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8/08/2026

Mutilación genital femenina: se gana el debate, pero se pierden los fondos

 Este es un artículo de opinión de Inés M. Pousadela, directora de Investigación y Análisis de Civicus, la alianza mundial para la participación ciudadana.

Activistas contra la mutilación genital femenina protestan frente a la Asamblea Nacional en Banjul, en Gambia, el 18 de marzo de 2024, mientras los legisladores debatían un proyecto de ley que buscaba levantar la prohibición de la mutilación genital femenina, que finalmente fracaso gracias al rechazo popular. Imagen: Muhamadou Bittaye / AFP.-Inés M. Pousadela

MONTEVIDEO – En agosto del año pasado, una niña de un mes de edad murió desangrada en Gambia tras ser sometida a una mutilación genital femenina (MGF), una práctica que es ilegal en el país desde 2015.

La MGF es una violación de los derechos humanos, independientemente de los argumentos basados en la fe o la tradición que se esgriman en su defensa, pero ahora se está solicitando al Tribunal Supremo de Gambia que derogue la prohibición vigente en el país.

Este es el segundo intento en dos años de volver a legalizar la MGF.

La sociedad civil lo impidió la primera vez. Cuando en 2024 llegó a la Asamblea Nacional un proyecto de ley para derogar la prohibición, la Red contra la Violencia de Género llevó a supervivientes a testificar, presionó a los legisladores, emitió programas de radio y obtuvo un dictamen de la Universidad Al Azhar de El Cairo en el que se afirmaba que la MGF no es obligatoria según el islam.

El proyecto de ley se rechazó en julio de 2024.

La lucha que se libra actualmente en Gambia pone de manifiesto lo frágiles que son los avances en el reconocimiento de los derechos. La mutilación genital femenina está en retroceso en la mayoría de los países donde se practica, fruto de décadas de campañas llevadas a cabo por supervivientes y organizaciones comunitarias.

Pero mantener esa posición se está volviendo más difícil, a medida que se agota la financiación que respalda esas campañas y un movimiento antiderechos resurgente trabaja para presentar la mutilación genital femenina como una práctica tradicional objeto de ataques extranjeros.

Una práctica en retroceso

Más de 230 millones de niñas y mujeres vivas en la actualidad han sido sometidas a la mutilación genital femenina, y cada año se suman otros cuatro millones.

Pero la tendencia ha cambiado. Un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) de 2024 reveló que la mitad de la disminución de la prevalencia en los últimos 30 años se ha producido en la última década y que las tasas entre las adolescentes se han reducido a la mitad o han disminuido en más de 30 puntos porcentuales en países como Etiopía, Kenia y Sierra Leona.

La autora, Inés M. Pousadela

Las actitudes también han cambiado. Alrededor de 400 millones de personas en los países donde se practica, dos tercios de la población, afirman ahora que quieren que la mutilación genital femenina se acabe.

Ese cambio tiene un origen claro. El Programa Conjunto dirigido por Unicef y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) constató que las reducciones más pronunciadas se producen allí donde se apoya a las comunidades para que deliberen y, a continuación, se comprometan, de forma pública y colectiva, a abandonar la práctica.

La ONU canaliza la financiación y se encarga de la coordinación, pero los diálogos, las declaraciones y la labor de persuasión puerta a puerta son obra de activistas comunitarios, organizaciones nacionales y redes de supervivientes.

Gracias a estos esfuerzos de la sociedad civil, solo en 2025, más de 7,5 millones de personas participaron en diálogos comunitarios y más de 190 000 líderes religiosos y figuras influyentes de la comunidad denunciaron públicamente la mutilación genital femenina.

Las herramientas que funcionan

Allí donde los activistas se han centrado en las justificaciones religiosas que sustentan la mutilación genital femenina, se han obtenido resultados.

En 2025, eruditos islámicos de Yibuti, Eritrea y Somalia emitieron un dictamen conjunto en el que afirmaban que nada en la fe exige la mutilación genital femenina. Los procedimientos judiciales han demostrado ser otra herramienta poderosa.

En julio de 2025, el Tribunal de Justicia de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental declaró que Sierra Leona había incumplido sus obligaciones internacionales al no tipificar como delito la mutilación genital femenina, y señaló que, cuando se inflige intencionadamente, la práctica alcanza el umbral de la tortura.

En la India, el Tribunal Supremo ha iniciado un proceso para determinar si la ablación practicada en la comunidad dawoodi bohra debe dejar de gozar de protección constitucional como práctica religiosa esencial.

Y en junio de este año, Colombia se convirtió en el primer país de América Latina en prohibir la mutilación genital femenina, impulsado por las mujeres indígenas emberá que luchaban contra una práctica llevada a cabo en su propia comunidad.

La prohibición es ahora la norma y no la excepción, y Yibuti y Guinea incorporaron la prohibición a sus constituciones en 2025.

Pero las leyes por sí solas no cambian necesariamente lo que ocurre sobre el terreno, y su aplicación sigue siendo deficiente.

Las detenciones y los procesos judiciales aumentaron considerablemente en 2025, pero aun así solo hubo 711 casos judiciales relacionados con la mutilación genital femenina en todo el año.

En Gambia, la multa impuesta a las primeras personas condenadas por practicar la mutilación fue pagada por un imán prominente, un acto que contribuyó a impulsar la campaña para derogar la prohibición.

La retirada de financiación al movimiento

Las tácticas que impulsaron tres décadas de avances se están viendo ahora privadas de financiación, y los recortes presupuestarios afectan con mayor dureza a los grupos de base y liderados por supervivientes, que son los más eficaces pero que siempre se enfrentan a las mayores dificultades para obtener apoyo.

La financiación del Programa Conjunto se redujo de 29,6 millones de dólares en 2024 a 16,3 millones en 2025.

El desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, en inglés) supuso la eliminación de la mayor fuente individual de financiación de la sociedad civil a nivel mundial, y la ayuda exterior total de Estados Unidos se redujo a la mitad en un año.

El Reino Unido, que en su día fue el mayor financiador de la prevención de la mutilación genital femenina, está reduciendo gradualmente su programa insignia sin ofrecer ningún sustituto, para poder destinar más fondos a armamento.

Desde el punto de vista económico, esto no tiene sentido, ya que cada dólar invertido en prevención genera un rendimiento diez veces mayor.

El Programa Conjunto estima que el tratamiento de las consecuencias para la salud de la mutilación genital femenina cuesta actualmente 1400 millones de dólares al año.

Sin embargo, la política está desempeñando un papel importante.

En los países del Norte global, los cambios políticos están impulsando la retirada de la ayuda, y los partidos de extrema derecha invocan la mutilación genital femenina para estigmatizar a las comunidades migrantes, al tiempo que se oponen a las políticas de justicia de género que marcarían la diferencia.

En los países donde se practica, la prohibición se presenta cada vez más como una imposición extranjera sobre la cultura y la fe. Lo que une a estos argumentos es un mismo juego de manos que trata la MGF como una cuestión de identidad cultural en lugar de como una violación de los derechos humanos fundamentales.

La eliminación para 2030, el objetivo que los Estados fijaron cuando acordaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2015, ya está fuera de alcance. Pero las pruebas sobre lo que funciona no se discuten, y apuntan hacia las comunidades y los movimientos de base.

La cuestión es si los gobiernos que afirman valorar los derechos humanos seguirán apoyando a quienes logran avances, o dejarán que una generación de niñas pague el precio de este retroceso.

Inés M. Pousadela es directora de Investigación y Análisis de Civicus, codirectora y redactora de Civicus Lens y coautora del Informe sobre el Estado de la Sociedad Civil. También es profesora de Política Comparada en la Universidad ORT de Uruguay.

