7/08/2020

Trump: puñalada al mundo

Editorial La Jornada 



El gobierno de Donald Trump notificó ayer, de manera oficial, el retiro de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque el fin de su relación con la agencia de Naciones Unidas cobrará efecto dentro de un año, el 6 de julio de 2021.
La salida de Washington supone un fuerte golpe para la autoridad directiva y coordinadora en asuntos de sanidad internacional de la ONU, pues las aportaciones estadunidenses constituyen 15 por ciento de su presupuesto. Por ello, se prevé que muchos de sus programas quedarán en entredicho si el hueco financiero no es cubierto por otros actores estatales o privados.
Cabe recordar que el acto oficializado ayer consuma las amenazas vertidas por el magnate en abril pasado, cuando suspendió sus aportaciones económicas al organismo tras acusaciones de un sesgo prochino y de haber cometido graves fallas en la gestión de la pandemia del nuevo coronavirus.
El 18 de mayo, Trump subió el tono, al lanzar un ultimátum de 30 días para que la OMS se comprometiera a realizar una serie de reformas; sin embargo, no esperó a que venciera su propio plazo y menos de dos semanas después anunció que rompería toda relación con la agencia.
Como delata este apresurado curso de acción, la ruptura tiene poco que ver con el comportamiento de la OMS ante la emergencia sanitaria global, y mucho con la necesidad del mandatario republicano de crear distractores ante el desastre de salud pública que ha supuesto su absoluta falta de estrategia para afrontar la crisis.
En efecto, es un despropósito que Trump denuncie las falencias del organismo internacional cuando Estados Unidos, pese a ser el país más rico del mundo, lidera ampliamente la estadística de contagios y padecimientos. Incluso si se da por cierto que la OMS pudo haber emitido un aviso más temprano sobre el peligro que surgió en la ciudad china de Wuhan a finales de 2019, la incongruencia trumpiana resulta grotesca ante el hecho de que la Casa Blanca pasó los meses posteriores a la primera advertencia del organismo empeñada en negar que existiera alguna amenaza para las vidas estadunidenses.
Parece claro que la escalada contra la OMS tiene la misma razón de fondo que ha empujado el desmantelamiento de todos los compromisos internacionales de Washington en la era Trump: azuzar a los sectores más atrasados del electorado mediante una imagen de prepotencia y bravuconería que, por desgracia, ha demostrado producir muy buenos resultados en las urnas.
Desde cualquier perspectiva, resulta deplorable que un motivo tan ruin lleve a desfinanciar a una institución clave de la comunidad mundial; hacerlo en medio de la mayor crisis sanitaria conocida por las generaciones recientes constituye, sin duda, una irresponsabilidad inédita en la historia del multilateralismo.

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