas en el campo de batalla. Muchas mujeres y niñas palestinas tuvieron que recurrir a paños o incluso a trozos de pañales de bebé para gestionar su menstruación, al tener que enfrentar una agresión directa sobre sus necesidades corporales más básicas.

Mujeres y niñas palestinas extienden sus ollas vacías para recibir arroz cocido de un comedor social en la ciudad de Gaza el 23 de agosto de 2025 (AFP).

Para las mujeres embarazadas y los recién nacidos, las consecuencias han sido particularmente catastróficas. El ataque israelí ha devastado el sistema sanitario de Gaza, con hospitales y maternidades destruidos, trabajadores sanitarios asesinados y el bloqueo de la entrada de suministros humanitarios y médicos al territorio. Como resultado de los ataques y la hambruna sistemática impuesta por Israel, 2.600 mujeres embarazadas sufrieron abortos espontáneos. Tras dar a luz, muchas lucharon por mantener con vida a sus recién nacidos, ya que la desnutrición severa provocó que se secara la leche en sus pechos.

Ahora, en otros países también se repite el patrón. En el Líbano, la organización humanitaria ActionAid ha advertido de que mujeres embarazadas, niñas y bebés recién nacidos se encuentran entre las decenas de miles de personas obligadas a huir debido a la escalada de la guerra de Israel contra Hizbolá en el sur del país.

“Las mujeres y las niñas tienen necesidades especiales”, declaró Marianne Samaha, representante de la organización de ayuda Basmeh y Zeitooneh. “Obviamente, muchas mujeres están embarazadas, muchas mujeres están amamantando y han tenido que huir con sus recién nacidos, con bebés, con niños. Necesitan espacios seguros donde poder quedarse. Y, específicamente, las mujeres y las niñas tienen una gran necesidad de kits de higiene, kits de dignidad y compresas sanitarias”.

Otra Gaza

En Irán, donde las pilotos de combate israelíes participaron con orgullo esta semana, el número de muertos supera ya los 1.000. Esto incluye a 165 personas, casi todas niñas de entre siete y 12 años, que murieron en el bombardeo de una escuela en la ciudad sureña de Minab. Ni Estados Unidos ni Israel han admitido su responsabilidad, aunque The New York Times informó que el ataque tuvo lugar en una zona donde operaban fuerzas estadounidenses.

Pero ¿cómo pueden los israelíes hablar de liberar a las mujeres iraníes cuando la guerra se ha cobrado la vida de tantas niñas? Sus vidas ya se han visto truncadas en la misma operación que ahora se presenta como un acto de liberación.

Cuando las mujeres israelíes celebran su inclusión en roles de combate, la conversación se detiene en el punto de igualdad. Las implicaciones políticas de esa igualdad —los objetivos, la destrucción, los civiles bajo las bombas— desaparecen de la vista.

El feminismo israelí se ha arraigado en la normalización de la guerra genocida contra los palestinos y la devastación infligida al Líbano e Irán, donde mujeres y niñas son a la vez liberadas y asesinadas por las bombas que caen.

Dadas las similitudes en la formulación de los objetivos de las guerras en Gaza e Irán, y el uso de técnicas casi idénticas para devastar ambas regiones, cabría imaginar que el resultado de esta guerra podría dejar a Irán como otra Gaza. Si eso ocurriera, las mujeres de Gaza está viviendo ya el futuro que las mujeres iraníes podrían tener que afrontar, una realidad que una mujer palestina resumió sucintamente: “Nos han hecho retroceder otros cien años”.

Lubna Masarwa es periodista y directora de la oficina de Middle East Eye en Palestina e Israel, con sede en Jerusalén. Maha Nazih al-Hussaini es una periodista palestina, activista por los derechos humanos, directora de estrategias del Monitor Euromediterráneo de Derechos Humanos en Ginebra​ y miembro de la Red Marie Colvin de Mujeres Periodistas. Comenzó su carrera periodística cubriendo la campaña militar de Israel en la Franja de Gaza en julio de 2014.

Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.

Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/03/09/de-como-se-utiliza-el-feminismo-israeli-para-justificar-guerras-genocidas/

Ucrania: las mujeres y la guerra

 Este es un artículo de opinión de Ana María Jara Gómez, profesora de Filosofía del Derecho de la española Universidad de Jaén.

Este artículo integra la cobertura de IPS sobre el Día Internacional de la Mujer, el 8 de Marzo, que este año tiene como lema: “Igualdad de género hoy para un mañana sostenible”.

Despedida de dos mujeres ucranianas en el paso fronterizo de Palanca-Maiaki-Udobnoe entre Ucrania y Moldavia, el 1 de marzo de 2022. Foto: Aurel Obreja / ONU Mujeres.- Ana María Jara Gómez

JAÉN, España – Hay ocasiones en las que, contra toda lógica, cuanta más información se produce y se emite sobre un determinado acontecimiento, menos luce la gama de grises que lo envuelve y más se oscurecen las zonas de penumbra con las que inicialmente se presentó.

No es casual. En tiempos de pensamiento débil, dogmatismo y dominio de la posverdad, las cosas son exclusivamente lo que parecen, las emociones sustituyen la racionalidad y los únicos colores perceptibles con nitidez son los de las banderas.

El relato de una guerra, por ejemplo, se construye antes de que suene el primer disparo y el desarrollo de las operaciones bélicas debe ajustarse a las exigencias de un guión preestablecido y de los actores elegidos para interpretarlo.

Aceptando la distinta densidad moral de víctimas y verdugos, no siempre es fácil asignar con acierto el rol convencional de vencedores, ni parece aceptable admitir que todas las víctimas lo son en igual medida.

Cosificación de la mujer en la guerra

Un superficial vistazo a la extensa literatura sobre las últimas guerras avala la tesis de la específica posición de la mujer en los escenarios bélicos, su cosificación, su salvaje instrumentalización y su sistemática desconsideración omisiva en los tribunales y en los análisis postconflicto.

Las mujeres que hoy están envueltas en la invasión rusa de Ucrania eran, hace apenas unos días, periodistas, profesoras, cantantes, funcionarias, ministras, bailarinas, amas de casa, youtubers, más o menos creyentes. Eran lectoras, feministas, cinéfilas, veganas; cosmopolitas unas, hippies otras, rurales, urbanitas o punkis, pobres o adineradas, con orientaciones sexuales diferentes. Muchas eran estudiantes de las que hacen preguntas o atienden en silencio, más o menos ingenuas, políticamente conservadoras o progresistas.

La autora, Ana María Jara Gómez

Eran mujeres con una identidad determinada y plena, compuesta de muchos elementos vitales, proyectos y sueños cumplidos o en ejecución que han quedado temporalmente suspendidos y quién sabe si total e irremediablemente perdidos. Cada identidad individual nos aleja del relato colectivo, pero la guerra concede el alarde de simplificación que permite distinguir entre las mujeres que se marchan de Ucrania y las mujeres que se quedan.