2/21/2026

Más de cuatro millones de niñas en riesgo de mutilación genital

ipsnoticias.net

Mujeres y niñas en la aldea Otoy, en Yibuti, donde un movimiento comunitario ha presionado con éxito para que se abandone la mutilación genital femenina. Es en países de África donde está más extendida esta práctica que han sufrido más de 200 millones de mujeres y que se arriesgan a sufrir este año más de cuatro millones de niñas, según agencias de las Naciones Unidas. Imagen: Agence Neuvieme / Unfpa
Corresponsal de IPS

NACIONES UNIDAS – Más de 230 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a la mutilación genital femenina y este año 4,5 millones de niñas están en riesgo de padecer ese procedimiento, alertaron en una declaración varias agencias de las Naciones Unidas.

Esos millones de mujeres “viven con las consecuencias físicas y mentales profundas, duraderas y a menudo potencialmente mortales de esta práctica”, destacaron en su declaración la Organización Mundial de la Salud (OMS), ONU Mujeres, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y otras agencias de la organización mundial.

“En el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina -6 de febrero-, reafirmamos nuestro compromiso de poner fin a la mutilación genital femenina para todas las niñas y todas las mujeres en riesgo”, reza la declaración.

Asimismo, se plantean “seguir trabajando para garantizar que las personas sometidas a esta práctica nociva tengan acceso a servicios apropiados y de calidad”.

África es la región del mundo más afectada por esta práctica en casi 30 de sus países, con altos porcentajes de víctimas registradas -mujeres entre 15 y 49 años que la han sufrido- en Egipto, Eritrea, Etiopía, Gambia, Guinea, Malí, Mauritania, Sierra Leona, Somalia, Sudán y Yibuti. También en el oeste de Asia, en Iraq y Yemen.

La mutilación genital femenina hace referencia a todos los procedimientos que implican la extirpación total o parcial de los genitales externos de la mujer u otras lesiones en los órganos genitales femeninos con fines no médicos.

Se practica sobre todo en niñas que se encuentran entre la edad infantil y los 15 años. Algunas sociedades la ven como un rito iniciático; otras la utilizan para reprimir la sexualidad de las niñas o salvaguardar su castidad. Algunas comunidades la consideran un requisito para el matrimonio o la herencia.

Ni el islam ni el cristianismo respaldan esta práctica, pero es habitual que se recurra a los textos religiosos para justificarla.

En cualquiera de sus formas, constituye una violación de los derechos humanos fundamentales de las niñas y las mujeres, entre los que se incluyen el derecho a la salud, a la seguridad y a la dignidad, recuerdan las agencias de la ONU.

La mutilación genital femenina no tiene ningún beneficio para la salud y puede provocar graves complicaciones a largo plazo, incluso la muerte. Entre los riesgos inmediatos para la salud se cuentan las hemorragias, los estados de conmoción, las infecciones, la transmisión del VIH, la retención de orina y el dolor intenso.

Las repercusiones psicológicas pueden ir desde la pérdida de confianza de las niñas en sus cuidadores hasta sentimientos de ansiedad y depresión que pueden aparecer a largo plazo. En la edad adulta, las niñas sometidas a la ablación genital son más propensas a sufrir problemas de infertilidad o complicaciones durante el parto.

Por añadidura, las graves complicaciones de por vida tienen un costo estimado de 1400 millones de dólares anuales.

Las intervenciones dirigidas a erradicar la mutilación genital femenina durante las últimas tres décadas están teniendo un buen impacto, y casi dos tercios de la población de los países donde es prevalente expresan apoyo a su eliminación.

El progreso contra la mutilación genital femenina se está acelerando, y la mitad de todos los avances desde 1990 se lograron en la última década, reduciendo el número de niñas sometidas a la práctica, de una de cada dos a una de cada tres.

“Necesitamos aprovechar este impulso y acelerar el progreso para alcanzar la meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible de erradicar la mutilación genital femenina para 2030”, expresan las agencias de la ONU en su declaración.

Advirtieron sin embargo que “los avances logrados durante décadas corren peligro a medida que disminuyen la inversión y el apoyo globales. Los recortes de financiación y la disminución de la inversión internacional en programas de salud, educación y protección infantil están limitando los esfuerzos”.

“Cada dólar invertido para erradicar la mutilación genital femenina se multiplica por 10. Una inversión de 2800 millones de dólares puede prevenir 20 millones de casos y generar 28 000 millones de dólares en rentabilidad”, concluye la declaración que reclama más respaldo a la prevención y al apoyo a las sobrevivientes.

A-E/HM

2/14/2026

Más de cuatro millones de niñas en riesgo de mutilación genital

 

Mujeres y niñas en la aldea Otoy, en Yibuti, donde un movimiento comunitario ha presionado con éxito para que se abandone la mutilación genital femenina. Es en países de África donde está más extendida esta práctica que han sufrido más de 200 millones de mujeres y que se arriesgan a sufrir este año más de cuatro millones de niñas, según agencias de las Naciones Unidas. Imagen: Agence Neuvieme / Unfpa Corresponsal de IPS

NACIONES UNIDAS – Más de 230 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a la mutilación genital femenina y este año 4,5 millones de niñas están en riesgo de padecer ese procedimiento, alertaron en una declaración varias agencias de las Naciones Unidas.

Esos millones de mujeres “viven con las consecuencias físicas y mentales profundas, duraderas y a menudo potencialmente mortales de esta práctica”, destacaron en su declaración la Organización Mundial de la Salud (OMS), ONU Mujeres, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y otras agencias de la organización mundial.

“En el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina -6 de febrero-, reafirmamos nuestro compromiso de poner fin a la mutilación genital femenina para todas las niñas y todas las mujeres en riesgo”, reza la declaración.

Asimismo, se plantean “seguir trabajando para garantizar que las personas sometidas a esta práctica nociva tengan acceso a servicios apropiados y de calidad”.

África es la región del mundo más afectada por esta práctica en casi 30 de sus países, con altos porcentajes de víctimas registradas -mujeres entre 15 y 49 años que la han sufrido- en Egipto, Eritrea, Etiopía, Gambia, Guinea, Malí, Mauritania, Sierra Leona, Somalia, Sudán y Yibuti. También en el oeste de Asia, en Iraq y Yemen.

La mutilación genital femenina hace referencia a todos los procedimientos que implican la extirpación total o parcial de los genitales externos de la mujer u otras lesiones en los órganos genitales femeninos con fines no médicos.

Se practica sobre todo en niñas que se encuentran entre la edad infantil y los 15 años. Algunas sociedades la ven como un rito iniciático; otras la utilizan para reprimir la sexualidad de las niñas o salvaguardar su castidad. Algunas comunidades la consideran un requisito para el matrimonio o la herencia.

Ni el islam ni el cristianismo respaldan esta práctica, pero es habitual que se recurra a los textos religiosos para justificarla.

En cualquiera de sus formas, constituye una violación de los derechos humanos fundamentales de las niñas y las mujeres, entre los que se incluyen el derecho a la salud, a la seguridad y a la dignidad, recuerdan las agencias de la ONU.

La mutilación genital femenina no tiene ningún beneficio para la salud y puede provocar graves complicaciones a largo plazo, incluso la muerte. Entre los riesgos inmediatos para la salud se cuentan las hemorragias, los estados de conmoción, las infecciones, la transmisión del VIH, la retención de orina y el dolor intenso.

Las repercusiones psicológicas pueden ir desde la pérdida de confianza de las niñas en sus cuidadores hasta sentimientos de ansiedad y depresión que pueden aparecer a largo plazo. En la edad adulta, las niñas sometidas a la ablación genital son más propensas a sufrir problemas de infertilidad o complicaciones durante el parto.

