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10/03/2026

Mujeres periodistas enfrentaron 52 agresiones en México entre junio y agosto de 2026

 

Entre junio y agosto de 2026, 52 mujeres periodistas fueron víctimas de agresiones en México por hechos relacionados con el ejercicio de su labor, de acuerdo con el reporte estadístico trimestral de la Coordinación de Protección y Acompañamiento Integral Feminista perteneciente a Comunicación e Información de la Mujer A.C. (CIMAC). Los casos muestran las distintas formas de violencia que enfrentan las comunicadoras mientras realizan su trabajo periodístico.

Dichos casos se concentraron principalmente en Ciudad de México, Jalisco y Coahuila. La capital del país registró 16 agresiones, equivalentes a 30.8 por ciento del total; Jalisco acumuló seis casos y Coahuila cinco.

El periodo analizado coincidió con la celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, que tuvo a México como uno de sus países sede y colocó distintas ciudades mexicanas bajo una amplia atención nacional e internacional. El reporte señala que este contexto permite observar las condiciones en las que las mujeres periodistas desarrollaron su trabajo, particularmente en espacios de alta exposición pública y mediática.

Ciudad de México concentró tres de cada 10 agresiones

De los 52 casos documentados, 16 ocurrieron en Ciudad de México, lo que representa 30.8 por ciento del total.

Después se ubicaron:

  • Jalisco: 6 casos, 11.5 por ciento.
  • Coahuila: 5 casos, 9.6 por ciento.
  • Chiapas: 3 casos, 5.8 por ciento.
  • Morelos: 3 casos, 5.8 por ciento.
  • San Luis Potosí: 3 casos, 5.8 por ciento.

También se documentaron agresiones en Guanajuato, Sinaloa, Veracruz, Yucatán, Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Nuevo León, Oaxaca, Puebla y Tamaulipas, además de un caso registrado en el exterior.

Los medios digitales concentran ocho de cada 10 agresiones

Los medios digitales fueron el principal ámbito de agresión, con 42 de los 52 casos registrados, es decir, 80.8 por ciento.

A distancia se ubicaron las periodistas que trabajan como freelancers y en televisión, con cinco agresiones cada grupo.

Las coberturas que concentraron más casos fueron derechos humanos, con 13 agresiones; política, con 11, y sociedad, también con 11.

El reporte advierte que las periodistas que cubren estos temas pueden enfrentar mayores niveles de hostigamiento, agresión, estigmatización y descrédito en escenarios de alta exposición mediática y amplia circulación de información en plataformas digitales.

Protestas y gestión pública, entre las coberturas con más agresiones

En cuanto al tipo de investigación periodística, 11 de las 52 agresiones estuvieron relacionadas con la cobertura de protestas y manifestaciones desarrolladas en el marco de la Copa Mundial de la FIFA 2026.

Le siguieron las investigaciones sobre gestión pública, con ocho casos, y las coberturas deportivas, con cinco.

Medio ambiente y seguridad registraron cuatro agresiones cada una, mientras que las investigaciones relacionadas con estructuras criminales acumularon tres casos.

También se documentaron agresiones vinculadas con corrupción, derechos de las mujeres y desapariciones.

Reporteras y directoras, entre las mujeres más agredidas

Las reporteras concentraron 25 de los casos, equivalentes a 48.1 por ciento del total.

Las directoras de medios ocuparon el segundo lugar, con 17 agresiones, mientras que conductoras y periodistas de investigación registraron tres casos cada una.

El reporte también documentó agresiones contra blogueras, fotoperiodistas, jefas de área y trabajadoras de medios.

La distribución muestra que las agresiones alcanzaron a mujeres con distintas funciones y posiciones dentro del ámbito periodístico, no únicamente a quienes realizan trabajo de reporteo.

Funcionarios públicos aparecen entre los principales agresores

Los datos también muestran la participación de funcionarios públicos entre los principales agresores identificados.

Los funcionarios estatales fueron señalados en 17 casos, equivalentes a 32.7 por ciento del total. A ellos se sumaron cuatro funcionarios federales y tres funcionarios municipales.

El reporte destaca que quienes ejercen funciones públicas tienen una responsabilidad particular en la garantía de la libertad de expresión y en la generación de condiciones seguras para el ejercicio periodístico.

Después de los funcionarios estatales, el reporte registró siete casos en los que el agresor no fue identificado. También aparecen funcionarios federales y municipales, personas civiles, empresarios, estructuras criminales, usuarios de redes sociales y cuentas falsas, entre otras categorías.

Violencia psicológica, la forma de agresión más registrada

La violencia psicológica representó 63.5 por ciento de los casos, con 33 agresiones.

Dentro de esta categoría se identificaron intimidación, amenazas, campañas de desprestigio y hostigamiento, además de allanamientos.

La violencia física representó 28.8 por ciento, con 15 casos. Entre las agresiones documentadas se encuentran bloqueos informativos, uso desproporcionado de la fuerza pública y detenciones arbitrarias.

La tabla estadística del reporte registra además tres agresiones de carácter sexual, equivalentes a 5.8 por ciento, y un caso de violencia patrimonial.

Entre las formas específicas de agresión relacionadas con la libertad de expresión aparecen seis casos de intimidación; cinco de bloqueo informativo; cuatro de agresión física; cuatro de amenaza; cuatro de campaña de desprestigio y cuatro de hostigamiento.

9/19/2026

Mujeres periodistas enfrentan violencias diferenciadas; CNDH llama a proteger el derecho a informar

 

La violencia contra periodistas no afecta de la misma manera a mujeres y hombres. Las periodistas pueden enfrentar agresiones con componentes sexualizados, amenazas contra su integridad física y sexual, violencia digital y campañas de desprestigio que buscan desacreditarlas por su trabajo y, al mismo tiempo, castigarlas por ocupar un espacio público.

En este contexto, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) llamó a fortalecer las acciones del Estado para prevenir la violencia contra quienes ejercen el periodismo y garantizar que ninguna persona tenga que elegir entre informar a la sociedad y preservar su vida, integridad o libertad.

En el marco del Día Internacional del Periodista, el organismo sostuvo que proteger el ejercicio periodístico requiere políticas públicas capaces de atender las causas que generan las agresiones, fortalecer a las instituciones encargadas de investigar y garantizar justicia.

Pero para las mujeres periodistas, esta protección también requiere reconocer que las agresiones pueden tener características e impactos diferenciados debido a las desigualdades de género que persisten en el ejercicio de la libertad de expresión.

Mujeres periodistas enfrentan violencia por informar

En México, las agresiones contra periodistas también tienen una dimensión de género que requiere ser visibilizada. Los registros documentados por CIMAC muestran la magnitud y las características de esta violencia contra las mujeres que ejercen el periodismo.

Entre el 1 de octubre de 2024 y el 1 de septiembre de 2026, CIMAC documentó 530 agresiones y ataques contra mujeres periodistas. De acuerdo con este registro, 364 agresiones, equivalentes a 68.7 por ciento, ocurrieron contra periodistas de medios digitales, mientras que 389 correspondieron a violencia psicológica y 97 a violencia física.

Los datos también permiten identificar quiénes ejercen estas agresiones. Entre los principales agresores se encuentran funcionarios estatales, con 115 casos registrados, lo que evidencia que los riesgos para las periodistas no provienen únicamente de actores criminales o particulares, sino que también pueden involucrar a autoridades.

La violencia contra las mujeres periodistas puede buscar no sólo impedir la publicación de una información, sino también desacreditarlas, intimidarlas y cuestionar su legitimidad para ocupar el espacio público. Las agresiones psicológicas y físicas, así como aquellas dirigidas contra quienes trabajan en medios digitales, forman parte de un contexto que puede producir miedo, autocensura y afectaciones a su ejercicio profesional.

Estos datos muestran la necesidad de que las políticas de prevención y protección para periodistas incorporen una perspectiva de género. No basta con garantizar seguridad física: también es necesario reconocer las formas específicas de violencia que enfrentan las mujeres por ejercer su derecho a informar y establecer mecanismos adecuados para prevenirlas, atenderlas e investigarlas.

En este contexto, el llamado de la CNDH a modificar las condiciones que producen la violencia contra periodistas adquiere una dimensión particular cuando se trata de mujeres. Garantizar la libertad de expresión implica también asegurar que ellas puedan investigar, cuestionar a los poderes públicos y difundir información sin que su género sea utilizado como una herramienta para silenciarlas.

Violencia digital y sexualización para silenciar

Una de las particularidades de la violencia contra mujeres periodistas es que los ataques pueden dirigirse no sólo contra su trabajo, sino contra su condición de mujeres.

Amenazas de carácter sexual, comentarios misóginos, difusión de imágenes manipuladas, deepfakes sexuales, acoso y campañas para cuestionar su reputación son algunas de las formas mediante las cuales se busca intimidarlas o expulsarlas del espacio público.

En enero de 2025, por ejemplo, ARTICLE 19 documentó el caso de la periodista Adriana Pineda, quien recibió amenazas de violencia física y sexual a través de redes sociales. La organización también registró agresiones digitales previas, entre ellas mensajes violentos y sexistas y la utilización de imágenes sexuales falsas generadas mediante inteligencia artificial.