Mientras lo logrado se tiene que abandonar, lo nuevo se abre paso: el miedo, el trauma, la pérdida, en algunos casos será el horror en forma de violaciones continuadas, prostitución forzada o abusos de toda clase. El tiempo que va pasando aleja la posibilidad de que vuelvan a ser lo que fueron.

Las mujeres que se marchan para salvar a sus hijos pronto se darán cuenta de qué supone ser una refugiada en Europa. En muchos casos, la guerra matará a otros: sus hijos, sus maridos, sus padres y madres. Las que se quedan, ya privadas de sus trabajos, sus casas, sus amigos y familias, ven acercarse la tortura y la muerte.

Mujeres en el paso fronterizo de Palanca-Maiaki-Udobnoe entre Ucrania y Moldavia, el 1 de marzo de 2022. Foto: Aurel Obreja / ONU Mujeres

Ni negociadoras, ni mediadoras, ni firmantes de nada

Ante nuestros ojos aparecen víctimas, algunas de las cuales serán sometidas a sufrimientos específicos de su género, como ya ocurrió en tantos conflictos en el pasado. Otros relatos y documentos deberían tener cabida donde las voces femeninas no se diluyan en el ámbito pretendidamente masculino de lo político-jurídico.

¿A nadie ha llamado la atención la práctica ausencia de mujeres en las mesas de negociación previas al conflicto, en toda aquella profusa “vía diplomática”, en los actuales intentos de negociar las treguas, por ninguna de las partes? Ni negociadoras, ni mediadoras, ni firmantes.

La posguerra, y las penurias que conlleva, permitirá tal vez ver a las supervivientes sin reducirlas a víctimas, construyendo en el centro de la destrucción.

En Kosovo, donde se ignoraron también las resoluciones de la ONU sobre mujer, paz y seguridad, existen grupos de mujeres que luchan contra la supresión de las voces femeninas. Un referente de enorme relevancia es la Women’s Peace Coalition, que atraviesa todas las barreras y divisiones estatales, nacionales y étnicas.

Las mujeres que forman parte de ella, albanokosovares y serbias, hacen algo que nadie más en sus países ha sido capaz de hacer hasta el momento: trabajan juntas.

Incluso en la aldea kosovar que sufrió una de las masacres más horrendas en 1999, en la que murieron casi todos los hombres, y en un país en el que menos de 10 % de las mujeres son la principal fuente de ingresos de sus familias, una mujer pasó de vender adobos por las ferias a convertirse en la cabeza de una próspera cooperativa agrícola, gestionada completamente por mujeres.

No deja de ser desalentador que las mujeres ucranianas puedan repetir hoy lo que la escritora alemana Hannah Arendt escribió en 1943:

“Perdimos nuestro hogar, es decir, la cotidianeidad de nuestra vida familiar. Perdimos nuestra ocupación, es decir, la confianza de ser útiles en este mundo. Perdimos nuestra lengua, es decir, la naturalidad de las reacciones, la simplicidad de los gestos, la sencilla expresión de los sentimientos… Nos hemos convertido en testigos y víctimas de terrores peores que la muerte”.

Todo ello, en medio del silencio jurídico y la desconsideración política reinantes ante la situación –una verdad de hecho– de las mujeres en guerra. Lamentablemente, cada día estamos más cerca de confirmar la sospecha de la propia Arendt de que “el compromiso con la verdad de hecho es una actitud antipolítica”.

Quizá por eso resulte inaplazable encaminar nuestras fuerzas a evitar el juego de las emociones, encarando una reflexión rigurosa y exigente sobre la situación de la mujer en el escenario de la guerra.

Quizá por eso hayamos de intensificar la lucha contra el engaño y la mentira en política. Quizá por eso es urgente de combatir la simplicidad de la propaganda en la guerra, apostando eficazmente por una prensa libre y no corrompida.

Quizá por eso, y sobre todo por eso, resulte obligado un firme compromiso ético frente a la expansión del autoengaño.The Conversation

Este artículo se publicó ori

11/15/2025

Guerra en Sudán aumenta el éxodo y violencia contra las mujeres

 

Una familia huye a través de una zona desértica en Darfur Norte, estado del occidente de Sudán, sumamente castigado por la guerra entre ejércitos rivales en ese país del este africano. Informes de agencias de las Naciones Unidas dan cuenta de grandes masacres causadas por uniformados, y miles de desplazados se agregan cada día a los millones que debieron dejar sus hogares durante dos años y medio de conflicto. Imagen: Jerome Tubiana / MSFCorresponsal de IPS

GINEBRA – Una nueva ola de desplazamientos y de violencia contra las mujeres y las niñas padece la población civil de Sudán, entrampada en la guerra fratricida entre dos ejércitos que se disputan el poder y el territorio en esa nación africana, reportó este lunes 3 la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

De cinco localidades del estado de Kordofán del Norte, que enlaza la región occidental de Darfur con las orillas del Nilo, que cruza el país y donde está la capital, Jartum (centro-este), han huido en menos de una semana cerca de 40 000 personas debido al aumento de la inseguridad y los enfrentamientos, indicó la OIM.

Entretanto, de la ciudad de El Fasher, en el occidental estado Darfur Norte, y que al cabo de 500 días de asedio fue violentamente tomada los días 25 y 26 de octubre por la poderosa milicia Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), han huido al menos 71 000 personas, según la OIM. Y el éxodo continúa.

En abril de 2023 estalló el conflicto entre ejércitos rivales que fueron aliados frente a un depuesto gobierno civil, las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS), del general y presidente Abdel Fattah al Burham, y las FAR del también general Mohamed Hamdam Dagalo, ambos con apoyos en potencias medianas de la región.

Junto con la lucha por el poder y una rivalidad sustentada parcialmente en bastiones regionales, subyace la búsqueda de control de las riquezas minerales en ese país de 1,8 millones de kilómetros cuadrados.

La guerra, que ha costado más de 150 000 vidas y una gran destrucción de lo construido por sus 50 millones de habitantes, ha forzado el desplazamiento de más de 12 millones de personas -cuatro millones a países vecinos-, y casi 30 millones necesitan asistencia humanitaria.

La mayoría de la población del país es árabe, pero existen grupos étnicos minoritarios con tensiones y violencia sostenidas durante años, y que se expresaron en el duro asedio bajo bombardeo y la violenta captura de El Fasher, con campamentos donde se refugiaban unos 200 000 desplazados por el conflicto.

Según informes recogidos por agencias de las Naciones Unidas, los rebeldes de las FAR han ejecutado sumariamente a miles de personas en la zona de El Fasher.

Solo en el Hospital Materno Saudí de la ciudad las FAR asesinaron en su ataque al menos 460 pacientes -personal médico, pacientes mujeres y niños- según denunció “horrorizado y profundamente conmocionado” el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Los enfrentamientos y la violencia no se detienen y “las cifras suministradas son provisionales”, advirtió la OIM, pues la situación en las regiones de Darfur y Kordofán “sigue siendo tensa y muy inestable, con una inseguridad persistente y continuos desplazamientos de población”.

