12/20/2014

¿Monotemáticas? No. ¿Reivindicativas? Sí

DESDE LA LUNA DE VALENCIA
Por: Teresa Mollá Castells*


El pasado viernes en una reunión de amigas feministas en Madrid mientras charlábamos animadamente sobre los feminismos, los retos que estos tienen y cómo lo veíamos cada una de nosotras, surgió la pregunta sobre si nuestros discursos son monotemáticos y por tanto pueden ser pesados y perder fuerza para quienes nos escuchan. 

Las respuestas fueron más o menos las mismas por parte de todas las presentes. No, no somos monotemáticas porque las soluciones a las desigualdades que sufrimos las mujeres no se han resuelto, ni mucho menos.

El machismo se camufla cada vez más y utiliza nuevas formas convirtiéndose en demasiados casos en neomachismo. Y éste, el neomachismo parte de posiciones próximas al feminismo en cuestiones sólo aparentes para renovar sus formas de mantener privilegios que son la base de las desigualdades.

Cuando escuchamos de un hombre la manida frase “No, yo no soy machista, pero...” estamos ante un neomachista, puesto que suelen continuar la frase con un “porque ayudo a mi mujer con las tareas de la casa, saco de paseo a los niños para que no la mareen mientras limpia la casa, o prepara la comida, etcétera”.

Y cuando le explicas que no se trata de “ayudar”, sino de COMPARTIR, es cuando saltan y te dicen aquello de “es que sois unas pesadas con esos temas, siempre estáis igual. Si ya tenéis más poder que los hombres. Ya estáis en todas partes. No entiendo qué queréis ahora. Vuestro discurso de feministas radicales es aburrido”.

Y así una larga retahíla de frases que podrían acabar con la paciencia de cualquiera. Pero no con la nuestra, con la de quienes tenemos compromiso feminista.

Cuando no se viven en propia piel las desigualdades y sólo se goza de privilegios, se tiende a culpar explícitamente a quien supone un peligro para el mantenimiento de esos privilegios.

Y por supuesto el feminismo en sí mismo cuestiona el orden establecido, ya que el mismo establece desigualdades claras y evidentes entre mujeres y hombres, por tanto atenta contra el mantenimiento de ese esquema de valores que mantiene privilegios para hombres y sometimiento para las mujeres. Y esto obviamente no gusta al patriarcado.

El permanente discurso criminalizador del feminismo por parte del patriarcado no es nuevo. Las formas cambian pero la esencia permanece. El patriarcado no va a renunciar al poder heredado gracias a los privilegios que la historia les ha otorgado y va a intentar eliminar cualquier peligro que suponga la renuncia a ese poder. Y el feminismo lo es.

La parte simbólica que se transmite a través de los potentes y eficaces (para el patriarcado, claro) agentes socializadores está repleta de mensajes segregadores y sexistas que a veces parecen incuestionables. Pero no lo son. Y de nuevo al ser cuestionados por el feminismo aparecen los discursos de antes sobre si somos cansinas o monotemáticas, etcétera.

Se intenta desprestigiar al feminismo no sólo desde las filas masculinas sino también por parte de muchas mujeres. No es raro escuchar de parte de algunas aquello de “es que yo no me siento ni creo estar discriminada como vosotras afirmáis”.

Esta alianza de mujeres con el patriarcado es una de las mejores bazas del machismo, puesto que no en vano históricamente se nos ha asignado, junto con los cuidados la tarea de la transmisión de los conocimientos y de los valores aprendidos y por eso a veces también hemos de escuchar aquello tan manido de “sois las mujeres quienes educáis en el machismo a los hombres; las que son machistas sois vosotras”.

¡¡¡Hay que fastidiarse con el mensaje misógino y patriarcal que resume esta frase!!!

Las estructuras patriarcales han funcionado históricamente porque han sido capaces de heteronormativizar las vidas de las personas en función de su sexo de nacimiento. A los niños se les han inculcado una serie de valores y a las niñas otros.

Y por supuesto con la complicidad total de los agentes socializadores (familia, escuela, religiones, medios de comunicación, etcétera), que no sólo no cuestionan esta heteronormatividad impuesta, sino que además la refuerzan incluso con algunos cambios para hacer “cambiar algo para que nada cambie”, y así mantener las cosas como están y al varón como centro universal, como destinatario de todo, incluso del lenguaje y también como protagonista casi absoluto en los libros de historia y también en los de texto de nuestra gente estudiante en todos los niveles.