ARTICLE 19 señaló que este tipo de violencia puede tener un efecto intimidatorio que busca provocar miedo, silencio y retiro del espacio público, además de desacreditar profesionalmente a las periodistas.

La expansión de herramientas de inteligencia artificial añade nuevos riesgos. La UNESCO ha advertido que tecnologías como los deepfakes pueden utilizarse para atacar la imagen, credibilidad y seguridad de las mujeres periodistas.

Proteger a periodistas también es proteger el derecho a informar

La CNDH señaló que la obligación del Estado no puede reducirse a establecer mecanismos de protección para periodistas.

De acuerdo con el organismo, es necesario atender las condiciones que permiten que la violencia persista, fortalecer las instituciones encargadas de investigar y garantizar la participación de los distintos niveles de gobierno, organizaciones sociales y medios de comunicación.

Para las mujeres periodistas, una política de protección efectiva debe considerar estas violencias diferenciadas y no limitarse a responder cuando la agresión ya ocurrió.

Esto implica incorporar perspectiva de género en la prevención, investigación y atención de los casos, así como reconocer que una amenaza sexual, una campaña de desprestigio basada en estereotipos de género o un ataque digital pueden tener consecuencias concretas sobre la seguridad y el ejercicio profesional de una periodista.

El derecho a informar también es un derecho de las mujeres

La CNDH sostuvo que proteger el periodismo libre significa proteger el derecho de la sociedad a conocer lo que ocurre, cuestionar decisiones de quienes ejercen el poder y participar en la vida democrática.

Desde esta perspectiva, las agresiones contra mujeres periodistas no afectan únicamente a quienes las reciben. Cuando una periodista es silenciada, amenazada o expulsada del espacio público por ejercer su trabajo, también se reduce la diversidad de voces disponibles para la sociedad.

Garantizar que las mujeres puedan informar sin miedo implica, por tanto, reconocer las violencias específicas que enfrentan y construir mecanismos de protección capaces de responder a ellas.

La libertad de expresión no se garantiza únicamente permitiendo que las periodistas publiquen. También requiere que puedan investigar, cuestionar y ocupar el espacio público sin que su género sea utilizado como una herramienta para intimidarlas, desacreditarlas o silenciarlas.

En el marco del Día Internacional del Periodista, la CNDH informó que ha fortalecido su Programa de Agravios a Periodistas y Defensores Civiles de Derechos Humanos, desde el cual brinda atención, asesoría y acompañamiento las 24 horas del día, los 365 días del año.

Para el organismo, defender el periodismo libre significa proteger un derecho colectivo: el derecho de la sociedad a estar informada.

Para las mujeres periodistas, esa defensa también implica garantizar que ejercer ese derecho no signifique enfrentar una violencia adicional por el hecho de ser mujeres.

9/12/2026

Fallece Sara Mendiola, defensora de periodistas y referente contra la impunidad en México

 

Sara Lidia Mendiola Landeros, abogada, defensora de derechos humanos y directora ejecutiva de Propuesta Cívica, falleció este sábado 5 de septiembre.

Su muerte deja un vacío en la defensa de la libertad de expresión en México, particularmente en el acompañamiento jurídico a periodistas víctimas de violencia y a sus familias en la búsqueda de verdad y justicia.

Mendiola estuvo al frente de Propuesta Cívica desde 2017. Desde esa posición encabezó la representación legal de casos emblemáticos de violencia contra periodistas y acompañó a familiares de comunicadores asesinados y desaparecidos.

Entre los casos que llevó estuvo el del periodista y fundador de Ríodoce, Javier Valdez Cárdenas, asesinado el 15 de mayo de 2017 en Culiacán, Sinaloa. También participó en los procesos relacionados con los asesinatos de Miroslava Breach, Regina Martínez, María Elena Ferral, Julio Valdivia, Miguel Ángel López Velasco y Gustavo Sánchez Cabrera.

Una abogada frente a la impunidad

Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Mendiola fue especialista en Derechos Humanos por la Universidad Nacional Autónoma de México y maestra en Derecho Penal Acusatorio por el Instituto Nacional de Ciencias Penales.

Antes de asumir la dirección de Propuesta Cívica, trabajó en despachos jurídicos, en la Comisión Estatal de Derechos Humanos de San Luis Potosí y como coordinadora académica del Instituto de Estudios Ratio Legis, donde capacitó a fiscalías estatales sobre la reforma al sistema penal acusatorio.

Su llegada a Propuesta Cívica significó un proceso de fortalecimiento de la organización. La institución destacó que su experiencia en derechos humanos y en el sistema penal acusatorio fue determinante para asumir la dirección y consolidar el trabajo de representación legal, investigación e incidencia.

En 2017, la organización reportaba más de 100 casos representados ante el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, así como ante procuradurías y fiscalías federales y estatales. También había brindado capacitación a periodistas en distintos estados del país.

Durante los años que permaneció al frente de la organización, Mendiola fortaleció además los vínculos de Propuesta Cívica con organizaciones nacionales e internacionales dedicadas a la defensa de la libertad de expresión y los derechos humanos.

“Justicia a medias es impunidad completa”

Uno de los principales reclamos que acompañaron el trabajo de Mendiola fue la insuficiencia de las investigaciones y procesos judiciales para alcanzar justicia integral en los casos de periodistas asesinados.

En entrevistas cuestionó que las sentencias contra autores materiales pudieran presentarse como justicia cuando quienes ordenaron los crímenes permanecían impunes.

Su trabajo también trascendió los tribunales. Impulsó iniciativas como Tejidos Solidarios, una red integrada por familiares de periodistas asesinados y desaparecidos, con el objetivo de generar acompañamiento y apoyo colectivo.

Asimismo, participó en campañas como #HistoriasQueSobreviven y “¿Y a mí qué me toca hacer?”, con las que Propuesta Cívica buscó llamar la atención de la sociedad sobre la violencia contra periodistas y la responsabilidad colectiva frente a la defensa de la libertad de expresión.

En una entrevista de 2024, Mendiola advertía que cuando asesinan o desaparecen a un periodista no sólo se agrede a una persona: también se afecta el derecho de la sociedad a estar informada y, con ello, la democracia.

Para la defensora, la respuesta no podía limitarse a quienes ejercen el periodismo. Llamaba también a la sociedad a exigir políticas públicas efectivas para proteger a periodistas y a involucrarse frente a las agresiones contra la prensa.

Una trayectoria ligada a la defensa de la libertad de expresión

Propuesta Cívica lamentó el fallecimiento de quien fuera su directora ejecutiva y destacó su convicción y persistencia para defender la dignidad de periodistas, personas defensoras y sus familias.

Organizaciones y periodistas también reconocieron su trayectoria como una pieza fundamental del litigio estratégico en favor de la libertad de expresión.

El presidente de Propuesta Cívica, Sergio Aguayo, lamentó su muerte y pidió respeto y afecto para su familia. La describió como una abogada prudente y dispuesta a enfrentar los riesgos derivados de su trabajo.

9/05/2026

En su Segundo Informe, Sheinbaum omite la violencia contra mujeres periodistas

 

Las mujeres sí estuvieron presentes en el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo durante su Segundo Informe de Gobierno, pero no todas. Mientras la mandataria destacó reformas, programas y acciones para garantizar derechos de las mexicanas, las mujeres periodistas y la violencia que enfrentan para ejercer su trabajo quedaron fuera de su mensaje.

Desde el Patio Central de Palacio Nacional, Sheinbaum afirmó que uno de los motivos de orgullo de su administración es que “las mujeres llegamos a la Constitución de la República, a las leyes y a las decisiones fundamentales”. Entre los avances que mencionó estuvieron la creación de mil un Centros LIBRE en todo el país y la distribución de 27 millones de Cartillas de Derechos de las Mujeres.

También destacó la formación de una Red de 190 mil 375 Mujeres Tejedoras de la Patria y la presentación de una Ley General para prevenir, investigar, sancionar y reparar el daño por el delito de feminicidio.

La presidenta también hizo referencia a los programas sociales dirigidos a las mujeres. De acuerdo con el recuento de su discurso, más de 2 millones de mujeres son beneficiarias del programa Mujeres Bienestar.

Estos anuncios forman parte de una política que el gobierno federal ha presentado como una transformación de las condiciones de vida de las mujeres. La Secretaría de las Mujeres, por ejemplo, reporta que los Centros LIBRE brindan atención jurídica, psicológica y de trabajo social, además de acciones para fortalecer la autonomía económica y atender situaciones de violencia.

Las periodistas quedaron fuera del balance

Pero en ese reconocimiento de derechos hubo una ausencia: las mujeres periodistas.

Un reporte estadístico elaborado por CIMAC registra 530 casos de agresiones y ataques contra mujeres periodistas entre el 1 de octubre de 2024 y el 1 de septiembre de 2026, es decir, durante los primeros 23 meses de la administración de Sheinbaum.

Los casos no se concentran en una sola entidad. La Ciudad de México encabeza el registro, con 103 agresiones, equivalentes al 19.4 por ciento del total; le siguen Coahuila, con 52; Guerrero, con 45; Puebla, con 39; y Baja California y San Luis Potosí, con 28 cada uno.

La violencia tampoco ocurre únicamente en espacios físicos. De los 530 casos documentados por CIMAC, 364 corresponden a ataques contra mujeres que trabajan en medios digitales, lo que representa 68.7 por ciento del total.