La entidad internacional que estudia y clasifica en fases la seguridad alimentaria (CIF) había establecido en septiembre que al menos 375 000 personas estaban en situación de hambruna, la fase más alta de inseguridad alimentaria, en las áreas de El Fasher y de Kudagli, en Kordofán del Sur.

Por otra parte, un informe conjunto de ONU Mujeres y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarias de las Naciones Unidas (Ocha) denunció una escalada de violencia dirigida contra las mujeres y las niñas.

La violencia sexual, los secuestros, la trata de personas, las detenciones arbitrarias y las acusaciones de colaboración con el enemigo se han generalizado en el país, incluso se han vuelto sistemáticas.

El informe se basa en testimonios de 150 mujeres y jóvenes recopilados por 65 organizaciones locales dirigidas por mujeres, presentes en siete regiones del país.

En El-Fasher, los abusos cometidos por hombres uniformados han provocado numerosos embarazos no deseados. Organizaciones locales informan de una avalancha de llamadas de auxilio de mujeres retenidas como cautivas, a veces durante meses, por los grupos armados.

La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras ha informado que 56 % de las víctimas de violencia de género atendidas en Darfur Sur fueron atacadas por personas no civiles: militares, policías o miembros de grupos armados.

Otras organizaciones han documentado la muerte de mujeres y niñas a consecuencia de violaciones o lesiones sufridas durante su cautiverio. En Jartum se denuncia que las mujeres desplazadas de Darfur son blanco de ataques por motivos étnicos.

Las mujeres representan más de la mitad de las personas desplazadas internamente, de las cuales casi 30 % son niñas menores de 18 años.

Y mientras los embarazos relacionados con violaciones van en aumento, los ataques contra centros de salud han hecho casi imposible el acceso a la atención materna y reproductiva, y en general el sistema sanitario está en ruinas.

Las agencias de las Naciones Unidas también hacen hincapié en las dificultades -imposibilidad a veces- de llevar auxilios a la población, debido al clima de violencia y a las restricciones impuestas en las vías por las fuerzas que combaten.

Kordofán es un área estratégica para poder acceder con los nvoyes humanitarios al atribulado occidente, una vez que los auxilios llegan principalmente por el nororiental puerto Port Sudan, sobre el mar Rojo, bajo control de las fuerzas gubernamentales.

Desde las Naciones Unidas se han multiplicado los llamados a un cese del fuego y una tregua humanitaria que conduzcan a un acuerdo de pacificación. Este lunes se informó que enviados de Estados Unidos trabajan con gobiernos de la región en la búsqueda de un compromiso en ese sentido.

10/04/2025

Mujeres de Gaza señalan ser explotadas sexualmente a cambio de comida, dinero o trabajo

 
Una mujer palestina cocina junto a niños frente a una tienda de campaña en un sitio para desplazados en Khan Yunis, al sur de la Franja de Gaza, el 29 de septiembre de 2025. Foto Afp

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A medida que la crisis humanitaria en Gaza se agrava, las mujeres afirman haber sido explotadas por hombres locales (algunos asociados con grupos de ayuda) que les prometieron comida, dinero, agua, suministros o trabajo a cambio de relaciones sexuales.

Seis mujeres detallaron sus experiencias a The Associated Press, todas hablando bajo condición de anonimato por temor a represalias de sus familias o de los hombres, y porque el acoso y la agresión sexual se consideran temas tabú.

“Es una terrible realidad que las crisis humanitarias hacen que las personas sean vulnerables de muchas maneras; el aumento de la violencia sexual suele ser una consecuencia”, declaró Heather Barr, directora asociada de la división de derechos de la mujer de Human Rights Watch. “La situación en Gaza hoy es indescriptible, especialmente para las mujeres y las niñas”.

En ocasiones, comentaron, la incitación de los hombres era descarada: "Déjame tocarte", recordó una mujer que le dijeron. En otras ocasiones, tenía un código cultural: "Quiero casarme contigo" o "Vayamos juntos a algún lugar".

Tras semanas luchando para poder alimentar a sus seis hijos en Gaza, la mujer de 38 años pensó que había encontrado un salvavidas. En un refugio, una amiga le habló de un hombre que podía ayudarla con comida, ayuda, tal vez incluso con un trabajo. La mujer, separada de su esposo y obligada a cerrar el negocio que una vez mantuvo a la familia a flote, se acercó a él.

Había pasado casi un mes de la guerra en Gaza, dijo, y él le prometió trabajo, un contrato de seis meses con una agencia de ayuda. El día que creía que firmaría el papeleo, la llevó no a una oficina, sino a un apartamento vacío. La felicitó, detalló, y le pidió que se quitara el pañuelo.

Él le aseguró que la amaba y que no la obligaría, pero tampoco la dejó irse. Finalmente, tuvieron un encuentro sexual, relató. Se negó a dar detalles sobre la naturaleza de su interacción, alegando que sentía miedo y vergüenza.

“Tuve que seguirles el juego porque tenía miedo, quería salir de ese lugar”, dijo la mujer. Antes de irse le dio dinero: 100 shekels, unos 30 dólares. Dos semanas después, le dio una caja de medicinas y otra de comida. Pero durante semanas, el trabajo no se materializó.

9/20/2025

El mundo enfrenta aumento de violencia sexual contra mujeres como arma de guerra

 

De acuerdo con la ONU, el 92% de las víctimas de violencia sexual en contextos de guerra son mujeres y niñas, pues es a través del control de sus cuerpos que se ejerce represión política, terrorismo y tortura, consecuencia de crisis políticas, humanitarias y de seguridad.

Sin embargo, pese a que el incremento es alarmante, la organización advierte que este aumento no refleja con certeza la realidad mundial, ya que solo se incluyen casos verificados por la ONU en 21 países. En varios territorios aún no ha sido posible comprobar el uso de la violencia sexual debido a la denegación de acceso a la información, pero eso no quiere decir que no esté sucediendo.

Afganistán

En Afganistán se documentaron distintos incidentes de violencia sexual, como violaciones y matrimonios forzados contra cinco mujeres, cuatro niñas y dos niños. En varios casos estuvieron implicados funcionarios talibanes y hombres no identificados. No obstante, bajo un clima de impunidad y criminalización, ha sido imposible vigilar y notificar con precisión la violencia sexual relacionada con el conflicto.

Esta situación se agravó en agosto de 2024, tras la imposición de la Ley sobre la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio, que recrudeció las restricciones contra las mujeres mediante medidas como la obligación de viajar acompañadas por un familiar varón, la imposición de códigos de vestimenta estrictos y la segregación por género en espacios públicos.

En enero de 2025, la Fiscalía de la Corte Penal Internacional concluyó que la violencia contra las mujeres afganas se incrementó desde abril de 2021, con el regreso de los talibanes al poder. Documentó violaciones y otras formas de violencia sexual contra mujeres acusadas de infringir las normas discriminatorias, de protestar contra ellas o incluso de manera aleatoria cuando se encontraban en público o en situaciones de vulnerabilidad, como al estar detenidas.