Por añadidura, las graves complicaciones de por vida tienen un costo estimado de 1400 millones de dólares anuales.

Las intervenciones dirigidas a erradicar la mutilación genital femenina durante las últimas tres décadas están teniendo un buen impacto, y casi dos tercios de la población de los países donde es prevalente expresan apoyo a su eliminación.

El progreso contra la mutilación genital femenina se está acelerando, y la mitad de todos los avances desde 1990 se lograron en la última década, reduciendo el número de niñas sometidas a la práctica, de una de cada dos a una de cada tres.

“Necesitamos aprovechar este impulso y acelerar el progreso para alcanzar la meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible de erradicar la mutilación genital femenina para 2030”, expresan las agencias de la ONU en su declaración.

Advirtieron sin embargo que “los avances logrados durante décadas corren peligro a medida que disminuyen la inversión y el apoyo globales. Los recortes de financiación y la disminución de la inversión internacional en programas de salud, educación y protección infantil están limitando los esfuerzos”.

“Cada dólar invertido para erradicar la mutilación genital femenina se multiplica por 10. Una inversión de 2800 millones de dólares puede prevenir 20 millones de casos y generar 28 000 millones de dólares en rentabilidad”, concluye la declaración que reclama más respaldo a la prevención y al apoyo a las sobrevivientes.

2/08/2025

Mutilación genital femenina, una lucha que persiste para las mujeres en el mundo

 

.- Ciudad de México.- La mutilación genital femenina (MGF) es una de las violaciones a los derechos humanos que ha violentado a más de 230 millones de niñas, adolescentes y mujeres en el mundo quienes fueron víctimas de esta práctica, según reportó la Organización Mundial de la Salud (OMS) y hoy en el Día Internacional de Tolerancia Cero, es vital reclamar que esta práctica sigue vigente.

El día de hoy en algunos países del mundo, nacer mujer conlleva vivir la extirpación parcial o total de sus genitales externos, aunque también involucra todo tipo de lesiones causadas en esta área ¿Los motivos? No son médicos. Se trata de una violación a derechos humanos impulsado por creencias culturales y sociales en donde impera la mirada machista y patriarcal sobre nuestras cuerpas. 

De acuerdo con el texto ‘La mutilación genital femenina y los derechos humanos’ de Amnistía Internacional, cada año 2 millones de niñas, adolescentes y mujeres corren el riesgo de que les realicen una MGF, lo que se traduce en 6 mil casos al día.

La población más propensa son las mujeres africanas, pero hay rastro en comunidades inmigrantes de zonas como Asia, Pacifico, América del Norte, Latinoamérica y Europa.

Las consecuencias

De manera inmediata hay una afectación física. En el momento en el que se hace la MGF, pueden presentarse dolores, conmoción, hemorragias y daños en los órganos que rodean al clítoris y los labios. Después puede haber retención de la orina y en algunas situaciones, infecciones graves debido a diversos factores como la utilización del mismo instrumental en varias mujeres. 

El primer acto sexual sólo puede realizarse después de la dilatación gradual y dolorosa de la apertura que ha quedado. Además, esta puede ser dolorosa o peligrosa. También hay que señalar que llegar a la satisfacción sexual es complicado debido a que durante la mutilación se extrae una parte del clítoris.  

Si hablamos del parto, el tejido donde queda la cicatriz se desgarra. Y cuando surge un problema médico, se le atribuye a una supuesta “promiscuidad” de las mujeres, invisibilizando la responsabilidad de la persona que hizo la mutilación. 

Los estragos psicológicos son más profundos. Los relatos revelan que las mujeres han sentido ansiedad, terror, humillación y traición. A pesar de los traumas presentados, su mayor temor es la aceptación por la sociedad.

Entre otras problemáticas que pueden desarrollar las mujeres se encuentran: 

  • Problemas urinarios como micción dolorosa e infecciones del tracto urinario.
  • Problemas vaginales entre las que están leucorrea, prurito, vaginosis bacteriana y otras infecciones
  • Problemas menstruales desde dolor y menor satisfacción.
  • Problemas sexuales como coito doloroso y menor o nula satisfacción.
  • Mayor riesgo de complicaciones en el parto (parto difícil, hemorragia, cesaría, necesidad de reanimación del bebé).
  • Intervenciones quirúrgicas.
  • Trastornos psicológicos como depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático y escasa autoestima 

Un sistema patriarcal, raíz de la mutilación femenina

Existen diferentes creencias sobre las razones de la MGF femenina como la identidad cultural, sexual, salud, higiene, estética y religión, pero todas apuntan a un sistema patriarcal que dictamina cómo debemos de comportarnos, pensar, sentir, hacer y lucir.

Desde la identidad cultural, la mutilación define quién pertenece a un grupo o comunidad y marca el inicio de la etapa adulta, incluso si siguen siendo niñas. En el ámbito sexual, se estima que la MGF es un control para mitigar el deseo sexual de las mujeres antes del matrimonio, ya que se pone en duda su capacidad de no contraer relaciones sexuales por su voluntad. Asimismo, ninguna religión ha ordenado interponer esta práctica a las mujeres.

Dentro de otras creencias que se mantienen vigentes en nuestros días, pero que carecen de sustento se resumen en pensar que la MGF es sinónimo de limpieza e higiene; que los genitales femeninos pueden crecer hasta ser incómodos para ellas; que el clítoris es peligroso para el pene o que, si la cabeza de un recién nacido toca este órgano, entonces morirá.

Para la Doctora María José Díaz Alonso, médica general y activista en derechos sexuales y reproductivos, desde el mundo de la estética, las labioplastias se han colocado como una forma de mutilación genital. El procedimiento quirúrgico consiste en remover una porción de labios menores hipertróficos (cuando son más grandes de lo normal), la cual cada año aumenta el número de mujeres que lo realizan bajo la promesa de verse mejores.

Resistencias desde el activismo

7/20/2024

Del trauma al triunfo: La batalla de mujeres kenianas contra la mutilación genital femenina

 

Naomy Kolian y Jane Kaliko comparten momentos de satisfacción tras un día agotador en que detallaron las experiencias personales y de su comunidad en un foro público sobre la necesidad de frenar la mutilación genital femenina en Kenia. Imagen: Robert Kibet / IPS

NAIROBI – En el corazón de la aldea Empash, una comunidad fragmentada ubicada en Suswa, en el condado de Narok, a casi 100 kilómetros al noroeste de Nairobi, la historia de Naomy Kolian se ha desarrollado como una conmovedora saga de dolor, resiliencia y determinación inquebrantable.

Fue aquí, en los alrededores de donde vive su familia y es su hogar, donde fue sometida a la mutilación genital femenina (MGF), una tradición brutal que le dejó cicatrices físicas y emocionales. Este trauma oculto perduraría y la atormentaría hasta bien entrada en la edad adulta.

Aquí, la cultura masái prospera sobre un tapiz de abundantes tradiciones y costumbres profundamente arraigadas. Los cantos rítmicos de canciones ancestrales se mezclan con los mugidos lejanos del ganado, pintando un cuadro de tranquilidad pastoril. Sin embargo, bajo esta pintoresca fachada se esconde una cruda realidad para muchas mujeres masáis, que Kolian conoce muy bien.

Madre de cinco hijos y luchadora indetenible contra la MGF, una práctica que casi destruye su vida, ella testimonia la fuerza del espíritu humano.

Su viaje comenzó con una oportunidad inverosímil. Compasión Internacional, una organización humanitaria cristiana, le ofreció la posibilidad de ir a la escuela en una comunidad donde educar a las niñas, por lo general, está subestimado.