Los temas que cubren las periodistas también son un factor de riesgo. La información de CIMAC muestra que 329 de las agresiones estuvieron relacionadas con coberturas políticas; 55 con derechos humanos y 38 con temas de sociedad.

Es decir, las mujeres periodistas están siendo agredidas precisamente mientras realizan una de las tareas centrales de una democracia: investigar, informar y cuestionar al poder.

La violencia contra ellas también tiene género

El registro de CIMAC muestra que estas agresiones no pueden analizarse únicamente como ataques a la libertad de expresión. La violencia de género atraviesa los casos documentados.

De los 530 ataques, 389 fueron identificados como violencia psicológica, 97 como violencia física, 21 como económica, 19 como patrimonial y cuatro como sexual.

Entre las formas de agresión relacionadas con la libertad de expresión aparecen las amenazas, el descrédito y la estigmatización de la labor periodística, la intimidación, el hostigamiento, las agresiones físicas y las campañas de desprestigio.

El descrédito y la estigmatización representan 66 casos; las amenazas, 68; la intimidación, 61; el hostigamiento, 46; las agresiones físicas, 44, y las campañas de desprestigio, 42.

La violencia puede escalar hasta formas extremas. El reporte registra dos feminicidios, un intento de homicidio y un caso de desaparición entre las agresiones documentadas.

Funcionarios, entre los principales agresores

Otro dato que interpela directamente al Estado es el perfil de quienes agreden.

Los funcionarios públicos estatales aparecen como la principal categoría de agresores, con 115 casos, equivalentes a 21.7 por ciento. Después aparecen personas no identificadas, con 66 casos; funcionarios municipales, con 59; y civiles, con 58.

También se documentaron 31 casos en los que el agresor fue identificado como funcionario público federal.

La cifra importa porque muestra que la violencia contra las periodistas no ocurre únicamente en contextos criminales o fuera de las instituciones. Una parte importante de las agresiones proviene de personas que ocupan cargos públicos.

Y, pese a ello, la libertad de expresión y la seguridad de las mujeres periodistas no ocuparon un espacio en el mensaje presidencial.

Una agenda de mujeres que todavía tiene pendientes

El contraste es relevante. En su discurso, Sheinbaum presentó una narrativa de avance: mujeres con mayor presencia en la Constitución, en las leyes y en las decisiones públicas; programas de bienestar; Centros LIBRE; una Cartilla de Derechos; redes comunitarias y nuevas herramientas legales frente al feminicidio.

Sin embargo, hablar de los derechos de las mujeres también implica hablar del derecho de las periodistas a ejercer su profesión sin violencia, particularmente cuando su trabajo consiste en investigar asuntos de interés público y fiscalizar a quienes ejercen el poder.

El propio gobierno ha colocado la libertad de expresión entre los derechos que deben ser conocidos y ejercidos por las mujeres. La Cartilla de Derechos de las Mujeres incluye, entre otros, el derecho a la libre expresión y al libre tránsito.

Pero para las periodistas, ejercer esa libertad puede significar enfrentar amenazas, intimidación, hostigamiento, campañas de desprestigio, violencia física, acoso judicial o bloqueo informativo.

8/01/2026

Lydia Cacho desmiente liberación de Mario Marín; así inició el caso por tortura contra la periodista

 

La periodista y defensora de derechos humanos Lydia Cacho desmintió este martes 28 de julio que el exgobernador de Puebla, Mario Marín Torres, haya sido liberado, luego de que trascendiera que un Tribunal Federal le concedió un amparo para modificar la medida cautelar que enfrenta y solicitar prisión domiciliaria.

Versiones periodísticas, aseguran que hasta el momento Mario Marín permanece internado en el Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) No. 1 «Altiplano», ya que no hay ninguna resolución. Cabe destacar que tampoco ninguna autoridad ha dado a conocer información oficial sobre su posible liberación.

Ante la difusión de la noticia, Lydia Cacho aclaró mediante su cuenta de Instagram que el exgobernador continúa privado de la libertad y que el proceso penal en su contra sigue vigente.

¿Qué ocurrió en el caso Lydia Cacho?

El caso se remonta a 2005, cuando Lydia Cacho publicó el libro Los demonios del Edén, una investigación periodística que documentó una red de explotación sexual de niñas y niños en México y señaló vínculos entre empresarios y funcionarios públicos.

Tras la publicación, el empresario textilero Kamel Nacif denunció a la periodista por los delitos de difamación y calumnia. Aunque la denuncia fue presentada en Puebla, Lydia Cacho fue detenida en Cancún, Quintana Roo, por policías poblanos.

La periodista fue trasladada por carretera durante más de 20 horas desde Cancún hasta Puebla, un recorrido en el que denunció haber sido víctima de amenazas, intimidaciones y actos de tortura psicológica.

Posteriormente, se difundieron grabaciones telefónicas atribuidas a Mario Marín y Kamel Nacif, en las que ambos conversaban sobre la detención de la periodista. A raíz de esas conversaciones, el entonces gobernador fue conocido públicamente como «el góber precioso».

¿Por qué se acusa a Mario Marín?

Durante años, organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos denunciaron que la detención de Lydia Cacho constituyó un acto de represalia por su trabajo periodístico y una forma de censura.

Después de una larga batalla legal, la Fiscalía General de la República obtuvo una orden de aprehensión contra Mario Marín por su presunta responsabilidad en el delito de tortura en agravio de la periodista.

En febrero de 2021, el exgobernador fue detenido en Acapulco, Guerrero, y desde entonces enfrenta un proceso penal por este delito.

La acusación sostiene que la detención y el traslado de Lydia Cacho fueron utilizados para castigarla por sus investigaciones sobre explotación sexual infantil y redes de poder.

Un caso emblemático para la libertad de expresión

El caso Lydia Cacho es considerado uno de los precedentes más importantes sobre violencia contra periodistas en México, al evidenciar el uso de instituciones públicas para perseguir y castigar el ejercicio del periodismo de investigación.

También se convirtió en un referente sobre la obligación del Estado de investigar la tortura, garantizar la libertad de expresión y proteger a quienes denuncian violaciones a los derechos humanos.

Organizaciones internacionales como Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han dado seguimiento al caso, señalándolo como un ejemplo de los riesgos que enfrentan periodistas y personas defensoras de derechos humanos cuando investigan redes de corrupción y violencia.

7/04/2026

Fiscalía confirma que restos hallados en Veracruz son de la periodista Roxana Guzmán

 

La Fiscalía General del Estado de Veracruz confirmó este viernes 03 de julio que los restos humanos localizados durante las investigaciones en un predio del sur de la entidad corresponden a la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora del medio digital Pulso Informativo del Sureste, quien fue privada de la libertad el pasado 2 de junio en el municipio de Nanchital.

La identificación fue posible tras los análisis periciales y las pruebas genéticas practicadas por las autoridades, poniendo fin a un mes de incertidumbre para su familia, que durante semanas insistió en mantener la búsqueda y evitar la difusión de versiones no confirmadas mientras se realizaban los estudios científicos.

Además, la Fiscalía ejecutó ocho órdenes de aprehensión en contra de presuntos responsables por el delito de homicidio doloso calificado en agravio contra Roxana Guzmán. Es importante señalar que cuatro de los detenidos son policías municipales de Ixhuatlán del Sureste.

La desaparición de Roxana Guzmán generó preocupación entre organizaciones de defensa de periodistas y de derechos humanos, que exigieron una investigación con perspectiva de libertad de expresión y el esclarecimiento de los hechos.

Roxana estuvo un mes desaparecida

Roxana Guzmán fue privada de la libertad por un grupo armado que irrumpió en su domicilio el 2 de junio, en hechos presenciados por integrantes de su familia, entre ellos sus hijos.

Durante las investigaciones, autoridades estatales y federales realizaron operativos en distintos municipios del sur de Veracruz, donde localizaron un predio vinculado con una célula criminal. En ese sitio fueron hallados restos humanos que permanecieron bajo análisis hasta que las pruebas de ADN confirmaron que correspondían a la periodista.

Cabe destacar que durante este mes de búsqueda e investigaciones, hubo diversas especulaciones que intentaron vincular la desaparición de Roxana Guzmán con presuntas actividades del crimen organizado; sin embargo, hasta el momento ninguna autoridad ha emitido una resolución definitiva sobre los hechos. En ese escenario, especialistas en desaparición y derechos humanos insistieron en que cualquier línea de investigación debe desarrollarse sin afectar el derecho de la víctima a ser buscada ni el derecho de sus familiares a conocer la verdad.

Crimen contra la libertad de expresión

El asesinato de Roxana Guzmán se suma a la violencia que enfrentan periodistas en México, particularmente mujeres comunicadoras que ejercen su labor en contextos de alta presencia del crimen organizado.

Para organizaciones de defensa de la prensa, el esclarecimiento del caso será determinante no solo para garantizar justicia a Roxana Guzmán y su familia, sino también para combatir la impunidad en los delitos cometidos contra periodistas.

Con la confirmación del asesinato de Roxana Berenice Guzmán Ramírez, al menos dos periodistas han sido asesinados en México durante 2026, de acuerdo con el seguimiento de casos públicos y organizaciones de defensa de la libertad de expresión, como Art.19, desde CIMAC solo se tiene documentado el reciente hecho de Roxana Guzmán.