República Centroafricana

En la República Centroafricana, país sin litoral ubicado en África Central, la situación no es distinta para las mujeres. Según la ONU, en 2024, en las regiones occidentales y orientales las mujeres y niñas estuvieron expuestas a mayores niveles de violencia sexual relacionada con el conflicto, a raíz del deterioro de las condiciones de seguridad provocado por los enfrentamientos constantes en el contexto de las operaciones militares.

La Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Centroafricana (MINUSCA) documentó varios casos de violencia sexual relacionada con el conflicto, incluyendo violaciones individuales y colectivas, matrimonios forzados y esclavitud sexual. Estos crímenes afectaron a 215 mujeres y 191 niñas, perpetrados en su mayoría por grupos rebeldes.

En Bomú (localidad africana) mujeres y niñas fueron violadas y secuestradas por elementos del Frente Popular para el Renacimiento de la República Centroafricana (FPRC) y de la Unidad por la Paz en la República Centroafricana (UPC). Algunos de sus integrantes las agredieron bajo la sospecha de que colaboraban con las fuerzas de defensa nacional o con otros miembros de seguridad.

En cuanto a las fuerzas nacionales de defensa y seguridad, se registraron mil 679 casos de violencia sexual presuntamente cometidos por miembros de grupos armados, 165 por fuerzas de seguridad interior y 104 víctimas de violación dentro de bases militares.

República Democrática del Congo

En la República Democrática del Congo, las hostilidades entre las Fuerzas Armadas y los grupos armados dieron lugar a desplazamientos masivos que incrementaron el riesgo de trata con fines de esclavitud sexual y explotación en campamentos de personas desplazadas.

Entre 2020 y 2022 se registró una media anual de 10 mil casos de violencia sexual. En 2023, la cifra se duplicó con más de 22 mil casos solo en Kivu del Norte, cometidos principalmente por hombres armados. Esta tendencia continuó en 2024, cuando más de 17 mil víctimas fueron atendidas entre enero y mayo.

Además, se identificó un aumento de la explotación sexual como medio de supervivencia para las mujeres y niñas desplazadas, lo que puso de manifiesto la relación entre inseguridad alimentaria y violencia sexual. Los agentes estatales fueron responsables de 198 casos: 178 perpetrados por las Fuerzas Armadas, 13 por la Policía Nacional Congolesa y 7 por otros actores estatales.

Libia

En Libia, las mujeres en situación de migración han sido las principales víctimas de abusos y violaciones. En 2024, la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) verificó varios casos de violencia sexual relacionada con el conflicto que afectaron a 20 mujeres migrantes y solicitantes de asilo, además de 2 niñas libias.

Las víctimas fueron sometidas a violaciones y trata con fines de explotación sexual en centros de detención administrados por el Departamento de Lucha contra la Migración Ilegal. También se documentaron actos de esclavitud sexual y prostitución forzada en cárceles controladas por el Servicio de Seguridad Nacional en el este del país, como Kuwayfia y Guernada, así como en el centro de detención de Bir el-Ghanam, en el oeste.

Mali

En Mali, la persistencia del conflicto, el empeoramiento de la crisis humanitaria y la reducción del espacio cívico caracterizaron el año 2024. La intensificación de la violencia por parte de grupos armados y las operaciones militares en curso incrementaron el riesgo de que se cometieran actos de violencia sexual, especialmente contra mujeres y niñas desplazadas.

A pesar de las dificultades, la ONU confirmó la violación de 32 niñas en 2024, además de 157 casos de violencia sexual cometida por actores armados, incluidos matrimonios forzados, violaciones grupales y esclavitud sexual. Estos delitos afectaron a 120 mujeres y 37 niñas, con casos que derivaron en embarazos forzados.

Somalia

En Somalia, la grave situación humanitaria y la competencia por recursos escasos expusieron a mujeres y niñas desplazadas a la violencia sexual relacionada con el conflicto. El acceso restringido a las zonas controladas por el grupo armado Al-Shabaab y la protección que los clanes brindaban a presuntos agresores redujeron el número de denuncias frente a la magnitud real de los casos.

En 2024, la Misión de Asistencia de la ONU en Somalia (UNSOM) y posteriormente la Misión de Asistencia Transicional (UNTMIS) confirmaron violaciones individuales y colectivas, así como matrimonios forzados, que afectaron a 265 niñas, 24 mujeres y 2 niños.

La mayoría de los casos se atribuyeron a Al-Shabaab, seguido de otros autores armados no identificados. Se reportó un aumento de violaciones grupales y secuestros con fines de matrimonio forzado, empleados como compensación a combatientes. El Ejército Nacional Somalí y la Fuerza de Policía Somalí también participaron en este tipo de crímenes.

Ucrania

En Ucrania se documentaron 209 incidentes de violencia sexual relacionada con el conflicto, entre ellos violaciones, intentos de violación, amenazas, mutilación genital, descargas eléctricas, golpes en los genitales y desnudez forzada. De las víctimas, 46 fueron mujeres, 6 niñas y 1 niño.

Estos hechos fueron cometidos principalmente por fuerzas armadas rusas, fuerzas del orden y personal penitenciario. Se reportó que integrantes de la Federación de Rusia irrumpían en hogares, a veces ocupándolos durante períodos prolongados, retenían a los hombres y posteriormente violaban a las mujeres, llegando en algunos casos a asesinar a los esposos.

En 2024, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania concluyó que miembros de las autoridades de ocupación rusa habían cometido violaciones y otras formas de violencia sexual contra mujeres y niñas de entre 15 y 83 años durante registros domiciliarios y detenciones arbitrarias.

8/30/2025

Hambre en Gaza como arma de guerra

Escrito por Wendy Rayón Garay

La declaratoria de hambruna también implica la superación de tres umbrales críticos: privación extrema de alimentos, desnutrición aguda y muertes por inanición, es decir, que el cuerpo de cada habitante de Gaza se agota al perder sus reservas y no puede realizar sus funciones vitales lo que culmina en el fallo de los órganos y su muerte. El análisis confirma que se han cumplido estos criterios, por lo que se declaró la hambruna. Además, se trata de la primera hambruna declarada en Medio Oriente según la ONU.

También se prevé que la hambruna se extienda de Gaza hacia Deir Al Balah y Khan Younis, otros territorios de Palestina, como resultado, se presentan aumento en muertes por hambre, altos niveles de desnutrición y la caída del consumo de alimentos, donde las personas pasan días sin comer. De acuerdo con el IPC, se estima que para finales de septiembre más de 640 mil personas enfrenten inseguridad alimentaria en fase 5 en toda la Franja de Gaza. Asimismo, alrededor de 1.14 millones de personas estarán en la fase 4 y más de 396 millones enfrentarán la fase 3.

La situación para las personas palestinas se agrava, ya que la ayuda humanitaria no ha podido traspasar las fronteras. Según declaró Tom Fletcher, coordinador de Asuntos Humanitarios, la hambruna pudo evitarse con la entrada de personal y suministros vitales desde la ONU. También apuntó que se trata de una hambruna promovida por líderes israelíes como un arma para ganar la guerra y, por lo tanto. Se trata de un crimen de guerrera como señaló Volker Türk, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

El bloqueo de ayuda humanitaria en Gaza ocurrió cuando la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) informaba sobre la mejora en la diversidad de la dieta durante el alto el fuego que se llevó a cabo el pasado 15 de enero gracias a que Palestina e Israel llegaron a un acuerdo para intercambiar rehenes, en el cual se liberaron a 3 ciudadanas israelíes, así como 90 palestinos, entre ellos 69 mujeres y 9 infantes.