Le fue muy bien tanto en la parte académica como en el deporte y se convirtió en una de las mejores corredoras en su escuela primaria.

Pero este futuro prometedor fue interrumpido abruptamente cuando, a los 14 años, luego de los exámenes finales del nivel primario, la obligaron a someterse a la MGF; un rito de iniciación que le robaría su potencial atlético y mucho más.

“Nos llevaron donde estaba mi madre”, recuerda, su voz teñida con una mezcla de dolor y resiliencia. “Allí, nos encontramos con varias personas y una vaca sacrificada. Cuando pregunté qué sucedía, me mintieron y respondieron ‘nada’. Mi madre finalmente me reveló que debía someterme a la ablación, dado que todas mis amigas ya lo habían hecho”, rememora.

A la mañana siguiente, Kolian quedó al cuidado de ancianas en una manyatta, una cabaña de barro tradicional. Lo que siguió fue una verdadera pesadilla. En las horas frías de la madrugada, la llevaron hacia afuera, la desnudaron y la rociaron con agua helada destinada a adormecer sus nervios.

“En ese momento me desmayé”, cuenta, secando sus lágrimas con la palma de la mano.

La voz de Naomy titubea mientras describe los detalles atroces de su mutilación. Unas mujeres fuertes la sentaron y la sostenían contra el suelo. A pesar de su lucha, logró dominarlas por un momento, pero esto solamente condujo a más medidas brutales.

“Optaron por atarme las piernas con sogas y pasarlas por agujeros a través de la pared. Los hombres que estaban afueran sostenían las sogas, para forzar la apertura de las piernas y darle tiempo de sobra a la anciana para llevar a cabo su tarea”, explica y recuerda cómo sintió que una pierna se adormecía.

En la comunidad masái, la MGF carece de un método preciso y a menudo termina en complicaciones graves. Kolian continuó sangrando mucho y las mujeres que la atendían recurrieron a aplicarle azúcar, miel y leche fría en la herida.

Ante el fracaso de estos remedios, le ataron las piernas juntas en un intento inútil de detener la hemorragia. La desesperación las llevó a extraer casi un litro de sangre fresca de vaca, que la obligaron a beber, con la esperanza de que pudiera cortar la pérdida de sangre.

El calvario de Kolian es una clara representación del sufrimiento al que se enfrentan muchas mujeres masái, que soportan estas prácticas inhumanas bajo el pretexto de la preservación cultural.

Lilian Saruni, otra víctima de ablación, es madre de siete hijos y está casada con un hombre mayor con 10 esposas. “Me dedico al negocio de las perlas, que me permite educar a mis hijos, y así ellos pueden obtener la educación básica”, afirma.

Relata que “mi esposo amenazó con la maldición de que cualquiera que impidiera la ablación de sus hijas moriría, incluido el médico”. Con el respaldo del jefe de área y el clero, Sarumi logró proteger a su hija y ampliar sus esfuerzos para ayudar a otras niñas.

Con su propia experiencia como poderosa narrativa, actualmente Sarumi es una de las promotoras de la erradicación de la MGF más influyentes y persuasivas de Kenia. Como fundadora de la organización comunitaria Eselenge Engayion, se centra en empoderar a la juventud y proporcionar refugios seguros a las niñas que huyen de la práctica de “cuchillo forzoso” en su aldea natal.

“El dolor por el que pasé está fresco en mi mente hasta hoy y lo peor de todo es que perdí mi talento deportivo por completo”, confiesa. Pero eso sí, su determinación permanece intacta.

“Los profesores de la escuela secundaria me castigaban por no participar en el deporte que indicaba mi certificado; confundían mi incapacidad de participar por ignorancia”, comenta Kolian.

Decidida a no permitir que su pasado defina su futuro, perseveró.

“Me dije a mí misma que no debía rendirme. Le dije a mi padre que estudiaría en la universidad. Trajeron a un hombre mayor a casa. Se resistieron diciendo que tras haberme sometido a la mutilación genital, debía contraer matrimonio. En ese momento decidí fingir y comencé una relación con un hombre joven que no amaba. Y luego quedé embarazada”, relata.

El miedo a los hospitales por las cicatrices de la MGF complicó aún más sus dificultades durante el parto. “Temía ir al hospital por el desgarro a causa de la cicatriz. Tuve un parto prematuro. Le pregunté a mi mamá qué estaba sucediendo y ella me animó diciéndome que generalmente es así. Me derivaron al hospital Kijabe. No podía caminar bien”, comparte.

El segundo parto fue igual de doloroso, pero con el apoyo de su comprensivo esposo, Kolian logró seguir un curso certificado en Educación para el Desarrollo de la Primera Infancia. Trabajó como voluntaria y aprovechó todas las oportunidades para educar a niños pequeños y niñas sobre los efectos de la MGF.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

Patrick Muia Mdavi, profesor adjunto de ginecología y obstetricia en la Universidad de Nairobi, explica que “cuando se analizan los impulsores de la MGF, dicen que es una cuestión cultural, religiosa. Pero incluso cuando preguntamos qué religión avala esta práctica, no pueden especificar qué culto prescribe este vicio”.

Resalta el daño severo infligido a las niñas y mujeres al afirmar que “la MGF viola la integridad corporal y ha resultado en muertes de mujeres y niñas. En Kenia, la MGF puede provocar fístulas, que afectan la comunicación entre la vejiga y el canal de parto. A menudo, las madres jóvenes forzadas a someterse a la ablación tienen hijos con parálisis cerebral”.

Muia subraya las complicaciones crónicas y de por vida de la MGF, que abarcan problemas médicos y de salud mental. Asegura que “las mujeres y niñas sufren de ansiedad y temor a la intimidad, especialmente en los lugares donde se utilizan los peores métodos para llevar a cabo esta práctica”.

Jane Soipan Letooya, poetisa de la localidad de Keekonyoike, usa su talento para denunciar la MGF.

Afirma que “la MGF, considerada como una práctica cultural, se vuelve generalizada en nuestra comunidad. La práctica ha truncado el futuro de muchas niñas”. Soipan comenzó su campaña en 2020, durante la pandemia de covid-19, motivada por el temor y pérdida que experimentaron sus compañeros de clases.

Sharon Saruni, una alumna de 23 años, fue rescatada por su madre, Lilian Saruni, de la agresión de su padre.

“Es necesario un debate común entre las partes interesadas para indagar sobre la raíz de este vicio generalizado en la comunidad masái”, insiste Saruni. Insta a las jóvenes a denunciar sin temor, a la vez que resalta la baja autoestima y los sueños destruidos a causa de la MGF.

Según el Ministerio de Asuntos Sociales de Somalia y un informe del Fondo de Población de Naciones Unidas de 2020, Somalia tiene la prevalencia de MGF más alta registrada a nivel mundial, con alrededor de 98 % de mujeres de entre 15 y 49 años a las que sometieron a ablación.

El Artículo 9 de la Constitución somalí les garantiza a las mujeres el derecho a no ser víctimas  de violencia. Sin embargo, en la actualidad no hay una política anti MGF viable aprobada. El Ministerio de Asuntos Sociales, en colaboración con las partes interesadas correspondientes, está redactando una política anti MGF que ya se ha presentado al gabinete para su aprobación.

“Esta política dará asistencia y respaldará la lucha contra la MGF en Somalia. Sin ella, no existe una referencia para tomar medidas contra los responsables. Esta política mejorará significativamente nuestras intervenciones para poner fin a la MGF”, dijo Yahye Mohamed, un líder de equipo que también trabaja para Action Aid de Somalia, a IPS en una entrevista virtual.

