7/29/2014

¿Cambia el poder?

Alberto Aziz Nassif
Recientemente se publicó un libro de Moisés Naím, El fin del poder, en donde se exponen varias tesis sobre cómo ha cambiado el poder en los últimos tiempos. El autor presenta diversas dimensiones de cambios que han transformado la forma de ejercer el poder, han ampliado el cuadro de actores y han modificado las estrategias de su ejercicio. ¿Qué tanta utilidad tienen los planteamientos de Naím para entender lo que ha pasado en México en estos tiempos? En México vivimos un regreso del PRI y un final del ciclo privatizador abierto con el salinismo y completado por Peña Nieto. ¿Dónde están los cambios?
El autor está en sintonía con una serie de hipótesis y planteamientos que se han hecho desde las ciencias sociales, como el paradigma de lo líquido de Bauman, la sociedad de la decepción de Lipovetsky, o el planteamiento de Castells sobre el poder en la sociedad red. En todos estos acercamientos se quiere entender qué pasa con la sociedad y sus cambios en la actualidad. El autor se acerca a referencias clásicas y opta por el planteamiento de Robert Dahl: A tiene poder sobre B si logra que “haga algo que de otra manera no haría”.
El poder se ha degradado, sus puntos de origen se han movido y se han multiplicado. Lo que trata de demostrar Naím es el presupuesto de que: “el poder ya no es lo que era. En el siglo XXI, el poder es más fácil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder”. El texto de Naím tiene el formato de esos ensayos que retoman diversas fuentes de información para sustentar el argumento central que se repite y se aplica a diversos espacios sociales. Sin negar que los poderes y los poderosos mantengan sus capacidades para influir en los otros, como definición sustantiva de algunos clásicos, ya no es la misma que tenían en esos mismos lugares otros actores.
El mundo se ha vuelto mucho más volátil, según Naím hay tres “revoluciones”: la del “más”, que apunta a cómo se ha multiplicado todo en los últimos 50 años, desde la población, la riqueza, el consumo y el bienestar para algunos sectores; la otra es la de la “movilidad”, sobre cómo se mueven ahora con mucha más velocidad las cosas, las personas, la información, lo cual apunta a procesos de migración, relaciones laborales, tecnologías, etcétera; la tercera es la de la “mentalidad”, que apunta hacia cambios de valores, de costumbres que antes estaban en los roperos de la cultura y hoy salen a la luz, minorías que reclaman sus derechos en la diversidad y el multiculturalismo. Estas tendencias han degradado el poder y lo muestra en una amplia gama de procesos, actores e instituciones: las elecciones, los ejércitos, la geopolítica, la globalización, los mercados, las religiones, la filantropía, los medios de comunicación, el sindicalismo. La tesis de la degradación del poder tiene aspectos positivos, como una mayor libertad, oportunidades y competencia; y negativos, como el crecimiento del crimen organizado, el terrorismo, la inseguridad y los grupos extremistas.
Repensar estas tesis para ver qué ha pasado en México nos lleva a un dilema. Por una parte, se ve que el poder de los monopolios ha crecido, la desigualdad se ha profundizado, la violencia del crimen se ha normalizado; pero, al mismo tiempo, es cierto que el poder se ha degradado, se ha vuelto más vulnerable, se pierde con más facilidad y el escenario es más voluble. Hay cambios importantes en la sociedad: se han acentuado todas las formas de desconfianza social e institucional; han crecido el desencanto y la desconexión, los tejidos sociales comunitarios se han adelgazado y se ha completado el ciclo privatizador de reformas. Lo que no cambia es la deuda social que pagamos todos, antes fue Fobaproa y ahora es Pemexproa.
Los que consideran que vamos a un ciclo largo de dominación del PRI podrían leer este libro cuya tesis es que la única certeza es la incertidumbre. Al mismo tiempo, el regreso del PRI se da frente a una oposición de derecha completamente mimetizada con el régimen y una izquierda fracturada y sin rumbo. En suma, el poder en México —con estas reformas— se ha reacomodado, pero estamos muy, muy lejos de un país más democrático y más incluyente. 
@AzizNassif

Investifador del CIESAS

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