5/23/2026

El periodismo, un oficio cada vez más precario y peligroso: Volker Türk

Ciudad de México.- Coches bomba, secuestros, prisión, despidos, ejercer el periodismo se está volviendo cada vez más arriesgado, así lo informó el jefe de derechos humanos de la ONU, Volker Türk quien alertó sobre la violencia contra periodistas.

Cabe señalar que de acuerdo con el último informe de Comunicación e Información de la Mujer A.C. (CIMAC) «Entre el discurso y la desprotección» presentado este 3 de marzo en la Ciudad de México se dio a conocer que entre enero a diciembre de 2025, tiempo que coincide con el primer año de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, acontecieron 338 agresiones contra mujeres periodistas, lo cual representa un aumento en comparativa con el sexenio de su antecesor Andrés Manuel López Obrador en el que se registraron 154 casos.

Los hallazgos de CIMAC indican que el año 2025 se posicionó como el año más violento para las mujeres periodistas, por lo que consideran que las directrices gubernamentales no se han modificado de fondo, es decir, no se han tocado las estructuras que sostienen esa violencia, por eso la organización manifestó que:

Para el jefe de derechos humanos de la ONU, Volker Türk, ya van 14 muertos este año, y una impunidad masiva: solo uno de cada diez asesinatos conduce a la rendición de cuentas. Según el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, la libertad de prensa está pagando un alto precio.

En este contexto de violencia e impunidad persistente, la cobertura de conflictos armados presenta el riesgo más elevado. La guerra librada por Israel en Gaza se ha convertido en una trampa mortal para los medios de comunicación.

«Mi oficina ha verificado el asesinato de casi 300 periodistas desde octubre de 2023, y muchos otros han resultado heridos», lamentó Volker Türk.

Esta tendencia se verifica especialmente en zonas de conflicto, como Líbano, que se ha convertido este año en «el país más mortífero para los profesionales de los medios».

Cimacnoticias informó que a través de un informe de prensa publicado por el Comité de Libertades del Sindicato de Periodistas Palestinos se informó que como resultado de los ataques israelíes desde el 7 de octubre de 2023 al 9 de septiembre de 2025, han muerto 31 mujeres periodistas y aproximadamente 240 periodistas mujeres han sido sometidas a agresiones y torturas psicológicas y físicas en las prisiones israelíes, cifra que sigue en aumento hasta el día de hoy.

Creciente represión y vigilancia transnacional

En estos entornos particularmente hostiles, las y los reporteros locales son a menudo los únicos que informan de la realidad de la guerra. Ellos mismos pueden estar hambrientos, asustados y despojados de todo, salvo de su voz.

«En Sudán, me encontré con periodistas que se habían enfrentado violencia extrema, brutalidad e incluso hambruna, mientras intentaban continuar con su trabajo esencial», añadió Türk.

Incluso lejos de las líneas del frente, prácticamente ningún país es realmente seguro para quienes dicen la verdad al poder. Investigar la corrupción, los daños al medio ambiente o el crimen organizado conlleva graves riesgos para las y los periodistas, sus fuentes y, a veces, sus familias.

En este clima de inseguridad generalizada, el Alto Comisionado se mostró profundamente preocupado por el hecho de que las y los profesionales de los medios se hayan convertido en objetivos prioritarios «de una creciente represión y vigilancia transnacional, como lo ilustran los recientes ataques contra periodistas iraníes en el extranjero».

330 periodistas y 500 blogueros detenidos

A escala mundial, las leyes sobre difamación, desinformación, ciberdelincuencia o terrorismo se movilizan cada vez más para proteger a los poderosos de cualquier cuestionamiento. Procedimientos judiciales disuasorios convierten los tribunales en herramientas de intimidación, imponiendo costes considerables a los medios.

Alrededor de 330 periodistas se encuentran actualmente detenidos, a los que se suman 500 periodistas ciudadanos y blogueros defensores de los derechos humanos. En este clima, el acoso y las intimidaciones en línea alimentan el riesgo de una sociedad de desinformación, donde los medios se ven obligados a ocultar los hechos para seguir ejerciendo.

A este respecto, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos (ACNUDH) recordó que los ataques contra periodistas afectan de manera desproporcionada a las mujeres: tres cuartas partes de ellas han sufrido abusos en línea, entre campañas de difamación y violencia sexual.

Voces críticas silenciadas

En términos más generales, los intentos de silenciar el periodismo independiente se diversifican, con restricciones de acceso, cortes de internet y apagones mediáticos, a veces con la complicidad de los poderes políticos y económicos, en detrimento de la democracia.

A estas derivas se añade una presión económica sin precedentes: en casi un tercio de los países, los cierres de medios y los despidos también sirven para silenciar las voces críticas.

Por eso, el jefe de derechos humanos de la ONU instó a los Estados a poner fin a la persecución de la prensa, levantar las restricciones arbitrarias y derogar las leyes abusivas, alineando sus marcos jurídicos con las normas internacionales de derechos humanos. Por su parte, las empresas tecnológicas deben actuar contra los abusos en línea y la desinformación.

Bukele arremete contra medios y defensoras en El Salvador



Escrito por Wendy Rayón Garay 
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Ciudad de México.- Hoy, 18 de mayo, se cumple un año desde que el gobierno de Nayib Bukele en El Salvador, privó de su libertad a la abogada, defensora, madre y docente Ruth Eleonora López Alfaro, a esto se suma el clima de represión que golpea a medios de comunicación, como la persecución policial que enfrenta el medio El Faro.

La llegada de Nayib Bukele en El Salvador desde junio de 2019 supuso cambios en el país, comenzando por la implementación de un régimen de extrema derecha que adoptó tres medidas: desmantelar contrapesos democráticos, impulsar el punitivismo penal y defender el conservadurismo social, según señala el informe “La ultraderecha en El Salvador: el peculiar caso de Nayib Bukele”.

Cabe señalar que la defensora Ruth López permanece incomunicada en el Centro Penitenciario de Izalco y aunque el caso escaló hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) quien emitió una serie de medidas cautelares urgentes y determinó que estaba enfrentando violaciones a sus derechos humanos, esto ha sigo ignorado por el régimen de Bukele.

El organismo internacional instó al Estado salvadoreño a terminar la incomunicación que mantiene la defensora, revisar la prisión preventiva y cumplir estándares internacionales de detención, no obstante, el Estado ha ignorado esta medidas ordenadas.


Esta petición fue respuesta a la audiencia inicial contra Ruth López cuando en junio de 2025 compareció ante el Juzgado Duodécimo de Paz de San Salvador donde el juez ordenó la detención preventiva por 6 meses durante la investigación, mantener privado el proceso legal, y no permitió que la defensa accediera a documentos de acusación, lo cual viola el debido proceso.

La defensora gritó: «¡No me van a callar! ¡Un juicio público quiero! La gente merece saber. El que nada debe, nada teme.» frente a la prensa, mientras era trasladada por los cuatro elementos de la policía.

La detención de Ruth López no es aleatoria, se mantiene dentro de un contexto de represión en El Salvador. La defensora denunció actos de corrupción y falta de transparencia durante el gobierno de Nayib Bukele, además, es una de las voces referentes contra el régimen de excepción implementado por el actual presidente Nayib Bukele, ya que desde marzo de 2022 hay una suspensión en los derechos de las personas.

De acuerdo con la página web «Libertad para Ruth», el 5 de diciembre de 2025 el Juzgado Cuarto de Instrucción de San Salvador amplió el plazo de la detención preventiva de la defensora por seis meses más, lo que quiere decir que será liberada hasta junio de 2026, pasando un año completo en prisión preventiva sin una condena o prueba presentada en su contra.

Cristosal, organización en la que Ruth López laboraba como jefa de la Unidad de Anticorrupción y Justicia, denunció que esa medida fue contraria a los estándares internacionales, pues se utiliza el sistema de justicia para silenciar a quienes combaten la corrupción, puesto que, antes de su detención, la defensora impulsó acciones claves para exigir rendición de cuentas y proteger el interés público.

Ya suman varios intentos de su defensa legal y de la sociedad civil para apelar a su liberación. En diciembre de 2025, Amnistía Internacional envió una carta pública a la Procuradora para la Defensa de los Derechos Humanos a cargo de Raquel Caballero de Guevara, donde mostró su preocupación por el estado de la defensora, pero la funcionaria se burló públicamente de la situación.

Aunque los cargos iniciales contra la defensora fueron por peculado en malversación de fondos públicos relacionado al periodo donde laboró como asesora en el Tribunal Supremo Electoral entre 2009 a 2014, es decir, más de una década atrás, dos días antes de su juicio inicial la Fiscalía cambió los cargos a enriquecimiento ilícito, ambas acusaciones se mantienen sin evidencia o justificación jurídica, según señalan organizaciones como Amnistía Internacional y Cristosal.

Su labor

Además de ser una de las figuras más críticas contra el gobierno de Nayib Bukele, la defensora se destaca por evidenciar actos de corrupción y falta de transparencia, por ejemplo, interpuso recursos ante la Corte de Cuentas, la Fiscalía y el Tribunal Supremo Electoral por el uso irregularidad de fondos públicos, contrataciones sin licitación, plazas fantasmas, presunto enriquecimiento ilícito y falta de transparencia en el financiamiento de partidos políticos.