El conflicto continuo en el este y la sequía han interrumpido el avance de la lucha contra la MGF y la aprobación de esta política.

Jacinta Muteshi, líder regional de equipo de The Girl Generation – Support to the Africa‑Led Movement denominado TGG‑ALM, señaló que los índices de prevalencia siguen estando muy altos en muchos países de África oriental.

“Hemos estado a la vanguardia apoyando a quienes lideran la lucha contra la MGF en la región del este de África”, comentó a IPS en una entrevista.

TGG-ALM es un consorcio dirigido por Options Cunsultancy Services, que incluye Amref Health Africa, Action Aid, The Orchid Project, The African Coordination Centre for the Abandoment of FGM/C y la inglesa Universidad de Portsmouth.

Trabajan activamente en Kenia, Etiopia y Somalia, en la región de África oriental, además de la occidental Senegal, para combatir la MGF.

En una conferencia de la Unión Africana en Tanzania, los representantes de gobierno destacaron la importancia de las acciones colaborativas e hicieron hincapié en la necesidad de unificar las leyes y sanciones, establecer asistencia telefónica para personas en riesgo y estandarizar definiciones de MGF para consolidar sus enfoques.

“Si observamos el continente africano, para los 28 países donde la prevalencia es alta, estamos hablando de cerca de 55 millones de niñas que padecen la MGF. Generalmente, los matrimonios forzosos y tempranos están en línea con estos índices de prevalencia”,  dijo Muteshi a IPS.

En Kenia, los mandatarios tienen una postura firme contra la MGF en términos de políticas, recursos y declaraciones públicas. En Senegal Amref Health Africa y Action Aid han colaborado con los miembros del parlamento para destacar la importancia de unificar las leyes regionales para erradicar la MGF.

“Muchos países tienen leyes, pero su incongruencia en hacerlas cumplir o asignar los recursos para que esos esfuerzos sean eficaces es preocupante. Por lo tanto, es necesario reunir a los miembros del parlamento para poner en evidencia estas cuestiones”, añadió Muteshi.

Un informe publicado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), titulado Mutilación Genital Femenina: Una preocupación global 2024 , indica que el ritmo del progreso se está acelerando, pero la tasa de disminución debería ser 27 veces más rápida para alcanzar el objetivo de eliminar lla ablación para 2030.

Es una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en que se establece la eliminación de prácticas nocivas para las mujeres en 2030.

Saruni Reson, jefe sénior en Enosupukia, subcondado de Narok Oriental, vive hace cincuenta años en Oloserian. Solía ser profesor y comenzó su lucha contra la MGF al dar el ejemplo con sus hijas.

“Como familia, hemos salvado a 59 niñas de someterse a la ablación y nos hemos propuesto difundir el mensaje contra este vicio”, afirma.

Reson destaca las dificultades en la lucha contra la MGF. Sostiene que “La distancia es una de las principales dificultades, especialmente cuando se trata de la movilidad sumado al terreno de la localidad cuando llueve”.

A pesar de estos obstáculos, el modelo de seguridad de la comunidad, incluidos los ancianos de la aldea y la policía local, ha sido decisivo a la hora de rescatar niñas.

“La visión del gobierno de erradicar la ablación para 2030 se logrará por medio de nuestra asistencia, pero apuntamos a lograrlo antes de ese año”, asegura. Reson pide el establecimiento de hogares seguros cerca de instituciones educativas, que brinden refugio a las niñas y les den la oportunidad de un futuro mejor.

T: PI / ED: EG

2/10/2024

Mujeres contra la mutilación genital femenina

.-Ciudad de México.- La Organización de las Naciones Unidas conmemora, año con año el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina y son las mismas mujeres sobrevivientes quienes han tenido una causa trascendental para erradicar esta práctica así como transformar lo que han vivido las más de 200 millones de sobrevivientes.

“La mutilación genital femenina (MGF) es una práctica que implica la alteración o lesión de los genitales femeninos por motivos no médicos y que internacionalmente es reconocida como una violación grave de los derechos humanos, la salud y la integridad de las mujeres y las niñas”, alerta la ONU.

La causa de estas mujeres se traducen en “voces victoriosas que rompen con siglos de silencio y la solidaridad y transforma el dolor en un recuerdo lejano. Este es el mundo que sueñan las mujeres que lideran el movimiento para poner fin a la mutilación genital femenina».

La mutilación genital femenina puede causar complicaciones de salud a corto y largo plazo, incluido dolor crónico, infecciones, sangrados, mayor riesgo de transmisión del VIH, ansiedad y depresión, complicaciones durante el parto, infecundidad y, en el peor de los casos, la muerte.

Problemática universal

Gracias a la intervención de organismos internacionales y mujeres defensoras quienes han implementado acciones para erradicar al MGF en los últimos 25 años, la prevalencia ha disminuido. En la actualidad, una niña tiene un tercio menos de probabilidades de sufrirla que hace 30 años.

“Eventos catastróficos, como lo son las crisis humanitarias, los brotes de enfermedades, el cambio climático o los conflictos armados, entre otros, hacen peligrar el mantenimiento de estos logros y consecuentemente hacer retroceder los avances hacia la consecución de la igualdad de género y del fin de la mutilación genital femenina para 2030”, destaca el organismo mundial.

“En el mundo más de 200 millones de niñas y mujeres han sufrido mutilación genital femenina. Este año, casi 4.4 millones de niñas correrán el riesgo de sufrir esta práctica nociva; lo que equivale a más de 12 mil casos diarios”.

Si bien las costumbres y tradiciones que perpetúan la mutilación genital femenina varían según las comunidades, por lo general el procedimiento se lleva a cabo en algún momento entre los primeros años de vida y los 15 años de edad, e implica consecuencias graves desde el punto de vista socioeconómico, físico, emocional, sexual y sanitario, incluida la muerte.

La mutilación genital femenina es una problemática que atañe tanto a mujeres como niñas. Dicha práctica, junto con el matrimonio infantil afecta a centenares de millones de pequeñas en todo el mundo.

Lucha viva

Para promover la erradicación de esta terrible práctica es necesario realizar esfuerzos coordinados y sistemáticos en los que participen las comunidades en torno a la concienciación sobre los derechos humanos, la igualdad de género, la educación sexual y la atención a las víctimas de ablación de los órganos genitales femeninos.

La Organización de las Naciones Unidas describe que es posible acelerar la abolición de dicha práctica legendaria: “Aunque la práctica se ha mantenido por más de mil años, se puede acabar con la mutilación genital femenina en una sola generación es todavía posible si aceleramos para que el proceso vaya diez veces más rápido”.

Purity Soinato Oiyie Masai, activista de Kenia

Purity Soinato Oiyie rebosa de confianza en si misma. Lleva dos piezas hechas con cuentas; un tocado tradicional masái que cae de su cabeza y un collar con un mensaje rotundo: “Stop FGM”, poner fin a la mutilación genital femenina. Es una líder de su comunidad y defensora de los derechos de las mujeres. Pero para alcanzar este estatus ha tenido que hacer frente a todo tipo de dificultades.

“Tenía solo 10 u 11 años cuando mi padre decidió circuncidarme. Sería la quinta esposa de un hombre de 70 años. Hablé con la maestra de mi clase y ella informó a la jefatura de policía. Apenas dos horas antes de la ceremonia de ablación, llegó la policía y me retiró del lugar”, recuerda. Oiyie fue la primera niña de su aldea en decir no a la mutilación genital femenina.

Durante los ocho años siguientes, Oiyie vivió en un centro de rescate en Narok, Kenya, lejos de todo lo que le era conocido. “Lo más difícil para mí fue dejar mi hogar, dejar a mi familia. No podía dormir… Me despertaba en medio de la noche y pensaba, ¿debiera volver y someterme a la mutilación genital femenina?”, explica.