Niñas y Mujeres son liberadas durante tregua entre Israel y Palestina – cimacnoticias.com.mx

Este periodo de paz permitió que las organizaciones civiles aumentaran la cantidad de suministros que necesitaba la población palestina en Gaza como alimentos, agua, vacunas para la inmunización rutinaria, suministros médicos desechables para hospitales y equipos especializados; sin embargo, la situación ya se invirtió y de nueva cuenta la destrucción afectó a 3 mil infantes y mil mujeres embarazadas o lactantes quienes fueron remitidas para recibir tratamiento contra la desnutrición aguda, según datos de la ONU.

Anteriormente, el gobierno israelí anunció que la Defensa de Israel (FDI) buscará ocupar la ciudad de Gaza de forma terrestre, asimismo, informaron que se buscará el desarme de Hamás, la devolución de las personas rehenes, desmilitarizar la Franja tomar el control de seguridad sobre el territorio y la incorporación de un gobierno que no sea liderado por ninguna autoridad palestina; sin embargo, la ONU advirtió que esto podría tener consecuencias para las y los palestinos.

Mujeres y niñas, las principales víctimas de la violencia en Gaza

De acuerdo con el último informe de ONU Mujeres, publicado en abril de 2024, desde el comienzo del conflicto bélico, niñas y mujeres no han podido atender sus necesidades básicas como comer, beber agua, ir al baño, usar toallas sanitarias, ducharse o cambiarse de ropa. A este panorama se suma que algunas se están enfermando, deben hacer el trabajo de cuidados y han quedado en estado de viudez. 

De manera general, se han llevado a cabo desplazamientos internos, la mayoría vive en Rafah, al sur de la Franja de Gaza, sin tener un lugar seguro al cual ir. Las escuelas, instituciones gubernamentales y los refugios están abarrotados, limitando la capacidad para ofrecer servicios como agua y comida.

Refugios con capacidad de 2 mil lugares, están cuidando de hasta 20 mil personas y 650 tienen acceso a una letrina para ir al baño. También hay que contemplar que hay personas que habitan en tiendas de campaña sobre las calles de la zona.

Antes del 7 de octubre, el acceso al agua ya era limitado como resultado de décadas de la ocupación israelí, más de 1,1 millón de palestinos en Gaza no reciben servicios de agua y saneamiento, por lo que dependían de camiones para acceder a agua potable. Esta sustancia resulta vital para la vida humana, pero sobre todo para las niñas y mujeres quienes necesitan satisfacer sus necesidades de consumo y domésticas. 

Algunos datos encontrados en el informe respecto a las niñas y mujeres son:1,1 millones de mujeres necesitan el acceso al agua potable.

  • 337 mil 057 niñas y niños menores de cinco años corren un riesgo particular de contraer enfermedades transmitidas por el agua.
  • Más de 540 mil mujeres y niñas en Gaza están en edad reproductiva y necesitan acceso a artículos adecuados para apoyar la higiene, la salud, la dignidad y el bienestar.
  • Se necesitan 10 millones de compresas menstruales desechables cada mes para cubrir las necesidades y preservar la dignidad de las mujeres.
  • La privacidad para la gestión de la higiene menstrual de más de 690 mil mujeres y niñas en Gaza es limitada.
  • 107 mil mujeres y hombres de edad avanzada enfrentan riesgo a contraer hepatitis A.
  • Las niñas y mujeres están en riesgo de exponerse a enfermedades infecciosas mientras realizan el trabajo de cuidados con sus familiares enfermos.
  • Hay un desafío particular al ayudar a personas con discapacidad motoras y múltiples, ya que se requieren de herramientas, equipos e instalaciones especializadas para dar servicios necesarios.

7/19/2025

Reconstruirse tras liberarse de Boko Haram. Mujeres sobrevivientes de guerra en Nigeria

 

Es importante señalar que este mecanismo de control mediante el uso de violencia sexual, no es exclusivo de Nigeria, de acuerdo con  la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hay un incremento de este tipo de delito que usa a las mujeres como botín de guerra y que también ha sido una característica común en el conflicto armado del país.

Las mujeres y las niñas en tiempos de guerra son tratadas muchas veces como “botín”. La violación es una táctica utilizada como estrategia de terror y como forma de tortura. Las consecuencias físicas y mentales de estas agresiones dejan huellas emocionales y físicas imborrables. Esta forma de agresión también puede ser utilizada como parte de una limpieza étnica, tal y como se vio con las violaciones sistemáticas y los embarazos forzosos de la antigua Yugoslavia en los años noventa. Las violaciones, la esclavitud sexual y otras formas de violencia sexual cometidas en el contexto de un conflicto armado son crímenes de guerra. Mireya Cidón, Aminstía Internacional España

Las niñas y las jóvenes que huyeron del cautiverio de Boko Haram en el noreste de Nigeria continúan abandonadas a su suerte por las autoridades del país. En junio de 2024, Amnistía Internacional publicó el informe ‘Help us build our lives’: Girl survivors of Boko Haram and military abuses in north-east Nigeria, en el que documentaba cómo estas niñas y jóvenes pedían apoyo para tratar de sanar y reintegrarse a la sociedad.

Ahora, las sobrevivientes han dicho a Amnistía Internacional que el gobierno sigue sin proporcionarles servicios adecuados para su reintegración y que no pueden sostenerse a sí mismas ni a sus familias.

Nigeria se encuentra en África Occidental, bordeando el Golfo de Guinea, y limita con Benín al oeste, Níger al norte, Chad y Camerún al este, y el Océano Atlántico al sur. Está conformada por 36 estados y el territorio de la capital federal, cuya capital es Abuya. Tiene una población de 237 millones de personas aproximadamente de las cuales 112 millones 676 mil 013 son mujeres, lo que la convierte en el país más poblado de África y el sexto más poblado del mundo.

Desde 2009, el noreste del país vive un conflicto armado entre facciones de Boko Haram y las fuerzas del Estado nigeriano. Esta guerra ha generado secuestros generalizados, violencia sexual sistemática contra mujeres y niñas, asesinatos masivos de civiles y el desplazamiento interno de más de dos millones de personas. Las hostilidades han dado lugar a una crisis humanitaria prolongada, marcada por crímenes de derecho internacional y violaciones graves a los derechos humanos cometidas por todas las partes involucradas.

Boko Haram como mecanismo de control, suele capturar a mujeres durante redadas. Amnistía Internacional entrevistó a 32 niñas y mujeres jóvenes sobrevivientes de este grupo y quienes relataron su secuestro.

Los secuestros de Boko Haram ocurrían, generalmente, durante los ataques a pueblos, cuando las niñas intentaban esconderse y huir. Muchas de ellas permanecían escondidas por días o semanas, hasta que finalmente eran capturadas.

