12/06/2014

El gobierno prohíbe el Zócalo con pretexto, pero somos pacíficos y obedientes; ¿Será mejor inmolarnos?


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Pedro Echeverría V. 
1. Los campesinos “independientes” de diferentes estados del país, así como otras organizaciones avisaron hace tres meses al gobierno de la ciudad de México que iban a marchar desde “el Ángel” –por las avenidas Reforma y Juárez- hasta el Zócalo hoy sábado seis de noviembre. Sin embargo, no los dejaron dirigirse al Zócalo porque el gobierno les dijo que “están armando en él una pista de hielo”. Dado que esos campesinos y sus dirigentes tienen miedo a ser acusados de “provocadores” aceptaron humildemente concentrarse en la explanada del Monumento a la Revolución. Obvio, no serían los primeros en aceptar la orden: ya lo han hecho los lopezobradoristas, los del PRD y mil más porque en México el gobierno manda y el pueblo obedece. Sólo habría que preguntarles: ¿Para conservar su “pacifismo” aceptarían ser cerrados en un estadio? 
2. Así prueba y comprueba en la práctica el gobierno lo fácil que es imponer una ley para prohibir las marchas, concentraciones o bloqueos; que en adelante para hacer cualquier protesta masiva haya que pedir permiso aunque desde siempre la llamada Constitución no hable de permisos sino de simple avisos, si es necesario, para asegurar la protección. Ante tanta cobardía, pusilanimidad, que se expresa respondiendo: ¿Para qué pelear, chocar, insultar, si no se gana nada porque hay que respetar a la autoridad y la ley?, parece que la ley antimarchas, despótica y autoritaria del gobierno, no tendrá ninguna dificultad para instalarse. Quizá en adelante habría que inmolarse quemándose vivo (como los bonzos budista), para pedir justicia. ¿Acaso el ejemplo de joven chiapaneco no es una muestra de desesperación ante una justicia ciega y sorda? 
3. Con la terrible miseria, el enorme desempleo y el incremento de la corrupción funcionaril que sufren los mexicanos; ante el cierre de las únicas vías legales para manifestar nuestras protestas y descontento, con la aprobación de la ley fascista de antimarchas en las calles y plazas,  parecen estar empujando al pueblo hacia el fortalecimiento de las cinco o seis guerrillas rurales que existen, a la fundación de guerrillas urbanas como las de los setenta, a que se incrementen los secuestros de millonarios y los asaltos de bancos. ¿Cómo soportar sin chistar, sin protestar que la economía de México siga avanzando hacia el derrumbe, al precipicio, sin hacer nada para frenarla? Ante esa pusilamidad que no es menos que cobardía, yo estoy y estaré con los jóvenes apoyando todas las acciones que realicen en defensa del pueblo trabajador.  (6/XII/14)

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