La huida de Oiyie, al igual que la de miles de niñas con historias parecidas, repercutió en la dinámica familiar. Tuvo que cargar con las consecuencias. “En casa, mi padre empezó a pegarle a mi madre, echándole la culpa de mi huida. Pero mi madre no quería que yo volviera y me circuncidaran. Me quedé en el centro de rescate y terminé la escuela”.

Terminar los estudios fue un paso fundamental en la trayectoria de Oiyie ya que gracias a ello pudo escoger el camino que quería seguir.

Actualmente, Oiyie colabora con una junta que lucha contra la mutilación genital femenina a fin de generar conciencia en aldeas locales sobre las consecuencias nocivas de esta práctica tradicional.

“Es difícil convencer a las personas de poner fin a la mutilación genital femenina, porque se trata de una práctica cultural”.

“Voy a las escuelas y hablo con las niñas y el personal docente; hablo a las personas masái en nuestro propio idioma. Les muestro vídeos sobre la mutilación genital femenina, hago que conozcan sus efectos y les explico la importancia de la educación”. Y, añade que: “se sorprenden al ver a una niña masái educada”.

Aunque Oiyie está orgullosa del trabajo que hace para empoderar a niñas, madres y padres a fin de que rechacen esta práctica nociva, también quiere conseguir una transformación más profunda en su comunidad.

Conoce de primera mano la complejidad de la situación, por lo que afirma: “lo que necesitamos es educación gratuita para las niñas. El pueblo masái es un pueblo de pastores, y muchos padres y madres no tienen dinero para enviar a sus niñas a la escuela”.

Oiyie sueña con construir una escuela gratuita para las niñas de su aldea, y subraya la importancia de incluir a las niñas y madres jóvenes casadas. “Siendo mujeres, nos merecemos este derecho. Es nuestro”.

Jaha Dukureh, activista y embajadora de ONU Mujeres para África

Jaha Dukureh es una conocida activista, Embajadora de ONU Mujeres para África, madre y sobreviviente de la mutilación genital femenina.

Cuando tenía 15 años, viajó sola desde Gambia a Nueva York para casarse con un hombre que no había visto nunca. En ese momento se dio cuenta de que la habían sometido a la mutilación genital femenina cuando era bebé.

“Hay cuatro tipos de mutilación genital femenina; yo sufrí la de tipo tres, que consiste en extraer totalmente el clítoris y en coser los labios y la vagina dejando únicamente un pequeño orificio para orinar y menstruar. Vi que mi matrimonio no se podía consumar hasta que se revirtiera la infibulación”.

Dukureh empezó a hablar anónimamente sobre la mutilación genital femenina cuando se quedó embarazada. “No quería que mi hija tuviese que pasar lo mismo, de eso estaba segura. También sabía que hay millones de niñas en todo el mundo que son como mi hija y que no tienen a nadie que hable por ellas. Si no lo hacía yo, ¿quién iba a hacerlo?”.

Motivada por su estrecha relación personal con este tema, el activismo anónimo de Dukureh pronto se transformó en un clamor de alcance mundial.

“Denuncié la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil, escribí blogs, amenacé con avisar a las fuerzas del orden si no me permitían abandonar a mi marido, fundé una ONG para combatir estas prácticas y solicité a la administración de Obama investigar el alcance de la mutilación genital femenina en los Estados Unidos de América”.

Además, Dukureh contribuyó en la legislación para prohibir la mutilación genital femenina en Gambia, su país de origen, demostrando que sus raíces constituyen la esencia de toda su labor a favor de la salud y el bienestar de las niñas.

El trabajo que lleva a cabo en su comunidad le proporciona información y acceso a espacios y conversaciones donde puede promover su causa de manera eficaz.

“No se consigue el cambio hablando a quienes ya están convencidos en salas de conferencias”, afirma. “Debemos trabajar con las y los líderes religiosos y tradicionales, las comunidades de hombres, niños, madres y padres que piensan de otra manera”.

“Debemos escuchar y comprender sus motivos y sus sistemas de creencias de manera respetuosa, al tiempo que aseguramos su privacidad y dignidad. No hay que juzgar”.

“En cambio, tenemos que utilizar interpretaciones religiosas alternativas y hacer referencia a pruebas científicas sobre las consecuencias perjudiciales tanto desde el punto de vista socioeconómico como sanitario que tienen la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil”.

Consciente de la importancia que tiene un movimiento liderado por sobrevivientes para poner fin a la mutilación genital femenina, Dukureh espera inspirar a otras niñas y mujeres para que hablen de sus vivencias.

“Debemos apoyar a las mujeres y a las niñas, especialmente a las sobrevivientes, para que sean capaces de liderar el cambio y convertirse en ejemplos para las demás. Cuando una sobreviviente habla a su gente, toca una fibra sensible”.

La MGF se lleva a cabo en diferentes regiones del mundo, repartiéndose a grandes rasgos, entre:Pequeñas comunidades de Latinoamérica

  • Se concentra en cerca de 30 países que abarcan el continente africano, Oriente medio y Asia meridional (incluyendo algunos países asiáticos, como India, Indonesia, Iraq y Paquistán)
  • Persiste en poblaciones emigrantes que viven en Europa occidental, Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda.

2/11/2023

Mutilación genital femenina, práctica milenaria que persiste

 Patricia López Suárez / Gaceta UN

Implica la escisión, total o parcial, de algunos o todos los órganos genitales femeninos externos, del clítoris y a veces de los labios mayores o menores, además del estrechamiento de la abertura vaginal

Práctica milenaria anterior al siglo V antes de Cristo, aplicada mayoritaria pero no únicamente en el África subsahariana, la mutilación genital femenina implica la escisión, total o parcial, de algunos o de todos los órganos genitales femeninos externos, del clítoris y a veces de los labios mayores o menores, además del estrechamiento de la abertura vaginal, explicó Helena López González de Orduña, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG).

“Se trata de una práctica cuyo sentido en las sociedades patriarcales es básicamente asegurar el control sobre el cuerpo de las mujeres. Otra explicación simbólica es hacerlas sujetos de matrimonio y de intercambio”, afirmó.

En el contexto del Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Femenina, que se conmemoró el 6 de febrero en todo el mundo, la académica consideró que la efeméride es importante porque “es claramente de una práctica patriarcal, que viola derechos fundamentales de las mujeres, que tiene unas consecuencias devastadoras en términos físicos, psicológicos y en la que no se toma en cuenta la decisión de la mujer”.

Agregó que es una práctica muy violenta físicamente. “El tener un día al año en el que podamos tomar conciencia sobre esta vulneración de los derechos fundamentales de las mujeres y de las niñas (porque generalmente se practica en menores de edad) es importante para sensibilizar y denunciar, en particular, en sociedades que aspiran a ser demócratas y para la agenda feminista”, remarcó.

De acuerdo con la página web de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) esta práctica implica la alteración o lesión de los genitales femeninos por motivos no médicos. Internacionalmente es reconocida como una violación grave de los derechos humanos, la salud y la integridad de las mujeres y las niñas.

Puede causar complicaciones de salud a corto y largo plazos, incluido dolor crónico, infecciones, sangrados, mayor riesgo de transmisión del VIH, ansiedad y depresión, complicaciones durante el parto, infecundidad y, en el peor de los casos, la muerte.

Según datos de la ONU, esta práctica se concentra en cerca de 30 países de África y de Oriente Medio y Asia meridional, así como en algunos otros asiáticos (India, Indonesia, Iraq y Paquistán) y algunas pequeñas comunidades de Latinoamérica. Asimismo, persiste en las poblaciones emigrantes que viven en Europa Occidental, en Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda.