También denunció irregularidades en la implementación del bitcoin y la Chivo Wallet, así como posibles desvíos de recursos durante la pandemia, incluidos casos relacionados con paquetes alimenticios y fondos de emergencia. Además, presentó demandas de inconstitucionalidad contra reformas legales vinculadas a Bandesal, los agentes encubiertos digitales y cambios constitucionales que pueden abrir paso a la reelección presidencial inmediata.

Asimismo, denunció el posible uso del software Pegasus para espionaje a periodistas y defensoras, crítico el régimen de excepción por detenciones arbitraria y participó en audiencias ante la CIDH para alertar sobre retrocesos democráticos y violaciones a derechos humanos.

Por su labor como defensora fue blanco de 150 ataques en redes sociales impulsados por aparatos de propaganda vinculados al gobierno de Nayib Bukele desde cuentas anónimas, medios oficialistas y creadores de contenido afines al oficialismo, y forman parte de una estrategia sostenida para desacreditar su labor como defensora de derechos humanos y promotora de la transparencia, según acusó Cristosal.

Documentos presentados ante la CIDH muestran que, antes de su detención, la defensora fue perseguida desde 2020 pues patrullas policiales vigilaban su residencia, fue seguida por agentes de la Subdirección de Inteligencia. Asimismo, la División de Inteligencia (SIPOL) la identificó como «persona de interés» y «parte del aparato ideológico de la oposición». Agentes de la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO) la acosaron mientras presentaba una denuncia de corrupción ilícita y entraron sin orden judicial a las oficinas de Cristosal a su vez que fotografiaron su vehículo.


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"No me van a callar, un juicio público quiero. Que me concedan un juicio público, la gente merece saber. El que nada debe nada teme". Estas son las palabras de la defensora Ruth López a la prensa al ingresar al Centro Judicial de San Salvador. https://t.co/MGe7yDqbu1— FOCOS (@focostv) June 4, 2025

Criminalización y persecución en El Salvador

Nayib Bukele implementó una estrategia de seguridad en la que busca desmantelar el crimen organizado comenzando con las pandillas al bloquear su sistema de ingresos; implementó la instalación de cámaras de seguridad y presencia militar para «recuperar los espacios públicos»; permitió bloqueos satelitales dentro de las cárceles para interferir en su comunicación con el exterior; y desplegó un arresto masivo a pandilleros.

Ante el ambiente en El Salvador y la serie de violaciones a derechos humanos, Ruth López fue una de las voces que no se quedó en silencio. Denunció detenciones arbitrarias con el régimen de excepción y la afectación de las medidas de los gobiernos en la migración de personas no vinculadas con estructuras criminales. A su vez, impulsó la investigación «el caso 300» donde se reveló cómo dinero público llegó a estructuras de pandillas sin control institucional.
Fotografía retomada de @Cristosal en X

El Faro

A nivel nacional, el gobierno de Nayib Bukele desplegó una estrategia de persecución política con el uso del control institucional y la instrumentalización judicial, según explica el informe «El precio de disentir: Criminalización y persecución política en El Salvador» de Cristosal. Además de Ruth López, existen otras personas defensoras detenidas cuyos perfiles se caracterizan por el reconocimiento internacional, así como ser voces críticas y opositoras al oficialismo.

La persecución también se dirigió contra medios de comunicación, el pasado 7 de mayo el medio El Faro, denunció que el régimen de Nayib Bukele intervino bienes personales de dos socios de Trípoide S.A. de C.V., dueño del medio. Entre febrero y abril de 2026 se congelaron sus cuentas bancarias y después se extendió a una persecución fiscal donde el Ministerio de Hacienda abrió cuatro auditorías por lavado de dinero y de evasión de impuestos.

El Faro denunció que las acusaciones no son sostenidas y que el proceso estuvo rodeado de irregularidades, por ejemplo, el Ministerio de Hacienda habría violado la ley para fiscalizar los ejercicios 2014 y 2016, ya que el periodo para revisarlos ya había caducado. Además, pese a no existir una sentencia por las cuatro auditorías, las autoridades decomisaron bienes personales.

También mencionaron que los ataques contra El Faro se realizaron después de que el medio publicara información sobre pactos de corrupción, personas del círculo cercano de Nayib Bukele, y los problemas que enfrenta la población salvadoreña con su gobierno. El último episodio se persecución responde a la publicación del documental The Deal donde el medio colaboró con el programa estadounidense Frontline PBS para denunciar pactos criminales.


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Entre febrero y abril de 2026, el régimen de Nayib Bukele congeló dinero de una cuenta bancaria y un inmueble de dos socios de Trípode S.A. de C.V., la sociedad creadora de El Faro.https://t.co/Ou7hz5Y4oD pic.twitter.com/vhnzjJuXB2— El Faro (@_elfaro_) May 7, 2026

Durante procesos de persecución contra personas defensoras se tiende a no existir procesos judiciales; persiste la estigmatización, acoso, vigilancia, amenazas o intimidación; hay acciones judiciales punitivas no penales; acciones penales; o ambas modalidades. En cualquier escenario, además de Ruth López, existen al menos otras 58 mujeres de un total de 245 personas que es estos momentos enfrentan persecución política en El Salvador.
Gráfica de Cristosal en informe «El precio de disentir: Criminalización y persecución política en El Salvador»

La criminalización de mujeres defensoras es distinta al que viven los hombres, esto debido a su género, ya que sus voces son silenciadas por salir al espacio público cuando la sociedad las sitúa en el ámbito privado. El último informe de Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos (IM-Defensoras) reveló que en México, El Salvador y Guatemala las agresiones contra mujeres representaron 13.4%, 12.7% y 12.3% respectivamente, pero en Honduras tuvo un alza de 62%.

Estas defensoras agredidas fueron defensoras de la tierra, territorio y el medio ambiente con 22.4%, defensoras a la verdad, justicia y reparación con 18.9%, defensoras a la información y libertad de expresión con 13.7%, defensoras a la participación política 10.4%, defensoras de las mujeres a una vida libre de violencia con 9.5%, defensora de derechos humanos con 6.5%, defensoras de las mujeres con 5.3%, defensoras de la educación con 3%, defensoras de las personas privadas de la libertad con 2.3%, defensoras de los derechos sexuales y reproductivos con 1.8%, defensoras de la población LGBTQI+ con 1.7% y defensoras de los pueblos indígenas con 1.6%.

Junto con Ruth López, figuran otros nombres de mujeres como Carolina Amaya, Lorena Peña, Jeannette Aguilar, Rudy Joya y Berta María Deleón. De acuerdo con la página web «Libertad para Ruth», la detención de la defensora fue el punto de quiebre, pues tras su captura en mayo de 2025 más de 30 personas defensoras y 25 periodistas están en exilio, y 12 abogados huyeron del país.

La detención de Ruth López

Hoy, hace un año, la Policía Nacional Civil tocó la puerta de la casa de Ruth López quien se encontraba con su esposo Louis. Le contaron una historia inventada sobre una investigación de un accidente automovilístico en el que estarían involucrados, ambos salieron de la residencia en piyama y creyendo que se trataba de un malentendido.

Fue así que las autoridades la arrestaron sin una orden judicial. La detención se llevó a cabo en la acera de la calle donde la obligaron a desvestirse frente a vecinos y agentes mientras un fotógrafo de la Fiscalía documentaba los hechos que se difundieron más tarde como propaganda.

Del 18 al 20 mayo, Ruth López permaneció 40 horas desaparecida, pues no tuvo contacto con su familia o abogados y nadie sabía su paradero, lo que el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas de la ONU cataloga como desaparición forzada. Finalmente se dio a conocer que se encontraba privada de su libertad en la División de Tránsito Terrestre de la PNC.

En ese tiempo, tuvo acceso limitado a visitas familiares supervisadas, contacto con abogados por menos de 10 minutos, medicamentos proporcionados por su familia, duchas diarias y atención médica básica. En su juicio inicial, aunque el Juzgado Cuarto de Instrucción de San Salvador le ordenó permanecer en la División de Tránsito Terrestre por motivos de salud, fue trasladada al Centro Penitenciario para Mujeres Granja de Izalco en Sonsonate sin explicación.

Fotografía retomada de @Cristosal en X

5/16/2026

Violencia basada en género contra las mujeres periodistas

.- Recientemente, el Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Pedro Vaca Villarreal, reconoció en el Informe Anual 2025 que México enfrenta “un entorno adverso para la prensa”, marcado por asesinatos, desapariciones, amenazas, secuestros y estigmatización desde el poder público. A ello se suman altos niveles de impunidad y fallas estructurales en los mecanismos de protección, factores que generan miedo, autocensura y desprotección entre periodistas.

Dos fenómenos de violencia preocupan particularmente: el acoso judicial y el incremento de la violencia digital como ya lo advertimos en nuestro informe anual (CIMAC 2025).