“Cuando Boko Haram llegó a Gulak, corrimos montaña arriba y vivimos con mi tío. Él nos daba de comer, pero al cabo de un mes nos quedamos sin comida. Dos primos y yo bajamos de la montaña para buscar alimentos. Boko Haram nos atrapó y nos llevó. Nos trasladaron a Madagali, donde nos casaron a todos”. Testimonio anónimo para Amnistía Internacional

Cuando la niñas y mujeres jóvenes son jóvenes, el Boko Haram busca adoctrinarlas con su ideología extremista, obligándolas a vivir bajo reglas estrictas que eliminan cualquier tipo de libertad de movimiento. Aquellas que intentan desobedecer se enfrentan a castigos físicos como azotes, flagelaciones o incluso largos periodos de encierro. Muchas son también forzadas a presenciar ejecuciones, amputaciones y otras formas de castigo como método de control y disuasión.

Una vez que las niñas y mujeres logran salir de los territorios controlados por Boko Haram, o son liberadas de los centros de detención militar o centros de tránsito que en muchos casos equivalen a detención arbitraria, deben enfrentar el reto de reconstruir sus vidas en campamentos de personas desplazadas, en medio de una crisis humanitaria que, hasta abril de 2024, ha dejado a unas 8.3 millones de personas en esa situación.

Las y los niños nacidos producto de la violencia sexual también enfrentan múltiples formas de discriminación, rechazo e incluso violencia. En 2015, varias organizaciones defensoras de derechos humanos documentaron casos de infanticidio perpetrados por madres que, presionadas por el estigma social, consideraban que no tendrían posibilidad de sobrevivir. Un estudio realizado por UNICEF e International Alert en 2016 reveló que, en muchas comunidades, era recién nacidos considerados como “mala sangre” por tener vínculos biológicos con combatientes de Boko Haram.

Un defensor de derechos humanos entrevistado por Amnistía Internacional aseguró que este estigma persiste. Algunas personas en las comunidades creen que los hijos de combatientes heredan rasgos violentos y podrían convertirse en una futura generación de extremistas.

Para muchas entrevistadas, las necesidades inmediatas seguían siendo la prioridad. Algunas identificaron el acceso a alimentos como la urgencia más apremiante, mientras que otras mencionaron la necesidad de recibir tratamiento médico para diversos padecimientos.

“La mayor ayuda para mí ahora mismo sería garantizar mi educación, porque quiero ser médica cuando sea mayor. Quiero olvidar que una vez viví con Boko Haram. Quiero salir de este campamento y empezar de cero” Testimonio anónimo para Amnistía Internacional

Matrimonio forzado

Aunque la Ley de Derechos del Niño de 2003 establece que la edad mínima para contraer matrimonio es de 18 años, el matrimonio infantil y precoz sigue siendo una práctica generalizada en Nigeria. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), más de cuatro de cada diez niñas se casan antes de los 18 años. Un estudio de Save the Children realizado en 2021 encontró que en el estado de Borno, casi el 90 % de las participantes, todas mujeres, se casaron antes de cumplir los 15 años.

En Boko Haram, el matrimonio forzado es una práctica común. El grupo considera que una niña está lista para casarse desde los primeros signos de la pubertad, incluyendo la primera menstruación o incluso antes. La diferencia de edad entre las niñas secuestradas y sus captores suele ser considerable.

Algunas niñas fueron secuestradas directamente de sus aldeas y trasladadas al bosque, donde fueron encarceladas y posteriormente casadas a la fuerza. Otras fueron obligadas a casarse dentro de sus propias comunidades una vez que Boko Haram tomó el control de la zona, para luego ser llevadas a otras áreas bajo dominio del grupo.

Esclavitud sexual

Al menos 33 sobrevivientes de matrimonio forzado contaron a Amnistía Internacional que sus «esposos» ejercían violencia sexual sistemática contra ellas. En muchos casos, estos hechos ocurrieron antes de la primera menstruación de las niñas o poco después. Si alguna se negaba a mantener relaciones sexuales, los combatientes informaban a sus superiores, lo que desencadenaba represalias como más violencia, encarcelamiento, amenazas o incluso tortura.

“Cuando me casé, si mi esposo quería tener intimidad conmigo y yo me negaba, él me denunciaba ante los demás combatientes. Entonces me llamaban y me azotaban”. Testimonio anónimo para Amnistía Internacional

De las personas entrevistadas por Amnistía Internacional, al menos 28 afirmaron haber tenido hijos producto de esta violencia sexual. La mayoría de ellas no contaba con acceso a servicios de salud sexual, reproductiva o materna, y dieron a luz en condiciones extremadamente precarias. Una adolescente relató: “Estaba sufriendo mucho. Una vecina me ayudó a dar a luz. Éramos solo nosotras dos”.

A pesar del miedo y los riesgos, casi cincuenta niñas y mujeres jóvenes compartieron historias sobre cómo lograron escapar de Boko Haram, arriesgando sus vidas y las de sus hijos, y enfrentándose a la posibilidad de ser recapturadas y castigadas.

Algunas engañaron a sus captores con excusas para obtener permiso de salir en busca de leña o comida, y aprovecharon para huir. Otras pagaron por ayuda y, en dos casos, sobornaron a sus vigilantes. Una joven de 19 años que logró escapar en 2019 relató:

“Una noche, otras mujeres y yo decidimos escapar, pero nos atraparon y nos encerraron. Dijeron que nos iban a matar. Después de dos días, sobornamos al guardia con la ropa que llevábamos cuando intentamos huir… y nos dejó salir”. Testimonio anónimo para Amnistía Internacional

6/07/2025

Heridas invisibles, la salud mental de las mujeres en contextos bélicos

 

.Ciudad de México.- La guerra tiene un impacto devastador en las mujeres, no solo en términos físicos, sino también psicológicos y estructurales. De acuerdo con la ONU Mujeres, millones de mujeres en zonas de conflicto (Afganistán, Gaza, Georgia y Ucrania), están enfrentando secuelas graves como estrés postraumático, traumas, ansiedad y depresión sin poder acceder a atención o apoyo.

Datos de la organización señalan que la proporción de mujeres que fueron asesinadas en conflictos armados se duplicó en los últimos años, alcanzando el 40% del total de muertes de la población civil. Además, se estima que más de 600 millones de mujeres y niñas viven en territorios afectados por conflictos, lo que representa un aumento del 50% desde el 2017. Esta situación las expone de forma constante a diversas formas de violencia que pernea en su salud mental.

Entre las principales formas de violencia que enfrentan destacan la tortura, desapariciones forzadas, desplazamientos, pérdida de bienes, pobreza, terrorismo, violencia sexual, amenazas, reclutamiento forzado, ejecuciones arbitrarias, matrimonios forzados, o su asesinato. Muchas de estas agresiones están relacionadas directamente con su género, buscando ejercer el control sobre sus cuerpos y decisiones utilizando la violencia cómo herramienta de dominación patriarcal.