De acuerdo con este organismo internacional, en los últimos 25 años la prevalencia de la mutilación genital femenina ha disminuido en todo el mundo. En la actualidad, una niña tiene un tercio menos de probabilidades de sufrirla que hace 30 años.

Esta costumbre se concentra en cerca de 30 países de África y de Oriente Medio y Asia meridional, así como en algunos otros asiáticos (India, Indonesia, Iraq y Paquistán) y algunas pequeñas comunidades de Latinoamérica.

Denuncias públicas

López González de Orduña destacó que en la erradicación de la mutilación genital femenina hay avances, pues actualmente en países como Egipto, Turquía y Burkina Faso existen leyes que prohíben esta práctica, además de que hay personajes muy visibles que la denuncian, aunque para promover su erradicación es necesario realizar esfuerzos coordinados y sistemáticos en los que participen las comunidades en torno a la concienciación sobre los derechos humanos, la igualdad de género, la educación sexual y la atención a las víctimas de la también llamada ablación.

La investigadora resaltó entre los personajes que luchan contra esta práctica a la médica ginecóloga y activista social nigeriana Olayinka Koso-Thomas, investida por la UNAM con el doctorado honoris causa en 2015 por su trabajo en esta materia.

“Se le hizo esta distinción en la Universidad porque es una gran luchadora en favor de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y las niñas en el continente africano. Hay reconocimientos como éste, modificaciones legislativas, avances en el activismo, creo que hay motivos para ser optimistas”, afirmó.

López González de Orduña subrayó que el control sobre el cuerpo femenino no es una práctica exclusiva de naciones que evaluamos como “más atrasados”, sino un ejercicio que sigue siendo común en el mundo, aunque en otras formas. “En nuestros países persisten problemas como los feminicidios, el aborto y los bebés sin dimorfismo sexual sobre los que se decide arbitrariamente su condición sexual”, recalcó. Por ello consideró que el feminismo tiene aún mucho que pelear, para lograr que las mujeres hagan con su cuerpo lo que quieran.

Añadió que el hecho de que la mutilación genital femenina sea una práctica patriarcal de control del cuerpo de las mujeres significa que en el siglo XXI esa lógica de apropiarse sigue siendo muy común. “Se siguen negando a las mujeres los derechos sexuales y reproductivos y el acceso a una interrupción legal del embarazo segura y gratuita. No es un asunto de naciones atrasadas, nosotros también tenemos ejemplos de reapropiación del cuerpo de las mujeres”, insistió.

Algunas cifras

La página web de la ONU destaca en 2023 que 4.32 millones de niñas en todo el mundo corren el riesgo de sufrir mutilación genital femenina.

Asimismo, en países como Eritrea, Etiopía, Guinea y Sudán, porcentajes significativos de hombres y niños se oponen a erradicar la mutilación.

En tanto, el Fondo de Población de la ONU (UNFPA) calcula que en 2030 podría haber hasta 2 millones más de casos de mutilación genital femenina.

El organismo internacional señala que una de cada cuatro niñas y mujeres víctimas, es decir, unos 52 millones en todo el mundo, fueron mutiladas por personal sanitario, lo cual señala una tendencia alarmante en la medicalización de la mutilación genital femenina.

Este año, el programa conjunto de la UNFPA y UNICEF lanzan el tema: “Aliarse con hombres y niños para transformar las normas sociales y de género y acabar con la mutilación genital femenina”.

Para “sembrar semillas” en la educación hacia la igualdad de género, la investigadora universitaria recordó que en esta casa de estudios hay un Posgrado en Igualdad de Género y asignaturas obligatorias de género en diversas licenciaturas, las cuales ayudarán a considerar la equidad entre hombres y mujeres que actualmente se están formando en nuestra casa de estudios.

Publicado originalmente en Gaceta UNAM

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4.2 millones de niñas en riesgo de mutilación genital en 2023

Escrito por La Redacción
CIMACFoto: Hazel Zamora Mendieta

Ciudad de México.- Para este año 2023 se calcula que 4.2 millones de niñas estarán en riesgo de ser sometidas a mutilación genital femenina. Además, debido a la interrupción de programas enfocados en esta problemática debido al Covid-19, podría haber dos millones de casos adicionales en la próxima década si no se ponen en marcha acciones concretas y aceleradas, señala el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Más de 200 millones de niñas y mujeres en el mundo han sobrevivido a la mutilación genital femenina. Y anualmente, tres millones están en riesgo de ser sometidas a esta práctica. Por ello, desde 2012 cada 6 de febrero se conmerora el Día Internacional de Tolerancia Cero para la Mutilación Genital Femenina.

La mutilación genital femenina es una práctica que implica la alteración o lesión de los genitales femeninos por motivos no médicos. Es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las niñas y mujeres.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) esta práctica se concentra en cerca de 30 países de África y de Oriente Medio y Asia meridional, así como algunos países asiáticos (India, Indonesia, Iraq y Paquistán) y algunas comunidades de Latinoamérica. Asimismo, persiste en las poblaciones emigrantes que viven en Europa Occidental, en Norte América, Australia y Nueva Zelanda.

La organización Ipas destaca que esta práctica es realizada en diversas comunidades debido a estereotipos y prejuicios de género, provocando así graves daños en la salud de niñas y mujeres, incluso llevándolas a la muerte.
IMAGEN: Ipas


«Ha sido usada como medio para controlar la sexualidad de las niñas. Como otras prácticas patriarcales, se centra en gobernar el cuerpo de las mujeres, que incluso impide la experimentación del placer», señala por su parte la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

Urgente poner fin a la mutilación genital femenina

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) destaca que para poner fin a esta práctica es necesario “realizar esfuerzos coordinados y sistemáticos en los que participen las comunidades en su conjunto y que estén centrados en los derechos humanos y la igualdad de género”.

El organismo señala además como urgente poner especial énfasis en las necesidades de salud sexual y reproductiva de las mujeres y niñas sometidas a esta práctica.

“Las mismas intervenciones que pondrán fin a la mutilación genital femenina también contribuirán al poder y la capacidad de decidir de las niñas y las mujeres para ejercer sus derechos humanos, desarrollar su potencial y contribuir plenamente a sus comunidades y futuros”, sentencia el UNFPA.

4/18/2020

Yibutí intensifica esfuerzos contra la mutilación genital femenina


El Grupo Parlamentario de Población y Desarrollo (PGPD) de Yibutí realiza campañas de sensibilización para eliminar la práctica de la mutilación genital femenina en las zonas rurales, como las de Tadjourah y Ali Sabieh. Foto: Cortesía de PGPD
YIBUTÍ, 30 mar 2020 (IPS) - La mutilación genital femenina (MGF) todavía se practica muy ampliamente Yibutí, en el Cuerno de África. Pese a los esfuerzos del gobierno y las agencias internacionales de desarrollo para frenar esta práctica, la cultura, la tradición y la religión continúan obstaculizando su eliminación.
Hassan Omar Mohamed, miembro de la unicameral Asamblea Nacional legislativa, consideró que “la educación y la capacitación son los medios que facilitan el cambio de comportamiento».
A su juicio, solo un cambio de actitud conducirá al abandono de la práctica en el país, que el gobierno se ha trazado ahora eliminar en los próximos cinco años.
Nada menos que 78 por ciento de las mujeres y las niñas yibutíes son víctimas del corte de sus genitales, según los últimos datos del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
En noviembre, los Estados miembros de las Naciones Unidas se reunieron en Nairobi para renovar su compromiso de hace 25 años de erradicar las prácticas nocivas contra las mujeres y las niñas en el mundo, incluida la de la MGF, en la llamada Cumbre de Alto Nivel sobre la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (CIPD25).
Victimas mundiales llegan a 200 millones

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) describe la mutilación genital femenina como una práctica que implica alterar o dañar los genitales femeninos por razones no médicas. Es reconocido internacionalmente como una violación de los derechos humanos.
A nivel mundial, se estima que 200 millones de niñas y mujeres que viven actualmente han sufrido alguna forma de mutilación genital femenina.
El UNFPA afirma que, aunque la mutilación genital femenina está disminuyendo en la mayoría de los países donde prevalece, se trata de territorios que tienen un alto índice de crecimiento de su población.
Eso significa que la cantidad de niñas a las que se somete a  la mutilación genital femenina seguirá creciendo en términos absolutos, si el combate contra la práctica no se intensifica y aumenta el rechazo social con un trabajo en las comunidades.