Sin embargo, es necesario precisar que el género no constituye una violencia en sí misma, sino una marca que atraviesa y agrava las violencias existentes. La labor periodística enfrenta amenazas, campañas de desprestigio, asesinatos, desapariciones y múltiples formas de hostigamiento. Tanto hombres como mujeres periodistas pueden ser víctimas de estas agresiones. No obstante, en el caso de las mujeres, dichas violencias adquieren características específicas derivadas de la desigualdad estructural y de la violencia basada en género.

Las mujeres periodistas no solo reciben amenazas dirigidas contra ellas, sino también contra sus hijas e hijos; enfrentan campañas de desprestigio centradas en su vida sexual, familiar o afectiva; son víctimas de feminicidio y de agresiones atravesadas por prácticas de revictimización, cosificación y sexualización. La marca de género añade al riesgo inherente del ejercicio periodístico las expresiones particulares de violencia que padecen las mujeres en un país marcado por desigualdades históricas.

La Oficina del Relator ha señalado que las construcciones sociales de género y la discriminación histórica contra las mujeres influyen en los patrones persistentes de violencia hacia la prensa. Por ello, además de medidas preventivas y de protección, los Estados deben investigar y sancionar de manera efectiva todos los actos de violencia y discriminación de género contra mujeres periodistas.

La periodista Denise Dresser vivió acoso judicial y violencia digital. Como ella misma señaló: “Se silencia con procedimientos, formularios y la Mañanera”; vivimos tiempos en los que “puedes hablar, pero atente a las consecuencias”.

En el caso de Dresser, la marca de género se manifestó en amenazas dirigidas contra sus hijos y en campañas digitales de estigmatización.

La académica Rossana Reguillo (fallecida recientemente) señaló que las periodistas enfrentan una doble precariedad: la de un oficio amenazado por el poder y la de un género históricamente silenciado. “Lo que está en juego no es una opinión, sino el derecho de las mujeres a participar en el debate público y a investigar lo que se pretende ocultar”.  (Las formas del asedio: violencia contra mujeres periodistas en el sexenio de López Obrador, CIMAC, 2025)

Para Reguillo, decía que la digitalidad no solo amplifica la violencia: la vuelve “ubicua, sostenida, anónima y viral”. Los ataques se reproducen mediante hashtags, memes, bots y cuentas anónimas que funcionan como “tecnologías del silenciamiento”.

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, lejos de revertirse esta tendencia, la hostilidad institucional hacia la prensa se intensificó. Las descalificaciones emitidas desde la presidencia, particularmente en las conferencias matutinas, contribuyeron a normalizar el desprecio hacia la labor periodística. Muchas de las periodistas atacadas en redes sociales habían sido previamente señaladas, ridiculizadas o desacreditadas desde espacios oficiales. En ese sentido, el poder no solo omite proteger: con frecuencia activa o legitima el ataque.

“La violencia digital no se queda en la pantalla”, advirtió Reguillo. Sus efectos se traducen en miedo real, alteraciones en la vida cotidiana, afectaciones emocionales y cuerpos sometidos a una amenaza permanente.

Muestra de ello fue lo ocurrido recientemente con Dresser en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, donde la columnista y politóloga fue recibida con manifestaciones de rechazo.

La Relatoría también expresó preocupación por los discursos estigmatizantes provenientes de funcionarios públicos y fuerzas militares. Estas narrativas han derivado en campañas sistemáticas de desprestigio, especialmente graves para las mujeres periodistas, quienes enfrentan ataques digitales con componentes de violencia de género.

Las declaraciones estigmatizantes de altos funcionarios pueden exacerbar el clima de hostilidad e intolerancia y colocar a periodistas y comunicadores en una situación de mayor vulnerabilidad y riesgo.

Dresser enfrentó dos procesos judiciales: uno por presunta Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género y otro relacionado con las 178 menciones en las que fue difamada durante las conferencias matutinas del gobierno de López Obrador.

Frente a este panorama, la Relatoría reafirmó que “México sigue siendo uno de los países más peligrosos para la prensa en las Américas”, con más de 150 periodistas asesinados desde el año 2000 y más de 25 desaparecidos. Desde CIMAC advertimos, además, que 2025 se convirtió en el año más peligroso para las mujeres periodistas.

Reporteros sin Fronteras coincide con la creciente criminalización de la labor periodística (Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, RSF, 2026), más de la mitad de los países del mundo se encuentran en una situación “difícil” o “muy grave” entre “arsenales legislativos cada vez más restrictivos, que se escudan casi siempre en las políticas de seguridad nacional” que erosionan el derecho a la información y con ello, las democracias.

Finalmente, la Relatoría reiteró que los Estados tienen la obligación de prevenir, investigar, sancionar y reparar la violencia basada en género contra las mujeres, así como de garantizar su ejercicio del periodismo libre de violencia y discriminación.

4/11/2026

Periodistas desplazadas, retratos de resistencia


Escrito por Patricia Monreal 
Imagen.- 
Entre el “síndrome del preso” y el exilio, Magdalena, Marcela y Teresa encarnan la cara más cruda del periodismo en México: el desplazamiento forzado


“Dios mío, me están matando, ¡ayúdame!”, pensó Marcela al sentir quemar su piel por el fuego del arma que pretendía arrancarle la vida. Era sábado y cumplía 54 años. Fue la última vez que estuvo en cabina transmitiendo para su raza Ñomndaa; fue la última vez que pisó su tierra: Guerrero.

Marcela de Jesús Natalia es una periodista desplazada desde 2017. Forma parte de los cientos de comunicadores que han tenido que huir de sus territorios en México a causa de la violencia. En un país que carece de estadísticas oficiales precisas sobre la magnitud del desplazamiento, la realidad de las mujeres periodistas es invisibilizada por el Estado rebasado y carente de políticas públicas integrales.

El Espacio de Organizaciones de la Sociedad Civil para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas (Espacio OSC) y Aluna Psicosocial, advierten en el estudio Personas y comunidades defensoras de derechos humanos y periodistas en situación de desplazamiento forzado interno en Méxicoque el desplazamiento forzado interno es cada vez más común, y de la falta de instrumentos oficiales que impiden dimensionar cuántas han sido obligadas a abandonar su lugar de origen.

Balbina Flores Martínez, representante en México de Reporteros Sin Fronteras (RSF), explica que este fenómeno tiene más de 15 años. No comenzó con los casos de Miroslava Breach y Javier Valdez en 2017, sino que tuvo uno de sus primeros focos en Veracruz hacia 2010 “cuando la violencia generó oleadas de comunicadores que huyeron en grupo”. Luego se sumó Morelos, y desde entonces, estados como Chihuahua, Guerrero, Michoacán, Guanajuato y Quintana Roo se acumulan en la lista de zonas de alto riesgo.

“Cuando hablamos de la violencia estructural en México debemos preguntarnos qué causas llevan a las periodistas a abandonar su labor y cuál de ellas podría implicar mayores costos políticos para el Estado Mexicano en términos de atención. Sin duda, una de las principales tiene que ver con el desplazamiento”, apunta Adriana Ramírez Vanegas, del área de seguridad y protección de Servicios y Asesoría para la Paz (Serapaz).

La activista coordinó los trabajos del diagnóstico Dejar Todo, elaborado por Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) sobre mujeres periodistas en situación de desplazamiento forzado interno en México y de las obligaciones del Estado en materia de atención, prevención y protección, presentado en 2022.

Ella subraya que el desplazamiento forzado es una de las grandes deudas en acceso a la justicia y reparación del daño, así como una omisión en la creación de una ruta institucional de atención, ya que implica la salida no planeada de periodistas que huyen por violencia. No es una decisión propia, ni por oportunidades, sino una situación forzada por supervivencia.

Marcela, marcada por la resistencia

La historia de Marcela de Jesús es un compendio de violencias: por ser indígena, por ser mujer, por ser activista y por ser periodista. Pese a ello, a sus 62 años, su palabra es cálida; abraza y conforta, como si buscara sacudirse el dolor acumulado.

Desde niña enfrentó la discriminación contra su pueblo Ñomndaa, del que se siente orgullosa. A los ocho años, al saber que su familia planeaba casarla, huyó de su comunidad, Los Lirios, municipio de Xochistlahuaca, para poder estudiar. “En 1972 fui la única niña del lugar que escapó para terminar la primaria”, comenta al ubicar que, con esa acción, inició su labor como activista y defensora. La decisión le costó el rechazo de su madre, quien debido a los usos y costumbres de su comunidad la consideró una deshonra.

Su labor periodística la inició en 1994 en la XEJAM, La Voz de la Costa Chica, en Santiago Jamiltepec, Oaxaca. Su voz en lengua ñomndaa tuvo un impacto inmediato en su natal Guerrero, hasta donde llegaba la señal. “Escuchar nuestro idioma en un medio de comunicación y sobre todo yo siendo mujer, fue impactante. Tuve mucha audiencia porque no había otro medio donde se hablara nuestro idioma”. A los pocos meses, al visitar su tierra, fue recibida como una celebridad, con danza y fiesta. Sin embargo, su labor incomodó a los poderosos.
Marcela de Jesús Natalia, periodista, activista y defensora, originaria de Xochistlahuaca, Guerrero | Imagen: Patricia Monreal

La cárcel como mordaza

El 8 de marzo de 1998, Día Internacional de la Mujer, Marcela fue detenida arbitrariamente junto con uno de sus hijos, entonces menor de edad. Ambos fueron torturados uno frente al otro, ella recibió una sentencia de 40 años en prisión por delitos fabricados, incluyendo homicidio. Fue trasladada al Centro Penitenciario de Villa de Etla para dificultar su localización, ahí permaneció tres años y cinco días.