En este estado de cosas, desde casi siempre ha habido gentes, sobre todo mujeres, que nos hemos cuestionado ese modelo que se nos impone.

Y, por supuesto, lo vamos combatiendo en la medida de lo posible de cada una e incuso de cada uno, puesto que aunque mayoritariamente somos las mujeres quienes alzamos la voz, cada día son más los compañeros de complicidades y afinidades que se unen a los diferentes feminismos, puesto que entienden que en un sistema segregador, perdemos todas las personas, mientras que en un sistema más igualitario también somos todas las personas las que salimos ganando.

Desde esa perspectiva combativa, alzamos la voz cada vez que una mujer es asesinada por ser mujer y denunciamos públicamente el terrorismo machista. Y se hace una y mil veces, las que hagan falta para hacer visibles los asesinatos del machismo.

Denunciamos campañas de publicidad sexistas en las que las mujeres son cosificadas con el objetivo de aumentar ventas de productos que mantienen el sexismo.

Iniciamos cuantas campañas sean necesarias para que nuestra voz llegue a parlamentos, ayuntamientos, etcétera, en la misma situación y proporción que la de los hombres.

Denunciamos presupuestos que no tienen en cuenta las necesidades de mujeres en demasiados sentidos. Incidimos cada vez que podemos sobre las desigualdades en el mundo laboral, tanto en el acceso como en los salarios, como en las condiciones o en la tipología de contratos que se realizan.

O también analizamos los datos que se facilitan del desempleo y vemos la situación de las mujeres. O nos movilizamos cuando quieren devolvernos a las cavernas en materia de derecho a decidir sobre nuestras maternidades y sobre nuestros propios cuerpos. Y así en un sinfín de situaciones de desigualdad que parten incluso antes del nacimiento de una niña o un niño.

Esa denuncia combativa permanente es por la que nos llaman cansinas y monotemáticas. Pues muy bien, para quien así piense, recordarle que sin las reivindicaciones de nuestras antepasadas y referentes, por ejemplo las sufragistas, las mujeres seguiríamos posiblemente sin derecho al voto, y que sólo desde las reivindicaciones cotidianas y continuas es posible cambiar las cosas.

Somos reivindicativas porque el patriarcado y todos sus aliados imponen desigualdades y hay que denunciarlo. Somos combativas porque nos siguen asesinando por ser mujeres, y el patriarcado y sus estructuras de poder miran hacia otro lado como se acaba de demostrar con los heridos y el muerto por temas futboleros, siendo ya 70 las mujeres asesinadas por el terrorismo machista.

Alzamos la voz porque en las escuelas, el modelo impuesto es el de mantener las cosas como están y por tanto que las niñas no puedan ocupar el patio de forma igualitaria, ya que el centro de éste es ocupado por los niños que juegan al futbol.

Somos críticas con las organizaciones de todo tipo porque cuando hablan de intereses generales, en realidad lo que están afirmando es que esos intereses son los masculinos y no los del conjunto de la sociedad, pese a que las mujeres somos más de la mitad de la población.

Seguimos denunciando desigualdades porque siguen existiendo en todo el mundo, y las mujeres y las niñas nos llevamos la peor parte siempre. Y mientras todo esto siga ocurriendo seguiremos reivindicativas y combativas.

Antes se secará la boca de quienes nos llaman cansinas o monotemáticas a que nosotras las feministas, solas o en grupos, las de antes, las predecesoras, las de ahora o las que vienen detrás, cejemos en nuestro empeño y alcemos nuestras voces en contra del patriarcado y de las profundas desigualdades que todavía siguen existiendo y que seguimos viviendo cada día.

Porque mientras los derechos de una sola mujer o niña sean vulnerados, seguiremos denunciándolo. Porque ser feminista es precisamente eso: luchar por una igualdad real entre mujeres y hombres.

Porque ser feminista es, aparte de un orgullo, un compromiso para que la sociedad y las estructuras, todas, cambien en aras de un presente y un futuro mejor para mujeres y hombres. Porque con la igualdad ganamos todas y todos.

Soy y seré feminista y quienes son realmente monotemáticos y pesados son quienes defienden la desigualdad. Yo me tengo por comprometida con un cambio para igualar derechos y oportunidades de forma real entre mujeres y hombres. Y en ello ando. ¿Te apuntas?

tmolla@telefonica.net

* Corresponsal en España. Periodista de Ontiyent.


CIMACFoto: César Martínez López
Cimacnoticias | España.-

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