La Cumbre de Nairobi reunió a 179 países y el 14 de noviembre concluyó con una Declaración Final, donde se decidió adelantar las promesas incumplidas de la CIPD de 25 años atrás, celebrada en El Cairo en 1994.
Pero tras su renovación, el gobierno del presidente Ismaïl Omar Guelleh decidió intensificar los esfuerzos de sensibilización social contra la ablación femenina y espera lograr los primeros éxitos este mismo año.
Además, con esa estrategia, el gobierno pretende avanzar en el cumplimiento del cinco de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el que promueve la igualdad de género, y la tres de sus metas se refiere específicamente a “eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina.
A final de 2019, se creó el Grupo Parlamentario de Población y Desarrollo, con participación de ocho integrantes, cuatro hombres y cuatro mujeres, que está presidido por el diputado Omar Mohamed.
Su objetivo es contribuir a la promoción y protección de los derechos fundamentales de la población, promover el acceso a la educación, la salud, la planificación familiar y alentar la plena implementación del programa de acción de la CIPD y de su renovación en Nairobi.
En febrero, el Grupo Parlamentario yibutí organizó una conferencia interregional sobre el seguimiento de la CIPD25 que reunió a legisladores de países africanos y árabes.
«Fue una oportunidad para que los legisladores interactúen y cooperen con sus colegas en temas relacionados con los compromisos asumidos en la Cumbre de Nairobi», dijo Omar Mohamed.
El diputado detalló que se analizaron temas sobre planificación familiar y violencia contra las mujeres y las niñas, y se estableció una hoja de ruta para implementar los compromisos de la CIPD25, incluida la de eliminar la MGF.
Por su parte, el gobierno estableció una estrategia nacional destinada a que el país abandone la práctica de la MGF en un plazo de cinco años.
«El objetivo principal de esta estrategia era promover el abandono total de la mutilación genital femenina respetando la integridad física de las mujeres y las niñas y promoviendo su salud”, dijo Omar Mohamed.
El UNFPA también ha apoyado varias actividades para respaldar el fin de la MGF en Yibutí, incluida la actualización de paquete esencial sobre salud sexual y reproductiva, para incluir el abordaje del problema, y la creación de una brigada móvil contra la ablación femenina.
Omar Mohamed señaló que en las nuevas estrategias gubernamentales y legislativas se busca interrelacionar la promesa de poner fin a la MGF en el marco de la CIPD de 1994 y de 2019, con la meta 5.3 de los ODS, que debe alcanzarse en 2030.
Sin embargo, las precariedades económicas en Yibutí, con desempleo masivo, desigualdad y aumento del extremismo obstaculizan los planes gubernamentales en materia de eliminación de la MGF.
«Para contrarrestar todos los desafíos que surgen, se necesitan reformas económicas e institucionales para apoyar y respetar los ODS y los compromisos asumidos en el marco del proceso de la CIPD», en particular en mutilación genital femenina, reconoció Omar Mohamed.

T: MF

2/08/2020

Alerta de viaje a países donde se practica la mutilación genital a mujeres

Jorge Morales Almada
Agentes federales realizan operativo en aeropuertos para identificar víctimas que son llevadas a esas naciones

Alerta de viaje a países donde se practica la mutilación genital a mujeres
El Departamento de Estado emitió un aviso para alertar sobre las consecuencias de viajar a países donde se practica la mutilación genital femenina con fines de llevar a cabo un procedimiento de ese tipo, el cual es considerado un delito federal en Estados Unidos -aunque se realice en otro país-, y puede resultar en encarcelamiento o deportación.
La alerta se hizo este 6 de febrero, fecha que la Organización de Naciones Unidos (ONU) establece como el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina como parte de la campaña que a nivel mundial inició en 2012 y que busca erradicar en los próximos 10 años una práctica considerada como una violación grave a los derechos humanos, a la salud y a la integridad de las mujeres y niñas.
La mutilación genital femenina (MGF) se refiere a los procedimientos de cirugía para la resección, alteración o extirpación parcial o total de los genitales externos de la mujer sin razones médicas.
En el día en contra de la MGF, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y la Oficina para el Control de Inmigración y Aduanas (ICE) advirtieron que cualquier participación en la comisión de este delito es una violación grave de los derechos humanos que puede resultar en una condena de cárcel o la deportación.
Estas dos agencias policiales, además de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), participan en la Operación Limelight USA, un programa que inició en 2017 para advertir sobre la MGF a los pasajeros que vuelan a países donde es frecuente la práctica, para identificar posibles víctimas y delincuentes, y para disuadir su práctica, el cual se ha implementado en 18 aeropuertos del país.

Las creencias de la mutilación

La Organización Mundial de la Salud (OMS) refiere que la práctica es muy común en unos 30 países de África, Medio Oriente y Asia del Sur, así como en algunas regiones de India, Indonesia, Irak y Paquistán, pero también se registran casos en pequeñas comunidades de Latinoamérica y en poblaciones migrantes que radicadas en Europa, Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda.
En los países donde está más arraigada la MGF suelen someter a las niñas a este procedimiento como un ritual de preparación para el matrimonio y la vida adulta, señala la ONU.
En muchas comunidades se hace con la idea de asegurar la virginidad antes del matrimonio y la fidelidad después de estar casados. También existe la creencia de que el método de mutilación reduce la libido de la mujer (deseo o impulso sexual) y se evita que caiga en la tentación de tener relaciones extraconyugales.
También está asociada a modelos culturales de feminidad y recato, con la idea de que las niñas son puras y hermosas una vez que eliminan de su cuerpo aquellas partes que se consideran impuras, no femeninas o masculinas, y hay quienes refieren cuestiones religiosas y suelen creer que tiene un respaldo de Dios.

“Circuncisión de parteras”

Quienes realizan la MGF suelen ser asistentes de parto, lo que en algunos países latinoamericanos se conoce como “parteras”, aunque también lo llevan a cabo profesionales médicos de las instituciones de salud del gobierno, ya que en esas culturas es una práctica común.
El procedimiento que en Estados Unidos se identifica con las siglas FGM/C (Female Genital Mutilation/Cutting) también es conocido como “circuncisión femenina”.
La ONU establece que la MGF refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada y constituye una forma extrema de discriminación de la mujer. Es practicada casi siempre en menores de edad por lo que constituye una violación de los derechos del niño. De igual forma viola los derechos a la salud, a la seguridad y a la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento conduce a la muerte.
La campaña de Naciones Unidos advierte que este procedimiento puede causar complicaciones de salud a corto y largo plazo, como dolor crónico, infecciones, sangrados, mayor riesgo de transmisión del VIH, ansiedad y depresión, complicaciones durante el parto, infecundidad y, en el peor de los casos, la muerte.

FBI y ICE  vs. MGF