“La persecución judicial es una de las formas de violencia para silenciar periodistas”, señala Sara Mendiola Landeros, directora de Propuesta Cívica, asociación que da acompañamiento a personas defensoras y periodistas en riesgo. “Antes era el daño moral por la vía civil; ahora se recurre al derecho penal, con acusaciones como terrorismo, delincuencia organizada o fraude, e incluso se crean nuevos delitos en las leyes, como el de ciberasedio”, lo que según la experta, es una crisis que amenaza el derecho a informar.

Con apoyo de la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos, Marcela fue absuelta el 13 de marzo de 2001. Lo primero que hizo fue buscar al hijo que habían detenido con ella y ya se encontraba en libertad, él casi se desmaya al verla, pensó que su madre se había escapado de prisión. Luego buscó a sus hijos menores y enfrentó su rechazo ya que su padre les había dicho que ella los abandonó. “Mendigué muchos años su cariño, es la fecha en que todavía no hay buena relación”, confiesa.

Adriana Ramírez, de Serapaz, refiere que las mujeres periodistas, siempre anteponen a su familia, y generalmente se sienten culpables. “Muchas de las relaciones sobre todo con sus parejas, son puestas ahí, en un tema de desplazamiento, porque además, si hay violencia de pareja por ejemplo, eso se viene a reflejar en el desplazamiento, se agudiza”.

Estas contradicciones, que va teniendo la sostenibilidad de la vida de las periodistas desplazadas se ponen en juego, y derivan en que la violencia se vaya incrementando, remarca la activista.

El atentado: “Fue por informar a mi raza”

Tras recuperar su libertad, Marcela regresó a Guerrero en 2003 y se integró al Sistema de Radio y Televisión del Estado, primero como honoraria, luego escaló hasta ocupar la gerencia de la Radio, de donde salió tiempo después debido a presiones ejercidas por afectar intereses de poder que existían en el lugar.

Hizo activismo en Xochistlahuaca, en donde la división en su pueblo crecía. “Como defensora siempre de mi raza, me opuse y empecé a apoyar las escuelas paralelas, les decía que no era justo, que podíamos tener diferencias ideológicas los adultos, pero era cruel que a los niños se les pintara una uña para ver quién pasaba a desayunar y quién no; eso era inhumano”.

Tras dejar la gerencia de la Radio, recobró su espacio de locución, de 5 a 9 de la mañana, hasta que llegó el 3 de junio de 2017. Al salir del trabajo, un sicario le disparó en tres ocasiones.

“La primera bala iba a mi frente; metí la mano, entró y salió por mi muñeca derecha. La segunda bala me despedazó la mandíbula. El chico me dio el tiro de gracia en la sien derecha, pero falló. La bala entró rozando mi cerebro y me destruyó el oído derecho”, narra con una calma sobrecogedora.

Desde entonces vive desplazada. En el hospital, incluso escuchó a un médico conspirar por teléfono para “acabarla en el quirófano”. Marcela sostiene que una política de su municipio pagó 50 mil pesos por su asesinato. Gracias a la presión de sus colegas periodistas y a un traslado de emergencia al Estado de México, logró sobrevivir.

Hoy Marcela duerme tranquila porque sabe que su “pecado” fue garantizar el derecho de su pueblo a estar informado. Sin embargo, las cifras no ceden: desde el año 2000 a la fecha, más de 176 comunicadores han sido asesinados en México, una docena son mujeres, dejando tras de sí una estela de exilios invisibles y justicia pendiente, según la organización Artículo 19.

Magdalena, síndrome del preso

Acostada sobre la cama del refugio que le proveyó el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, de la Secretaría de Gobernación (SEGOB), Magdalena Alonso Ríos pasa hasta ocho horas viendo el techo, perdida en la impotencia de no sentirse libre. “Esta soledad no está bien; es forzada. Estoy en una casa que nunca se calienta, siempre tengo frío. He dado hasta diez mil pasos dentro, tengo el síndrome del preso: me la paso caminando de un lado a otro”, se duele.

Tras 35 años de ejercer el periodismo en Zitácuaro, Michoacán, Magdalena tuvo que dejarlo todo el 16 de marzo de 2022, un día después del asesinato de Armando Linares, director de Monitor Michoacán. Entre lágrimas dio la noticia en Al Aire Zitácuaro, su noticiero que estaba por cumplir 17 años, jamás imaginó que sería su última transmisión.

Ese día supo que la buscaban; dos hombres en motocicleta preguntaban por ella. Los retratos hablados coincidían con los agresores de Linares. Apoyada por el Colectivo #NiUnoMás Michoacán, presentó su denuncia y le otorgaron protección.

La llamada de Alejandro Encinas, entonces Subsecretario de Derechos Humanos fue definitiva: “Usted es foco rojo. Al Gobierno de México no le conviene otro periodista muerto en Zitácuaro”.

Al día siguiente fueron por ella, apenas alcanzó a abrazar a su hija para despedirse. “Pensé que podían no ser quienes decían; no pedí identificaciones y, diabética, empecé a sentirme mal. En la carretera creí que me matarían, pero solo dijeron que no podían hablar conmigo y que podían detenerse si lo pedía. No quise parar. Tras horas de noche y miedo, finalmente llegué”.

Al refugio arribó en estado de shock, se repetía que no había hecho nada malo y que en sus noticias siempre evitó mencionar grupos delictivos o nombres. Era su cumpleaños, amaneció con los ojos hinchados y sin agua ni para un café.

Hoy, a cuatro años de aquel destierro, Magdalena es una cifra invisible: el Estado aún no la reconoce legalmente como “periodista desplazada”.
Magdalena Alonso Ríos, periodista desplazada desde hace cuatro años, originaria de Zitácuaro, Michoacán | Imagen: Patricia Monreal

Lo que no se nombra, no existe

La Secretaría de Gobernación, no cuenta con cifras sobre periodistas en condición de desplazamiento, ejemplo de ello, es la respuesta a la solicitud de información que para este trabajo le fue formulada: “Se comunica que luego de una búsqueda con criterio amplio en todos los archivos físicos y electrónicos que conforman la Dirección General de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, no se encontró información relacionada con lo expuesto”.

Sara Mendiola, directora de Propuesta Cívica, denuncia que el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, usa el término “refugio temporal” de forma maliciosa: “Ellos han querido minimizar esta problemática porque no quieren reconocer el problema. Hay que recordar que lo que no se nombra, no existe, y entonces se ha querido hacer este jugueteo de palabras para invisibilizar la gravedad de que están desplazando periodistas de sus regiones y para minimizar también la responsabilidad que recae sobre la institución”.

Entre 2014 y octubre de 2025, 247 periodistas han estado sujetos a la medida de refugio. Aunque las cifras oficiales muestran un descenso en 2024 y 2025, las organizaciones alertan que esto no se debe a una baja en la violencia, sino a una mayor resistencia institucional para otorgar protección.

Mendiola señala que el desplazamiento es desgarrador: de un día a otro deben dejar familia, trabajo y entorno para mudarse a estados desconocidos y hostiles. En este contexto, la Ciudad de México se volvió principal refugio para defensores y periodistas, considerada “ciudad refugio” por ofrecer mayor seguridad frente a la violencia en entidades como Guerrero, Tamaulipas o Michoacán.

En el Diagnóstico sobre las Personas que en el Ejercicio de su Derecho a la Libertad de Expresión se Encuentran en Situación de Desplazamiento Forzado en la Ciudad de México, presentado en 2021 por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, se registraron 72 personas que se encontraban en situación de desplazamiento forzado refugiadas en la capital del país. El documento identificó que, en ese total, 12 eran mujeres.

El Mecanismo rara vez gestionó desplazamientos de forma adecuada, explica Mendiola: los refugios tenían malas condiciones y fallas de seguridad, incluso intrusiones y robos. Los periodistas no contaban con la protección suficiente, lo que agrava el daño psicoemocional y los obligaba a vivir en precariedad, evidenciando la debilidad institucional.

Magdalena agradece el refugio al que de inicio se resistía. Acepta que la sacaron del riesgo que enfrentaba y le dieron apoyo, pero con el tiempo se sintió juzgada: “No me siento protegida, me siento acusada”.

En reuniones de evaluación del Mecanismo minimizaron el robo de las cámaras de seguridad que hubo en la casa de su hija que permanece viviendo en Zitácuaro, le dijeron que no podían hacer nada porque no era periodista. “Me molesté mucho, pegué en la mesa y les dije que se nota que no saben lo que es tener cerca al crimen organizado, les dije que lo ocurrido significa que, como no me encuentran a mí, me están diciendo que saben dónde está ella”.

En vísperas de cumplir cuatro años desplazada, teme que le sean retiradas las medidas de protección, pese a que las condiciones de riesgo que las propiciaron sigan vigentes.

Teresa, la palabra que no calla

Era verano y la lluvia caía inclemente sobre Toluca, estado de México, cuando Teresa vio acercarse un vehículo que pensó era el taxi que estaba esperando; se apresuró a subir para evitar empaparse con el chubasco. Pronto se dio cuenta del error involuntario: dentro del automóvil viajaban tres hombres que iban por ella.