Casi todas las personas afectadas por una crisis humanitaria experimentan angustia psicológica, por ejemplo, 1 de cada 5 personas desarrollan enfermedades mentales a largo plazo, pero solo el 2% recibe atención psicológica. Esto se agrava al considerar que no solo influye el factor del conflicto, sino también el financiamiento destinado a la salud a escala mundial, el cual está entre el 1% y 2% cuando los problemas de salud mental representan el 20% de los problemas reportados en situaciones de emergencia, según reportó ONU Mujeres.

De la misma manera, el acceso a servicios de salud mental también supone un problema. En países de ingreso alto hay 70 profesionales de salud mental por cada 100 mil habitantes; sin embargo, en países de bajo ingreso, la cifra es inferior a 1. Otras barreras a las que se enfrentan son culturales, sociales y económicas que les impide buscar un tratamiento digno.

“El cuidado de la salud mental debe ser una parte esencial de toda respuesta humanitaria, desde el asesoramiento para abordar el trauma o los servicios comunitarios hasta los espacios seguros donde las mujeres y niñas puedan empezar a sanar” -ONU Mujeres

¿A qué se enfrentan las mujeres en territorios en guerra?


Las mujeres en Afganistán enfrentan el regreso de los talibanes al poner, un grupo islamista radical, provocando graves violaciones a sus derechos humanos y su sentido de identidad, libertad personal, educación, trabajo y movilidad. De acuerdo con ONU Mujeres, la autonomía de las niñas y mujeres ha quedado “destruida”, además de que han sido excluidas sistemáticamente de la vida pública.

Datos de ONU Mujeres señalan que el 98% de las mujeres afganas afirman tener una influencia limitada o nula en las decisiones que se toman dentro de sus comunidades. “Hace tres años, una mujer afgana podía técnicamente decidir presentar su candidatura a la presidencia. Ahora, puede que ni siquiera sea capaz de decidir cuándo ir a comprar comida” mencionó Alison Davidian, representante de la organización en el Afganistán,

Por otro lado, el 68% describe que el estado de su salud mental es “mala” o “muy mala” y el 8% señaló conocer a otra mujer que estuvo a punto de suicidarse. Sin embargo, debido al contexto de violencia que enfrentan y las restricciones contra ellas, no pueden hablar de su salud mental sin meterse en problemas.

En Gaza, las mujeres están atrapadas viviendo bajo asedio y una amanezca constante de violencia. Su territorio ha sido bombardeado por Israel desde noviembre de 2023 provocando desplazamientos, privaciones y muertes. La guerra entre ambas naciones es uno de los conflictos bélicos más prolongados y complejos del mundo. La principal disputa es la ocupación del territorio con una extensión de 365 kilómetros, en el cual persisten tres religiones: católica, musulmana y judía.

De acuerdo con el último informe de ONU Mujeres, publicado en abril de 2024, desde el comienzo del conflicto bélico, niñas y mujeres no han podido atender sus necesidades básicas como comer, beber agua, ir al baño, usar toallas sanitarias, ducharse o cambiarse de ropa. A este panorama se suma que algunas se están enfermando, deben hacer el trabajo de cuidados y han quedado en estado de viudez. 

Bajo este contexto, las mujeres de Gaza han desarrollado miedo, trauma y agotamiento. Según apuntó ONU Mujeres, el 75% padece de depresión, 62% no puede dormir y el 65% tiene pesadillas y ansiedad, aunque por la limitación de acceso a cuidados, la mayoría de ellas deben enfrentarlo solas al mismo tiempo que cuidan de otras personas como familiares o sus hijas e hijos.

La salud mental de las mujeres está al límite en Gaza. Las mujeres embarazadas, las madres y las niñas son especialmente vulnerables. La carga emocional de mantener las familias a flote recae en gran medida sobre las mujeres. La guerra contra la salud de las mujeres en Gaza no es únicamente física: es mental, emocional e implacable.

Desde Geogia, las mujeres han vivido por años en desplazamiento y conflictos donde alrededor de 200 mil personas se movilizaron internamente y casi el 40% vive en refugios con condiciones de vida deficientes, alto nivel de desempleo y servicios limitados. En consecuencia, el 23% de las mujeres sufren estrés postraumático, 10% depresión y el 9% ansiedad.

Sin embargo, solo un tercio de ellas ha tenido acceso a atención sanitaria. Muchas de estas personas no reconocen sus síntomas o se enfrentan a obstáculos como el costo, el estigma o la falta de servicios.  Un estudio descubrió que el TEPT, la depresión, la ansiedad y las afecciones comórbidas contribuían a aumentos de la discapacidad de hasta el 16% en las mujeres y las infancias afectadas por conflictos.  

Finalmente, en Ucrania, que atraviesa una guerra contra Rusia, se ha reportado el incremento de violencia doméstica y depresión en las mujeres. ONU Mujeres apuntan que la violencia de género ha aumentado un 36% desde 2022, las mujeres soportan una mayor carga de trabajo de cuidados no remunerado —hasta 56 horas semanales solo en el cuidado de niñas y niños— y el desempleo se ha disparado. Todo ello está afectando al bienestar de las mujeres.

En la actualidad, el 42% corre riesgo de sufrir depresión y el 23% afirma que alguien de su hogar o ella misma necesita asesoramiento. Las personas refugiadas desplazadas, que en su mayoría son mujeres, sufren algunos de los peores efectos en la salud mental. Los sistemas de apoyo suelen estar fuera de su alcance, ya que huyen de las zonas rurales o del frente. Una encuesta de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) constató que el 53% de las personas desplazadas internas en Ucrania sufrían depresión. Pero, además, quienes buscan ayuda suelen encontrar poco apoyo disponible. 

 Las mujeres de grupos marginados, incluidas las romaníes, las personas LGBTQI+ y las mujeres con discapacidad, se enfrentan a capas añadidas de trauma y a opciones de apoyo aún más escasas. Los roles tradicionales de género agudizan la presión, ya que las mujeres soportan el peso emocional de mantener a las familias durante la guerra, la inestabilidad y los desplazamientos. 

La violencia de género contra las mujeres ucranianas en hogares aumenta tras la guerra – cimacnoticias.com.mx

«La guerra no termina cuando cesan los tiroteos. Sus horrores perduran en las mentes de quienes la han padecido. Para las mujeres y niñas que viven en zonas de conflicto, el apoyo a la salud mental no es un lujo”, apuntó ONU Mujeres. Son ellas quienes mayormente cargan con las secuelas invisibles de la guerra. Por ello, por años se ha insistido en el papel de las mujeres para lograr La Paz y seguridad, siendo este clave para romper los ciclos de violencia y desigualdad.

5/10/2025

«Nos violaron a todas». La guerra civil en Sudán y los crímenes de lesa humanidad

 

.-Foto de Solomon Onyeagoro

Ciudad de México.- A dos años del inicio de la guerra civil en Sudán, la violencia sexual contra mujeres y niñas continúa siendo utilizada como un arma para humillar, controlar y desplazar comunidades. Ante este panorama, Amnistía Internacional emitió el informe titulado  “They raped all of us”. Sexual violence against women and girls in Sudan (“Nos violaron a todas”. Violencia sexual contra mujeres y niñas en Sudán), que da testimonio de la crisis de derechos humanos que existe contra las sudanesas.

