11/27/2012

Serpientes y escaleras



Salvador García Soto

De manera sorpresiva, como muchas de las cosas que le ha dado por hacer antes de terminar su gobierno, Felipe Calderón avaló el aumento de 3% a los salarios mínimos y la unificación de las dos zonas económicas en que se dividía el país, al apoyar su gobierno a la parte obrera de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos. Lo curioso del caso es que la medida del ya casi presidente saliente no le hizo quedar bien con nadie: los trabajadores recibieron casi como una burla el inesperado y claramente insuficiente aumento de un peso y centavos al mínimo, y por el otro los empresarios montaron en cólera para reclamarle la decisión “populista” que, dijeron, lesiona su confianza.

“En el sector empresarial causa extrañeza que esta medida populista y sin un análisis ni consenso de por medio, ocurra a unos días de que finalice el gobierno federal encabezado por el presidente Felipe Calderón Hinojosa”, sostuvo ayer la Coparmex, mientras que el Centro de Estudios del Sector Privado, en voz de su titular,  Luis Foncerrada, de plano le pidió a Peña Nieto que no copie las “malas decisiones” de su antecesor. “Debe ser cuidadoso en las acciones que tome para no terminarlo (el gobierno) con decisiones absurdas e ilógicas que violentan las instituciones”, dijo sobre el aumento a los mínimos autorizado por Calderón en un decreto.

El debilitamiento de la figura presidencial en el ocaso del sexenio es claro. Ya nadie se toma en serio a Calderón y todos están pendientes de quedar bien con el entrante Peña Nieto. Esos son los riesgos de una transición tan larga como la que seguimos teniendo en México, de cinco meses, en los que conviven dos presidentes, uno el electo cuya fuerza y poder van en ascenso y el saliente que, aunque sigue formalmente en funciones, empieza a ser menospreciado por los sectores que antes lo vitoreaban, como en este caso los empresarios de la derecha panista.

Pero más allá de la lectura política a la reacción empresarial, también se asoma la enorme mezquindad y el egoísmo que caracteriza a buena parte de la clase empresarial mexicana. Con el incremento de un peso al salario mínimo, dicen ellos, “se vulneran instituciones” “se actúa de manera populista”, “se violenta el Estado de Derecho”.  La molestia de los empresarios tiene que ver con que el aumento a los mínimos debía discutirse, como cada año, hasta el 1 de diciembre, y en este caso la Comisión del ramo, apoyada por el gobierno de Calderón, decidió discutirlo y votarlo una semana antes para que entre en vigor el primer día del mes próximo.

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