Teresa Montaño Delgado nunca planeó ser periodista. Por una situación familiar a los 21 años, con la preparatoria terminada, comenzó a trabajar como asistente de una comunicadora de sociales, con el tiempo se profesionalizó: hizo la licenciatura, realizó una maestría y tomó diversos cursos de especialización. Se enganchó al periodismo, le apasionó y hoy suma más de 30 años ejerciéndolo.

Para ella, el desplazamiento fue la única opción tras sobrevivir a un secuestro en Toluca en agosto de 2021. Fundadora de The Observer, Teresa apostó por el periodismo de investigación en un estado de México acostumbrado a la línea oficialista.

Su labor le costó sufrir en carne propia una realidad común en México, las autoridades son las grandes violentadoras de los derechos de periodistas. La estadística del Mecanismo así lo demuestra: de 905 agresores detectados entre 2012 y octubre de 2025, 371 (40.99%), eran servidores públicos; 289, particulares (31.93%); y 245, personas no identificadas (27.07%).

En su informe Las Formas del Asedio, violencia contra las mujeres periodistas en el sexenio de López Obrador, Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) da cuenta “de 1,189 casos de agresiones contra mujeres periodistas –un incremento del 117% respecto al periodo de Enrique Peña Nieto-, lo que representa un patrón sostenido de hostilidad institucional y sociopolítica”.

Adriana Ramírez Vanegas recuerda que al documentar en CIMAC las causas del desplazamiento, veían que había una impunidad total.

“Era una impunidad rodeada de una serie de desatenciones frente a agresiones que se habían prolongado durante mucho tiempo; es decir, la mayoría de las periodistas que salen lo hacen porque ya enfrentan una cadena de violencias extremas que incluso involucran atentados directos contra su vida e integridad. Y aunque muchas veces presentaban denuncias y hablaban públicamente de estas agresiones, no había respuesta”.

Lo vivido por Teresa da cuenta de ello. Tras publicar investigaciones sobre corrupción y contratos millonarios de renta de autos por el Gobierno del Estado de México, fue despedida de El Heraldo de México, donde laboraba como corresponsal. Tiempo después descubrió que una de las empresas involucradas pertenecía al mismo grupo del diario.

Siguió con su labor en The Observer, hasta el 13 de agosto de 2021. Ese día tenía una cita médica en el centro de Toluca alrededor de las cuatro de la tarde, poco después vino su secuestro que se prolongó por horas que le parecieron eternas. La liberaron cerca de la medianoche.

Con los ojos vendados, escuchaba a sus captores insistir en que era reportera; ella lo negaba y decía ser contadora y maestra, intentando explicar los documentos y fotos en su teléfono. Mientras el auto daba vueltas bajo la lluvia, la interrogaron y vaciaron sus tarjetas en cajeros, incluida la que usaba para administrar The Observer. Fueron por su auto y la amenazaron con matar a su hijo si estaba en casa, por eso al saber que no había nadie sintió alivio.

Su preocupación se centró entonces en las cajas con documentos de sus investigaciones y de The Observer que ahí tenía; hoy se sorprende al recordar su apremio por preservar esos papeles, y de cómo les pedía a sus captores que le dejaran algunos. Escuchaba cómo revisaban y movían todo; prometieron dejar las cajas, pero no fue así, una desapareció y la otra quedó vacía, con folders regados por el suelo.

Más tarde, una nueva angustia le sobrevino cuando, una vez más en marcha, sintió que salían de la ciudad; encañonada pensó que la asesinarían, finalmente, la abandonaron en un municipio cercano a Toluca. Cuando se quitó la venda, lo primero que hizo fue checar si con ella habían dejado las cajas con sus documentos, pero no había nada.

Caminó entre calles y milpas hasta llegar a un centro comercial en San Mateo Atenco. Pidió un teléfono prestado para avisarle a su hija que la habían secuestrado y liberado. Luego vino la impunidad: la ministerio público que le asignaron tres presentar su denuncia, intentó fabricar culpables y ella exigió una investigación real.

Su caso nunca fue registrado en las cifras de ataques a la prensa por el Gobierno del Estado de México, borrándola como periodista y víctima de la estadística oficial.

La decisión de desplazarse fue casi inmediata, salió hacia España con una beca que le proveyó RSF por tres meses, luego prolongó su estadía en ese país a invitación de la organización La Taula per Mèxic. Por un tiempo retornó a su hogar, pero se vio nuevamente obligada a salir, actualmente permanece en Alemania.
Teresa Montaño Delgado, periodista exiliada del Estado de México | Imagen: Patricia Monreal

“Siempre hemos manejado dos conceptos: desplazamiento y exilio”, señala Balvina Flores, de RSF. Explica que al inicio los periodistas no solo se desplazaban dentro del país, sino que se exiliaban; los primeros casos fueron de Veracruz y Morelos, la mayoría se fue a Estados Unidos, algunos obtuvieron permiso humanitario y aún permanecen allá, otros fueron a Canadá.

A pesar de la violencia que las atraviesa, la determinación de continuar con su labor, persiste en la mayoría de las periodistas desplazadas

Adriana Ramírez, destaca que el desplazamiento de las periodistas no es solo movilidad forzada, sino una forma de represión política contra el periodismo mexicano. Agrega que además de tener una marca de género, el fenómeno implica un ataque a la libertad de expresión, pues busca silenciar su trabajo. “En el 70% de los casos acompañados por CIMAC, el origen estaba en investigaciones sobre corrupción, transparencia y vínculos con el crimen organizado, así como en graves violaciones a derechos humanos”.

De ahí que muchas periodistas no solo informaban: acompañaban procesos de justicia y se volvían actoras clave; al desplazarlas, no solo se acallaba su voz, sino también los procesos que impulsaban. El efecto de acuerdo con la activista, era multiplicador: silenciar a una periodista significaba silenciar comunidades enteras y borrar temas de la agenda pública.

El desplazamiento entonces sostiene, no solo refleja violencia estructural; implica perder el derecho ciudadano a la información y evidencia patrones con consecuencias personales, políticas y para la libertad de expresión.

Desde el exilio, Teresa retomó la investigación sobre contratos de empresas fachada que detonó su salida; contó con el apoyo de la red Forbidden Stories, que en 2023 armó un equipo para verificar y fortalecer su trabajo durante cuatro meses. El reportaje se publicó en The Guardian, El País, y en medios nacionales en vísperas de la elección por la gubernatura mexiquense. Para ella fue una reivindicación profesional.

El día de la elección en que ganó la morenista Delfina Gómez Álvarez, en el Instituto Electoral del Estado le impidió el acceso al área de prensa, mientras en el aire, un dron empezó a seguirla. Después se suscitaron otros episodios de violencia: policías municipales acudían a preguntar a sus vecinos sus horarios, pretendiendo ingresar a su casa.

En noviembre de 2023, el jefe de prensa de Morena en el Congreso del estado, a quien ella conocía, le marcó por teléfono: “En la plática me dijo, ‘oye, tú tienes un hijo, ¿no?’, ¿qué edad tiene?’, en ese tiempo tenía 23 creo, y me contestó: ‘ah, ya está en edad de que le pase algo, ¿verdad?’, así me dijo, y le colgué”.

Una vez más tuvo que huir, aunque no fue la única, también lo hicieron sus dos hijos; hoy los tres viven en lugares distintos. Desde Europa, Teresa asume con mayor claridad su condición de periodista desplazada y bajo riesgo.

El costo de la “muerte social”

Marcela de Jesús Natalia, Magdalena Alonso y Teresa Montaño sueñan con volver a su lugar de origen para retomar la vida que construyeron y seguir ejerciendo el periodismo. En las tres, pesa la conciencia de saber que las condiciones para el retorno no están dadas, que no hay certeza de que lo puedan hacer, y de que sus proyectos de vida tomaron rutas dolorosas que jamás imaginaron.

Sara Mendiola y Balvina Flores coinciden en la necesidad de una política integral para atender el desplazamiento interno forzado: prevención, protección durante el desplazamiento y planes de retorno, el mayor reto tras salvaguardar la vida.

En términos políticos, al Estado Mexicano le cuesta más un periodista asesinado o desaparecido, pero en términos económicos, el costo mayor es de uno desplazado.

Adriana Ramírez lo explica con base a los cálculos que en su momento realizaron en CIMAC. Apunta que mantener un año a una periodista desplazada costaría en promedio, 1.2 millones de pesos anuales, una inversión que el Estado prefiere omitir.

“Muchas periodistas desplazadas viven una crisis profunda: les cuesta asumirse víctimas, enfrentan culpa, depresión y pérdida de autonomía”. Subraya Ramírez que el desplazamiento implica una muerte social. Busca silenciar su pluma y romper su autonomía.

Mientras el Estado Mexicano siga nombrando “estancias temporales” a los que son exilios forzados, la justicia seguirá siendo una promesa rota para quienes, como Teresa, aún se preguntan si vale la pena decir la verdad. Su respuesta, pese a todo, sigue siendo sí.
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Este reportaje forma parte del proyecto “Desplazamiento forzado, una herida sin sanar en México” coordinado por Periodistas de a Pie