La República del Sudán es un país geográficamente africano, pero con vínculos políticos y culturales con el Medio Oriente. Está ubicado en el noreste de África y su capital, Jartum, es el centro político, cultural y comercial del país. Con una población aproximada de 50 millones de personas, el inglés es su lengua oficial, aunque el árabe también es ampliamente utilizado, al igual que lenguas locales como el dinka, nuer, bari, zande y shilluk, entre otras.

Desde el 15 de abril de 2023, Sudán atraviesa una guerra civil provocada por el enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). El conflicto inició en Jartum, pero pronto se extendió a otras regiones del país como Darfur, Kordofán del Norte y el estado de Gezira. Ambas facciones militares disputan el control del país tras el colapso del proceso de transición democrática.

Desde ese momento, asta guerra ha dejado miles de asesinatos, millones de desplazados y ha desencadenado una grave crisis humanitaria, caracterizada por asesinatos de civiles, violencia sexual y una escasez alarmante de alimentos y servicios básicos.

Uno de los aspectos más alarmantes de este conflicto es el aumento del riesgo de violencia sexual contra mujeres y niñas. A pocos días del inicio de los enfrentamientos, comenzaron a surgir informes sobre violaciones, esclavitud sexual y otras formas de violencia.

Sin embargo, los casos de violencia sexual aumentaron drásticamente en Sudán en diciembre de 2023, cuando las RSF tomaron el control de ciudades clave del estado de Gezira, como Madani y Hasahisa, y continuaron a medida que el conflicto se expandió por la región.

Entre 2023 y octubre de 2024,  Amnistía Internacional documentó al menos 36 casos de violación en cuatro estados sudaneses, incluyendo a niñas de apenas 15 años. La mayoría de las víctimas eran refugiadas o familiares de personas desplazadas en campos de Uganda. Todas identificaron a combatientes de las RSF como responsables de estos crímenes de lesa humanidad.

“Las agresiones de las RSF contra mujeres y niñas sudanesas son repulsivas, depravadas y tienen como objetivo infligir la máxima humillación. Las Fuerzas de Apoyo Rápido han atacado a civiles, especialmente mujeres y niñas, con una crueldad inimaginable durante esta guerra”, denunció Deprose Muchena, director general de Impacto Regional en Derechos Humanos de Amnistía Internacional.

Las RSF han sometido a mujeres de Jartum a esclavitud sexual, reteniéndolas durante días o incluso semanas en casas aleatorias o cerca de puestos de control, donde eran violadas y maltratadas repetidamente.

Amnistía Internacional documentó dos casos particularmente graves de esclavitud sexual. Uno de ellos es el de “Mariam”, una mujer de 34 años y madre de cinco hijos, secuestrada de su casa en el barrio de Jabra, en Jartum, el 15 de mayo de 2023. Fue llevada a una vivienda en la zona de Riyad, donde fue retenida durante 30 días y violada diariamente por distintos soldados. Fue liberada únicamente cuando su salud comenzó a deteriorarse gravemente.

En otro caso, 24 mujeres y niñas fueron secuestradas por miembros de las RSF y llevadas a un hotel en Nyala, Darfur del Sur, donde permanecieron varios días en condiciones equivalentes a esclavitud sexual.

Numerosas sobrevivientes relataron que fueron violadas por ser consideradas sospechosas de estar vinculadas a las Fuerzas Armadas de Sudán. Personal médico también fue víctima de estos crímenes: algunas enfermeras fueron violadas si no lograban salvar a soldados heridos. En un caso documentado, una enfermera fue secuestrada por 13 soldados, obligada a tratar a combatientes heridos y luego violada en grupo hasta quedar inconsciente. En otro caso, una médica fue asesinada tras resistirse a una violación.

Sobrevivientes: una lucha contra los impactos de la violencia sexual

Amnistía Internacional denunció que ninguna de las sobrevivientes ha recibido atención médica o psicológica adecuada tras ser atacadas. Muchas no han podido denunciar estos crímenes por miedo a represalias, estigmatización o debido a la continuidad de los combates.

Las secuelas físicas y psicológicas son devastadoras. Algunas víctimas reportaron dificultades para caminar, dolores persistentes en los riñones y menstruaciones irregulares. Una de ellas sufrió una hemorragia grave cuando le fue abierta una herida de cesárea durante una violación, lo que desencadenó complicaciones médicas posteriores.

A pesar de la falta de apoyo estatal, algunas organizaciones dentro de Sudán han brindado asistencia médica a las víctimas. La organización SORD, por ejemplo, ayudó a mujeres que desarrollaron fístulas, contrajeron VIH o hepatitis B. También brindó atención prenatal a 41 niñas en la ciudad de Kassala.

“La experiencia de esos treinta días tuvo un impacto duradero en mi salud. Antes era fuerte y saludable; ahora estoy enferma casi todos los días. Necesito apoyo para ir a Kampala y recibir tratamiento médico adecuado”, relató Mariam, sobreviviente de Jartum.

A dos años del conflicto, las acciones siguen siendo insuficientes

A pesar del tiempo transcurrido, no se han tomado medidas significativas para apoyar a las víctimas de violencia sexual. Ante esta situación, Amnistía Internacional exige al gobierno sudanés que garantice atención médica, psicológica y humanitaria a las sobrevivientes, incluyendo servicios de salud sexual y reproductiva.

También exige investigaciones rápidas e imparciales sobre estos crímenes, que se enjuicie a los responsables en procesos justos, se otorguen reparaciones a las víctimas, y se refuerce la cooperación internacional para prevenir y atender la violencia sexual en el contexto del conflicto.

Finalmente, Amnistía Internacional hace un llamado a los socios internacionales de Sudán como la Unión Europea, Arabia Saudita, Reino Unido y Estados Unidos,  a que exijan el cese inmediato de la violencia sexual, aumenten la financiación humanitaria, prioricen la protección de mujeres y niñas en las negociaciones, aseguren el acceso humanitario y brinden vías seguras a quienes huyen del país, sin forzar su regreso.

Mujeres como botín de guerra

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), hay una preocupación por el incremento de este delito que usa a las mujeres como botín de guerra y que también ha sido una característica común en el conflicto armado del país.

Las mujeres y las niñas en tiempos de guerra son tratadas muchas veces como “botín”. La violación es una táctica utilizada como estrategia de terror y como forma de tortura. Las consecuencias físicas y mentales de estas agresiones dejan huellas emocionales y físicas imborrables.

Esta forma de agresión también puede ser utilizada como parte de una limpieza étnica, tal y como se vio con las violaciones sistemáticas y los embarazos forzosos de la antigua Yugoslavia en los años noventa.

Las violaciones, la esclavitud sexual y otras formas de violencia sexual cometidas en el contexto de un conflicto armado son crímenes de guerra.

Mireya Cidón, Aminstía Internacional España